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IRÁN

Relato de un viaje de 23 días a Irán

Data Data viatge: 2007. Publicat el 17/06/2008
2.3 de 5 (106 vots)

Introducción

Irán es un país lleno de gente acogedora y siempre dispuesta a ayudar. Es normal que la gente, todo tipo de gente, desde chicas perfectamente tapadas hasta chicos rasurados y con corbata (es su forma de demostrar disidencia) se acerquen a charlar con los extranjeros no árabes o simplemente al pasar digan Welcome to Iran sin detenerse. Incluso los chiquillos, que no son nada agobiantes y nunca reclaman ni dinero, ni bolígrafos, ni caramelos. Generalmente se acercan con la excusa de practicar inglés y es casi imposible convencerles de que una no speak english.

Desde el punto de vista climatológico es un país seco, muy caluroso, mucho, incluso el famoso norte fresquito, por lo menos para dos vascas criadas con xirimiri.

Para los amantes del arte y la historia Irán es una gozada. Desde poblados neolíticos a mezquitas de la dinastía katchar y casas burguesas opulentas del siglo XIX, hay donde elegir, o quizás ese sea el problema, hay tanto que ver que es difícil escoger. Por otro lado es el país de los andamios: las autoridades, conscientes de que hasta ahora han abandonado el patrimonio cultural, han decidido ponerse las pilas, con lo que muchos de los monumentos están cubiertos de andamios (que afean mucho las fotos), pero en cada uno de ellos no hay más de dos o tres trabajadores, con lo que las obras van lentas, pero en cuanto las acaben les quedará un país precioso.

La infraestructura hotelera es buena, ya que hay mucho turismo de países de los alrededores (Arabia Saudí, Omán, Kuwait...), por eso, aunque nuestra primera impresión es que somos lo únicos que se han atrevido, de eso . Cierto es que no fuimos a ninguna de las ciudades santas, pero aviso a los antiamericanos que, si van buscando correligionarios, tendrán que oír frases del tipo Bush very nice. Me temo que esa idea de unidad contra el demonio americano no corresponde con la realidad, más bien están hartos de los ayotolás.

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Ficha técnica del viaje

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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Fechas del viaje

Del 25 de julio al 16 de agosto de 2007.

Itinerario

mapa

Día 1: San Sebastián - Amsterdam - Teherán
Día 2: Teherán
Día 3: Teherán - Varamin - Teherán
Día 4: Teherán - Isfahan
Días 5/6: Isfahan
Día 7: Isfahan - Kashan - Isfahan
Día 8: Isfahan
Día 9: Isfahan - Yazd
Días 10/11: Yazd
Día 12: Yazd - Shiraz
Día 13: Shiraz
Día 14: Shiraz (Persépolis)
Días 15/16: Shiraz
Día 17: Ahwaz (Chonga Zambil)
Día 18: Kermensha
Día 19: Kermensha - Zanjan
Día 20: Zanjan
Día 21: Zanjan - Qazwin
Día 22: Qazwin - Teherán
Día 23: Teherán - Amsterdam - Donostia

Dinero

La moneda oficial es el rial. En verano de 2007 el cambio era de 1 € = 12.802 riales. Popularmente también cuentan en tumanes y en jomeinis. Un tumán son 10 riales y era una antigua moneda que ya no se acuña. Los jomeinis son los billetes de 10.000 riales (tienen impresa la cara del Imán Jomeini), por lo que jomeini equivale a 0,78 €. No hay problema para cambiar euros y también se pueden utilizar para pagar hoteles, lo mismo que los dólares. Es más, algunos hoteles dan el precio y quieren cobrar en divisas. Hay montones de oficinas de cambio y gente que cambia dinero por la calle (es de suponer que sea un negocio legal, ya que la policía no les molesta). También se puede cambiar en los bancos, por supuesto, pero convienen más las oficinas, ya que hacen un cambio ligeramente mejor y los tramites burocráticos son la mitad.

Por la calle y en todas las oficinas se ven cajeros automáticos para las tarjetas de crédito iraníes, pero las tarjetas occidentales (VISA, Master Card, ...) no sirven de nada. Hay que llevar liquidez monetaria, pero de todas formas Irán no es un país caro... (nosotras con mil euros, avión aparte, aún nos dio hasta para comprar toblerones gigantes para los sobrinos en el duty free de Amsterdam). Algunos establecimientos, de alfombras generalmente, tienen cuentas en bancos saudíes y aceptan pagos en Visa a través de estas cuentas y si la compra abulta mucho, ellos mismos se encargan de enviarlas por medio de «sucursales» europeas.

Aviso Obtención del visado para Irán en España
Información actualizada en Enero de 2010

Embajada de Irán en Madrid
c/ Jerez, 5, Villa El Altozano (Chamartín) - 28016 Madrid
Teléfono: 91 345 01 12

- Hay que llamar a la Embajada de Irán en Madrid (ver teléfono) y solicitar que nos envíen el formulario de petición de visado por correo electrónico o fax (se avisa de que puede ser difícil contactar por teléfono con la Embajada, por lo que conviene ser insistente).

- Rellenar el formulario y enviarlo a través de una empresa de mensajería, por ejemplo MRW, juntamente con el pasaporte, dos fotos y el comprobante original del ingreso de 60 € (coste del visado) en la cuenta del Banco de Santander indicada.

