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Colombia

COLOMBIA

Diario de viaje a Colombia, un paraíso por descubrir

Data Data viatge: 2012. Publicat el 20/02/2013
2.1 de 5 (89 vots)

Introducción

Nota

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Aunque ya había estado anteriormente en Colombia en dos ocasiones no había pasado de La Guajira, en el Caribe, así como de algunas de sus grandes ciudades, como Medellín y Bogotá... Ahh!! y se me olvidaba también el eje cafetero.

Porque Colombia es muy grande y tiene otros atractivos y mágicos lugares impresionantes para poder visitar, por lo que en esta vez me propuse conocer la Colombia profunda, la Colombia del interior, así como la costa de este país bañado por las aguas del océano Pacífico para no perderme el espectáculo de ver a las ballenas jorobadas, reencontrarme con el Amazonas y poder ver a los delfines de río en sus santuarios, hacer una visita a uno de los lugares más bonitos y desconocidos del país como es Caño Cristales (el río de los cinco colores), conocer el impresionante Santuario de Las Lajas en Ipiales o contemplar el cielo estrellado desde el desierto de Tatacoa...

Esta vez preparé mucho menos el viaje, me dejé llevar... De hecho, del tiempo que disponía (alrededor de un mes), casi un tercio lo dejé libre, lo que me permitió estirar o bien encoger mis estancias en los diferentes lugares por los que pasé.

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 DIARIO DE VIAJE: RUTA DE LETICIA AL DESIERTO DE LA TATACOA

Llegada a Colombia

El viaje se inicia un 20 de octubre, con un vuelo cuyo origen es Madrid y con destino Bogotá, con la compañía Iberia (cuyo pasaje a través de puntos Travel resulta a mitad de precio, dato importante a tener en cuenta), en un vuelo que se demora unas 10 horas desde la T-4 de Madrid-Barajas hasta el aeropuerto de El Dorado en la capital colombiana. Del trayecto poco que decir: Iberia cada vez tiene los asientos más pequeños e incómodos y las azafatas son demasiado serias. Lo mejor, sin duda, fue el vino en las comidas.

La llegada y entrada al aeropuerto de Bogotá no ofrece mayores problemas, y eso que en mi caso debía de coger un vuelo con Copa Airlines a la ciudad de Leticia y apenas tenia una hora de tiempo, a lo que cabía añadir el tener que cambiar de terminal. El vuelo Bogotá-Leticia dura 2 horas y pagué por él un precio de 261.000 $ (pesos colombianos, con un cambio medio aproximado de 2.330 $/Euro), un pelin caro, pero no hay mayores alternativas porque la segunda aeroliñea que vuela a la región del Amazonas (Leticia), que es LATAM Airlines, tiene sus pasajes a un precio similar.

La diferencia es que esta última vuela por la mañana y Copa en horario de tarde (18:00 horas). En cualquier caso, en apenas 2 horas, y sincronizando mi llegada a Bogotá en el vuelo de iberia, todavía dispuse de casi una hora para hacerme con un boleto aéreo de Copa. Finalmente eran casi las 20:30 horas cuando llegué a Leticia.

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Leticia, puerta del Amazonas colombiano

Pero hablemos de Leticia, la capital de la amazonía Colombiana, con 115 kilómetros de orilla en el río Amazonas, una ciudad que hasta 1922 perteneció a Perú y que inicialmente se llamaría San Antonio, aunque nadie sabe porque se cambió por el nombre actual y situada en la triple frontera, al compartir las aguas del río amazonas con Brasil y Perú, con unas comunicaciones que son fluviales, porque no hay carreteras (la más cercana está a 800 km) y para llegar hasta este lugar hay que venir en avión.

El alojamiento es muy importante cuando llegas a un destino: yo por defecto aconsejo siempre intentar reservar o elegir un lugar que se encuentre céntrico, siempre evaluando y sopesando los precios, pero es verdad que en múltiples ocasiones el presunto ahorro se va al traste al gastártelo en taxis y transporte. Dicho lo cual, mi primera opción era alojarme en un sitio que yo supuse que era céntrico, hecho éste que no era del todo cierto, y muchas veces no es por evitar el tener que andar, sino que también por otros factores como la seguridad. Normalmente a mayor alejamiento en lugares turísticos, el riesgo de un robo o sufrir un contratiempo se eleva.

