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Europa

EUROPA CENTRAL

Relato de un viaje en coche de 23 días por Centroeuropa

Data Data viatge: 2013. Publicat el 22/01/2014
2.5 de 5 (90 vots)

Introducción

Este es el relato de nuestro viaje en coche por Centroeuropa en verano de 2013, en compañía de nuestro perro Leo. Los países visitados fueron Francia, Suiza, Austria, Chequia y Alemania, sin olvidarnos de Liechtenstein.

Desde hace varios años solemos viajar con nuestro perro (de unos 12 kg) por Europa, donde no hay ningún problema en encontrar hoteles que permitan llevar mascotas, en la mayoría de los casos aplicando un suplemento por ello. Afortunadamente, cada vez es más frecuente que los hoteles españoles también lo permitan. Lógicamente los que tenemos perro debemos ser conscientes de que hay que extremar el cuidado para que el animal no cause molestias de ningún tipo, pues eso además permite que cada vez más establecimientos den la bienvenida a nuestros acompañantes de cuatro patas.

Nuestro relato lo centramos en las impresiones de los lugares visitados y no en la descripción de los mismos. Lo que sí incluimos son enlaces a las páginas de información turística de cada lugar y a las páginas de los alojamientos donde hemos pernoctado y de algunos de los restaurantes que nos han gustado.

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Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

En Viatgeaddictes.com no nos responsabilizamos de los posibles perjuicios que pueda causar la informa- ción aquí contenida, así como de las opiniones expresadas por los colaboradores, ni estas son necesariamente compartidas por nosotros.

Por otra parte os animamos a que, si usáis la información aquí contenida, tengáis la amabilidad de enviarnos un e-mail con vuestras impresiones, sobre si os ha resultado útil o no, información errónea o no actualizada, etc. Tanto nosotros como nuestros colaboradores esperamos como única compensación a nuestro trabajo que perdáis un minuto y nos digáis algo que nos permita saber si nuestro esfuerzo merece la pena.

Gracias por visitar Viatgeaddictes.com

Fechas del viaje

Del 5 al 27 de julio de 2013.

Itinerario

mapa
Día 1: Granada - Tarragona
Día 2: Tarragona - Perpiñán (Francia)
Día 3: Perpiñán - Meximieux
Día 4: Meximieux - Interlaken (Suiza)
Día 5: Interlaken
Día 6: Interlaken - Innsbruck (Austria)
Día 7: Innsbruck - Salzburgo
Día 8: Salzburgo
Día 9: Salzburgo - Obertraun
Día 10: Obertraun - Ceský Krumlov (Rep. Checa)
Día 11: Ceský Krumlov - Viena (Austria)
Días 12-13: Viena
Día 14: Viena - Praga (Rep. Checa)
Día 15: Praga
Día 16: Praga - Karlovy Vary
Día 17: Karlovy Vary - Rothenburg (Alemania)
Día 18: Rothenburg - Kressbronn
Día 19: Kressbronn - Évian (Francia)
Día 20: Évian - Le Poët Laval
Día 21: Le Poët Laval - Carcasona
Día 22: Carcasona - Barcelona
Día 23: Barcelona - Granada

En este viaje de 23 días por Centroeuropa hicimos en total unos 6.500 km con nuestro coche, un Seat León diésel, con inicio y final en la ciudad de Granada.

Presupuesto

El gasto realizado ha sido, redondeando, de unos 4.100 € (en total), de los que aproximadamente 1.800 € han sido de alojamiento, 900 € de combustible y peajes, 1.000 € en comer y unos 400 € de entradas, transporte público y excursiones. 

Nuestra costumbre es pagar con tarjeta de crédito siempre que es posible.

El nivel de precios observado en los países recorridos es, en términos muy generales y de mayor a menor, primero el de Suiza (ostensiblemente más alto que en España, más del doble), luego Austria (muy alto, pero sin llegar al de Suiza), después Alemania y Francia (algo más altos que en España) y por último Chequia (aquí es menor que en España).

Todos los hoteles del viaje los hemos reservado a través del portal Booking.com, usando el filtro "se admiten perros".

En el caso de Viena y Praga, en principio habíamos reservado apartamentos a través de Airbnb, pero en ambos casos sufrimos la informalidad de los propietarios, que cancelaron las reservas que teníamos, así que buscamos también hotel ahí a través de Booking.com.

Moneda

De los países visitados, están fuera de la zona euro Suiza y Chequia.

En Suiza (rodeada por países de la zona euro) se puede sobrevivir sin cambiar a francos suizos, pues el euro está aceptado en todas partes, hasta en los parquímetros o en los transportes públicos (eso sí, normalmente te darán el cambio en francos). El cambio era aproximadamente 1,24 francos suizos (CHF) por euro.

En Chequia sí que hay que utilizar la corona checa, con un cambio aproximado de 25,90 coronas (CZK) por euro.

Formalidades

En todos los países visitados, basta con llevar el DNI. Para el perro, además de los requisitos exigidos en nuestro país, se tiene que estar en posesión del pasaporte europeo para movilidad de animales de compañía.

Respecto al coche, basta con llevar la misma documentación obligatoria en España (permiso de conducir, seguro y documentación del vehículo).

Afortunadamente, durante el viaje no tuvimos ningún percance. Tampoco pasamos por ningún control policial ni ningún agente nos pidió la documentación personal, del perro o del vehículo.

De los países recorridos solo Alemania tiene autovías gratuitas. En Francia, todas las autovías son de pago, excepto las circunvalaciones de las ciudades.

En Suiza, Austria y Chequia existe el sistema de "viñeta". Es una pegatina que se compra al entrar en el país (en la misma frontera o en estaciones de servicio) y hay que adherir al cristal delantero; el pago da derecho al uso de las autovías.

En Suiza solo se puede comprar la viñeta anual, da igual el número de días que vayas a pasar por Suiza, al módico precio de 40 CHF (unos 33 €).