- La empresa de mensajería deberá recoger el pasaporte con el visado, para lo cuál necesitarán disponer del número de pasaporte (apuntadlo antes de enviar el pasaporte a la Embajada). Hay que contar con un margen de tiempo suficiente entre la petición del visado y el inicio del viaje (hasta 6 semanas).

Y recordad que todo esto puede cambiar en cualquier momento, y más si cabe con la situación política actual en Irán.

Visado

Es necesario un visado de entrada y hay que tramitarlo en España (no se puede obtener en el aeropuerto de Teherán).

En 2007 costaba 60 €, que se podían ingresar en su cuenta del Banco Popular. Además se necesitan dos fotografías y rellenar un impreso.

Dadas las muchas leyendas que circulan sobre el tema de las fotos para las mujeres occidentales Marianne llamó a la embajada y un iraní que hablaba un español bastante claro le dijo «Las fotografías, como se la harían ustedes para un documento de su país», ergo nos hicimos las fotos melena al viento. El impreso nos lo hicieron llegar por fax. Enviamos toda la documentación por medio de una agencia de transporte. Tardamos tres semanas en recibir el visado.

Salud

No es obligatoria ninguna vacuna.

Seguridad

Irán es un país muy seguro. Como en cualquier otro país hay que abstenerse de fotografiar ningún tipo de instalación militar, y de entrar y/o fotografiar determinadas mezquitas. Lo más peligroso es cruzar la calle. El iraní, cuando sale con el coche sólo tiene una idea: llegar cuanto antes, por tanto no se va a parar por tonterías tales como semáforos en rojo o peatones, ni se va a desviar por una simple señal de dirección prohibida (son, con mucho, los conductores más peligrosos que conocemos y sí, sí hemos estado en Egipto, Marruecos, Siria y otros países musulmanes). Como en otros países musulmanes, en verano se puede ver mucha gente acampada en parques y jardines, pero a las 12 de la noche no hay nada que hacer, ni en las ciudades más grandes, como no sea pasear entre ellos y esperar que nos inviten a un té.

Transporte

Autobús: El país se puede recorrer perfectamente en autobús, pero hay que tener en cuenta la superficie del país (1.648.190 km², España tiene 493.484 km²). Por tanto, o se tiene mucho tiempo o se renuncia a ver parte del país (como nosotras) o habrá que echar mano de los vuelos internos o simplemente, si no se sufren problemas de insomnio, comprar billete nocturno y ahorrarse una noche de hotel. El transporte terrestre está en manos de compañías privadas y quizás los coches no estén «recién salidos de fábrica», pero en general son correctos y bastante cómodos. En los recorridos largos se reparten tigretones y zumo entre el pasaje. Como en otros países musulmanes, existen los voceadores de destino en la puerta de la estación. El mayor inconveniente es que les resulta extraño que uno quiera comprar el billete con antelación y por mucho que se insista es posible que se salga con un billete no «para mañana a la noche» sino para «ya mismo». Esto se agrava porque algunas compañías emiten los billetes sólo en grafía árabe y fecha en el año de la hégira, pero basta con poner cara de »caray, no entiendo» para que aparezcan montones de espontáneos dispuestos a traducir el billete.

Los billetes se venden por riguroso orden de llegada, no hay zonas de hombres ni de mujeres. Las parejas viajan sentadas juntas. Si se coincide con un desconocido y hay asientos libres uno de los dos cambiará de sitio (dependiendo siempre del sexo del que está al lado del asiento vacio). Si no hay, se pedirá a alguna de las parejas que tenga la gentileza de separarse.

En todas las grandes ciudades hay estaciones centrales para autobuses de largo recorrido. Los autobuses son baratos: para nosotras el caro fue el de Kermanshah a Zanjan (509 kilómetros) que costó 14 jomeinis (10,98 euros las dos).

Avión: Nosotras no llegamos a utilizarlo, pero hay aeropuertos en Teheran, Isfahan, Mashad, Kermán, Zahedan, Tabriz, Kermansha, Ahwaz, Abadan, Yazd, Bandar-e Abbas, Busher, Hamadan y Bandar-e Anzili. Los billetes se pueden comprar en cualquier agencia de viajes, pero hay que cogerlos con cierta anticipación, por lo que nos dijeron.

Tren: No lo utilizamos, ni coincidimos con nadie que lo utilizara. No podemos dar razón.

Minibuses y autobuses de cercanías: Mucho más cutres que los de largo recorrido. Son baratos y tampoco hay separación de sexos (por lo que vimos, lo hay en los urbanos). Mucho más sobrios que los de otros países cercanos: nada de lucecitas de colores, espumillones o flores de plástico. Suelen parar en alguna esquina y a veces es difícil localizar la parada.

Vehículos de alquiler. Se pueden alquilar con o sin chofer. Visto como conducen, nosotras optamos por la modalidad de con chofer varias veces. Comparado con el autobús son caros, los coches bastante buenos y los conductores cumplidores, aunque tienen la costumbre de aprovechar para llevarse de picnic a la novia, la legitima o algún amigo. Lo mejor es cuando vienen con la legitima, porque suele traer picnic para todos.

