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Colombia

COLOMBIA

Diario de viaje a Colombia, un paraíso por descubrir

Data Data viatge: 2012. Publicat el 20/02/2013
2.2 de 5 (97 vots)

Introducción

Nota

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Aunque ya había estado anteriormente en Colombia en dos ocasiones no había pasado de La Guajira, en el Caribe, así como de algunas de sus grandes ciudades, como Medellín y Bogotá... Ahh!! y se me olvidaba también el eje cafetero.

Porque Colombia es muy grande y tiene otros atractivos y mágicos lugares impresionantes para poder visitar, por lo que en esta vez me propuse conocer la Colombia profunda, la Colombia del interior, así como la costa de este país bañado por las aguas del océano Pacífico para no perderme el espectáculo de ver a las ballenas jorobadas, reencontrarme con el Amazonas y poder ver a los delfines de río en sus santuarios, hacer una visita a uno de los lugares más bonitos y desconocidos del país como es Caño Cristales (el río de los cinco colores), conocer el impresionante Santuario de Las Lajas en Ipiales o contemplar el cielo estrellado desde el desierto de Tatacoa...

Esta vez preparé mucho menos el viaje, me dejé llevar... De hecho, del tiempo que disponía (alrededor de un mes), casi un tercio lo dejé libre, lo que me permitió estirar o bien encoger mis estancias en los diferentes lugares por los que pasé.

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 DIARIO DE VIAJE: RUTA DE LETICIA AL DESIERTO DE LA TATACOA

Llegada a Colombia

El viaje se inicia un 20 de octubre, con un vuelo cuyo origen es Madrid y con destino Bogotá, con la compañía Iberia (cuyo pasaje a través de puntos Travel resulta a mitad de precio, dato importante a tener en cuenta), en un vuelo que se demora unas 10 horas desde la T-4 de Madrid-Barajas hasta el aeropuerto de El Dorado en la capital colombiana. Del trayecto poco que decir: Iberia cada vez tiene los asientos más pequeños e incómodos y las azafatas son demasiado serias. Lo mejor, sin duda, fue el vino en las comidas.

La llegada y entrada al aeropuerto de Bogotá no ofrece mayores problemas, y eso que en mi caso debía de coger un vuelo con Copa Airlines a la ciudad de Leticia y apenas tenia una hora de tiempo, a lo que cabía añadir el tener que cambiar de terminal. El vuelo Bogotá-Leticia dura 2 horas y pagué por él un precio de 261.000 $ (pesos colombianos, con un cambio medio aproximado de 2.330 $/Euro), un pelin caro, pero no hay mayores alternativas porque la segunda aeroliñea que vuela a la región del Amazonas (Leticia), que es LATAM Airlines, tiene sus pasajes a un precio similar.

La diferencia es que esta última vuela por la mañana y Copa en horario de tarde (18:00 horas). En cualquier caso, en apenas 2 horas, y sincronizando mi llegada a Bogotá en el vuelo de iberia, todavía dispuse de casi una hora para hacerme con un boleto aéreo de Copa. Finalmente eran casi las 20:30 horas cuando llegué a Leticia.

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Leticia, puerta del Amazonas colombiano

Pero hablemos de Leticia, la capital de la amazonía Colombiana, con 115 kilómetros de orilla en el río Amazonas, una ciudad que hasta 1922 perteneció a Perú y que inicialmente se llamaría San Antonio, aunque nadie sabe porque se cambió por el nombre actual y situada en la triple frontera, al compartir las aguas del río amazonas con Brasil y Perú, con unas comunicaciones que son fluviales, porque no hay carreteras (la más cercana está a 800 km) y para llegar hasta este lugar hay que venir en avión.

El alojamiento es muy importante cuando llegas a un destino: yo por defecto aconsejo siempre intentar reservar o elegir un lugar que se encuentre céntrico, siempre evaluando y sopesando los precios, pero es verdad que en múltiples ocasiones el presunto ahorro se va al traste al gastártelo en taxis y transporte. Dicho lo cual, mi primera opción era alojarme en un sitio que yo supuse que era céntrico, hecho éste que no era del todo cierto, y muchas veces no es por evitar el tener que andar, sino que también por otros factores como la seguridad. Normalmente a mayor alejamiento en lugares turísticos, el riesgo de un robo o sufrir un contratiempo se eleva.

Encontré en una guía de viajes un hostel recomendado, de nombre Mahatu Hostel, donde atiende un interesante tipo muy simpático que se llama Gustavo, es brasileño y está siempre muy atento a todo. El lugar está bien y es económico, pero está un pelín alejado y se nota cierto abandono en las instalaciones, el wifi a pesar de publicitarse que existe, no funcionaba y me dio la sensación de no existir mucho interés por solucionarlo. El precio de las habitaciones, que son compartidas, es de 25.000 $/noche.

Tras pasar la primera noche, unos 500 metros más abajo encontré un lugar mucho más recomendable, de mayor equipamiento, pero eso sí, más caro, 60.000 $ la habitación individual con A/A y demás. Su hombre el Hotel de la Selva (calle 7 nº 7-28, en el barrio punta brava, a solo 3 cuadras del centro de Leticia y a 3 cuadras de la frontera con Brasil. La gente que lo regenta es encantadora e incluso se ofrecieron a llevarme en carro al aeropuerto el día que me iba.

En las inmediaciones del hotel, junto a la calle 8, hay varias panaderías interesantes donde poder desayunar frugalmente y a buen precio.

Cosas para ver y hacer en Leticia... vamos a ver¡¡¡. Yo creo que es de obligado cumplimiento, y lo hago extensivo a todos aquellos lugares con muchas cosas para ver, el hacerse una composición de lugar y llevar la información si se puede desde origen, porque el ahorro de tiempo puede ser considerable, si bien en ocasiones hay o surgen excursiones o visitas no previstas, pero eso ocurre pocas veces.

Comunidad sostenible en Puerto Nariño
Comunidad sostenible en Puerto Nariño

En el caso de ésta ciudad fronteriza hay tres cosas que no podemos dejar de hacer. La primera, por cercanía, es cruzar a la cercana isla de Santa Rosa (Perú), a poder ser al mediodía, y comer dando muy buena cuenta del un Piraricu, o pez del amazonas muy grande y sabroso típico de Perú y donde mejor lo preparan. Esta isla se encuentra justo enfrente de Leticia y no hace falta realizar ningún tramite aduanero o de inmigración (al igual que si pasamos a Tabatinga, en el lado brasileño de la frontera). Santa Rosa no tiene nada más que ver, salvo que poder decir que has estado en Perú.

