Viatgeaddictes
logo QR VIatgeaddictes
--- El web amb informació pràctica per al viatger independent i alternatiu ---
1 / 3
Cuba

CUBA

Experiencias de un viaje a Cuba

Data Data viatge: 2009. Publicat el 31/07/2009
2.3 de 5 (138 vots)

Introducción

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

En Viatgeaddictes.com no nos responsabilizamos de los posibles perjuicios que pueda causar la informa- ción aquí contenida, así como de las opiniones expresadas por los colaboradores, ni estas son necesariamente compartidas por nosotros.

Por otra parte os animamos a que, si usáis la información aquí contenida, tengáis la amabilidad de enviarnos un e-mail con vuestras impresiones, sobre si os ha resultado útil o no, información errónea o no actualizada, etc. Tanto nosotros como nuestros colaboradores esperamos como única compensación a nuestro trabajo que perdáis un minuto y nos digáis algo que nos permita saber si nuestro esfuerzo merece la pena.

Gracias por visitar Viatgeaddictes.com

Este viaje lo realizamos dos matrimonios amigos jóvenes de Santander entre el 16 y el 30 de mayo de 2009.

Los doce días de nuestra estancia en Cuba fueron muy, pero que muy intensos, tanto física, como psicológicamente, con un montón de experiencias, anécdotas, aventuras, sentimientos encontrados y un poco más enriquecidos que antes de salir de España. Habíamos tenido contacto con una Cuba muy desconocida para la mayor parte del mundo, pues nada tienen que ver unas noticias de veinte segundos en un telediario con vivir en directo el día a día de la gente.

Casi con toda seguridad ha sido el viaje en el que más contacto hemos tenido con la gente. Bien es cierto que el compartir idioma ayuda mucho, pero también lo hace la predisposición de la gente a hablar sobre su realidad y su afán por conocer cómo vive el resto del mundo que a ellos les parece tan lejano y desconocido. Así disfrutamos de unas vacaciones a las que calificaría como "diferentes".

^top

 DIARIO DE VIAJE A CUBA

Día 1 - Inicio del viaje

Nuestra aventura caribeña comenzó en el aeropuerto de Bilbao, el sábado 16 de mayo, donde tomamos avión con destino a París, pues por cuestiones económicas nos resultaba mejor volar con Air France, vía París, hasta La Habana por ahorrarnos algo de dinero. Salimos de Bilbao a las 10.15 y llegamos a París a las 12.00. El vuelo París - La Habana salió con puntualidad a las 13.50. No os voy a engañar, pero las casi 10 horas de vuelo fueron un auténtico infierno, pues al volar de día nos fue imposible dormir nada en todo el trayecto y al final te acabas agobiando de todo. Air France nos pasó una nota en el aeropuerto en la que decía que por incidentes recientes sufridos entre sus clientes, prohibía el consumo de bebidas alcohólicas personales a bordo del vuelo, lo cual no impidió que para comer nos dieran, sin pedirla, a todos y cada uno de los pasajeros, una botella de vino pequeña, de la cual se podía repetir sin problema. Debía de ser que a las cuestiones de marketing no afectaba la prohibición de consumir bebidas alcohólicas.

A las 17.35 llegamos al aeropuerto José Martí de La Habana. Nada más bajar ya vimos una especie de teatrillo muy típico de regímenes comunistas obsesionados con la seguridad, con dos o tres enfermeras y demás personal sanitario con batas y mascarillas esperando al grupo de apestados europeos, como si todos tuviésemos la famosa gripe A. Te dan un formulario para rellenar con unas preguntas sobre tu estado de salud y el sitio donde ibas a estar alojado. ¿Alguien se arriesgaría a que lo pusieran en cuarentena por escribir en la hojita que ha volado con fiebre o con tos persistente o algo parecido?.

El control de pasaportes lo hicimos sin mayores contratiempos. Tras esto esperamos nuestras maletas, que por suerte llegaron todas en perfecto estado y antes de salir del aeropuerto tienes que pasar otra especie de seudocontrol donde un funcionario/a te recoge el formulario que has rellenado anteriormente y de paso como llevábamos un par de bolsas de aeropuertos españoles con revistas pues te piden alguna para tener algo de información del exterior. Evidentemente ya contábamos con ello y les dimos un par de ellas. El resto las repartiríamos entre las propietarias de las casas particulares en las que nos alojamos, detalle que agradecieron mucho.

