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RUMANÍA

Relato de un viaje de 8 días a Rumanía

Data Data viatge: 2008. Publicat el 25/06/2008
2.4 de 5 (119 vots)

Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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Fechas del viaje

Del 14 al 21 de Marzo de 2008 (Semana Santa).

Moneda

La moneda oficial en Rumanía es el Ley Rumano. Cambio: 1 € = 3,67 leys.

El peor cambio lo encontramos en los puestos junto a la recogida de equipajes, dentro de la terminal del aeropuerto (cambio a 3,20 ley/€). Entre la terminal de llegadas y salidas, en la segunda planta, hay una oficina bancaria que te da un cambio normal. Por tanto, no merece la pena cambiar dentrod e la terminal si esta oficina va a estar abierta.

Costes del viaje

+ 66 € (avión)
+ 120 € (alojamiento)
+ 160 € (comidas y compras)
+ 94 € (alquiler coche)
+ 45 € (gasolina)
= 485 € (total por persona)

El alquiler del coche durante 7 días costó 188 euros, a razón de 26 euros por día.

Documentación

DNI o pasaporte, pero estamos en la Unión Europea y no te ponen sellito a menos que lo pidas. El carnet de conducir español es suficiente para conducir. En algunos museos y castillos admiten carnet de estudiante sobre el que se aplica algún descuento.

Seguridad

Nos sentimos totalmente seguros en el viaje. Hay mucha policía en los pueblos, prácticamente en todos por los que pasamos. En ningún momento tuvimos algún problema de seguridad de ningún tipo. Supongo que como en todos los sitios, ir con prudencia y sentido común.

Clima

Era marzo y aunque sólo nos llovió dos días, uno de ellos bastante, hacía fresquito en la zona de Brasov y en la zona Moldava.

Idioma

En general, vemos que la gente más joven habla inglés, que la gente más mayor habla francés y que alguno nos ha hablado en italiano e incluso en castellano. No obstante, hay bastantes palabras parecidas al castellano por las raices latinas. En la guia Amaya que nos llevamos venían algunas de las palabras claves que nos vinieron muy bien: Apa (agua), bere (cerveza), pui (pollo), moleta (tortilla), paine (pan), La revedere (adiós), Da (sí), Un (no), camera (habitación), biserica (iglesia), banca (banco), magazin (tienda).

Consejos

• Si alguien no ha leído Drácula, es el momento. Es un buen libro y te ambienta en el país.

• En la Feria de Turismo de Madrid conseguimos mucha información sobre Rumanía, especialmente mapas de carreteras y dos guías muy buenas sobre los monasterios de Moldavia y sobre Hoteles y Pensiones.

• Por todo el país hay pequeñas franquicias, llamadas Fornettis, donde venden hojaldres salados y dulces, fríos y calientes que están muy bien y son muy socorridos. Nos encantaron.

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 DIARIO DE VIAJE

Día 14 de marzo

Llegada a Bucarest desde Madrid con un vuelo directo de la compañía Easyjet (lo reservamos unos 4 meses antes). Duración del vuelo: unas 4 horas. La lectura por la azafata española de las instrucciones de emergencia en rumano, causó furor entre el pasaje rumano del avión.

El vuelo aterriza en el aeropuerto de Otopeni, a 16 km de Bucarest. Llegamos muy tarde y habíamos reservado por internet un hotel cercano al aeropuerto, Hotel Denise (por internet o telefono 0040 311034685/4), que además nos recogen en la propia terminal de llegadas. Llegó bastante tarde a recogernos, por lo que estuvimos un rato tratando con taxistas pesados que insistían que no iban a venir y que teníamos que coger su taxi. En ese tiempo vimos que hay una oficina de información en la terminal de llegadas justo a la derecha de donde sales. También vimos que en la planta de abajo, para el autobús que te lleva a Bucarest, es el 783 y te cuesta 7 leys por persona, te deja en el centro y para en distintos lugares céntricos como Piaza Romana, Piaza de la Republica y pasa habitualmente cada 15 minutos (los fines de semana un poco más). Nosotros, a la vuelta, lo cogimos para volver y es muy cómodo, tardamos unos 30-40 minutos porque coincidió que era viernes y había bastante atasco de salida de Bucarest.