Taxi: Los hay colectivos y privados. Muchos no tienen taxímetro, con lo que conviene apalabrar el precio antes de subir. Para coger un taxi colectivo, hay que aposentarse en una esquina y gritar la dirección cuando se acerca uno, si va en la dirección nos cogerá. Tampoco hay discriminación por sexo (sólo las parejas legítimamente casadas pueden ir de la manita por la calle, pero una se puede ver apretujada entre dos hombres desconocidos en el interior de un taxi). Los códigos de color de los taxi-taxi y los taxis colectivos cambian de ciudad a ciudad, o sea que ¡ojo! y lo mismo con los precios. En los colectivos conviene fijarse en lo que pagan los otros...

Diferencia horaria

Está al este, luego hay que adelantar el reloj. En invierno hora y media y en verano dos horas y media.

Teléfono

Llamar al exterior, si no se tiene un móvil de contrato, está difícil. Para empezar hay que comprar una telephon card que se vende en los colmados. Las cabinas de la calle no sirven para llamar al extranjero; según nuestra experiencia sólo desde las estaciones se puede conseguir y allí tampoco de todas las cabinas. Teléfonos preparados para usar tarjeta suele haber en algunos hoteles (no en todos; ellos, por supuesto, prefieren que se use su línea) y en algunas tiendas para turistas Una vez conseguida la tarjeta hay que marcar la clave territorial (que hay que preguntar) y, cuando se oiga una voz diciendo vaya usted a saber qué, los 7 dígitos del nº secreto de la tarjeta y cuando ya se tiene línea el número al que se quiera llamar. Parece complicado, pero cuestión de experiencia como todo.

En las ciudades grandes se pueden encontrar ciber-cafés, para enviar e-mailes y buscar y contratar hoteles en la siguiente parada. También se puede navegar por internet, pero es una de las situaciones en las que se es más consciente de que este país sigue siendo una dictadura religiosa (muchas-muchas páginas censuradas).

Ropa

Cómoda, ligera y decente. Las mujeres, falda o pantalón largo, un blusón que no ajuste hasta medio muslo, que por lo menos tenga manga Ÿ, y escote cerrado. Los hombres, pantalón largo, pueden llevar camisa y camisetas de manga corta. Como la corbata se considera una decadencia occidental no está bien vista y se utiliza como se utilizaron aquí los vaqueros contra Franco.

En el caso de los hombres, colores sobrios, excepto la corbata, que parece que son todos fans de Cámara-café. En el caso de las chicas, también son mayoritarios lo colores sufridos y claros, pero también pudimos ver chaquetas rosa chicle, verde pistacho y estampado de flores (eso sí, pocas). Respecto al velo, como decíamos al principio, no estuvimos en ninguna ciudad especialmente religiosa y por lo que pudimos apreciar las jóvenes generaciones lo están reduciendo al mínimo. Es más, en una mezquita en la que el guardián nos obligó a ponernos chador lo único que conseguimos fue ser el hazmerreír de un grupo de adolescentes que estaban de visita cultural con sus maestras («esas cosas antiguamente en tiempos de nuestras madres y así, ahora no»). La verdad es que hablaban de la época Jomeini (antiguamente) igual que mis sobrinos del franquismo. Sólo una vez, en un pueblo pequeño, tuvimos un encontronazo con un barbudo, Marianne por enseñar el flequillo y yo el cuello. Lo cierto es que las jóvenes damas de la villa enseñaban más pelo que nosotras, pero se ve que el barbudo o había desistido o prefería no provocarlas. En cualquier caso hay que llevarse un pañuelico, aunque sea de pirata, los sombreros y las gorras, en todo caso, encima.

Aviso: En la mayoría de los hoteles de tres o menos estrellas la ducha es cebolleta sujetada a la pared y sumidero en el suelo. La mayoría suelen dejar en la habitación varios pares de chancletas de goma (números grandes), con lo cual llevarlas de casa o usar las del hotel lo dejamos a vuestro criterio.

Guía de viaje

- Irán, de Toni Vives. Ed. Laertes. Colección Rumbo a. Es vieja, pero que nosotras sepamos es la única publicada en castellano.
- Lonely Planet tiene ediciones en francés, inglés e italiano, fáciles de comprar vía internet.

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 DIARIO DE VIAJE A IRÁN

Días 1 y 2

Volamos con KLM (770 euros). Viaje San Sebastián - Madrid - Amsterdam - Teherán - Teheran sin historia.

La única anécdota es que el señor que estaba detrás nuestro en el embarque de Amsterdam nos dijo varias veces con tono de pregunta: «¿Teheran?» y no sé por qué, dado que había más extranjeras solas en el avión. Como ya es de todos conocido, en cuanto comenzamos a sobrevolar Turquía en el monitor comenzó el desfile de mujeres al baño. Nosotras, como ya nos habíamos tapado en Amsterdam, no fuera que no nos dejaran subir...

Llegamos a Teherán a las tres de la madrugada. Enfrente de la entrada principal hay un chiringuito para pedir taxi. Nos alojamos en el hotel Mashad, el más barato que encontramos por internet, tres estrellas correcto sin más, 60 euros, con desayuno buffet bastante escaso, personal educado pero no muy amistoso y una extraña señal de «prohibido andar en chanclas por el pasillo».

