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Argentina Uruguay

ARGENTINA / URUGUAY

Relato de un viaje a Argentina y Uruguay

Data Data viatge: 2008. Publicat el 21/01/2009
2.1 de 5 (112 vots)

Introducción

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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En este relato pretendo contar, de una manera precisa y amena, la experiencia de nuestro viaje a Argentina y Uruguay, realizado entre el 15 de noviembre y el 3 de diciembre de 2008.

Pasamos bastante tiempo leyendo numerosas crónicas sobre este destino, consultando foros, etc. Así que, lo mínimo que podíamos hacer era compartir con los demás nuestra experiencia y que pueda servir de ayuda para otros. Por ello adjunto mi correo para las posibles dudas que a alguien se le puedan plantear, al igual que a nosotros nos sucedió en el momento de preparación del viaje.

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 DIARIO DE VIAJE

Día 1 - Inicio del viaje

El viaje comenzó en el aeropuerto de Santander con el vuelo destino a Madrid, a las 18:55, sin retraso alguno. Nuestro siguiente vuelo de Iberia, con salida en Madrid y destino Buenos Aires salió de Barajas a las 01:45, sin retrasos (primer punto a favor de Iberia sobre Aerolíneas). Llegamos al aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires a las 10:40 de la mañana sin ningún contratiempo, habiendo aprovechado para dormir 5 o 6 horas de las 12 de duración total de aquél. Justo en la zona de salidas, aprovechamos para cambiar dinero, en el Banco de La Nación. El cambio cada día peor para los europeos, en nuestro caso por cada euro nos dieron 4,12 pesos argentinos.

A la salida nos estaba esperando Bruno, de BArgentina, con una sonrisa en los labios y en el trayecto hasta el aeroparque Jorge Newbery nos fue mostrando las partes más importantes de la ciudad, bueno en realidad sólo parte de ellas porque no nos sobraba nada de tiempo pues nuestro vuelo con destino a Iguazú salía a las 13:35 y teníamos que cruzar toda la ciudad. Llegamos al aeroparque con una hora de antelación y allí estaba esperando Pablo, gerente de BArgentina, quien nos dió las oportunas explicaciones generales sobre el viaje que iniciábamos, documentación, vouchers, etc. Y, oh sorpresa, primer vuelo con Aerolíneas y primer retraso de 45 minutos (entraba dentro de lo previsible). Aprovechamos el tiempo para comprar una tarjeta de llamadas internacionales de Telecom, por 20 pesos (al cambio unos 5 euros). Te da la oportunidad de llamar a teléfonos fijos en España durante 100 minutos. Un auténtico chollo teniendo en cuenta que los ladrones de Movistar cobran a 3,15 € el minuto, más el establecimiento de llamada.

En fin, tras una hora y cuarenta y cinco minutos de vuelo nuestro avión llegó al aeropuerto de Iguazú, sin la deferencia del piloto, que además de llegar con retraso, no se digno sobrevolar las cataratas para dar una alegría a los pasajeros. Debería aprender algo de otros compañeros de profesión como por ejemplo el que en el vuelo a Calafate nos explicó y sobrevoló todos los glaciares dando las explicaciones pertinentes. En fin, hay de todo, como en todas partes.

Nuestro hotel en Iguazú era el Cataratas, pero no el del lado brasileño que se llama hotel Tropical Das Cataratas, y que está en pleno lado brasileño del parque Nacional. Nos tuvimos que conformar con estar a varios km. del Parque y a un kilómetro del pueblo de Puerto Iguazú.

Aprovechamos que teníamos parte de la tarde libre, más bien unas pocas horas, vimos las instalaciones del hotel, hasta un campo de fútbol y todo, además de piscina al aire libre, spa y otras comodidades. Las habitaciones, aunque amplias, bastante básicas para un cuatro estrellas. Se nota que había conocido tiempos mejores. La estructura del hotel es de tipo colonial, de pocas plantas y rodeado de vegetación por todas partes, como casi todo por allí.

