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Sudán

SUDÁN

Sudán, última etapa de un viaje de 100 días en el Rift

Data Data viatge: 2017. Publicat el 29/3/2017
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Introducción

Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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El Gran Valle del Rift es una gran fractura geológica cuya extensión total es de 4.830 kilómetros en dirección norte-sur. Aunque generalmente se habla de este valle para referirse sólo a su parte africana, desde Yibuti a Mozambique, lo cierto es que el mar Rojo y el valle del río Jordán también forman parte de él.

El viaje por Sudán que se detalla en esta página tuvo lugar a principios del año 2017 y forma parte de un viaje más amplio que nos llevó a recorrer durante cuatro meses y principalmente en transporte público buena parte de esta ruta por el valle del Rift y más.

Comenzamos esta aventura en Uganda y continuamos por Ruanda, Tanzania, Kenia y Etiopía, con final en Sudán.

En esta misma web podéis leer el relato de la etapa por Ruanda. Y podéis leer el texto original y ver más fotos de esta aventura completa por África en el blog 100 días en el Rift de los autores.

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 Relato de un viaje por Sudán

ENTRADA EN SUDÁN

Finalizada nuestra etapa de viaje por Etiopía y tras un par de días debatiendo sobre el futuro del viaje debido a algún achaque de salud, nos decidimos a continuar hacia Sudán, la tierra de los faraones negros.

Para ello, nos dirigimos hasta la población de Metema, en la frontera del lado de Etiopía y a unas 3 horas de Gondar, para cruzar hasta Gallabat, ya del lado sudanés.

A pesar de llevar el visado para Sudán desde España, un paso fronterizo siempre es impredecible y éste no fue la excepción.

Para empezar, tuvimos que cambiar algunos dólares en la frontera. Cuando llegas a Sudán tienes tres días para registrarte en alguna comisaría de policía como medidad de control. En nuestro caso, y debido a que la visa de entrada nos cumplía al día siguiente, nos obligaron a hacerlo en el momento, previo pago de 40 dólares cada uno, 4 ó 5 fotos de carnet y un puñado de fotocopias del pasaporte.

Una vez acabado este trámite, hay que pasarse por una oficina que hay unos metros más adelante, en la misma polvorienta calle, para apuntarnos en el registro de seguridad y para que chequearan nuestros equipajes. En fin, lo que iba a ser media hora, se convirtieron en casi dos.

Con la inercia de llegar a los sitios cargados de mochilas y preguntar cuándo sale el próximo coche/matatu/bus/minibús/moto/..., nos pusimos a esperar al lado de la carretera junto a unos señores que también lo hacían.

Tras un rato de dudas por saber si saldríamos de aquel pueblo, una furgoneta se paró ante nosotros, decorada con unas letras en árabe y la foto de algún predicador de turbante blanco en la luna trasera. Era nuestro transporte, y el de otros 10 hombres.

Todos vestían con chilaba blanca hasta los tobillos y cubrían sus cabezas con un sombrerico a juego. Nos miraban, supongo que preguntándose qué hacían dos españoles cargados de bártulos procedentes de Etiopía en un minibús con más años que un bosque.

Pronto empezaron a interesarse por nuestra procedencia. La típica pregunta era de que país veníamos y luego si vivíamos en Real Madrid o en Barça... algo que se ha repetido en estos casi cuatro meses de viaje. A continuación, venía el tema fútbol. Cuando Ara les decía que era del Barça, algunos aplaudían mientras otros entre risas decían que Cristiano era el mejor. Cuando me preguntaban a mi, les decía Real Betis, a lo que respondían con el pulgar hacia abajo y diciendo: uuuuuuhhh...

Después de la larga jornada, llegamos ya de noche a Gadarif. Tras comprobar que el precio del hotel que teníamos pensado para esa corta noche se nos iba del presupuesto, llegamos al Hotel Amir, posiblemente el peor agujero donde hayamos dormido en nuestras vidas.

Imagen de un autobús sudanés
Imagen de un autobús sudanés

Teníamos ganas de que llegara la mañana. El autobús que nos llevó hasta Jartum era una pasada. Era enorme y el interior parecía un palacio, con sus cortinillas rojas de flecos y las lámparas con chorrera.

