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Oceanía

OCEANÍA

Crónicas de viaje de Oceanía: Papúa Nueva Guinea, Salomón y Tasmania

Data Data viatge: 2008. Publicat el 16/10/2008
2.3 de 5 (107 vots)

Introducción

Estas son las crónicas de viaje del viajero y fotógrafo (y amigo) Jordi Llorens durante su largo periplo por algunas islas del Pacífico. A principios del mes de septiembre de 2008 emprendió un viaje de dos meses y medio por Oceanía. No es su primer viaje a aquella lejana y desconocida zona del mundo, pero esta vez su objetivo es visitar Papua Nova Guinea, las islas Salomón y la isla australiana de Tasmania.

Tal y como él mismo afirmaba antes de marchar: «... Será un viaje dónde el objetivo es vivir en persona las ceremonias singsing y adentrarme para conocer etnias poco conocidas. No es un viaje para ver ciudades, museos, ni monumentos. Lo más enriquecedor serán las vivencias personales con las gentes de esas islas, sencilla pero que me acogerá como lo saben hacer la gente del Pacífico, ofreciéndote todo lo que esté a su alcance y siempre rodeado de lugares paradisíacos y poco tocados por el hombre (...) No será un viaje fácil ni sencillo a nivel logístico, pero en cambio será rico en experiencias que me harán pensar que, por suerte, los paraísos todavía existen ...»

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 CRÓNICAS DE VIAJE DESDE OCEANÍA

Crónica 1: ¡¡ PAPÚA YA ES HISTORIA !! -- (10/10/2008)

Papúa ya se historia. Te escribo desde la ciudad de Brisbane (Australia), adonde he llegado hoy desde Port Moresby, la capital de Papúa Nueva Guinea (PNG) y mañana saldré hacia las islas Salomón.

Ufff!!! ya han pasado 5 semanas desde que salí de Barcelona, 5 semanas que me han pasado volando. Se que querrías que te lo explicara todo con pelos y señales, pero, si te parece, te haré un resumen de lo que han sido estas cinco intensas semanas.

Tras volar 22 horas, sin contar las horas de espera en los aeropuertos de Londres y Hong Kong (que pesadas que se hacen), puse los pies durante un par de días en la bella Australia por segunda vez, exactamente en Brisbane, dónde aproveché para volver a ver los divertidos y gandules koalas y los saltarines canguros del santuario de Lion Pine.

Pero la estrella del viaje era volver a Papúa Nueva Guinea, un país en el que ya había estado en mi primer viaje a Australia, y conocer los poblados del río Sepik, al norte del país. Esta vez me propuse asistir a las ceremonias singsing del pequeño asentamiento de Goroka, en el centro del país. Un vuelo me trasladó a las montañas, a 1.600 metros de altitud, donde el fin de semana 13-14 se celebraban las mencionadas ceremonias. Más de 60 grupos llegados de todo el país se reúnen una vez al año en Goroka para mostrar a la gente su cultura a través de las danzas, música y, lo que es más importante, los ornamentos que llevan en el cuerpo y los maquillajes, aquí esta el atractivo. Caras pintadas con colores vivos, cuerpos dónde se inventan cualquier tipo de vestido hecho con plantas naturales, flores, hojas, cuerpos pintados de rojo, negro, amarillo,... collares hechos con caparazones y por no hablar de los tocados en sus cabezas, dónde cada uno pone su peculiar diseño, haciéndolo más espectacular utilizando plumas de aves, aves enteras del paraíso disecadas,... es indescriptible!!!. Y yo entre ellos, vibrando como ellos con las cámaras en las manos, sintiendo el pisar de sus pies en el suelo, todo vibraba!!!. Me cuesta creer dónde estoy y lo que veo, a mi cuerpo le cuesta asimilar las sensaciones que tiene. Me encontraba en una de las ceremonias más espectaculares que se hacen en la Tierra y que tanto había soñado y visto en fotografía desde pequeño. Ahora estaba allí!!!.

A partir de ahora empezaba la segunda parte del viaje, la experiencia de vivir en lugares remotos con familias sencillas, sin luz, estar desconectado de todo. Madang y sus islas fueron el primer lugar donde disfruté de las playas del Pacific que tanto me gustan. La isla de New Ireland, al este de Papúa Nueva Guinea, fue donde la experiencia de recorrer la costa este para vivir con familias que te alquilan una cabaña tradicional hecha con hojas de palma y sólo con una cama. Por la noche te duermes con el ruido de la marea alta que está subiendo y las olas van tocando el suelo de la cabaña. Y al día siguiente te levantas y te encuentras en la mesa, para desayuna, una langosta que había pescado la noche anterior el hijo de la casa. Uauauau!!! que buena estaba!!. Por cierto aquí la langosta cuesta a 1 € al kilo.

