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Europa

EUROPA

Relato de un viaje desde Granada a Alemania, pasando por Francia, Luxemburgo y Bélgica

Data Data viatge: 2018. Publicat el 24/9/2018
2.7 de 5 (3 vots)

Introducción

Este es el relato de nuestro viaje en coche por Europa durante el mes de julio de 2018, en compañía de nuestro perro Leo. Los países visitados fueron Francia, Luxemburgo, Bélgica, y Alemania.

Este viaje, con inicio y final en la ciudad de Granada, nos supuso un total, sumando también desplazamientos en destino, callejeos y despistes, de más de 6.000 kilómetros en coche.

Como hemos hecho en otros relatos de viaje publicados en esta estupenda web, no realizamos una descripción detallada de los lugares visitados (sí que facilitamos, en todos los casos, enlaces con información turística y general), sino que nos centramos más en las impresiones que nos han causado.

Si algún lector tiene alguna consulta o sugerencia, o piensa que hay algún error de bulto, ruego nos escriba a nuestra dirección de correo electrónico indicada más arriba

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Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

En Viatgeaddictes.com no nos responsabilizamos de los posibles perjuicios que pueda causar la informa- ción aquí contenida, así como de las opiniones expresadas por los colaboradores, ni estas son necesariamente compartidas por nosotros.

Por otra parte os animamos a que, si usáis la información aquí contenida, tengáis la amabilidad de enviarnos un e-mail con vuestras impresiones, sobre si os ha resultado útil o no, información errónea o no actualizada, etc. Tanto nosotros como nuestros colaboradores esperamos como única compensación a nuestro trabajo que perdáis un minuto y nos digáis algo que nos permita saber si nuestro esfuerzo merece la pena.

Gracias por visitar Viatgeaddictes.com

Fechas del viaje

24 días del mes de julio de 2018.

Itinerario

Día 1: Granada - Guadalest [420 km]
Día 2: Guadalest - Monistrol de Montserrat [520 km]
Día 3: Monistrol de Montserrat - Foix - Toulouse (Francia) [290 km]
Día 4: Toulouse
Día 5: Toulouse - Albi [85 km]
Día 6: Albi - Cordes sur Ciel - Villefranche - Conques - Figeac - Rocamadour [200 km]
Día 7: Rocamadour - Región del Périgord - Sarlat [75 km]
mapa
Día 8: Sarlat - Périgord (II) - La Charité sur Loire - Vézelay - Semur en Auxois [590 km]
Día 9: Semur en Auxois - Fontenay - Nancy [270 km]
Día 10: Nancy - Luxemburgo (Luxemburgo) [120 km]
Día 11: Luxemburgo - Bastoña - Monschau - Aquisgrán (Alemania) [220 km]
Día 12: Aquisgrán - Colonia [90 km]
Días 13-14: Colonia
Día 15: Colonia - Monreal - Cochem - Castillo de Eltz - Coblenza [180 km]
Día 16: Coblenza - Valle del Rin - Rüdesheim am Rhein [70 km]
Día 17: Rüdesheim am Rhein - Valle del Mosela - Trier [190 km]
Día 18: Trier - Reims (Francia) [280 km]
Día 19: Reims - Provins - Chartres [270 km]
Día 20: Chartres - Le Lude - Angers [230 km]
Día 21: Angers - La Rochelle [190 km]
Día 22: La Rochelle / Isla de Ré
Día 23: La Rochelle - Zumárraga (España) [480 km]
Día 24: Zumárraga - Granada[820 km]

Objetivos del viaje

Al estilo de otros viajes en coche que hemos realizado por Europa años atrás, para diseñar nuestra ruta nos fijamos un destino final (en este caso, los valles del Rin Medio y del Mosela) y unos puntos de parada intermedios analizando el camino hasta llegar.

La riqueza cultural y patrimonial de Europa permite plantearse este tipo de viaje, en el que prácticamente todo el recorrido está lleno de lugares de interés.

Así, vimos la posibilidad de conocer la ciudad de Toulouse (la única de las grandes ciudades francesas que no habíamos visitado), atravesar la parte central-sur de Francia (llena de recuerdos históricos, castillos, pueblos medievales, ...), pasar por Luxemburgo, ver los monumentos carolingios en Aquisgrán y llegar hasta Colonia (la gran ciudad del Rin), desde donde empezar la visita a los valles del Rin y del Mosela. Y luego, de regreso a casa, conocer las catedrales de Reims y Chartres. Todo esto era desconocido para nosotros antes del viaje.

Organización del viaje

Como hacemos casi siempre, las reservas de hoteles se efectuaron a través del portal Booking.com, marcando el filtro "se admiten mascotas".

En la página Viajar con la mascota. Perros, gatos, hurones se puede leer la normativa sobre movimiento de animales de compañía a otros países de la UE, con los requisitos de tipo sanitario exigidos.

Gastos

Las principales partidas de gasto de este viaje por Europa han sido: hoteles (incluidos los desayunos), 2.150 €; comidas, unos 1.100 €; combustible, unos 650 €; peajes, 235 €; entradas, unos 220 €.

En total: 4.355 € aproximadamente.

Los precios de los combustibles más bajos en los países recorridos los encontramos en Luxemburgo y los más altos en Francia. En Francia conviene evitar repostar en las áreas de servicio y se recomienda hacerlo en las gasolineras de los supermercados (ejemplo, las de la cadena Intermarché), donde los precios son notablemente más reducidos.

Eso sí, en estas gasolineras low-cost no hay nadie atendiendo, ya que en el surtidor hay un lector de tarjeta bancaria y se cobran de ahí.

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 DIARIO DE VIAJE POR EUROPA

Día 1: GRANADA - GUADALEST (420 km)

Salimos de Granada y llegamos después de unas horas a Guadalest (Alicante), pueblo de montaña, a poca distancia de Benidorm y otras localidades turísticas de la Costa Blanca.

Esta localidad alicantina, cuyo nombre oficial es El Castell de Guadalest, está integrada en la asociación Los pueblos más bonitos de España, y realmente es pintoresco.  Por lo que observamos, el lugar está preparado para recibir oleadas de turistas procedentes de la costa, pero por la tarde se queda casi vacío.