El hotel está muy bien y cercano al aeropuerto, nada para ver a su alrededor, pero dadas las horas, sólo descansamos y nos preparamos para iniciar el viaje al día siguiente. A la hora de pagar el hotel vemos que cuando te dan precios en euros, el cambio que te aplican si luego quieres pagar en leys no es favorecedor para ti (en este caso nos quieren cobrar unos 3,85 leys por euro). Por lo que nos planteamos pagar en euros directamente. También admitían Visa. Pagamos unos 50 euros, lo más caro.

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Día 15 de marzo

Cogemos el autobús del hotel que nos devuelve al aeropuerto. Ahí hemos quedado con la compañía de alquiler de coches. Hemos reservado por internet con una compañía que se llama Prima y que hemos visto la más barata. Hemos cogido un Daewoo Matiz por 26 euros al día. Es un coche muy común en Rumanía y muy práctico. La única pega que le vemos es el maletero que es un poco pequeño, pero nos vale. La compañía nos coge un depósito de 250 euros y acordamos con ellos que dejaremos el coche en sus oficinas de Bucarest, el último día. Consejos para el coche: ojo con los radares, hay límite de 90 km/h en las grandes vías y de 50 en los pueblos y ciudades. En todos los pueblos hay un coche de policía a mitad del pueblo y a la entrada te indican que hay radar. Pese a la mala fama en conducción de Rumania que había leído, nosotros al menos no tenemos una mala impresión, sólo algún adelantamiento raro.

Iniciamos el viaje hacia Brasov, aproximadamente unos 150 km. La carretera desde el aeropuerto es muy facil de coger, dado que es la que pasa al lado y además es una autovía, es decir una carretera con dos carriles por sentido. Destacar que esta "autovía" tiene pasos de cebra, que no semáforo y que algún aguerrido peatón pasa por ellas, pero nunca vimos que hiciera parar a los coches, sino calcular la velocidad para no pillarles.

La carretera, al llegar a Ploiyvofa, se hace de un único sentido y luego vuelve a ser de dos. Paramos en Sinaia, primero en unos de los barrios periféricos de la ciudad, nos parece muy interesante, los mercados de frutas, las calles normales y algún colegio lleno de niños con sus padres. Luego paramos en Sinaia Centro para ver el castillo de Peles. Sinaia es una ciudad montañera, pequeña y bastante cuidada, hay oficina de turismo donde nos dan un mapa de la ciudad y nos confirman que, al contrario de lo que dicen las guías de viajes españolas, allí no hay ningún balneario y que las aguas termales más cercanas están a 300 km!!!!.

Castillo de Pelles en Sinaia
Castillo de Pelles en Sinaia

Antes de llegar al castillo de Peles hay un monasterio ortodoxo muy interesante, y dado que todo está en subida, es interesante parar a verlo y descansar un poco. Allí nos cuentan que fuera de la iglesia hay dos sitios para poner velas, en uno de ellos pones velas para los vivos y en la otra en memoria de los que no están. También cerca hay un jardín con tumbas dedicadas al soldado desconocido, hay muchas. El castillo de Peles puede ser visitado desde fuera, en especial sus jardines con estatuas y con vistas a las montañas y bosques que le rodean, sólo eso merece la pena, el entorno es muy bonito, el palacio muy diferente y además cuando fuimos empezó a nevar, con lo que era bastante idílico y hasta romántico. El castillo se puede visitar por dentro, hay visitas guiadas en inglés que son bastante didácticas y pensamos que mereció la pena. Además, alrededor hay otros edificios de la época muy interesantes.

Seguimos hacia Brasov con la intención de visitar el castillo de Bran. Saliendo de Sinaia vemos bastantes puestos de artesanía. Se sube un puerto de montaña y nos empieza a nevar, es un espectáculo, pero dada la hora, nos hace sacrificar el castillo de Bran. Entramos en Brasov, es una ciudad bastante grande. Es importante tener un mapa para entrar en la ciudad dado que las indicaciones al centro son bastante escasas.

