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JAPÓN

Relato de un viaje de 11 días al Japón

Data Data viatge: 2008. Publicat el 21/04/2008
2.3 de 5 (127 vots)

Introducción

Japón es un país maravilloso para viajar con una inmensa e interesante cultura milenaria que además ahora es asequible después de muchos años de ser un país vetado para los presupuestos ajustados.

Los extranjeros tienen el chollo del Japan Rail Pass que les permite viajar en trenes durante su estancia a un precio muy razonable incluso a alta velocidad.

Además es un país que funciona y donde la gente te deja en paz, pero que te ayudará si lo necesitas. También es un país bien señalizado y absolutamente limpio.

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Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

En Viatgeaddictes.com no nos responsabilizamos de los posibles perjuicios que pueda causar la informa- ción aquí contenida, así como de las opiniones expresadas por los colaboradores, ni estas son necesariamente compartidas por nosotros.

Por otra parte os animamos a que, si usáis la información aquí contenida, tengáis la amabilidad de enviarnos un e-mail con vuestras impresiones, sobre si os ha resultado útil o no, información errónea o no actualizada, etc. Tanto nosotros como nuestros colaboradores esperamos como única compensación a nuestro trabajo que perdáis un minuto y nos digáis algo que nos permita saber si nuestro esfuerzo merece la pena.

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Fechas del viaje

Del 14 al 24 de marzo de 2008.

Itinerario

Día 1: Barcelona - Roma
Día 2: Roma - Milán - ...
Día 3: ... - Tokio - Kyoto
Día 4: Kyoto - Castillo de Himeji - Kyoto
Día 5: Kyoto - Nara - Kyoto
Día 6: Kyoto - Hiroshima - Mijayima - Hiroshima - Kyoto
Día 7: Kyoto
Día 8: Kyoto - Tokio
Día 9: Tokio - Nikko - Tokio
Día 10: Tokio
Día 11: Tokio - Roma - Barcelona

Moneda

La moneda de Japón se llama Yen y el cambio estaba a 1 € = 153 yens, pero fluctúa bastante. Hay oficinas de cambio en el aeropuerto de Narita, pero apenas hay en las calles y los bancos tienen un cambio muy desventajoso. Los cajeros abundan pero NO suelen estar en las calles, sinó que están dentro de los supermercados (Convenient Stores) que no cierran casi nunca. Hay monedas de 1, 5, 10, 50, 100 y 500 Yens y billetes de 1000, 2000, 5000 y 10.000 Yens.

Nivel de vida

Es un país que no es caro para los estándares españoles, debido a la fortaleza de nuestra moneda y a los continuos años de deflación que ha tenido el Japón. Como en todos los países comer en lugares turísticos y elegantes puede ser muy caro. Los hoteles son de un nivel inferior al estándar europeo y con habitaciones más pequeñas pero siempre inmaculadas.

Seguridad

Es un país muy seguro. Nosotros como medida de precaución siempre llevábamos la documentación y el grueso del dinero escondidos, pero no creo que haya incidencias relevantes. La guía Lonely advierte sobre muchas estafas y trucos y sobre zonas especialmente conflictivas, pero es bastante paranoica, nosotros creemos que se equivoca con este exceso de alarmismo.

Transporte

Taxis. Son algo caros pero muy prácticos en Kyoto y poblaciones pequeñas pues son abundantes siendo la bajada de bandera a partir de 600 Yens y te da para 2 kilómetros.

Tren. Funcionan sensacionalmente bien y ya en el relato ponemos el "chollo" inmenso para los turistas del Japan Rail Pass.

Autobuses urbanos y metro. Son puntuales, limpios y baratos con abonos de 1 día que salen muy bien.

Electricidad

Los enchufes son de clavija plana a 220 Voltios, por lo que si no se va a hoteles de lujo se debe llevar un convertidor aunque lo venden en muchos sitios.

Clima

En las fechas que fuimos hacía frío y nos llovió, pero durante el día, cuando salía el sol, hacía mucho calor.

Guía de viaje

Existe la guía Geoplaneta en castellano y otras guías visuales.

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 DIARIO DE VIAJE

Día 1: Barcelona - Roma

Salimos de casa a las 8:30 y cogemos el A1 hasta el aeropuerto de Barcelona, que cuesta 4,05 €. Hay mucha niebla, lo cual nos hace prever lo peor, ya que todos los vuelos están retrasados. Nuestra salida era a las 11:30 para coger el vuelo de Roma a Tokio a las 2 de la tarde. Van saliendo en la pantalla distintas horas primero nos dicen que media hora después, luego que 1 hora al final salimos a las 2 y 15 minutos, con lo que avisamos a Tokio que nos anulen la reserva del hotel que teníamos porque no llegaremos.

Al llegar a Roma vamos al servicio al cliente y nos dicen que en Barcelona ya nos han hecho una reserva para el sábado por la noche desde Milán. Nos dicen que vayamos a buscar la bolsa de viaje a Lost and Found y curiosamente sale a los 10 minutos. Nos dan un pase valorado en 11,5 € para comer, porque a todo esto son las cinco de la tarde y nosotros con una cervecita en el cuerpo que es lo que nos han dado en el vuelo hasta Roma. Después de comer algo nos vamos al hotel Palace Airport de 4 estrellas en un autocar que es un shuttle. Hay una gran caravana que nos hace desistir de ir a ningún sitio porque son las 8 de la noche cuando llegamos al hotel. Tenemos incluidas 2 llamadas gratuitas para informar de nuestra situación, pero decidimos hacer las llamadas a Kyoto que era nuestro siguiente destino a la mañana siguiente por la diferencia horaria. Nos vamos a cenar al restaurante del hotel que es un buffet libre que no está mal.

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Día 2: Roma - MIlán - ...

A las 6 nos levantamos porque tenemos el vuelo a las 8:30. Podíamos escoger otro a las 11 y otro a las 16:30, pero queremos intentar volar en un vuelo que sale de Milán a las 15:15. Preferimos ir con mucho tiempo a ver si podemos hacer el cambio. Cuando llegamos a Malpensa, el aeropuerto de Milán, nos dicen que debemos esperar al check-in para ver si nos pueden colocar en algún sitio. Hay un bus que sale cada 20 minutos al centro de Milán desde el aeropuerto. Sale a las horas en punto, a los 20 y a las 40. Cuesta 6,5 € ida y 10 € ida y vuelta. El tren sale cada media hora. Preguntamos y nos dicen que se tarda una hora en llegar al centro, con lo que no compensa y nos quedamos a ver si hay suerte.

El check in cierra a las 14:30 y no hay 2 plazas. Vamos a servicio al cliente y nos dan un voucher para comer de 11,5 € cada uno. Nos esperamos en unas butacas muy cómodas hasta que hacemos el check-in y nos vamos a la sala VIP de la JAL (Japan Airline), donde tenemos comida y bebida toda la que queramos, aparte de prensa en ingles i en japonés. Es como un bar pero te sirves tu mismo.

A la hora de embarcar nos viene a buscar una azafata y nos acompaña al avión donde entramos por otra puerta de los que van en turista. Nos tocan unos asientos muy cómodos y el servicio a bordo es impecable. Nos dan una manta y un jersey de algodón muy majo, aparte de zapatillas, antifaz, mascara, tapones, cepillo de dientes etc. Poco después del despegue ya pasan con comida y bebida, barra libre. Para acabar bombones y licores. Que bien viven los ricos... Tenemos una pantalla cada uno de nosotros con películas, juegos, música, etc. El problema es que es de noche y nos dormimos 7 horas seguidas sin interrupción ya que la butaca se convierte en una cama. Si quieres puedes llamar por teléfono por 10 $ al minuto. El vuelo desde Milán a Tokyo son 12 horas, pero pasan en un suspiro.

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Día 3: ... - TOKIO - KYOTO

En el aeropuerto de Tokyo debemos rellenar unos formularios de entrada y de aduanas. En muy poco tiempo salimos del avión y cogemos un tren que nos lleva a la terminal donde está inmigración. Nos hacen una foto y nos toman las huellas dactilares del dedo índice de las dos manos. De allá vamos a buscar la maleta y a cambiar dinero en un banco que está en la misma terminal. El tipo de cambio es: 1 € = 153,5 Yenes.

También debemos cambiar el JRP (Japan Rail Pass) y hay unos paneles en inglés y japonés donde lo pone. Cuando lo compras en Barcelona, ya te dan unos planos de las principales ciudades para cambiarlo. Se rellena un pequeño formulario y en minutos ya tienes el carné y al preguntarnos donde vamos ya nos da los billetes del aeropuerto al centro de Tokio con el Narita Express (sin el pase cuesta 3.000 yenes) y de Tokio a Kyoto en el tren bala que se llama Shinkansen que sale 16 minutos después. La puntualidad es extrema y llegamos sin novedad a Tokio. Luego allá los 16 minutos de margen se nos hacen cortos pues los consumimos todos hasta que llegamos al anden de donde sale nuestro tren. No es que esté mal indicado, sino que tienes que acostumbrarte a su sistema. También hay mucho personal que se desvive para ayudarte. Nos metemos en el tren en el vagón 6, pero no en el nuestro que es el 15. Somos los únicos que vamos por dentro del tren ya que en los andenes pone donde se abrirá la puerta de tu vagón. No hay duda. Es un tren que coge mucha gente, ya que para en las principales ciudades del sur: Yokohama, Nagoya y acaba en Shin Osaka. Hay vagones para fumadores y para no fumadores. También hay unos vagones al principio del tren que tienen un trébol de color verde que es como el bussines class del tren (a esos no se puede ir a menos que te compres el JRP que te lo permite). A nosotros nos dijeron que comparado con los trenes de España ya nos parecería un lujazo los normales y tenían razón. El revisor cuando entra al vagón saluda y da la bienvenida a los pasajeros. Al irse también lo hace. Nos pide el carné para asegurarse que está en vigor y nos sella los billetes. Estábamos muy estresados porque con el retraso del avión no sabíamos si llegaríamos a tiempo a Kyoto porque el hotel cerraba a las 11 de la noche, y ya nos veíamos durmiendo en un banco. En el tren hay unas azafatas que van con un carrito vendiendo bebidas frescas y calientes, además venden cajas de comida que se llama Bento y bocadillos, bolsas de snacks, frutos secos etc. La ventaja es que el precio es el mismo en todas partes, sea una tienda, en el tren, en un supermercado de superlujo etc. En el tren la gente aprovecha para dormir, comer, trabajar con el ordenador o ver películas en sus gadgets de ultima generación. Este tren cuesta 13.500 yenes.