Tras la primera inspección ocular, salimos a la carretera que pasa por delante del hotel y que lleva directamente al pueblo de Puerto Iguazú, y esperamos a nuestro primer "colectivo" en Argentina en la parada que hay justo enfrente de la puerta del hotel. El precio del colectivo hasta Puerto Iguazú 1,5 pesos por persona. Dimos un paseo por el pueblo, con mucha vegetación por todos lados y nos dispusimos a elegir lugar para hacer nuestra primera cena en Argentina, sin demasiado acierto. Nos dio por entrar en La Esquina, el restaurante del hotel St. George. Lo primero que te ofrecen es un buffet de 45 pesos, pero como no tenía carne y llegábamos caninos de buena carne argentina pues desechamos el buffet y optamos por la carta. Pedimos un bife de chorizo y una milanesa. El bife tenía un tamaño que a mí, por ser el primero que comía, me pareció hasta aceptable. Al día siguiente descubriría que lo que me dieron fue una ración del menú infantil. Como complemento o guarnición nos sirvieron unas patatas congeladas. La cosa se ponía interesante y para rematarlo a mi mujer la sirven una milanesa que no ocupaba ni un cuarto de plato. En fin, la primera cena, fracaso total. Afortunadamente, en adelante la cosa iría mucho mejor mejor.

Para volver al hotel, en lugar de esperar al colectivo cogimos un taxi por 10 pesos. Cómo no, también este remisero nos ofreció sus servicios para hacer el lado brasileño al día siguiente. El primer precio que nos dio un remisero cerca del hotel por hacer esa excursión que era de unas pocas horas, fue de 220 pesos argentinos. El que nos ofreció el que nos llevó por la noche al hotel fue de 200 pesos argentinos. Al final, al día siguiente, y por puro azar, acabaríamos consiguiéndolo por 150 pesos argentinos.

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Día 2 - Iguazú. Excursión cataratas lado argentino y excursión cataratas lado brasilero

Al día siguiente teníamos contratada la excursión del lado argentino de las Cataratas. Nos pasaron a buscar a las 8:50 de la mañana, muy puntuales, de la empresa Caracol, receptivos en Iguazú, para ir al Parque Nacional de Iguazú en su lado argentino. Entramos, previo pago de 60 pesos/persona (menudo atraco). Por suerte, alguna entrada nos ahorraríamos en nuestro periplo por Argentina porque como también aquí se estila la discriminación de precios entre nacionales y no nacionales, y gracias a que compartimos idioma, pues en adelante, hemos pasado alguna vez por nacionales sin mayores problemas y os aseguro que el ahorro en entradas a parques nacionales es considerable. La persona que nos llevó hasta el Parque Nacional, Inocencio, nos ofreció también sus servicios para hacer el lado brasileño esa misma tarde. Tras unas breves negociaciones conseguimos sacar el mejor precio de los tres que hasta el momento teníamos y quedamos con él a las 15:30 a la puerta del Parque Nacional, con un precio pactado de 150 pesos argentinos.

La visita al Parque Nacional de Iguazú en su lado argentino comenzó en nuestro caso con una caminata de 750 metros desde la entrada, adentrándonos por el sendero verde, durante unos 700 metros hasta llegar a una estación pequeña de tren, la estación Cataratas, que te conduce hasta la Estación Garganta del Diablo (unos 2 km de recorrido en tren turístico). La idea del tren turístico es una gran innovación, no por el medio de transporte en sí mismo, sino por la reducción del impacto del turismo en el ecosistema. Una vez llegados a la estación de la garganta del diablo, nos espera otro paseo de 1.200 metros por pasarelas sobre el río Iguazú, que impresionan bastante y lo mejor viene al final según te vas aproximando al espectáculo de la naturaleza que son las cataratas y que le dejan a uno con la boca abierta. En esos momentos te das cuenta de lo insignificante que es el ser humano al lado de la fuerza de la naturaleza. El guía nos comentó que habíamos tenido mucha suerte porque hacía tiempo que no bajaba tanta agua.