Encontré en una guía de viajes un hostel recomendado, de nombre Mahatu Hostel, donde atiende un interesante tipo muy simpático que se llama Gustavo, es brasileño y está siempre muy atento a todo. El lugar está bien y es económico, pero está un pelín alejado y se nota cierto abandono en las instalaciones, el wifi a pesar de publicitarse que existe, no funcionaba y me dio la sensación de no existir mucho interés por solucionarlo. El precio de las habitaciones, que son compartidas, es de 25.000 $/noche.

Tras pasar la primera noche, unos 500 metros más abajo encontré un lugar mucho más recomendable, de mayor equipamiento, pero eso sí, más caro, 60.000 $ la habitación individual con A/A y demás. Su hombre el Hotel de la Selva (calle 7 nº 7-28, en el barrio punta brava, a solo 3 cuadras del centro de Leticia y a 3 cuadras de la frontera con Brasil. La gente que lo regenta es encantadora e incluso se ofrecieron a llevarme en carro al aeropuerto el día que me iba.

En las inmediaciones del hotel, junto a la calle 8, hay varias panaderías interesantes donde poder desayunar frugalmente y a buen precio.

Cosas para ver y hacer en Leticia... vamos a ver¡¡¡. Yo creo que es de obligado cumplimiento, y lo hago extensivo a todos aquellos lugares con muchas cosas para ver, el hacerse una composición de lugar y llevar la información si se puede desde origen, porque el ahorro de tiempo puede ser considerable, si bien en ocasiones hay o surgen excursiones o visitas no previstas, pero eso ocurre pocas veces.

Comunidad sostenible en Puerto Nariño
Comunidad sostenible en Puerto Nariño

En el caso de ésta ciudad fronteriza hay tres cosas que no podemos dejar de hacer. La primera, por cercanía, es cruzar a la cercana isla de Santa Rosa (Perú), a poder ser al mediodía, y comer dando muy buena cuenta del un Piraricu, o pez del amazonas muy grande y sabroso típico de Perú y donde mejor lo preparan. Esta isla se encuentra justo enfrente de Leticia y no hace falta realizar ningún tramite aduanero o de inmigración (al igual que si pasamos a Tabatinga, en el lado brasileño de la frontera). Santa Rosa no tiene nada más que ver, salvo que poder decir que has estado en Perú.

La actividad principal en la que yo invertiría mi tiempo sería ir hasta Puerto Nariño, alquilando o hablando con algún lanchero en el muelle de Leticia con el fin de arreglar un buen previo y escaparse por espacio de una hora en una especie de tour por el río Amazonas y sus afluentes y poder deleitarse viendo la vasta fauna y flora: los osos perezosos o los nenúfares o flores del loto que pueblan éste inmenso río, incluidos los bufeos o toninas (delfines rosados de río), que para mi fue lo mejor de la visita a esta ciudad, la mayor en población de toda la zona que comprende la triple frontera.

En los catálogos y folletos turísticos las agencias locales nos recuerdan tropecientos mil sitios para ver en la zona, como la isla de los micos y diversos parques, pero salvo que vayamos a estar más de una semana lo más sustantivo del lugar pasa por coger a primera hora de la mañana una lancha colectiva a Puerto Nariño para recorrer 75 km aguas arriba de los ríos Amazonas y Loretajaco, uno de sus afluentes, y regresar en la de las 16:00 horas, la última en volver (no merece la pena a quedarse a dormir en Puerto Nariño). El trayecto, que dura unas 3 horas, tiene un coste de 30.000 $.

Teniendo como punto de partida Puerto Nariño se puede visitar el lago Tarapoto (santuario de los botos, bufoes o delfines rosados). Cabe decir que en ésta ciudad el respeto por el medio ambiente es escrupuloso, los vehículos a motor están prohibidos, el agua de lluvia (todos los días cae una tromba de agua durante unos minutos) se recoge para su aprovechamiento en la limpieza y los jardines en grandes cisternas y la electricidad proviene de un generador municipal (sin cortes ahora las 24 horas). La mayoría de sus vecinos son de las etnias Ticumas Cocamas y Yaguas, que en su conjunto forman 22 comunidades y suman 6.000 personas de las cuales la mitad vive en Puerto Nariño.

En el muelle de Leticia, que no en el puerto, ya que son dos lugares distintos, de donde salen las lanchas se puede preguntar y como decía anteriormente ir en lancha durante unas horas por el Amazonas y poder ver delfines, rosados y grises, así como monos perezosos y demás aves, sin olvidarnos de la flora, (no vi ninguna piraña).