El paisaje era bastante desértico y hacía calor. Había cambiado por completo. En el televisor del bus, ya no había chicas con el pelo largo y cardado cantando canciones con ritmos eléctricos, ni hombres bailando y moviendo sus hombros con gestos imposibles. En su lugar, unas secuencias de imágenes de cascadas y desiertos mientras una voz en off entonaba cánticos con versos del Corán.

En Sudán se aplica la Sharia o Ley Islámica. Se trata de un código de buena conducta en todos los campos de la vida, ya sea en la manera de rezar, como en la de comer o vestir.

Debido a que Sudán es uno de los países con embargo económico por parte de Estados Unidos, es imposible para los extranjeros sacar dinero de los cajeros o pagar con tarjeta, así que toda la pasta la llevábamos en metálico.

Otra consecuencia de este embargo la ha sufrido nuestro blog. Tras intentar entrar en él sin éxito para subir nuevos posts, nos dimos cuenta que había desaparecido. Cuando nos pusimos en contacto con ellos esto es lo que nos contestaron:

“La cuenta ha sido eliminada siguiendo los requisitos de la OFAC, pues se registro actividad desde Sudán. Wix es una plataforma de desarrollo web basado en la nube para millones de usuarios en 190 países. La oficina de control de Activos Extranjeros de Estados Unidos ("OFAC") del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos administra varias sanciones de comercio y económicas. Estas acciones le prohíbe a Wix enviar dinero o hacer negocios con ciertas personas de ciertos países. Los países y regiones restringidos por la OFAC son los siguientes: Irán, Corea del Norte, Siria, Sudán, Cuba y la región de Crimea (Ucrania). Saludos”

Además, el cambio oficial en los bancos y casas de cambio es insultante. Por cada dólar te dan 7 libras sudanesas, mientras que si te lo cambia alguien por la calle (con el correspondiente riesgo), te darían casi 20.

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JARTUM

Al bajarnos del bus en Jartum, un grupo de 3 o 4 taxistas se nos acercó con la curiosidad por saber de nuevo de dónde veníamos. Les preguntamos por algún hotel y se inició un debate entre ellos por ver cuál sería el mejor para nosotros. Era gente muy agradable.

Finalmente, y después de dar 450 vueltas por la ciudad, el taxista nos llevó al Hotel Dubai, en pleno centro. Las calles estaban completamente embarradas y con charcos enormes, posiblemente por la rotura de alguna tubería.

Los hombres vestían todos como en el bus. Iban con sus chilabas blancas impolutas y pañuelos de todos los tipos y colores cubriendo sus cabezas.

Las mujeres llevaban unos vestidos hechos con una larga tela de mil colores que les cubría la cabeza y el cuerpo. Otras, en cambio, vestían de riguroso negro y solo dejaban verles los ojos, y algunas ni siquiera eso.

Al fondo, donde se une el Nilo Azul y el Nilo Blanco (Jartum)
Al fondo, donde se une el Nilo Azul y el Nilo Blanco (Jartum)

En Jartum tenemos que hacer un trámite en el Ministerio de Turismo sudanés y es que necesitamos un permiso especial para salir de la capital hacia la zona del norte.

El problema es que llegamos un jueves por la tarde.

Aquí, el fin de semana empieza el viernes, ya que es el día sagrado en el mundo musulmán. El sábado no abren los organismos oficiales y ese domingo en concreto, se celebraba el nacimiento del profeta Mahoma, así que cerrado también.

Hasta el lunes no podíamos arreglar el papel que nos permitiera salir, por lo que decidimos tomárnoslo con calma y disfrutar de la ciudad.

Jartum, tiene cierta simbología en nuestro viaje. Aquí, el Nilo Blanco, que vimos nacer en Uganda, y el Nilo Azul, en Etiopía, se juntan para formar el gran río Nilo que desemboca un puñado de kilómetros al norte, en la ciudad egipcia de Alejandría, ya en la costa mediterránea.

Cuando miramos la distancia que hay desde su nacimiento en Uganda, en el Lago Victoria, hasta Jartum vimos que sólo eran unos 1.500 kilómetros y no nos explicamos la vuelta que hemos dado para llegar hasta aquí: ¡¡Tres meses y 15.000 km de viaje!!. Menudo rodeo hemos dado...

En la ceremonia de los Derviches (Omdurman)
En la ceremonia de los Derviches (Omdurman)

Habíamos oído hablar de la Ceremonia de los Derviches. Se trata de un acto religioso de los islámicos sufís que consiste en una especie de danzas espirituales al ritmo de los tambores y que tiene lugar los viernes, generalmente.