Tras esto, pasamos por la Cadeca que hay en el aeropuerto y cambiamos algo de dinero para ir tirando esa primera tarde. Nos cambiaron a 1,1927 CUC por euro. El cambio al día siguiente en la Cadeca que hay en Vedado, en La Rampa, estaba a 1,2135 CUC por euro. Como curiosidad solíamos cambiar cada cuatro días más o menos y cada vez obteníamos mejor precio. La última vez cambiamos a 1,2456 CUC por euro.

La primera sensación al traspasar la puerta del aeropuerto es de bochorno horrible. Hay una humedad altísima, aunque la temperatura en esos momentos no era de más de 23º C, pues acababa de caer una tormentilla, pero aún así la ropa se pegaba al cuerpo de manera insoportable. Salimos del aeropuerto y nos dirigimos a la zona de taxis. Preguntamos al primero lo que nos cobraba por llevarnos hasta nuestra primera casa particular, en Vedado, Casa Hortensia, calle 25, entre H e I. El hombre nos dijo que 25 CUC. Le dije que hasta luego. Decidí ir seis o siete coches más hacia atrás y al siguiente que pregunté me dijo que 20 CUC. Le contesté que 15 CUC y la cosa se quedó en 17 CUC, aunque al final, cosas del oficio, al ir a pagarle los 17 CUC, el hombre no tenía cambio de 20 CUC (qué casualidad!) y le dimos los 3 CUC sobrantes de propina. Primera vez que nos la cuelan, aunque ésta, consentida.

En apenas 25 minutos llegamos a casa de Hortensia. Se trata de una casa grande, de planta baja, espaciosa, con varias habitaciones, aunque para alquilar a turistas sólo son dos habitaciones pues es el máximo que permite el gobierno cubano. La noche nos costaba 30 CUC la habitación y el desayuno 4 CUC por persona.

Dejamos nuestras cosas, nos pegamos una ducha y salimos a inspeccionar el terreno. Estábamos a tres minutos de la famosa heladería Coppelia. Pasamos por delante, vimos las colas en las puertas y nos dirigimos al restaurante La Roca (Calle 21 No. 102 esquina M, en Vedado) porque teníamos un hambre canina. Creo recordar que cada uno de los cuatro pidió una descarga distinta para probarlas todas y tomamos nuestra primera cerveza bucanero. El precio de la descarga te incluye viandas fritas (boniato) que nos gustó a todos mucho, arroz, del cual no nos libraríamos en ninguna comida, y un postre en el que no hay nunca mucha variedad, pues siempre es helado, y a veces sólo hay de un sabor. En fin, que por 4 CUC por persona tampoco se puede pedir mucho más. De ahí nos volvimos de nuevo a la casa porque estábamos realmente cansados después de un día de viaje tan largo y nuestros cuerpos no daban para más.

^top

Día 2. LA HABANA

Madrugamos sin necesidad de despertador, pues amanecía pronto y anochecía también antes que en España. Desayunamos a base de fruta (piña, frutabomba (papaya), mango y plátano), un huevo frito, tostadas con mantequilla y mermelada, un zumo natural de fruta y un café exquisito. Para mí lo mejor el zumo natural, que cada día lo tomamos de una fruta distinta. El más rico el de mango. Casi salíamos a tres zumos de mango por día.

Era nuestra primera toma de contacto real con la ciudad de La Habana. Fuimos andando desde Vedado hasta la Habana Vieja. Nos sorprendió mucho el mal estado en el que están casi todas las construcciones de la ciudad. Son edificios imponentes, de principios de siglo, pero que no tienen ningún tipo de cuidado ni restauración. Viéndolo en vivo uno se puede hacer una idea de lo que debió de ser esta ciudad en los comienzos del siglo XX. Todos sus edificios del centro tienen valor arquitectónico y son preciosos, pero repito, todos necesitan una rehabilitación urgente. Muchos de ellos ya han perdido cornisas, balcones, ventanas. Algo está haciendo la UNESCO y el famoso Restaurador de la Habana, pero ni todo el dinero llega donde tiene que llegar, ni es suficiente.