Así que pudimos disfrutar con total tranquilidad de un recorrido por la localidad, que es muy pequeña, en el que destacamos la visita de la Casa Orduña y el castillo de San José (la visita es conjunta, 4 €).

El alojamiento fue en Casa Mika El Molinet (32 €, más 10 € por los desayunos). Un hotelito rural a 8 km (por carretera de montaña) de Guadalest, situado en plena naturaleza. Se encuentra más cerca del pueblo de Callosa d’en Sarrià, que es bastante más grande que Guadalest y ofrece más posibilidades para cenar algo.

En el municipio de Callosa se encuentran también las Fuentes de Algar, un paraje natural al que al final no fuimos porque nos advirtieron de que no se admiten perros.

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Día 2: GUADALEST - MONISTROL DE MONTSERRAT (520 km)

Salimos de El Molinet y tras unas horas de viaje paramos a comer en la playa de Cambrils (Tarragona).

Más tarde, nos alejamos de la costa para llegar a nuestro destino de este día, la localidad barcelonesa de Monistrol de Montserrat, situada a los pies de la montaña de Montserrat y junto al río Llobregat.

Subimos en coche para visitar brevemente (ya lo conocíamos) el histórico Monasterio de Montserrat.

Nuestro alejamiento fue en el Hostal Guilleumes (79 € con desayuno), un pequeño hotel con ambiente familiar, tranquilo, limpio y cómodo. También cenamos en el hotel (las posibilidades en este aspecto en Monistrol no parecían ser muchas) y fue todo un acierto.

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Días 3-4: MONISTROL DE MONTSERRAT - FOIX - TOULOUSE (290 km)

Temprano dejamos Monistrol y tomamos la C-16 y el túnel del Cadí para alcanzar la frontera hispano-francesa por Puigcerdà. El paso por las comarcas de El Berguedà y La Cerdanya (era la primera vez que íbamos por allí) nos llamó la atención por la belleza de gran parte del recorrido. Tendremos que volver.

Alguna vez hemos oído sobre el proyecto de completar una conexión por autopista entre Barcelona y Toulouse, pero de momento ésta solo llega hasta Berga.

Ya en Francia, las carreteras se vuelven más estrechas, pero como íbamos sin prisa y el paisaje era agradable, no se nos hizo pesado.

Luego de pasar el túnel de Puymorens, hicimos unas breves paradas en Tarascon-sur-Ariège y en Foix, donde comimos y contemplamos su airoso castillo de los Condes de Foix.

Desde Foix, y ya por autopista, alcanzamos Toulouse, gran ciudad del centro-sur de Francia, capital de la Occitania, a orillas del río Garona. Aquí nos quedamos dos noches.

El alojamiento elegido en Toulouse fue el Teva B&B (100 € por noche, con desayuno incluido y aparcamiento gratuito dentro de la propiedad), que consideramos que fue una acertada decisión, por su comodidad, absoluta tranquilidad y silencio, tener el coche aparcado dentro del jardín cerrado delante de nuestra habitación, buen desayuno y carácter amigable del dueño. El hotel está andando a unos 15 minutos del centro, por un barrio multicultural, pero con gente en la calle a todas horas y sensación total de seguridad.

Réplica de la estación espacial Mir, Cité de l'Espace
Réplica de la estación espacial Mir, Cité de l'Espace

Toulouse tiene muchas cosas que ver, así que el tiempo que pasamos allí fue muy aprovechado, destacando la Basílica de Saint Sernin (considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de los “Caminos de Santiago de Compostela en Francia”) o  el Convento de los Jacobinos (4 €), sin olvidarnos de su catedral.

Y no hay que olvidar que Toulouse es la capital francesa (incluso europea) de la actividad aeroespacial y aeronáutica, contando con diversos lugares para visitar en ese ámbito.

Nosotros tuvimos que seleccionar y optar por ir a la Cité de l’espace (entrada 21 €), descartando el Musée Aeroscopia (aeronáutico) o la fábrica Airbus. El motivo fue el ir con perro, que no dejan pasarlo en ninguno de ellos. Como ya habíamos entrado en museos aeronáuticos en otras ocasiones (por ejemplo, el magnífico que hay en Sinsheim, Alemania), nos decantamos por el museo espacial, que eso sí era algo que no habíamos visto; elegimos visitarlo el día de nuestra salida hacia Albi, por estar de camino.

Tuvimos la suerte de que el día se presentó nuboso y fresco, así pudimos dejar el perro en el coche (aunque por supuesto, como siempre, con las ventanillas entreabiertas y a la sombra, y con un recipiente para que beba agua) en el aparcamiento del museo espacial y hacer juntos la visita, que nos resultó interesante (tiene una parte tipo museo de ciencias, de carácter interactivo; y una parte de exposición de réplicas de estructuras espaciales).

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Día 5: TOULOUSE - ALBI (85 km)

Un breve trayecto por autopista desde Toulouse nos llevó hasta Albi, una pequeña ciudad a orillas del río Tarn, con un hermoso paisaje urbano (parte de sus monumentos son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) que se extiende junto al río.

No hay que perderse la curiosa catedral, ni el palacio de la Berbie (actual sede del museo del pintor Toulouse-Lautrec, nacido en la ciudad; si no para visitar el museo, sí para contemplar su imponente aspecto y sus bellos jardines mirando al río). Además, el centro histórico de la ciudad ofrece bonitos rincones para disfrutar el paseo.

El nombre de Albi está unido al movimiento religioso de los cátaros o albigenses, que en el siglo XIII fue duramente reprimido por el poder político y religioso, con episodios de terrible crueldad. Paradójicamente, hoy en día la denominación cátaro se utiliza con bastante profusión como reclamo turístico en toda la zona al norte de los Pirineos.

Nuestro hotel en Albi fue el Campanile Albi Centre (89 €, más 20 € por los desayunos, aparcamiento gratis dentro del recinto), el típico hotel de cadena francesa, que como solemos decir, ni le falta ni le sobra nada, a unos 10 minutos andando del centro.

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Día 6: ALBI - CORDES SUR CIEL - VILLEFRANCHE - CONQUES - FIGEAC - ROCAMADOUR (200 km)

Temprano salimos hacia la cercana Cordes sur Ciel, un lugar que nos gustó mucho.

