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LÍBANO

Guía y relato de un viaje por libre al Líbano

Data Data viatge: 2006. Publicat el 15/05/2006
2.6 de 5 (206 vots)

Introducción

Líbano. Con una superficie de sólo 10.450 km2 este pequeño país ofrece una gran cantidad de alicientes al viajero: ruinas romanas, ciudades antiguas, estaciones de esquí, bonitos paisajes y muestras de arquitectura islámica, además de una magnífica gastronomía y las posibilidades de ocio nocturno en Beirut (rivaliza con Dubai en el título de ciudad más marchosa de Oriente Medio. Desde el punto de vista social y religioso también resulta increíble la gran diversidad con la que cuenta, hecho que por otra parte da lugar a una precaria estabilidad, rota ya en varias ocasiones debido, sobre todo, a las injerencias de sus vecinos Siria e Israel en los asuntos internos del país. También, a lo largo de la Historia, muchos pueblos conquistadores se vieron atraídos por la abundancia de recursos naturales en suelo libanés y por su situación geográfica privilegiada, por lo que la historia de este país es cualquier cosa menos tranquila.

Recomendamos fervorosamente la visita a este país, aunque lógicamente habrá que tener en cuenta en todo momento la situación de seguridad existente, especialmente tras el empeoramiento registrado desde el pasado mes de julio de 2006. Durante nuestro viaje por el Líbano lo cierto es que encontramos muy pocos viajeros, incluso en lugares tan emblemáticos como Baalbek, lo cuál no deja de ser un aliciente para disfrutar de sitios tan especiales. Otro punto de interés es el contacto con la población libanesa, con la que, en general, es fácil entenderse en inglés o francés y abierta a hablar de cualquier tema. No deja de sorprender lo vital y emprendedora que es la sociedad libanesa a pesar de las duras pruebas que le toca superar una vez tras otra.

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Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

En Viatgeaddictes.com no nos responsabilizamos de los posibles perjuicios que pueda causar la informa- ción aquí contenida, así como de las opiniones expresadas por los colaboradores, ni estas son necesariamente compartidas por nosotros.

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Fechas del viaje

Del 14 al 23 de Abril de 2006.

Itinerario

mapa

Día 1: Barcelona - Amsterdam - Beirut
Día 2: Beirut - Baalbek
Día 3: Baalbek - Beirut - Byblos
Día 4: Byblos - Trípoli
Día 5: Trípoli
Día 6: Trípoli - Bsharreh / Valle de Qadisha - Trípoli
Día 7: Trípoli - Sidón
Día 8: Sidón - Tiro - Sidón
Día 9: Sidón - Beirut
Día 10: Beirut - Beittedine - Deir al-Qamar - Damour - Beirut
Día 11: Beirut
Día 12: Beirut - Amsterdam - Barcelona

Visado

Para entrar en el país es necesario un pasaporte en vigor con una validez mínima de 6 meses y en el que no figure ningún sello de Israel. Además también es necesario un visado, el cual se puede obtener a la llegada al aeropuerto de Beirut, dirigiéndonos al pequeño quiosco del Byblos Bank que encontramos a nuestra derecha antes de llegar a los mostradores de inmigración y comprando un sello que el personal de inmigración pegará después a nuestro pasaporte.

En las fechas de nuestro viaje un visado de 15 días costaba 17 € ó 18 US$ (se podía pagar con ambas monedas, aunque el cambio aplicado era favorable al US$. Para visitas al país inferiores a 48 horas el visado es gratuito. También se puede conseguir el visado en la frontera con Siria, en la carretera Damasco-Beirut.

Dinero

La moneda oficial en el Líbano es la libra libanesa (LL), conocida también localmente como lira.

No tuvimos ningún problema para cambiar euros, pero dado que el dólar americano (US$) es aceptado directamente en muchos sitios del Líbano no es mala idea llevarse los que nos hayan sobrado de otra ocasión, sobre todo para las primeras horas en el país, para el visado o el taxi, por ejemplo. Para quién lo desee también hay disponible una importante red de cajeros automáticos donde disponer de efectivo (si algo hay en el Líbano son bancos). La tarjetas de crédito pueden ser utilizadas sin problemas en hoteles, restaurantes o tiendas de cierto nivel.

Cambio medio:: 1 LL = 0,000554 € / 1 € = 1.804 LL

Gastos del viaje

+ 535'74 € (vuelo i/v BCN-Amsterdam-Beirut + tasas aéreas)
+ 276'50 € (transporte, alojamiento, comida/bebida, entradas, excursiones, otros)
= 812'24 € (total por persona)

Nivel de vida
El transporte y la comida en general son bastante económicos para el viajero, mientras que el alojamiento es proporcionalmente lo más caro del viaje. Aunque la poca afluencia actual de viajeros al país y el viajar en temporada baja nos permitió negociar los precios de algunos hoteles.

Salud

No hay ninguna vacuna obligatoria y ni siquiera recomendable, fuera de las habituales para viajar por cualquier lugar del mundo.

Seguridad

En el momento de nuestra visita, unos 3 meses antes del cruento ataque israelí, no tuvimos ningún problema para movernos por todo el país. Pudimos ver numerosos puestos de control militares del ejército libanés (el sirio ya se había retirado del Líbano) en algunas carreteras y bastante vigilancia en ciudades como Beirut, Trípoli o Byblos, pero sin ninguna repercusión en nuestro día a día. En aquel momento sabíamos del peligro real que suponían las minas aún activas en zonas apartadas del sur, especialmente en la región ocupada por el ejército israelí durante 20 años (hasta el año 2000). Además, para visitar algunos puntos cerca de la frontera con Israel, como el castillo de Beaufort, se requería un permiso especial del ejército. Pero, a pesar de todo lo dicho, nuestra sensación de seguridad en todo el país fue total, de día o de noche, en ciudades o zonas rurales.

En el momento de escribir estas líneas, a principios de 2006, la situación de seguridad en el Líbano ha empeorado y es más inestable desde el fin de la incursión armada israelí y los últimos altercados y asesinatos políticos en la capital. El aeropuerto de Beirut está de nuevo abierto, pero los severos daños en las infraestructuras del país pueden dificultar el viaje. Además se recomienda a los viajeros evitar las áreas fronterizas meridionales y el norte del valle de la Bekaa.

Para más información oficial sobre la situación en el país:

Embajada del Líbano en España
Pº Castellana 178, 3º izda. - 28046 Madrid (tel. 91 345 13 68)

También la Embajada de España en Beirut pone a disposición de los viajeros el teléfono directo 009615464031 para atender en horas de oficina todas las consultas sobre la situación actual en el Líbano.

Transporte

Autobús/Taxi. Para moverse por el interior de ciudades grandes lo mejor es el taxi, ya que son prácticos y baratos. Hay que distinguir entre los taxis normales y los servicio de taxi (conocidos localmente como servís). Estos últimos recorren unas ciertas rutas y van recogiendo y dejando pasajeros por el camino. El trayecto dentro de la ciudad cuesta 1.000 LL por persona, aunque hay que asegurarse antes de arrancar de que el precio va a ser ese. Suelen ser viejos vehículos Mercedes con matrícula de fondo rojo. Entre ciudades puede haber autobuses, minibuses y/o taxis compartidos, teniendo en cuenta que el transporte en el Líbano tiene su origen o final en Beirut, por lo que si vamos a de Trípoli a Saida deberemos ir primero a Beirut y allí cambiar a otro transporte a Saida.

Coche de alquiler. Debido a las cortas distancias, a la falta de transporte público en algunas rutas y a lo barato del precio de la gasolina podría ser interesante alquilar un coche, pero el precio del alquiler, los atascos y la forma de conducir de los libaneses, suicida en algunos casos, pueden ser disuasorios.

Avión/Tren. No hay vuelos internos, pero en un país donde se puede ir por tierra, desde una punta a otra, en sólo 3 horas realmente no son necesarios. Tampoco hay actualmente ninguna línea de ferrocarril operativa.

Alojamiento

Dado que Beirut tiene una oferta de alojamientos muy superior al resto de ciudades del país (en algunas de ellas sólo hay un par o tres de lugares donde escoger) y las cortas distancias a cualquier punto del país muchos viajeros optan por alojarse en la capital beirutí durante toda la estancia en el país y realizar las excursiones a los puntos de interés, de ida y vuelta en el mismo día.