La provincia de la bahía de Milney también poblada de islas: Samarai, Alotau, Nordmanby, Saidowai, Tsoilik, ... La gente vive de la pesca, que después vende en el mercado más próximo, y de los productos del campo (patata dulce, yam, casaba, papaya, plátano, mango). Tanto te podías encontrar, para desayunar o para cenar, un plato de patatas, arroz, pescado, carne enlatada, cangrejos, pollo. He comido muy vegetariano y mucho pescado. Eso sí, el pan ni probarlo y de bebida me bebía el jugo del coco que acababan de coger de lo alto del cocotero para tenerlo más fresco o bien beber agua de lluvia. No había luz y hacia las 18:30 se hacía oscuro. Era el momento de darte una lámpara de petróleo para poder cenar hacia las 7 de la tarde, y hacia las 9 de la noche el sueño me vencía. Y así hasta el día siguiente, cuando salía el sol y a las 7 de la mañana ya estaba desayunando bajo un sol que parecían las 12 del mediodía.

La gente me ha acogido muy bien, nunca he sentido el miedo de estar en un lugar inseguro, más bien al contrario, te sentías querido por esta gente que son muy pobres, pero que cuando ven a un master (nombre con el que denominan a los extranjeros) se vuelcan en hacerte sentir cómodo. Y no hacía gran cosa durante el día: bañarte en la playa, salir con la canoa tradicional cuando ellos salen a pescar para adentrarte en un río y disfrutar de la vegetación y los saltos de agua, ir a pescar con ellos, jugar con los niños, andar hasta el próximo pueblecito por la playa, asistir a la misa del domingo (Adventista, Iglesia Unida, Protestante, Católica) para disfrutar y maravillarte de escuchar los cánticos de la gente, ir hasta el mercado a comprar, hacer pequeñas caminatas por el interior de las islas, que son muy selváticas, para sentir y ver las diferentes especies de pájaros, aprovechar para alquilar un dingui (canoa a motor) y conocer las islas de los alrededores. En una de ellas, por ejemplo, puedo ver cráneos humanos de personas que habían sido comidas por los caníbales hace ya muchosssss añosssss o disfrutar del coral con las gafas de bucear. A veces te encontrabas con un río de aguas transparentes que da al mar y lo usabas como ducha. Sólo cosas simples y sencillas y rodeado de unos parajes vírgenes.

Ahora bien, el golpe más duro fueron las islas Trobriand adonde llegamos casi de noche. Fue un regreso a la prehistoria, un retrocéso importante, incluso dentro de la misma Papúa Nueva Guinea. Aquí tienen una cultura bien diferente a la del resto del país. Viven en casas tradicionales que pertenecen a las mujeres: es una sociedad matrilineal, ellas son las propietarias del terreno y deben transmitirlo a las hijas, nunca a los hijos o maridos. Los poblados están compuestos por familias dónde viven alrededor del jefe, que es el que manda en aquella familia, y en el centro del poblado está la casa del yam (especie de patata) que van llenando con la colecta que hacen cada año para acabar con una gran ceremonia en el mes de junio. En las Trobriand hay un jefe principal, que visité y saludé, y hace tanto de juez (disputas entre propietarias de terrenos), como de presidente, alcalde, ... Tiene cinco mujeres que viven en distintas casas alrededor de la suya. Aquí la gente tiene un promedio de cinco a diez hijos. Aquí no llega demasiado turismo, por lo que no hay carreteras y debes andar para ir de un pueblo a otro. Al pasar por los pueblecitos la gente sale con curiosidad para gritar: "dim, dim" (hombre blanco) y te vienen a ver como si fueras un bicho raro, sintiéndote observado de pies a cabeza. Fue una experiencia que no esperaba en Papúa.

En Papúa el transporte funciona con el PMV (camiones que llevan a la gente en la parte de atrás), pero aquí los horarios no existen. Sólo hay que esperar y esperar a que pase el transporte, y si es domingo olvídate, que no funciona nada!!. Hay que tener mucha paciencia... pero este país es así.

En fin, no me extiendo más. Me han quedado muchas cosas por explicar, pero ahora toca vivir otro paraíso virgen del Pacífico, las islas Salomón, para después continuar hacia la isla de Tasmania. Tres viajes diferentes en una misma zona: el Pacífico.

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Crónica 2: ADIOS A LAS ISLAS SALOMÓN !! -- (05/11/2008)

Adiós a las islas Salomón. Acabo de volver a la civilización, a conectarme con el mundo real, el que a partir de ahora volverá a ser mi mundo.

Imagínate, ayer martes 4 cogí el vuelo de vuelta desde Honiara (capital de las islas Salomón) a la ciudad de Brisbane (Australia), dónde me planté en 3 horas y desde allá otro vuelo de hora y media a Sydney, desde dónde te escribo. O sea, que por la mañana todavía estaba desayunando en las Salomón y al atardecer estaba tomando una copa de vino en la terraza del apartamento de mi amigo Greg en Sydney, para celebrar nuestro reencuentro después de 13 años que no nos veíamos.

Ahora son las 8 mañana del miércoles (aquí son 9 horas de más) y te escribo mirando a través del gran ventanal del apartamento, desde dónde puedo ver el edificio de la Ópera, el puente, los rascacielos, el jardín botánico, el puerto, la Galería Nacional y... el apartamento del actor australiano Russell Crowe (de la película Gladiator). Parece increíble, pero esta es la magnífica vista que tengo en estos momentos y que me inspirará a explicarte mis vivencias en las islas Salomón.