Dejamos el coche en la parte baja (una plaza donde había un mercado) y ascendimos a pie una fuerte pendiente (aunque también se puede hacer en un trenecito) y entramos por una muralla a la parte más alta del pueblo, donde nos sorprendieron las recias construcciones de piedra, verdaderos palacios, algunos de los cuales son hoy hoteles, así como una bella explanada y la vista que desde ella se contempla.

No hay que dejar de ir a la oficina de turismo, si no para pedir información sí para ver el edificio por dentro. Este pueblo es una visita totalmente aconsejable.

Por carreteras secundarias y poco transitadas, recorriendo una parte de Francia poco poblada, alcanzamos nuestra siguiente escala del día, la localidad de Villefranche de Rouergue, en la que destaca su monumental Colegiata, en la plaza principal.

Tras otro recorrido por carreteras secundarias, llegamos a Conques, pequeño pueblo que muchos viajeros destacan por su belleza. La verdad es que sí que es bonito, tanto el conjunto urbano en sí como el entorno.

Esta localidad recibe bastantes visitantes y en el día que fuimos era obligatorio pagar por aparcar (fuera del pueblo, no se puede acceder a él en coche, lo cual nos parece muy bien).

El edificio más destacado es indudablemente la abadía de Sainte-Foy (considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de los “Caminos de Santiago de Compostela en Francia”), bello edificio románico de grandes proporciones. Lástima del fuerte calor que hacía ese día.

La siguiente parada del día fue Figeac, que también forma parte de los “Caminos de Santiago de Compostela en Francia”, con varios puntos de interés.

A última hora de la tarde llegamos a Rocamadour, nuestro destino final del día, del que leímos que es uno de los lugares más visitados de Francia, debido a su santuario mariano.

Para alojarnos elegimos el Amadour Hôtel (67€, más 18 € por los desayunos, con aparcamiento gratis). Es un pequeño hotel de carácter familiar, aconsejable. El hotel está situado en la zona llamada L’Hospitalet, que parecía ser un centro de servicios para Rocamadour, pues allí hay hoteles, restaurantes, tiendas, etc.

Después de cenar (muy bien, en el restaurante Panorama (situado frente al hotel, cruzando la calle), fuimos al mirador desde el que se divisa una bella vista de la ciudadela y el santuario de Rocamadour, que aparecen insertados en la pared de una montaña, rodeados de espesa arboleda.

Bajamos la cuesta que conduce a la ciudadela, luego subimos las escaleras (muchas) hasta el santuario y después las rampas hasta el castillo, que está en la parte más alta de la montaña.

Cuando se llega al castillo, ya estamos a la misma cota que L’Hospitalet, hay un tranquilo camino de vuelta de 15 minutos, desde el que también se ven bonitas vistas.

A nosotros no nos resultó un esfuerzo sobrehumano, ni mucho menos, además era de noche y no hacía calor, pero si se hace durante el día funcionan unos ascensores (de pago, 2,6 € por trayecto) que suben de la ciudadela al santuario y del santuario al castillo, por lo que se puede hacer todo el circuito sin cansarse.

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Día 7: ROCAMADOUR - REGIÓN DEL PÉRIGORD - SARLAT (75 km)

A la mañana siguiente hicimos una breve visita al santuario (esta vez, como sí hacía calor, usamos los ascensores). Tuvimos la suerte de que no había mucha gente a esas horas.

Cogimos luego el coche para dirigirnos a la zona objetivo del día: la región histórica del Périgord. El camino desde Rocamadour, en gran parte por carreteras estrechas y con curvas, se hizo aún más complicado porque nuestro Gps se lió en varias ocasiones, por lo que tuvimos que hacer uso del viejo sistema de preguntar a los paisanos.

En el Périgord tuvimos mucho calor, quizá los días más calurosos de todo nuestro viaje.

Pero con paciencia conseguimos llegar a nuestro primer destino del día: Domme (luego, el resto de lugares que visitamos estaban muy cerca unos de otros y muy bien señalizados).

Domme es un coqueto pueblo amurallado; se puede subir en coche a la parte más alta (aparcamiento de pago), desde donde hay una bella vista del valle del río Dordoña. Pertenece a la asociación de “Los pueblos más bonitos de Francia”, al igual que los siguientes que visitamos en la zona (excepto Sarlat, no porque no sea bonito, sino porque tiene un tamaño más grande como para ser considerado un pueblo).

Río Dordoña, en La Roque-Gageac (Périgord)
Río Dordoña, en La Roque-Gageac (Périgord)

Nuestra siguiente visita fue a La Roque-Gageac, un pueblo pequeño y precioso, asentado entre una pared rocosa y el río Dordoña.

La pena es que el fuerte calor impedía disfrutar del paseo, aunque nuestro perro lo resolvió dándose un baño en el río.

El siguiente punto fue Castelnaud-la-Chapelle, pueblo construido alrededor de su magnífico castillo (admite perros; se puede comprar una entrada combinada para visitar también los Jardines de Marqueyssac, donde también pueden entrar los perros (véase la información sobre precios en el enlace proporcionado).

La visita al castillo fue interesante, tanto la fortificación en sí, como las exposiciones, las armas antiguas que allí se exhiben y las vistas que se divisan.

El día lo terminamos en Sarlat-la-Canéda (o simplemente Sarlat), una localidad bastante más grande que las anteriores y donde se puede disfrutar (en su centro urbano) de una sucesión de edificios históricos, a cada cual más bonito, en perfecto estado de conservación. Un gran descubrimiento.

También Sarlat es una capital gastronómica, donde saborear algunas de las exquisiteces francesas, tales como el foie gras, la trufa o el confit y el magret de pato.

El alojamiento fue en el hotel Ibis Sarlat Centre (88 €, más 20 € por los desayunos, con aparcamiento subterráneo gratis, y 5 € por el perro). Situado a unos 10 minutos andando del centro. También está muy bien situado para hacer las visitas en coche por el Périgord.