Nos quedamos en el Hotel Corona (Vía Republica, 62 - Brasov; tel. 40268 477448), de dos estrellas, que está en la vía principal y peatonal en el centro del casco antiguo. Es un hotel antiguo, pero con bastante encanto, de habitaciones amplísimas, muy cómodas y en nuestro caso con vistas fantásticas a la calle principal. Nos cuesta unos 41 euros la habitación y dejamos el coche junto a la puerta.

La ciudad está muy cuidada y es muy bonita, especialmente la plaza principal, con la iglesia negra al fondo y el ayuntamiento en medio de la plaza. El centro mantiene la arquitectura original y existe parte de la muralla y de las puertas de la entrada. Como la ciudad está encajonada bajo una montaña, en lo alto de esta se pueden ver las letras al estilo Hollywood. En la plaza se encuentra la oficina de turismo, donde son muy amables y nos gestionan la reserva de alojamiento en Sibiu y Sighuisoara, nuestras próximas paradas. Vemos por primera vez una sucursal de la Banca Transilvana, que por su logo, colores y connotaciones nos hace mucha gracia.

La ciudad tiene buenos sitios para cenas, para desayunar y sobre todo es fantástico pasear por sus calles. Eso sí a partir de las 10-11 de la noche, empieza a decaer el ambientillo del centro radicalmente y queda desierto.

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Día 16 de marzo

Damos una vuelta por Brasov, sigue fantástica, desayunamos en una pastelería y tomamos el camino para Sibiu. Esta ciudad, en 2007 ha sido capital de la cultura europea, siendo la primera ciudad rumana que tiene este distintivo.

La carretera es bastante regular, permite viajar cómodo, pero no con velocidad, de vez en cuando baches y también zanjas, lo que hace algunas colas de coches hasta que los coches de enfrente pasan. Son unos 150 kilómetros aproximadamente. Durante el camino hemos visto indicaciones de iglesias fortificadas que son muy típicas de esta zona de Transilvania, pero hemos decidido esperar para llegar a Farlara.

Durante todo el viaje, a través de una gran llanura a la izquierda, vemos los montes de Farlara que se encuentran completamente nevados y que son impresionantes. Al llegar a Farlara paramos a comer y a ver el castillo fortificado de esta ciudad. El castillo tiene un foso con agua, una muralla y dentro está el palacio. La entrada es gratuita y el castillo no está muy cuidado, pero es una maravilla. Al lado hay una iglesia ortodoxa y también un mercado local de puestos de casi todo.

Seguimos hacia Sibiu y vemos en los lados de la carretera puestos de venta de productos como quesos, miel, vinos. En uno de estos paramos y compramos dos tipos de queso. Los vendedores son gente de la zona y la comunicación es la mar de divertida, nos hacen probar todos los quesos antes de elegir, que por cierto están muy buenos. Compramos dos muy grandes por unos 9 euros. En estos puntos ya hemos visto algunos carros tirados por caballos en la carretera, lo cual nos deja maravillados y muy sorprendidos.

En Sibiu tenemos la pensión Casa Baciu (Avenida 9 de Mayo, 29 - Sibiu; tel. 07210162222), de tres estrellas, que está en el centro histórico de la ciudad. Es un sitio muy agradable, una casa muy antigua (como toda la ciudad) de dos plantas y con un patio en el que dejamos el coche. La habitación tiene calefacción, baño, TV y es muy cómoda.

Como hemos llegado muy pronto, nos perdemos por las callejuelas de esta ciudad medieval que parece que permanece igual que hace 300 años. Ya nos fijamos en los tejados de la ciudad que tienen una o varias ventanas en forma de ojo. La ciudad merece mucho la pena, se ha invertido bastante dinero para cuidarla de cara a ser ciudad europea de la cultura 2007 y está fantástica. Las dos plazas, grande y pequeña, la torre del ayuntamiento (hay que subir para ver las vistas de los tejados), las iglesias (nos gustó mucho la ortodoxa y la evangélica), las murallas, la calle peatonal y las mil callejitas para perderse.