Paseamos durante toda la mañana por el centro visitando, entre otras cosas, el Callejón de Hamel, donde mantuvimos una conversación interesante con uno de los chicos que trabajaban en el taller del pintor Salvador González, el cual suele andar por allí atendiendo a su clientela. Conversamos con el propio artista durante un rato. Podría entenderse este tramo de calle lleno de pinturas en las fachadas y esculturas en plena calle como un tributo a la cultura afrocubana con un claro guiño a la santería. Le preguntamos el precio de sus pinturas, que por supuesto están a la venta. Todas estaban muy por encima de nuestras posibilidades. Nos despedimos amablemente y continuamos camino. Entramos en un par de agromercados en los que se puede encontrar todo tipo de frutas y hortalizas frescas que se cultivan en la isla, con la peculiaridad de que los precios de los productos están también expuestos en una tabla de precios máximos de cada producto a la entrada del mercado.

En nuestro paseo dimos por casualidad con la Casa de Cantabria en La Habana y entramos a tomar algo. Preside el lugar una foto de nuestro ilustre a la par que archiconocido y televisivo Presidente, Miguel Angel Revilla y en las paredes cuelgan emblemas, banderas y fotos de diversos municipios de la provincia. Tomamos una cervecita rápida y salimos al calor sofocante de la calle.

Llegamos hasta el Capitolio, el Teatro de la Habana, que es el edificio situado justo al lado. Este primer día no teníamos intención de entrar a visitar ninguno de ellos, pues sólo queríamos hacernos una idea un poco general de la ciudad y seleccionar aquello que visitaríamos al día siguiente. Pasamos por delante del Floridita, que a esas horas estaba cerrado, llegamos por la calle Obispo hasta la Plaza de Armas, una de las más famosas de La Habana vieja. A continuación fuimos hasta la Plaza de la Catedral (para mí la más bonita, por su encanto). Son casi todas calles peatonales, con bastante gente por ellas en las que te puedes encontrar a los más variados personajes, disfrazados de cualquier guisa con la intención de que les des alguna moneda por hacerte la foto con ellos. A la puerta de la Bodeguita del Medio te puedes encontrar sentada, mañana, tarde y noche a la famosa Abuela de La Habana, que al salir su foto en una guía de viajes, la mujer se ha hecho famosa, acompañada en todo momento de sus dos escuderas, que son las que reclaman el dinero por hacer las fotos (curiosa estampa); También anda por allí un imitador del personaje que ilustra la portada de la anterior guía de viajes, pues el original falleció hace algún tiempo, así como algún otro personajillo peculiar.

La Bodeguita del Medio decepciona un poco, pues se trata de un local de no más de 10 m², abierto al exterior, en el que en menos de tres metros de barra hay cinco camareros inusualmente rápidos preparando mojitos, y en el que te clavan una pasta por tomar cualquier cosa. Por supuesto preferimos pagar unos bien merecidos 4 CUC por un mojito en la terraza exterior del Hotel Nacional, con unas vistas del Malecón alucinantes, antes que en un local pequeño sin ningún encanto. Pero como siempre, esto es para gustos.

Se acercaba la hora de comer y optamos por seguir la recomendación de algunos foreros y comer en el paladar Nerei, en Vedado, calle 21, entre J y K. Tomamos cada uno un plato distinto para así probar de todo un poco, pero la verdad, la relación calidad-precio creo que tampoco es para tirar cohetes, porque al igual que en toda la isla, la variedad es escasa. No te puedes salir del arroz, de distintas formas y colores, pollo, puerco, camarones y langosta. En total pagamos casi 80 CUC por los cuatro. Algo caro para lo que nos dieron.

Esa tarde decidimos acercarnos hasta la zona de la Plaza de la Revolución y la Necrópolis Cristóbal Colón, ambas en la misma zona de Vedado. Cogimos un taxi en la Rampa, que es como popularmente se conoce a la calle 23 de Vedado. Por 2,5 CUC nos llevó hasta la Plaza de la Revolución, que no es que esté precisamente lejos de allí. Era domingo y el museo que se encuentra en los bajos estaba cerrado. Preside la plaza un imponente monumento a José Martí. Esta plaza, que en realidad no tiene mucha forma de plaza, pues es casi rectangular es el lugar que habitualmente utiliza la propaganda del partido para congregar a los fervorosos ciudadanos que acuden voluntariamente y entusiasmados a aplaudir los logros del Régimen Revolucionario, representado por la figura del compañero Fidel. Justo enfrente del monumento se encuentra el famoso edificio del Ministerio del Interior, con la imagen del Che y la famosa frase Hasta la victoria siempre. Nos hicimos las fotos de rigor y continuamos camino de la necrópolis de la Habana.