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Día 8: SARLAT - PÉRIGORD (II) - LA CHARITÉ SUR LOIRE - VÉZELAY - SEMUR EN AUXOIS (590 km)

Empezamos el día, como siempre, temprano. El primer objetivo era ver más puntos de interés del Périgord.

Primero nos encaminamos hacia Beynac et Cazenac, otro pueblo pequeño a orillas del río Dordoña y de gran atractivo.

A continuación fuimos hacia los cercanos Jardines de Marqueyssac (a los que algunas páginas califican, exageradamente, como “colgantes”), ciertamente agradables de visitar (destacan las formaciones de boje), que además proporcionan impresionantes panorámicas sobre el río y su valle. Y muy bien adaptados también para las familias con niños.

Después de ver los jardines nos esperaba un largo trayecto en coche (esta era una de las jornadas de más kilómetros de nuestro viaje), en el que atravesamos la parte más central de Francia.

Llegamos ya por la tarde a La Charité sur Loire, una localidad atravesada -como indica su nombre- por el río Loira y donde se puede ver el poderoso campanario del Priorato de Nuestra Señora de La Charité-sur-Loire (edificio románico incluido en la lista de monumentos de los “Caminos de Santiago en Francia”, Patrimonio de la Humanidad) y visitar la notable iglesia, que se encontraba en proceso de restauración.

A partir de aquí, y ya fuera de autopistas y autovías, tardamos más de lo previsto en llegar a nuestro siguiente destino, con la duda de si el Gps nos estaba llevando por la ruta más rápida, y por una sucesión de cruces y más cruces de carreteras secundarias conseguimos alcanzar la localidad de Vézelay, pequeño y agradable pueblo construido alrededor de la monumental abadía de Vézelay, joya del arte románico (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), que solo conseguimos ver por fuera por lo tardío de nuestra llegada.

Y teniendo en cuenta que en Francia no hay que demorarse mucho para cenar, lo hicimos allí en el pueblo, acertadamente, pues el gps seguiría llevándonos por intrincados caminos y aún tardamos en llegar al punto final de la jornada, la localidad de Semur-en-Auxois, ya en la región de Borgoña.

Culminando un día de nefasta gestión de los tiempos, el gps aún nos perdería por las calles de Semur y llegamos muy tarde a nuestro alojamiento, Les Chambres d'Hôtes du Bois Joli, ubicado en una casa señorial convertida en un pequeño hotelito (99 € con desayuno incluido, aparcamiento gratis en el interior de la propiedad), donde nos esperaba pacientemente la amable encargada.

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Día 9: SEMUR EN AUXOIS - FONTENAY - NANCY (270 km)

Por la mañana temprano hicimos la visita a pie de Semur. Nuestra opinión personalísima es que el pueblo, que no es feo ni mucho menos, sale más favorecido en las fotos de lo que es en realidad. Pero sí que, como decimos, merece un paseo.

Curiosamente nuestra primera intención al diseñar el viaje fue pernoctar en Vézelay, que a toro pasado vimos que hubiera sido mejor opción.

Bien, ya en el coche la primera parada del día fue la cercana Abadía cisterciense de Fontenay, bello ejemplo de arquitectura románica, declarado Patrimonio de la Humanidad. La visita cuesta 10 € y nos sorprendió que se pudiera entrar con el perro.

De vuelta a la carretera, alcanzamos la autopista que nos condujo a nuestro punto final del día, la ciudad de Nancy, capital del antiguo ducado y antigua región de Lorena, hoy integrada en la región denominada Gran Este.

El hotel elegido fue el Apartahotel Adagio Access Nancy Centre (84 € la habitación). Hay un aparcamiento público justo delante del hotel, que es barato. No tomamos desayuno, pero la habitación tenía nevera y cocina y nos compramos algo en un súper que está enfrente. Hotel de diseño exterior muy moderno, incluso futurista, a menos de 10 minutos de la parte más céntrica de Nancy.

Lo más notable de Nancy se ve en pocas horas: sus tres plazas declaradas Patrimonio de la Humanidad (empezando por la gran plaza Stanislas), el parque de la Pepinière, el antiguo palacio ducal o la puerta de la Craffe se encuentran muy cerca unos de otros.

Esa noche nos dimos un pequeño homenaje gastronómico en el restaurante Le Bouche à Oreille, con cocina típica de la región y un buen vino de Borgoña; pensamos que fue un acierto. Y nuestro perro fue bienvenido en el interior del local.

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Día 10: NANCY - LUXEMBURGO (120 km)

Después de dar otro paseo por el centro de Nancy, cogimos el coche y pusimos rumbo a Luxemburgo, un cómodo trayecto por autovía. Por el camino se rodea la ciudad de Metz, que creemos que es interesante, pero quedará para otra ocasión.

Como decíamos al principio, el precio del combustible en Luxemburgo era más barato que en los demás países de nuestra ruta (bastante más barato que en Francia), por lo que conviene tenerlo en cuenta y llenar el depósito.

Una curiosidad: Después de salir de Luxemburgo entramos en Bélgica y en una localidad llamada Martelange, antes de llegar a Bastoña, encontramos una increíble sucesión de gasolineras; la razón es que la carretera penetra brevemente en territorio luxemburgués; lo decimos por si puede ser útil.

Entramos en la capital luxemburguesa y nos dirigimos a nuestro alojamiento, llamado Au P'tit Max - Studios Hotel (110 €, con aparcamiento propio gratuito). El hotel es sencillo y no está céntrico, pero los precios de los hoteles allí son prohibitivos y fue lo más conveniente que encontramos. Está en un barrio tranquilo. La habitación disponía de nevera y cocina.

La ciudad de Luxemburgo es pequeña, pero está construida sobre colinas y tiene grandes cuestas, lo que la hace incómoda para desplazarse a pie fuera de la zona centro (donde sí hay puentes y ascensores que salvan los desniveles).

Contrariamente a lo que es nuestra costumbre, en esta ocasión utilizamos el coche para los desplazamientos en la ciudad, aparcando en zona azul (no resultó nada caro).

Pensamos que Luxemburgo no es una ciudad especialmente monumental, pero sí merece la pena visitarla. Por otra parte, la limpieza y el orden son los que uno espera encontrar en una de las ciudades de mayor nivel de vida de todo el mundo.