En Austria y Chequia se pueden comprar para periodos más cortos: en nuestro caso, en Austria, compramos la viñeta válida para 10 días, por 8,30 €. En Chequia, la viñeta también para 10 días, nos costó 310 CZK (unos 12 €).

Seguridad

Las zonas visitadas no presentan, en general, problemas de inseguridad ciudadana y son muy tranquilas, en el caso de Suiza y Austria absolutamente tranquilas.

Respecto a la conducción, en ninguno de los países recorridos hay problema de inseguridad vial. Sólo hay que tener en cuenta que la densidad de tráfico es muy alta, sobre todo en las autovías francesas y alemanas, por lo que hay que extremar la atención.

Idioma

En nuestro caso, nos manejamos con el inglés y con el francés. En los países visitados, el conocimiento del inglés está muy extendido, tanto en las personas que trabajan atendiendo al público como entre los ciudadanos en general. Por tanto, controlando un inglés básico se puede sobrevivir perfectamente.

Por supuesto que nunca está de más, todo lo contrario, manejar un vocabulario básico de los idiomas de los países por donde se viaja. En el caso de nuestro viaje, alemán y checo.

Climatología

En otros viajes por Centroeuropa en verano tuvimos días de lluvia y hasta frío. En este que relatamos nos llovió un solo día (en Interlaken, Suiza), fue un breve aguacero, e incluso hemos padecido una ola de calor en Alemania, Suiza y Francia.

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 DIARIO DE VIAJE A CENTROEUROPA

Día 1: GRANADA - TARRAGONA (780 km)

Salimos por la mañana de Granada y llegamos a Tarragona a media tarde.

En Tarragona nos quedamos en el hotel Sant Jordi (77 €), con aparcamiento propio. Situado junto a la playa Savinosa (esta playa es nudista en parte). Hotel correcto, en una zona tranquila y agradable.

Nos damos un paseo sin perder de vista el mar (media hora, a ritmo tranquilo) hasta el animado centro de Tarragona.

Cenamos un crepe en la zona peatonal cerca del ayuntamiento y tras subir hacia la zona de catedral, salimos por la parte alta atravesando una puerta de la muralla, camino de vuelta al hotel, viendo el espectáculo de fuegos artificiales que organizan las noches de verano.

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Día 2: TARRAGONA - GIRONA - PERPIÑÁN (280 km)

Nos levantamos temprano y nos damos un baño en la playa. Dejamos el hotel y tomamos la AP-7 hacia Francia, desayunando en un área de servicio de la autopista.

Hacemos un alto en Girona, una ciudad donde siempre que pasamos nos gusta parar y que, a nuestro entender, es poco conocida, al menos fuera de Cataluña. El casco antiguo de Girona es muy interesante, destacando de forma singular El Call jueu, una de las juderías mejor conservadas de España.

Después de comer (otro crepe) en la Crêperie Bretonne, seguimos hacia la frontera.

Llegamos poco después a Perpiñán (Perpignan, Perpinyà). Nos quedamos en el hotel Adagio Access Perpignan (59 € + 10 € por el perro), con localización céntrica y con el estándar propio de esta cadena, funcional y correcto. No tienen sitio en el aparcamiento y dejamos el coche en una calle cercana.

Después de un paseo por el centro, cenamos en un restaurante portugués (no recordamos el nombre, pero estaba bien) muy cercano al hotel y damos otro paseo por la calurosa noche de Perpiñán.

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Día 3: PERPIÑÁN - NARBONA - LA ROQUE-SUR-CÈZE - PEROUGES - MEXIMIEUX (510 km)

Salimos de Perpiñán y (por carretera nacional, sin entrar en la autopista de peaje) llegamos a la cercana (70 km) Narbona (Narbonne), donde después de desayunar (un poco caro) en una terraza de la plaza principal, echamos un vistazo a la catedral y al palacio de los Arzobispos. El canal de la Robine atraviesa la ciudad y conecta con el canal du Midi.

Volvemos a la ruta y nuestra siguiente parada es La Roque-sur-Cèze, pequeño y bonito pueblo de casas de piedra. Cerca del pueblo están las cascadas de Sautadet, un curioso conjunto de saltos de agua entre rocas, muy concurrido de bañistas en un día tan caluroso como el que padecemos.

Después de un bocadillo rápido, seguimos la larga ruta de hoy hasta donde nos quedamos esta noche, Meximieux.

La ciudad de Meximieux en sí no tiene nada de especial, pero se trata de una parada mejor que Lyon (que ya conocemos de otras veces, preferimos hoy un lugar más tranquilo y con menos complicaciones de acceso) y tiene al lado el precioso pueblo medieval de Perouges.

A Perouges se sube por una cuesta un poco empinada desde Meximieux o en coche. Después de recorrer el pequeño pueblo, cenamos (muy bien y agradable; los dueños son gente joven, eficaces y simpáticos) en el restaurante Les Terrasses.

Nuestro alojamiento en Meximieux es el hotel Le Lion d'Or (60 €), que a pesar de tan pomposo nombre, es un poco cutre y además ruidoso (por el tráfico de la calle donde está), pero bueno, se trata solo de pasar la noche en algún sitio.

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Día 4: MEXIMIEUX - INTERLAKEN (340 km)

Salimos hacia Suiza y, tras desayunar y comprar provisiones en un área de servicio, atravesamos la frontera, parando enseguida para comprar la viñeta.

Hacemos una breve parada para estirar las piernas en Lausana (Lausanne), ciudad sin excesivo interés, y seguimos hacia Interlaken.

Interlaken es una pequeña ciudad situada, como se deduce de su nombre, entre dos lagos (Thun y Brienz). Para llegar, salimos de la autovía hacia el pueblo de Thun, para desde allí seguir por la carretera de la orilla del lago del mismo nombre que conduce hasta Interlaken. Paramos y nos sentamos a contemplar el lago y a dar buena cuenta de las provisiones que hemos comprado esta mañana.