Pero nosotros preferimos el pernoctar en otras ciudades para poder disfrutar mayor tiempo de ellas, sin las prisas de tener que volver a Beirut en el día. Además Beirut es una gran ciudad y con un tráfico caótico en algunos puntos, por lo que se puede perder mucho tiempo en entrar y salir de la ciudad

Gastronomía

La gastronomía libanesa es muy rica y variada, con especialidades propias y adaptadas de los diferentes países de su entorno. De hecho está considerada la mejor de la región. Por ello es fácil encontrar lugares donde comer bien y a un precio muy razonable. La base de su cocina es muy mediterránea (en el desayuno no era raro que nos pusieran aceitunas). Mención aparte merece la repostería: en las ciudades libanesas no es difícil encontrar pastelerías, modernas, pero bonitas y muy acogedoras, donde tomar un té acompañado por alguno de los exquisitos productos expuestos en sus vitrinas. De vicio!.

Clima

Básicamente el clima libanés es mediterráneo, aunque se aprecian diferencias entre la costa, las montañas y el valle de la Bekaa. En las fechas de nuestra visita tuvimos temperaturas agradables de día y, en general, frescas de noche. Pero agradecimos en muchas ocasiones llevar encima un polar para cuando no hacía sol o soplaba el viento. No llovió ningún día. En el bosque de cedros de Becharre pudimos pisar la nieve, pero ya quedaba poca, aunque en los picos más altos era aún bastante visible.

Diferencia horaria

Durante nuestro horario de verano hay una diferencia de +1 hora.

Guía de viaje

Siria y Líbano, Lonely Planet (colección geoPlaneta en español, edición 2005). De las más actualizadas que había en las fechas de nuestro viaje, aunque la información se había recogido en el 2003 y se nota ya una cierta desactualización en algunos aspectos.

Curiosidades

• Durante nuestra estancia en el país nos cruzamos con poquísimos viajeros, incluso en lugares tan turísticos como Baalbek, por lo que casi siempre nos encontrábamos solos en las visitas a lugares de interés e incluso en los hoteles, lo cual sin duda era una suerte para nosotros pero una auténtica desgracia para el sector turístico libanés.

• Muchos conductores libaneses, incluyendo a los de transportes colectivos, parecen esconder un conductor de rally dentro suyo, ya que son proclives a correr mucho y en lugares que, a priori, no parecerían los más indicados. Además uno de los deportes favoritos del país es quemar rueda en curvas o bien al arrancar el coche. Tanto es así que en algunas curvas cerradas, idóneas para derrapar, las autoridades libanesas han optado por agujerear el asfalto para dificultar esta práctica.

• También nos sorprendió la cantidad de coches de lujo que circulan por las ciudades y carreteras del Líbano, principalmente de Mercedes de gama alta. De hecho comprobamos que existe un activo mercado de venta de coches de segunda mano que vienen directamente de Alemania. Pero aún nos sorprendió más la cantidad de vehículos Hummer que llegamos a ver. Contamos más de 20 durante nuestra estancia, lo cual supera de largo los que hayamos visto en cualquier otro lugar del mundo.

• También referente al alto nivel de vida de parte de la población libanesa mencionamos la existencia de tiendas de auténtico lujo en la zona nueva de Beirut. Sirva como ejemplo una tienda dedicada en exclusiva a la venta de teléfonos móviles de superlujo de la marca Vertu (en el escaparate había un modelo que sólo costaba unos 9.000 US$).

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 GUÍA / RELATO DE VIAJE: RUTA NORTE LÍBANO: BAALBEK, BYBLOS y TRÍPOLI

BEIRUT (I)

COMO LLEGAR

Vuelo de Barcelona al aeropuerto de Schipol en Amsterdam con la compañía KLM (1 hora 50 minutos). Tras una corta espera de menos de dos horas enlazamos con otro vuelo de la misma compañía a Beirut. Tras casi 4 horas de vuelo llegamos al aeropuerto Rafic Hariri de Beirut a las 23:55 horas.

Tras pasar inmigración (ver Visado) y recoger el equipaje salimos fuera de la terminal. Esta vez no cambiamos dinero, puesto que el cambio ofrecido era malo y además llevábamos ya suficientes dólares para pagar el taxi al centro. Una vez fuera nos asaltan unos cuantos taxistas, los cuales nos piden 25 US$ por ir a la zona de Hamra, en el centro de la ciudad, un precio claramente abusivo. Regateamos con uno de los taxistas y sin mucho esfuerzo conseguimos un precio de 10 US$, que nos parece más justo teniendo en cuenta la hora que era.

El aeropuerto está unos 9 km al sur del centro de Beirut. Durante el día (en teoría de 5 a 18 horas) circulan autobuses públicos entre el aeropuerto y varios puntos de la ciudad (Hamra o la estación Charles Helou, por ejemplo), pero para tomarlos en el aeropuerto hay que andar casi 1 km desde la terminal hasta la rotonda por la que pasan los autobuses.

DORMIR Y COMER

En el hotel Marble Tower (rue Makdessi, en el corazón de Hamra. Tel. 354586) pagamos 67.500 LL por una habitación doble con baño, TV, aire acondicionado y desayuno incluido (buffet libre). Debido a lo intempestiva de la hora en que llegábamos a Beirut preferimos reservarlo por Internet días antes, desde su propia página web. La verdad es que el hotel está bastante bien y su situación es muy conveniente, y la única pega puede ser el ruido de los coches que llega de la cercana Rue Hamra, por lo que conviene pedir una de las habitaciones que da a la parte de atrás. Junto a este hotel hay dos o tres más, pero son bastante más caros. Una opción más económica es el Regis Hotel (Rue Razi, en la zona de Ain Al-Mreisse. Tel. 361845), del que teníamos buenas referencias, aunque no podemos opinar por no haber estado en él.

A tiro de piedra de nuestro hotel, en rue Hamra (entre las calles Jeanne d'Arc y Caire), hay unas cuantas oficinas de cambio donde cambiar euros o dólares a buen precio, aunque todas ofrecen el mismo. En las fechas de nuestro viaje el cambio aquí era de 1.800 LL por euro, frente a los 1.570 LL en el aeropuerto.

COSAS A VER

Dejamos la visita a Beirut para los días finales de nuestro viaje (ver BEIRUT (y II)), siendo ahora sólo un lugar donde pasar la noche para continuar viaje al día siguiente hacia Baalbek.

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BAALBEK (valle de la Bekaa)

COMO LLEGAR

Primeramente tomamos un servicio de taxi (taxi con matrícula roja) en la calle Hamra hasta la estación de autobuses de Cola (1.000 LL cada uno). En el camino hacia Cola podemos ver algunos edificios aún con claras huellas de la destrucción de la anterior guerra. Al llegar a Cola (en realidad una rotonda junto a un viaducto donde esperan multitud de minibuses y taxis) el taxista nos deja junto al minibús que va a Baalbek. Sale cuando se llena y, aunque cuando llegamos estaba vacío, en menos de 10 minutos ya salimos hacia Baalbek, dando alguna vuelta por barrios del sur de Beirut para acabar de llenar el minibús. Pagamos 4.000 LL cada uno por el trayecto a Baalbek.

Cuando abandonamos la capital beirutí tomamos la carretera Beirut-Damasco (muy transitada, por cierto), la cual asciende por la ladera de una montaña. Una vez en la parte más alta hay unas magníficas vistas de la ciudad y del Mediterráneo. A continuación iniciamos el descenso por el otro lado de la montaña hacia el valle de la Bekaa. Al iniciar el descenso por el otro lado empezamos a encontrar bastantes controles del ejército libanés (aparte de las retenciones en el tráfico no suponen ningún inconveniente para nosotros). Al llegar a Chtaura, a 44 km de Beirut, dejamos la carretera a Damasco y tomamos otra carretera hacia el norte. Otros 7 km más y pasamos por la bulliciosa Zahlé (la capital del arak, una especie de coñac con sabor anisado). En esta carretera por el valle de la Bekaa se hace evidente la presencia de Hezbollah, con gran arraigo en esta zona, ya que hay numerosas banderas, carteles con la imagen de su líder Nasralah y también huchas donde poder dejar donativos para la causa. Llegamos a Baalbek tras 2 horas 15 minutos de viaje desde Beirut. El minibús nos deja en la plaza principal, delante del banco.

DORMIR Y COMER

En Pension Jammal (rue Hajjar, Tel. 370649) pagamos 45.000 LL por una nueva, bonita y enorme habitación doble con baño, en la parte superior de un edificio que está enfrente de la pensión propiamente dicha. Además somos los únicos huéspedes en el edificio. Desde el balcón de la habitación teníamos una estupenda vista de la cercana Catedral de Santa Bárbara y desde la terraza del edificio una no menos impactante vista de las ruinas con las montañas nevadas del Anti-Líbano como fondo. Muy, muy recomendable, de verdad. Llegamos a ella siguiendo los consejos de un amable señor al que preguntamos por otro lugar, ya que antes habíamos mirado otras opciones que venían en la guía LP: Hotel Jupiter (20 US$ la habitación, pero bastante cutre), o el Palmyra Hotel (56 US$ una habitación envejecida).