Subiendo por la avenida que da acceso a la Necrópolis Cristóbal Colón, nos encontramos con la calle cortada porque en la Iglesia que se encuentra a tan sólo 500 m. del cementerio se estaba celebrando un funeral militar de alguien que intuíamos debía de haber sido una figura importante porque había una gran concentración de militares, con un pelotón armado luciendo crespones negros en el brazo, banda de música, coches oficiales, coche fúnebre militar descubierto para transporte del ataúd, etc. La poca gente que se había concentrado en las aceras miraba la salida del féretro de la Iglesia con caras que expresaban una mezcla de resignación, pasotismo e incluso algo de temor. No quisimos desaprovechar la ocasión de presenciar un acontecimiento de este tipo y nos dirigimos hacia el cementerio al mismo tiempo que todo el cortejo fúnebre.

Por entrar al cementerio nos querían cobrar 4 CUC por persona que era la tarifa oficial, creo recordar, pero como era tarde, negociamos un precio más módico y la cosa se quedo en 2 CUC por cada uno. Nos comentó el responsable de la puerta que el fallecido era un general del ejército cubano que había servido en mil y una guerras. Nos llamó la atención que la comitiva fúnebre estaba compuesta por apenas 50 personas, de las cuales casi todas eran familiares, y unos pocos militares de alta graduación, y ocho o diez curiosos y turistas como nosotros que pasábamos por allí. Eso sí, la escenificación fue digna de un funeral de Estado en toda regla, con ceremonia de recogida de bandera, doblado, salvas militares, música, etc. Lo más destacable fue el discurso que alguien leyó al final del funeral relatando las virtudes del fallecido y la impagable labor prestada al Partido Comunista y por ende a la causa revolucionaria, destacando el valor y coraje del hombre, las guerras en las que había participado, las condecoraciones que le habían entregado. En fin, que la parafernalia, digna de una película.

Tras ello, en apenas cinco minutos, allí no quedó nadie, y aprovechamos para visitar el cementerio tranquilamente. Hay muchas tumbas que merecen la pena y en especial destacaría el Panteón de los bomberos.

Una vez fuera del cementerio, tomamos la calle 12 y nos dirigimos hacia La Boca de La Chorrera, una antigua fortaleza reconvertida en cafetería y situada en uno de los extremos del Malecón de la Habana. Por el camino, casi al final de la calle 12, se encuentra el edificio que fue el famoso casino en el que los mafiosos americanos de la época de Batista celebraban sus fiestas particulares.

Tomamos algo en la Boca de la Chorrera porque había empezado a llover. Fue tan sólo una lluvia de diez minutos. Empezamos a andar por el Malecón (8 km de longitud), dirección Vedado. Pasamos por delante del Monumento a Calixto García y llegamos hasta la Sección de Intereses Estadounidenses, un edificio de varias plantas, moderno y celosamente custodiado por militares cubanos con garitas en la propia acera. Más adelante, y justo delante del edificio de la Sección se sitúan unos cuantos mástiles cada uno con una bandera negra, a distintas alturas y justo detrás la Tribuna Antiimperalista. Toda una simbología política. Es curiosa la colocación de los mástiles de las banderas negras, a distintas alturas. Según la versión oficial quieren significar algo así como un homenaje a las víctimas del imperialismo, aunque la verdadera intención es ocultar a la vista los mensajes políticos que desde una pantalla electrónica situada en el edificio americano se emiten frecuentemente. También tengo que decir que pasamos un par de veces por allí y no vimos ningún mensaje.

Continuamos por el malecón hasta el Monumento a las víctimas del Maine, justo delante del precioso edificio del Hotel Nacional. Eran ya casi las 8 de la tarde y nuestros pies estaban destrozados. Habíamos andado durante todo el día y estábamos doblados así que decidimos dejar el resto del malecón para el día siguiente. Volvimos a cenar al restaurante La Roca y de cabeza al catre porque no podíamos con nuestros cuerpos.