Tras esto, desandamos el camino por las pasarelas, otra vez al tren hasta la estación Cataratas y nos dispusimos a realizar los senderos de las pasarelas superiores. A través de un recorrido de otros 1.500 metros, vas pasando por distintos saltos, con nombres distintos, vistos siempre desde arriba, y abajo quedan las pasarelas inferiores. Entre los saltos más impresionantes destacan Salto Bosetti, Dos Hermanas, Chico, etc. En total, las cataratas tienen una longitud, en extensión, cercana a los 3 km. aunque no son las más altas pues no superan nunca los 80 m. de altura.

Con estos recorridos ya se va la mañana entera y nosotros teníamos que embarcar a las 13:45 en la "Gran Aventura". Caminamos hasta una zona de restauración con un restaurante y zona para hacer picnic, con el tiempo justo para tomar algo antes de iniciar la excursión. La Gran Aventura se realiza en unas zodiac o "gomones", como las llaman ellos, con asientos fijos. La excursión comienza con un paseo de 40 minutos por un camino de tierra en unos camiones descubiertos, atravesando la selva hasta llegar al embarcadero. A lo largo del trayecto el guía te explica los animales que es posible avistar. Yo creo que hace años que no ven un tucán por allí y mucho menos alguna fiera, pero él disimulaba bastante bien. Una vez en el embarcadero, te pertrechas con un chaleco salvavidas, bañadores, chanclas, chubasquero y lo que quieras. Al final, te pongas lo que te pongas, te mojas igual. Mi consejo, cuanta menos ropa mejor. Te suministran un saco impermeable para meter las cosas y que no se te mojen al entrar bajo los saltos y una vez listos recorres unos 4 km a una velocidad endiablada río arriba hasta llegar a dos de los saltos. Todo el mundo hace las fotos de rigor, te dan tiempo a guardar todo a buen recaudo para evitar que se moje y enfilan hacia los saltos. Siempre hay que pedir la repetición del chapuzón porque uno sólo sabe a poco. El momento de subida de adrenalina no dura mucho pues en caso contrario no todos los corazones lo resistirían. Tras esto, te desembarcan allí al lado, te cambias de ropa al aire libre porque no os vayáis a pensar que se les ha ocurrido construir unos vestuarios, un baño o algo así. Nada de nada, en pelota picada en plena naturaleza. Esto sí que es armonía con la naturaleza. Sólo faltaban los taparrabos con hojas verdes para turistas y la gran aventura sería completa.

Trepamos de nuevo hacia la parte alta de las cataratas, pues las zodiac te dejan al pie de aquellas, por unas escaleras de piedra construidas sobre la roca porque habíamos quedado a las 15:30 con nuestro remisero Inocencio que nos iba a llevar al lado brasilero de las cataratas. Llegamos un poco tarde pues hay una tirada considerable desde donde acaba la Gran Aventura hasta la entrada del Parque, pero allí estaba fiel y puntual Inocencio. En otros 30 minutos de trayecto ya estábamos en la frontera con Brasil, nos pusieron los sellitos en los pasaportes y enfilamos hacia las cataratas brasileras, no habiendo perdido más de cinco minutos en la frontera. La entrada creo recordar, al cambio en pesos, porque no teníamos reales, ni falta que nos hicieron, fueron unos 24 pesos argentinos/persona. La última visita del Parque brasilero, en esta temporada, era a las 18:00 horas, aunque una vez dentro te permiten permanecer hasta las 19:30.

En el lado brasilero de las cataratas el sistema para visitar el Parque es distinto al del lado Argentino. Según pagas las entrada, te suben en un "omnibus", autobús en castellano, que hace tres paradas a lo largo del recorrido. Te puedes bajar en la que te plazca. Nosotros, sabiamente aconsejados por Inocencio, nuestro remisero y guía al mismo tiempo, nos apeamos en la última, justo delante del hotel Tropical Das Cataratas, una preciosidad de hotel, por su posición, el único dentro del parque en su lado brasileño y aparentemente por sus instalaciones. De ahí arranca un paseo de 1.100 metros desde el que se ve el lado argentino de las cataratas, sólo separadas por el río Iguazú y la isla San Martín. A mi juicio y al de muchos otros, ambos lados se complementan. Desde el lado brasilero se aprecian en su verdadera dimensión lo que son las cataratas, por eso recomiendo no obviar esta visita. Al final del recorrido un ascensor te sube de nuevo hasta la parte alta y se coge (perdón por la expresión, se "agarra") el autobús de vuelta a la entrada del Parque. En poco más de dos horas da tiempo de sobra para hacerlo, pues es únicamente un paseo.