El centro de Leticia tiene poco que ver: de hecho un presunto museo etnografico que aparece en las guías, cuando fui estaba cerrado por obras por espacio de unos meses y salvo dar una vuelta por el centro (plaza) y buscar alguna escultura interesante donde poder hacerse una foto, no conviene perderse el espectáculo de los miles de pericos y el estruendoso ruido que hacen sobre las 17:30 h, cuando vuelven a los árboles del centro del parque de la ciudad a dormir.

Si sobra tiempo aconsejo pasar a la vecina ciudad de Sabatina en un moto taxi (llevan peto los conductores), y una vez allí en su muelle ir a conocer la ciudad de Benjamín Constant (mezcla de culturas), famosa por sus sabrosos dulces y de donde salen los barcos hacia Manaos (6 días por el río), y ciudad sede del próximo Mundial de Fútbol de Brasil 2014, por lo que se había corrido la noticia que una tercera aerolínea Avianca, de capital al parecer brasileño, iba a abrir una ruta Manaos-Leticia-Bogotá a principios del año 2013, algo muy aplaudido por todo el mundo consultado por aquello de que los precios deberían tender a su descenso.

Dejo atrás Leticia y la amazonía colombiana (con una superficie de 395.000 km² es un territorio casi del tamaño de España) en dirección a Bogotá. También se queda aquí el fuerte calor y la humedad, en este rincón del mundo alejado y al que afortunadamente el turismo todavía viene, pero en muy pequeñas cantidades.

Leticia, salvo si se quiere organizar excursiones más largas, no da para más y como hay que salir volando, pues con un poco de suerte en función de la antelación de la compra y del día de la semana se puede obtener un billete a precio de promoción, en alguna de las dos aerolíneas que actualmente operan la ruta, pero hay que pelearlo y merece la pena dedicar unas horas o tiempo al tema, porque el precio estándar del billete no suele bajar de los 261.000 $.

Tras algo más de 2 horas de viaje desde Leticia, de nuevo regresamos a Bogotá, la capital del país. Del aeropuerto a la terminal única de bus en Bogotá merece la pena agarrar un taxi y hacerse a la idea que la carrera no te va a costar menos de unos 15.000 $.

Una vez allí, en mi caso me proponía ir hacia Villavicencio, una ciudad que dista de Bogotá a unas 2,5 horas, por un precio que ronda los 20.000 $ con la empresa Flota Magdalena, pero que debido a los trancones o cortes propiciados por las obras de un túnel, podía pasarte lo que a mi me pasó, que a las 9 de la noche se cortó al tráfico hasta las 4 de la madrugada, y por unos 15 minutos no logramos superar el punto de las obras y fuimos condenados a permanecer en la carretera horas y horas,.. Estos cortes son un hecho muy habitual en Colombia (recuerdo que años atrás también los sufrí en Venezuela, pero sin duda Colombia se lleva la palma), algo que no debe extrañar porque las carreteras en este país son un autentico desastre.

Al final, mira por donde, al llegar de día a Villavicencio me ahorré una noche de hotel. Con un taxi me dirigí al aeropuerto cuando estaba amaneciendo. Hay que decir que la actividad de los vuelos en éste aeródromo no empiezan hasta cerca de las 8 de la mañana en cualquiera de las apenas cuatro agencias que operan con sus avionetas hasta La Macarena, una localidad perdida en el departamento de Meta a más de 10 horas de autobús y a la que llegas en apenas 1 hora en un vuelo.

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Caño Cristales, la gran estafa

La Macarena es una pequeña población de unos 30.000 habitantes que alberga una auténtica joya en uno de sus ríos, más conocido como Caño Cristales debido a unas algas que crecen en el fondo del cauce, dándole a este un aspecto de color rojo, verde y azulado que es digno de admiración, pero que se ve empañado por una organización pésima, deficiente, que intenta timar al viajero, que priorizan a los grupos de turistas que van por agencia, porque a esos el palo que se les pega es monumental. Un autentico atraco, por la experiencia sufrida, y que en ningún momento me llegué a imaginar que me iba a pasar.

Llegado al aeropuerto de La Macarena la espera se me hace agradable, los vigilantes de seguridad muy atentos te dan todo tipo de información mientras abren las agencias, a eso de las 7:00 h, y es ahí cuando empieza la aventura.