Nos fijamos que en la plaza pequeña (Piata Mica) hay un Youth Hostel. Hay una gran variedad de restaurantes para cenar, también hay un supermercado en la calle peatonal Nicolae Balcescu y en el que se pueden ver los productos que hay en el país. En esa calle hay bastantes tiendas, nos gustó mucho ver que estas tienen una estufa de carbón revestida de cerámica.

La plaza grande o Piata Mare es muy interesante con sus fuentes que desde el pavimento lanzan chorros de forma aleatoria, sus edificios muy bien cuidados y, como es domingo, está llena de personas dando un paseo y puedes ver cómo son las gentes de aquí. Vemos que es un deporte local intentar pasar por las fuentes aprovechando los tiempos en los que no hay chorros. La torre del reloj que separa o une la plaza grande y la plaza pequeña se puede visitar, y después de muchos escalones, la recompensa, la vista de los tejados del centro histórico es magnífica.

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Día 17 de marzo

Salimos hacia Sighisoara, la ciudad del Conde Drácula. Es un recorrido corto, de unos 80-100 kilómetros por carretera local, pero en muy buenas condiciones. Es una zona bastante rural y las carretas tiradas por caballos y llenas de heno son muy habituales. Hacemos varias paradas en el camino para ver iglesias fortificadas que no son turísticas, no vienen en nuestra guía. Vemos también algunas fábricas mastodónicas de la epoca de Ceaucescu que ahora están cerradas y casi derruidas, nos sorprende porque están en medio de parajes idílicos.

Luego parada obligada en Biertan, donde se encuentra una de las iglesias fortificadas patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La iglesia se ve desde fuera del pueblo y es impresionante por su tamaño. Está junto al centro del pueblo, que está muy animado y tiene una plaza donde hay trasiego de carros con caballos, coches y bicis. La entrada es gratuita, tiene una escalera de madera para subir a la iglesia, típica de Transilvania y que impone bastante, porque una vez más no hay nadie visitándola en ese momento. En la iglesia hay varios edificios, incluida una cripta con tumbas y árboles grandes y en ese momento pelados. Las vistas de la ciudad y alrededores son muy interesantes. Como en otros pueblos, las calles son de tierra, con muchos jardines y en las lejanías se ven sobre una colina un cementerio ortodoxo. Una maravilla en general. Como consejo, aparcar el coche en la plaza y la entrada está junto a un restaurante, está un poco escondida. Nosotros nos la pasamos de largo.

Llegamos a Sighisoara. Dormimos en la Pensión Franka (Avda. 1 de Diciembre, en un entrante de la calle - Sighisoara; tel. 40 265 77 1515), de tres estrellas. Es un hotel pequeño, muy cómodo y confortable y con mucho encanto y buena decoración, justo a la entrada de la ciudadela y frente a la oficina de correos (por cierto podéis aprovechar aquí para las postales, cierran sobre las 20:00), aunque un poco difícil de encontrar. Nos cuesta unos 110 leys.

Torre del Reloj en Sighisoara
Torre del Reloj en Sighisoara

Al contrario que Sibiu, la ciudad está menos cuidada, o mejor dicho, está sin cuidar, pero pensamos que es más auténtica. Además de la increíble torre del consejo con su reloj, tenemos la casa natal del conde Drácula y la plaza principal, donde está la Casa Hirch, muy original con su cabeza de ciervo en la esquina. En la plaza hay varios anticuarios donde se venden desde chisteras de principios del siglo pasado, gramófonos, vestidos típicos, vamos son casi un museo.

También esté el monte de la iglesia, con un palacio y un cementerio sajón impresionante por el que puedes pasear. Las vista desde el monte de toda la ciudad están muy bien, especialmente al atardecer, pero en ese momento de repente viene el vigilante del cementerio amenazando con una llave de que va a cerrar y salimos a toda prisa. La subida a este monte se realiza por una escalera de madera con techo parecida a la de Biertan, pero más empinada.

La ciudadela tiene una muralla con varias torres y un complejo de callejitas por el que se te puedes perder, el suelo casi de tierra y piedras y con casas bajas muy interesante, es bastante pequeña y con cierto aire decadente/ nostálgico. Desde la iglesia principal se ve la ciudad nueva, el río Tarvana y los montes de pinos que rodean la ciudad, así como la iglesia ortodoxa. Cuando anochece se queda muy solitaria la ciudadela y damos una vuelta por la ciudad nueva. Después de visitar la cuna de Drácula la lectura del libro de Drácula antes de dormir es imprescindible.