En la misma calle Hajjar, unos 50 metros más allá, está el pequeño y recomendable restaurante Al-Kayam, donde comer un delicioso shawarma por sólo 1.500 LL. Siguiendo esta misma calle hacia el norte, junto al zoco, está la cafetería An-Shams, un buen lugar para merendar, tomar un té y ver pasar la gente por esta concurrida calle. Muy cerca de aquí está el recomendable restaurante Chehrazade, situado en la 6ª planta de un edificio, desde la que hay unas vistas magníficas.

COSAS A VER

BAALBEK, a 85 km de Beirut, es una pequeña ciudad que actúa de centro económico y administrativo del norte del Valle de la Bekaa. Desde luego el interés principal de Baalbek son sus extraordinarios restos arqueológicos, aunque también sería una lástima marchar de la ciudad sin haber dado una vuelta por ella. Durante los años de la cruenta guerra civil libanesa Baalbek estuvo fuera del alcance de los viajeros, ya que esta ciudad se convirtió además en el cuartel general de la milicia chiíta de Hezbollah, por lo que la situación aquí era cualquier cosa menos pacífica y segura. Por suerte, desde mediados de los años 90 vuelve a ser posible visitar esta maravilla.

Aparte del sitio arqueológico hay algunos puntos de interés en la ciudad, como la Catedral de Santa Bárbara, las ruinas de la Gran Mezquita omeya (fue construida con piedras de los templos), las callejuelas del pequeño zoco, el bulevar Ras al-Ain (de las farolas cuelgan banderolas verdes y amarillas con fotos de los mártires y el anagrama de Hezbollah) o la cantera de la que procedían los bloques de piedra usados en el sitio arqueológico. Está 1 km al sur del centro y en ella se puede ver el mayor bloque de piedra jamás creado por el hombre, con unas dimensiones de 21'36 m de largo, 4'33 de alto y 4'6 de profundidad y que podría pesar entre 1.200 y 2.000 Tn.

Patrimonio de la Humanidad Sitio arqueológico de Baalbek (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984). La ciudad de Baalbek tuvo su origen en tiempos fenicios como un lugar de culto a Baal, el dios fenicio del Sol, y del cual deriva su nombre.

Imagen de Baalbek
Imagen de Baalbek

Durante el periodo helenístico los griegos llamaron a la ciudad Heliópolis o Ciudad del Sol). Aunque la edad dorada de Baalbek llegó cuando Julio César la hizo una colonia romana. Debido a su importancia como área agrícola (el valle de la Bekaa es muy fértil) para abastecer la parte oriental del Imperio Romano o quizás gracias a su estratégica situación en las importantes rutas comerciales este-oeste (entre el Mediterráneo y la Siria interior) y norte-sur (entre el norte de Siria y el norte de Palestina) los romanos eligieron este lugar para construir los mayores templos religiosos del imperio. A lo largo de 200 años varios emperadores romanos supervisaron la construcción de magníficos templos en honor a Júpiter, Venus y Mercurio, que también sirvieron para demostrar la riqueza y el poder de la Roma imperial.

Con sus colosales e imponentes templos y ruinas, Baalbek es uno de los más grandes y bellos ejemplos de arquitectura romana en todo el mundo. También está considerada como una de las maravillas de la antigüedad. Se pueden pasar varias horas visitando este complejo, lo cual nos permite disfrutar sin prisas del lugar. A lo largo de los siglos los templos de Baalbek han sufrido expolios, guerras y terremotos, así como añadidos en la Edad Media, pero hoy día podemos verlos más o menos en su forma original debido a los trabajos de restauración de arqueólogos alemanes, franceses y libaneses en el último siglo.

La entrada al complejo cuesta 12.000 LL y se accede a él a través de un majestuoso Propileo (entrada ceremonial) que da paso a dos grandes patios con columnas. A través de ellos llegamos a los grandes templos del complejo: el templo de Júpiter, el templo romano más grande jamás construido. Hoy día sólo quedan en pie 6 de las 54 columnas corintias originales. Cada columna tiene una altura de 22 m. y un diámetro de 2 m., dando una idea de las enormes medidas del templo original. En la esquina noroeste de la plataforma sobre la que se asienta el templo hay bloques monolíticos que podrían pesar unas 1.000 toneladas. El templo de Baco es quizás uno de los más bonitos y mejor conservado de la antigüedad. Es más pequeño que el de Júpiter, pero mayor que el Partenón de Atenas, por ejemplo. Vale la pena rodearlo completamente para admirar sus formas y su magnífico estado de conservación. Cerca de la escalinata del templo de Júpiter se pueden ver los restos de una basílica bizantina que construyó el emperador Teodosio usando piedras del propio templo. A la entrada hay un interesante museo que vale la pena visitar. Aunque ya fuera del recinto (a 200 m. de la entrada), el bonito templo de Venus es una pequeña estructura circular abovedada y con columnas estriadas que durante la época bizantina fue convertida en una iglesia. En resumen, por su belleza, estado de conservación y enormes dimensiones Baalbek es un lugar que no debemos perdernos por nada del mundo.

Patrimonio de la Humanidad AANJAR. Siguiendo unos 15 km desde Chtaura por la carretera a Damasco y ya muy cerca de la frontera con Siria se halla esta pequeña población de mayoría armenia. Su interés radica en el sitio arqueológico de Aanjar (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984), donde, a diferencia de otros sitios arqueológicos libaneses, no hay una superposición de épocas y civilizaciones, si no que pertenece todo él a la época omeya (s. VIII). Juntamente con las ruinas de la mezquita omeya de Baalbek estos son los únicos restos de esa época en el país.

Nosotros no pudimos visitar este sitio por falta de tiempo, por lo que no podemos dar nuestra opinión, pero parece ser que es muy recomendable. Así que viniendo de Damasco o bien visitando el valle de la Bekaa no es mala idea dedicarle unas horas.

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BYBLOS (Jbail)

COMO LLEGAR

En la misma carretera, junto al Jamal Bank, tomamos un minibús a Beirut (4.000 LL). Llegamos a la estación Cola de Beirut en tan solo 1 hora y 20 minutos debido a que el conductor de nuestro minibús va como un loco.

En Cola teníamos previsto tomar un servicio de taxi a Charles Helou, donde coger otro minibús hacia el norte para llegar a Byblos, pero para suerte nuestra nos enteramos de que podíamos tomar un minibús directo a Byblos desde Cola. Después de preguntar unas cuantas veces conseguimos averiguar cual era el que iba a Byblos. Subimos a él, pagamos 2.000 LL y salimos poco después. Al salir de la ciudad tomamos la autopista que va hacia el norte siguiendo la línea de costa. Unos 40 minutos después el minibús para en el arcén de la autopista y nos indica que bajemos, ya que continúa viaje hacia el norte y ya estamos en Byblos. Salimos de la autopista y andamos unos 500 metros hasta llegar al centro de la ciudad.

DORMIR Y COMER

En el Ahiram Hotel (Tel. 540440) pagamos 66.000 LL por una habitación doble nueva, con baño, TV, nevera, un balcón que da directamente al mar (a la playa de los Guijarros), y el desayuno incluido, aunque el precio inicial era de 99.000 LL más impuestos (éramos los únicos clientes del hotel y esto ayudó a bajar el precio). La guía LP decía que las habitaciones eran sucias y necesitaban una renovación, pero ahora ya no es así puesto que el hotel estaba ya siendo enteramente renovado. Muy recomendable. Además el desayuno es muy completo y por la noche es muy agradable dormirse oyendo sólo el romper de las olas contra la playa. Una opción más económica en Byblos es el hotel Abi-Chmou (junto a la entrada al yacimiento arqueológico), pero estaba lleno cuando llegamos a la ciudad.

Para comer podemos recomendar el restaurante Rif Grill, en una bocacalle a 30 m. de Rue Jbail. Ahí pudimos probar una cerveza local, de nombre Almaza, que no está nada mal y por sólo 2.000 LL. Otro buen lugar, no tan fashion, es el Rock Restaurant, junto al Byblos Bank en Rue Jbail. Para tomar algo nada mejor que el Café du Port-Saint Tropez, algo caro, pero con una magnífica vista sobre el puerto viejo y con una sugestiva olor a narguile que inunda el local.