La fisonomía de la ciudad, a la que aludíamos antes, hace que haya puntos panorámicos y vistas muy fotogénicas.

Nosotros entramos en las Casamatas du Bock, un conjunto de galerías subterráneas, construidas con propósito defensivo por ingenieros militares austriacos en el s. XVIII. Están también las Casamatas del Pétrusse, que son más antiguas y fueron construidas por ingenieros españoles, pero no sabemos por qué no estaban abiertas.

En esta ocasión, nuestra visita al Gran Ducado de Luxemburgo se limitó a la capital. Quizá en otro viaje conozcamos por ejemplo el llamado Valle de los Siete Castillos, en el que sobresale el castillo de Vianden.

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Día 11: LUXEMBURGO - BASTOÑA - MONSCHAU - AQUISGRÁN (220 km)

Este día desayunamos en el hotel (aprovechando la cocina y la nevera) con las viandas que habíamos comprado en un súper la tarde antes.

Después salimos de de territorio luxemburgués y al poco tiempo entramos en territorio de Bélgica, poniendo rumbo a nuestra primera parada del día, la ciudad de Bastoña.

Esta pequeña ciudad belga fue uno de los puntos clave de la Batalla de las Ardenas, última gran ofensiva de la Alemania nazi en el frente occidental en los meses finales de la II Guerra Mundial, sobre los campos nevados de esta región valona.

Allí se encuentra el Bastogne War Museum (14 €, no había audioguías en español), que ilustra sobre la batalla, con fotos, mucho material de guerra y audiovisuales. Junto al museo se encuentra el Memorial Mardasson, un gran monumento funerario en recuerdo de los soldados de EE.UU. fallecidos en aquella batalla.

A continuación nos desplazamos por carreteras secundarias por el paisaje ondulado de las Ardenas, camino de Alemania. Ya en territorio alemán la carretera discurre por los hermosos bosques de la región de Eifel.

Nuestra primera parada en Alemania fue el pequeño pueblo de Monschau, que tiene una gran afluencia de turismo (el aparcamiento era de pago). A pesar de la cantidad de gente que había, fue agradable visitar este pueblo típicamente alemán de casas con entramados de madera.

Capilla Palatina, Aquisgrán
Capilla Palatina, Aquisgrán

Pocos kilómetros más al norte, llegamos a nuestro destino final del día, la histórica ciudad de Aquisgrán.

Esta ciudad, hoy de mediano tamaño, fue la capital del imperio de Carlomagno. Nos queda el legado arquitectónico del poder carolingio, singularmente la Catedral y su bellísima Capilla Palatina, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El alojamiento elegido fue el Ibis Styles Hotel Aachen City (87 €, con desayuno incluido, 10 € por el perro y 9 € por el aparcamiento cerrado). Está situado a menos de 15 minutos andando de la catedral. Hotel más que correcto.

Nosotros visitamos, por supuesto, la catedral y también el vecino Ayuntamiento, de estilo gótico, construido sobre el antiguo palacio imperial. En la espléndida gran sala del Ayuntamiento se entrega el Premio Carlomagno.

Aparte de ello, el centro de la ciudad tiene un aspecto agradable y cierto carácter antiguo, a pesar de la gran destrucción causada en la guerra mundial.

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Días 12-14: AQUISGRÁN - COLONIA (90 km)

Después de ver los monumentos de Aquisgrán que no habíamos podido visitar la tarde anterior, por estar ya cerrados, emprendimos un corto viaje por autovía para llegar a Colonia.

Estábamos ya más o menos a la mitad de nuestro viaje y en Colonia pasaríamos tres noches, a modo de descanso después de muchos días conduciendo y los que luego nos quedaban.

Colonia, la gran urbe del Rin, fue arrasada por los bombardeos de la II Guerra Mundial, que acabaron con buena parte de su patrimonio acumulado a lo largo de la historia. Prácticamente solo se salvó (a pesar de sufrir daños) su enorme e imponente catedral, uno de los templos católicos más grandes del mundo, hoy en día declarada Patrimonio de la Humanidad.

El área de la catedral es el lugar más central de Colonia, y al tener justamente al lado la estación central de tren y el famoso puente Hohenzollern está siempre muy lleno de gente: unos que van de paso y otros que están allí contemplando a su alrededor.

A última hora de la tarde, muchos cruzan el puente y se entretienen observando, desde los miradores o sentados en las amplias gradas construidas en la orilla, el brillo de los últimos rayos de sol sobre la catedral, sobre las aguas del Rin y sobre el propio puente.

El alojamiento elegido fue el hotel NH Collection Köln Mediapark (90 € por noche, con desayuno incluido). El clavo fue con el aparcamiento bajo el hotel, por el que nos cobraron 18 € por día; eso sí, al menos el espacio era muy amplio, tanto para maniobrar como el de las plazas para aparcar.

En cuanto al desayuno del hotel, tipo bufé, era uno de los más variados que hayamos visto nunca y todo estaba muy bueno. El hotel se encuentra a menos de 20 minutos andando de la catedral, que no tiene pérdida, pues nada más salir del hotel ya se divisan sus torres.

Como se ha dicho antes, los ataques aéreos de la guerra mundial destruyeron casi totalmente el centro de la ciudad y la reconstrucción de los edificios se realizó en gran medida (como en otras ciudades de Alemania) con criterios estrictamente funcionales y económicos, sin considerar el valor artístico, con lo que en realidad fue, más precisamente, una reedificación.

No obstante, Colonia conserva lugares de interés que se pueden consultar en los enlaces facilitados.

Aparte de ello, es una ciudad vibrante, con muchas zonas verdes y muy bien preparada para el paseo, tanto a pie como en bici. Y siendo una urbe de gran tamaño e importancia económica, cuenta con una gran oferta comercial y de ocio; por ejemplo, había gran cantidad de establecimientos para cenar situados junto al río.

Como uno de los días de nuestra estancia coincidió en domingo, optamos por hacer una excursión a Brühl, desplazándonos en tren (10 minutos de viaje, 7,8 € i/v) desde la concurrida estación central.