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Día 18 de marzo

Salimos en dirección a la parte rumana de Moldavia. La idea es llegar a Turgu Neamt y hay unos 300 kilometros. Llueve a ratos durante el camino. El paisaje cambia, volvemos a los Cárpatos y es más montañoso, aunque también muy rural. En este trayecto vemos las puertas de los jardines/huertos, muy característicos de esta zona. Son de madera oscura, muy tallados, con una especie de pináculos y de aproximadamente unos dos metros, tienen una puerta grande para un carro y otra para una persona. Pasamos por Miercurea-Ciuc y por Gheirghieni.

Antes de llegar al Lago Roso (Lacu Rosso), hay que subir un puerto y luego te lo encuentras junto a un pequeño restaurante de montaña. El Lago Roso en esta epoca está helado, con una capa bastante gruesa de hielo y en la que sobresalen algunos troncos de arboles y otros que flotan, normalmente pinos, que le dan este color tan característico. El sitio merece la pena para parar y descansar un rato o bien dar un pequeño paseo. También hay una cafetería con unas excelentes vistas al lago y calentita.

Seguimos por las gargantas de Bicaz, que es uno de los lugares Patrimonio de la Humanidad en Rumanía, muy interesantes. En la época que vamos hay lenguas de hielo que desde las paredes de la garganta amenazan con caer sobre la carretera, alguna de hecho ha caído. También hay una zona de puestos de artesanía en los lados de la carretera, muy similares al resto que hemos visto los días antes. Ahí compramos una máscara de madera simulando la faz del Conde Vlad (Drácula).

Carro de heno cerca del Lago Rosso
Carro de heno cerca del Lago Rosso

Al llegar a Bicaz cogemos la carretera N15 que bordea el embalse de Bicaz y que tiene buenas fotos al atardecer. No es una carretera mala y, aunque haces más kilómetros, el paisaje es bonito. La zona es de bosque y maderera. Llegando a Targu Neamt hay alguna pensión en los pueblos anteriores y está el monasterio de Neamt.

Llegamos bastante tarde a la ciudad de Targu Neamt y nos quedamos en una pensión céntrica y muy bien organizada. Se llama Pensiunea Cassandra y es un chalecito con jardín y dirigida por la señora María. El lugar es famoso porque en su jardín corretean dos corzos que son muy curiosos y que se vienen a presentar y se dejan tocar. Las habitaciones son nuevas, amplias y muy acogedoras. Aproximadamente nos cuesta unos 20 euros. Para cenar vamos andando a un restaurante local, a cuyos clientes les dejamos sorprendidos con nuestra llegada, la ciudad no parece que reciba muchos turistas, eso sí nos tratan fenomenal. Aconsejable la sopita caliente de la zona, estamos a bastante altura y se nota el fresquito de Marzo.

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Día 19 de marzo

Salimos pronto para ver los famosos monasterios bizantinos de la Bucovina, con pinturas de arte bizantino y que datan sobre los años 1400-1500. El primero que visitamos es Voronet, que es uno de los más famosos y conocido como la Capilla Sixtina de Oriente según nuestra guia. Lo llevan unas religiosas muy simpáticas. Hay un ticket de entrada y otro por si usas cámaras (si dices que no vas a hacer fotos, no te dicen nada). La propia construcción es espectacular y muy novedosa. El monasterio está protegido por una especie de muro bastante alto y en su interior se encuentra la iglesia. Está completamente pintada el estilo bizantino. El color azulado (llamado Azul de Boronet) es el predominante en las paredes y llama mucho la atención. La pared sur es la que mejor conserva las pinturas, que tratan sobre el juicio final. Es importante llevarse una buena guía para entender los detalles de las pinturas. El interior también está pintado y es también muy impresionante aunque en esos momentos están restaurándolo y hay partes que no puedes ver.