Llegamos a Interlaken y nos alojamos en el muy recomendable hotel Aarburg, junto al río Aar, donde pasaremos dos noches (140 CHF por noche, unos 115 €, con desayuno incluido; perro y aparcamiento gratis).

Damos un paseo por el pueblo, muy concurrido de turistas, y vamos a la estación de tren Interlaken West para comprar los pasajes para nuestro recorrido del día siguiente, pero allí nos dicen que sólo venden los pasajes para subir hasta Lauterbrunnen y que luego allí compremos el resto del recorrido, nos aseguran que no hay problemas de capacidad para el día siguiente.

Terminamos cenando en el Restaurant & Grill OX, está bien y su precio no es prohibitivo estando en Suiza.

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Día 5: INTERLAKEN y alrededores

Hoy cumplimos el objetivo de nuestra estancia en Interlaken, que es hacer un recorrido por la zona del Jungfraujoch, la montaña que se erige sobre Interlaken (la zona está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco).

La ruta se hace en tren. Hay diversas opciones: en la página Jungfraujoch - Top of Europe (en español) están detalladas todas las posibilidades, pudiéndose incluso consultar horarios y precios o comprar los pasajes (si se madruga, es más barato). Nosotros optamos por un recorrido circular, que nos llevará el día completo.

Vista de Lauterbrunnen desde el tren
Vista de Lauterbrunnen desde el tren

Salimos de la estación de tren Interlaken West, cambiamos de tren en la Interlaken Ost y subimos al valle llamado Lauterbrunnen, donde nos bajamos en la estación del mismo nombre.

En Lauterbrunnen hacemos una visita a la cascada Trümmelbachfälle. Junto a la estación tomamos un autobús (3,4 CHF) que en un trayecto de minutos nos sube hasta la entrada (11 CHF); lo que vemos es una cascada situada en el interior de una cueva, bastante espectacular.

Luego volvemos andando a Lauterbrunnen por un precioso sendero (cuesta abajo) entre altas montañas y cascadas que descienden de ellas. Lo único molesto es el ruido de los helicópteros turísticos que sobrevuelan el lugar para que sus ocupantes vean el panorama, que (para los que vamos a pie) distorsionan el silencio y la belleza de estos parajes.

En la estación compramos el resto de nuestro recorrido. Volvemos a tomar el tren hasta las faldas del Jungfraujoch, a la parada llamada Kleine Scheidegg. Allí comemos algo ligero (al aire libre) en un restaurante en un entorno impresionante, todo el recorrido es realmente maravilloso. Desde allí (a 2.000 m de altura) existe la posibilidad de subir (por tren y medios mecánicos) hasta el llamado Top of Europe (a unos 3.500 metros de altura), pero nosotros no lo hicimos.

Lo que hicimos fue volver a Interlaken a través de otro valle, el Grindelwald. Para ello nos bajamos en la estación llamada precisamente Grindelwald y descendemos andando hasta la siguiente parada, Schwendi, donde volvemos a tomar el tren de vuelta. El precio pagado por todo este trayecto fue de unos 65 € por persona, pero creemos que merece mucho la pena rascarse el bolsillo.

Tras la larga jornada en las montañas y un tranquilo paseo junto al Aar, terminamos cenando (comida sin pena ni gloria) en la terraza del mismo hotel donde estamos.

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Día 6: INTERLAKEN - LUCERNA - VADUZ - INNSBRUCK (400 km)

Dejamos, con un buen sabor de boca, Interlaken y vuelta a la autovía, haciendo una primera parada en Lucerna (Luzern), hermosa ciudad de tradición relojera, bañada por el lago de los Cuatro Cantones y el río Reuss.  Son muy característicos los puentes techados sobre el río.

Vuelta al coche y hacemos la siguiente parada en Vaduz, la capital del Principado de Liechtenstein, ciudad carente del más mínimo atractivo (desde el punto de vista turístico, no entramos en otras cuestiones) aparte de decir que se ha estado allí.

Comemos una hamburguesa en la calle y dejamos atrás este minipaís para entrar en Austria, concretamente en la región del Tirol. Paramos para comprar la viñeta austriaca y seguimos la ruta.

El paisaje tirolés aparece muy bello, pero no se disfruta bien por la continua sucesión de túneles en la autovía, el mayor de los cuales, el túnel de Arlberg mide casi 14 km y tiene un peaje específico (9 €). Pensamos que no sería mala idea hacer un recorrido por esta región en otra ocasión, pero nosotros nos dirigimos hasta nuestra parada de hoy, Innsbruck.

En Innsbruck, la capital del Tirol, pernoctaremos en el hotel Kapeller (99 € con desayuno, aparcamiento y perro incluido), muy moderno, aunque no está en el centro de la ciudad.

Lo que hacemos es acercarnos con el coche a las proximidades del centro, dejar el coche por allí (gratis) y dar una vuelta por la parte histórica, que es bonita y agradable, muy animada además; el río Inn y las montañas de alrededor le otorgan aún más vistosidad. Hoy cenamos sushi en una terraza en la plaza donde está la columna Annasäule, en la calle principal.

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Días 7 y 8: INSBRUCK - RATTENBERG - BERCHTESGADEN - SALZBURGO (180 km)

Nos despertamos y nos sorprende el perfecto aislamiento acústico del hotel: delante de nosotros hay un edificio en construcción y no se oye absolutamente nada con las ventanas cerradas.

Después del desayuno, salimos camino de Salzburgo y nuestra primera parada es el bonito pueblo de Rattenberg, muy lleno de turistas y tiendas, pero sin ser agobiante. Una parada agradable.