Siempre, cuando viajas, te marcas unas expectativas que intentas que se cumplan, pero una vez estás inmerso en el país y ves como funciona todo te das cuenta de que estas expectativas que tenías difícilmente se cumplirán. Y todo por la sencilla razón de que debes dejarte llevar por el talante del país y de la gente que conoces, nunca puedes ir con la mente occidental de que todo debe funcionar como en casa y lo mejor es esto: dejarte llevar, sin marcarte ningún objetivo y ya verás como las cosas irán saliendo, lentamente, pero saldrán, y esto es lo que me ha sucedido en las islas Salomón, uno de los últimos paraísos que todavía quedan en el Pacífico. Te explicaré:

Las Salomón son un conjunto de islas que ellos denominan provincias y mi objetivo era ver unas cuantas de estas provincias: Choiseul, Rennell, Malaita y Western Province... Pero cuando ves que las únicas líneas aéreas que se mueven entre las islas (Solomon Airlines) salen cuando vuelan y cancelan vuelos cuando les da la gana, te das cuenta de que no puedes depender de unos horarios fijos que nunca se cumplen (más adelante explicaré un caso que me sucedió). Muchas islas no disponen de aeropuertos y las pistas dónde aterrizan las avionetas son de hierba y se usan como campos de fútbol. En las islas siempre hay un agente, una persona que es la representante de las líneas aéreas y se comunican por radio, puesto que los teléfonos sólo existen en la capital. Entonces, cuando en aquella isla hay un pasajero que quiere marchar, el mismo agente habla por radio con el mismo piloto que está volando para decirle que aterrice en la pista de hierba a recoger al pasajero.

Algunas comunicaciones entre las provincias sólo son dos veces por semana y si te cancelan el vuelo por mal tiempo o porque el piloto ha sido padre y hoy ha decidido no trabajar entonces te cancelan el vuelo y santas pascuas... y te quedas en la isla estancado una semana o más. Y esto es sólo un ejemplo y puedes pensar que si tienen mar, porque no tiene unas líneas regulares de barco/ferry que las unan?... pues no!!. Sólo hay una compañía, la Pelikan Express, que opera una vez a la semana y sólo va a Malaita y a la Western Province, si es que va, puesto que puede cancelar también por problemas mecánicos o mal tiempo, aunque el propietario de la compañía es chino... y son más de fiar que los mismos locales que viven aquí. Y es que la mayoría, y diría que todos los negocios pequeños y grandes (tiendas, almacenes, restaurantes, etc), los manejan los chinos, malayos, ... que ya han creado su Chinatown dentro del mismo Honiara. Con todo esto que te he explicado puedes imaginarte que ya me quité de la cabeza acceder a las islas más remotas, puesto que en estos momentos os tendría que escribir emitiendo señales de humo... Así decidí concretar mi estancia de 3 semanas en las islas de Malaita y Western Province (Provincia del Oeste) dónde, en teoría, había más transportes para escoger, pero ahora os explicaré el caso que he mencionado antes:

Tenía un vuelo desde Honiara a Auki (Malaita) a las 16 horas y tenía que estar en el aeropuerto a las 15 horas según las guapas chicas de las líneas aéreas. Pues bien, aquel día visité el mercado de Honiara, pero ya estaba aburrido y decidí presentarme en el aeropuerto a las 14 horas, Pero mi vuelo de las 16 horas salió a las 14:30, ¿porqué?. No te lo saben decir. En cualquier caso, suerte que tuve la corazonada de ir antes y pude coger el vuelo. Si hubiera llegado a las 15 horas lo habría perdido. En fin, esto es sólo un ejemplo para que entiendas que debes dejarte llevar por este talante, difícilmente explicable para nuestra mente, pero es así y no sirve de nada ponerte nervioso: es así y punto, no quieras encontrarle ninguna explicación lógica porque no existe.

Malaita, la isla mas virgen dónde viven las etnias de los Kwaio que quería conocer, pero... este objetivo tampoco lo pude cumplir puesto que las comunicaciones dentro de las islas tampoco son fáciles. Hay unos camiones dónde transportan a la gente en la parte de atrás, como el ganado, y que en teoría hacen un viaje al día para desplazarse al norte o al sur de la isla. Son distancias largas, pasando por caminos complicados sin asfaltar (¿asfalto? ¿qué es esto?), cruzando ríos por puentes hechos con troncos que cuando pasa el camión con toda la carga a veces parece que se tambalee todo, y si el tiempo es espléndido perfecto, pero a veces el tiempo se pone tonto y llueve durante una hora, pero no, no... ya van preparados: sacan un plástico inmenso que entre todos los que vamos detrás nos tapamos nosotros y a toda la mercancía que llevamos con nosotros.. Pero preparaos para poneros algo blando bajo el trasero, ya que con los baches que tiene la "carretera" acabas con el culo lleno de moratones. Son viajes interminables... para hacer 150 km puedes estar todo un día (de las 7 de la mañana a las 8 de la noche). Pero una vez llegas es posible que todavía necesites una barca por trasladarte al lugar escogido, pero... lo que siempre he intentado hacer es coger el transporte local, puesto que alquilar una barca tú solo o un coche es carísimoooooo!. Primero porque la gasolina está muy cara y segundo por el color de mi piel (piensan que mis dólares se van multiplicando). Y lo tengo claro, aunque me ha llevado a discutir, pero es normal y forma parte del viaje, el regateo y el que te entiendan. Viajo con la gente que va al mercado a vender sus productos, sobre todo la nuez del betel, que es algo que mastican a toda hora y la causa de que les queden los dientes rojos y negros (aquí los dentistas tendrían trabajo). Ah!!!... y ojo que no te enganchen cuando escupen el jugo rojo del betel (es lo que les da gusto). El suelo está lleno. Son costumbres a las que te vas acostumbrando!!. Las zapaterías tampoco harían demasiado negocio aquí, puesto que la mayoría van descalzos y andan por dónde sea, mientras que yo voy con los zapatos de andar pisando barro, charcos de agua, resbalando... y me gustaría ir desclazo.