^top

Día 3. LA HABANA, MIRAMAR y PLAYAS DEL ESTE

Como de costumbre, madrugamos de nuevo. Hoy habíamos quedado con un taxista que conocía la propietaria de la vivienda para que nos viniera a buscar y recorrer la zona de Miramar, con sus embajadas, residencias señoriales y llegar hasta las Playas del Este.

El hombre se llamaba Tony, tenía 40 años, como nos contó. Llegó tarde, pero prometió compensarnos su retraso. Partimos hacia Miramar, paramos en varias ocasiones para fotografiar algunos de los edificios que albergan embajadas y consulados porque son realmente impresionantes. Nos llevó hasta la zona de las residencias oficiales donde suelen alojarse los dirigentes políticos cuando vienen a la Habana a celebrar cumbres de Jefes de Estado. Le pedimos que nos dejara un rato por allí y que aprovechara para hacer alguna carrera por la zona. El tío era un currante nato y le molestaba ver a compañeros taxistas sin hacer nada. No desaprovechaba la más mínima ocasión para ganar un CUC. En el rato que estuvimos andando por la zona entablamos conversación con el jardinero de una de las mansiones. El hombre nos explicó la historia de muchas de las casas, algunas de las cuales habían pertenecido a la misma familia. La casa que él cuidaba, pertenecía, en palabras suyas, a la familia de Clara Sánchez, una guerrillera que lucho junto a Fidel en la Sierra Maestra y a la cual se llegó incluso a relacionar sentimentalmente con éste, la cual es tenida por prototipo de mujer cubana, imagen de la revolución. Charlamos con el jardinero unos diez minutos porque al hombre se le veían pocas ganas de trabajar y bastantes más de parlamentar con nosotros.

Cuando apareció Tony a recogernos le contamos lo que nos había relatado el jardinero y nos miró asombrado y algo molesto y nos preguntó quién nos había dicho esa mentira. Nos dijo que la casa de Clara Sánchez era otra, que estaba en la calle 12, cerca del cementerio de Cristobal Colón y por delante de la cual habíamos pasado el día anterior, cerca de la que había una escolta militar de manera continua. Posteriormente nos llevaría hasta allí para mostrárnoslo. En fin que, esperemos no haber firmado la inclusión del pobre jardinero en la lista negra, pues el tal Tony se mostraba muy afín al régimen y gran defensor de las ideas revolucionarias, aunque su comportamiento diario demostraba una doble moral más que condenable, pues su único objetivo era el ganar el máximo dinero posible, pero no para el pueblo, sino para sus bolsillos.

Desde Miramar nos dirigimos hasta el Club Náutico Internacional Hemingway, una marina donde hay atracados bastantes yates de recreo, muchos de ellos americanos y donde los dueños no tienen mucho interés en que se fotografíen sus embarcaciones y mucho menos grabarlos en video. Desde aquí pasamos por el Parque de la Habana, un lugar lleno de vegetación en el que estuvimos paseando un rato. No es un parque a la usanza europea, pues no hay senderos delimitados, ni bancos, ni nada de eso. Se trata de vegetación en estado puro. Por los alrededores pasa un río y en un lugar apartado pudimos contemplar un rito de santería. Un hombre estaba arrancando el cuello a unos pollos y vertiendo la sangre en un recipiente, junto a una mujer embarazada. Por supuesto no tenemos ni idea del significado, pero llamaba la atención.

Desde aquí continuamos camino de las Playas del Este. Son unas cuantas playas que se extienden a lo largo de varios kilómetros, situadas a tan sólo quince minutos en coche desde la capital. Como no teníamos ni idea de a cuál de todas dirigirnos, pues son unas siete, nos dejamos aconsejar por Tony. Nos dejó en la playa de Santa María del Mar. Serían como las 14.00 horas y le dijimos que pasara a buscarnos sobre las 17.00 horas. Al principio ponía un poco de mala cara porque habíamos pactado un precio por toda la excursión de 75 CUC y en principio le habíamos dicho que serían solo unas 5 o 6 horas y la cosa se iba a alargar algo más. Le convencimos diciéndole que tenía tres horas para hacer unas carreras extra.