El siguiente que vemos es Moldovita, el cual queda un poco distante, pero el paisaje es muy bonito y la carretera aceptable. Esta iglesia es menos turística, no tiene entrada y lo encontramos más original. La estructura es parecida, un muro perimetral alto que apenas deja ver el tejado de la iglesia, una puerta de entrada impresionante y ahora el color predominante de las pinturas es el rojo. La pintura que más nos gusta es la del Asedio a Constantinopla.

Seguimos por carretera de montaña, con nieve incluida en los laterales y unas vistas increíbles y muy cerca de la frontera con Ucrania según el mapa, hasta el monasterio de Sucevita. Se aparca en a unos 200 metros del monasterio. Es un paisaje espectacular de montañas, sin apenas edificios y vemos que en ese momento bajan carros tirados por caballos inmensos cargados de madera. La entrada al monasterio es una abertura muy estrecha en una gran puerta y con un escalón alto y coincide con la salida de la visita de una excursión de escandinavos pensionistas que tardan 30 minutos en atravesar todos la puerta. Es el monasterio más grande de los que hemos visto, con una sensación de mucha amplitud en el patio del monasterio y un muro altísimo y muy grueso, realmente parece una fortaleza. Hay varios religiosas cuidando el jardín, yendo de aquí para allá, con mucha actividad. El lugar después de que se hayan ido los escandinavos ha quedado muy desierto y con un aire muy bucólico. El color dominante es el azul de nuevo y en el muro que da a la entrada al monasterio podéis ver a los famosos Angeles de la escalera de las virtunes.

Paramos en Marquinea, uno de los pueblos de la zona que tiene talleres de cerámica negra. Paramos en uno de ellos donde además te explican cómo hacen la cerámica negra y sus creaciones.

Continuamos hacia la iglesia de Arbore. Se trata de una iglesia con menos frescos que las otras que hemos visto y bastante deteriorados, pero hay un cementerio en el mismo jardín, que le da un ambiente un tanto tenebroso y al que hay que añadir que no hay nadie más con nosotros en el recinto de la iglesia.

Decidimos, con pena, que es el momento de dejar la Bucovina rumana y empezar a bajar a Bucarest. Ya sólo nos quedan 2 dias y tenemos que bajar mucho. La vuelta la vamos a hacer por la carretera E85, que discurre primero paralela a Moldavia pasando por Suceava, Roman, Bacau, Adjud, etc. Nuestra idea es bajar todo lo posible, no hemos calculado hasta donde y tampoco hemos reservado alojamiento, así que aventura.

La carretera es mejor que las que hemos utilizado por Transilvania, pero con mucho más trafico y bastantes camiones. Al principio es de doble sentido, pero luego aparece un carril central que puede ser utilizado por ambos sentidos y que te permite ir más rápido que en Transilvania, avanzamos más. El paisaje es plano, a la derecha vemos los Cárpatos en la distancia. Ya no encontramos carros tirados por caballos en la carretera.

Empieza a anochecer y decidimos parar en la ciudad de Bacau. Para nuestra sorpresa hay una feria de negocios y todos los hoteles, pensiones y hostales están a tope. Por suerte, encontramos a la salida de la ciudad, a unos 12 km, el Motel Levisticum (tel. 0234561444) que está genial, nuevo, muy acogedor y con restaurante, aparcamiento. Nos cuesta la noche unos 110 leys. Estamos tan cansados que no nos acercamos a ver Bacau y nos conformamos con haberle conocido desde el coche durante la búsqueda de alojamiento.

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Día 20 de marzo

Salimos totalmente recuperados. La idea es llegar a Bucarest. Seguimos por la misma carretera E85 paralela a los Cárpatos. Se avanza rápido y a media mañana apenas hay tráfico. Pasamos por Focsani. Después de unas 3-4 horas llegamos a las puertas de Bucarest. La entrada a Bucarest es caótica, el hotel que hemos reservado por el camino se encuentra cerca de la estación de la Estación del Norte que tiene metro. Está en el distrito 1, no es centro pero está cerca y bien comunicado. Para llegar hemos de atravesar toda la ciudad, no es muy difícil, pero hemos llegado en hora punta y vamos muy lentos.