Al día siguiente, tras haber dormido sólo 5 horas, perdemos la mañana en la estación de autobuses intentado comprar billetes para Kashan. Al final, por consejo de un mozalbete de la fila, cambiamos de planes y compramos billetes para Isfahan. Aprovechamos para visitar el Museo Arqueológico y callejear. Teherán no es una ciudad bonita para callejear. Es relativamente nueva, larguita y estrecha, impoluta pero gris. Nos vamos a la siesta. Cenamos en Darband, en la zona alta. Hay cafés y restaurantes varios y bastante gente hasta medianoche, después esto es la fiesta de Cenicienta.

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Día 3

Chica iraní
Chica iraní

Para aprovechar el día nos vamos a Varamin (50 kilómetros). En el autobús nos convertimos en la gran atracción cuando confesamos a una moceta que no sabemos farsi. Lo de ir a un país sin saber su idioma le parece el colmo de la chifladura y se lo cuenta a todo el que sube. Ventaja: todo el autobús está pendiente de que no nos pasemos de parada.

Es viernes, hora de la oración, y yo, en mi despiste, le pregunto al primero que veo por la mezquita (léase más arriba nuestra aventura con el barbudo). Cogemos taxi, que no nos permite bajar en la mezquita: «Están rezando». Para hacer tiempo visitamos el mausoleo Imanzadeh Yahya. Mientras sacamos fotos al exterior, el taxista toca la puerta y pide permiso para que podamos pasar a la familia que lo cuida, nos enseñan también el patio, antiguo cementerio y nos dejan sacar todas las fotos que queramos. Cuando pedimos a los niños que posen, la niña sale corriendo y vuelve con su mejor chal verde con lentejuelas. Así a ojo les damos 2.000 riales (0,15 céntimos) y la madre nos sonríe efusivamente.

Volvemos a la mezquita. El rezo ya ha terminado, pero el taxista nos pide que esperemos media hora para dejar salir a los rezagados. Cuándo le preguntamos ¿cuánto? nos dice que lo que nosotras queramos. Le ofrecemos un jomeini, pensando que pondrá cara de ofensa, pero no se deshace en agradecimientos. Mientras esperamos, aprendemos que en las pastelerías de Irán solo no se come y no venden bebidas. El guardián de la mezquita nos la enseña con detenimiento. Otra costumbre que conocemos, los celadores intentarán explicaros cosas y si les falla el inglés dirán: «The book». El que el book (la guía) esté en un idioma ininteligible para ellos no es óbice para que le den un par de vueltas buscando las explicaciones que a ellos se le escapan. El edificio está bien siempre que nos pongamos orejeras y consigamos no ver la ampliación espantosa que han perpetrado: ¿no podían haber hecho otra mezquita sin destrozar la cumbre del arte timurí?.

Cogemos al vuelo el autobús de vuelta y debemos pagar el billete al revisor que, mire usted, no tiene suelto para el vuelto. Cuando llegamos a Teherán dos respetables caballeros le recuerdan al revisor que nos debe el vuelto y le proporcionan monedilla. A la hora de la cena confraternizamos con una joven madre a cuyo niño le resultamos muy graciosas.

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Día 4

Nos vamos a Isfahan (9 jomeinis, 7 euros las dos). Nuestro hotel se llama Espadana. Son 56,5 jomeinis (44 euros) por noche, sin desayuno. Por la tarde callejeamos y por casualidad acabamos en la Cueva de Ali Babá de Ana Mª Briongos. Nos dicen que Kashan está tan cerca como para ir en excursión de dia y se ofrecen a buscarnos coche.

Isfahan es una ciudad preciosa y llena de turismo, sobre todo interior (es la única ciudad en la que hay tiendas de souvernirs). Se nos empiezan a acercar jóvenes con ganas de practicar inglés y mucha curiosidad por la vida más allá de la frontera. También algunos muy preocupados por la imagen exterior de su país. Si podéis quedaros varios días en Isfahan, no os arrepentiréis. Sitios agradables y baratos para comer encontraréis por doquier y unas excelentes zumerías. Al pie del Sio Seh Pol (puente) hay una tetería abierta hasta medianoche y mucha gente paseando y pernoctando en los jardines.

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Días 5 y 6

Desayunamos en el hotel Abasi, el más elegante de Isfahan y especializado en «rebaños» con dinero, pero por 7 jomenis (5 euros) per cápita se puede acceder aun desayuno buffet pantagruélico, de los de ahorrarte la comida, con una bollería estupenda.

Visitamos el palacio de las mujeres, el palacio de los hombres (en las paredes hay miniespejos que refulgen al sol traídos de Francia (si miráis por las paredes exteriores veréis un mosquetero y una dama Luis XIII), la mezquita de las mujeres, la gran plaza (tomamos el té en el primer piso, ritual que todo turista debe cumplir), el mercado, ... Por la tarde vemos los minaretes oscilantes, son curiosos sin más, y las ruinas de un templo del fuego. Hay varias familias visitándolas y oímos por primera vez una frase que después escucharemos muchas veces: «nosotros no somos árabes, somos persas y Mohamed no es nuestro profeta, nuestro profeta es Zoroastro».

Al día siguiente volvemos a desayunar en el Abasí y seguimos callejeando. Las chicas de información, además de tener un inglés de Oxford, son muy simpáticas y serviciales. Nos obsequian con 8 pósters de la ciudad, pero para nuestra vergüenza diré que sólo llegaron tres.