Pues bien, para acceder a ver los kwaio necesitas ponerte en contacto antes con uno de los jefes kwaio, pero al no haber comunicación alguna has de esperar a que alguien vaya por aquel lugar y le haga saber que un blanco quiere ir a pasar unos días con ellos. Bien, todo esto lleva su tiempo, tanto a nivel de transporte como de comunicaciones. Y como que sólo tenía 7 días para estar en la isla y no eran suficientes decidí olvidarme del tema y conocer otros lugares.

En cada isla he intentado ponerme en contacto con la persona que se encarga del turismo. He hecho reuniones con el ministro (a todo el mundo que trabaje para la administración le llaman ministro) de turismo, el tesorero, etc... pero siempre han sido reuniones inútiles que no han servido para nada, sólo para perder el tiempo. La mayoría de cosas las he obtenido a través de la gente local o contactos de otros contactos. Un chico me llevó a su poblado, Kwarifau, situado en lo alto de una montaña, dónde pasé la noche, una noche de luna llena que iluminaba todo el océano y el poblado dónde dormía. Este chico era el director de la pequeña escuela que hay en el poblado, pero aii!!! para llegar a él hay 3 horas de subida nada fácil, no por la dificultad sino por el exceso de humedad que hace que a los 10 minutos tu cuerpo esté chorreando agua... sí, pura agua... sudor y más sudor, además de las picaduras de hormigas rojas (es alucinante la cantidad de insectos diminutos que hay, ¡¡suerte de los repelentes!!), y el camino enfangado y resbaladizo. Menos mal que cuando llegas arriba disfrutas de las vistas y al hacerse oscuro la luna es el único espectáculo que tienes, además de las largas conversaciones con el chico, con la única luz de la luna que dejaba entrever nuestras caras cansadas.

Malaita también es famosa por la laguna Langa Langa, conocida por sus islas artificiales. Una laguna es como una entrada de agua de mar que parece un lago por sus aguas tranquilas al quedar resguardada por las islas que tiene (la mayoría tienen manglares). Aquí la gente ha utilizado coral para los cimientos sobre los que han construido sus casas, casas tradicionales levantadas del suelo y hechas con hojas de palma. He pasado dos noches en una de estas casas, junto a la laguna. El lugar es mágico, el reflejo de las casas en el agua. Alguna canoa de madera la ves pasar por medio de los manglares, algún pez salta de las tranquilas aguas y cuando el sol empieza a bajar y ves que el cielo se va enrojeciendo y las nubes empiezan a tomar colores rojos... y mientras, yo sentado en el balcón de la casa, disfrutando de este espectáculo y dejando que vaya anocheciendo. Sin darme cuenta ya sólo puedo apreciar la silueta de las canoas pasando silenciosamente por delante de mi balcón y al final, ya con el cielo gris negruzco, unos rayos dan todavía más vida al espectáculo, como si volviera a hacerse de día. La paz que se respira aquí es indescriptible: no siento nada, sólo el ruido de mi bolígrafo escribiendo lo que estoy viviendo. Me pongo a dormir con todo abierto, ante mí sólo veo el agua de la laguna que permanece inmóvil durante toda la noche.

De vuelta a Honiara y para salir ahora hacia la provincia del oeste, la mes turística, aunque en todos los alojamientos he sido el único extranjero, excepto haber compartido habitación en Munda con un californiano y un voluntario japonés, el resto solo con la gente de aquí. Hablando de la gente, una cosa que me gustaría que supiérais es que si lo comparo con mis vivencias en Papúa Nueva Guinea debo decir que la gente en las islas Salomón es más cerrada y más tímida y reservada con los extranjeros. En Papúa Nueva Guinea te saludaban aunque no te conocieran. En cambio, aquí es más difícil, te miran y ves que hablan de tí, pero no se acercan. Ahora, si eres tú el que te diriges a ellos entonces muchos no entienden inglés y otras veces que se abren más y ya empiezan a preguntarte sobre tu vida, trabajo, etc. Por ello aquí la convivencia con familias ha sido más complicada. He estado en alojamientos turísticos regentados por familias con las que después siempre he compartido mesa, pero he pagado mi alojamiento como otro viajero más, no como un amigo. Aquí la gente me ha visto más como un "negocio" para ellos y quizás he encontrado más a faltar el trato humano y abierto que tuve en Papúa e, incluso, en otros países del Pacífico como Vanuatu o Samoa, por ejemplo. Y otras, cuando han sabido de mi trabajo (los audiovisuales que hago, la actualización de las guías Lonely Planet, la promoción que puedo hacer de su hotelito, etc) me han hecho descuentos con condiciones, pero sin tirar cohetes.