Como vamos bien de hora, decidimos hacer una de las visitas previstas en la zona de Salzburgo: la del Nido del Águila (Kehlsteinhaus), cerca de la localidad alemana de Berchtesgaden.

El Nido del Águila (Kehlsteinhaus)
El Nido del Águila (Kehlsteinhaus)

Esta es la única de las residencias oficiales de Hitler que sigue en pie; un lugar imponente, en la cima de una montaña a 1.800 metros de altura, a la que se llega por una espectacular carretera construida "ad hoc" para servir a la residencia.

Para visitarla, hay que llegar al aparcamiento y desde allí unos autobuses (pagas el autobús: 16,10 €, pero luego no pagas entrada) te llevan a la entrada inferior, donde tras caminar por un largo túnel excavado en la montaña, un ascensor te eleva a la cima.

Los folletos turísticos alemanes inciden en que el lugar no tiene ningún carácter de museo, sino que es un restaurante; se consigue así, en cierta manera, hacer menos siniestro el sitio que sirvió de relax al genocida nazi. Lo cierto es que no se come mal allí.

Llegamos a Salzburgo, ya en Austria, donde estaremos dos noches. El hotel elegido se llama Bloberger Hof (105 € la noche, incluye desayuno, más 6 € por noche por el perro, aparcamiento en el recinto). Es una casa típica de campo situada en una zona residencial y rural en los alrededores de Salzburgo. Junto al hotel hay una parada de autobús, que en 15 minutos te lleva al centro de la ciudad.

Salzburgo, declarada Patrimonio de la Humanidad, nos resulta muy agradable: pequeña, elegante, animada (ciudad de estudiantes) y con bellos edificios y monumentos, más el recuerdo constante de su hijo más famoso, Mozart.

En el tiempo que estamos aquí hacemos la visita del palacio de Hellbrunn (muy bromista el arzobispo) y de la Fortaleza (subida en funicular, 3,5 €), pero igualmente disfrutamos con el callejeo más o menos sin rumbo.

En las dos noches que pasamos aquí, cenamos en dos lugares al aire libre del tipo biergarten, frecuentes en Salzburgo. Uno de ellos, el que nos gustó más (Stieglkeller), se sitúa en la bajada del Castillo, pero con vistas sobre la parte baja de la ciudad, y es de mucha tradición, por supuesto que admiten perros.

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Día 9: SALZBURGO - SANKT GILGEN - HALLSTATT - OBERTRAUN (100 km)

Bien satisfechos por nuestra estancia en Salzburgo (nos hubiéramos quedado algún día más), salimos hoy hacia Hallstatt y Salzkammergut. En esta zona, declarada Patrimonio de la Humanidad, se encuentran los que se consideran más bellos lagos de Austria.

Salimos de Salzburgo y tomamos la Wolfgangsee Straße. Hacemos una parada en el camino en el bonito pueblo de Sankt Gilgen, animado por su mercado. Si bien los lagos del camino y sus orillas son indudablemente bellos, quizás aquello está demasiado urbanizado, no se siente uno mucho en la naturaleza.

Parando de vez en cuando (donde no está "verboten" o prohibido) para mirar algún laguito, llegamos a la localidad de Obertraun, donde se encuentra nuestro hotel de esta noche, el Apartment Hotel Seerose (85 € con desayuno, sin problemas de aparcamiento), junto al lago Hallstatt. Agradable, buen ambiente y dueños muy simpáticos.

Hallstatt y su lago
Hallstatt y su lago

A un paso del hotel está el embarcadero, donde tomamos un barquito que cruza el lago (una agradable travesía de 20 minutos, sólo en verano, en el hotel informan de los horarios) y llegamos a Hallstatt, al que algunas guías consideran el pueblo más bonito de Austria, incluso del mundo hemos leído en algún sitio. La verdad es que, si bien el calificativo nos parece exagerado, la belleza del lugar es innegable.

Comemos, muy bien, en un restaurante en la misma orilla (pedimos pescado del lago) y después de recorrer el pueblo, hacemos a pie el camino entre Hallstatt y Obertraun, parándonos a tomar el sol de la tarde en la orilla del lago.

Entre paseos termina la tarde y al caer la noche cenamos en el mismo Obertraun en un restaurante también a la orilla del lago (el único que hay, no tiene pérdida). De nuevo pedimos pescado del lago y vino blanco austriaco, realmente una velada estupenda.

En Hallstatt se pueden ver sus famosas minas de sal (a la sal debe la localidad su nombre), a las que se sube en un funicular, aunque nosotros no fuimos. Y cerca de Obertraun está la subida a la plataforma Cinco Dedos, aunque tampoco fuimos, ya que preferimos dedicar el tiempo de hoy al senderismo.

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Día 10: OBERTRAUN - GMUNDEN - MAUTHAUSEN - ČESKÝ KRUMLOV (200 km)

Salimos de Obertraun y por la Salzkammergut Straße en dirección a Gmunden, donde paramos brevemente. Terminamos de recorrer esta zona de lagos, parando a bañarnos en alguno (agua fría, pero limpia y cristalina).

Alcanzamos la autovía A1 en sentido a Linz, que pasamos de largo, y nos dirigimos al antiguo campo de concentración nazi de Mauthausen, que visitamos. El lugar es sobrecogedor y cuesta trabajo contener la emoción ante el horror que aquí tuvo lugar, documentado en fotografías por todo el campo. Entre decenas de miles de prisioneros de muchas nacionalidades, más de 7.000 republicanos españoles (refugiados en Francia) fueron internados en este campo, de los cuales unos 5.000 murieron.

Volvemos otra vez hacia Linz, que la rodeamos camino de la frontera checa, para ir a Český Krumlov. La verdad es que no sabíamos cómo disponer esta parada en nuestro viaje y al final optamos por ir y volver por la misma ruta, y creemos que mereció mucho la pena.