Visitamos la mezquita de los viernes, la mezquita de Ali, la Aramgah-e-Baba Ghassem, y una casa del siglo XIX. En el mercado nos compramos unas levitas bastante cucas para cenar. Por la tarde visitamos el barrio armenio, con la iglesia y su museo del holocausto del 15. Marianne se compra una blusa «hippie» y cuando pregunta por el probador la dueña se limita a echar la cortina de entrada y decir: «total, todas somos mujeres». A la hora de cenar conocemos a dos mocetas catalanas y más tarde a una pareja, vaya por Dios, de Donostia, que han venido a hacer monte en los Elbruz.

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Días 7 y 8

Acequias y fuentes freáticas de Abyameh
Acequias y fuentes freáticas de Abyameh

Nos vamos de excursión a Kashan. Por el camino nos desviamos a Abyameh, la roja, famosa por sus casas de arcilla roja y los coloridos vestidos de sus mujeres. Personalmente nos llaman más la atención los pantalones plisados de algunos hombres.

Me prometo a mí misma que en cuanto pueda me compro un par, pero fuera de este pueblo ya nos los veremos más. Kashan, por su parte, está lo bastante cerca como para una excursión de día, pero lo bastante lejos para verlo todo con tranquilidad. Por primera vez nos encontramos con un restaurante sin mesas occidentales, sólo hay diwanes. La excursión nos cuesta 76,2 jomeinis (60 €).

Al día siguiente, en Isfahan, por fin podemos visitar la mezquita del Sha (ahora la mezquita a secas), Estos días han estado de «encerrona». Es preciosa. No perdérsela.

Un señor se nos acerca y sin mediar palabra nos regala una piedra de oración y un rosario. La mezquita de Hakim está en uso, pero muy descuidada. Muy bonito el Haman de Ali Gholi.

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Días 9 y 10

No vamos a Yazd. El autobús nos cuesta 6 jomeinis (4,68 euros las dos). Nuestro hotel es el Malek-o Tojar. Nos cuesta 25 euros con desayuno. Como la mayoría de los hoteles de Yazd es un antiguo palacete reconvertido. La entrada y el patio están bien, pero las habitaciones son pequeñitas. Por 50 dólares el Mehr está mucho mejor. Comer o cenar tampoco es problema. Los dueños del hotel Oriental son hindúes y además de comida persa hay comida hindú auténtica. Por la tarde le echamos un primer vistazo a la ciudad. La parte antigua es de adobe y por primera vez descubrimos las torres de refrigeración.

Al día siguiente callejeamos por Yazd buscando el centro de información turística, pero sólo tenemos el plano de la guía y nos perdemos. Pasamos por el Museo del Agua y bajamos por primera vez a un kanat. Por fin encontramos información, frente al Mausoleo de los 12 Imanes (muy mal conservado, no merece la visita) y contratamos un coche para ir a Chak-chak por 40 jomeinis (31,2 euros). Además de información todos los hoteles ofrecen esta excursión.

En Yazd visitamos también la mezquita de los viernes, el zoco antiguo y los jardines de Dwlatabad, antiguo palacio convertido en jardín público. La gente coge racimos de uva de sus parras y una familia nos envía a su hijo pequeño con un racimo para nosotras. Después de comer nos encontramos con las dos catalanas y la pareja de paisanos. Todos juntos nos vamos a ver el templo más famoso de Yazd, el templo de los zoroastrianos, donde está el fuego que no se ha apagado desde Artajerjes. Sólo se puede ver a través de una ventana y decepciona un tantico, porque ni grandes llamas ni sacerdotes de blanco, es más como la brasa de una barbacoa. Después nos vamos a las torres del silencio, torres de piedra donde antiguamente los zoroastrianos abandonaban sus cadáveres. Por cuestiones de higiene el Sha lo prohibió y como su religión prohíbe «contaminar la tierra con podredumbres» ahora los entierran en nichos recubiertos de cemento. Nuestra idea de que «no cerraran la montaña» resulta errónea: al pie de la montaña está el nuevo cementerio, con tapia y hora de cierre. Llegamos justito, nuestro taxista logra que el portero nos deje entrar y nos enseña el kanat, el edificio de la ceremonia fúnebre y, visto que tiramos monte arriba, sube con nosotras. No sé qué dirán los ayatolás sobre ello, pero aseguro que un hombre iraní no tiene ningún empacho en coger a una mujer desconocida por las muñecas e izarla a pulso si le parece que es torpona.

Al volver a la ciudad nuestro taxista para en una tienda y nos compra unos refrescos de naranja. Hemos convenido 3 jomeinis por una hora, cuando llegamos al hotel faltan 10 minutos para que se cumplan las dos horas y le damos 6 jomeinis, ¿qué menos?. El hombre se emociona tanto que sale del coche a vigilar que crucemos la calle bien.

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Día 11

La Ateshgah de Chak-Chak
La Ateshgah de Chak-Chak

Nos vamos de excursión a Chak-chak, tumba de un santón y lugar de peregrinación de los zoroastrianos del mundo entero en el mes de junio. Ahora apenas hay nadie.