Volvemos a la provincia del oeste (Western Province). Un vuelo desde Honiara me llevó a la pequeña población de Munda, junto a la laguna Vona Vona. Un camino a pie me llevó a mi alojamiento, el Agnes Lodge, delante mismo de la laguna. Si entráis en la historia de las Salomón, las islas quedaron muy afectadas por la invasión de los americanos y japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y esto ha hecho que en muchos sitios te encuentres, en mitad del bosque, con avionetas, tanques,... material oxidado que hoy es una atracción turística, y aún más para los que bucean, ya que barcos y aviones hundidos son fáciles de encontrar en el fondo del mar y hoy convertidos en acuarios naturales.

¿Qué hice en Munda?. Si quieres descansar lo haces, pero estando yo ya tan descansado, nooooo!!!. He dormido más horas aquí que en toda mi vida. Pensad que voy con las horas de sol: me levanto hacia las 7, desayuno, como hacia las 12 y ceno a las 19:30 más o menos y si no hay nada a hacer por la noche (mantener conversaciones con la gente, escribir el diario, etc) hacia las 9 ya me entra sueño y a las 10 ya estoy durmiendo. Actividades diurnas hay muchas, el problema es que debes pagar la gasolina y estas actividades salen caras, pero si estás solo, sin ningún otro guiri interesado en hacerla y te interesa mucho hacerla pues a pagar y listos.

Una de las actividades que hice fue lo que llaman island hoping, es decir visitar islas con algún interés "turístico o local": como trabajan la madera (son unos grandes escultores); visitar un poblado; conocer otras islas, dónde hay bungalows para pasar la noche (como la isla de Lola, dónde estuve con la familia que vive allí y mi bungalow junto a la playa); hacer esnorquel (máscara y aletas); bañarte en una playa de arena blanca... siempre hay cosas para hacer, siempre!!!. Ahora, no busquéis museos, ni monumentos, ni catedrales... sólo hay lo que la naturaleza ofrece, junto con la gente que forma parte del lugar, nada más!!!.

Me dirijo a Gizo , la capital de la provincia del oeste. Bien, no creáis que es una gran ciudad. Sólo algunas tiendas, el mercado y una calle principal que cuando llueve no hay quien la pise. Gizo sufrió el año pasado un tsunami y la dejó muy malograda. Por ello, ahora mucha gente se ha ido a vivir a la montaña, dónde han construido sus casas y todavía algunos duermen en tiendas de campaña. Visité la playa más fotografiada y bonita de las Salomón, la playa de Saeraghi, y sí... se lleva merecidamente la fama de ser la mejor de todas!!!.

Pero el atractivo principal fue ir a la isla de Mbabanga, dónde está el famoso Lodge Fatboys. A veces, si se puede pagar con la Visa me permito este lujo de ir al mejor bungalow (cuesta 69 €). El bungalow sobre el agua se encuentra en la laguna Vanga Vanga. Está abierto, con las paredes hasta la mitad y el techo hecho con hojas de palma. Decorado con muebles del Vietnam, con una gran cama de las mismas dimensiones que la de mi casa, y aguantado con 8 troncos de madera, con dos magnificas gandulas, un baño y un gran balcón desde dónde puedo ver la pequeña y desierta isla Kennedy (llamada así porque fue donde rescataron al presidente JFK cuando naufragó con su barco durante la II Guerra Mundial) y la isla Kolombangara, con su volcán. Me estiro en la gandula (es una noche oscura, con un cielo estrellado), pensando en cuan afortunado que soy al disfrutar de estos momentos tan especiales. Siento las pequeñas olas romper en los pilares del bungalow y al fondo un breve ruido del generador que da luz a mi hogar hasta que me quedo dormido. Me despierta la luz del sol que sale delante mismo de mi cama hasta que se esconde tras una nube, desde dónde salen potentes rayos de luz que me regalan un día radiante de sol. Decido pasar el día en la isla Kennedy, disfrutando del agua transparente y tumbado sobre la arena dorada, sintiendo el agua que me llega al cuerpo, disfrutando de los corales y peces de colores que me ofrecen los fondos marinos de esta pequeña isla. Aquí las horas me pasan volando!!!.