Una vez salimos del Parque y tras esperar a Inocencio, que no andaba por allí (seguro que no estuvo perdiendo el tiempo y lo aprovechó para hacer algún servicio por la zona) nos dirigimos a Foz de Iguazú (lado brasilero). Nuestra intención era quedarnos a cenar allí, pero entre lo desangelado que parecía el lugar y las advertencias de Inocencio sobre la falta de seguridad, decidimos volver a Puerto Iguazú. Camino de Puerto Iguazú Inocencio nos contó anécdotas que suelen ocurrir en la zona que existe entre ambas fronteras, es decir, un tramo de carretera de unos 500 metros, atravesado por un puente, donde nunca hay iluminación, pues ya se encargan los contrabandistas de que no funcione y que resulta especialmente peligroso. Alguna historieta también contó sobre la corrupción policial existente en ambas fronteras que él mismo había sufrido y con la cual tenía que lidiar cada vez que tenía que traer algún aparato eléctrico desde la zona de Paraguay, en concreto desde Ciudad del Este, en la que los precios debían de ser muy reducidos.

Aún la jornada nos deparaba una sorpresa más y era el punto donde se juntan las tres fronteras, Argentina, Brasil y Paraguay. Es un lugar situado apenas a 1 km de Puerto Iguazú, donde nos dirigimos con Inocencio. Es una zona elevada en la que hay un parque donde la gente se reúne por la tarde a tomar mate y a dialogar. Muy animado y con unas vistas preciosas. Lo recomiendo de manera insistente.

Para poner fin a una jornada maratoniana y algo estresante cenamos en Puerto Iguazú, en un sitio llamado El Andariego. Buena comida a precio razonable. Allí conocí, por fin, el verdadero bife de chorizo con una salsa de pimienta que estaba de muerte y nos sirvió para recuperar fuerzas, acompañado por una Quilmes de un litro bien fría. La vuelta al hotel, de nuevo en remis desde el mismo pueblo.

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Día 3 - Traslado de Iguazú a Bariloche

Hoy hemos madrugado un poco más de lo normal pues el transfer al aeropuerto pasaba a buscarnos a las 07:50. El vuelo de Iguazú a Buenos Aires salió con un poco de retraso, y el siguiente, de Buenos Aires a Bariloche apenas se retrasó media hora, porque como habréis intuido no hay vuelo directo entre Iguazú y Bariloche, siempre hay que pasar por Buenos Aires, con la consiguiente pérdida de tiempo. Llegamos a Bariloche y allí nos estaban esperando para trasladarnos a nuestro hotel, el Nahuel Huapi, un cuatro estrellas, bueno yo diría tres estrellas y una de propina. La habitación era minúscula y no podías abrir la maleta y salir de la habitación, a no ser saltando por encima. Por lo demás, correcto, también el desayuno buffet.

Esa primera tarde en Bariloche la dedicamos a pasear un rato y conocer la ciudad. Es una ciudad de unos 120.000 habitantes. La verdad es que yo me la había imaginado de otra manera, pues la gente siempre hablaba de casitas de madera y salvo la zona de la plaza al principio de la calle Mitre y los alrededores de la ciudad, lo demás no tiene nada reseñable. Intentamos localizar un restaurante para cenar llamado La Fonda del Tio, recomendado por nuestro receptivo y curiosamente también por la guía Lonely Planet, con tan mala suerte que estaba cerrado por obras de reforma.

No acabó ahí la mala suerte pues esa misma tarde habíamos intentado subir al cerro Otto, que está al lado de Bariloche y al que se llega en poco tiempo, pero también estaba cerrado unos días el teleférico por obras de mantenimiento. Al final y tras dar bastantes vueltas y probar los chocolates de Mamuscka, en plena calle Mitre (para mí los mejores de Bariloche), nos decidimos por el restaurante Jauja, en la zona de las parrillas, calle Villegas creo recordar. Mi mujer comió una auténtica milanesa que no cabía en el plato y yo pedí un ciervo a la cazadora, muy bueno también. El precio razonable una vez más.