En Brühl, nada más bajar del tren, se encuentran los palacios barrocos de Augustusburg y Falkenlust, declarados Patrimonio de la Humanidad, que con sus bellos jardines y bosques dan para pasar gran parte del día; la entrada a los palacios (si se ven los dos por dentro) costaba 15 €.

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Día 15: COLONIA - MONREAL - COCHEM - CASTILLO DE ELTZ - COBLENZA (180 km)

Después de nuestros días de estancia en Colonia, tomamos de nuevo el coche para empezar una jornada que terminaríamos en Coblenza, pero dando un rodeo para ver algunos puntos de interés.

NOTA: Hemos de decir que, a toro pasado, pensamos que la disposición de estas etapas de nuestro viaje no fue la más acertada y que mejor lo hubiéramos organizado de otra forma; aquí lo contamos por si sirve de ayuda.

Por ejemplo, habríamos ido de Colonia a Coblenza (esta ciudad se ve rápidamente) y después hubiéramos iniciado la ruta del Rin, pernoctando en alguno de los primeros pueblos, por ejemplo en Boppard.

Otro día para completar la ruta del Rin hasta Rüdesheim am Rhein.

Otro día para alcanzar el Mosela en Cochem, parando antes en el Castillo de Eltz.

Y por fin, la ruta del Mosela desde Cochem hasta Trier.

Nosotros lo que hicimos fue ir de Colonia primero hasta el pequeño pueblo de Monreal. Aunque es coqueto y fotogénico, con casas de entramados a orillas de un río que la atraviesa, no es un sitio de ineludible visita.

Después fuimos hasta Cochem, a orillas del Mosela, que es un lugar muy turístico y ciertamente bonito.

Recorrimos unos kilómetros río arriba, en dirección a Trier, y nos dimos cuenta de nuestro error al que nos referíamos antes, pues este tramo del río tiene un paisaje precioso y hubiera sido mejor recorrerlo completo.

En lugar de eso, lo que hicimos -siguiendo nuestra ruta prevista- fue dar la vuelta y tomar el camino hasta el Castillo de Eltz.

A este castillo se puede llegar desde el aparcamiento, por un sendero o en microbús por un camino asfaltado. Nosotros optamos por el sendero para ir (cuesta abajo) y el microbús para la vuelta (cuesta arriba).

Por el sendero, agradable, aparece el castillo tras una curva, y es -como se suele decir- una imagen de cuento, por su emplazamiento y su fisonomía. Además, comimos allí, en una terraza con vistas dentro del recinto del castillo, muy agradable, aunque un repentino chaparrón nos obligó a refugiarnos.

Después de ver el castillo (información sobre precios aquí), continuamos hacia nuestro punto final del día, la ciudad de Coblenza, que debe su nombre (viene de “confluencia”) a que se encuentra en el lugar donde confluyen los ríos Mosela y Rin.

En el punto de confluencia se erigió en el s. XIX un enorme monumento representativo del poder imperial germano, conmemorando la reunificación alemana. Aparte de eso, Coblenza es una ciudad pequeña y tranquila, con un casco histórico agradable de pasear. Llegamos tarde para montarnos en el teleférico que asciende a la Fortaleza de Ehrenbreitstein.

Nuestro hotel fue el Altstadt Hotel Koblenz (86 €, más 10 € por los desayunos, y 10 € por el perro), un precio un tanto elevado en relación con lo que ofrece, aunque limpio y tranquilo. Está en pleno centro de la ciudad. Dejamos el coche en un aparcamiento subterráneo muy cercano.

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Día 16: COBLENZA - VALLE DEL RIN - RÜDESHEIM AM RHEIN (70 km)

Despertamos y al principio de la jornada tuvimos que atender unos imprevistos de carácter particular, que nos retrasaron la salida, de forma que descartamos subir a la fortaleza que no habíamos visitado la tarde anterior. Otra vez será.

La jornada nos conduciría hacia el sur, atravesando el denominado oficialmente Valle Superior del Medio Rin, más conocido como Rin Romántico, en el tramo del río que llega hasta Rüdesheim am Rhein.

Hay que decir que todo el valle se puede recorrer en coche, sin perder la vista del río, tanto por una orilla como por otra. Eso sí, no hay puentes en todo el tramo, por lo que para cruzarlo hay que recurrir a los transbordadores (los hay en varios puntos de la ruta, están bien señalizados, tardan muy poco, funcionan continuamente y son baratos).

También observamos que hay un carril-bici (en el enlace web está explicado en sentido sur-norte, o sea, al contrario del que hicimos nosotros en coche), muy utilizado, en gran parte de la ruta.

Nuestra primera parada fue Boppard, en la orilla oeste (margen izquierda). Es un pueblo muy agradable y con mucho turismo, tiene casas de entramados y un bonito paseo a la vera del río.

Se puede subir, bien en coche o bien en telesilla (Sesselbanh) a un punto panorámico en la montaña, llamado Vierseeblick o Cuatro Lagos, pues por efecto de la orografía parece como si estuviéramos viendo lagos. Desde ese punto se observa una espléndida vista de la curva que realiza el río en este punto de su recorrido.

Vista del Rin desde el Castillo de Marksburg
Vista del Rin desde el Castillo de Marksburg

Después, en el mismo Boppard cruzamos al lado derecho e hicimos unos kilómetros aguas abajo, en dirección a Coblenza, para llegar al pueblo de Braubach y visitar el Castillo de Marksburg (entrada 7 €, permiten el acceso a los perros.

La visita al castillo es guiada, en inglés, también dan un folleto en español). Muy bonito, tanto el castillo en sí como las vistas del río desde allí.

También merece una visita el pequeño pueblo de Braubach, con calles y plazas muy coquetas y bien conservadas.

Después de esto, retomamos la carretera hacia el sur y decidimos parar en un súper y comprar unas viandas, y unos kilómetros más allá parar a comer en un idílico lugar, sentados en la hierba a la orilla del río.

Fuimos luego, continuando en todo momento por la carretera junto al río, contemplando el paisaje tan agradable -en muchos tramos los campos de viñedos cubren las laderas-, parando de vez en cuando a admirar las vistas, llegando a media tarde al punto final de la jornada, la localidad de Rüdesheim am Rhein, también muy turística.