COSAS A VER
Puerto de Byblos
Puerto de Byblos

Patrimonio de la Humanidad BYBLOS (Jbail en árabe), 37 km al norte de Beirut, es una de las urbes más antiguas que se conocen permanentemente habitadas ya que sus orígenes se remontan a hace unos 7.000 años. Fueron los griegos (1200 a. de C.) quienes le dieron su actual nombre de Byblos (pronunciado baiblos y cuyo significado es papiro en griego), debido a que era un importante punto en el comercio del papiro. Sus ruinas están consideradas como uno de los vestigios arqueológicos más interesantes del país, ya que entre ellas se encuentran restos de construcciones del quinto milenio antes de Cristo. Byblos fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984.

Al sur de la ciudad vieja tenemos los yacimientos arqueológicos (la entrada al complejo cuesta 6.000 LL), una área de excavaciones rodeada por una muralla con la entrada a través del Castillo de los Cruzados. Es conveniente comenzar la visita por el castillo, construido en el s. XII, ya que si subimos a lo alto de sus murallas tendremos unas maravillosas vistas sobre los yacimientos, la ciudad vieja y, en general, de los alrededores de Byblos, lo que nos permitirá hacernos una composición de lugar. Un paseo por el yacimiento, junto al mar, nos permitirá ver otros restos de interés, como las ruinas del Templo de Baalat Gebal (el más antiguo de Byblos), el Templo de Reshef, nueve tumbas reales, o el Templo del Obelisco, así como una columnata, el Pozo del Rey y un anfiteatro romano. Muchos de los vestigios encontrados en este yacimiento hoy se exhiben en el Museo Nacional de Beirut.

En la ciudad medieval, rodeada por murallas en sus flancos norte y este, encontramos la bonita iglesia de San Juan Bautista, una catedral de tres ábsides construida por los cruzados. Recomendamos también vagar por los callejones de esta parte de la ciudad y ver su restaurado zoco. También su pequeño e interesante puerto viejo, protegido del mar abierto por un promontorio rocoso y con una torre de defensa a cada lado de la bocana. Junto al puerto vale la pena echar un vistazo (o comer en él, aunque es caro) a la terraza del mítico restaurante Byblos Fishing Club, donde hay numerosas fotografías del propietario del restaurante, Pepe, de origen mexicano, con celebridades internacionales del mundo del cine y la jet-set en los años 60, cuando Byblos era un lugar de parada obligada para los yates de los famosos. Durante los fines de semana, la calle que rodea el puerto viejo parece ser un lugar donde algunos libaneses exhiben sus lujosos coches.

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TRÍPOLI

COMO LLEGAR

Desde el hotel andamos, en un agradable paseo, casi 1 km hasta la autopista, en el mismo punto en el que nos dejó el minibús en el que llegamos hasta aquí. No pasa ni un minuto antes de que pare un autobús y nos pregunte hacia donde vamos. Lo tomamos porque va hacia Trípoli. Cuesta 1.500 LL y en sólo 40 minutos (casi todo es autopista) ya estamos en el centro de Trípoli. El autobús nos deja unos 200 metros al oeste de la plaza Al-Tall.

DORMIR Y COMER

En Haddad Pension (cerca de la plaza Tall, hay que buscar un rótulo rojo con el nombre para acceder al callejón donde está. Tel. 507709) pagamos 22.500 LL por una habitación doble con baño compartido. El lugar es bastante básico, pero el ambiente es muy familiar, casi como estar hospedado en casa de alguien, porque de hecho la familia propietaria vive aquí. El hecho de que las habitaciones no se pueden cerrar con llave da una idea de la familiaridad del lugar. Algunas habitaciones pueden ser algo ruidosas por la noche debido a la maquinaria de un horno de pan cercano. La propietaria es muy amable y solícita a la hora de dar información sobre la ciudad. La pensión está en un 2º piso y las escaleras que conducen a ella pueden echar para atrás, pero no hay que desanimarse.

Muy recomendable el restaurante Lycée, muy cerca de la calle Rachid Rida, entre las plazas et-Tall y Al-Hajman. Teniendo en cuenta que Trípoli es famosa por ser la capital dulce del Líbano nada mejor que probar algunas de sus especialidades en la acreditada pastelería Rafaat Hallab & Sons, en rue Tall. Pero no hay que irse de Trípoli sin haber ido también a la pastelería Abdul Rahman Hallab & Sons, situada en un precioso y gran edificio con aspecto de palacio en rue Riad Sohl, en el camino de la ciudad vieja a Al-Mina. Impresionante.

COSAS A VER

TRÍPOLI, 85 km al norte de Beirut, es la segunda capital del país y tiene un carácter propio que la hace diferente del resto, ya que aquí se mezcla lo moderno con lo medieval. Actualmente la ciudad de divide en dos partes: El-Mina (la zona del puerto y donde estaba la ciudad antigua) y Trípoli propiamente dicho. Sobrevivió a la guerra civil en mejor estado que la mayoría de ciudades del país y aún conserva el encanto árabe. La ciudad cuenta con 45 edificios, muchos de ellos del s. XIV, registrados como lugares históricos, así como varias mezquitas de la época de los mamelucos y los otomanos, madrasas, hammams, caravanserais, y zocos que han cambiado poco en los últimos 500 años. A nosotros nos resultó una ciudad muy agradable de visitar.

La ciudad medieval, a los pies de la ciudadela, es donde se concentran la mayor parte de lugares históricos de interés. En cambio la zona conocida como at-Tall, dominada por una torre del reloj otomana, es el centro donde están la mayor parte de empresas de autobuses y también el inicio y final de muchas rutas de taxis compartidos.

La Ciudadela de Saint Gilles o Qal'at Sinjil (entrada: 7.500 LL) está situada sobre una colina y domina buena parte de la ciudad. Esta fortaleza ha sido modificada numerosas veces a lo largo de su historia. Lo cierto es que no hay gran cosa a ver y no hay rótulos que expliquen nada, pero las vistas de la ciudad desde aquí arriba valen mucho la pena. Acabada la visita a la fortaleza recomendamos descender la colina hasta el río que hay detrás de ella para tener una buena perspectiva del conjunto.

Después seguimos el río hacia el norte para ir al zoco Al-Haraj (un bazar cubierto del s. XIV con un alto tejado abovedado soportado por columnas de granito y que hoy es ocupado por vendedores de colchones, almohadas o esteras). También por esta zona está el Khân Al-Misriyyîn o caravanserai de los egipcios. Vagando sin rumbo por el gran zoco llegamos sin saber como hasta el precioso Khân Al-Khayyatin, el caravanserai de los sastres y que es de los más antiguos de Trípoli (principios del s. XIV), con una planta diferente al resto. Por el camino vemos por fuera el edificio del hammam 'Izz ed-Dîne, construido en el s. XIII por un gobernador mameluco y en uso hasta hace poco (ahora está cerrado por obras). Continuamos andando por la calle Malik Faisal, entramos en un callejón a la izquierda y encontramos el Khân as-Saboun, el cual adquirió en el s. XVIII una gran reputación por sus jabones perfumados de alta calidad. Actualmente aún quedan establecimientos que venden jabón y el más grande es la tienda de Ahmad Bader Hassoun, un estupendo lugar donde comprar jabones, aunque el problema es escoger entre la gran cantidad y variedad (por ejemplo, 1 pastilla de jabón artesanal de jazmín cuesta 1.000 LL). Detrás de este caravaserar está el hammam el-Abed. del s. XVII y el único que continúa funcionando en Trípoli.

Mezquita Al-Muallaq (Trípoli)
Mezquita Al-Muallaq (Trípoli)

Camino de la cercana Gran Mezquita pasamos por delante de varias madrasas, como la madrasa al Tuwashiyat (con una bella fachada), y hammams. La Gran Mezquita fue construida en el s. XIII sobre una catedral cruzada en ruinas del s XII, con un patio rodeado de pórticos y una sala de oraciones abovedada. Muy cerca de aquí tenemos la preciosa madrasa Al-Qartâwiyat, probablemente el edificio más decorado de Trípoli y el único con una sala de oración cubierta por una cúpula oval. Yendo hacia el sur por la calle Cheikh Nassif al-Yazigui y bordeando el cementerio llegamos a la bellísima mezquita Taynâl, con ejemplos únicos en Trípoli de arquitectura decorativa durante la época mameluca. Además el muezzin es muy amable y divertido. Para nosotros fue de lo mejor de Trípoli. Yendo ahora hacia el norte y dejando el cementerio a la izquierda pasamos junto a la curiosa mezquita Al-Muallaq o mezquita colgante (quizás porque está en un segundo piso). Muy cerca está el hammam Al Jadid, el más grande de la ciudad, pero lleva ya más de 35 años cerrado. Y es una lástima porque el sitio es realmente bonito y más si se arreglara bien. Su visita es muy interesante (está cerrado, pero en una tienda cercana tienen la llave que permite acceder a él. Muy interesantes las fotos de época que hay ante la puerta del hammam.