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Día 4 - Bariloche. Cerro Campanario y Excursión Isla Victoria y Bosque de Arrayanes

Madrugamos un poco porque queremos hacer bastantes cosas. Hoy por la tarde, a las 13:45 tenemos programada la excursión a la isla Victoria y Bosque de arrayanes. Nos pasarían a buscar por el hotel a las 13.00, pero hemos hablado con la agencia para que en vez de eso, quedar directamente en Puerto Pañuelo, que es el sitio desde el que parten los barcos que hacen la excursión, porque nos coge (perdón otra vez la palabra maldita) de camino hacia nuestro primer destino de la mañana que es el cerro Campanario.

Pues bien, solucionado el tema, a las 08:30 tomamos el colectivo nº 20 que parte del centro de Bariloche y en unos 30 minutos recorre los 17,5 km. que hay entre la ciudad y la base del Cerro Campanario. El precio del billete creo recodar 2,5 pesos/persona. Hace una cantidad de paradas por el camino que parece que no vamos a llegar nunca. Arribamos al Cerro Campanario justo a las 09:00, hora en que abre el telesilla que sube hasta la cima. El precio del telesilla 25 pesos/persona. Un consejo, procurad llegar temprano porque en caso contrario se llena de gente. El ascenso hasta la cumbre dura unos 7 minutos y una vez arriba te recibe un personaje curioso, un tipo parecido a nuestro Pocholo, que te pregunta si deseáis que os haga una foto sentados en el telesilla. En el lugar hay unos cuantos miradores con distintas vistas de los lagos de la zona. Realmente maravillosa la vista. También hay una confitería. En los miradores hay instalados unos paneles informativos con grabados de los cerros, lagos y lugares destacados para que el visitante pueda ubicarlos sobre el terreno y tener una idea un poco más clara de lo que está viendo. El tiempo que puede llevar la visita depende del número de fotos que se quieran tomar y de lo que dure el ensimismamiento con el precioso lugar.

De vuelta en la base del telesilla cogimos de nuevo el colectivo número 20 en la misma dirección, que dicho sea de paso, tiene una frecuencia de 10-15 minutos, y continuamos unos 7 km más en dirección a su última parada que es el hotel Llao Llao, un hotel situado en un paraje idílico, con unas instalaciones maravillosas y un campo de golf que los amantes de este deporte lo gozarán.

Nos apeamos en la parada de Puerto Pañuelo, que en realidad está justo al lado del hotel Llao Llao y subimos andando hacia el hotel y en unas escaleras que había a media cuesta camino de la entrada principal, decidimos acceder por ellas y explorar los alrededores del hotel, el campo de golf, helipuerto, campo de fútbol, embarcadero privado, etc. No está permitida la entrada, pero quien te puede negar el acceso si estás interesado en alojarte en él (no era nuestro caso, pero hubiera sido nuestra coartada caso de necesitarla).

A continuación nos dirigimos hacia el otro lado de la carretera que, para sorpresa nuestra, dividía los hoyos del campo de golf, el cual continuaba algunos kilómetros más junto al lago. Algo realmente maravilloso el poder jugar al golf junto en ese entorno. Y así estuvimos haciendo tiempo hasta la hora de embarque hacia la excursión, comiendo algo con esas vistas impresionantes y con un sol que picaba con ganas.