Rüdesheim es un bonito lugar, con sus calles típicas con edificios antiguos, el río y los campos de viñedos que la rodean. Se puede subir (en telecabina o en coche) al monumento llamado Niederwalddenkmal, erigido tras la victoria de Prusia en su guerra contra Francia de 1871.

Más que el voluminoso monumento en sí, lo mejor está en las espléndidas vistas que desde allí se divisan (nos dio la impresión, por la gran cantidad de plazas de aparcamiento, que aquello debe estar lleno a determinadas horas, pero nosotros -a última hora de la tarde- estuvimos allí casi solos y con los últimos rayos iluminando el río, fue un momento precioso).

El alojamiento fue en el Brühl’s Hotel Trapp Superior (95 € con desayuno y aparcamiento subterráneo incluido), muy aconsejable.

Por la noche salimos a cenar en uno de los muchos restaurantes del centro de la población, probando -cómo no, después de ver tantos viñedos- el vino blanco local.

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Día 17: RÜDESHEIM AM RHEIN - VALLE DEL MOSELA - TRIER (190 km)

A primera hora cruzamos el río en el transbordador que en pocos minutos nos dejó en la población opuesta, Bingen. Tras unos kilómetros de autovía, pasamos a una carretera de montaña un tanto sinuosa, por la que alcanzamos la localidad de Bremm, llegando así a la orilla del río Mosela, que iríamos siguiendo el resto de la jornada.

En Bremm hicimos una breve parada (aquí el Mosela hace un meandro muy acusado; se puede subir a la ladera para apreciarlo) y ya tomamos la carretera junto al río.

A diferencia del Valle del Rin, en el Mosela no hay dos carreteras paralelas una a cada orilla, sino que -en la mayoría del recorrido que hicimos- era una única carretera que discurría unas veces por una orilla y otras por la opuesta, ya que aquí sí que hay puentes. Solo hay que preocuparse de no perder nunca de vista el río.

En todo el recorrido no dejaríamos de ver las laderas de viñedos, más aún que el día anterior en el Valle del Rin.

Señalamos aquí que, antes de llegar a Bremm, es posible desviarse para llegar al puente colgante de Geierlay, una atracción inaugurada en 2015 que se ha hecho muy popular. Nosotros lo desechamos porque Antonia no es muy amiga de las alturas...

Imagen de Bernkastel-Kues, Valle del Mosela
Imagen de Bernkastel-Kues, Valle del Mosela

Hicimos una larga parada en Bernkastel-Kues, que debe ser el pueblo más bonito del recorrido; eso sí, muy lleno de gente aquel día (hay un aparcamiento obligatorio para visitantes, de pago).

Es un pueblo típico alemán, donde nuevamente vimos las casas con entramados, situado entre el río y los campos de viñedos, en un excelente estado de conservación.

Hemos de decir que, en nuestra personalísima opinión, el Valle del Mosela nos resultó más bonito aún que el del Rin, desde el punto de vista paisajístico. Otra cosa es que en el del Mosela no hay castillos como en el del Rin.

Fuimos todo el día siguiendo el río, repetiendo la experiencia del día anterior de comprar comida y disfrutarla junto a la orilla del río. Paramos brevemente en pueblos como Leiwen o Piesport y nos internamos alguna vez entre los campos de viñedos. Y por fin llegamos a Trier (Tréveris), nuestro objetivo final del día.

Trier es conocida por sus monumentos romanos (destacando la Porta Nigra, símbolo de la ciudad) y por su catedral, mezcla de diversos estilos constructivos a lo largo de su historia, que le dan un curioso aspecto ecléctico. Cuenta además con otros edificios religiosos y con un centro urbano muy fotogénico.

Nos quedamos en el Hotel Deutschherrenhof (83 €, más 10 € por los desayunos). Aparcamos en la calle, con zona azul en la puerta del hotel. Hotel correcto, a unos 5 minutos andando del centro histórico.

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Día 18: TRIER - REIMS (280 km)

A la mañana siguiente, dejamos Trier y a los pocos kilómetros pasamos de Alemania a Luxemburgo (donde llenamos el depósito), luego a Bélgica y después a Francia, en un cómodo viaje por autovía que terminamos en Reims. Cruzamos cuatro países en menos de tres horas de recorrido.

En Reims nos alojamos en el B&B Hôtel Reims Centre Gare (60 €, más 12 € por los desayunos -escasos-, y 4 € por el perro). No tiene aparcamiento, pero se puede dejar el coche enfrente del hotel, en zona azul, por unos pocos euros.

El hotel está cerca de la estación de tren y a unos 10 minutos andando del centro. Las habitaciones estaban bien, aunque resultaba un poco molesta la escasez de toallas y papel higiénico, que -por nuestra experiencia- empieza a ser común en otros hoteles de cadena franceses, y no es que nosotros seamos delicados o derrochadores.

La esencia de Reims es su espléndida catedral gótica, que si por fuera es espectacular, el interior es de una belleza deslumbrante. Tampoco hay que perderse la Basílica de Saint-Remi, en este caso construida en su mayor parte en estilo románico, que también impresiona al visitante. Ambas están declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Reims es una ciudad pequeña y los puntos de interés son fácilmente abarcables a pie. Por la noche acudimos a un espectáculo de luz y sonido, proyectado sobre la fachada de la catedral, que se celebra diariamente en verano.

Y no hay que olvidar que Reims se encuentra en el territorio de Champaña, mundialmente famoso por sus vinos espumosos. En la ciudad de Reims se pueden visitar varias bodegas.

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Día 19: REIMS - PROVINS - CHARTRES (270 km)

Dejamos Reims y después de unos kilómetros por la autopista en sentido París, la abandonamos para dirigirnos a Provins, pequeña localidad a 90 km de la capital francesa, declarada Patrimonio de la Humanidad por su pasado medieval (en aquella época la ciudad tenía el privilegio de celebrar dos ferias internacionales al año, patrocinadas por los condes de Champaña), del que conserva intactas sus murallas.

Los carteles de entrada al pueblo dirigen al visitante a donde se encuentra el aparcamiento y la oficina de turismo, justo antes de atravesar la muralla por la puerta de Saint Jean. La oficina de turismo propone diversas visitas y billetes combinados; al menos no hay que dejar de ver el Granero de los Diezmos.