Para ir a la zona de Al Mina tomamos un taxi compartido en et-Tall por 1.000 LL y que nos deja en la Corniche. Aparte de pasear por el paseo marítimo, muy concurrido por los locales, y ver el mar y las pequeñas islas que hay frente a la costa no hay mucho más para ver.

Patrimonio de la Humanidad VALLE DE QADISHA (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, conjuntamente con el Bosque de los Cedros). La población de este valle es principalmente cristiana maronita, agrupada en pequeños pueblos entre los 1.500 y 2.000 metros de altura. Las montañas más altas que lo circundan llegan a los 3.100 m. Disponiendo de varios días en la zona las posibilidades de caminatas por los distintos pueblos del valle, así como por el fondo del barranco o por las montañas son prácticamente infinitas. En nuestro caso sólo pudimos destinar un día, por lo que nos conformamos con ver rápidamente algunos pueblos del valle y, sobre todo, Los Cedros.

Bsharre, a 1.400 m. de altura, está situado en la cabecera del valle de Qadisha y es el sitio idóneo para visitar los archifamosos cedros del Líbano. Pero también es famoso por ser el pueblo natal de Gibran Khalil Gibran (1883-1931), un conocido poeta y pintor libanés. Hay un museo sobre él en el monasterio Mar Sarkis, en una ladera rocosa al este del pueblo.

Hasroun y el valle de Qadisha
Hasroun y el valle de Qadisha

Para llegar a Bsharreh tomamos un pequeño autobús que sale a las 8:30 desde la plaza Abdel Hamid Karami (enfrente de la Oficina de Turismo), unos 300 m. al sureste de la plaza Tall. El trayecto cuesta 2.500 LL y empleamos unos 75 minutos hasta la plaza principal de Bsharreh. Los paisajes que vemos desde la ventanilla son ciertamente espectaculares, especialmente a partir de la población de Zgharta, por lo que ya sólo por esto justifica el viaje. Las vistas sobre el barranco que se abre al valle de Qadisha, los pequeños pueblos de casa con tejados de teja roja, las montañas aún nevadas, o los pueblos colgados sobre el barranco hacen de este lugar una experiencia magnífica. A ratos la carretera no es apta para viajeros con vértigo. Para las mejores vistas, en el camino de Trípoli a Bsharreh, es mejor sentarse en el lado izquierdo del autobús, mientras que a la vuelta lo es el lado derecho.

Los Cedros. Desde la plaza principal de Bsharre la carretera asciende durante 7 km hacia el norte hasta llegar a uno de los últimos bosques de cedros que quedan en el Líbano. Este bosque, conocido como Arz el Rab (Cedros del Señor), es el más famoso de todos, ya que es el único que puede dar una idea del tamaño y magnificencia de estos árboles tan antiguos. Contiene unos 375 ejemplares de gran edad, algunos de los cuales tienen más de 1.500 años, con alturas que alcanzan los 32 metros y diámetros entre 12 y 14 metros. Lo que vemos hoy son los restos de un enorme bosque de cedros, así como de cipreses o pinos, que una vez cubrieron el Monte Líbano. También hay otros cedros más jóvenes que se han plantado para asegurar su supervivencia. En 1876 se construyó el muro de piedra que envuelve las 102 Ha. del bosque para protegerlo. Con posterioridad se añadieron 3 km de caminos por el bosque para poder visitarlo sin causar daños a este frágil entorno. En el centro del bosque hay una capilla maronita construida en 1843.

En el momento de nuestra visita aún quedaba algo de nieve en el bosque y alrededor de él, realzando aún más la belleza del conjunto. Pudimos pasear por el bosque durante más de 1 hora, completamente solos, con la única compañía del sonido de los pájaros. Es una visita muy recomendable, ya que el bosque en sí y los paisajes limítrofes son realmente bonitos y diferentes al resto del país. Si aún queda tiempo y ganas desde aquí se puede ascender al Qornet es-Sawda, el pico más alto del Líbano con 3.088 metros de altura, a pie o en un vehículo 4x4. Desde la cima hay una vista panorámica de la costa libanesa hacia el oeste (se dice que en un día claro se puede ver la isla de Chipre).

Cedros en el valle de Qadisha
Cedros en el valle de Qadisha

Para llegar a Los Cedros negociamos un taxi en Bsharreh: 10.000 LL por ir, volver y la espera allí (90 minutos son más que suficientes). Es un trayecto de unos 15 minutos que se encarama a la montaña y pasa por una zona de hoteles de la estación de esquí. El taxi nos deja 1 km más allá, en un lugar donde hay varias tiendas de recuerdos a lado y lado de la carretera (muy recomendable la compra de figuras que representan un cedro y hechas de madera de cedro, que se obtiene de ramas caídas). Continuando por esta carretera se llega a la estación de esquí (a 2.066 m. de altura) y cruzando un puerto de montaña podríamos ir directamente a Baalbek sin tener que dar la vuelta por Beirut, pero este puerto de montaña está cerrado buena parte del año por la nieve y además no parece que haya transporte colectivo, por lo que un taxi puede salir muy caro.

Para volver a Trípoli desde Bsharreh se puede coger el autobús (es bueno preguntar a que hora es el último) desde la plaza principal, pero nosotros preferimos andar por la carretera que bordea el barranco en dirección a Hasroun (bonito pueblo con casas pintorescas, viejas iglesias y jardines), lo cuál nos permite ver una espectacular vista del inicio del barranco por el lado este, y subir a un autobús a Trípoli. Cuando llevamos andados unos pocos kilómetros se detiene un autobús que procede de Trípoli para preguntarnos si volvemos a la ciudad y al contestar afirmativamente el conductor hace un ademán para que subamos al autobús, aunque ahora está yendo en sentido contrario. Vamos con el autobús bordeando el valle por su lado norte hasta llegar a Hadchit, donde deja pasaje y da media vuelta y conduce hasta llegar a la plaza principal de Bsharreh, donde se detiene un rato. La vuelta a Trípoli empieza realmente aquí, ya que el resto fue para nosotros un trayecto extra que nos permitió ver pueblos y una perspectiva del valle que no habíamos visto. La vuelta a Trípoli en este autobús (2.500 LL) la hicimos en sólo 65 minutos.

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 GUÍA / RELATO DE VIAJE: RUTA SUR LÍBANO: SIDÓN, TIRO, BEITEDDINE y BEIRUT

SIDÓN (Saida)

COMO LLEGAR

Primeramente tomamos el autobús de la compañía Trípoli Express, directo a Beirut, sin paradas intermedias y con un vehículo grande y cómodo. Cuesta 2.500 LL y sale desde delante de las oficinas de la compañía, en la esquina de las calles Tall y Fouad Chehab. En poco más de 90 minutos llegamos a Beirut y el conductor nos deja junto al Museo Nacional, el punto de su ruta más cercano a Cola, ya que le indicamos que nuestro próximo destino es Sidón.

Aquí mismo tomamos un servicio de taxi que, por 1.000 LL, nos lleva hasta el centro de transporte Cola, a unos 2'5 km de este punto. Al llegar a Cola preguntamos por un transporte a Sidón y nos indican un par de autobuses: uno rápido (1.500 LL) y otro lento (750 LL). Nos decidimos por el rápido, un autobús grande, muy cómodo y con asientos reclinables. Tras sólo 40 minutos de viaje llegamos al destino final, en la plaza Saahat en-Nejmeh, muy cerca del centro de Sidón.

DORMIR Y COMER

En el Hotel Katia pagamos 22.500 LL por una habitación doble con baño, ventana y un balcón (desde él veíamos el puerto y el mar). La habitación es básica porque el edificio es un antiguo convento, lo cual es aún muy evidente, pero es un lugar limpio, tranquilo y bien situado. En el caso de estancias de más días se puede negociar el precio a la baja. Este lugar está en medio del zoco, por lo que encontrarlo es bastante difícil. Pero si preguntamos por él en el zoco siempre encontraremos a alguien dispuesto a acompañarnos hasta la entrada. De hecho la puerta de entrada al hotel está en el callejón junto al lado izquierdo del Khan el-Franj visto desde la entrada de éste.

Para comer un buen lugar son los chiringuitos que hay enfrente del castillo del Mar. Recomendamos especialmente el de Remy Abou, donde preparan unos excelentes bocadillos de felafel por 1.250 LL. Sidón es famoso por su variedad de dulces locales, fácilmente visibles, formando pequeñas pirámides en tiendas y pastelerías. La especialidad más conocida recibe el nombre de senioura, una deliciosa galleta que se deshace. Un lugar perfecto para probarla es la pastelería Kanaan, en rue Riad as-Solh.