En Jartum es posible asistir a alguna ceremonia derviche junto a la tumba de Hamed al-Nil, en un gigantesco cementerio que hay en Omdurman, población situada a orillas del río Nilo, enfrente de Jartum.

Comienzan los bailes de manera pausada y tranquila, al ritmo de los tambores, para terminar dando gritos como fin de fiesta. Mientras, las mujeres ofrecen a los asistentes todo tipo de dulces.

En la ceremonia, se nos acerca continuamente gente a hablar con nosotros y terminamos tomando té con alguno de ellos.

Habíamos quedado con un chaval de Omdurman para vernos el domingo en la celebración del nacimiento del profeta o lo que es lo mismo, el Rabi’ al Awwal. Esta celebración tenía lugar en una enorme explanada parecida a un recinto ferial, también en Omdurman.

Parada de venta de gorros (Jartum)
Parada de venta de gorros (Jartum)

Acompañados por el chico del viernes, entramos. Había muchísima gente y quioscos donde los padres compraban cosas a los hijos como globos, caramelos, pistolas de juguetes o banderas con la cara de algún imán. Lo normal.

Bordeando todo el perímetro por dentro, había casetas en las que cada “peña” idolatraba al líder religioso correspondiente, el cuál salía a un escenario para dar su discurso.

No llevábamos ni cinco minutos dentro cuando la gente empezó a preguntarnos con curiosidad a cerca de nuestras vidas. Nuestro amigo trataba de dispersar la multitud, pero aquello se nos fue de las manos y tuvimos que apartarnos para que no fuera a mayores.

Hemos disfrutados mucho de estos días en Jartum, desde las fervientes celebraciones religiosas hasta los característicos mercados árabes, llenos de tiendas de especias, cacerolas, ropa, oro y babuchas apiñadas en laberínticos callejones.

Ya estamos impacientes por salir de la ciudad en busca de los nubios. Allá vamos.

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GADAAR

Tras cuatro días en Jartum, llegó el momento de adentrarnos en la profundidad de las aldeas nubias. ¡Ya teníamos ganas! Para ello, contamos con la ayuda de Mohammed, un joven sudanés alto, delgado, con un bigotillo de unos 2 centímetros y con la cabeza cubierta por un pañuelo a cuadros que se ponía con soltura.

Vasijas llenas de agua junto al camino
Vasijas llenas de agua junto al camino

El camino estaba plagado de controles de policía en los que teníamos que entregar una copia del permiso.

La carretera sigue el curso del río Nilo, una vez más. Es curioso ver cómo la vida gira entorno a él. Un vergel de palmeras y cultivos lo flanquean hasta la desembocadura en Egipto.

El paisaje llama la atención. Conforme salimos de Jartum, a un lado queda el Nilo y a otro el desierto.

Nos sorprendió la presencia de unos puestos en medio de la nada que íbamos viendo periódicamente. Eran pequeños techados bajo los cuales se encontraban al menos dos grandes vasijas llenas de agua para algún despistado.

Es entendible dado el terrible calor que debe hacer allí en verano.

La primera noche la pasamos en Gadaar, en la casa de Hassan, el cual nos invitó además a cenar un ful que nos supo a gloria. El ful o ful medames es un plato tradicional egipcio que forma parte también de la gastronomía de muchos países de Oriente Medio y África.

Su ingrediente principal es el haba, cocinada y aderezada con especias y otros muchos ingredientes.

Casas nubias en Gadaar
Casas nubias en Gadaar

Gadaar era un sitio con la arquitectura y decoración típicas del pueblo nubio: casas pintadas con colores claros llamativos, como verdes pistacho o amarillos chillones, sin puertas y soportales y una característica común a todas ellas: camas por todos lados y gente muy amable.

En estas casas no hay casi ni una silla, sólo camas. Es fácil encontrarte a alguien de la familia revolcado en cualquiera de ellas.

Por esta zona no te quedarás a dormir en la calle porque es tal la hospitalidad que hay que tendrás que dormir en la casa de alguna familia.

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SOLEB

Continuamos el curso del río hasta Soleb. Nos quedamos en casa de Mohammed, un amable octogenario vestido con chilaba blanca y turbante del mismo color y unas escarificaciones en la cara, típicas de los nubios, hechas por su madre cuando era niño.