Llegamos a Kyoto a las 22:14 (2 horas y 40 minutos de viaje desde Tokyo) tal como sabíamos y vamos a buscar un taxi que nos lleve al hotel. Según nuestras guías estamos a un cuarto de hora andando, pero preferimos el taxi ya que vamos con las maletas. La puerta del taxi se abre y se cierra sola, los conductores llevan unos guantes blancos y están forrados con una tela de encaje blanca muy bonita. Le decimos el nombre de nuestro hotel y la dirección, pero no se aclara. Le doy el teléfono del hotel y rápidamente llama y le van indicando como llegar. Nos cuesta solo 500 yenes. Llegamos a las 22:45 y nos están esperando porque desde Roma había llamado diciendo que llegaríamos mucho más tarde de lo que habíamos quedado por e-mail. El hotel no está mal, se llama Econo-Inn Kyoto y el precio de la habitación es de 6.630 yenes la habitación doble con baño dentro. Son pequeñas, pero ya se sabe que el espacio en Japón es un bien escaso. Tienes en recepción café, te y agua gratis todo el día, También hay un ordenador las 24 horas del día para poder conectarte. Como ya sabíamos, cierran a las 11 de la noche, pero los clientes tienen llave por si quieres salir hasta más tarde.

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Día 4: KYOTO - HIMEJI - KYOTO

Nos levantamos temprano porque queremos ir al castillo de Himeji. Ya tenemos un horario de trenes bala de Tokio hacia el sur que nos va muy bien porque sabemos cuando salen, donde paran etc. De todos los que salen los únicos que no podemos coger son los Nozomi que es el tren bala que va a 500 por hora. Cuando pasa por alguna estación sin parar da miedo aparte que tu cuerpo se mueve por la vibración.

Castillo de Himeji
Castillo de Himeji

Cogemos el tren a las 7:50 y llegamos a la estación de Himeji a las 8:35. Vamos andando al castillo que está a un cuarto de hora. Cuesta 720 yenes la entrada combinada, que incluye los jardines de Koko que están al lado. Abre a las 9 de la mañana y cierra a las 17 horas. El castillo de Himeji está en lo alto de un promontorio y es el más majestuoso de los 12 castillos feudales que se conservan en Japón. Los japoneses lo llaman Shirasagasi-jo, el castillo de la garceta blanca, debido al parecido que guardan los muros encalados que se estrechan a ambos lados de la torre como un ave emprendiendo el vuelo. Para muchos, su arquitectura militar suavizada por elegantes líneas estéticas hace de el él ultimo castillo samurai. El exterior fue utilizado por Akira Kurosawa en su película Ran (1985). Es patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fue construido en 1580 por Toyotomi Hideyoshi y ampliado 30 años después. El castillo tiene un donjon (torre central fuertemente fortificada) principal de cinco pisos y tres donjons más pequeñas, y toda la estructura está rodeada de fosos y murallas defensivas con aberturas rectangulares, circulares y triangulares para disparar balas y lanzar flechas. Las murallas del donjon también presentan ishiotoshi, aperturas que permitían a los defensores echar agua o aceite a cualquiera que consiguiera superar las aperturas defensivas y se dispusiera a escalar las murallas. Tenían forma de abanico que resultaban muy difíciles de escalar. Desde el exterior parece que la torre principal tenga 5 pisos, pero realmente tiene 6, ya que una no se ve desde el exterior. Unas escaleras ascienden a través de dependencias cada vez más pequeñas. En un principio era un depósito de armas con lo que el interior guarda escasa ornamentación albergando una exposición de la vida en el castillo. En la primera planta hay unos miradores con celosías. Cuando se llega arriba de todo se tienen unas vistas a los 4 puntos cardinales muy espectaculares, además hay un santuario budista. También se visita la morada de la princesa Sen, la cual se clausuraba cada noche y había un cuerpo de guardia para proteger a las mujeres. Si se sigue el recorrido que marcan las flechas el recorrido dura hora y media. A veces hay guías voluntarios en inglés, gratuitos, pero nosotros no tenemos suerte.

Cuando salimos del recinto a la derecha siguiendo la carretera llegamos a los jardines Koko-en. Es una elegante y cuidada composición de nueve jardines independientes de estilo Edo, dos estanques, un arroyo, una pérgola de té, y un restaurante donde se puede comer disfrutando de las vistas de los jardines. El conjunto fue creado en 1992 sobre el emplazamiento de unas antiguas residencias de samuráis. Es lunes con lo que los museos que hay en la ciudad están cerrados. Parece que el Museo de Historia de la Prefectura de Hyogo alberga excelentes piezas y maquetas de castillos japoneses. También cuenta con una buena colección de marionetas Bunraku. Se encuentra a 5 minutos andando del castillo. También el Museo de Literatura de Himeji vale la pena acercarse porque lo diseñó un arquitecto renombrado mundialmente como es Ando Tadao.

Volvemos a Kyoto y nos acercamos andando al Templo Toji, que está a 15 minutos en dirección sudoeste desde la estación de tren. La entrada cuesta 800 yenes. Fue construido en 794 por decreto imperial para proteger la ciudad. En 818 el emperador entregó el templo a Kukai, el fundador de la escuela budista Shingon. Gran parte de los edificios fueron destruidos por incendios o batallas durante el siglo XV. La Kodo (sala de lecturas) contiene 21 imágenes que representan un mandala tridimensional, en el centro del cual se halla Dainichi Nyorai, el buda cósmico que enunció por primera vez las enseñanzas esotéricas (budismo esotérico). Cada una de estas y otras imágenes, de unos 1.200 años de antigüedad, están talladas es un bloque único de madera. La Kondo (sala principal) alberga estatuas que representan la trinidad Yakushi, el buda Curador y sus ayudantes Gakko y Nikko. En la parte sur del jardín se halla una pagoda de cinco pisos que se ha quemado cinco veces. Se reconstruyó en 1643 y ahora es la más alta de Japón con sus 57 metros de altura. En el interior descansan las imágenes de cuatro budas y sus seguidores. La muerte de Kukai se conmemora el día 21 de cada mes en el recinto con un mercadillo que los lugareños denominan Kobo-san. Muchos compradores dedican algo de tiempo para realizar un corto peregrinaje a Miei-do, donde hacen ofrendas de dinero e incienso, algunos se frotan con el humo del incienso aquellas partes del cuerpo donde acusan alguna dolencia.

Volvemos a la estación de Kyoto, donde en la 2ª planta hay una oficina de turismo y en la 9ª otra. Para ir a la de la 9ª planta es más fácil llegar si por fuera se entra a los almacenes Isetan y de allí en el ascensor subimos a la 9ª planta. Cuando sales ya hay unos carteles que te van llevando desde los almacenes a la oficina de turismo los cuales te ayudan en todo lo que necesitas y donde hay folletos informativos. El edificio de la Estación de Kyoto es una sorprendente estructura de acero y cristal, una catedral futurista de la era del transporte. Es obra del arquitecto Hara Koji, profesor de la universidad de Tokio. La inauguración del edificio en septiembre de 1997, abrió la caja de los truenos. Algunos críticos la atacaron por romper la armonía con la arquitectura tradicional de Kyoto, mientras que a otros los cautivaron los espacios abiertos y las líneas espectaculares de la estación. Impresiona el enorme atrio que se eleva sobre el vestíbulo principal. Vale la pena tomarse algún tiempo para explorar los niveles de la estación, hasta llegar al 15º piso, donde hay un mirador. Los almacenes son de todo menos de electrónica. Es un placer pasear y ver la cantidad de comida diferente que se puede comprar y la delicadeza que ponen en todo, la amabilidad que derrochan, siempre sonriendo, desde el primero hasta el último.

Volvemos al hotel un rato, pero de allí vamos andando a la zona de Gion, a ver si vemos geishas. Este barrio simboliza para los japoneses lo mejor de la vida: vino, mujeres y karaoke. La historia de Gion comenzó en el medievo, con puestos destinados a cubrir las necesidades de peregrinos y visitantes que pronto se convirtieron en casas de té que venían a satisfacer una variedad de apetitos. A finales del S. XVI, el kabuki se trasladó desde la orilla del Kamo a varios teatros situados al este del río, fomentando la reputación de Gion como paraíso del hombre de mundo. La arquitectura moderna, el trafico congestionado y los locales de ocio nocturno de esta zona solapan parte de su belleza histórica, pero a pesar de todo quedan todavía algunos lugares encantadores por donde pasear. Se encuentra entre Sanjo-dori y Gojo-dori y Higashiyama-dori y Kawabata-dori. Lo más remarcable de este barrio es:

- el Santuario Yasaka que dirige los ritos religiosos del festival más importante de Kyoto, el festival de año nuevo hatsu mode y el Gion Matsuri. Está abierto las 24 horas y la entrada es gratuita. Fue fundado alrededor de 656. Sus deidades protectoras de la enfermedad se sacaron en procesión por la ciudad en 869 para detener una epidemia, inaugurando así el famoso Gion Matsuri. El día de año nuevo, miles de personas acuden para rogar salud y prosperidad, y en abril una autentica muchedumbre cruza sus puertas de camino al parque Maruyama, donde florecen los cerezos.
- el Templo Kiyomizu, este templo pertenece a todas las sectas. Durante más de mil años los peregrinos han ascendido la pendiente para orar ante la imagen de 11 cabezas de Kannon y beber de su manantial sagrado (Kiyomizu, significa agua pura). La terraza del pabellón principal es un milagro de ebanistería sin clavos y brinda magnificas vistas de Kyoto. Está apoyado en cientos de pilares, que sobresalen por la ladera de la montaña. En Jishu-jinja, el santuario de los jardines, los visitantes intentan asegurar el éxito en el amor cerrando los ojos y recorriendo unos 18 metros entre un par de piedras. Si no aciertan a encontrar el camino, el deseo de amor no se cumplirá. En el lado norte del templo hay un pequeño santuario donde se venden amuletos de amor (si alguien necesita...). Se llega con el autobús 206 desde la estación de Kyoto.
- las calles adoquinadas Sannenzaka (pendiente de los 3 años) y Ninnenzaka (pendiente de los 2 años) don Patrimonio Histórico. La tradición local dice que un tropezón aquí trae 2 o 3 años de mala suerte.