La actividad principal en la que yo invertiría mi tiempo sería ir hasta Puerto Nariño, alquilando o hablando con algún lanchero en el muelle de Leticia con el fin de arreglar un buen previo y escaparse por espacio de una hora en una especie de tour por el río Amazonas y sus afluentes y poder deleitarse viendo la vasta fauna y flora: los osos perezosos o los nenúfares o flores del loto que pueblan éste inmenso río, incluidos los bufeos o toninas (delfines rosados de río), que para mi fue lo mejor de la visita a esta ciudad, la mayor en población de toda la zona que comprende la triple frontera.

En los catálogos y folletos turísticos las agencias locales nos recuerdan tropecientos mil sitios para ver en la zona, como la isla de los micos y diversos parques, pero salvo que vayamos a estar más de una semana lo más sustantivo del lugar pasa por coger a primera hora de la mañana una lancha colectiva a Puerto Nariño para recorrer 75 km aguas arriba de los ríos Amazonas y Loretajaco, uno de sus afluentes, y regresar en la de las 16:00 horas, la última en volver (no merece la pena a quedarse a dormir en Puerto Nariño). El trayecto, que dura unas 3 horas, tiene un coste de 30.000 $.

Teniendo como punto de partida Puerto Nariño se puede visitar el lago Tarapoto (santuario de los botos, bufoes o delfines rosados). Cabe decir que en ésta ciudad el respeto por el medio ambiente es escrupuloso, los vehículos a motor están prohibidos, el agua de lluvia (todos los días cae una tromba de agua durante unos minutos) se recoge para su aprovechamiento en la limpieza y los jardines en grandes cisternas y la electricidad proviene de un generador municipal (sin cortes ahora las 24 horas). La mayoría de sus vecinos son de las etnias Ticumas Cocamas y Yaguas, que en su conjunto forman 22 comunidades y suman 6.000 personas de las cuales la mitad vive en Puerto Nariño.

En el muelle de Leticia, que no en el puerto, ya que son dos lugares distintos, de donde salen las lanchas se puede preguntar y como decía anteriormente ir en lancha durante unas horas por el Amazonas y poder ver delfines, rosados y grises, así como monos perezosos y demás aves, sin olvidarnos de la flora, (no vi ninguna piraña).

El centro de Leticia tiene poco que ver: de hecho un presunto museo etnografico que aparece en las guías, cuando fui estaba cerrado por obras por espacio de unos meses y salvo dar una vuelta por el centro (plaza) y buscar alguna escultura interesante donde poder hacerse una foto, no conviene perderse el espectáculo de los miles de pericos y el estruendoso ruido que hacen sobre las 17:30 h, cuando vuelven a los árboles del centro del parque de la ciudad a dormir.

Si sobra tiempo aconsejo pasar a la vecina ciudad de Sabatina en un moto taxi (llevan peto los conductores), y una vez allí en su muelle ir a conocer la ciudad de Benjamín Constant (mezcla de culturas), famosa por sus sabrosos dulces y de donde salen los barcos hacia Manaos (6 días por el río), y ciudad sede del próximo Mundial de Fútbol de Brasil 2014, por lo que se había corrido la noticia que una tercera aerolínea Avianca, de capital al parecer brasileño, iba a abrir una ruta Manaos-Leticia-Bogotá a principios del año 2013, algo muy aplaudido por todo el mundo consultado por aquello de que los precios deberían tender a su descenso.

Dejo atrás Leticia y la amazonía colombiana (con una superficie de 395.000 km² es un territorio casi del tamaño de España) en dirección a Bogotá. También se queda aquí el fuerte calor y la humedad, en este rincón del mundo alejado y al que afortunadamente el turismo todavía viene, pero en muy pequeñas cantidades.

Leticia, salvo si se quiere organizar excursiones más largas, no da para más y como hay que salir volando, pues con un poco de suerte en función de la antelación de la compra y del día de la semana se puede obtener un billete a precio de promoción, en alguna de las dos aerolíneas que actualmente operan la ruta, pero hay que pelearlo y merece la pena dedicar unas horas o tiempo al tema, porque el precio estándar del billete no suele bajar de los 261.000 $.

Tras algo más de 2 horas de viaje desde Leticia, de nuevo regresamos a Bogotá, la capital del país. Del aeropuerto a la terminal única de bus en Bogotá merece la pena agarrar un taxi y hacerse a la idea que la carrera no te va a costar menos de unos 15.000 $.

Una vez allí, en mi caso me proponía ir hacia Villavicencio, una ciudad que dista de Bogotá a unas 2,5 horas, por un precio que ronda los 20.000 $ con la empresa Flota Magdalena, pero que debido a los trancones o cortes propiciados por las obras de un túnel, podía pasarte lo que a mi me pasó, que a las 9 de la noche se cortó al tráfico hasta las 4 de la madrugada, y por unos 15 minutos no logramos superar el punto de las obras y fuimos condenados a permanecer en la carretera horas y horas,.. Estos cortes son un hecho muy habitual en Colombia (recuerdo que años atrás también los sufrí en Venezuela, pero sin duda Colombia se lleva la palma), algo que no debe extrañar porque las carreteras en este país son un autentico desastre.

Al final, mira por donde, al llegar de día a Villavicencio me ahorré una noche de hotel. Con un taxi me dirigí al aeropuerto cuando estaba amaneciendo. Hay que decir que la actividad de los vuelos en éste aeródromo no empiezan hasta cerca de las 8 de la mañana en cualquiera de las apenas cuatro agencias que operan con sus avionetas hasta La Macarena, una localidad perdida en el departamento de Meta a más de 10 horas de autobús y a la que llegas en apenas 1 hora en un vuelo.

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Caño Cristales, la gran estafa

La Macarena es una pequeña población de unos 30.000 habitantes que alberga una auténtica joya en uno de sus ríos, más conocido como Caño Cristales debido a unas algas que crecen en el fondo del cauce, dándole a este un aspecto de color rojo, verde y azulado que es digno de admiración, pero que se ve empañado por una organización pésima, deficiente, que intenta timar al viajero, que priorizan a los grupos de turistas que van por agencia, porque a esos el palo que se les pega es monumental. Un autentico atraco, por la experiencia sufrida, y que en ningún momento me llegué a imaginar que me iba a pasar.

Llegado al aeropuerto de La Macarena la espera se me hace agradable, los vigilantes de seguridad muy atentos te dan todo tipo de información mientras abren las agencias, a eso de las 7:00 h, y es ahí cuando empieza la aventura.