Atardecer sobre las ruinas de Soleb
Atardecer sobre las ruinas de Soleb

También estaba sordo como una tapia con lo que nuestras conversaciones eran de lo más interesantes.

Era realmente encantador y no se cansaba de contar la historia de una arqueóloga italiana que vivió en su casa casi 20 años, mientras realizaba tareas de recuperación en las ruinas cercanas.

Tras visitar las ruinas de Soleb, con la única compañía de Mohammed (el nubio) que insistió en venir, y la orilla del Nilo en busca de cocodrilos, Mohammed nos dejó solos.

El sol se ponía dejando entrever la silueta de las que fueron imponentes columnas casi 3.500 años atrás. A continuación, y de entre la vegetación, una imponente luna llena se encargó de iluminar aquella impresionante e inolvidable fotografía.

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TOMBOS

A la mañana siguiente fuimos hacia el sur y llegamos hasta la tercera catarata del Nilo, aunque de catarata tiene más bien poco, pero ver el gran río desde lo alto de una colina mereció la pena.

Nuestro destino era Tombos, un pueblecito muy parecido a Soleb, al lado del río. Aquí vimos algo que resume la situación del patrimonio de Sudán, una estatua de mas de 3.000 años tirada en medio de una escombrera, justo al lado de una enorme montaña de basura y sin ninguna protección.

Estatua tumbada en Tombos
Estatua tumbada en Tombos

Es tal la cantidad de tesoros que hay en Sudán que le es imposible a su gobierno hacerse cargo económicamente de todo. De hecho, es fácil ver restos de cientos de vasijas de miles de años en cualquier descampado.

Llegamos pronto a Tombos y nos dimos un paseo por las calles de arena de playa del pequeño pueblo entre casas blancas y verdes.

No tardamos ni un minuto en llevar un enjambre de críos tras nosotros. Un rato después, también se unieron un grupo de señoras ataviadas con coloridos vestidos, interesadas en saber cosas de Ara, a la que hacían todo tipo de preguntas.

Una pregunta típica era si teníamos hijos. Tratar de contestar a esta pregunta, teniendo en cuenta que allí la edad de procrear es mucho más temprana que la nuestra, era una tarea complicada.

Tras varias semanas por Sudán, descubrimos que lo mejor era decir que para el año que viene a lo que ellos siempre respondían: inshalla, o lo que es lo mismo, si Dios quiere.

Se repitió tantas veces esta situación durante nuestra estancia en Sudán que si Dios quisiera, para el año que viene tendríamos un regimiento de niños...

Una de las mujeres se nos ofreció a hacer la henna en manos y pies insistentemente. Nos invitó a su más que humilde casa, donde en una de las camas descansaba el marido enfermo sin casi poderse mover. Una vez más, invitados de honor, con pan, café y miradas curiosas de las hijas, nos sentimos como en casa.

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KARIMA

Continuamos nuestro camino rumbo a Meroe pero antes paramos en Kerma, que fue el centro del reino de Nubia y de allí nos dirigimos a Karima.

Pirámides de Nuri, en los alrededores de Karima
Pirámides de Nuri, en los alrededores de Karima

En los alrededores de la ciudad de Karima hay ruinas de gran interés, como Gebel Barkal, El Kurru y Nuri.

Algo común en muchas de las ruinas era la presencia de un perrillo guardián. Bueno, lo de guardián es por decir algo, ya que era un pequeño chucho que nos veía a la legua y se acercaba a nosotros para guiarnos. Nos hacía mucha gracia verlo todo chulito a unos metros por delante de nosotros indicándonos el camino correcto.

En Karima, un guía que conocimos en un puesto de pollos a la barbacoa, buenísimos, nos explicó que Gebel Barkal significa en árabe montaña pura. Y que Gibraltar venía de la unión de Gebel Tariq o lo que es lo mismo, la Montaña de Tariq, en honor a Táriq ibn Ziyad, quien desembarcó allí las tropas del Califato Omeya en el 711.

Mohammed nos propuso ir a la boda de un primo suyo que iba a tener lugar en un pueblo situado unos 40 kilómetros río abajo. ¡No pudimos resistirnos! Con nuestras mejores galas allá que nos fuimos.

Al llegar al pueblo, todos los invitados estaban ya. En cuanto nos bajamos del coche, un grupo de mujeres se nos acercó y me pidieron permiso para llevarse a Ara a la zona de mujeres (¡como si yo pudiera decidir!). Según nos contaron, el casamiento se divide en tres días separados entre sí por dos meses. Hasta el tercer día no hay fiesta conjunta.