Pero faltaba uno de los platos fuertes del viaje: la laguna de Marovo. El barco Pelikan Express me llevó hasta el pueblecito de Seghe , dónde ya me esperaba Benjamin y que me llevó a su pequeño paraíso, a su isla privada de Matikuri, dónde tiene 4 bungalows para quien quiera desconectar del mundo externo, escribir, hacer un retiro personal... para lo que queráis, el lugar se lo vale. Aquí también soy el único extranjero. De los 4 bungalows el Benja me deja escoger el que quiera. Todos están separados uno del otro por árboles y mucha vegetación. Es una isla con manglares y con pequeños rincones de playa. Mi bungalow (11 €/día) da, como todos, delante de la laguna y tiene dos niveles: el de la habitación abierta con una cama, la mosquitera y una mesa, y el de la terraza, con un gran espacio con sillas y una mesa desde dónde cada noche escribía el diario. Seguida por una plataforma desde donde podía coger la canoa o la barca o simplemente lanzarte al agua. Como te he dicho, el lugar está alejado de todo, incluso del bungalow central dónde está la cocina y la gran mesa donde comía con el gran balcón que también daba a la laguna. Y una de las cosas que no he mencionado: la mejor comida que he probado en las Salomón (aparte del de Fatboys), cocinado por la Jenny y la Wendy (madre e hija). Para desayunar, pancakes con fruta y café; para almorzar, muy ligero, una tortilla o plátanos fritos, pero lo que destacaba era la cena. Le digo al Benja si hay langostas por la zona y me mira riendo y he entendido que hará lo posible para contentarme. Pues la misma noche hace salir a pescar a unos sobrinos suyos, puesto que es el momento en que las langostas salen a comer, y al día siguiente me sorprende con 4 langostas: 2 que me como para el almuerzo y las otras 2 para cenar... uauauau!!! Qué deliciosas que estaban... 4 langostas en un solo día, ¿lo habías comido nunca? pues yo tampoco. ¿Y el precio? aquí pagas por comida: desayuno 2 €, comida 3 € y cena 6 € y esto con todo ya incluido, comas lo que comas. Otra noche me deleitó con cangrejos inmensos cocinados con leche de coco, deliciosos!!!, incluso mejor que la langostas.

Actividades variadas a escoger: hacer esnorquel, quedarte en una isla desierta con agua y fruta durante un día y venirte a recoger por la tarde, navegar por el interior de islas dónde hay ríos de agua dulce que te conducen a lagos cerrados por acantilados y que van a dar al mar abierto, disfrutar de acuarios naturales dónde, cuando te sumerges, ves aquella oscuridad y a veces alguna tortuga marina y tiburón -indefenso- me acompañan. Después tenía mis momentos para estar en la terraza del bungalow, escuchar el sonido del silencio, a veces algún coco caía del árbol y me asustaba, sentía los grillos, y a veces relampagueaba allá a lo lejos, excepto una noche en que me despertaron un fuerte trueno que pareció caer a mi lado y la cama tembló... momentos especiales en lugares especiales que son difíciles de explicar, sólo sé que son momentos que hay aprovechar al máximo para absorber toda la fuerza positiva que da el estar en lugares así. Fueron 4 días, pero podían ser 4 semanas... los días pasan muy rápido si tu mente te lo pide, pero también te puedes agobiar de estar en lugares así, ya que ves que sólo estás tú y la naturaleza, nada más, pero quizás es esto lo que se busca cuando se va a estos lugares tan lejanos.

Ahora viene el contar una "mala" experiencia en Marovo, pero todo va incluido en el paquete, lo bueno y lo malo. Quería conocer más sitios de Marovo y el Benja acordó con un chico que tenía una barca y vivía en la isla de Gatokae que, cuando acabara con unas conferencias que hacían las mujeres de la religión 7 Adventistas en Seghe, muy próxima a la isla de Matikuri donde estaba yo, me llevaría a Gatokae. Acordamos el precio y salimos a las 9 de la mañana. Bien, esto es otra cosa a comentar: "Salomón time", que quiere decir que nunca es la hora que te dicen (así, si te dicen a las 7 calcula 2 horas más tarde). Salimos con una barca pequeña con motor las 7 mujeres y yo (dos de ellas con dos criaturas pequeñas). El día se levantó nuboso y cuando ya llevábamos una hora de camino empezo a llover. Íbamos sin chaleco salvavidas (¿chaleco? ¿qué es eso?). Yo me pongo el chubasquero. En la barca todo estaban bien cubierto con plásticos fuertes y se podía aguantar, hasta que en el horizonte se veía un cielo negro negro y hacia allá íbamos!!!. De pronto, nos encontramos en medio de aquella tormenta, lloviendo como nunca había visto, soplaba el viento... vaya, óptimas condiciones para viajar en barca. Le digo al de la barca que pare en alguna de las islas que veíamos, pero dice que no, que quiere continuar... yo sólo hacía que mirar las caras de las mujeres, caras de tranquilidad, y las criaturas sin llorar. Yo a veces optaba por cerrar los ojos, pero los movimientos bruscos de la barca no me dejaban tranquilo y empezó a venirme pánico al ver que la barca iba de un lado a otro hasta que el tiempo se calmó y entramos en una zona fuera de peligro. Pero este tipo arriesgó la vida de 7 personas sin el menor asomo de seguridad. La hora que duró este mal tiempo me pareció eternaaaaaaaa!!!!. Por cierto, tuve 4 días de tortícolis de tanta barca. Durante todo el viaje me he movido mucho con canoas de motor y por el mar.

Y ya de nuevo en Gatokae apuré los últimos días de playa para estar también en lugares especiales, junto al agua, haciendo esnorquel y alguna caminata por la costa para ver playas desiertas y pueblos tradicionales.