Lo primero que hicimos fue comprar un poco de cerdo, pollo y arroz en un chiringuito al aire libre que había a la entrada de la playa. Por la zona no se veía ningún turista, tan sólo unos cuantos lugareños, pero la cola para pedir en el chiringuito era considerable, y al ritmo que servían aquello se eternizaba. Para hacer más amena la espera compramos unas cervecitas y unos tetrabrik pequeños de mojitos y daiquiris que vendían allí mismo, y por cierto que todo se podía pagar en moneda nacional, de la que por suerte teníamos algo porque el primer día cambiamos 5 CUC por si podíamos usarla.

La media hora que estuvimos esperando a que nos atendieran la pasamos a pleno sol tomando cervezas y tetrabriks y entre el calor que hacía ya a esa hora, el tiempo que había transcurrido desde el desayuno y el ambiente festivo, pues acabamos con una medio cogorza buena. Entramos en la playa con la caja de comida, bueno comida, comida, lo que se dice comida, no es que fuera mucho porque era un filetito de carne para cada uno, un poco de arroz y medio pollo que compartimos entre los cuatro. En la playa había bastante gente. No faltaba un chiringuito con música y bar. Nos acoplamos en unas hamacas y un par de sombrillas. Allí que llega el encargado de las hamacas y nos pide 2 CUC por cada hamaca. Le digo que son las 14.30 y que sólo vamos a estar un par de horas. Le doy 5 CUC por todas. Aprovecho que es el mismo que pone los mojitos en el chiringuito y le pido la carta de bebidas. Los mojitos y piñas coladas eran a 2,5 CUC. Inicio el tradicional regateo y le digo que vamos a tomar un par de rondas, que somos cuatro, etc. Me dice que me los deja a 2 CUC cada uno. Tomamos la primera ronda y nos pegamos un baño. El agua estaba calentita y con la cocida que llevábamos encima me pareció el paraíso. Tomamos la segunda ronda. Esta vez cambiamos a piñas coladas por lo de variar un poco y otro baño, para hacer más llevadero tanto sofoco.

Echando un vistazo alrededor de nuestras hamacas se veían bastantes casos evidentes de jineterismo, sobre todo chicas cubanas muy jóvenes y esculturales con hombres europeos no tan jóvenes, cosa que en otras playas fuera de La Habana no vimos tan descarado, y eso que en la propia playa sí vimos a un policía paseando por los alrededores. Según nuestra guía de viajes en estas Playas del Este está muy vigilado el tema para mantener la prostitución a raya, pero no es esa la impresión que daba. Aunque pensándolo bien ¿quién puede juzgar el amor de dos personas?. Cada uno se enamora de quien le da la gana, o no?. En fin, sin comentarios.

Al poco rato de acabar las bebidas pasa por allí otro hombre vendiendo ron servido en un coco y mezclado con el propio líquido del coco. Le pedimos otro de estos. Total, que ya empezábamos a tener algo de helicóptero por tanto alcohol y poca comida. Se nos pasaron las tres horas que no nos enteramos. A las cinco salimos a esperar a Tony. Para variar llegó 20 minutos tarde pero los aprovechamos para hablar con un par de chicos cubanos que estaban esperando que alguien les llevara a su casa. Nos contaron amargamente su desencanto por no poder tener acceso a nada. Decían que a ellos un Chevrolet o Buick destartalado de los que ruedan por Cuba, con más de 50 años, les puede costar entre 20.000 y 25.000$. Pudimos comprobar algo que sería habitual en todas las conversaciones que mantuvimos durante esos días con muchos cubanos, y es su resignación a la suerte que les ha tocado vivir. La presión que ejerce el régimen es muy fuerte y como muestra uno de los chicos nos contó que había trabajado como conductor de un cocotaxi, que son una especie de motos con forma de huevo y una vez había llevado a unos turistas entre dos lugares y le llamaron de la central y le interrogaron sobre los dos turistas italianos que había recogido a la puerta de tal hotel y que los había llevado hasta tal sitio. En fin que nadie escapa a los tentáculos del régimen.