En la boda del primo de Mohammed (Karima)
En la boda del primo de Mohammed (Karima)

Los hombres estaban vestidos con blanquísimos trajes y enormes turbantes del mismo color fuera de la casa, mientras ellas, vestidas con preciosos trajes de colores con los que además cubrían sus cabezas, estaban dentro. Menudo cachondeo que tenían allí formado.

Todos nos saludaban con orgullo y queriendo hacerse fotos con los invitados de honor. En realidad, el orgullo y la enorme suerte era nuestra.

Comían por turnos. Se sentaban alrededor de varias mesas y tras comer se levantaban y se sentaba otra tanda. No tardamos nada en que nos tocara. Varios hombres, cargados con enormes bandejas repletas de todo tipo de deliciosos platos se encargaban de servir la mesa. Pescado, ful, queso, carne de cabra y dulces para todos.

Después de un rato tiene lugar el enlace. En él, los padres (varones) de los novios se sientan junto al imán. Alrededor de ellos, el resto de hombres hacen compañía y responden al unísono a los cánticos del jefe. Enseguida firman el trato y todos aplauden y se felicitan mientras otros dos disparan al aire con una escopeta y una pistola, respectivamente. El acto fue muy curioso, pero a mi se me puso el corazón por bulerías.

En este momento, y ya casados, los hombres y mujeres se juntan. Nos hacen miles de fotos mientras los otros dos siguen pegando tiros.

Estamos muy agradecidos a Mohammed por habernos permitido vivir este momento tan íntimo y especial con él. Bueno, y con todos los invitados que nos trataron como a un familiar más. Incluso uno de ellos nos invitó a desayunar en su casa al día siguiente, y allá que fuimos, porque un/a sudanés/a nunca aceptará un no como respuesta.

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MEROE

Atardecer sobre las pirámides de Meroe
Atardecer sobre las pirámides de Meroe

En nuestro camino de vuelta a Jartum y tras un par de días de escala por distintas ruinas nubias, llegamos a la reina de todas: las pirámides de Meroe.

Nos alojamos en el Meroe Tented Camp que tienen los de Italian Tourism Co. Son unas 8 o 10 tiendas de campaña de lujo en el mismísimo desierto desde donde se ven las pirámides.

Algunas de las pirámides de Meroe han sido reconstruidas por completo y otras solamente restauradas.

Se respira misterio al pasear en soledad entre ellas.

No tengo palabras para describir la belleza de la puesta de sol en silencio que nos brinda el desierto desde la pirámide 21. Inolvidable.

Templo de Amun (Naqa)
Templo de Amun (Naqa)

Tras visitar los conjuntos arqueológicos de Naqa y Massawarat es-Sufra, a medio camino entre Meroe y Jartum, iniciamos la vuelta la capital, Jartum, aunque nos quedaba un último regalo de Sudán y su gente.

Y es que Mohammed nos llevó a casa de su hermana, donde pasamos la tarde con toda la familia, sintiéndonos una vez más como en nuestro hogar.

Nos volvieron a hacer la henna mientras nos invitaron a comer y beber té. Estamos muy agradecidos a todos ellos.

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Conclusión

Nuestros días en África han llegado a su fin. Miramos atrás y parece que hace un siglo que empezamos nuestra aventura en el aeropuerto de Madrid y con la incertidumbre y los nervios de enfrentarnos a lo desconocido.

Hemos recorrido más de 16.000 kilómetros y 6 países. En todos y cada unos de ellos nos hemos enamorado: Murchison Falls, la magia de Bwindi, el lago Kivu, Serengueti, Ngorongoro, la costa Swahili, Mombasa, el Valle del Omo, Danakil, Erta Ale, Pirámides de Meroe, ... pero sobre todo de su gente, los Karamajon, Bukenya, los masais y swahilis, benas, mursis, hamers, Mohammed, los nubios, etc. Gracias a todos ellos.

Nos vamos con la pena de dejar todo esto atrás. Han sido meses intensos y en ocasiones duros, pero que sin duda quedarán en nuestros corazones (y estómagos) para el resto de nuestras vidas. Volveremos.

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Galeria fotogràfica d'un viatge al Sudan - David Ballester [2013/14]
100 días en el Rift - Texto original y fotos de esta aventura por África en el blog de los autores.

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