El hotel se llama Cerna Hotel (calle Dinicu Golescu, 29 - Bucarest; tel. 402103110535/3178562). La localizas fácilmente porque está cerca de una gasolinera. Las habitaciones del último piso tienen vistas a la ciudad y a la estación de tren y desde aquí se puede ver el trasiego del día a día de la ciudad.

Dejamos las cosas y salimos a ver la ciudad. La primera impresión después de casi una semana por las carreteras de Rumanía, es que esta ciudad no tiene nada que ver con lo que hemos visto. Como tenemos el coche hasta el día siguiente, lo intentamos aprovechar al máximo. Lo primero vamos al famoso palacio presidencial, construido por Ceaucescu después del terremoto de Bucarest y para lo cual tuvo que tirar un tercio del casco histórico de Bucarest. Se trata de uno de los edificios gubernamentales más grandes del mundo, creo que solo superado por el Pentágono y con una gran avenida llamada Unirii, en el cual alojaba a sus funcionarios, por aquello de tenerlos a mano.

Esta gran avenida Unirii, de unos 6 km, en algunos puntos está inacabada y hay algún solar, pero también es impresionante. Actualmente es la calle donde cuestan más las viviendas. El tamaño del edificio presidencial es tan grande que en algún momento nos desorienta cuando vamos en el coche, pensando que ya estamos ahí, cuando por ejemplo aún estamos a 2 Km.

Aparcamos en la zona vieja y seguimos paseando por la ciudad. Intentamos asistir a una función de teatro, pero es tarde, no obstante, para nuestra sorpresa y visitando el edificio de la Ópera, que es muy impresionante, nos comentan que sí hay función, que está próxima a llegar al descanso y que entonces si queremos podemos asistir a la segunda parte de la función y además gratis. Esto nos permite ver por dentro un edificio muy bonito, similar a otras Operas centroeuropeas, edificio que data de la década de 1880 y en el que hay frescos sobre la historia del país, desde los Tracios hasta nuestros días. Además, la función está muy bien.

La vuelta de noche en coche se hace bastante complicado, es muy fácil tomar una calle equivocada y como en toda gran ciudad es un lío encontrar luego el hotel. Afortunadamente la referencia a la Estación del Norte nos salva.

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Día 21 de marzo

Es el día de partida. Nos despertamos muy temprano, el desayuno está incluido y dejamos el equipaje en recepción.

Nos dirigimos al Museo del Pueblo, un museo al aire libre que se encuentra junto al arco del triunfo de Bucarest y que es una de las cosas que más nos ha gustado de Rumania. Se trata de un espacio junto a uno de los lagos artificiales que construyó Ceaucescu, en el cual se trajeron casas de distintas partes del país, piedra a piedra y tronco a tronco. Hay iglesias de madera con pinturas, casas tradicionales, molinos, graneros, establos, todo en un entorno muy armonizado, sin aglomeraciones y en el que la visita es un tranquilo paseo en el que puedes ver la diversidad de este país. Además en algunas puedes entrar y ver los objetos antiguos de la vida cotidiana de cada parte de Rumania. Nos gustan especialmente los edificios de Maramures y de la zona del Delta del Danubio que no hemos visitado.

Como se aproxima la hora de entrega del coche, volvemos al centro para hacer su entrega. Y desde allí callejeamos por el viejo Bucarest. Nos gustó mucho la iglesia ortodoxa de la calle Stavropoleos, una de las iglesias más antiguas de la ciudad con unas pinturas muy interesantes. Así como la cervecería y restaurante Curul cu bere, que está en la misma calle y en el que además de la propia decoración del lugar de madera y con música en directo, la comida y cerveza estaba muy bien.

Seguimos callejeando, hasta que ya por la tarde volvemos al hotel en metro (unos 2 leys por persona y día) y vamos a la Gare de Nord. Desde allí a la Plaza de la República, desde donde vamos a coger el autobús del aeropuerto, el 783. Cogemos el avión de vuelta a Madrid de noche.

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ROMANIA - Guia i relat d'un viatge a Romania - Yolanda & Toni (Viatgeaddictes) [2009]
Relat d'un viatge a Romania - Santi Nogués [2006]

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