Me dirijo a cada una de las diferentes agencias, por si puedo contratar un billete de ida y de vuelta a un buen precio y me encuentro que el precio apenas varía de una a otra empresa y estamos hablando de una media de 425.000-450.000 $ (boleto de ida y vuelta). A la pregunta de si puedo hacer el pago con tarjeta (por su alto precio para hacerlo en efectivo) en tan sólo una de ellas me dicen que no hay ningún problema y me hablan de 400.000 $. Minutos más tarde aparecen un grupo de turistas rusos a los que el precio es todavía mucho más alto (450.000 $ por trayecto). Si os animáis al final a ir hasta allí yo os recomendaría contratar con esta empresa, cuyo nombre es Ecoturismo Sierra la Macarena (no obstante percibí que otros pagaron más por el mismo vuelo, sorprendente).

El viaje y el trayecto, del que dicen que a uno le deja embelesado, he de decir que tampoco me pareció que paisajísticamente estuviera fuera de lo normal y además nos tocó, en vez de una avioneta de 5 plazas que es lo habitual, un avion de 30 plazas, que utilizan para grupos grandes, con lo cual el encanto se pierde un poco al ir en el interior de un avión ruso, sentado lateralmente en unos bancos y en el medio situada toda la carga. Vaya, de película!!.

Una vez en destino se acercan a los viajeros varias personas (guias) de una asociación que es la que se encarga en exclusiva de hacer los tours por Caño Cristales, con el fin de ir conformando los grupos, pero sin que en ningún momento vea ningún panel con los precios de cada servicio, ni folleto alguno. Además, como los grupos varían en tamaño es o debería ser normal que los precios se ajustaran, porque no es lo mismo que cobren por salida o grupo o por persona a nivel individual. Este extremo tampoco en ningún momento queda claro, a pesar de las preguntas, porque las escursiones deben de contar con guía, un lanchero y un campero o vehículo todo terreno. En principio me hablan de un precio total, que se supone que se divide por el número de miembros del grupo, en nuestro caso éramos 11, los 10 rusos y yo. Bueno, pues ojo al dato, que la sorpresa vendrá al final.

En Caño Cristales
En Caño Cristales

Dada la hora que era, quedamos para primera hora del siguiente día. La excursión empieza con una pequeña caminata de 300 metros hasta un muelle en la orilla del río Guayabero para tomar una lancha que te deja, tras unos 15 minutos de recorrido, unos kilómetros aguas arriba (zona fuertemente militarizada), donde te espera un señor con un todo terreno, que a su vez te acerca a un punto situado a unos 2 km del río y donde se puede ver ya esta maravilla de la naturaleza.

Aquí hay un pequeño destacamento del ejército colombiano en unas cabañas, algo habitual porque el ejército está por todos los sitios en pequeños grupos y que no debe sorprender porque esta zona en la actualidad es segura, pero no está muy lejos de la zona roja o zona que controla la guerrilla.

Además de las preguntas del día anterior, volví de nuevo a formularlas para saber el precio del tour, pero siempre me encontraba la misma respuesta: ya hablaremos. El día, en lo climatológico, no pudo ser peor por la tromba de agua que nos cayó durante todo el día, por lo que el río Caño Cristales, al bajar muy crecido, no dejaba ver la belleza de los colores de su cauce. Por eso, tras varias horas guarecidos junto al ejército bajo una tejabana-comedor de campaña, optamos por retirarnos. Y a pesar del poco entusiasmo mostrado por los 2 guías, nuestra insistencia surtió efecto y pudimos salvar el día con una excursión más pequeña a Cristalitos, una zona de río más cercana a La Macarena y con menos caudal, donde había dejado de llover y pudimos observar las algas en algunos de sus tramos.

Ante mi insistencia y ya una vez en el pueblo, me dicen que el precio a pagar es de 150.000 $ por los 2 días. Ante mi extrañeza por lo elevado del precio me dicen que lo van a revisar y que no habrá problemas, pero no dejó de ser una artimaña para ganar tiempo y consumar, deduzco, la segunda excursión al día siguiente, donde finalmente pudimos ver Caño Cristales en un día seco y con el cauce del río normal, por lo que pudimos observar éste río, denominado de los cinco colores, en todo su esplendor. Alargamos la excursión por nuestra insistencia ante los guías para poder visitar algunas cascadas o saltos un poco más alejados.

Al final la explicación que me dieron sobre el precio fue que a la hora de repartir los gastos habían partido de la base de hacer dos grupos: el primero era el grupo de rusos y el segundo grupo yo (curioso). Total que repartieron los gastos de los días y se supone que yo pagaba un día todo y el segundo día lo pagaban los rusos. Me quedé de piedra, vaya, reparto equitativo de los gastos y a todo esto las tarifas brillan por su ausencia. No pude poner una hoja de reclamaciones, porque en la especie de oficina que tienen en el aeropuerto de La Macarena no tienen (por no tener no tienen ni folletos) ni una dirección de correo electrónico donde poder contactar, increíble.

La conclusión que me llevé yo del lugar, que es muy bonito, es que no merece la pena ir a un lugar donde te estafan, no te informan debidamente, y encima con premeditación te dan largas, para una vez que ya has hecho la excusión, darte el precio final.

Quiero que lo sepa todo el mundo: ir a Caño Cristales es, o se supone que es, sufrir en tus carnes un auténtico atraco y estafa, porque además no hay alternativa posible bien de ir por libre o con otras empresas. Viajeros, no vayais a Caño Cristales, el trato dispensado es paupérrimo. Hay muchos sitios en Colombia donde tratan mejor al visitante. La impresión que me llevé fué la de un negocio montado para ganar dinero, pero con una infraestructura, trato y atención que no es de recibo. Colombia tiene muchos sitios bonitos, agradables y en donde no le ven a uno con cara de tonto. Insisto, el lugar está muy bien, pero visto lo visto pienso que lo mejor es que se queden allí en su río para hacer caja con los grandes grupos, que vergüenza....¡¡¡.

El regreso a La Macarena se produjo, en mi caso, en una avioneta propiedad de un simpático piloto de descendencia alemana y además pude ir montado con él delante, con lo cual se me hizo muy agradable el retorno, además de poder hacer muy buenas fotos. Una vez en el aeropuerto, al andar los grupos y las mochilas repartidas entre las avionetas por aquello del peso, me tocó esperar una media hora a que llegara mi bolsa.

La salida del aeropuerto de La Macarena la hice en un taxi para ir, en principio, a la terminal de autobuses, pero me dijeron que a la salida de la ciudad, en una marquesina de Avenida hacen parada los autobuses, con lo que se ahorra mucho tiempo y además con el añadido de poder contar con vanettes (furgonetas de 8 plazas) que en ese mismo lugar a medida que se completan van saliendo hacia Bogotá (precio trayecto: 25.000 $). Así, en la vanette llegué a Bogotá en tan solo 1,5 horas (una hora menos de lo que cuesta en autobús, por lo que los 5.000 $ de diferencia bien que merecen la pena).