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Día 5: KYOTO - NARA - KYOTO

Desayunamos en el hotel y cogemos un tren local que nos lleva a Nara. Está situada a 46 km y tardamos 46 minutos. Salen de los andenes 8, 9 y 10 y hay que coger la Nara Line. Es de la compañía JR y si no tienes el pase cuesta 690 yenes. Vamos a la oficina de turismo donde nos dan unos folletos de información en español. Son muy amables y nos aconsejan sitios menos turísticos para visitar.

Nara fue fundada en 710, se le conocía como ciudadela de la paz (Heijo-kyo). Se convirtió en una de las ciudades más espléndidas de Asia durante sus 74 años como capital de Japón. La capital se transformó en la sede del budismo y en el destino oriental de la ruta de la Seda. Conserva muchos de sus edificios, con sus colinas arboladas y sus templos ajardinados, la ciudad es todo un símbolo de tranquilidad. Desde el centro de Nara, a media hora a pie nos encontramos el Nara-koen (parque de Nara), con una extensión de 520 hectáreas en la que se hallan la mayoría de los templos. Se creó en 1880 en lo que antes era un páramo. Mas de mil ciervos (shika) dóciles, considerados mensajeros de los dioses, merodean por el parque. Deambulan esperando que los turistas les den algo de comer y a menudo persiguen a los niños para robarles la merienda. Por 150 yenes se pueden comprar Shika-sembei (galletas para ciervo) para darles de comer.

Templo del Gran Buda en Nara
Templo del Gran Buda en Nara

La primera visita es el templo Kofuku-ji, al que se accede por una amplia escalinata desde el estanque Sarusawa, y que fue fundado en 669. De los 175 edificios originales solo se conservan unos pocos, pero las reconstrucciones parecen antiguas. Hay dos pagodas: una de tres pisos de 1143 y otra de cinco pisos que data de 1426. Es la segunda más alta de Japón. El Pabellón Dorado contiene estatuas de enorme valor. El tesoro alberga una de las colecciones de arte budista más importantes de Japón, incluida una estatua de Ashura del siglo VIII. Desde aquí se llega al templo Todai-ji, cuyo complejo comprende un vasto pabellón de Buda (Daibutsuden), subtemplos, pabellones, pagodas y puertas de excepcional interés histórico y artístico. La construcción terminada en 752, fue encargada por el emperador para albergar la imagen del Gran Buda de Nara y para consolidar la posición de la ciudad como capital y centro budista. Los desastres naturales no han afectado a la estatua de 16 metros de altura. Se pueden poner cómodamente cuatro o cinco monjes sobre la palma de la mano de Buda. Requirió cientos de toneladas de bronce, mercurio y cera vegetal derretidos. Diversos incendios y terremotos descolocaron la cabeza en varias ocasiones, la actual data de 1692. Se entra por la gran puerta del sur (Nandaimon) de 19 metros con 2 guardianes Nió de mirada amenazante. Se dice que son las tallas en madera más refinadas del mundo, parece que se van a poner en movimiento en cualquier momento. El Buda está rodeado por Bosatzu Kokuzo, Tamonten, Niyorin Kannon y Koumokuten, todos ellos guardianes celestiales. Detrás del buda hay un pequeño agujero horadado en un gran pilar de madera. Se dice que el que consigue pasar a través de él alcanzará el nirvana. La entrada cuesta 500 yenes. Hay otra estatua que cuenta la leyenda que si tocas una parte de su cuerpo donde a ti te duele y luego te tocas tú, te mejora la dolencia. El problema es que solo se llega a las piernas, pero las tocamos porque después de estas caminatas que estamos haciendo buena falta nos hace un poco de ayuda celestial. De allí vamos al Nigatsu-do, por una senda serpenteante cuesta arriba. La entrada es gratuita. Tiene unas espléndidas vistas sobre Nara. El día 14 de marzo se hace la fiesta, se llama Omizutori Matsuri y desfilan con enormes antorchas en llamas por la terraza y dejan caer una lluvia de ascuas sobre los espectadores para purificarlos. La ceremonia se hace después de medianoche. Nosotros nos conformamos con una ceremonia de monjes sintoístas. Al lado está Sangatsu-do, el edificio más antiguo del complejo. De allí vamos al Kasuga Taisha, que fue fundado en el siglo VIII por la familia Fujiwara y se fue reconstruyendo por completo cada 20 años, de acuerdo con la tradición sintoísta (normas de pureza y renovación), hasta finales del siglo XIX. Se hizo en total 50 veces en el transcurso de los siglos, pero la estructura actual se conserva desde 1863. Está situado al pie de la colina en un entorno agradable y frondoso poblado por manadas de ciervos. Los accesos al santuario están flanqueados por cientos de faroles y hay muchos mas en el mismo santuario. La fiesta de los faroles que se celebra 2 veces al año goza de una gran popularidad. En total hay más de 3.000 faroles de piedra y bronce que se iluminan a principios de febrero y el 14 de agosto. La entrada cuesta 400 yenes.

Después de tanto templo vamos volviendo y nos encontramos al sur Naramachi, la ciudad antigua. Es un lugar agradable para pasear antes o después de visitar los templos de Nara-koen y la zona cuenta con buenos restaurantes. En la zona se puede visitar el Museo Naramachi Sirio-kan que posee una colección bastante buena de piezas de la zona, incluida una muestra de monedas y billetes antiguos. Con esta misma línea vemos que podemos parar en el Santuario Fushimi, el más famoso de los miles de santuarios consagrados a Inari, deidad del arroz y del sake. Tiene una avenida con cientos de Tori (puertas) que fueron donadas por hombres de negocios que venían a pedir prosperidad. Sabemos que para llegar al santuario hay que andar 4 km de ida y luego lo mismo de vuelta, con lo que debido a nuestro cansancio decidimos dejarlo para otro día.

De vuelta en Kyoto paramos en el templo Higashi Hongan-ji. Está a 10 minutos andando de la estación y en la actualidad está tapado con una cubierta gigantesca porque lo están restaurando. Es una de las primeras estructuras tradicionales que se avistan según se sale de la estación. El Goei-do (pabellón del Fundador) data de 1895, y se dice que es la estructura de madera más grande del mundo. Es conveniente llevarse los zapatos porque es tan sumamente grande que tardas un montón si has de dar la vuelta por dentro para buscarlos, ya que por fuera está lleno de piedrecillas. Dejamos algunas compras en el hotel y subimos andando hasta Gion que es la zona más animada por la noche. En la zona de las geishas encontramos un restaurante que hace esquina, donde sólo hay un plato que es el Okonomiyaki, una especie de torta de col, huevo, gamba, calamar y cerdo a la plancha. Es muy consistente pero muy buena. Cuesta 620 yenes y la cerveza 540 yenes, pero el agua fresca siempre la tienes en la mesa, con lo que si no quieres pedir nada de beber no pasa nada. Damos una vueltecita por la pagoda Yasaka que es una elegante pagoda de cinco plantas, que es lo que queda del templo budista que ocupó el lugar. El callejón Ishibe-koji es precioso por la noche, lleno de posadas modestas y de casas de té, siendo una continuación del barrio de ocio de Gion. Los exquisitos edificios de madera con jardines diminutos que reflejan la tranquila atmósfera del viejo Kyoto. Y por hoy ya está bien.

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Día 6: KYOTO - HIROSHIMA - MIYAHIMA - HIROSHIMA - KYOTO

A las 7:30 tenemos el tren bala a Hiroshima. Llegamos a las 9:35 y en la misma estación como no podía ser menos, ya nos dan toda la información para llegar a la isla Miyahima. Esta lloviendo mucho, con lo que con un solo paraguas que llevábamos es insuficiente, pero no hay problema porque en todas las tiendas venden unos muy apañados. Me cuesta 450 yenes, aunque luego los veo en Kioto a 200 yenes los mismos.

Tori en la Isla Miyahima
Tori en la Isla Miyahima

Decidimos ir primero a la isla Miyahima y luego visitar Hiroshima. Desde la misma estación, Hiroshima Station a Miyahima-guchi Station. Si no tienes el JR pagas 400 yenes. Hay tren cada 10 minutos más o menos. De allí sales a la calle y vas al ferry, pero como hay varias compañías debes fijarte y coger el de JR, que sale cada 15 minutos y tarda 10 minutos en llegar. Es un ferri donde puedes ir cómodamente sentado o en cubierta, pero con el día que hace casi mejor dentro. Si has de pagar cuesta 170 yenes. El emblema de esta joya de la costa de Sanyo es la imponente Tori (puerta sintoísta) construida en el mar, que advierte que ésta es una ciudad sagrada. A la gente no se le permitía pisar la isla y tenían que acercarse al santuario al barco, atravesando la Torii situada en la bahía. Tiene unos 16 metros de alto y un diseño de 4 pilares que le proporciona estabilidad. Aquí no hay maternidades ni cementerios, ya que está prohibido dar a luz o morirse en la isla. Tampoco se permite talar árboles, con lo que la isla está cubierta por un bosque virgen con numerosas aves y es un lugar donde los ciervos se mueven a sus anchas. El santuario más popular es Itsukushima, que fue construido en 593 sobre pilotes. El mejor momento para verlo es cuando sube la marea y los edificios se reflejan en el mar. En la plataforma se halla el escenario más antiguo del Japón. Hoy como está tan nublado y con esta tormenta no luce mucho. Cuesta 300 yenes la entrada. Lo más bonito es que vemos una boda sintoísta y le pedimos a la novia que se pare para una foto y muy sonriente lo hace. Hay otros muchos templos, pero hay que destacar el Daisho-in, colorido y brillante, se encuentra detrás de la ciudad y se puede visitar gratuitamente. En este templo hay absolutamente de todo: estatuas, puertas, estanques y carpas. Hay una estancia donde tomarte un té calentito cortesía del santuario. Si el día fuese más apacible hay más cosas a hacer, pues se puede subir al monte Misen donde está el parque Momijidami (Valle de la hoja de arce). Desde el parque asciende un teleférico hasta la cima del monte, donde hay una reserva de monos y unas espectaculares vistas del mar Interior. Es la extensión de agua más bella de Japón, teniendo más de 3.000 islas cubiertas de pinos. También se puede visitar la pagoda de cinco plantas (Goju-no-to) construida en 1407 en un promontorio. Junto a ella está el pabellón de los 1.000 tatamis de 1587. El museo del Tesoro cuesta 500 yenes, alberga una valiosa colección de objetos donados al santuario por el clan Taira y otros mecenas a lo largo de los siglos. Volviendo al puerto pasamos a la calle comercial, llena de tiendas de recuerdos, comida, restaurantes etc. Me recuerda Playa de Aro o Sitges, en la Costa Brava.