COSAS A VER

SIDÓN (Saida en árabe) está en la costa, 48 km al sur de Beirut y es una de las ciudades libanesas más importantes a cuanto a patrimonio histórico y cultural, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que tiene más de 6.000 años de historia y que fue una importante ciudad fenicia. Hoy en día es la mayor ciudad del sur libanés, pero con una agradable atmósfera de pequeña ciudad. Desde la época persa Sidón fue conocida como la ciudad de los jardines y aún hoy día está rodeada de plantaciones de bananas y cítricos. Aunque Sidón y Tiro no suelen estar en el circuito habitual de los pocos viajeros que visitan el Líbano nosotros creemos que vale mucho la pena visitar el sur libanés. Desde luego nosotros disfrutamos mucho de los pocos días que pasamos en esta parte del país, con unas particularidades que la hacen ser distinta al resto.

El Castillo del Mar fue construido por los cruzados a principios del s. XII sobre una pequeña isla conectada a la costa por un paso elevado sobre el mar. La entrada cuesta 4.000 LL y su máximo interés es la magnífica vista que tiene sobre el mar, el puerto y la ciudad vieja subiendo a su tejado. Parece ser que esta fortaleza fue de gran belleza, pero poco queda de los adornos que decoraban sus murallas después de que los mamelucos destruyeran todos los castillos en el mar para prevenir que los cruzados pusieran de nuevo el pie en la costa. Junto al castillo está el Resthouse, un elegante restaurante situado en un bonito edificio medieval. En su interior hay techos abovedados y decoración medieval, y también un precioso patio con una fuente.

Zocos. Entre el castillo del Mar y el de San Luís se extiende la ciudad vieja. No muy lejos del primero está el pintoresco y laberíntico zoco cubierto de Sidón. Aunque quedó bastante deteriorado a causa de la guerra poco a poco se va reconstruyendo. Vale la pena perderse por sus callejuelas para ir encontrando las numerosas tiendas, negocios y cafés que se esconden aquí. Por su parte los pescadores venden sus capturas en el mercado cercano al puerto, no muy lejos de la entrada al zoco.

Khan El Franj. Este bonito caravasar es el mayor y mejor conservado de todos los que construyó Fakhreddine II. Tiene una estructura típica formada por un gran patio rectangular en el centro, con una fuente, y rodeado de galerías abovedadas. Fue el centro de la actividad económica en el s. XIX y también llegó a albergar el Consulado francés. Hoy día está siendo renovado para ser el centro cultural de Sidón.

Gran Mezquita (Sidón)
Gran Mezquita (Sidón)

Museo del Jabón. Este magnífico museo es el primero del país dedicado al arte de la fabricación tradicional del jabón. Es tan interesante la exposición en sí como el espacio donde se ubica, un edificio de piedra del s. XIII. Además hay otras salas con exposiciones auxiliares y también un café y una tienda, todo ello presentado con un gusto exquisito. Muy recomendable. La entrada es gratuita ya que el museo se financia con fondos de la fundación Audi, un clan familiar de banqueros libaneses.

Gran Mezquita. Al sur del zoco, en el camino al castillo de San Luís, se encuentra esta mezquita que antiguamente fue la iglesia de San Juan de los Hospitalarios, hasta que los cruzados fueron expulsados de Tierra Santa. Los cuatro muros fortificados de este edificio rectangular datan del s. XIII y le confieren un aspecto inexpugnable, en especial visto desde el lado este. La entrada es muy bonita, ya que para acceder a la mezquita se pasa por un antiguo palacio.

El Castillo de San Luís (Qalaat El Muizz) fue levantado por el rey francés Luís IX durante las Cruzadas, a mediados del s. XIII. Los restos que quedan del castillo permiten observar varias etapas en la reconstrucción durante la época mameluca (s. XVII). Al pie de la colina donde está el castillo, más al sur de la Gran Mezquita, hay restos de unas cuantas columnas romanas esparcidas por el suelo.

Colina del murex. Al sur del castillo hay una colina artificial de 100 metros de largo por 50 de alto que se formó por la acumulación de los deshechos de conchas de murex, un molusco que era muy abundante en la zona y que se utilizaba en las factorías del famoso tinte púrpura en tiempos de los fenicios. Los romanos ya empezaron a levantar edificios sobre esta colina. Hoy día la colina está cubierta de casas y edificios, así como un cementerio. Aún se puede ver alguna concha de murex rota en la parte baja de la colina, pero debido a las construcciones cada vez esta zona es más inaccesible.

TIRO (Sour en árabe, pronunciado Sur). está situada unos 40 km más al sur de Sidón. Cuenta con cinco milenios de movida historia, pero su edad dorada la vivió en el primer milenio antes de Cristo, cuando Tiro era fenicia y sus colonias se extendieron por el Mediterráneo y el Atlántico. Cuando Tiro pasó a formar parte del imperio romano, estos construyeron grandes e importantes monumentos en la ciudad, incluyendo un acueducto, un arco triunfal y el mayor hipódromo de la antigüedad.

Tiro padeció enormemente los efectos de la última guerra civil libanesa y de hecho estuvo ocupada por las fuerzas israelíes hasta mediados del año 2000. En algunas zonas aún son visibles los rastros de la destrucción y las obras de reconstrucción consiguiente.

Nosotros visitamos Tiro en una fácil excursión de un día desde Sidón, aunque con más días nos hubiera gustado pasar al menos una noche en esta tranquila e interesante ciudad. Para pernoctar en Tiro recomendamos el hotel y restaurante Al-Fanar (Tel. 741111), ya que por casualidad pasamos por delante de él (está situado junto al faro de Tiro) y su amable propietario nos invitó a ver las estupendas vistas del mar y del faro visibles desde sus ventanales posteriores.

Los minibuses de Sidón a Tiro salen desde el aparcamiento que hay en el lado oeste de la plaza Nejmeh de Sidón. Cuestan 1.000 LL y emplean 1 hora en un trayecto de 40 km. La parada final está en la zona portuaria de Tiro. Para volver a Sidón tomamos un minibús en este mismo lugar.

Patrimonio de la Humanidad Ruinas arqueológicas de Tiro (declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984 para intentar preservarlas del pillaje y la guerra). En realidad estas se distribuyen en 3 zonas:

Zona de Al-Mina, situada en el extremo suroeste de la ciudad. Contiene restos de las épocas griega, romana y bizantina, entre los cuales encontramos edificios civiles, columnatas, baños públicos, calles con mosaicos y una especie de circo rectangular. Una larga calle con columnas conduce directamente al mar. Desde la orilla podremos ver a poca distancia pequeñas islas que de hecho era los rompeolas y muelles del antiguo puerto fenicio, llamado puerto egipcio porque estaba encarado hacia el sur, donde está Egipto. En conjunto se trata de un lugar fantástico y muy recomendable de visitar, no ya sólo por las ruinas en sí, sino por su ubicación junto al mar. La entrada a estas ruinas cuesta 6.000 LL.

Ruinas (antiguas y actuales) de Tiro
Ruinas (antiguas y actuales) de Tiro

Catedral de los Cruzados, a sólo 5 minutos a pie hacia el oeste desde la entrada de la zona anterior. De hecho sólo quedan en pie parte de los cimientos y algunas columnas de granito. Las excavaciones han hallado aquí una red de vías romanas y bizantinas, además de algunos edificios. No se permite la entrada a la zona, aunque nosotros pudimos entrar puesto que en ese momento la verja estaba abierta por haber un equipo de topógrafos tomando mediciones). De todos modos el conjunto es visible desde la carretera.

Zona de Al-Bass, situada al este de las anteriores, suponiendo un largo paseo de más de 3 km para llegar a la entrada, en el lado este del enorme complejo. Está formado por restos que datan de los siglos II al VI: una gran necrópolis romana y bizantina con interesantes sarcófagos, un arco triunfal de 3 ojos, restos de un acueducto que traía el agua a la ciudad y, sobre todo, el espectacular hipódromo romano, el mayor y mejor conservado del mundo, con una estructura de 480 m. de longitud que permitía sentarse a 20.000 espectadores para ver las carreras de cuadrigas. Vale la pena subir a la parte superior de las gradas para tener una vista privilegiada del conjunto. La entrada a esta zona cuesta 6.000 LL y es también muy muy recomendable.

El paseo desde la zona de Al-Mina a la de Al-Bass nos conduce a un barrio residencial de Tiro llamado Hay Er-Raml o barrio de la arena, llamado así porque con la acumulación artificial de arena y tierra a lo largo de los siglos hoy Tiro parece situada sobre una península, pero en la época fenicia estaba en realidad sobre una isla que se acabó uniendo al continente a través de un paso elevado sobre el mar.