El camino es un tanto molesto, sobre todo a partir de entrar en Chequia (está en proyecto una autovía Linz-Praga que pasaría por aquí), con carreteras estrechas y mala señalización (además, nuestro GPS no funciona en Chequia), pero sin mayor complicación llegamos a Český Krumlov, una verdadera joya, una ciudad de cuento, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Ceský Krumlov desde el castillo
Ceský Krumlov desde el castillo

Nos alojamos en la muy recomendable Penzion Gardena (unos 62 € al cambio, con desayuno, con aparcamiento propio en el establecimiento), con dueños muy educados y atentos. Además, la ubicación es inmejorable, junto al conjunto monumental, pero fuera de él, con lo que la tranquilidad y el silencio son totales.

Recorremos las calles de Český Krumlov (hay mucho turismo, en gran medida ruso, pero no hay agobio).

Visitamos su notable castillo, y terminamos la jornada cenando junto al río Moldava (Vltava).

Y lo hacemos al segundo intento, porque en el primero nos sentamos en la terraza de un restaurante donde ni siquiera nos hacen caso (no cuesta nada decir "la cocina está cerrada" o algo así, en vez de mirarnos desde lejos con mala cara esperando que nos vayamos) y nos vamos a otro, que la verdad es que resulta ser bastante más bonito que el anterior y, aunque la chica que nos atiende no es precisamente simpática, pero cenamos muy bien a orillas del río con patitos a nuestro alrededor; por cierto, qué buena la cerveza checa.

Ah, frente a lo que pudiera intuirse, resultó que este día fue el único en que encontramos personas antipáticas en Chequia, en el resto de nuestro viaje por ese país no hubo ningún problema en ese sentido.

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Días 11-13: ČESKÝ KRUMLOV - MELK - DÜRNSTEIN - VIENA (285 km) y VIENA

Después de desayunar y despedirnos de la dueña del hotel, muy satisfechos de nuestra estancia en Český Krumlov, volvemos hacia Austria.

Esta vez tomamos una carretera distinta, más bonita que la de ayer, que nos lleva entre bosques y junto al río Moldava, hasta la frontera. Luego alcanzamos la autovía de Viena, pero la abandonamos para recorrer el valle de Wachau, declarado Patrimonio de la Humanidad, por el que discurre el Danubio.

Nuestro recorrido por el Valle empieza en Melk, donde visitamos (el exterior) su imponente abadía, situada encima (literalmente) del pueblo, que también visitamos.

El Danubio en Dürnstein (valle de Wachau)
El Danubio en Dürnstein (valle de Wachau)

Seguimos la carretera junto al Danubio, flanqueado por laderas donde se cultivan viñedos. Se nos ocurre parar en un pueblo para comprar provisiones y hacer un almuerzo a la orilla del río, muy gratificante.

Más tarde paramos en el bello pueblo de Dürnstein, muy cuidado, rodeado de viñedos, desde el que se divisa una curva del Danubio. Observamos que la zona parece haberse recuperado con rapidez de las graves inundaciones del principio del verano, que provocaron una crecida histórica del río.

Abandonamos el valle de Wachau en Krems, y tomamos la autovía hasta la capital austriaca.

Alcanzamos Viena y gracias al GPS llegamos sin problemas a nuestro hotel, el aparthotel Rothensteiner, que está bastante bien (70 € por noche, con desayuno incluido). Tres días nos quedaremos aquí. Está en el distrito Neubau, a unos 15 minutos andando se llega a la zona más central de la ciudad (la catedral de San Esteban está a unos 25 minutos andando).

El problema es que no tiene aparcamiento, ni propio ni concertado. Lo dejamos en la calle (es zona azul, los tiques se compran en una especie de estancos) para lo que queda de tarde y la noche. Al día siguiente meteremos el coche en el cercano aparcamiento público de la calle Burgasse 85, que nos cuesta 24 € al día.

¿Qué decir de Viena?. La gran capital austriaca es realmente exuberante, con infinidad de edificios barrocos y elegantes parques y avenidas, legado de su pasado imperial (y del derroche sin límite de la corte de los Habsburgo). Si bien puede que no tenga un monumento singular de fama mundial, pero creemos que como conjunto urbano, a excepción de París, ninguna gran ciudad europea es comparable en elegancia.

Lo que hacemos básicamente es dedicar nuestra estancia a patear la ciudad (y a las inevitables compras), Viena se disfruta simplemente con el paseo. Hacemos un par de visitas singulares: el museo del palacio Belvedere y los jardines del palacio imperial de Schönbrunn, declarado Patrimonio de la Humanidad.

El palacio de Schönbrunn desde una de sus fuentes
El palacio de Schönbrunn desde una de sus fuentes

Otra noche acabamos nuestro paseo en el famoso parque Prater, lleno de gente. La verdad es que, como sucede en otros países fríos, el verano es aquí una época en que la gente vive intensamente en la calle intentando apurar cada momento antes de que se acabe el buen tiempo.

Nos sorprende, por ejemplo, el ambiente en los jardines que hay delante del (majestuoso, como no podía ser menos) ayuntamiento: centenares de personas, la mayoría jóvenes, comiendo y bebiendo por todo el recinto.

Otra cosa que nos sorprende de Viena es la flexibilidad de los horarios de sus restaurantes, comparables a los españoles.

Los vieneses saborean las noches del verano y los establecimientos no tienen prisa por cerrar. La oferta de restaurantes de Viena es muy amplia y para todos los gustos, así que no creemos que merezca la pena reseñar ninguno de los que visitamos.

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Días 14-15: VIENA - PRAGA (340 km) y PRAGA

Felices de nuestra estancia en Viena, la abandonamos camino de Praga.