Cogemos el ferry de vuelta a Hiroshima y ahora, como queremos ir al parque conmemorativo de la paz, debemos bajarnos del JR en Nishi-Hiroshima para hacer trasbordo con el tranvía y cogerlo en Hiroden-nishi- Hiroshima, se puede coger el nº 2 o nº 3. Se paga a la salida del tranvía que es por la cabeza del tranvía y cuesta 150 yenes. Se echa en un recipiente que hay al lado del conductor. Te tienes que bajar en Gembaku Dome-mae. Si se va a estar más tiempo en Hiroshima hay un pase para todo el día que cuesta 500 yenes.

Hiroshima es visitada cada año por millones de visitantes que acuden a la ciudad donde tantas personas fueron borradas del mapa en tan solo un instante de destrucción apocalíptica. Los sobrios monumentos de Hiroshima, atípica atracción turística, pueden provocar una inesperada sensación de apatía y nerviosismo en muchos visitantes. En el Parque conmemorativo de la Paz, construido en 1960, el antiguo Pabellón de Fomento de la Industria se encontraba cerca del punto cero en el que estalló la bomba. Los ocupantes del edificio murieron al instante. Sus vigas retorcidas, los vastos boquetes y las pilas de cascotes han sido designadas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Junto a la entrada norte del parque se halla la Campana de la Paz, que los visitantes pueden tañer. No lejos queda el túmulo conmemorativo, que alberga las cenizas de decenas de miles de personas incineradas en este lugar. Parque adentro se encuentra el Monumento de la Paz, la figura de una niña extendiendo las manos. Una grulla, símbolo de la longevidad y la felicidad, vuela sobre ella. La obra hace referencia a la historia de una niña victima de la bomba que creía que se recuperaría de su enfermedad si fabricaba 1.000 grullas de papel. La niña no sobrevivió, pero todo Japón conoce la historia, por lo que el monumento siempre está adornado con grullas de papel enviadas por colegiales de todo el país. Cruzando la calle está la Llama de la Paz, que solo se apagará cuando todas las armas nucleares del mundo hayan sido eliminadas. Junto a ella está el cenotafio diseñado por Tange Kenzo en memoria de las victimas de la guerra. Contiene los nombres de todos los que murieron, junto con una inscripción que reza: «Descansen en paz, jamás volveremos a cometer el mismo error». La pieza central del parque es el Museo Conmemorativo de la Paz, donde se explican con todo detalle las consecuencias de la bomba en la ciudad. Cuesta 50 yenes la entrada. La impresionante exposición incluye un Buda de bronce medio fundido, un triciclo despedazado y la impresión de una sombra oscura en los escalones de granito del edificio del Banco Sumitomo, único resto de la persona que estaba sentada allí en el momento del impacto. Fuera del museo se elevan los llamados árboles del Fénix, que crecían a 1,5 km del punto de impacto y que fueron transplantados aquí para mostrar las quemaduras de las copas. El rumor que corrió cuando el Enola Gay soltó la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, era «no crecerá nada en 75 años». Para muchas personas de todo el mundo, la bomba sigue siendo un fuerte símbolo de la falta de humanidad de la gente, y todavía más para los 125.000 hibakusha (supervivientes de la bomba atómica) que quedan. El más joven tiene 63 años y estaba en el vientre materno cuando se lanzó la bomba. Durante la ultima década han muerto 5.000 personas al año. Se puede visitar también el Castillo (Hiroshima-jo) que se construyó en 1589, pero se desmanteló tras la restauración Meiji, dejando solo la torre del homenaje (torre central), las puertas principales y las torretas. El resto quedó totalmente destruido por la bomba y reconstruido en hormigón moderno. De aquí se puede coger el tranvía nº 2 o nº 6 hasta la estación central.

Volvemos a Kyoto y nos compramos el pase de autobús que validaremos el día siguiente y que nos permite subirnos en todos los buses que queramos de Kyoto. Cuesta 500 yenes , pero un viaje de bus ya te cuesta 220 yenes con lo cual compensa con creces. Se puede comprar a la salida de la estación del JR, en una oficina que hay enfrente de todas las paradas de buses. Como ya han cerrado todos los templos (son más de las 6 de la tarde) nos vamos a ver como está la electrónica en unos supermercados que se llaman Bic Camara, el paraíso para las personas a las que les gustan las cámaras de fotos, ordenadores y todos los gadgets posibles. Los precios nos sorprenden, pues hay cosas como las memorias USB que son más caras que en España y los ordenadores para ellos son bastante más baratos, pero los overseas, los que podemos utilizar aquí en Europa, están casi al mismo precio que aquí, con lo cual no compramos ninguno. Las cámaras de fotos y los objetivos sí que valen la pena, pues están un 40% más baratas.

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Día 7: KYOTO

Hoy es fiesta nacional en Japón, porque es el equinoccio de primavera (equinoccio vernal) y hay la costumbre de llevar flores a los templos y honrar a los muertos. Nos vamos a dedicar a ver templos en Kyoto, aunque suponemos que estarán abarrotados con estas celebraciones.

El protocolo cuando están delante de un templo sintoísta (religión más antigua de Japón) es hacer 2 saludos con la cabeza profundos, luego se dan dos palmas con las manos, pides tu deseo y haces otro saludo con la cabeza. Otra cosa que se hace es, donde hay las pilas con el incienso encendido, echártelo en la parte del cuerpo donde tienes alguna dolencia. Nosotros siempre hacemos los rituales porque aunque somos agnósticos no nos importa intentarlo. Es frecuente encontrar juntos altares budistas y sintoístas en las casas. Junto a estas 2 doctrinas, el confucianismo está considerado como una tercera religión no oficial. Sin embargo, más que una religión se trata de un código moral y de conducta social que ha ejercido una profunda influencia en Japón desde su introducción en el siglo VI. Su aproximación a la religión es práctica, sincrética y politeísta, lo que no deja de sorprendernos. Piden cosas muy materiales, como ascender de categoría en la empresa, o encontrar un trabajo mejor, o aprobar los exámenes, o encontrar pareja, o curarse de una enfermedad o un parto sin complicaciones. En todos los templos hay unas tablillas de madera (Ema) donde, previa donación, que en algunos es libre y en otros ya te dicen la cantidad (de 100 yenes a 2.000 yenes), puedes poner tu petición y colgarlo en unos lugares ya preparados para ello. Las hay con distintas formas: alargadas y estrechas, en forma de cuchara, en forma de corazón, de trapecio, etc. También hay figuritas de gatos blancos que también simbolizan algo sagrado, ya que se considera que da buena suerte y por eso los vemos en todas las tiendas, restaurantes o casas particulares con el brazo extendido saludando. Los habréis visto en los restaurantes chinos o en las tiendas chinas, ya que simboliza prosperidad y dinero. Otra cosa curiosa de los templos es que hay unos tampones con el logotipo del templo o una figura que lo representa y la gente se lo pone en una especie de cartillas. Supongo que es para mostrar a los amigos donde se ha estado o sino el significado se me escapa.

Una cosa que ayuda mucho al visitante es que los autobuses tienen apuntados los monumentos que hay en su recorrido, con lo cual te facilita la comprobación de que vas bien. Igualmente cuando compras el pase te dan un mapa clarísimo y allí puedes ver las líneas de autobuses que necesitas para llegar a todos los lugares de interés de Kyoto. Cogemos el autobús nº 4 que nos lleva a Kamigamo Shrine, cuya entrada es gratuita. Está consagrado a la deidad del trueno. Tiene su pareja, llamada Shimogamo. Rodeado por el arbolado Tadasu no Mori (el bosque donde se desvelan las mentiras), Shimogamo ha participado durante mucho tiempo en el éxito de la cosecha del arroz. El festival Aoi Matsuri (festival de la malvarrosa), que se celebra el 15 de mayo, incluye una procesión entre ambos santuarios que imita las antiguas procesiones imperiales donde se enviaban a los mensajeros imperiales para aplacar a los dioses. Van en carros tirados por bueyes y un séquito de 600 personas vestidas con trajes tradicionales. Las hojas de la malvarrosa sirven para decorar. Kamigamo destaca por el pabellón Haiden y por unos misteriosos conos de arena blanca. Alrededor están las residencias de los sacerdotes, estando una abierta al público. En un templo sintoísta o shinto(significa camino de los dioses) nos encontramos la shimenawa, una cuerda de paja de arroz trenzada que se cuelga sobre las entradas de los santuarios para separar los lugares sagrados de los profanos. También se coloca sobre la puerta de las viviendas para ahuyentar el mal y la enfermedad. Las Tori son el símbolo más conocido del shintoismo. Estas puertas señalan la entrada al recinto sagrado de un santuario. Muchas son de madera pintada; otras son de piedra, pero todas tienen dos rieles en su parte superior. En la honden (capilla principal) del santuario hay un objeto, shintai, en el que se cree radica el kami a quien está consagrado. Normalmente sólo el superior de los sacerdotes entra en el honden, que está separado de la sala de los fieles o haiden. La fertilidad es un tema recurrente en el shintoismo. Algunos santuarios contienen estatuillas que representan falos, escenas amorosas, partos o pechos repletos de leche. Las parejas piden a los espíritus la concepción y la buena salud para madre o hijo. El sacerdocio sintoísta (kannushi) se transmitía por vínculos familiares. Las familias importantes siguen vinculadas a algunos santuarios. Visten túnicas blancas y naranjas y ejecutan ceremonias de purificación y otros rituales. En todos los santuarios del país se venden amuletos de la suerte, llamados omamori. Suelen estar relacionados con la fertilidad, la suerte y la salud. El buen augurio puede estar escrito en un pedazo de papel o en una tablilla de madera, que se introduce en una bolsita de seda que puede llevarse en el cuerpo o colgarse de algún modo relevante (no debe abrirse, so pena de anular sus efectos). Si el pedazo de papel con el augurio no te gusta lo puedes atar en los lugares ya establecidos, que suelen ser unas cuerdas puestas para eso y que se convierta en un buen augurio. Hay que comentar que hay miles en todos los santuarios esperando a que se conviertan en buenos augurios.