De vuelta a Honiara, a punto de decir adiós a las islas Salomón, otro paraíso todavía por desarrollar, pero siempre siguiendo la filosofía de vida de esta gente que viven sin reloj, sin móvil y sin el menor asomo de crisis mundial de la que, por cierto, me acabo de enterar ahora mismo. Que bueno es estar desconectado de lo que pasa en el mundo, ¿verdad?.

En general, si hablamos de paisajes, diría que las islas Salomón son más la postal de paraíso que Papúa Nueva Guinea. He estado en lugares dónde la naturaleza se ha recreado en darles playas de arena blanca, lagunas de aguas silenciosas, atardeceres sensacionales... pero a nivel humano he disfrutado más en Papúa, Vanuatu, o Samoa, dónde he encontrado la gente más honrada y dónde la vida con familias ha sido más intensa.

Se ha acabado el ponerme repelente cada día para que no me picaran los mosquitos portadores de malaria, se ha acabado el dormir con mosquitera, se ha acabado el comer patata dulce y arroz, se han acabado las playas de arena blanca, se ha acabado el calor húmedo. Ahora me espera la primavera de Tasmania, con un clima más bien frío (así me iré acostumbrando al clima europeo).

Esta tarde vuelo hacia Hobart, la pequeña capital de la isla salvaje de Tasmania (dicen que es la Nueva Zelanda en pequeño), dónde estaré hasta finales de la semana próxima. ¿Queréis que le dé recuerdos al diablo de Tasmania?, dicen que se está extinguiendo. Pienso alquilar un coche y así disfrutaré más de la naturaleza virgen, pero civilizada, de la pequeña isla al sur de Australia. Para acabar, últimos días en Sydney y volar de nuevo a Europa.

Espero que hayas disfrutado de uno de los relatos más detallados que he escrito, pero ya lo ves, has tenido la suerte de que las vistas desde la mesa del ordenador me han inspirado muchísimoooo!!!.

Lukim yu!!!! (quiere decir "adiós" en la lengua de Papúa Nueva Guinea y Salomón).

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Crónica 3 i última: TASMANIA -- (14/11/2008)

Sí... vuelvo a estar delante del gran ventanal del apartamento de Greg en Sydney. Acabo de llegar hoy mismo de Tasmania y ya queda pocos días para volver a casa. De hecho, estos días en Tasmania me han servido para volver a la civilización y poder disfrutar de una ducha de agua caliente, de comer como en "casa", de una cerveza o bebida fresca, de poder conducir después de tanto tiempo , ... en fin, todas esas cosas tan simples que cuando no las tenemos nos damos cuenta que también podemos vivir sin ellas, pero debo reconocer que se agradece tenerlas de nuevo.

Tasmania, te haré un resumen de lo que he hecho y me ha parecido. La mejor manera de recorrerla es alquilando un coche. Por 152 euros he dispuesto de un Mazda 121 de hace 18 años, pero lo que quería era que me llevara y lo ha hecho, sin ningún problema, incluso yendo por carreteras de grava. Han sido un total de 1.747 km conduciendo, eso sí, por la izquierda y con el volante a la derecha y las marchas a la izquierda, ¿fácil?. Te acostumbras después de recibir alguna pitada y te mentalizas de que todo va a la izquierda, incluso en las rotondas ... pero bien, con un buen mapa de carreteras y saber dónde quieres ir no es difícil. Y es que es un goce conducir por la isla, ya que todo está muy bien señalizado y las carreteras la mayoría están asfaltadas, aunque a veces, para atajar o por curiosidad pasé por algunas carreteras rurales donde el camino era de grava. Lo que me sorprendió fue ver la cantidad de animales muertos en las carreteras y es que, cuando el sol se pone, salen los canguros, wombats y otros animales desconocidos para nosotros y los coches los arrollan, ya que cruzan de sopetón, lo tengo comprobado.

Tasmania la catalogaría con grandes paisajes y playas increíblemente transparentes, con una arena blanquísimaaa. Me levanto pronto para poder salir temprano por la mañana a hacer carretera, entre las 6 y 6:30, y también aprovechaba la mejor luz así como el hecho de que las mañanas siempre eran más soleadas que las tardes, y es que, de hecho, en Tasmania puedes tener las 4 estaciones en un solo día: tan pronto parece que sale el sol como de repente se nubla y llueve ... siempre debes llevar un chubasquero o jersey o bañador, ¿porqué no? aunque la temperatura del agua era demasiado fría .. piensa que la isla es la más cercana a la Antártida.

Hobart, la capital, fue encontrarse con una ciudad ordenada y limpia, donde se come muy bien, principalmente pescado y marisco fresco del día.