Según nuestras informaciones, la manera más cómoda de ir es a través de la capital de Eslovaquia, Bratislava, para que todo el camino sea por autovía. Sin embargo, la recepcionista del hotel de Viena se interesa por nuestro recorrido y nos insiste vivamente en que vayamos directamente a Praga sin pasar por Bratislava, asegurándonos que "casi" ya han terminado la autovía. Como tampoco teníamos mucho interés en ver Bratislava en este viaje, le hacemos caso y nos sucede que, antes de llegar a la frontera checa, la autovía se termina y da paso a una penosa carretera llena de camiones, lo que nos hace reflexionar sobre el significado de la palabra "casi" en inglés.

Como ya sabíamos que nuestro GPS no funciona en Chequia, al pasar la frontera checa compramos un plano de Praga. También compramos la viñeta para poder circular por las autovías checas.

En la frontera hay también un extravagante centro comercial, con muchas tiendas "de marca" para atraer a los compradores austriacos por la diferencia de precios. También hay por allí otro tipo de "establecimientos", de actividades denigrantes.

Con paciencia alcanzamos la autovía Brno-Praga (la que viene de Bratislava, precisamente) y llegamos a la capital checa.

Con la ayuda del plano, llegamos fácilmente a nuestro hotel en Praga, llamado Hotel U Semika (66 € por noche, con desayuno y aparcamiento cerrado en el interior), que nos gusta, tanto el hotel en sí como la ubicación (en un barrio tranquilo, muy cerca de la fortaleza Vyšehrad). Del puente Carlos está a unos 25 minutos andando o a unos 10 minutos en tranvía (paran, continuamente, muy cerca del hotel).

Es hora de comer y, un poco cansados después del viaje desde Viena, decidimos comer en el mismo hotel, en el patio a la sombra, y acto seguido empezamos nuestra visita a Praga, ciudad en que pasaremos dos noches.

El puente Carlos visto desde el puente Mánes (Praga)
El puente Carlos visto desde el puente Mánes (Praga)

Decidimos ir andando hasta el centro, por la orilla del río Moldava, que está animadísima, llena de gente que pasa allí la tarde. Llegamos al conocido puente Carlos, muy concurrido, y luego subimos hasta el castillo de Praga, bastante más tranquilo a esas horas. Descendemos y por otro puente cruzamos el Moldava para internarnos en el meollo del casco histórico, pasando por primera vez por la plaza de la Ciudad Vieja y su famoso Reloj Astronómico.

Cenamos en un restaurante muy normalito y decidimos volver andando al hotel, otra vez por la orilla del Moldava.

A la mañana siguiente visitamos la cercana fortaleza Vyšehrad y después volvemos al centro, esta vez callejeando, y seguimos pateando la ciudad antigua, haciendo algunas visitas puntuales en el barrio judío: las Sinagogas y el Cementerio.

Realmente Praga, al igual que sucedía en Viena, es una ciudad que se disfruta nada más que con el paseo por sus calles, sin pensar demasiado en el rumbo. El día se nos pasa recorriéndola.

Al caer la noche, atravesamos otra vez el puente Carlos y se nos ocurre descender hacia un barrio situado bajo su extremo oeste, que resulta bastante agradable y con poca gente, donde disfrutamos de vistas sobre el propio puente, del frescor del río y de una estupenda cena al aire libre en el restaurante Červená sedma.

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Día 16: PRAGA - PILSEN - MARIÁNSKÉ LÁZNE - KARLOVY VARY (230 km)

Hoy dejamos Praga, una ciudad preciosa sin duda, y nos vamos a otro famoso destino turístico checo, la ciudad balnearia de Karlovy Vary.

Pero nosotros vamos a hacer una variante: en vez de ir por la carretera en línea recta que la une con la capital, vamos a tomar la autovía a Pilsen, para desviarnos después hacia Karlovy Vary parando antes en Mariánské Lázně, también de tradición balnearia.

Así hacemos una breve parada en Pilsen (Plzeň), mundialmente conocida por su elaboración de cerveza, que da nombre a uno de los tipos de esta bebida. Salimos más tarde de la autovía para hacer la visita de Mariánské Lázně, cercana a Karlovy Vary y, como aquella, famoso centro balneario.

Su periodo de esplendor fue cuando era conocida por su nombre alemán, Merienbad, y era visitada por la elite europea del siglo XIX y primeros del siglo XX. Hoy vuelve a atraer al turismo (en gran parte ruso) que viene aquí a tomar las aguas y la ciudad luce con aspecto elegante y muy tranquilo, destacando la monumental columnata que guarda la fuente principal. Desde luego, quien quiera unas vacaciones tranquilas que vaya a Mariánské Lázně, el sosiego está garantizado. Comemos unos platos ligeros en el restaurante Classic, en la calle principal.

Seguimos hacia Karlovy Vary, la más conocida estación balnearia de Chequia, desde tiempos antiguos. Hoy nuevamente visitada por millonarios (rusos y también europeos y norteamericanos) que acuden a lujosos hoteles de la ciudad.

El nuestro, más modesto, es el hotel Heluan (78 € con desayuno, más 10 € por el perro), con aparcamiento. Teníamos una reserva en el hotel Ontario (90 € con desayuno), pero pocos días antes recibimos un mensaje diciendo que, por "sobreocupación", nos proponían cambiar al Heluan reduciéndonos el precio. No sabemos cómo será el Ontario, pero el Heluan es muy bueno, con una habitación muy grande (quizás la recargada decoración es discutible) que es cómoda y nueva. Y está muy bien ubicado. El desayuno también está a la altura.

Pasamos la tarde paseando por la localidad y cumpliendo con el rito turístico de beber aguas en sus fuentes con la jarrita típica que venden para tal fin. Por la noche, cenamos (bien) en una terraza en el paseo junto al río, rodeado de unas señoras rusas muy elegantes que al final incluso hacen amistad con nuestro perro.