Templo Dorado en Kyoto
Templo Dorado en Kyoto

De aquí cogemos el autobús 46 y hacemos un trasbordo que nos lleva en el 59 a Kinkaku-ji, también conocido como el pabellón dorado y más formalmente como Rokuon-ji. Se construyó gracias al tercer shogun Ashikaga, llamado Yoshimitsu, que se ordenó sacerdote a los 37 años renunciando a sus deberes oficiales, pero no al poder. El edificio le sirvió como villa de retiro. Seguidor del sacerdote zen Soseki, ordenó que el complejo después de su muerte se convirtiera en templo. Se accede al templo por un camino arbolado que luego se abre a un luminoso jardín, al final del cual se encuentra el famoso pabellón. Es una réplica exacta del original, que fue incendiada premeditadamente en 1950 por un joven monje que estaba obsesionado con tanta belleza. En 1955 se terminó según el diseño original y se recubrió de pan de oro. La entrada cuesta 400 yenes. El jardín se conserva como en el origen y todo el conjunto es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Desde aquí se puede ir andando o cogiendo otra vez el bus 59 (al salir del bus se le enseña el bono al conductor) hasta Riojan-ji. Este templo, fundado en 1450, debe su fama al jardín de rocas kare-sansui (paisaje seco), una composición de grava blanca y 15 piedras que muchos consideran la máxima expresión del budismo zen. El diseñador anónimo no dio ninguna explicación al respecto. Aunque existen muchas interpretaciones del simbolismo de las rocas, su significado escapa a cualquier definición. Sus adivinanzas solo pueden resolverse a través de la contemplación en silencio, algo a lo que la muchedumbre de adolescentes y las explicaciones grabadas del templo no ayudan demasiado. Aunque ensombrecido por el famoso jardín de rocas, no conviene perderse el jardín del estanque del templo. Diseñado en un tiempo en el que el zen no había llegado todavía a Japón, sus suaves contornos contrarrestan agradablemente la rigurosidad del jardín de rocas. Cuesta 500 yenes la entrada.

Del templo Ryoan-ji se puede llegar andando al Ninnaji Temple. Se construyó en 842 y es el centro neurálgico de la rama Omura de la escuela budista Shingon. Los edificios incluyen una pagoda de cinco pisos del s. XVII. Los jardines están llenos de cerezos que florecen a principios de abril. La colosal puerta principal con sus formidables guardianes Nio (del rey Deva), recuerda al visitante que, antes de varios incendios lo redujeran a su tamaño actual, este templo fue un gigantesco complejo con hasta 60 subtemplos. En la montaña de detrás se halla el peregrinaje de los 88 templos de Omuro, que reproduce en miniatura los 88 templos del peregrinaje de Shikoku. Cuesta 500 yenes la entrada.

De aquí se puede coger el autobús nº 8 hasta el Nijo Castle. La entrada cuesta 600 yenes. Después de pasar por la gran puerta Kara-mon, con bastial de estilo chino, se entra en el palacio que está dividido en cinco edificios con numerosas cámaras. La Ohiroma Yonno- Ma (cuarta cámara) contiene unos extraordinarios biombos pintados. No hay que perderse el excelente jardín del palacio Ninomaro diseñado por el maestro del té y paisajista Kobori Enshu. Aunque no posee las grandiosas fortificaciones de otros castillos japoneses destaca por la poca habitual ornamentación profusa de sus interiores y por los denominados suelos de ruiseñor, diseñados para que al pisarlos despidieran un sonido semejante al piar de los pájaros, advirtiendo así de la presencia de intrusos. Las grapas y los clavos que hay bajo las tablas se rozan entre si, emitiendo un ligero chirrido. La primera gran sala tiene varios maniquíes de daimios (señores feudales) presentando sus respetos al shogun. El corazón del castillo lo componen las salas de recepción Ninomaru, un grupo de edificios comunicados por galerías de madera cubiertas. También tenía salas ocultas desde donde vigilaban su guardia personal.

Cogemos el bus nº 9 y nos bajamos en Shijo Horikawa para coger el nº 5 que nos lleva a Heian Shrine. En los autobuses hay una tele en la parte delantera junto al conductor donde salen todas las paradas que tienen su nombre y aparte hay una megafonía que también lo dice. Es un impresionante complejo de templos que se construyó en 1895 para conmemorar el 1100 aniversario de la fundación de Kyoto. Sirvió para aumentar la moral y la economía de la ciudad, bastante minadas después que se otorgara la capitalidad a Tokio en 1868. Los edificios son vistosas copias reducidas a 2 tercios de su tamaño del Kyoto Gosho del periodo Heian. Los jardines con su gran estanque y un puente de inspiración china, famoso por sus lirios, también pretenden representar el tipo de jardín que se hizo popular en ese periodo. Unos 500 metros enfrente del santuario hay una tori de acero macizo.

De allí cogemos el nº 100, un autobús turístico que tiene su final en Ginkakuji o pabellón plateado. Cuesta 500 yenes la entrada. El problema es que lo están restaurando y hasta el año que viene no acabarán y el templo está tapado con un andamio con toldos. Es muy importante en la cultura japonesa ya que entre sus muros se refinaron la ceremonia del té, el teatro no, los arreglos florales y la pintura con tinta. Fue el retiro de montaña de Yoshimasa y en honor de su abuelo que había recubierto su retiro de oro, el lo quiso hacer de plata, pero se arruinó por la guerra de Onin. Los jardines se recorren a través de unas pasarelas. Incluyen conos de arena blanca meticulosamente inclinados, altos pinos y un estanque enfrente del templo. De aquí mismo sale el Paseo del Filósofo, que es uno de los lugares preferidos de Kyoto. Sigue un canal bordeado de cerezos que serpentea a lo largo de la base de las bonitas Higashiyama (montañas orientales), entre el sur de Ginkaku-ji y Nyakuoji-jinja, y une las calles que conducen al recinto de Nanzen-ji. La ruta debe su nombre al profesor de filosofía de la Universidad de Kyoto Nishida Kitaro que solía recorrerlo cada día para mantenerse en forma. El camino está salpicado de cafeterías, tiendas de artesanía, restaurantes y boutiques. Dura 1,5 km y se pueden ver templos como el Honen-in, famoso por sus montículos de arena rastrillada, o el Otoyo-jinja, uno de los numerosos santuarios sintoístas de la zona. Al finalizar el paseo llegas muy cerca del Templo Nanzen-ji, el cual ha ocupado un papel central en la historia zen de Japón desde 1386, cuando se le otorgó el control de los Gozan, los cinco grandes templos zen de Kioto. El pabellón Hojo (dependencia del abad) incluye un jardín seco y pinturas de Kano Tanyu, la más famosa es "tigre bebiendo agua". Cerca hay un pabellón con vistas a una cascada y un jardín donde se puede disfrutar de matcha (té tradicional) y un dulce por un pequeña cantidad. La colosal Sanmon, una puerta construida en 1626 para consolar a las almas de los muertos en el Asedio de Verano al castillo de Osaka, sirvió de escondrijo a un bandido que más tarde fue escaldado vivo en un caldero de hierro.

Volvemos al hotel a coger las maletas porque esta noche lo tenían todo lleno y tenemos el hotel en Osaka. Cogemos un tren bala y en 14 minutos nos plantamos en Shin-Osaka donde está nuestro hotel a 1 minuto de la salida este. Nos cuesta 9.450 yenes la doble con desayuno. La habitación es muy correcta. Se nota que es un hotel para ejecutivos por su cómoda ubicación, por lo cerca que está del JR. En el mail nos decían que como no tenían habitaciones para no fumadores disponibles les dijéramos la hora de llegada para que la desodorizaran. Ha sido un día muy completo.

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Día 8: KYOTO - TOKIO

Por la mañana bajamos a desayunar y tenemos desayuno japonés, con sus sopitas y sus noodles y desayuno occidental con tostadas, mantequilla y mermeladas. También hay fruta, que aquí es un lujo. Prontito ya estamos cogiendo otro tren bala para Kyoto. Al llegar a Kyoto buscamos la consigna para dejar las maletas, donde hay unos señores muy simpáticos que no tienen ni idea de ingles pero al final nos entendemos ya que nosotros solo necesitamos unas horas la consigna. Cuesta al día unos 420 yenes la maleta que se paga por adelantado. Creo recordar que el tiempo máximo eran 30 días. Por toda la estación también hay consignas automáticas desde 400 yenes las más pequeñas a 700 las más grandes.

De allí nos compramos otro bono de bus y nos vamos al Kyoto Imperial Palace. Desde la estación de tren van bien los autobuses 9 y 205. Llegamos a las 10:03 y como la visita empieza a las 10:00, no la podemos hacer, ya que sin guía no se puede hacer. También hay visita a las 14:00, pero todas en japonés. El parque imperial constituye un amplio oasis en el corazón de la ciudad. En el recinto están el Palacio Imperial y el Palacio del Emperador Retirado, cuyo impresionante jardín de paseo fue construido por los Togunawa. Se debe ir al extremo noroeste, a la Agencia de la Casa Imperial, donde toman nota con el pasaporte de las personas que quieren hacer la visita. En el extremo sur descansa un estanque con un puente en arco, desde donde se ve la Kenreimon, una majestuosa puerta situada en medio de la fachada meridional y solo puede ser utilizada por el emperador.

Templo de Sanjunsendo en Kyoto
Templo de Sanjunsendo en Kyoto

De allí vamos andando hasta Higashiyama y cogemos el autobús 206 hasta Hakubutsukan Sanjusangendo-mae. Cuesta 600 yenes la entrada. Se construyó en 1164. Produce un efecto alucinante pues dentro del pabellón principal, te encuentras cara a cara con 1001 imágenes casi idénticas a Kannon (diosa de la misericordia) reluciendo en la oscuridad. El efecto es mágico y algo escalofriante. Es la estructura de madera más grande del mundo. Su nombre proviene de los 33 (sanjusan) espacios existentes entre los pilares del edificio. La grandiosa imagen principal de una Kannon (deidad budista de la misericordia) con 1.000 brazos fue tallada en 1254 por Tankei a los 82 años. Sobre la cabeza hay otras diez cabezas más, incluida una miniatura de Buda Amida. Si el viajero cree que las estatuas no tienen 1.000 brazos deberá acordarse de calcular según la hábil fórmula matemática budista que sostiene que 40 brazos son el equivalente de 1.000 brazos, porque cada uno salva 25 mundos. A ambos lados hay 1.000 imágenes menores. El domingo anterior al Día de la Mayoría de Edad (2º lunes de Enero) se organiza en el templo una competición de tiro con arco para mujeres jóvenes, quienes tiran flechas en la galería del salón principal. Al final del vestíbulo hay 28 estatuas guardianas en una gran variedad de expresivas posturas. La galería del ala oeste del vestíbulo es famosa por el Toshí-ya Matsuri, que se celebra anualmente el 15 de enero y durante el cual los arqueros lanzan flechas a lo largo del vestíbulo. La ceremonia se remonta al periodo Edo, cuando se celebraba una competición anual para ver cuantas flechas se podían disparar desde el extremo sur al extremo norte en 24 horas. El record se estableció en 1686 cuando un arquero logro lanzar más de 8.000 flechas al extremo norte.