Llegada la hora del embarque, nos presentamos en las taquillas del Puerto, trocamos nuestro voucher por los tickets de embarque y previo pago de las entradas al Parque Nacional Nahuel Huapi (30 pesos/persona) nos dispusimos a comenzar la excursión a la isla Victoria y Bosque de arrayanes, que en nuestro caso empezó por el Bosque de Arrayanes. Un árbol, el arrayán, cuya corteza color canela, llama mucho la atención, residiendo la peculiaridad del lugar en la gran abundancia de ejemplares de este tipo. El lugar es un Parque Nacional en sí mismo, de pequeñas dimensiones. El paseo en barco hasta el lugar lleva una hora y media. Desde el embarcadero arranca un sendero que, a través de 12 km, conduce hasta Villa La Angostura (en nuestro caso esto lo dejamos para mejor ocasión). La visita al Bosque se realiza a través de unas pasarelas de las que uno no se puede desviar y dura aproximadamente 45 minutos. Tras esto embarcamos de nuevo y nos dirigimos hacia la isla Victoria, la cual habíamos dejado a babor en la navegación hacia el bosque de arrayanes. Esta isla no tiene nada reseñable, salvo unas pinturas "rupestres", que no tienen mayor interés cultural, y una playita pequeña muy coqueta, escondida entre los árboles, así como varios ejemplares de sequoas americanas. Aquí el tiempo disponible era de una hora. Tras esto, regreso en barco hasta Puerto Pañuelo y vuelta al hotel. La excursión dura en total unas 4 horas.

Con esto dimos por finalizada la actividad turística del día y nos dispusimos a cenar algo. Acudimos al lugar del día anterior, pues el sitio nos había gustado y para nuestra sorpresa nos encontramos con un cartel que anuncia que se trasladan a otra dirección y han desmantelado todo el restaurante en un día. Decidimos probar suerte en el Boliche de Alberto, en el de parrillas, porque hay otros establecimientos con el mismo nombre, pero de pasta. Pedimos unas empanadas de los cuatro tipos que tienen y estaban de muerte. También algo de carne, cordero, pollo y bife. Las chuletillas de cordero carbonizadas, pero con el hambre que teníamos nos supieron hasta buenas. Yo pedí una botella de 1 litro de cerveza Quilmes, pues por allí es habitual y no tiene el sentido peyorativo de litrona que tiene en España y mi mujer agua. En total, sin postre, creo recordar que pagamos algo menos de cien pesos. Más que razonable.

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Día 5 - Traslado de Bariloche a El Calafate

Nuestro vuelo hacia El Calafate salía a las 13:30 horas y pasaron a recogernos a las 12:00, puntuales. La distancia hasta el aeropuerto es de unos 12 km y se hacen en un momento. El vuelo, que venía de Buenos Aires y siempre hace escala en Bariloche camino de Calafate, llegó puntual. Nos sirvieron una especie de comida y según nos aproximábamos a El Calafate el comandante tuvo el gran detalle de ir comentándonos todos los glaciares que sobrevolamos. Unas vistas realmente maravillosas y espectaculares. Aquí tomé ya mis primeras fotos de los glaciares. Fantástico detalle del comandante, que realmente se portó. El vuelo duró una hora y media y aterrizamos sin problemas. Allí nos estaba esperando nuestro transfer para llevarnos hasta El Calafate. El aeropuerto está situado a unos 20 km.

Nuestro hotel era el Parque Hotel Calafate, un cuatro estrellas, esta vez bien merecidas. Hotel céntrico, justo al lado de la calle principal, muy buenas instalaciones, habitación muy amplia, baño amplio. El único reparo que le haría es que el desayuno no está tan acorde con el resto, un poco escaso. Por lo demás, perfecto.

Esa tarde, como ya teníamos contratadas las dos excursiones que haríamos los días siguientes, la dedicamos a dar un paseo por el pueblo y familiarizarnos con el lugar. Comimos un helado en Aquarela, riquísimo, de dulce de leche, y para cenar, decidimos hacer caso de las numerosas recomendaciones de La Tablita, pero cuando llegamos y eso que tan sólo eran las 20:00 horas, no había sitio. Había que reservar para el día siguiente, así que lo hicimos de esa manera. Al final, como andábamos un poco cansados de no hacer nada decidimos comprar una pizza y comerla en el hotel viendo la tele.

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Día 6 - El Calafate. Excursión Todo Glaciares

Nuestro transfer nos había dado al llegar una carta de bienvenida del receptivo Chalten Travel, que era quien nos prestaba el servicio de la excursión "Todo Glaciares" y "Minitrekking por el Perito Moreno". Nos convocaban a las 7:00 de la mañana para trasladarnos hasta Puerto Bandera, lugar desde el que parten todas las embarcaciones para hacer la excursión "Todo Glaciares". La noche anterior nos habían pasado en la habitación los tickets para el barco, nos había tocado el número 6.