Me dirijo a cada una de las diferentes agencias, por si puedo contratar un billete de ida y de vuelta a un buen precio y me encuentro que el precio apenas varía de una a otra empresa y estamos hablando de una media de 425.000-450.000 $ (boleto de ida y vuelta). A la pregunta de si puedo hacer el pago con tarjeta (por su alto precio para hacerlo en efectivo) en tan sólo una de ellas me dicen que no hay ningún problema y me hablan de 400.000 $. Minutos más tarde aparecen un grupo de turistas rusos a los que el precio es todavía mucho más alto (450.000 $ por trayecto). Si os animáis al final a ir hasta allí yo os recomendaría contratar con esta empresa, cuyo nombre es Ecoturismo Sierra la Macarena (no obstante percibí que otros pagaron más por el mismo vuelo, sorprendente).

El viaje y el trayecto, del que dicen que a uno le deja embelesado, he de decir que tampoco me pareció que paisajísticamente estuviera fuera de lo normal y además nos tocó, en vez de una avioneta de 5 plazas que es lo habitual, un avion de 30 plazas, que utilizan para grupos grandes, con lo cual el encanto se pierde un poco al ir en el interior de un avión ruso, sentado lateralmente en unos bancos y en el medio situada toda la carga. Vaya, de película!!.

Una vez en destino se acercan a los viajeros varias personas (guias) de una asociación que es la que se encarga en exclusiva de hacer los tours por Caño Cristales, con el fin de ir conformando los grupos, pero sin que en ningún momento vea ningún panel con los precios de cada servicio, ni folleto alguno. Además, como los grupos varían en tamaño es o debería ser normal que los precios se ajustaran, porque no es lo mismo que cobren por salida o grupo o por persona a nivel individual. Este extremo tampoco en ningún momento queda claro, a pesar de las preguntas, porque las escursiones deben de contar con guía, un lanchero y un campero o vehículo todo terreno. En principio me hablan de un precio total, que se supone que se divide por el número de miembros del grupo, en nuestro caso éramos 11, los 10 rusos y yo. Bueno, pues ojo al dato, que la sorpresa vendrá al final.

En Caño Cristales
En Caño Cristales

Dada la hora que era, quedamos para primera hora del siguiente día. La excursión empieza con una pequeña caminata de 300 metros hasta un muelle en la orilla del río Guayabero para tomar una lancha que te deja, tras unos 15 minutos de recorrido, unos kilómetros aguas arriba (zona fuertemente militarizada), donde te espera un señor con un todo terreno, que a su vez te acerca a un punto situado a unos 2 km del río y donde se puede ver ya esta maravilla de la naturaleza.

Aquí hay un pequeño destacamento del ejército colombiano en unas cabañas, algo habitual porque el ejército está por todos los sitios en pequeños grupos y que no debe sorprender porque esta zona en la actualidad es segura, pero no está muy lejos de la zona roja o zona que controla la guerrilla.

Además de las preguntas del día anterior, volví de nuevo a formularlas para saber el precio del tour, pero siempre me encontraba la misma respuesta: ya hablaremos. El día, en lo climatológico, no pudo ser peor por la tromba de agua que nos cayó durante todo el día, por lo que el río Caño Cristales, al bajar muy crecido, no dejaba ver la belleza de los colores de su cauce. Por eso, tras varias horas guarecidos junto al ejército bajo una tejabana-comedor de campaña, optamos por retirarnos. Y a pesar del poco entusiasmo mostrado por los 2 guías, nuestra insistencia surtió efecto y pudimos salvar el día con una excursión más pequeña a Cristalitos, una zona de río más cercana a La Macarena y con menos caudal, donde había dejado de llover y pudimos observar las algas en algunos de sus tramos.

Ante mi insistencia y ya una vez en el pueblo, me dicen que el precio a pagar es de 150.000 $ por los 2 días. Ante mi extrañeza por lo elevado del precio me dicen que lo van a revisar y que no habrá problemas, pero no dejó de ser una artimaña para ganar tiempo y consumar, deduzco, la segunda excursión al día siguiente, donde finalmente pudimos ver Caño Cristales en un día seco y con el cauce del río normal, por lo que pudimos observar éste río, denominado de los cinco colores, en todo su esplendor. Alargamos la excursión por nuestra insistencia ante los guías para poder visitar algunas cascadas o saltos un poco más alejados.