De aquí cogemos un bus hasta la estación central (pueden ser el 206, 208 y el 100). El nº 100, 101 y 102 son 3 autobuses turísticos que te llevan a todas las atracciones de Kyoto. Los únicos autobuses que no te entran con el pase son los que tienen los números en color negro. Hay también autobuses de la JR, pero no los controlamos, aunque sabemos que son los que van al extrarradio. De la estación central se puede ir andando a nuestro próximo destino que es el Templo Toji o coger el 208. Nosotros cogemos el bus, pero es un error, porque hay mucho tráfico y tardamos mucho. El interés de volver al templo Toji es el mercadillo que cada 21 se celebra en el exterior. Es una especie de Rastro para los de Madrid o de Mercado de la Glòries para los de Barcelona. Hay ropa, cerámica, y cosas antiguas en general, pero los precios los veo muy caros. Hay unos bolsos hechos con telas, tipo pachwork, que no son nada del otro mundo y cuestan 30.000 yenes. La bisutería no baja de los 2.000 yenes y no es nada típico de aquí porque son de la India. Venden las sandalias Tabi (de juncos o cuero) o los chanclos de madera (geta) para llevar con el kimono y valen unos 1.500 yenes y también venden el bolso a juego. En los templos hemos visto a muchas mujeres y chicas jovencitas con el kimono, ya que aparte de las mujeres que lo llevan habitualmente, los días que celebran algo se lo ponen como signo de respeto. Lo único barato son los quimonos que venden en el exterior del recinto, que están usados y los venden a 1.000 yenes y los obi, la faja de seda que lo sujeta, que también los venden a 1.000 yenes. No puedo resistir la tentación. Después de deambular un rato por el mercadillo, vamos a cambiar dinero, pero como no nos gusta el tipo de cambio lo dejamos. Hay que mencionar que dentro de las tiendas, donde se puede comprar prácticamente de todo y que muchas están abiertas 24 horas, puedes encontrar cajeros automáticos que te dan dinero con la Visa o la American Express. Aquí a estas tiendas les llaman Convenience Stores.

Recuperamos nuestras maletas y vamos a coger el tren bala para ir a Tokio. Salen de los andenes 11 y 12 a Tokio y de la 13 y 14 a Hakata. Llegamos tras 2 horas 40 minutos a la estación central de Tokio. Tenemos el hotel reservado en el barrio de Asakusa. Se llama Hotel Asakusa Mikawaya (2-7-11 Hanakawado Taito-ku, Tokio) y es un hotel familiar. Hay que decir que por internet puedes reservar lo que quieras y la mayoría de los hoteles tienen pagina web con fotos e indicaciones de cómo llegar, con planos para tontos. El hotel no está mal y la familia muy simpática, pero suponemos que por el precio que pagamos se puede encontrar más cosas. Nos cuesta 9.450 yenes la doble con baño dentro. Nosotros, como nos esperamos al último momento para todo, una semana antes de venir no habíamos reservado nada y todo lo que era más barato estaba reservado. Este hotel está a 5 minutos andando de la estación de metro de Asakusa y hay que salir por la salida 7. Debe tenerse en cuenta que, a diferencia de nuestras estaciones de metro, en las cuales tenemos dos salidas como máximo, en Japón hay muchas, llevándose el premio una que tiene 42 salidas diferentes. Hay unos grandes carteles donde ponen todo lo que hay cerca de interés de las salidas y así tú decides por cual salir.

Cuando tomamos posesión de la habitación, salimos a ver un poco el barrio, ya que tenemos el templo más famoso de todo Tokio a 5 minutos de nuestra habitación. Se llama Senso-ji o Asakusa Kannon. En el año 628, dos pescadores que faenaban en el rio Sumida pescaron una estatuilla de oro de Kannon, diosa budista de la piedad, y su señor le construyó un santuario. En 645, el santo Shokai edificó un tiempo para la Diosa. La fama, la riqueza y el tamaño del templo crecieron hasta que Tokugawa le otorgó una gran extensión de tierra. El templo sobrevivió al terremoto de 1923, pero no a los bombardeos de la II Guerra Mundial; aún así se conserva la disposición del periodo Edo. Las estructuras resultan impresionantes, pero es la gente que acude aquí cada día la que hace de éste un lugar tan especial. Dentro del pabellón, el santuario principal alberga la imagen original de Kannon. Los fieles tiran monedas y encienden velas. El pabellón principal esta decorado con varias pinturas grandes. La de los ángeles con flores de loto es obra del artista Domoto Insho. El quemador de incienso (joukoro) está constantemente rodeado de gente acercándose al humo para mantenerse sana. La puerta Hozo-mon está construida en hormigón armado. Alberga en la planta superior un tesoro con varios aforismos chinos del siglo XIV.

De allí desembocas en la Nakamise-dori, una calle de tiendas con productos tradicionales incluyendo fajas obi, peinetas, abanicos, muñecas y pasteles de arroz. A las 7 de la tarde cierran las tiendas. Al final de la calle te encuentras la puerta Kaminari-mon (Trueno) con 2 guardianes Fuijin a la derecha y Raijin a la izquierda que tienen cabezas antiguas y cuerpos nuevos. De aquí cogemos el metro (cuesta 160 yenes) y nos acercamos a Akihabara, el barrio de la electrónica. Hay decenas de tiendas que venden todo lo imaginable en este sector, con lo que si gusta te puedes tirar horas. Volvemos a Asakusa y en un zashiki comemos sushi. Como hay un escaparate con los platos en plástico, le podemos pedir sin problemas al camarero. Nos traen una bandeja grande con distintos tipos de sushi desde los maki-zushi que son los rollitos de arroz con algo dentro desde ciruela encurtida, pimiento, pepino, gamba y envuelto con alga tostada, también nos traen trozos de pescado crudo como atún, caballa, ventresca, etc. sobre un fondo de arroz, o gambas peladitas, todo buenísimo. Pedimos otra donde nos traen también unos de pulpo o huevas de salmón. El precio es muy económico, pues cuesta 650 yenes toda la bandeja con la que te quedas saciado y la cerveza 600 yenes la grande. Después del ágape nos vamos a nuestros aposentos.

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Día 9: TOKIO - NIKKO - TOKIO

Hoy hemos decidido ir a Nikko que está al norte de Tokio, ya que es nuestro último día del JR Pass. Hoy es sábado y suponemos que habrá bastante gente. Tenemos que llegar a Utsunomiya y de allí coger otro tren a Nikko. Tenemos un horario de trenes, donde nos pone el tren que tenemos que coger y luego otro horario con el tren que cogeremos cuando lleguemos al enlace. Hay 50 minutos en el primer trayecto y en el segundo se tardan 40 minutos más. Solo separan 128 km Tokio de Nikko.

La estación del JR de Nikko es la más antigua del Japón oriental y fue proyectada en 1915 por Frank Lloyd Wright. Desde aquí parten muchos autobuses a muchos lugares de interés. La avenida que discurre entre las estaciones de tren y Toshogu está plagada de tiendas, restaurantes y posadas. Llegamos al complejo de templos andando, pues está a media hora de la estación. En la oficina de turismo hay internet, se compran unas fichas que cuestan 50 yenes el cuarto de hora. Nikko, que significa luz solar, es una población que conserva un gran número de templos y santuarios pintados en vivos colores. Es una de las principales atracciones turísticas de Japón con sus sólo 17.000 habitantes. Los frondosos bosques de Nikko constituyen por sí mismos una maravilla, sobre todo cuando llueve. Los cedros fueron plantados como plantones, uno por uno, siguiendo las órdenes de un daimio empobrecido que no podía hacer frente a la esperada ofrenda en honor del nuevo templo de los Tokugawa. Le costó 20 años plantar los 25.000 esquejes. Nikko ha sido considerado un lugar sagrado desde mediados del s. VIII, cuando el monje budista Shodo construyó una ermita en el lugar. Durante muchos años fue un centro de formación de monjes budistas, pero fue cayendo en el olvido. Este templo absorbió casi 300 ermitas y templos menores antes que las guerras civiles del siglo XVI marcaran el inicio de su decadencia, cuando la congregación del templo se hizo merecedora de la cólera del shogun Hideyoshi al brindar su apoyo al ejército de uno de sus rivales. Permaneció así hasta que se eligió como mausoleo del emperador Tokugawa Ieyasu, que fue el caudillo que estableció el shogunato en Japón durante 250 años. Su nieto mandó construir el santuario de Tosho-gu, empleando un ejercito de 15.000 artesanos. Se tardó dos años en edificar el conjunto formado por el santuario y el mausoleo. Era hijo de un señor feudal de segunda fila y se pasó la vida acumulando poder hasta convertirse en shogun en 1603 a los 60 años. Construyó su capital en el actual Tokio y su gobierno presenció el florecimiento de la cultura Edo. Se aseguró que después de su muerte se le consagrará en un santuario como un Dios y gongen (encarnación de Buda). La ostentosidad y grandeza de Nikko muestra la riqueza y el poder acumulado por una familia que durante casi 3 siglos se erigió como árbitro supremo del poder en Japón.

Templo en Nikko
Templo en Nikko

Tosho-gu es el centro de la zona de santuarios de Nikko, y cerca de él hay varias construcciones impresionantes. Aunque se pueden comprar tickets de entrada por separado para los distintos templos, lo más barato y cómodo es comprar el ticket combinado que te permite la entrada por 1.000 yenes a todo menos al Nemuri-neko (gato dormido), que cuesta 520 yenes más. La entrada combinada se puede utilizar 2 días.