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Día 17: KARLOVY VARY - CHEB - BAMBERG - ROTHENBURG OB DER TAUBER (330 km)

Después de nuestra tranquila estancia en Karlovy Vary, salimos hacia la frontera alemana. Antes paramos en la pequeña ciudad de Cheb, donde merece la pena hacer un alto para contemplar su enorme plaza medieval.

Entramos en Alemania y nuestra primera parada es Bamberg, ciudad Patrimonio de la Humanidad, que es realmente hermosa. El aparcamiento es difícil y terminamos (como parece que terminan todos los visitantes) en el aparcamiento subterráneo que hay junto a la oficina de turismo. Plano en mano damos un paseo de varias horas por sus calles. Aquí empieza a notarse la ola de calor que en los días siguientes se extendería por Alemania y Centroeuropa.

Otra vez en la autovía y llegamos, tras un pequeño rodeo por carreteras "comarcales" para salir de un atasco provocado por un accidente, hasta el lugar donde pasaremos esta noche, el pueblo de Rothenburg ob der Tauber. El pueblo es una maravilla y tan limpio y bien conservado que parece de cuento.

Calle de Rothenburg ob der Tauber
Calle de Rothenburg ob der Tauber

Como anécdota, el pueblo se libró de su destrucción en los últimos días de la guerra mundial gracias a un alto mando militar de EEUU, que enterado que el pueblo estaba cercado y amenazado de bombardeo si la guarnición alemana no se rendía, recordó que su madre le había hablado de la belleza de lugar (que ella había visitado antes de la guerra), así que procuró una negociación para evitar el ataque y el mando alemán terminó cediendo.

Nuestro alojamiento en Rothenburg es el Bayerischer Hof (75€ con desayuno, más 5 € por el perro, con aparcamiento propio), con un dueño muy alegre él; un lugar sin pretensiones y situado convenientemente junto a una de las puertas de la muralla.

Empezamos la visita de este encantador pueblo, que terminamos recorriendo entera la muralla que lo rodea completamente, muy bien conservada.

Finalizamos la jornada cenando muy bien en un biergarten, el lugar se llama Reichskuechenmeister.

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Día 18: ROTHENBURG - NÖRDLINGEN - MEMMINGEN - KRESSBRONN (285 km)

Vuelta a la autovía hacia el sur. Nuestra primera parada es Nördlingen, que es un pueblo construido en el cráter de un meteorito, aunque esto no se aprecia a simple vista. Es un pueblo agradable y también está amurallado y, aunque no llega a la altura de Rothenburg, no está de más parar si se tiene tiempo.

Hacemos una breve parada en Memmingen, donde comemos rápido un kebab y damos una vuelta por la ciudad, que no tiene mal aspecto.

Nota: El aeropuerto de Memmingen es muy utilizado por viajeros que se dirigen a Múnich, a la ruta de los castillos reales bávaros o a las estaciones alpinas. Esta zona la habíamos hecho en una ocasión anterior y es realmente fantástica).

Llegamos a nuestro destino de hoy, Kressbronn am Bodensee, situado junto al lago Constanza (Bodensee en alemán).

El lago Constanza está situado entre Alemania, Suiza y Austria y es un desagüe del río Rin en su descenso desde las montañas suizas. Sus orillas son un importante destino de turismo interior alemán.

El quedarnos en Kressbronn es, precisamente, por una cuestión de alojamiento, porque por la alta demanda en la zona en las fechas de nuestro viaje optamos por quedarnos en el hotel Haus Konstanz Sonnenhof (105 € con desayuno, más 10 € por el perro, aparcamiento gratis). Es un gran complejo moderno donde tienen también balneario, pero que está en medio de ningún sitio, por lo que necesitas coche o bici para moverte por la zona.

El puerto de Lindau, en el lago Constanza
El puerto de Lindau, en el lago Constanza

Cogemos el coche y llegamos a la cercana Lindau, uno de los principales centros turísticos del lago, la zona antigua ocupa una isla unida a tierra firme por un puente.

Hay que dejar el coche en alguno de los muchos aparcamientos públicos.

La localidad es ciertamente bonita, incluso, como les gusta decir a los alemanes, muy romántica. El paseo a orillas de lago viendo la puesta de sol merece ese calificativo.

Cenamos, cómo no, en un biergarten cerca del lago y después de un paseo a a la luz de la Luna y de un pequeño problema con el aparcamiento (por despiste habíamos aparcado en el reservado de un casino cercano), resuelto con buen humor (no son tan serios los alemanes), volvemos a nuestro alojamiento.

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Día 19: KRESSBRONN - MEERSBURG - ZURICH - GRUYÈRES - ÉVIAN-LES-BAINS (400 km)

Después de un desayuno, tipo buffet, realmente señorial en una terraza al aire libre sobre el lago, dejamos el hotel y por la ribera norte del lago llegamos a Meersburg, otro de los puntos destacados de la zona.

Ya conocíamos este pueblo de un viaje anterior, pero es muy bonito y, como tenemos que tomar allí el ferry, le dedicamos una breve visita. El pueblo tiene dos partes: la parte baja, con un paseo a orillas del lago y una animada calle principal; y la parte alta, más vistosa aún que la baja. De una a otra, hay subida por escaleras, este día un tanto dura con el calor que hace, pero que proporciona estupendas vistas sobre el lago.

En Meersburg tomamos el barco de línea que nos lleva a la orilla sur del lago Constanza, a la ciudad llamada precisamente Konstanz, donde está la frontera con Suiza.

Por las autovías suizas llegamos a nuestra siguiente parada del día, la ciudad de Zúrich, la más poblada del país, donde tras unas dificultades con los parquímetros (no funciona ninguno en la zona donde aparcamos, vemos que la reacción de los conductores suizos es sencillamente no pagar, así que eso mismo hacemos nosotros).

Damos un paseo por la ciudad. Aunque cueste trabajo creerlo, y más viviendo donde vivimos, el calor suizo de este día es tan sofocante que no hacemos una visita tan amplia como desearíamos, creemos que la ciudad es interesante.