Además de las zonas arqueológicas vale mucho la pena dar un calmado paseo por el núcleo de Tiro cercano al puerto pesquero. Para empezar hay un pequeño pero animado zoco cubierto. Junto a la entrada del zoco hay un khan otomano y en una calle lateral una casa mameluca (residencia del periodo otomano que sirve de centro de información del Directorado General de Antigüedades). Cerca del zoco también hay una interesante mezquita con dos cúpulas. Muy bonito y fotogénico es el pequeño pero ajetreado puerto pesquero, existente desde la época fenicia. En el lado oeste del puerto encontramos el barrio cristiano, una zona pintoresca de estrechas callejuelas, con arquitectura tradicional y numerosas iglesias. Junto al faro hay una pequeña playa de guijarros que da acceso al mar.

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BEIRUT (y II)

COMO LLEGAR

Andamos los 500 m. desde la ciudad vieja de Sidón hasta la plaza Saahat en-Nejmeh, donde tomamos el primer autobús que sale hacia Beirut (1.500 LL). Tras un corto viaje de 40 minutos llegamos, una vez más, a la zona de Cola. Aquí tomamos un servicio de taxi para ir la zona de Hamra, donde nos alojamos.

DORMIR Y COMER

Escogemos de nuevo el hotel Marble Tower, porque ya lo conocíamos y su relación calidad/precio nos había convencido en la primera noche que llegamos a Beirut.

Para comer recomendamos especialmente el restaurante Al Balad (1145 Ahdab St, muy cerca de la plaza Nejmeh. Tel. 985375), cocina libanesa exquisita y a precios razonables. Entre la multitud de restaurantes de la zona centro también probamos la la pizzeria Il Parlamento (en Maarad St) y no estuvo nada mal, aunque algo cara. Ya en la zona de Hamra es muy recomendable el café-restaurante Al-Kahwa (Bliss St, frente a la AUB, en la zona de Hamra), muy frecuentado por estudiantes de la universidad y con un ambiente muy agradable, cargado del olor del narguileh o shisha. Para beber o comer algo ligero tenemos el Lina's (en Hamra St, en la planta baja del hotel Plaza).

Para conectarse a Internet: Pals Internet Centre, en la esquina de las calles Hamra y Mahatma Gandhi, a 1.500 LL/hora.

COSAS A VER

BEIRUT, la capital del Líbano, con algo más de un millón de habitantes, es una ciudad vibrante y bulliciosa, quizás el resultado de un pasado de más de 5.000 años y de multitud de desgracias y calamidades que ha debido superar (y aún supera). Sin ir más lejos, Beirut sobrevivió a finales del s. XX a 15 años de una cruenta guerra que le dio el derecho a autoproclamarse la ciudad que nunca muere. Aún hay varias zonas de la ciudad donde son visibles las huellas de la guerra en forma de edificios acribillados por proyectiles de todos los calibres.

Si bien es cierto que en Beirut no queda gran cosa para ver esto no quiere decir que esta ciudad no tenga interés para el viajero. Vale la pena, bajo nuestro punto de vista, dedicarle al menos un día.

La Corniche. Pasear por este largo paseo marítimo que se extiende a lo largo de la costa de Beirut es una agradable forma de pasar el rato, especialmente al caer el sol. Como además también es el lugar preferido por la población local para pasear, hacer footing, pescar, fumar narguile, tomar algo, o ver y dejarse ver, por lo que no hay mejor lugar para ver en acción a la sociedad beirutí en su tiempo de ocio. Es todo un espectáculo y, desde luego, es muy recomendable.

Imagen de La Corniche de Beirut
Imagen de La Corniche de Beirut

Empezamos el paseo por la Corniche en la zona de Ain-Mreisse, concretamente frente al puerto deportivo St George Yacht Motor Club. Junto al puerto se encuentra el hotel St George, frente al cual fue asesinado el ex-primer ministro libanés Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005, cuando al paso de su vehículo blindado estalló una potentísima bomba que acabó con su vida y aumentó las divisiones internas en un país con un equilibrio político ya de por sí muy precario. La explosión fue de tal magnitud que varios edificios cercanos al lugar (entre ellos el del propio hotel St George) quedaron totalmente destruidos. En el momento de nuestra visita la zona estaba aún cerrada al paso y con vigilancia militar las 24 horas, puesto que se trata de una escena del crimen (CSI) en la que la ONU continuaba investigando para esclarecer la responsabilidad de este brutal atentado. Aún y así es posible observar el enorme cráter que causó la explosión. Bordeando esta zona y yendo hacia el oeste nos desviamos por la calle Phoenicia para ver la mole bombardeada del Holiday Inn (justo detrás del lujosísimo hotel Intercontinental Phoenicia), quizás el símbolo más visible de la guerra civil libanesa y que hoy es una especie de monumento a la sinrazón de la guerra. Al tratarse de un edificio muy alto fue un lugar muy usado por francotiradores durante la guerra, por lo que atrajo proyectiles de todos los calibres imaginables. Aún y así la estructura del edificio ha aguantado perfectamente.

Desde aquí volvemos de nuevo al paseo marítimo y continuamos hacia el oeste, disfrutando del ambiente. Desde el paseo vemos los enormes jardines y edificios de la AUB (American University of Beirut, una de las más prestigiosas de todo Oriente Medio). Siguiendo el paseo vemos más puertos deportivos y playas privadas. Al llegar a la altura del faro Manara el paseo vira hacia el sur, dejando a la izquierda la zona de Ras-Beirut. Más adelante pasamos junto al parque de atracciones Luna Park. El tramo de paseo que asciende la colina hasta la zona de Raouché es el menos bonito de todo el recorrido, pero poco más allá nos espera la visión de uno de los lugares más emblemáticos de Beirut, las Rocas de las Palomas. Se trata de unas enormes y espectaculares formaciones rocosas, a pocos metros de la costa, que sirven de atracción para locales y visitantes, especialmente durante la puesta de sol. Desde el paseo hay algunos caminos que descienden unos 100 m. hasta el lado del mar, desde donde tendremos una vista diferente de las rocas y también de los bonitos acantilados de esta zona de la costa beirutí. Sobre los acantilados hay numerosos cafés y restaurantes desde los que observar la puesta de sol sobre el mar y las rocas. Uno de los mejores situados es el Bay Rock Café, con amplias terrazas y zonas acristaladas que dan al mar.

Distrito central. Es el centro histórico y geográfico de la ciudad, pero también el nodo financiero, comercial y administrativo del país. Durante buena parte de los 15 años de guerra civil estuvo expuesto al fuego en toda su extensión. Al acabar la guerra esta zona de la ciudad había sido arrasada, sufriendo una devastación total de sus edificaciones e infraestructuras. Desde mediados de los años 90 se está llevando a cabo un gigantesco proyecto de reconstrucción en este distrito (equivalente a una superficie de 1'8 millones de metros cuadrados) con el fin de crear una moderna zona comercial, de servicios y residencial. Este proyecto incluye la reconstrucción de edificios históricos, como mezquitas o iglesias. Aunque este proyecto, con una duración prevista de 25 años y llevado a cabo por la empresa privada Solidere, está ya bastante avanzado aún hay varias zonas donde se continúa construyendo y otras donde aún son visibles algunos edificios acribillados por las balas.

Aunque la reconstrucción de los edificios ha intentado seguir la arquitectura que había lo cierto es que ahora esta zona de la ciudad poco tiene que ver con el resto. Pero con la apertura en los nuevos edificios de numerosas tiendas, restaurantes y cafés este distrito se ha convertido en el lugar de moda de Beirut. Sólo hay que venir aquí al atardecer o un fin de semana para ver como se llenan las terrazas, especialmente en las calles adyacentes a la Place d'Étoile (o plaza Nejmeh). Aparte de callejear hay unas cuantas cosas interesantes en esta zona. Al este de la plaza: Baños Romanos (restos de lo que fueron los baños romanos que sirvieron a la ciudad en la Antigüedad); el Gran Serrallo (separado de los baños romanos por la rue des Capucins; enorme edificio construido por los otomanos en 1853 y que hoy día es donde reside el Gobierno del país); Torre del Reloj (cerca del Serrallo, construida en 1897 por los otomanos); iglesia de los Capuchinos (inaugurada en 1863, junto a los baños romanos); mezquita Amir Munzer (en la calle Weigand; fue construida en 1620 y en su patio interior hay aún 8 columnas romanas); o el jardín Gebran Khalil (un buen lugar para descansar de la caminata, delante del edificio de las Naciones Unidas). Al otro lado de la plaza Nejmeh: catedral Greco-Ortodoxa de San Jorge (construida en 1767 era la más antigua de Beirut en funcionamiento, pero quedó tan devastada por la guerra que hubo que reconstruirla), catedral Greco-Católica de San Elías (de mediados del s. XIX); mezquita Al-Omari (originalmente era una catedral de los Cruzados en el s. XII, pero fue convertida en mezquita por los mamelucos en el s XIII); catedral Maronita de San Jorge (tras la zona arqueológica, de estilo neo-clásico); mezquita Khatam Al Anbiyaa (de reciente construcción) o la Plaza de los Mártires.