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Popayán, una agradable sorpresa

Una vez en Bogotá, mi próximo destino era Popayán, una de las sorpresas, por inesperada, más agradables de mi viaje. Es una ciudad tranquila, de aire colonial y universitaria, elegante y con múltiples iglesias para visitar, además de servir de punto de partida para desviarme de la ruta que en principio apuntaba al sur y adentrarme hacia el este, donde poder ver parques arqueológicos o simplemente estar contemplando las estrellas en un desierto, que también los tiene Colombia, como es el de La Tatacoa.

Teatro Municipal de Popayán
Teatro Municipal de Popayán

En el viaje de Bogotá a Popayán estuve viajando toda la noche y debo admitir que, a pesar de las 12 horas de viaje, se hace muy agradable el trayecto porque llegas a la ciudad de Popayán a primera hora de la mañana. Muy cerca de la terminal de autobuses, para alojarse, aconsejo un maravilloso hostel por atención e instalaciones, que se llama Hostel Trail (muy bueno, así como su precio, 28.000 $).

Popayán es considerada como la Ciudad Blanca de Colombia por sus casas encaladas y, tras Cartagena,en el Caribe colombiano, es una de las ciudades coloniales más importantes de este país. Me encontré con una ciudad muy tranquila, que contrasta, según me cuentan, con un animado ambiente estudiantil en los bares, plazas y cafés al disponer de varias universidades.

Esta ciudad es una escala importante en la ruta entre Cartagena y Quito. Además cuenta con un clima suave, lo que animó en el siglo XVI a familias acomodadas de la ciudad de Cali a empezar a construir mansiones, escuelas e imponentes iglesias y monasterios, así como un gran teatro que permanece abierto y aún con actividad a día de hoy (el pasado día 27 de Octubre de 2012 actuó el ballet ruso).

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San Agustín

San Agustín, mi próximo objetivo en este viaje, dista poco más de 134 km de Popayán y es famoso por contar con uno de los parques arqueológicos más importantes de Colombia y que es Patrimonio de la Humanidad.

Parque arqueológico de San Agustín
Parque arqueológico de San Agustín

En el parque arqueológico de San Agustín hay centenares de estatuas, alrededor de 500, que se encuentran diseminadas por los campos de la zona, en una extensión que abarca unos 2.000 km². En su gran mayoría estas figuras son de temática fúnebre.

En el municipio de San José de Isnos, a pocos kilómetros de San Agustín, hay otros dos pequeños parques arqueológicos que, si se dispone de tiempo, se pueden visitar.

Llegar a San Agustín fue un ejercicio de paciencia, pues nos costó unas 6 horas (35.000 $), al estar la carretera en su totalidad en obras, las cuales duran ya unos 4 años. Unos kilómetros antes de la llegada a destino el bus para en la carretera y se acercan unos jóvenes con una manguera de aire comprimido para quitar la mayor parte del polvo acumulado en la bodega donde está el equipaje.

Me gustó mucho la ciudad de San Agustín, con una actividad comercial frenética en las horas principales del día, pero a su vez muy tranquila.

Y tuve suerte con el alojamiento y que recomiendo encarecidamente: se llama El Jardín (situado en Carrera 11, nº 4-10, de San Agustín) y se trata de un hostel que por unos 20.000 $ (precio muy bueno) ofrece un lugar muy agradable, con plantas por todos los sitios y, lo mejor de todo, en el mismo centro, por no hablar de sus propietarias, unas colombianas majísimas.

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El desierto de la Tatacoa

Siguiendo con el desvío de la ruta marcada inicialmente, y dado que mi próximo destino era el desierto de La Tatacoa, resultó imprescindible llegar hasta la ciudad de Neiva desde San Agustín (4,5 horas, 35.000 $) para de allí, en una vanette desde la misma terminal, ir hasta la localidad de Villavieja por unos 5.000 $ (trayecto de 45 minutos).

En Villavieja, fin de ruta de la vanette, el mismo conductor se ofreció a llevarnos a cambio de 15.000 $/persona (eramos 3 viajeros) otros 6 kilómetros (trayecto de 10 minutos) hasta llegar a la puerta del desierto de La Tatacoa, el segundo más grande de Colombia.

Hay unas posadas rurales en las cercanías de un observatorio astronómico que se puede visitar por las noches y contemplar el firmamento de la mano de su director, Javier Fernando Rúa. El paisaje que se contempla parece de otro mundo (10.000 $ la entrada y la charla).

Imagen del desierto de Tatacoa
Imagen del desierto de Tatacoa

Yo conté ocho posadas y me alojé en una que tiene por nombre Las noches de Saturno, muy básica, al igual que el resto en cuanto a comodidades, con pocas horas de luz eléctrica (paneles solares). El precio en mi caso (hay habitaciones de varios tipos) fue de 25.000 $. La posada estaba a unos 500 metros del observatorio.

La Tatacoa es la segunda región más arida de Colombia, con 330 km² de extensión y en el que viven unas 72 especies de animales.

A éstas alturas del viaje querría hacer un pequeño comentario acerca del dinero y la posibilidad cada vez más extendida y recomendable de ir sacando a través del cajero automatizo, porque es muy segura y encima sale a cuenta. Colombia cuenta con una amplia red de cajeros de muchos bancos, pero yo utilicé los de bAncolombia y la verdad es que salí muy contento. El limite diario en los cajeros es de 400.000 $. Insisto en que compensa al viajero, aún pagando comisiones en utilizar el cajero, porque se aplica siempre un tipo de cambio más alto y te dan más pesos que en una oficina de cambio al uso... Es cuestión de hacer números.

El viaje, una vez de regreso a Neiva, con el mismo tipo que nos había llevado a la ida, continuaría hasta la ciudad de Pasto, no sin antes pasar por Mocoa, donde apenas nos bajamos del bus, en la misma estación, y nos montamos en una furgoneta a la que le quedaban pocas horas con su entonces propietario porque mientras estábamos esperando la salida, el conductor mantuvo una animada conver- sación con un supuesto comprador y hablaban de un precio de venta de 40 millones de pesos.

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 DIARIO DE VIAJE: RUTA DE PASTO A BOGOTÁ

Pasto, un lugar para quedarse

El mal estado de las carreteras del sur de Colombia es una evidencia. Desde Mocoa a la ciudad de Pasto el recorrido me recordaba a algunas carreteras de Bolivia por los precipicios, su estrechez y la ausencia de pretiles o quitamiedos con lo cual, como fue mi caso, si te toca justo en la ventanilla de la furgoneta y en el lado del precipicio os puedo asegurar que hay momentos, sobre todo cuando viene algún vehículo de frente y hay que hacer maniobras para que uno de los dos vehículos logre pasar, que, la verdad, resulta un poco angustioso.