Cogemos de nuevo el coche (afortunadamente sin multa) y, después de un bocata rápido en un área de servicio, pasamos de largo Berna, que conocíamos de otra ocasión. La pequeña capital suiza es una visita obligada si no se conoce, con su encantador casco histórico medieval.

Nuestra siguiente parada es el coqueto pueblo llamado Gruyères (que da nombre a un conocido tipo de queso, aunque la mayor parte de la producción se hace en la vecina Francia). Aquí la temperatura sí es muy agradable y recorremos el pueblo (muy pequeño) entre los muchos turistas que lo visitan.

Realmente merece mucho la pena, tanto por el pueblo en sí como por las estupendas vistas que desde allí se contemplan sobre verdes paisajes. Es sin duda, la Suiza típica que todos nos imaginamos.

Los viñedos de Lavaux, sobre el lago Léman
Los viñedos de Lavaux, sobre el lago Léman

Nuestro siguiente destino es la zona de viñedos del lago Léman (o Ginebra), declarada Patrimonio de la Humanidad.

Creemos que la forma conveniente de llegar a ella es la siguiente que detallamos: estamos en la autovía A12 que nos trae desde Berna, cambiamos a la A9 en sentido Ginebra/Lausana, tomamos la salida hacia Chexbres. Una vez en Chexbres ya vemos perfectamente la zona de viñedos y el lago, es solo cuestión de tomar alguna de las carreteras que descienden hasta la orilla atravesando los viñedos. Después, lo suyo es dejar el coche en algún sitio donde se pueda e internarse por los caminos que hay entre los viñedos. Las vistas son reconfortantes.

Al llegar abajo, hicimos unos kilómetros por la carretera principal que discurre junto al lago, en sentido Lausana. Por allí hay un centro de interpretación dedicado a los vinos de la zona.

Luego damos media vuelta y por la misma carretera nos vamos en sentido este hacia Vevey, para seguir nuestro viaje. Pasado Vevey (sede de Nestlé, la más conocida empresa láctea suiza), paramos en el fotogénico castillo de Chillon, a esas horas cerrado.

Damos la vuelta al lago y, entrando en Francia, en la orilla opuesta se encuentra nuestro punto de descanso de esta noche, la localidad balnearia de Évian-les-Bains, donde nos hospedaremos en el Inter-Hótel de France (75 € alojamiento + 7 € por el perro; aparcamiento incluido), con una curiosa disposición (el hotel está en una ladera sobre el lago y la entrada está por la parte de detrás, en la que es la tercera planta del hotel); tiene aparcamiento propio, con una entrada un tanto laberíntica en la que hay que pasar a través de un aparcamiento público vecino para llegar al del hotel.

Tras la dificultosa llegada al hotel, que una vez dentro no está mal, damos un paseo por el pueblo, que cuenta con un agradable paseo lacustre a orillas del Léman.

Terminamos la larga jornada con una cena en uno de los restaurantes ribereños, regada con vino de la zona.

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Día 20: ÉVIAN-LES-BAINS - YVOIRE - ANNECY - LE POËT LAVAL (370 km)

Dejamos Évian y muy cerca paramos para visitar Yvoire, un precioso pueblo con casas de piedra a orillas del lago Léman. Recomendable.

Después cometemos un pequeño error y volvemos a entrar en Suiza y no tenemos más remedio que llegar hasta la opulenta ciudad de Ginebra (Genève). Esta ciudad, muy interesante, ya la conocíamos de otro viaje y pasamos de largo nuevamente hacia la frontera francesa.

Una vez en el camino correcto, y nuevamente en Francia, la siguiente escala es Annecy, a orillas de su lago, una ciudad que merece mucho la pena y que disfrutamos mucho a pesar del intenso calor que hacía.

Después de comer (en La Taverne Grecque) volvemos al coche. La tarde transcurre en un anodino recorrido por las autopistas francesas (siempre con tráfico muy denso).

Finalmente llegamos al lugar donde pernoctamos hoy, el pequeño pueblo llamado Le Poët Laval. El pueblo tiene una parte nueva junto a la carrera y una parte alta (Vieux Ville) donde no vive casi nadie y donde está el castillo, casi derruido.

Junto al castillo está nuestro hotel, Les Terrasses du Chateau (100 € con desayuno).

Después de un paseo por el pueblo casi fantasma, cenamos en el mismo hotel, muy bien por cierto.

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Día 21: LE POËT LAVAL - CARCASONA (360 km)

Dejamos Le Poët Laval. Aunque el quedarnos en este tranquilo lugar nos ha servido para descansar del largo viaje que llevamos (y peor con el fuerte calor de los últimos días), pero nos gustó más el sitio donde nos quedamos en un viaje anterior, el pueblo de Mirmande, muy cerca de Le Poët Laval.

Unas pocas horas de autopista nos llevan a nuestro destino de hoy, Carcasona (Carcassonne), cuya ciudadela amurallada, la Citè, fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Esta noche nos quedaremos en la Maison Sans Frontiere (83 €, con desayuno y aparcamiento). Es una casita en una calle de la parte nueva, a unos 15 minutos andando de la Ciudadela. Más que suficiente para pasar la noche.

Ya conocíamos Carcasona, pero como nos gusta mucho, repetimos. El paseo dentro de las murallas es reconfortante (sobre todo a partir de última hora de la tarde, cuando gran parte del turismo de jornada se ha ido a otros lugares), así como el paseo por la zona del río y el puente antiguo.

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Días 22 y 23: CARCASONA - BARCELONA (300) y BARCELONA - GRANADA (850 km)

Desde Carcasona nos dirigimos a la frontera, para terminar en Barcelona, donde nos quedamos en casa de unos amigos, y al día siguiente volvemos a nuestra casa en Granada.

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