Es un abrigo rocoso rezumando agua (tipo San Juan de la Peña) en el desierto. De allí, y visto nuestro interés por los zoroastrianos, nuestros chicos nos llevan a Sharif Abad, «donde hay una cosa de los zoroastrianos».

El problema es que como ellos tampoco saben muy claro por donde es, atravesamos el pueblo tres veces hasta que llegamos a una casa cerrada a cal y canto. Piden ayuda al vecino, que sale disparado sobre una vespino y al rato aparece en bicicleta un venerable anciano, «pobre, pero no miserable», que resulta ser el guardián del fuego. La piranga es la versión local de las «iglesias-garaje años 70». Sólo podemos ver el fuego a través de una ventana, pero nos da cumplidas explicaciones obre como lo ceba cada mañana. Al despedirnos, nos da un puñado de garbanzos a cada una. Si alguien sabe qué tenemos que hacer con ellos que nos lo diga, por favor.

Vemos el castillo de Meybod, la «nevera» y comemos en un caravanserai remodelado francamente bonito. Antes de cenar nos hemos ido a la casa de la fuerza (zurjane). En fin, es un gimnasio de hombres entrenándose, pero no deja de tener su parte de espectacularidad.

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Días 12 y 13

Casa-museo de Shiraz
Casa-museo de Shiraz

Estamos en Shiraz (autobús: 9 jomeinis, 7 euros las dos). Nos es difícil encontrar hotel, todo completo, hasta que le damos pena a un recepcionista y nos ofrece una habitación king size por 60 euros. La habitación resulta ser un aparthotel con dos habitaciones, sala, cocina americana equipada, cuarto de baño y aseo turco, y además podemos llamar directamente a casa con la tarjeta.

Por la tarde nos damos una vuelta por el mausoleo del poeta Hafez (siglo XIV). Está lleno de gente que pasea, se sienta en la hierba, lee sus poemas y se saca fotos en su tumba y no son ni gente mayor, ni intelectuales, ni frikis (y nosotros no sabemos ni donde está la tumba de Quevedo).

Al día siguiente visitamos la ciudad. En la mezquita de Valik nos hacen ponernos chador para diversión de varias excursiones interiores, que graban sin ningún pudor nuestros esfuerzo para recolocárnoslo cuando se resbala (apostaría la nariz a que somos el video más visitado del YouTube iraní). Las volvemos a ver al salir y nuestros vaqueros de civil merecen sus plácemes. Paseamos por el zoco. Cuando llegamos al Nassri al-Molok el guardián se ha ido a comer, por lo que vemos está mezquita katchar a nuestras anchas. Volvemos a encontrarnos con las catalanas y los donostiarras que han venido juntos.

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Día 14

Tumbas de Jerjes, Artajerjes y Dario I
Tumbas de Jerjes, Artajerjes y Dario I

Nos vamos a Persépolis. Esta vez la excursión es organizada desde el hotel (32 jomeinis, 25 euros).

Primero pasamos por Naqsh-e-Rustan, las tumbas de Darío I, Jerjes, Artajerjes y Darío II excavadas en la roca, con una torre y un par de pequeños altares del fuego delante.

De allí vamos a Naqsh-e-Rajab, unos relieves más que de tamaño natural.

Entramos en Persépolis a las 10:30 y salimos a las 13:30 y eso que ya está saqueada, pero «quien tuvo, retuvo».

Hemos quedado para cenar con los compatriotas, pero el taxista se lía y acabamos en una hamburguesería local apta para parejas y familias con niños. Tiene su aquel sociológico.

Conocemos a la única mujer taxista que veremos en Irán (pero haberla, hayla).

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Días 15 y 16

Contratamos un coche, esta vez por agencia, y nos vamos de excursión again (32 jomenis, 24,96 euros). Esta vez el taxista se trae a un colegui que se dedica a fotografiar lo mismo que nosotras (sospechamos que quieren independizarse). Nos llevan a un poblado nómada, pero nos vamos rápido, que esto de molestar en casa ajena no nos gusta. De allí nos llevan a un castillo, mejor dicho nos dejan a pie de camino, mientras ellos descansan a la sombra nosotras subimos una cuesta de unos 500 metros. El castillo bien, pero la vista genial. La siguiente parada (y en realidad la primera contratada) es Firuz Abad, primera ciudad circular de la historia occidental. Se mantiene en pie la torre de fuego en el centro, con un poco de imaginación se vislumbra la línea de la muralla y el resto es una maizal.

El castillo de Artajerjes, a varios kilómetros, está bien conservado y tiene una preciosa poza azul marino a sus puertas. La siguiente parada está bastante lejos, serán casi dos horas de coche, Bishapur, donde coincidimos con un rebaño de turistas franceses cuya guía nos pregunta por nuestra nacionalidad al ver que coincidimos en varios edificios. Se ve que no quiere que nos aprovechemos de su saber gratis. Bishapur es una ciudad romana hecha construir por Sepur I cuando hizo prisionero al emperador Valerio.

Cuando volvemos a Shiraz es de noche y, aunque cuando llegamos ya han terminado de cenar, esta vez damos con los donostiarras y las catalanas. Esta vez es la despedida final. Después de visto lo «obligado» cada uno tira a sus preferencias: las catalanas van a Mashad, los vascos al monte y nosotras al norte.