A eso hay que añadir que la carretera está en obras, no tiene asfalto y el viaje se prolonga durante unas 6 horas, además de otras cinco que invertí desde Neiva hasta Mocoa. Vaya, que casi casi comprobé que la linea del culo se me había borrado.

Pasto es una ciudad muy especial. No destaca por su belleza, pero si por el encanto y la simpatía de su gentes. De hecho son famosos los pasteños por los chistes, una especie de leperos en España. Dicen que por dos motivos fundamentales, porque hablan como cantando y por su voraz apetito hacia una especie de ratones gigantes y silvestres de nombre Cuy, muy apreciados en el lugar, pero asados.

Esta ciudad, de 400.000 habitantes, es muy barata para vivir. Baste como ejemplo decir que una carrera de taxi (grande) por la ciudad cuesta al cambio 1,5 €. Y es que alejarse de las zonas turísticas de Colombia por excelencia, como Cartagena, Santa Marta o San Andrés, nos acerca a la realidad de los verdaderos precios en este país. Unos días atrás en Neiva me quise tomar un botellín de agua mineral y al preguntar su precio la respuesta fue 2.000 $ y el de una Coca-cola de 0,33 cl. era de 1.500 $. Increíble hasta donde hemos llegado, el refresco de cola es más barato que el agua...

Pasto, por otra parte, tiene muchas iglesias, el volcán Galeras (al que esta prohibido subir por estar activo), la laguna verde (así conocida y a unos 30 km, muy distante, pero a la que no descarto ir) y una laguna Cocha (laguna en lengua quechua) que se vende como atractivo, pero donde salvo el dar un paseo en lancha (25.000 $) y visitar la pequeña isla de La Corota (con plantas autóctonas, y unas buenas vistas) a través de un sendero ecológico balizado entre un denso bosque, además de poder comer una trucha de vivero en las docenas de restaurantes vacíos estos días por encontrarnos fuera de temporada, es totalmente prescindible su visita. Por si esto fuera poco, el carácter del lugar es alpino en sus construcciones (se nota la mano de un arquitecto suizo que me dicen que fue contratado en su día por un hotel de la zona, el hotel Sindamanoy, que inspiró a los locales...curioso!!!.

Quise haber ido desde Pasto a la laguna verde (así la anuncian algunas agencias turísticas locales) e ir desde esta ciudad en excursión hasta la laguna verde (volcán El Azufral) cerca de Ipiales, pero hice bien en no hacer caso, porque desde Ipiales sale más a cuenta en precio, además de estar mucho más cerca.

El hotel San Sebastian (en Carrera 22, nº 15-78, en el mismo centro de la ciudad de Pasto) llama la atención porque su recepción está en la segunda planta, por lo que cuando llegas a registrarte y cargado con el peso de tu bolsa o mochila resulta muy difícil que afloren y salgan las palabras y hay que coger el resuello. El hotel, por lo demás, está muy bien, así que lo recomiendo.

Antes de finalizar con Pasto no quiero pasar por alto la casa más antigua en pie de la ciudad, del año 1623, actualmente ocupada por el Museo Taminango de Artes y Tradiciones Populares de Nario, y el Museo del Carnaval. Este museo esta en fase de ordenación, pero me dejaron visitarlo muy amablemente. Del Museo del Oro, formado por dos pequeñísimas salas, decir que reune diferentes piezas de oro y de cerámica utilizados siglos atras por los habitantes de este departamento colombiano de Nariño.

Por otra parte el Carnaval de Pasto es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y muy famoso en Colombia por ser el primero del año en celebrarse (del 2 al 7 de Enero). Se le denomina Carnaval de Negros y Blancos y su origen y nombre se remonta a los tiempos pasados de dominación española, cuando a los esclavos se les permitía celebrar su fiesta el día 5 de Enero. Ese día los señores se pintaban de negro y los esclavos de color blanco. Año tras año la ciudad enloquece y 400.000 personas toman la calle todos los días.

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Las Lajas, en busca de un milagro

Continuando con el viaje de nuevo un autobús me llevaría muy cerquita de la frontera con Ecuador, a la localidad de Las Lajas, más conocida por el santuario en honor a la Virgen de las Lajas, que causa auténtica veneración, especialmente entre los ecuatorianos, y que provoca una marea o riada continua de peregrinos que cruzan la frontera para pedirle algún deseo a ésta Virgen.

Petición de donativos en Las Lajas
Petición de donativos en Las Lajas

Desde la terminal de bus de Ipiales, una ciudad horrorosa, existe la posibilidad de coger un taxi para que te lleve hasta el santuario, distante a unos 7 km, y que se ha convertido en un pequeño pueblo, pues hay toda una industria turística, con restaurantes y hoteles alrededor de este asombroso lugar en plena montaña. El precio de la carrera es de unos 8.000 $, pero la gente lo comparte, pagando menos, pero hasta que no se llenan las 4 plazas no sale el vehículo (aunque cabe la posibilidad de pagar los 8.000 $ y salir al instante).

Un dato muy importante y que muchos viajeros desconocen, es que todo aquel que esté interesado en visitar y quedarse allí, recomendar que no se aloje en la ciudad de Ipiales, sino que suba hasta Las Lajas, por precio, seguridad y por cosas para poder ver. Yo tuve suerte, porque justo enfrente del santuario hay una casa de reposo que pertenece a unas monjitas franciscanas y, por un módico y modesto precio de 15.000 $, puedo asegurar que conseguí el alojamiento ideal, junto al santuario, con unas vistas impagables del mismo desde la ventana de mi habitación, viendo amanecer. Es un alojamiento que recomiendo por su ubicación ideal.

Diariamente, desde ambos lados de la frontera, vienen centenares de devotos de esta Virgen al suntuoso y espectacular Santuario de Las Lajas a venerar y pedir favores y peticiones tales como curaciones o buenos deseos, y a la búsqueda de ese milagro como el que ocurriera en el año 1750, cuando se cuenta que esta Virgen evitara que unas niñas, una de ellas sordomuda, refugiadas en el interior de una cueva ante una fuerte tormenta cayeran en manos del diablo y logrando además que hablara esta niña al ver su figura.

Llama la atención como esta estructurado el propio santuario, en el que está prohibida la venta ambulante, en el que hay que pagar 500 $ por ir al baño, mientras en carteles muy visibles se nos informa de donde realizar las donaciones o entrega de limosnas. Todo un negocio que se va reforzar en breve con la instalación y puesta en marcha de un teleférico de 1,2 km, de recorrido sufragado a medias por la gobernación y el santuario. Bien pensado posibilitara que personas de avanzada edad e impedidos puedan acceder al mismo. En la actualidad las empinadas cuestas y escaleras salpicadas de placas de agradecimiento a la Virgen son una gran barrera a sortear.