Decidí dar la vuelta a la isla pasando por los mejores parques nacionales, muchos de ellos Patrimonio de la Humanidad. Te haré un resumen:

Port Arhtur: el penal adonde empezaron a llegar prisioneros venidos desde Inglaterra para cumplir condena. Lo más interesante fueron los Ghost Tours (Tours de Fantasmas), las que se hacen por la noche con una lámpara de petróleo y te van llevando por los lugares donde pasaron historias "raras", muertes inexplicables, apariciones, etc ... que te cuenta el guía (va vestido con un abrigo negro hasta los pies y un sombrero negro, para dar más misterio). Incluso te enseñan la sala de las autopsias y te cuenta que cuando alguien quiere fotografiar esta sala no le saldrá nunca la foto... También hablan de una chica joven con un vestido azul que se pasea por los lugares históricos, y te llevan a las celdas donde estaban los prisioneros y te hacen sentir sus vocesssssssss ... En fin, historias que duran una hora y media y te hacen entrar de una forma sutil con la poca luz y la llovizna que caía en una noche misteriosa!.

Península de Tasmania: un buen parque donde disfrutas de los inmensos acantilados que dan a la costa, con sus formas que parecen setas que brotan del agua,a sí como el agua enfurismada que con los años va erosionando las rocas, y creando formas de arcos, agujeros donde entra el mar y crea cuevas.

Ahh! por fin he visto el diablo de Tasmania. Es como un perro pequeño de pelo negro con alguna mancha blanca. Padecen un tumor en la cara que con el tiempo no les permite comer y se mueren. Aunque lo tienen controlado los que no lo tomarán son los que están en cautividad.

Parque Nacional de Freycinet (su nombre me ha recordado el cava Freixenet). Andé por él durante todo un día, unos 18 km, donde el atractivo es caminar por la costa y las playas son para morirse!. La mejor, y considerada una de las 10 mejores playas del mundo, es la playa Wineglass Beach ... uauauau! qué playa!. De tan blanca que era la arena me dolían los ojos y cuando la pisaba hacía un ruido musical. Dicen que es debido a la pureza de la silicona de la que está compuesta, por lo que tanto la arena como el agua son transparentes... pero, qué fría ... y qué día más bonito: cielo azul ... y no había nadie en la playa, sólo los andábamos por el parque. Normalmente la gente va al mirador y vuelve al parking, y es que da gusto caminar por los parques, todo está bien señalizado, en los cruces tienes las indicaciones con los diferentes circuitos... claro!. No estaba en Papúa Nueva Guinea ni en las Salomón, estaba en Australia y aquí, más o menos, todo funciona!.

Ahora, hablando de playas, las mejor están más al norte de la isla, en la llamada bahía del Fuego... Uff! indescriptible!. Incluso las rocas tienen un color rojizo que contrasta con el azul del mar y el blanco de la arena ... kilómetros y kilómetros de playas ... no te cansas nunca, ni de andar por ellas, ni de tumbarte sobre la arena... lástima de la temperatura, ya que sólo media pierna se permitió el gusto de probarla.

Parque Nacional de Cradle: 22 km andando todo el día para dar la vuelta completa al lago Dove, subir al mirador (trepando por las rocas en el tramo final) y ver las vistas de los otros lagos, como el lago Saint Claire (el de agua dulce más grande de Australia) ... ufff! y cuánta flora variada que hay, en muchos casos es única en Tasmania. Árboles de eucalipto enormes dan vida a los parques, algunos de estos árboles están muertos y dan un carácter más fantasmagórico a la caminata y, de vez en cuando, al sitio donde dormía te vienen a ver los canguros para que le des algo de comida.

Hablando del dormir, ¡que fácil! Dormía en albergues que están dentro de los parques nacionales y gran parte del turismo que había era local o de Australia. Pocos extranjeros como yo, excepto en Hobart y Launceston (la segunda ciudad más importante).

La isla de Bruny: una escapada desde la ciudad de Hobart. Una isla remota y pequeña, donde recorrerla me hizo retroceder años atrás. Lo que más me gustó es el nombre aborigen de la isla: Lunawanna.

Las ciudades o pueblos por los que pasaba son pequeños, pero muy ordenados y donde las casas son bajitas estilo Georgia, las calles anchas, limpias, sin tráfico, sin gente... En toda Tasmania viven aproximadamente unas 500.000 personas.

Tasmania ha sido otra experiencia bien distinta vivida en el Pacífico y quizás es eso lo que más me gusta de viajar por este inmenso océano: que no te lo acabas nunca y además tienes mucha variación de países por conocer. Han sido tres experiencias diferentes, pero eso si, vividas con mucha intensidad, como siempre hago cuando viajo, sea el destino que sea, y que espero hayas sacado una pequeña experiencia a través de mis relatos y que te haga amar este pequeño rincón de mundo y recordar que por suerte todavía quedan lugares donde el espíritu de conocer y vivir existe.

Ahora sólo deseo poder llegar y tomar una copita de cava bien helado con unas aceitunas ... lástima que la langosta sea tan cara en nuestro país, ya que sería la combinación perfecta para acabar de explicarte con más detalles todo lo vivido, que es mucho. A partir de ahora sólo necesito tiempo para digerir todo esto!.

Uff!!! Greg me reclama para salir. Incluso en Sydney no dejaré que pasen los minutos y viviré la ciudad al máximo de la mano de un ciudadano hasta que ponga los pies en el avión de vuelta.

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Relat d'un viatge de 29 dies a Austràlia - Víctor Bordás & Paquita Poch [2011]
AUSTRÀLIA - Guia i relat d'un viatge a Austràlia - Yolanda & Toni (Viatgeaddictes) [2004]

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