Al final la explicación que me dieron sobre el precio fue que a la hora de repartir los gastos habían partido de la base de hacer dos grupos: el primero era el grupo de rusos y el segundo grupo yo (curioso). Total que repartieron los gastos de los días y se supone que yo pagaba un día todo y el segundo día lo pagaban los rusos. Me quedé de piedra, vaya, reparto equitativo de los gastos y a todo esto las tarifas brillan por su ausencia. No pude poner una hoja de reclamaciones, porque en la especie de oficina que tienen en el aeropuerto de La Macarena no tienen (por no tener no tienen ni folletos) ni una dirección de correo electrónico donde poder contactar, increíble.

La conclusión que me llevé yo del lugar, que es muy bonito, es que no merece la pena ir a un lugar donde te estafan, no te informan debidamente, y encima con premeditación te dan largas, para una vez que ya has hecho la excusión, darte el precio final.

Quiero que lo sepa todo el mundo: ir a Caño Cristales es, o se supone que es, sufrir en tus carnes un auténtico atraco y estafa, porque además no hay alternativa posible bien de ir por libre o con otras empresas. Viajeros, no vayais a Caño Cristales, el trato dispensado es paupérrimo. Hay muchos sitios en Colombia donde tratan mejor al visitante. La impresión que me llevé fué la de un negocio montado para ganar dinero, pero con una infraestructura, trato y atención que no es de recibo. Colombia tiene muchos sitios bonitos, agradables y en donde no le ven a uno con cara de tonto. Insisto, el lugar está muy bien, pero visto lo visto pienso que lo mejor es que se queden allí en su río para hacer caja con los grandes grupos, que vergüenza....¡¡¡.

El regreso a La Macarena se produjo, en mi caso, en una avioneta propiedad de un simpático piloto de descendencia alemana y además pude ir montado con él delante, con lo cual se me hizo muy agradable el retorno, además de poder hacer muy buenas fotos. Una vez en el aeropuerto, al andar los grupos y las mochilas repartidas entre las avionetas por aquello del peso, me tocó esperar una media hora a que llegara mi bolsa.

La salida del aeropuerto de La Macarena la hice en un taxi para ir, en principio, a la terminal de autobuses, pero me dijeron que a la salida de la ciudad, en una marquesina de Avenida hacen parada los autobuses, con lo que se ahorra mucho tiempo y además con el añadido de poder contar con vanettes (furgonetas de 8 plazas) que en ese mismo lugar a medida que se completan van saliendo hacia Bogotá (precio trayecto: 25.000 $). Así, en la vanette llegué a Bogotá en tan solo 1,5 horas (una hora menos de lo que cuesta en autobús, por lo que los 5.000 $ de diferencia bien que merecen la pena).

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Popayán, una agradable sorpresa

Una vez en Bogotá, mi próximo destino era Popayán, una de las sorpresas, por inesperada, más agradables de mi viaje. Es una ciudad tranquila, de aire colonial y universitaria, elegante y con múltiples iglesias para visitar, además de servir de punto de partida para desviarme de la ruta que en principio apuntaba al sur y adentrarme hacia el este, donde poder ver parques arqueológicos o simplemente estar contemplando las estrellas en un desierto, que también los tiene Colombia, como es el de La Tatacoa.

Teatro Municipal de Popayán
Teatro Municipal de Popayán

En el viaje de Bogotá a Popayán estuve viajando toda la noche y debo admitir que, a pesar de las 12 horas de viaje, se hace muy agradable el trayecto porque llegas a la ciudad de Popayán a primera hora de la mañana. Muy cerca de la terminal de autobuses, para alojarse, aconsejo un maravilloso hostel por atención e instalaciones, que se llama Hostel Trail (muy bueno, así como su precio, 28.000 $).

Popayán es considerada como la Ciudad Blanca de Colombia por sus casas encaladas y, tras Cartagena,en el Caribe colombiano, es una de las ciudades coloniales más importantes de este país. Me encontré con una ciudad muy tranquila, que contrasta, según me cuentan, con un animado ambiente estudiantil en los bares, plazas y cafés al disponer de varias universidades.

Esta ciudad es una escala importante en la ruta entre Cartagena y Quito. Además cuenta con un clima suave, lo que animó en el siglo XVI a familias acomodadas de la ciudad de Cali a empezar a construir mansiones, escuelas e imponentes iglesias y monasterios, así como un gran teatro que permanece abierto y aún con actividad a día de hoy (el pasado día 27 de Octubre de 2012 actuó el ballet ruso).