Por el camino que lleva por accidentados bosques te encuentras en primer lugar el Shin-kyo, que es un puente rojo de madera laqueada que cruza el río Daiya, conocido por ser el lugar exacto, donde según dice la leyenda, el monje budista Shodo fundador de la primera ermita atravesó el río a lomos de dos enormes serpientes. El puente original, construido en 1636 para uso del shogun y de los mensajeros imperiales, fue destruido por una inundación. El actual data de 1907. A través de una escalinata y siguiendo el camino de cebros se llega al templo Rinno-ji, el que fundó el monje Shodo. El Sanbutsudo (pabellón de los 3 budas) es el más grande de Nikko. Las 3 imágenes doradas de Buda Amida, Kannon Senju (de mil brazos) y Kannon Bato (con cabeza de caballo) a las que se consagra el pabellón corresponden a las tres deidades montañeras que ocupan el santuario Futara-san. Pasado el pabellón, el pilar de bronce Sorinto, con sus nueve anillos, alberga 1.000 volúmenes de sutras (escrituras budistas) y un símbolo de la paz mundial. Subiendo por el camino de Omote Sando hacia Toshogu, se llega a la pagoda de cinco pisos Gojuno-to, una reconstrucción del original que data de 1818 con 40 metros de altura. Cada planta representa un elemento: tierra, agua, fuego, viento y cielo en orden ascendente. Justo delante de la entrada principal del templo se alza un pórtico de estilo budista conocido como Omote-mon, protegido por dos reyes Diva. Allí mismo se encuentra el Establo Sagrado, una construcción decorada con grabados que ilustran el ciclo de la humanidad y que, de manera ocasional, se encuentra ocupada por algún caballo ofrecido al templo. Un relieve de tres monos de la sabiduría decora este edificio de madera sin pintar. Son los famosos ver, oir y callar. Los edificios de la derecha sirven de almacén para el material empleado en el Festival de los Guerreros, una procesión que se celebra el 18 de mayo o el 17 de octubre. También hay una fuente sagrada donde la pila de granito de 1618 para la purificación ritual se halla bajo una cubierta de estilo chino. El rinzo contiene una biblioteca de sutras y una estructura circular que permanece cerrada al público. Un poco más arriba nos encontramos el Torreón o torre del Tambor y a su lado el Campanario. A la izquierda de la torre del Tambor se encuentra Honji-do, una sala en cuyo techo hay una gran pintura de un dragón conocido como el dragón que ruge. Hay un monje en la sala que golpea dos palos de madera para mostrar sus extrañas propiedades acústicas; se dice que el eco suena como el rugido de un dragón, lo cual resulta exagerado. Nosotros, primero nunca hemos oído un dragón rugir, y segundo el ruido no nos suena a nada, pero el monje da una charla en japonés y la gente asiente convencida. Más allá del pórtico tori que culmina la escalinata de piedra, se alza uno de los elementos más famosos del templo, la puerta de Yomei-mon, que solo los samuráis de mayor rango podrían franquear: tras ella se ubica el baluarte más íntimo del complejo sagrado. Con 11 metros de altura, centenares de grabados adornan esta puerta, niños que juegan, nubes, bambú, frutas, faisanes, tortugas, elefantes, tigres, dragones, ... todos ellos pintados en una resplandeciente eclosión cromática. Tiene una de sus doce columnas esculpida boca abajo, una imperfección deliberada para no enojar a los espíritus celosos. En los nichos hay estatuas de ministros imperiales. El efecto general es más chino que japonés y constituye todo un espectáculo a pesar de lo que digan los críticos. Después de atravesar esta puerta a mano derecha está Nemuri-Neko (el gato dormido) pero es bastante decepcionante, donde esté un gato de verdad que se quiten los de madera. Desde aquí se entra al Haiden (santuario) y al Honden (santuario interior).

Después nos podemos acercar al Santuario Futura-san, fundado por Shodo y el santuario está consagrado a los dioses de los montes Nantai (hombre), Nyotai (mujer) y Taro (su hijo). De hecho se trata del santuario principal de otros dos. La puerta de bronce está considerada Patrimonio Mundial. De mayor interés es el alto farol de bronce, que según se dice adquiere forma de monstruo por la noche (los cortes fueron producidos por la espada de un samurai aterrorizado). Desde aquí a 30 minutos andando por los bosques en un camino empedrado se llega al santuario Takinoo, que según se cree está dedicado a una deidad femenina y atrae a mujeres en busca de amor. Para acabar el recorrido se llega al Santuario Taiyuin-byo completado en 1653. Es el mausoleo del poderoso Tokugawa Iemitsu, tercer shogun y nieto de Ieyasu, que cerró Japón al comercio internacional e inició una política aislacionista que duraría 200 años. Es sublime, rodeado de un jardín de cedros, cuentan con una serie de puertas que ascienden hasta el santuario. Las cenizas están enterradas debajo de la sexta puerta. La primera es la Niomon, a cada lado se erige una estatua del dios guerrero Nio. La segunda se llama Nitenmon, con cuatro estatuas guardianas que ocupan los nichos. Delante están los dioses Komoku y Jikoku, mientras que detrás se hallan el dios verde del viento y el dios rojo del trueno. La tercera es la Yashamon que incorpora una bella capa dorada y cuatro estatuas de Yasha, un fiero espiritu guardian. También es conocida como Botanmon (puerta de la peonias) por los relieves en forma de esas flores. La puerta Karamon está adornada con delicados relieves, como una pareja de grullas. Por último Kokamon, puerta de estilo chino que está junto al sendero que conduce a la tumba de Iemitsu. Antes de esta puerta nos encontramos el Haiden, decorado con relieves de dragones, luce pinturas de leones del s. XVII ejecutadas por artistas de la escuela de Kano. El exterior está laqueado en negro y dorado.

Volvemos a Tokio y vamos a dar una vuelta por el centro. Cuando se trasladó la capital a Edo en 1590, Ginza era un pantanal. Una vez cubierto de tierra, el lugar atrajo a comerciantes y mercaderes. La ceca de plata que le dio su nombre fue construida en 1612. Hoy Ginza es uno de los principales centros de Tokio. Las tiendecitas de artesanía conviven con galerías, enormes almacenes comerciales y modernas salas de exposiciones. En el edificio Gallery Center tiene en la 2ª planta galerías exclusivas de arte japonés y occidental. En la 5ª hay una casa de subastas y en la sexta la sala de arte Youkyo que ofrece exposiciones de artistas de distintos campos. La Namiki-dori y Chuo-dori, conocida como calle Brand, tiene boutiques como Gucci, Dior, Louis Vuitton y Cartier. En el edificio Mikimoto podemos encontrar tiendas lujosas y pertenece a la productora original de perlas cultivadas. Tenemos también la sala de exposiciones Sony, donde se expone lo último en tecnología y aparatos Sony, muchos de los cuales se pueden probar. También nos encontramos el teatro Kabuki-za, el teatro principal que se abrió en 1889. El edificio es uno de los ejemplos más antiguos de uso de materiales y técnicas occidentales al estilo japonés. Ofrece representaciones casi cada día. Otra cosa digna de ver es el mercado de pescado de Tsukiji, abierto de lunes a sábado, de 5 de la mañana a 12 del mediodía. Cada mañana se celebran subastas desde las 5 hasta las 10, aunque el mayor ajetreo es de 5 a 8, donde 15.000 restauradores y vendedores de comida adquieren 450 tipos distintos de productos marítimos en 1.700 puestos. El mercado en sí es un gigantesco hangar ocupado por un laberinto de puestos diminutos, todos ellos repletos de pescado todavía goteante de agua de mar. También hay un mercado de verdura al por mayor. Desde Asakusa se puede hacer una travesía por el rio Sumida que te deja justo al lado de este mercado de pescado. Se entra por el jardín de Hama y se ha de pagar la entrada, que son 300 yenes.

El Sumida, el río principal de la ciudad ha sido saneado parcialmente y ha conocido un incremento del transporte fluvial durante los últimos años. El barco pasa apretadamente por una compuerta del dique para navegar por las aguas de la desembocadura del río, en la bahía de Tokio. La primera parada es el malecón Hinode, y remonta el río pasando entre Tsukiji y la isla Tsukuda, que se libró de los bombardeos de la II GM. Durante el viaje el barco pasa por debajo de 12 puentes, cada uno de un color. El último barco sale a las 4 y media de la tarde desde el jardín de Hama. Cuesta 660 yenes más la entrada del jardín. La torre de Tokio también está en la zona central y ofrece el mirador más alto de la ciudad. Es una imitación de la torre Eiffel. De aquí nos vamos a Shinjuku, que ha sido el centro de la vida nocturna desde el periodo Edo, cuando era la primera parada en la vieja carretera de Tokaido a Tokio. Los establecimientos se han orientado a las personas, principalmente hombres que vuelven de trabajar de la ciudad a los suburbios. La diversión se concentra en los pequeños bares de Golden Gai y el barrio rojo de Kabukicho. Las atracciones diurnas incluyen varias galerías de arte, un santuario y algunos de los mejores almacenes de Tokio. Un paseo al atardecer, cuando comienzan a encenderse las luces de neón, permiten disfrutar de las dos caras de esa zona fascinante y bulliciosa. Hay miles de salas de pachinko, la forma de ocio más popular de Japón, parecida al pinball, pero no tiene palancas y no requiere demasiada habilidad. Los jugadores compran bolas de acero para introducirlas en las máquinas pachinko y ganas más bolas que luego se cambian por un premio (jugar por dinero es ilegal). El premio puede cambiarse luego por dinero, normalmente en una tienda vecina. Hay también cientos de karaokes y restaurantes. Al sur de este barrio está Shibuya, la ciudad de la juerga para los jóvenes de Tokio. Aquí se encuentra lo último en moda, comida, música y aparatos. Comenzó a crecer después de las olimpiadas de 1964 y ha tenido una expansión imparable por la juventud adinerada de la segunda potencia mundial. Hay una estatua de un perro, llamado Hachiko, que es fruto de una historia entrañable. En la década de 1920, un profesor que vivía cerca de la estación de Shibuya tenía un pequeño perro akita que iba cada día a la terminal a esperar el regreso de su amo. El hombre falleció en 1925 de un infarto mientras estaba en la universidad impartiendo una clase. El perro continuó yendo a la estación y esperándolo hasta que murió 11 años después. Un periódico sacó la noticia de la lealtad casi samurai del perro y se le hizo esta estatua de bronce. Cada 8 de abril se celebra una ceremonia en memoria de Hachiko. Es uno de los puntos de encuentro más concurridos de la ciudad con lo que no es una buena idea quedar allí con alguien. De vuelta al hotel vamos a nuestro restaurante favorito a comer sushi.