Al día siguiente llegamos a la estación con tiempo más que suficiente para tomar el autobús, sino fuera porque salió anoche. Una descendiente de los invasores árabes vestida con pantalones verdes lagarto, sobrefalda rosa chicle, jubón con lentejuelas y pañuelo a flores me mira como a un marciano, pero es cierto la que está fuera de lugar soy yo. A mal tiempo, buena cara. Callejeamos un poco más y visitemos el único patio de naranjos de Irán.

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Días 17 y 18

Hemos llegado molidas a Ahwaz (13 jomeinis, 10,6 € las dos). Ahwaz está en la zona petrolífera, es una ciudad feísima, reconstruida después de la guerra con Iraq y llena de hombres que trabajan en el petróleo. Cogemos habitación en el hotel Naderi, supuestamente de dos estrellas y en obras. ¡NI JARTOS DE GRIFA!. Pagamos 24 jomeinis, 18 euros, ¡NI ASI!.

Callejeando por una ciudad cualquiera
Callejeando por una ciudad cualquiera

Buscamos un taxi que nos lleve al zigurat de Chonga Zambil (un timo, 60 jomeinis, 46,8 euros), el único de Irán y uno de los pocos fuera de Irak. Hace tanto calor que parece que han dejado abiertas las puertas del infierno. Los cuatro primeros pisos se conservan bien. Es impresionante semejante mole en medio de la nada. Para volver nuestro taxista hace varios kilómetros en dirección prohibida.

Nos lo hemos pensado, nos vamos de Ahwaz. Después de la siesta la habitación es más tétrica y huele peor. Conseguimos no pagar dos noches. Cogemos otro autobús y nos vamos a Kermanshah.

Otra noche de autobús para llegar a Kermanshah (12 jomeinis, 9,36 euros). Nos quedamos en el hotel Azadeghan, habitaciones amplias y muy limpias, 54 euros. Lo primero, la siesta del carnero.

A media mañana al Tekyeh-e Mowa al-Molok. Las paredes están cubiertas de cerámica katchar y por lo que parece cuenta la batalla de Kerbala. Uno de los personajes no tiene cara y deducimos que es el Profeta. A la tarde, al mercado. Compramos givehs para nuestros chicos, son zapatos tradicionales de punta larga en cuero rojo y blanco. Los de las chicas son de punta roma y de colores, pero no nos gustan tanto. Para cenar subimos a la zona ajardinada, casi en las afueras. Hay puestillos de comida, chiringuitos y restaurantes con jardín, mucha gente paseando. Va a ser nuestro condumio más barato. Guiso de cordero, yogur y refrescos para dos 5,5 jomeinis (4,29 euros).

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Día 19

El hotel nos ha conseguido taxi para ir a Kangavar para ver el templo de Anahita, diosa del agua. Ahorrarse el viaje, no queda nada digno de verse. De allí retrocedemos hacia Kermanshah. Paramos en Bishotun. El relieve es espectacular. Cerca están excavando y nos acercamos a curiosear. Es un poblado neolítico, el jefe nos invita a pasar y ensaya con nosotras la conferencia que tiene que dar próximamente en inglés. Menos mal que Marianne es licenciada en arqueología y sabe inglés, así puede hacer preguntas y comentarios que dejan nuestro honor muy alto. Por primera vez nos hacen la cuenta en kilometraje: 0,2 jomeinis/ kilómetro. El total ha sido 40 jomenis (31,2 euros).

Otra vez viajamos de noche. Vamos a Zanjan (14 jomeinis, 10,98 euros). El taxista que nos lleva a la estación, después de haberle pagado, nos lleva las maletas a la sala de espera y al rato viene con otro señor, que resulta ser el conductor del autobús. Le explica que no vamos al final de trayecto y nos encomienda a él para que nos avise de donde bajar. Lo que el taxista no sabe es que hay cambio de chófer por el camino. Llegamos a Zanjan de madrugada y nos metemos en el Zanjan Grand Hotel, justo en la entrada. Nos piden 100 euros noche, pero con lo que llevamos ahorrado... Al final sólo nos cobran 78 por noche. Es un 4 estrellas cumplido. La habitación es magnifica. Hay varios hoteles de tres estrellas que vemos al pasar al día siguiente. Esta es una ciudad de negocios y los hoteles tienen buena pinta.

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Día 20

El desayuno está acorde con la habitación. Desde recepción nos ponen en contacto con una agencia de alquiler de coches y nos vamos de excursión, que hace mucho que no vamos. La excursión es la más cara por mucho, 110 jomeinis (85,8 euros).

Vista desde la fortaleza de Takht-e Suleiman
Vista desde la fortaleza de Takht-e Suleiman

Lo curioso de Takht-e Suleiman es que es una fortaleza circular construida no cerca de un lago natural sino alrededor de, está rodeada de montañas rocosas de un curioso color verde claro. El museo no contiene grandes piezas. El problema es que no hay ningún folleto en inglés u otro idioma inteligible para nosotras y el del la guía es muy simple. No estamos muy seguras de haber ubicado todos los edificios.