La salida del Santuario de Las Lajas pasa inevitablemente por coger un taxi compartido (o privado si pagamos todo el pasaje) para ir a la terminal de autobuses de Ipiales.

Y desde esta misma terminal de autobuses de Ipiales se puede ir a Laguna Verde, una de las mejores excursiones que se pueden hacer por la zona, excursión que finalmente pude realizar antes de abandonar la localidad de Ipiales junto a un guía de la zona y a lo largo de 6,5 km de recorrido y de tortuosa subida (humedales).

Frailejones en Laguna Verde (Ipiales)
Frailejones en Laguna Verde (Ipiales)

Se puede acceder a la Laguna Verde desde dos distintos puntos: desde la localidad de Tuquerres o desde El Espino. Este último es más largo en recorrido, pero más bonito, y fue la opción finalmente por mi elegida. Este punto está en la misma carretera en dirección a Tuquerres, donde hay que bajarse del bus o vanette.

Durante la travesía, de unas 6 horas de duración, el guía y yo tuvimos la ocasión de hablar de muchas cosas y de temas entre ellos de historias de contrabando de gasolina que se dan en la zona, al traer digamos que ilegalmente la gasolina en bidones desde la vecina Ecuador (a la mitad de precio) con lo que con su venta a terceros (taxis y camiones principalmente) muchas personas tienen una nueva forma de ganarse la vida con esta actividad. En el argot Colombiano se conoce como el rebusque, es. decir cualquier cosa que sale como posible trabajo se toma o se hace. Es el caso de mi guía.

Por otra parte, la zona o lugar donde se encuentra la Laguna Verde, así como otras lagunas más pequeñas, apenas tiene tirón turístico o promoción, según me cuentan, a pesar de haber mostrado interés en varias ocasiones el gobierno y de haber informado mediante charlas a sus habitantes de las potencialidades turísticas de toda esta zona. Pero es un trabajo en vano, porque los más viejos del lugar (indígenas), se niegan en redondo al considerar el volcán El Azufral (en su cráter, a 4.000 metros de altura, se encuentra la Laguna Verde) como una montaña sagrada. Las fotos hablan por sí solas y son de una belleza sin parangón.

Desde Ipiales se puede optar por cruzar la frontera y pasar a Ecuador o dar media vuelta e ir hacia Pasto o Cali. La opción por mi elegida fue ir en dirección a Cali. El recorrido de Ipiales a Cali, de unas 10 horas aproximadamente, cuesta 40.000-50.000 $. Dadas las horas de viaje quizás sea mejor hacerlo de día, porque de noche, como fue mi caso, es donde puede haber más problemas e incluso en varios lugares del itinerario, de madrugada, los autobuses de las diferentes empresas se concentran y van en convoy por motivos de seguridad hasta la ciudad de Cali.

Y aunque ya viene la advertencia en algunas guías de viaje, conviene andar con cuidado de los amigos de lo ajeno en este trayecto de autobús (de Ipiales a Cali), no por posibles asaltos con violencia, sino más bien por descuidos, como fue mi caso por quedarme dormido en el autobús (estaba destrozado por la pateada matinal al Azufral) y en el que alguien se bajó en Pasto, pero con mi mochila de mano... huelgan más comentarios al respecto.

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Cali, la ciudad de los sin techo

Que nadie quiera ver, a modo de aviso, que tengo alguna animadversión contra esta ciudad, en la que permanecí más tiempo del previsto como consecuencia de un robo sufrido en el trayecto desde Ipiales a Cali, una ciudad que resulta ser muy poco amable con el foráneo.

Cali es, para mí, pelín hostil, peligrosa, de trafico caótico, de personas sin techo que te encuentras en la calle durmiendo a cualquier hora del día y de un centro, el de la ciudad, que enmudece desde las 5 de la tarde, así como durante los días considerados festivos, domingos incluidos, dando paso a la hora de los malandros o mala gente que desde que oscurece va acercándose hacia el centro, convirtiéndose toda la zona más céntrica de la capital, desde la carreras 3 a la 8 (al menos las que yo pude comprobar), en un territorio comanche.

Los días de fiesta, o pasadas las horas de luz, una buena alternativa consiste, y así lo hace la gente local, en acudir al centro comercial Chipichape, como fue en mi caso, u otros muy fashion y dotados de amplias galerías comerciales de lujo y de ocio, con restaurantes y tiendas de primerísimas marcas y franquicias en donde, como botón de muestra, no falta la empresa gallega Zara... y simplemente, como digo, el ir allí representa el poder pasar la tarde o unas horas, tranquilo, seguro y consumiendo, claro...patético!!!.

Plaza de San Francsco (Cali)
Plaza de San Francsco (Cali)

No me ha dejado un poso muy positivo, en líneas generales, la ciudad de Cali, donde todos los días en los periódicos locales la violencia de sus calles ocupa sus portadas. Con casi 3,5 millones de habitantes, tras Bogotá y Medellín, esta ciudad tiene en proporción a sus habitantes más taxis que Nueva York, unos 19.000, que sumados a los piratas o clonados la cifra asciende a 22.000.

Los escasos rincones para descansar existentes en Cali son el barrio de San Antonio (tradicional), donde por su estilo colonial encontramos la plaza de San Francisco y sus miles de palomas, y algunas iglesias como la iglesia de San Antonio, la más antigua de la ciudad o la iglesia de la Merced, así como la plaza de los poetas y varios miradores como el mirador de Cristo Rey, el Cerro de las Tres Cruces y el Mirador de Belalcazar, a los que se aconseja subir en taxi por motivos de seguridad.

Pero citemos los aspectos positivos de esta ciudad, como por ejemplo el hotel donde me alojé, el hotel Plaza-Cali (en Carrera 6, 10-29), muy céntrico y a un interesante precio de 50.000 $/noche. En la parte positiva de Cali también está la gente de la propia ciudad que, por lo general, es muy maja y abierta. Aconsejo los fines de semana, dado que donde estaba alojado no había manera de desayunar (los fines de semana no hay servicio), irse dando un paseo y buscar por ejemplo el hotel Mudéjar, de 4 estrellas, evidentemente de más nivel que mi hotel y en el que preguntando me dijeron que podía entrar a desayunar y a un precio muy asequible.

Para los recorridos y tours por la ciudad, y a un buen precio, el taxista Eduardo Guzmán (muy majo y además es guía), junto a algunos taxis que se encuentran junto al hotel Intercontinental, el mejor de la ciudad, prestan el servicio, pudiéndose contratar por un tiempo determinado para una salida por la ciudad y su entorno.