A las 07.00 de la mañana, desayunados y con unos pequeños bocadillos que nos hicimos en el desayuno con queso, fiambre y algo de fruta, ya estábamos dispuestos, con enorme ilusión, a visitar los glaciares. Nos dieron las 7:15, las 7:30 y con un cabreo monumental entré a la recepción del hotel para que llamaran a la agencia para averiguar qué pasaba con nuestro traslado. Le dijeron que el autobús iba de camino, recogiendo gente en los hoteles. Al final a las 7:50 apareció el hombre, con apenas diez personas en el autobús recolectadas por los hoteles. En fin, que por regla debían de citar a todos los turistas a las 7:00 de la mañana y luego te recogen cuando toca. Recorrimos otros diez minutos en el bus y paramos a esperar a que viniera otro bus a recogernos para llevarnos a todos juntos al puerto. Total, que nos habíamos levantado a las 6 de la mañana, y para cuando llegamos al puerto, eran las 9. Allí, en Puerto Bandera, había un total de 6 barcos, con capacidad para unas 300 personas cada uno. Imaginaos la cantidad de gente esperando para embarcar, siempre previo pago de la tasa de entrada al Parque Nacional de los Glaciares. Esta vez ya decidí adoptar nacionalidad argentina y pagar como tal, lo que supuso una notable diferencia económica, en concreto de pagar 40 pesos/persona a quedarse la cosa en 12 pesos/persona.

La excursión Todo Glaciares consiste en una navegación a través del lago argentino y sus distintos brazos, hasta llegar a los dos glaciares más importantes, el Upsala y el Spegazzini. En nuestro caso, y ya desde hace bastante tiempo, el canal de acceso al Upsala estaba bloqueado por enormes icebergs, así que nos tuvimos que conformar con navegar hacia el Spegazzini, bastante más pequeño que el Upsala. La navegación lleva unas dos horas, se hace un poco pesada, pero como se van viendo icebergs por el camino, pues parece más llevadero. La embarcación nuestra era el ALM, un catamarán, con cubierta interior con cómodas butacas y otra exterior superior sin asientos para que la gente pueda admirar los paisajes. Soplaba un viento del demonio y por momentos no se podía casi ni estar en la cubierta exterior. Frío no hacía mucho, pero el viento hacía que la sensación térmica fuera más baja.

Llegamos al glaciar Spegazzini, el barco se recreó durante unos quince minutos dando tiempo a la gente a tomar fotos por ambos costados y de regreso al Canal de Los Témpanos que da acceso al glaciar Upsala y que estaba bloqueado por enormes icebergs, tomamos más fotos y nos dirigimos hacia la cara norte del Perito Moreno, para compensar el intento fallido de visitar el glaciar Upsala. Tras otra hora de navegación avistamos por fin el Perito Moreno. A todo esto el tiempo ya había cambiado varias veces pasando de un sol radiante, a nubes y cuando llegamos al Perito Moreno, incluso lloviendo algo, lo cual dificultó la maniobra de hacer buenas fotos, pero aún así algo se consiguió e incluso vimos un par de desprendimientos de tamaño medio. Desde allí regresamos a puerto.

En resumen, la excursión, que en condiciones normales debería permitir el descenso de la gente en la Bahía Onelli, y pasear un rato por allí, se había reducido a un paseo en barco durante 9 horas, porque la llegada a puerto fue a las 17:00 horas, sin que la gente pudiera tomar tierra en todo el trayecto. En momentos el espectáculo era medio barco cabeceando de lado a lado al ritmo del balanceo, gente en cubierta admirando el paisaje y otros pasando el tiempo de la mejor manera posible, charlando o jugando a las cartas. A mi juicio, demasiado tiempo metidos en una embarcación. Por lo demás, la mayoría de nosotros nunca más volveremos a ver glaciares, por lo que era una oportunidad que había que aprovechar y por supuesto que recomendaría esta excursión a todo el mundo.