Al fin apareció Tony y nos llevó hasta la Plaza de la Catedral donde habíamos quedado con dos personas a las que traíamos diverso material desde España, sobre todo medicamentos, ropa y algún regalo. Las dos personas con las que habíamos quedado no se conocían entre ellas, ni nosotros las conocíamos tampoco, pero ambas tenían profesiones en las cuales tienen acceso a mucha información y gente. Pasamos un par de horas charlando animadamente en la terraza de la Plaza de la Catedral, tomando unas cervecitas (a esas horas ya había perdido la cuenta de las que me había tomado en todo el día). Les entregamos lo que traíamos para ellos y al despedirme de uno de ellos me dijo que en Cuba había que tener mucho cuidado con quién se hablaba sobre temas políticos porque muchas veces las apariencias engañan. Creo que se estaba refiriendo veladamente a la otra persona con la que habíamos compartido tertulia. También me dijo que un par de mesas hacia nuestra derecha había un matrimonio que él conocía de vista y que sabía que se dedicaban a informar. Entre la medio resaca que tenía y lo esperpéntico de la situación me pareció estar viviendo una película de espionaje ruso, con KGB incluida, aunque sin tener muy claro cuál era mi papel.

Se hacía ya tarde y decidimos ir a cenar algo al restaurante Hanoi, también bastante recomendado en todos los foros. Por primera vez probamos la langosta grillé, acompañada de un mojito. Esta vez el mojito iba incluido, no es que lo pidiéramos aparte, pues podría parecer cuestión de vicio. Los demás pidieron algo de cerdo, pollo, arroz vietnamita y paella. Yo no sé si sería el hambre que teníamos acumulada o qué pero todo nos supo muy bueno. El precio bastante asequible. De nuevo taxi desde el Capitolio hasta la casa por 3 CUC. Era el precio standard por la carrera que siempre solíamos hacer, aunque ellos te pidieran inicialmente siempre 4 CUC.

^top

Día 4. LA HABANA

De nuevo nos esperaba una jornada maratoniana por La Habana. Para no variar, madrugamos y desayunamos en casa de Hortensia. Cogimos un taxi a la puerta de la casa para ir hasta el Museo del Ron, en la Habana Vieja, siguiendo bastantes indicaciones del foro que lo recomendaban. Llegamos en diez minutos y nos piden 7 CUC por persona por entrar. Nos pareció una exageración, pero pensamos que quizás lo mereciera. Al cuarto de hora nos avisan que la visita en español comienza. Una chica que apenas tendría 18 años y que se había aprendido de memoria las cuatro frases que tenía que soltar nos conduce a través de cinco salas en las que repite cual papago lo aprendido, y en 15 minutos visita concluida. Eso sí, un detalle, la visita acaba en el bar en el que un ajetreado camarero, dormido en la barra (verídico, porque tengo hasta la foto del sujeto), te sirve un minúsculo trago de ron. Seguro que lo hicieron por nuestro bien, porque sabían la cocida que habíamos pillado el día anterior. Resumiendo, que sufrimos la mayor turistada de todo el viaje. El edificio que albergaba el museo jamás fue una fábrica de ron ni nada parecido, tal y como nos contó la guía. Tan sólo habían metido allí unos cuantos toneles de distintos tamaños, alguna máquina que otra utilizada en la elaboración del ron y medio museo lo ocupaba la tienda de souvenirs a precios astronómicos (no el ron, sino el resto de artículos) por la que inevitablemente tenías que pasar camino de la salida, algo que ya hemos sufrido en algún chiringuito de este tipo en otros países. Resumiendo, respeto las opiniones de cada uno, pero yo NO recomiendo esta visita bajo ningún concepto. Se puede aprender lo mismo consultando en cualquier buen libro o incluso en internet.

Desde allí museo nos acercamos hasta la Plaza San Francisco de Asís, que está apenas a cien metros, paseamos hasta la Fortaleza de la Real Fuerza, también muy cerca. Decidimos entrar en esta última (entrada 1 CUC). Una amable señora que estaba sola en una de las salas empezó a darnos una explicación, sin nosotros pedírsela, sobre lo que allí había, que no eran más que un par de mapas y alguna pieza encontrada en el foso que rodeaba a la muralla. Por lo menos la mujer ponía interés. Incluso se ofreció a hacernos un par de fotos en un ángulo que según ella salía no sé que luz en las fotos que sólo ella veía. Nos sorprendió su amabilidad, pero claro eso era Cuba y todo se paga, algo que ya habíamos aprendido al poner el primer pie en el aeropuerto, y la mujer ya nos empezó a pedir algo. Al final la dimos unas monedas. Continuamos el resto de la visita sin más guías amables. Las vistas desde la fortaleza son bonitas ya que al otro lado del brazo de agua de la bahía de la Habana están los Castillos de El Morro y la Cabaña.