Si la vía elegida para salir de Cali fuera la aérea, recordad que el aeropuerto Alfonso Bonilla de Cali se encuentra muy alejado del centro (a unos 20 km), por lo que habrá que olvidarse del taxi, ya que el precio de la carrera puede costar casi 60.000 $, cuando en el bus no te costará más de 5.000 $, por ejemplo con la compañía Líneas Consul S.A., un autobús cuya parada está a unas cuadras del hotel Plaza (preguntad por ella).

La ciudad de Cali no merece invertir más de 2 días de tiempo, salvo desplazarse a la ciudad de Buga (a t4 km de Cali, precio trayecto 8.000 $). Buga es una ciudad de 250.000 habitantes y volcada en cuerpo y alma para la impresionante basílica del Señor de los Milagros (de 1907) en un tono de color rosado que a nadie deja indiferente. Aquí podemos pasar un día, en donde además de su visita, el acercarse al Museo del Señor de Los Milagros (enfrente) e incluso hacer algunas compras en las innumerables tiendas repletas de souvenirs religiosos relacionados con la ciudad, su Virgen y su basílica.

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Buenaventura, tierra de buen gente

Mi próximo objetivo era acercarme hacia la costa del Pacífico, con el objetivo de contemplar a las ballenas jorobadas a orillas de éste inmenso océano, que no hace honor a su nombre, y recalar en una ciudad que cuenta con el puerto marítimo más importante por volumen de entrada y salida de mercancías del país.

Buenaventura es una ciudad que se autodenomina tierra de gente buena. Y entre los meses de Junio y Octubre es el punto desde donde se pueden hacer salidas para realizar avistamientos de ballenas jorobadas, cuando vienen desde tierras antárticas a aparearse, dar a luz, amamantar y cuidar de sus crías, calculándose que en torno a un número de 1.000 optan por el Pacifico colombiano.

Desde Buenaventura es fácil desplazarse por lancha a las localidades cercanas de Juanchaco o de Ladrilleros. Hay que coger la lancha en el muelle de Buenaventura, donde operan muchas empresas (yo opté por Embarcaciones Asturias, una recomendada en el hotel). Y una vez en alguna de estas dos localidades hacer las salidas a los avistamientos de ballenas, que en mi caso fue con una suerte relativa por encontrarse la mar un poco arbolada y dar con tan solo una ballena y su cría, a las que pudimos seguir y grabar en vídeo.

Es impresionante ver un animal de casi 60 toneladas y 18 metros de envergadura salir a la superficie. La pena es que llegué un poco tarde y ya se habían todas, bueno todas no, al menos a dos pude ver, mecachis...!!!. Por ello tendré que volver nuevamente, en otras fechas anteriores, a una ciudad que recomiendo su visita como lugar para conocer, a diferencia de algunas recomendaciones de algunas guias (p.e. la Lonely Planet). lugar que como digo está realmente muy bien si te quedas lo imprescindible, en mi caso para ver ballenas.

Traté de salir de Buenaventura y evitar pasar por Cali, aunque me resultó imposible dirigirme hacia el norte (Bahia Solano) ni siquiera en barco (los martes) para ir al departamento del Choco, porque no hay carreteras directas y todo el transporte de personas y cosas se hace vía Cali. En aquellos días, además, la guerrilla de las FARC habian decretado un paso armado, lo que significaba que ni las empresas de autobuses de Bogotá o Medellín salían y cubrían el trayecto... muy complicado todo.

En cuanto al alojamiento en Buenaventura los precios son ligeramente más altos que en el resto y rondan los 50.000-60.000 $/noche. Yo estuve alojado en primera línea de océano, en un hotelito con encanto llamado Los Delfines, en Calle 1, #5A 03.

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Del Cauca al Caribe, toda una aventura

El regreso de Buenaventura a Cali es el mismo que a la ida, a través de una buseta o vanette, y tras 2 horas y mediade viaje llegar a Cali, desde donde, dado que me dirigía hacia el norte del país, alcanzar a coger un autobús hasta Medellín, y aquí, a su vez, ya coger un autobús hasta Sincelejo (Sucre), donde el calor es axfisiante: estamos ya en el Caribe colombiano.

En mi deseo de ganar tiempo recalé primero en Pereira, ciudad por la que paso por segunda vez (la primera fue en 2010), y de la que me han hablado muy bien, en concreto de su Catedral de Nuestra señora de la Pobreza, de madera, muy bonita (36.602 m3, ahí es nada!!), pero otra vez me tocó estar en tránsito, para ya en otras 5-6 horas alcanzar Medellín.

Monumento a la Fandanguera (Sincelejo)
Monumento a la Fandanguera (Sincelejo)

Esta ciudad, Medellín, a diferencia de Bogotá, cuenta con dos terminales terrestres, con lo cual según el destino final tienes que ir a una u otra para coger el autobus correcto. Yo venia del sur y, efectivamente, el autobús me dejó en la terminal sur, por lo que tuve que pillar un taxi e ir hasta la terminal norte, en la que dado la hora que era (medianoche) me vi obligado a pasar noche en ella y esperar hasta las 7 de la mañana, cuando subo a un autobús de la empresa Rapidochoa (83.000 $) y tras unas 10 horas de viaje, lo cual no está nada mal, llegar a Sincelejo, tras un periplo largo y agotador de 4 autobuses y viajando durante algo más de 24 horas por el país.

En Sincelejo, capital del departamento de Sucre y donde el termómetro no desciende de los 25 ºC durante la noche, estuve alojado en una anterior ocasión (ver Relato de viaje a Venezuela y Colombia en esta misma web) en el hotel Residencias Moderna Sport, en Calle 21-94 (antigua Puerta del Sol), un establecimiento barato, pelin cutre, pero muy asequible (unos 30.000 $/noche). Pero en esta ocasión, salvo la primera noche, me alojé en un hotelito nuevo llamado hotel Génesis, en Calle 32 nº 15-36 Av Alfonso Lòpez.

Rodeados de motos por todas partes (Sincelejo cuenta con más de 40.000 vehiculos de dos ruedas), esta ciudad es muy calurosa y no ofrece mayores atractivos turísticos, salvo sus playas de Tolu y Coveñas, sus fiestas de Enero y, atención, una variante de la fiesta de los toros llamada la corraleja (entre varias calles), así como la celebración de algunas ferias ganaderas y de un encuentro nacional de bandas de música anual en donde encontrarte con un extranjero por sus calles puede ser noticia.