De allí nos vamos a Zendar-e Suleiman, volcán apagado que huele a azufre. Al otro lado de la carretera quedan los restos de dos torres del silencio. Descubrimos que hasta para comer un picnic a pie de coche lo correcto es descalzarse (« no se come calzado»). Después de comer nos vamos a la tumba de Oljeitu. Llegamos con el tiempo justo y el guardián no nos permite subir a la cúpula, pero ante nuestra decepción nuestro taxista intercede y nos da 15 minutos extra. Otro monumento lleno de andamios, pero no parece que el tal Oljeitu tuviera muchos problemas de autoestima.

Cenamos en el hotel y al lado se nos sienta una familia. La hija nos explica lo mucho que le gustaría a ella poder salir del país con una amiga para ver mundo.

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Día 21

Según nuestro mapa Qazwin está en la carretera Zanjan-Teherán, por eso nos cuesta creer que no hay autobús a Qazwin, pero es lo que nos han dicho todas las compañías de la estación. ¿Y ahora qué?. Uno de los vendedores de billetes nos llama y nos pide que le sigamos. Nos lleva al andén, habla con un chofer y da una voz a una ventana desde la que le tiran unos papelillos que resultan ser billetes y un bolígrafo. Nos cobran 6 jomeinis (4,68 euros). Al llegar lo entendemos: la autopista no pasa por Qazwin, sino a varios kilómetros y nos dejan en el área de servicio, pero el azafate nos hace gestos de esperar y es lo que hacemos. Cuando empezamos a ponernos nerviosas aparece un minibús totalmente cochambroso. El pobre cobrador intenta hablar con nosotras con las dos únicas palabras que sabe en inglés, lo que da pie al cachondeo de un grupo de adolescentes.

Al llegar a la terminal de Qazwin tratamos de averiguar a qué hora sale el último autobús para Teherán, pero en todas las compañías se limitan a encogerse de hombros. Al salir, todos los taxis gritan: «Alamut» (parece ser que los turistas vienen únicamente de ver supradicho castillo). Nosotras, de momento, a buscar hotel. Nos alojamos en el hotel Albroz, dos estrellas, limpio, luminoso, con plantas en los pasillos y totalmente apto para damas. En todos los autobuses hemos coincidido con mujeres iraníes que viajan solas, pero es la primera vez que vemos mujeres alojadas solas en un hotel. Nos cuesta 38 jomeinis (29,64 euros). Desayuno buffet amplio incluido.

Miramos la guía. Alamut es uno de los castillos de los asesinos, pero según nuestra guía no es ni el más importante ni el mejor conservado, sólo el más accesible. Mañana por la noche tenemos que estar en Teherán: nuestro avión sale a las 4 de la madrugada. Decidimos no ir a Alamut. Por la tarde callejeamos. Qazwin es una ciudad pequeña, pero con mucha vida. Monumentos no muchos, pero con cierto interés. Después de cenar vemos mucha gente entrando por una puerta y nos acercamos pensando que es una tetería. Es una mezquita y están de adoración nocturna. Nos alejamos con sigilo. Paseamos por los jardines llenos de gente y tiendas de camping.

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Día 22

Preguntamos a la recepcionista de día por el horario de autobuses a Teherán y nos comenta que, normalmente, se va en taxi colectivo. En la terminal de autobuses apalabramos uno para la noche.

Limosnero en las calles iraníes
Limosnero en las calles iraníes

Visitamos el palacio de las mujeres, convertido en museo de la caligrafía, la mezquita de los viernes y su medresa y en el Imanzade-ye Husseini nos hacemos amigas de una familia de peregrinos. Su hija más pequeña se parte al ver nuestro poco arte con el chador (hombre, es la segunda vez que nos los ponemos), que es de florecitas «liberty». Al pasar por delante de la mezquita de la adoración nocturna está saliendo de ella un grupo de mujeres y una de ellas se acerca y nos da un puñado de garbanzos y pasas.

Por la tarde visitamos el Imanzade-ye Mustawfi, que estaba cerrado, pero rápidamente se nos acercan unos niños que nos han hecho gestos de que les sigamos. Viven en la casa de al lado y por su jardín se puede acceder a la tumba.

El taxi nos recoge en el hotel y nos lleva directamente al aeropuerto de Teherán (17 jomeinis, 13,26 euros). Llegamos a las 00:45 y nuestro avión sale a las 4:40.

Para pasar el control hay una puerta para hombres y otra para mujeres que no sirve de mucho, dado que al otro lado la fila es única. Hay pocos mostradores de embarque y nos acercamos al que pone Amsterdam, pero nos dicen que no, que ese es para Estambul y que nosotras al que pone Milán. No sé si siempre es así de confuso o es que estaban estropeados los monitores. En la zona de embarque no hay monitores, por lo menos en agosto del 2007 no los había, simplemente pasaba un señor voceando la compañía y el destino y había que ir detrás de él hasta la puerta. Hay que estar con el oído atento, además un mismo señor puede estar voceando varias salidas a la vez. Nos hacen entrar en el avión una hora antes. Al bajar en Amsterdam volvemos a ser las más tapadas. Desde Amsterdam a Donostia no tiene historia.

P.D.: Recomendamos vivamente el viaje a Irán.

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Experiències d'un viatge per Iran - Jota y Dani [2010]
Relat d'un viatge a Iran, 2010 - Eudald Rodríguez [2010]
Relat d'un viatge a Iran, 2002 - Antonio & Trini [2002]

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