De vuelta al asfalto, transitamos por una zona rural tranquila y con pocos coches, antes de desembocar en la vorágine de tráfico de las carreteras que rodean el área metropolitana de París, hasta que alcanzamos la autopista que nos condujo a nuestro destino final de la jornada, la pequeña ciudad de Chartres.

En Chartres nos alojamos en Le Clos Chedeville, una casa (en realidad, parte de una casa, pero con entrada independiente) situada dentro de un recinto cerrado ajardinado (95 € con desayuno y aparcamiento dentro de la propiedad). Todo muy bien; a unos 10 minutos andando de la parte más céntrica de la ciudad.

Igual que Reims, Chartres es mundialmente famosa por su catedral gótica, Patrimonio de la Humanidad, en la que destacan sus maravillosas vidrieras, un gran espectáculo visual.

Aparte de ello, Chartres tiene algunas casas antiguas interesantes y un coqueto barrio tradicional alrededor del río Eure, muy animado por la noche.

También en Chartres hay un espectáculo nocturno de luz y sonido sobre una de las fachadas de la catedral.

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Día 20: CHARTRES - LE LUDE - ANGERS (230 km)

Nuevamente en carretera, nuestro primer destino del día fue el Castillo de Le Lude, que es uno de los muchos castillos del Loira.

Ya hace tiempo hicimos un viaje específico para ver los principales castillos de la región, pero en este caso paramos en el de Le Lude porque estaba en nuestra ruta de Chartres a Angers.

Y realmente la visitadel castillo nos gustó. El castillo es privado; se pueden ver -pagando la entrada- o solo los jardines o también algunas salas del interior del castillo. Creemos que lo más interesante son los jardines y el castillo por fuera.

Imagen del castillo de Angers
Imagen del castillo de Angers

Después de solazarnos en los jardines de Le Lude, seguimos hasta alcanzar la ciudad de Angers, capital del antiguo territorio de Anjou, a orillas del río Maine, cerca del Loira.

En Angers sobresale su imponente castillo, visualmente muy atractivo por fuera, quizá menos dentro de las murallas.

En el interior se puede contemplar el enorme conjunto de telas medievales conocido como Tapiz del Apocalipsis.

Tuvimos la suerte de que se celebraban unas jornadas culturales en Angers y la entrada al castillo era gratis.

El alojamiento en Angers fue en el hotel Séjours & Affaires Angers Atrium (60 € solo alojamiento y 4 € más por el perro). La habitación tiene nevera y cocina.

Se puede aparcar en zona azul en la puerta, o en el subterráneo del hotel por 6 € al día. El desayuno son 8,5 € por persona, pero nosotros no lo cogimos.

El hotel está situado en una zona moderna de la ciudad, a unos 10 minutos andando del centro. Es un hotel muy tecnificado, no tiene recepción durante gran parte del día y hay que usar códigos (que te envían por correo-e) para obtener los códigos que permiten la entrada al aparcamiento y la habitación.

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Días 21-22: ANGERS - ISLA DE RÉ - LA ROCHELLE (190 km)

Una ruta sin paradas nos llevó directamente a La Rochelle, donde pasaríamos dos noches, antes de los dos últimos días de viaje, con largo trayecto, de regreso a casa.

La Rochelle era el único destino de nuestro viaje en que ya habíamos estado anteriormente, pero es un lugar atractivo como para repetir y además tenía en esta ocasión el añadido de visitar la cercana Isla de Ré, que esa sí que no la conocíamos.

Nos alojamos en el hotel Première Classe La Rochelle Centre - Les Minimes (63,5 € por noche, más 10 € por los desayunos, más 5 € por el perro y aparcamiento subterráneo gratuito). Se trata de un buen alojamiento a menos de 15 minutos andando del centro.

En La Rochelle
En La Rochelle

La Rochelle es muy bonita, por su disposición en torno al puerto, sus construcciones defensivas y sus casas de piedra blanca, recibiendo bastante turismo.

Por su parte, la Isla de Ré ofrece hermosas playas y pequeños pueblos muy atractivos. En toda la isla no vimos ningún edificio de más de una planta.

La isla es también un popular destino vacacional para los franceses y un buen lugar para pasear en bici.

Está unida al continente por un puente de unos 4 km de longitud (y 16 eurazos de peaje, se paga solo a la entrada),

En La Rochelle y la Isla de Ré se puede saborear pescado y marisco de la zona, así como ostras; la oferta de restaurantes es muy amplia. Una buena manera de despedirnos, por esta vez, de Francia.

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Día 23: LA ROCHELLE - ZUMÁRRAGA (480 km)

Empezamos la vuelta a casa con una larga jornada de casi 500 km.

Salimos temprano de La Rochelle y el viaje transcurrió sin más novedad hasta llegar a Burdeos, donde tardamos más de una hora en atravesar la circunvalación debido a un accidente.

De nuevo en la tranquilidad de la autopista, una fuerte tormenta nos sorprendió cerca de la frontera con España, obligándonos a salir de la autopista para refugiarnos.

Reanudamos el viaje y tras el paso de la frontera, ya en tierras vascas, paramos a comer en Tolosa. Después llegamos a nuestro punto de destino del día, la localidad guipuzcoana de Zumárraga.

En Zumárraga nos alojamos en el Hotel Etxeberri (80 €, más 16 € por los desayunos; aparcamiento en el recinto). Se trata de un buen hotel, con una curiosa decoración, en un paraje muy agradable.

Nuestra actividad en Zumárraga fue salir a dar un paseo por un sendero señalizado que pasa por delante del hotel, junto a un río; luego dimos media vuelta y nos fuimos hacia el pueblo (el hotel está a menos de 10 minutos andando del centro) a cenar algo.

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Día 24: ZUMÁRRAGA - GRANADA (820 km)

Después del excelente desayuno en el hotel, cogimos el coche e iniciamos el largo trayecto norte-sur, con algunas paradas (la más larga en Aranjuez para comer), que nos condujo de regreso a nuestra casa en Granada, finalizando así este nuevo viaje por Europa.

Gracias por la atención.

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