Sincelejo, de 285.000 habitantes, tiene como símbolo a la fandanguera y a su ganadería, ciudad muy comercial y de servicios a la que he encontrado muy mejorada en tan solo dos años (el entorno de la plaza y su Catedral es realmente bonito), en donde el porvenir de muchos jóvenes es hacerse con una moto y ponerse ilegalmente de mototaxi a 1.000 $ la carrera, un precio a pagar más que interesante y a tener en cuenta, puesto que la misma carrera en taxi cuesta cinco veces más. El mototaxi ha resultado ser todo un fenómeno social de autoempleo ante la falta de trabajo desde la decada de los 90 y que emplea a unas 20.000 personas o motocicletas.

En la recta final de mi viaje y a una hora de vuelo con la compañía ADA (93.000 $, pero hay que estar atentos a las promociones) me desplazé desde la vecina Corozal hasta Medellín, ciudad que siempre digo que es la que más me gusta de éste país.

Medellín es la capital de la cultura, cosmopolita, amable, un claro ejemplo de una ciudad comprometida con el medio ambiente, muy bien urbanizada, de un clima uniforme durante todo el año (21/23 ºC), que incluso ha desplazado a Bogotá desde el punto de vista de desarrollo. En fin, por todo ello y por otras tantas cosas, bien merece esta ciudad una visita obligada cuando vengo a este país.

El alojamiento, esta vez, lo elegí en el barrio El Poblado, en un hostel de nombre Geo Hostel, en Carrera 35, 8A-58, a unas cuadras del Parque Lleras, en un barrio muy tranquilo y relativamente cercano al centro.

La ciudad de Medellín, de 3,5 millones de habitantes, cuyo centro enamora, cuenta con la plaza de Botero, sus iglesias, el Museo de Antioquia, el Palacio de la Cultura Rafael Uribe, el Parque explora o el pueblo paisa emblema de la cultura antioqueña en la cima del Cerro Nutibara y un largo etcétera.

De Medellín a Bogotá por carretera la distancia se cubre en 10 horas de autobús, claro que en avión se puede llegar en tan sólo una hora. La opción por mi elegida fue un vuelo de ADA por 137.000 $, la verdad un precio redondo y muy bueno el poder haberlo conseguido.

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Bogotá, una visita rápida y regreso a casa

Por regla general, en Latinoamérica todas las capitales de país no son precisamente lugares donde el viajero deba prodigarse en exceso, si exceptuamos ciudades como Quito o la ciudad de Buenos Aires (más bonitas desde el punto de vista colonial en el primero de los casos o para disfrutar de sus encantos en el caso de la capital argentina). El resto de capitales tan solo sirven de punto de inicio o partida y de final como destino de un vuelo aéreo previamente adquirido.

Bogotá no es una excepción. Yo ya habia estado en 2006 y salvo su casco antiguo (barrio de la Candelaria) y el Monserrate (mirador de la ciudad al que se accede por teleférico), Bogotá no reune esta ciudad mayores atractivos.

Con 8,5 millones de habitantes (aunque según versiones está cerca, si no ha rebasado ya, los 10 millones de almas. Los desplazamientos internos son tediosos, con sus calles saturadas a pesar de contar con un servicio de buses con carril exclusivo (Transmilenio), insuficiente, y que ahora están ampliando (más obras en el centro) y por si esto fuera poco el peatón gana terreno (7º carrera, peatonal en horario diurno), estando a la espera del inicio de la construcción del tan ansiado metro, que incomprensiblemente, me decía un taxista, ya ofertó el gobierno japonés hace unos años a coste cero y por 30 años de concesión y que fue rechazado por las autoridades colombianas.

Aprovechando mi corta estancia me propuse, como hago en otras ocasiones, visitar la Euskal Etxea o centro vasco en Bogotá (situado en Transversal 16A nº 45F-30A, Bogotá) para hacerles una visita y saludar a los vascos de la diáspora (no muchos en este país, a diferencia de países como Argentina, Uruguay, Chile y Venezuela). Constituida en 2003 y con una casa hace pocos años adquirida en este lugar por encontrarse junto al Parque de Gernika, tras su creacion hace 67 años en homenaje a esta villa de Bizkaia y por cercanía se puede leer a los antepasados del gran Simón Bolivar el libertador.

Imagen de la Catedral de Sal de Zipaquirá
Imagen de la Catedral de Sal de Zipaquirá

El vicepresidente de esta Euskal-etxea, Vicente Katarain, me enseña las obras de remodelacion en las que estan inmersos, como es la construccion de un gran txoko y de una espaciosa sukaldi (cocina). Para dentro de unos meses esperan, con todo terminado, acometer junto a la alcaldía de Bogotá una gran remodelación del parque con la ubicación de un gran mosaico de cerámica del Gernika de Picasso (donación de esta villa) de dimensiones reales (4 x 8,40 metros) y reunir unas 700 lozas. A día de hoy, la placa con el nombre del parque apenas es visible, de hecho para hacer la fotografía tuve que arrancar un cartel publicitario de una empresa que da clases de informática.

La Quinta de Bolivar, en el barrio de la Candelaria, es una casa museo que fue lugar de residencia del libertador Simón Bolívar durante 10 años y que no quise perderme.

También una segunda visita que me gustó mucho, donde me deleité, fue el contemplar la calificada como primera maravilla de Colombia: la Catedral de Sal de Zipaquirá, localidad ubicada a 48 km de la capital del país. Es una mina de sal que se encuentra a unos 180 metros de profundidad, en donde la mezcla de la luz y la forma de sus cavidades hacen de la visita una experiencia para recordar durante mucho tiempo.

No puedo por menos, aunque mi estancia en Bogotá no fue excesivamente ociosa, el recomendar un garito de copas muy peculiar cuyo nombre es Café Mercantil, con ambiente de tangos... un lugar distinto y muy sugerente para tomar una cerveza bien fría. Atención a las camareras... Su dirección es Calle 22, nº 9-23, Bogotá.

Alojamientos en la capital colombiana hay muchos y aquí sólo citaré un par de ellos: si se quiere estar en una zona tranquila, en la zona norte donde estuve, citar el aparthotel Vascones1937, en la calle 94 A nº 69B-40. Por contra, si lo que se desea es estar en el corazón de la ciudad, la mejor alternativa es el barrio de la Candelaria, donde abundan los hostel a muy buenos precios. Recomiendo, por poner un ejemplo, el Hostel Chocolate, ubicado en una antigua casona remodelada. Yo estuve varias noches alojado y salí muy contento, ya que además su ubicación es inmejorable.

Colombia, un país al que algún día sin duda alguna volveré de nuevo.

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Relat d'un viatge a Colòmbia - Sònia Graupera [2009]
COLÒMBIA - Guia i relat d'un viatge a Colòmbia - Yolanda & Toni (Viatgeaddictes) [1997]
Mirando al Sur - Más información en la web del autor.

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