Distrito de Hamra. Antes del inicio de la guerra civil, en 1975, la principal vía de esta zona, la calle Hamra, era llamada el Champs Elysées de Beirut por su bulliciosa actividad y por ser frecuentada por turistas durante todo el año. Hoy día ya no es así, pero continúa siendo un importante eje comercial y financiero. También posee un buen número de hoteles, apartamentos y cafeterías, por lo que es una de las mejores zonas de Beirut para pernoctar. Su situación geográfica también hace que sea bastante conveniente para el viajero.

Museos. En Beirut no hay que perderse por nada del mundo el Museo Nacional (entrada: 5.000 LL), en la esquina de Abdallah Yafi con Damas. Fue abierto en 1942 para albergar los numerosos tesoros arqueológicos libaneses y durante la guerra civil resultó muy dañado, debido a su posición estratégica en una intersección de la antigua Línea Verde, la frontera que dividía la ciudad entre el Beirut cristiano (este) y el musulmán (oeste). Gracias a la previsión de sus responsables se consiguió que los objetos expuestos no resultaran dañados. Acabada la guerra se sometió al edificio a una intensa restauración y el museo volvió a abrir sus puertas en 1999. La verdad es que da gusto de visitarlo por su amplitud, iluminación y presentación de los objetos expuestos. Muy recomendable. Otro museo que puede ser interesante es el museo Nicolas Sursock (tel. 01-201892), situado en la calle Sursock, en pleno corazón del barrio de Achrafieh. Está considerado el único museo de arte moderno del Líbano, con exposiciones temporales y una colección permanente de arte islámico. Abrió en 1961 y ocupa un palacio que fue la casa privada de Nicolas Sursock, el cual es una joya arquitectónica en sí mismo, siendo un magnífico ejemplo de eclecticismo ya que combina estilos artísticos italianos y orientales. Además vale la pena venir hasta aquí para ver otros ejemplos de lujosos edificios de los siglos XIX y XX que hay en los alrededores del museo.

BEITEDDINE (significa Casa de la Fe) es un pequeño pueblo situado unos 45 km al sureste de Beirut y a una altura de 850 m. Es una de las principales atracciones turísticas del país debido al palacio del mismo nombre. Vale la pena combinar la visita a Beiteddine con la del vecino pueblo de Deir al-Qamar.

Palacio de Beiteddine. Es el mejor ejemplo de arquitectura libanesa de principios del s. XIX que podemos encontrar en el país y fue construido durante un periodo de 30 años por el emir Bechir El Chehab II, quién gobernó el Monte-Líbano durante más de medio siglo. Desde la independencia del Líbano, en 1943, el palacio pasó a ser la residencia de verano del presidente del país. Tanto por fuera como por dentro es magnífico, como salido de un cuento de Las mil y una noches, y si a ello le sumamos sus preciosos jardines e interesantes museos la visita está más que justificada.

Hammam del palacio<br />de Beiteddine
Hammam del palacio
de Beiteddine

La entrada al palacio cuesta 7.500 LL y está abierto todos los días del año. Desde el parking que hay a la entrada se tienen las mejores vistas de los edificios del complejo. La entrada principal conduce a un enorme patio y a su derecha encontramos un museo con fotos y documentos que explican la vida de Kamal Jumblatt, un importante político libanés y líder druso. En el segundo piso está el interesante museo arqueológico y etnográfico Rashid Karami con una extensa colección de objetos de distintos periodos. Al final del patio se accede a la parte central del palacio, pasando de una arquitectura austera a otra mucho más elaborada y fantasiosa (no en vano Beiteddine recibe el sobrenombre de Alhambra del Líbano). En esta sección central podemos ver estancias lujosamente decoradas (con paredes y techos de madera tallados con complejas figuras y embellecidos con caligrafía árabe), bellos suelos de mosaico, un elegante patio con una fuente, balcones de madera, fachadas ricamente decoradas, ... Desde los balcones de las habitaciones privadas del emir y su familia (desde el harén) hay unas vistas fantásticas sobre el valle). Pero nuestra preferida es la parte que corresponde al hammam, el cual consta de diferentes estancias siguiendo la tradición de los baños romanos. Para acabar mencionaremos el jardín de cipreses, con la tumba del emir y su primera esposa, y los enormes establos abovedados, que actualmente aloja una colección de bellos mosaicos bizantinos (considerada una de las mejores del mundo) que se trajeron aquí desde distintos lugares del Líbano para salvaguardarlos durante la guerra.

Para llegar a Beittedine, unos 50 km al sureste de Beirut, tomamos un minibús en Cola (1.500 LL). En realidad el minibús se dirige a la cercana población de Samqaniye, siguiendo una bonita carretera de curvas por la parte sur de un valle en las montañas del Chouf, y nos deja, tras 1 hora de viaje, en una rotonda unos 2 km antes de llegar a su destino. Desde aquí se puede andar unos 2 km hasta Beittedine, bajando por la carretera, o bien tomar un servicio de taxi (1.000 LL)

Acabada la visita al palacio caminamos hasta el centro del pueblo de Beiteddine, donde podemos ver algunos interesantes edificios como el palacio Mir Amine (construido por uno de los hijos del emir; posteriormente fue restaurado y ahora es un hotel de lujo). Desde aquí tomamos un taxi (4.000 LL los dos) al interesante pueblo de Deir al-Qamar, a 6 km en el otro lado del valle (si se dispone de tiempo y ganas este camino de bajada proporciona unas bonitas vistas del valle y del palacio).

DEIR AL-QAMAR es una población tradicional, con numerosos edificios históricos en buen estado de conservación que muestran como era la arquitectura libanesa de antaño. Además jugó un importante papel en la historia del Líbano porque fue la residencia de los gobernantes libaneses hasta el s. XVIII.

El centro del pueblo está ocupado por la enorme plaza pública, usada en sus orígenes para torneos. Alrededor de ella hay numerosos edificios históricos (hay también una gran fuente que se añadió en el s. XIX). En la plaza misma está la mezquita de Fakhreddine, construida en 1493 y restaurada en estilo mameluco en el s. XVI por el Emir Fakhreddine I Maan. Detrás de la mezquita está el zoco que albergaba los curtidores de pieles, aunque hoy ya sólo tiene tiendas modernas. Detrás del zoco vemos el antiguo palacio del Emir Younes Maan (hoy en día es una casa particular). En el lado sur de la plaza el Emir Yousef Chehab (s. XVIII) se construyó su propia residencia usando el material que obtuvo demoliendo parte del palacio anterior y hoy día es el Serrallo, un bonito edificio que ahora alberga unas oficinas municipales. Al norte de este edificio domina la plaza el caravasar de la seda, construido en 1595 y diseñado con el estilo clásico de los caravasares. Originalmente fue usado como mercado para las joyas y la seda, aunque hoy día sólo se usa para actividades culturales. Por último, a sólo 1 km de la plaza, en la carretera a Beiteddine, está el curiosísimo castillo Musa, construido por un hombre de negocios que es un fetichista de la cosa medieval.

Para volver a Beirut desde este pequeño pueblo negociamos un taxi a Damour (10.000 LL el taxi), a unos 18 km, ya que al ser un día semi-festivo ya no había transporte colectivo que pasara por aquí. Una vez en Damour tomamos un minibús a Cola (1.000 LL).

Y EL VIAJE SE ACABA...

Tomamos un taxi en la calle Hamra, cerca de hotel, y negociamos un precio de 10.000 LL para ir al aeropuerto, al que llegamos en sólo 35 minutos (ya es un tarde y no hay mucho tránsito). Una vez en el aeropuerto encontramos una oficina del Byblos Bank donde cambiar las pocas libras que nos quedan.

Nuestro vuelo de KLM tarda 4 horas y 15 minutos en llegar al aeropuerto Schipol de Amsterdam. Después de una corta conexión llegamos a Barcelona en otro vuelo de 2 horas y 10 minutos. Volvemos a casa habiendo disfrutado enormemente de estos días por tierras libanesas. Para siempre más el Líbano tendrá un lugar en nuestro corazón.

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Viatge a Síria i el Líban - Víctor Bordás & Paquita Poch [2005]
Destination Lebanon - Información turística oficial sobre el Líbano.
The Lebanon Daily Star - Diario libanés en inglés con información actual y útil.

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