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San Agustín

San Agustín, mi próximo objetivo en este viaje, dista poco más de 134 km de Popayán y es famoso por contar con uno de los parques arqueológicos más importantes de Colombia y que es Patrimonio de la Humanidad.

Parque arqueológico de San Agustín
Parque arqueológico de San Agustín

En el parque arqueológico de San Agustín hay centenares de estatuas, alrededor de 500, que se encuentran diseminadas por los campos de la zona, en una extensión que abarca unos 2.000 km². En su gran mayoría estas figuras son de temática fúnebre.

En el municipio de San José de Isnos, a pocos kilómetros de San Agustín, hay otros dos pequeños parques arqueológicos que, si se dispone de tiempo, se pueden visitar.

Llegar a San Agustín fue un ejercicio de paciencia, pues nos costó unas 6 horas (35.000 $), al estar la carretera en su totalidad en obras, las cuales duran ya unos 4 años. Unos kilómetros antes de la llegada a destino el bus para en la carretera y se acercan unos jóvenes con una manguera de aire comprimido para quitar la mayor parte del polvo acumulado en la bodega donde está el equipaje.

Me gustó mucho la ciudad de San Agustín, con una actividad comercial frenética en las horas principales del día, pero a su vez muy tranquila.

Y tuve suerte con el alojamiento y que recomiendo encarecidamente: se llama El Jardín (situado en Carrera 11, nº 4-10, de San Agustín) y se trata de un hostel que por unos 20.000 $ (precio muy bueno) ofrece un lugar muy agradable, con plantas por todos los sitios y, lo mejor de todo, en el mismo centro, por no hablar de sus propietarias, unas colombianas majísimas.

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El desierto de la Tatacoa

Siguiendo con el desvío de la ruta marcada inicialmente, y dado que mi próximo destino era el desierto de La Tatacoa, resultó imprescindible llegar hasta la ciudad de Neiva desde San Agustín (4,5 horas, 35.000 $) para de allí, en una vanette desde la misma terminal, ir hasta la localidad de Villavieja por unos 5.000 $ (trayecto de 45 minutos).

En Villavieja, fin de ruta de la vanette, el mismo conductor se ofreció a llevarnos a cambio de 15.000 $/persona (eramos 3 viajeros) otros 6 kilómetros (trayecto de 10 minutos) hasta llegar a la puerta del desierto de La Tatacoa, el segundo más grande de Colombia.

Hay unas posadas rurales en las cercanías de un observatorio astronómico que se puede visitar por las noches y contemplar el firmamento de la mano de su director, Javier Fernando Rúa. El paisaje que se contempla parece de otro mundo (10.000 $ la entrada y la charla).

Imagen del desierto de Tatacoa
Imagen del desierto de Tatacoa

Yo conté ocho posadas y me alojé en una que tiene por nombre Las noches de Saturno, muy básica, al igual que el resto en cuanto a comodidades, con pocas horas de luz eléctrica (paneles solares). El precio en mi caso (hay habitaciones de varios tipos) fue de 25.000 $. La posada estaba a unos 500 metros del observatorio.

La Tatacoa es la segunda región más arida de Colombia, con 330 km² de extensión y en el que viven unas 72 especies de animales.

A éstas alturas del viaje querría hacer un pequeño comentario acerca del dinero y la posibilidad cada vez más extendida y recomendable de ir sacando a través del cajero automatizo, porque es muy segura y encima sale a cuenta. Colombia cuenta con una amplia red de cajeros de muchos bancos, pero yo utilicé los de bAncolombia y la verdad es que salí muy contento. El limite diario en los cajeros es de 400.000 $. Insisto en que compensa al viajero, aún pagando comisiones en utilizar el cajero, porque se aplica siempre un tipo de cambio más alto y te dan más pesos que en una oficina de cambio al uso... Es cuestión de hacer números.

El viaje, una vez de regreso a Neiva, con el mismo tipo que nos había llevado a la ida, continuaría hasta la ciudad de Pasto, no sin antes pasar por Mocoa, donde apenas nos bajamos del bus, en la misma estación, y nos montamos en una furgoneta a la que le quedaban pocas horas con su entonces propietario porque mientras estábamos esperando la salida, el conductor mantuvo una animada conver- sación con un supuesto comprador y hablaban de un precio de venta de 40 millones de pesos.

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