Tras la llegada a puerto, otros 45 minutos de autobús de vuelta a El Calafate y salimos a cenar algo. Esta vez optamos por ir a Rick's, en plena Avda. Libertador (calle principal de la ciudad). Una parrilla que tenía un bufet libre de carne por 45 pesos/persona con cordero patagónico, bife, vacio, morcilla, ensaladas, etc. Nos gustó bastante y el precio, de nuevo, más que razonable.

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Día 7 - El Calafate. Excursión Minitrekking por el Glaciar Perito Moreno

Hoy sí parece que el número que montamos ayer en la oficina de Chaltén Travel ha surtido efecto y puntuales aparecen a recogernos los primeros del recorrido. Recolectamos por el camino al resto de gente en unos cuantos hoteles más y nos ponemos rumbo al Parque Nacional de los Glaciares. El glaciar Perito Moreno se encuentra a 85 km más o menos de El Calafate. El trayecto dura poco más de una hora y cuarto. A la entrada del parque nacional hay que pasar de nuevo por taquilla, mejor dicho, la taquilla sube al autobús para ahorrar tan engorroso trámite al ansioso turista. Resumiendo, 40 pesos/persona por entrar al mismo Parque Nacional que el día anterior. Hoy me dio más palo pasar por argentino porque todos éramos españoles y la hábil estrategia de acercar la taquilla al turista me pilló un poco distraído.

Recorremos unos pocos kilómetros más dentro del Parque y llegamos al pequeño puerto desde donde parten las embarcaciones que conducen al punto de partida de las excursiones del minitrekking por el Perito Moreno. La embarcación cruza de un lado al otro del brazo y ahí te esperan los guías que nos acompañarán. Tras unas breves explicaciones sobre el minitrekking y en general sobre la formación glacial, partimos andando hasta el borde del glaciar a través de un camino marcado por el interior de un bosquecillo. En unos diez minutos llegamos y nos ponen los crampones, bueno, ellos los llaman grampones. Sin ellos sería imposible caminar por el hielo. El espectáculo de ver el glaciar tan de cerca y poder pisarlo es una sensación inolvidable. La caminata del minitrekking no es para nada exigente, pues incluso en nuestro grupo había una señora de 68 años, sí como lo escribo. La mujer estaba empeñada en hacerlo y lo hizo. Su hijo estaba más sorprendidos aún que nosotros. Nos agruparon en bloques de once personas, con un guía cada grupo y empezamos a caminar en fila india por unos senderos que más o menos estaban marcados sobre el hielo. Que nadie piense que andar por un glaciar es como andar por la nieve, terreno liso y blando. Todo lo contrario, terrenos escarpados y continuas subidas y bajadas, como pequeñas colinas, con unas vistas de las grietas, pasadizos pozas pequeñas, etc. impresionante. Tras aproximadamente una hora, y casi al final, llegamos a una zona donde tienen una mesa de madera con unas botellas de whiskey y unos alfajores para reponer fuerzas. El hielo para enfriar el whiskey obvio contar de donde lo tomamos. Repuestas las energías continúa la caminata un par de minutos hasta un mirador desde donde se tienen unas espectaculares vistas del glaciar y de allí a quitarnos de nuevo los crampones y vuelta al refugio para tomar nuestras viandas.

Alrededor de las tres de la tarde llega el barco que nos traslada de nuevo al otro lado donde nos espera el autobús para en unos diez minutos acercarnos a las pasarelas para contemplar con más detenimiento el glaciar Perito Moreno, las imágenes que todos tenemos en mente de la gente apoyada en ellas. Desde las pasarelas vemos las imágenes características de glaciar y la gente apoyada contemplando el espectáculo. Aquí la parada dura una hora más o menos. Nosotros apenas vimos desprendimientos grandes. Desde aquí, acaba la visita con el regreso de vuelta a El Calafate.

Este día teníamos reservada mesa en La Tablita, Un sitio amplio con un servicio excelente y una comida muy buena. Nosotros pedimos medio bife de chorizo y cordero patagónico mi mujer y un postre que era mousse de dulce de leche. Muy bueno todo y nos costó unos 150 pesos los dos, sin vino.

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