Desde aquí fuimos a visitar el Museo de la Revolución. La entrada cuesta 5 CUC, pero aquí sí creo que merece la pena, pues es la historia del país, siempre con una visión muy sesgada y falta de objetividad, pero al fin y al cabo, historia (se suele decir que la historia siempre la escriben los vencedores). El museo está compuesto sobre todo por documentos, fotos y bastantes objetos, y relata todos los acontecimientos que han marcado la historia de la Isla, desde los tiempos de la colonización española hasta los más recientes.

Después del museo pasamos por delante del impresionante edificio de la Embajada española, situado en lugar privilegiado. Se nota que no hay tanto resentimiento hacia los antiguos colonizadores, aunque alguna muestra sí que pudimos comprobar, pero ya lo contaré más adelante. Había una cola bastante larga de gente esperando turno para hacer trámites para obtener la nacionalidad española.

Eran ya las dos de la tarde y el hambre apretaba así que repetimos en el restaurante Hanoi porque la cena del día anterior nos había gustado. Después de comer decidimos coger un taxi para ir hasta las Fortalezas de El Morro y la Cabaña, que están situadas una seguida de la otra. Para llegar hasta allí hay que cruzar uno de los túneles que discurren por debajo de la bahía. Buscamos un taxi y por 2 CUC nos acercó hasta allí. Caminamos dando un paseo hasta la entrada de El Morro. En la puerta nos piden 5 CUC por persona por ver los restos de una muralla. Nos conformamos con verlo por fuera. Vamos paseando hasta la otra fortaleza, la Cabaña y tres cuartos de lo mismo. Otros 5 CUC por persona por entrar. Les contestamos lo mismo. Aprovechamos para sacar unas cuantas fotos porque las vistas de la ciudad desde ese lado son espectaculares. Se ve gran parte del Malecón y toda la Habana Vieja. Es por lo único que merece la pena la visita. Quizás el interior de las fortalezas mereciera la pena, pero nos parecía excesivo pagar 10 CUC por ver las dos cosas.

Volvimos en taxi hasta el otro lado y comenzamos el paseo de El Malecón en sentido inverso a como le habíamos recorrido dos días antes y por el tramo que aún no habíamos pateado. Esta parte que empieza en el Castillo de la Real Fuerza, dirección Miramar es la más animada porque es donde se concentra más gente por las tardes. Además tuvimos la suerte de que el mar estaba algo picado y sacamos unas fotos espectaculares de las olas rompiendo y el agua cayendo en la calzada, todo ello con una puesta de sol preciosa. Pasamos por el Parque Maceo, la Caleta de San Lázaro, hasta el Hotel Nacional, donde hoy sí nos íbamos a tomar nuestro mojito en la terracita exterior con unas vistas de todo el Malecón espectaculares. Merece la pena pagar 4 CUC por un mojito sentado en esa terraza, de verdad.

Allí entablamos conversación con dos chicas y un chico alemán, hermanos todos, que estaban también de vacaciones. Hablaban castellano perfectamente porque tenían una casa en Mallorca. Estuvimos veinte minutos compartiendo impresiones sobre los pocos días que llevábamos en el país y lo chocante que nos resultaban tantas cosas. Se hacía tarde así que esta noche optamos por cambiar de restaurante y de comida porque el arroz, frijoles, pollo y cerdo se nos hacían ya muy repetitivos y elegimos el restaurante del hotel Habana Libre. Los precios algo más caros que en otros sitios, pero las pizzas estaban muy buenas.

^top

facebooktwitterYoutube
RentalCars

COMUNITAT

facebooktwitterYoutube


2001-2017 © Viatgeaddictes.com [ Suanda, Yolanda & Toni ]. Tots els drets reservats
icona Viatgeaddictes
2001-2017 © Viatgeaddictes.com
Aquest web utilitza galetes per a millorar l'experiència de navegació dels seus usuaris. Si continues navegant considerem que acceptes el seu ús.Més informació