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Día 10: TOKIO

Nos levantamos pronto y nos vamos al templo Senso-ji para verlo de día. Hay cientos de personas y eso que son las 8 de la mañana. Hay una estatua del Buda Nade Botokesan que ha sido pulida por las manos de los que ruegan fortuna y auxilio en la enfermedad. De allí nos vamos al metro y compramos una tarjeta de un día que cuesta 720 yenes y podemos coger todos los metros de la Tokio Metro Line, pero no la Toei Line ni la JR Yamamote Line (que si pudimos coger ayer con el JR pass). Hay que estar atento porque son 9 líneas de la primera compañía, 4 de la segunda y la circular que es la Yamamote. Nosotros, a pesar de mirarlo varias veces durante el día, nos equivocamos una vez y como hay que pasar el billete a la entrada y a la salida por unas máquinas, si no tienes el ticket adecuado no se abre la puerta. Tuvimos que pagar el billete de la Toei Line que fueron 220 yenes. Si no te quieres preocupar es mejor comprar el pase de un día que permite coger todas las líneas y cuesta 940 yenes. De Asakusa vamos a Ueno, que se va en cuatro paradas y no hay que hacer trasbordo. No es ninguna tontería porque algunas paradas son de 4 líneas diferentes y puedes andar hasta 1 km de la línea donde ibas hasta que llegas a la otra línea para hacer el trasbordo.

En Ueno lo más famoso es el parque Ueno. Ieyasu, el primer shogun Tokugawa, construyó el templo Kanei-ji en el siglo XVII para anular los malos espíritus procedentes del noreste. Considerando lo mucho que duró esta estirpe fue sin duda una idea sabia. El año 1873, el gobierno convirtió Ueno en un parque público. El parque es muy popular y aparece en muchos gravados y cuentos cortos. El estanque Shinobazu sirve de parada cada año a miles de aves migratorias. El parque, salpicado de museos y templos, alberga el mejor y más antiguo zoológico de Japón. La emblemática pagoda de cinco plantas data del siglo XVII y es una parte superviviente del complejo templario Kanei-ji original. Hoy se eleva sobre el recinto del zoológico muy famoso entre los escolares por los osos panda gigantes. El santuario Tosho-gu es una de las pocas estructuras que permanecen del periodo Edo. Ieyasu fue enterrado aquí y luego trasladado a Nikko. El paseo principal está flanqueado por cientos de cerezos. Cada primavera se celebran aquí alborotadas fiestas hanami (observación de cerezos en flor). A los cerezos ahora le falta una semana para estar en su esplendor, aunque hay alguno primerizo al que todo el mundo le hace fotos extasiado (nosotros incluidos). En la televisión cada día van diciendo como va la floración en las distintas zonas del país. Por internet también se puede consultar, pues sale la previsión con meses de antelación. El Museo Nacional de Ciencia tiene a la entrada una locomotora de vapor y una ballena azul de tamaño real. El interior ofrece una muestra de historia natural, ciencia y tecnología. Este parque también es conocido porque está lleno de vagabundos que han perdido su trabajo y viven en tiendas y cajas en el parque. Se calcula que en Tokio hay más de 30.000 personas sin techo.

De aquí vamos andando al mercadillo de Ameya-yokocho que fue famoso como centro de estraperlo después de la 2ª GM, y hoy es una animada zona comercial con interesantes ofertas. Está justo debajo de la línea del tren. También vemos una cosa chocante que son hombres de todas las edades haciendo cola para entrar a los pachinkos que abren a las 10 de la mañana. Cogemos el metro y nos vamos al Foro Internacional de Tokio, en la estación Yarakucho. Es un edificio diseñado por el arquitecto Rafael Viñoly y se inaguró en 1996. Este centro cultural ocupa dos edificios: un atrio curvado de cristal de 60 metros y una estructura cubica blanca que alberga cuatro auditorios, el mayor con capacidad para 5.012 espectadores. Entre ellos hay un patio arbolado sobrevolado por pasarelas de cristal que comunican ambas estructuras. El moderno interior del gigantesco atrio rebosa de luz e incorpora una cubierta con forma de casco de barco. En el interior del Foro hay varias tiendas, cafeterías y restaurantes. Desde fuera parece un barco surcando las aguas urbanas del centro de Tokio. Muy cerquita de aquí, ya que todo en Tokio es una pateada importante, está el Palacio Imperial. El Palacio Imperial o Kokio es el hogar del emperador de Japón y de la familia imperial. El palacio en sí está cerrado al público todos los días, excepto el 2 de enero y el 23 de diciembre (cumpleaños del emperador). Aunque no se permite entrar en las dependencias, sí que se puede pasear por los alrededores y visitar los jardines, desde los cuales se obtiene una magnifica vista del palacio y el puente Niju-bashi al fondo. Puedes coger una bicicleta o un tandem gratuitamente y hacer un circuito ya marcado de unos dos kilómetros por los jardines de fuera. Rellenas una ficha con tus datos y ya está, pero no se te ocurra salirte del trazado porque los vigilantes que hay apostados por todas partes te montarán una bronca espectacular, lo que decimos por experiencia propia. Ieayasu, el primer shogun, ya conocido, comenzó a edificar aquí su castillo en 1590. Sus sucesores lo convirtieron en el más grande del mundo; hoy solo se conserva el círculo interior. La estructura más emblemática es el Nijubashi, un puente de piedra de dos arcos (1888) situado al este del palacio que servía de entrada al mismo. La enorme Ote-mon (puerta de la gran mano) reconstruida en 1967, fue la puerta principal hasta que se construyó Nijubashi y hoy sirve de entrada al jardín oriental. Más allá está Hyakunin Basho, de la era Edo, donde vivían los 100 samuráis que guardaban el castillo. Detrás se eleva el Honmaru, el torreón principal, reducido a unos muros de piedra que ofrecen magnificas vistas. Al entrar se entrega al visitante una ficha de plástico numerada que éste deberá devolver a la salida. Es gratuito.

Tribus urbanas en Tokio
Tribus urbanas en Tokio

Desde aquí cogemos el metro y vamos al parque Yoyogi. Los dos estadios olímpicos de Tange Kenzo se construyeron para las olimpiadas de 1964 y hoy se utilizan para albergar competiciones nacionales e internacionales. Las impresionantes curvas de estos edificios con forma de concha se consiguen con la utilización de cables de acero suspendidos. Durante casi tres décadas, el parque se llenaba cada domingo con una variedad de actores y bandas de música, pero a mediados de la década de 1990 el gobierno acabó con las representaciones por un supuesto aumento de la delincuencia y por la necesidad de mantener el orden. A pesar de eso vale la pena venir por el mercadillo. A la entrada se pueden ver todavía miembros de las tribus urbanas que actuaban aquí. Lo que el gobierno no se esperaba es que serían reemplazados por un grupo aún más joven y extravagante. Son los cos-play-zoku (pandilla de los disfraces), en su mayoría chicas adolescentes de aire gótico muy maquilladas, con los labios pintados de color azul y disfrazadas con tafetán negro, que se juntan en Jingu-bash cada fin de semana. Les une el interés por los grupos visual-key y una especie de orgullo en su alineación. Las chicas se divierten, se arreglan y posan ante las cámaras hasta el anochecer, cuando se suben otra vez al tren y vuelven a la vida normal de los bloques de viviendas impersonales de Chiba y Kawasaki. Otras tribus son las Takenokozobu (tribu del bambú), que reúnen a chicas adoslecentes ataviadas con faldas de volantes de la década de 1950, pantalones bombachos y babuchas, lazos para el pelo y cintas para el cabello de las que se usaban en la década de 1980. También se puede visitar el santuario Meiji-jingu, construido en honor del emperador Meiji y su esposa Shoken, bajo cuyo reinado finalizó el período de aislamiento de Japón. Se destruyó en la II GM, pero se reconstruyó fielmente pues se utilizó ciprés japonés. Hay ofrendas de vino de Burdeos en los grandes toneles recubiertos de papel que hemos visto por todo Japón, porque un empresario japonés que se compró un castillo en la zona de Burdeos y que se dedica al vino, los mandó para tener las bendiciones del santuario y tener buena suerte en los negocios. Vuelta al hotel a descansar de tanto andar.

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Día 11: TOKIO - Roma - Barcelona

Hoy tenemos el vuelo de vuelta a las 2 de la tarde, pero estamos cansados y nos levantamos tarde y nos quedamos en el hotel hasta el check-out que es a las 10. Cogemos el metro hasta Ueno y allí cogemos el Keisei Limited Express que sale cada 20 minutos, cuesta 1.000 yenes y tarda 75 minutos en llegar. También sale de la misma estación el Keisei Skyliner, que cuesta 2.000 yenes y tarda 60 minutos. En este caso hay salidas cada 40 minutos y los asientos están reservados. Hay que bajarse en la última parada para los vuelos internacionales.

En el aeropuerto de Tokio hay multitud de restaurantes, tiendas de souvenirs, McDonalds etc. Todo al mismo precio que en cualquier otro lugar, con lo que se puede comprar lo que se quiera aquí y no cargarlo durante todo el viaje. Si nos queda dinero japonés no hay problema porque lo cambian con una honradez extrema. Dividen tu dinero por el tipo de cambio y lo que sobre te lo devuelven. Solo tenían billetes de 5 euros para arriba, pero no tenían monedas. En algunos países lo que sobra se lo quedan y tan tranquilos.

Nuestro vuelo sale con la puntualidad japonesa que se le presupone y volvemos en Alitalia en turista. El espacio entre asientos es muy pequeño, pero tenemos una tele individual donde puedes ver lo que te apetezca.

Fin del viaje, que es uno de los pocos que nos han dejado una sensación de que hemos visto una muy pequeña parte de lo que es el país y nos acucia la necesidad de volver muy pronto para disfrutar de este maravilloso país por lo que contiene y sobre todo por su encantadora gente.

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Relat d'un viatge al Japó en primavera, durant el Hanami - Jaume Rovira Colomer & Araceli Soler Vendrell [2014]
Relat d'un viatge al Japó (2010) - Sònia Graupera [2010]
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Relat d'un viatge al Japó (2007) - Asun Sunyol & Àngel Armengol [2007]
Diari de viatge al Japó: de Hokkaido a Okinawa - Jordi Rodríguez & Marta Colomer [2007]
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