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Sri Lanka es el primer paso que damos en este viaje que hemos denominado Gran tour asiático, que nos llevará de Sur a Norte del continente, pasando por una gran diversidad cultural, culinaria, climática y geográfica.
Es difícil hablar de Sri Lanka sin compararlo con su gigante vecino… rostros similares, caos urbano, y comida picante por igual. En primera instancia nos parece como si estuviésemos en India, pero de a poco vamos descubriendo su identidad. Este pequeño país, fácil de recorrer y con atractivos a mano, nos muestra que hay mucho más por descubrir que sus famosas playas.
Nota: Este relato de viaje es la primera parte de una serie de relatos que describen el largo periplo de sus autores por el continente asiático. El siguiente de esta serie cronológica es el Diario de viaje a la India. Gran Tour asiático (II).
Del 14 al 29 de Marzo de 2011.
La moneda oficial en Sri Lanka es la Rupia (LKR). El cambio en las fechas de este viaje era de 1 USD = 108 Rupias.
+ 434 USD (vuelo Melbourne – Kuala Lumpur – Colombo)
+ 166 USD (vuelo Colombo – Mumbai)
+ 215 USD (Comida, alojamiento, transporte, etc)
= 818 USD (gasto total del viaje por persona)
Para ciudadanos argentinos es necesario sacar el visado con antelación en cualquier consulado de Sri Lanka. Los ciudadanos de la Comunidad Europea, en cambio, pueden sacar el visado en el aeropuerto de Colombo sin costo alguno. En ambos casos es por 30 días y el pasaporte debe estar vigente hasta mínimo seis meses desde la fecha de ingreso al país.
Es muy fácil moverse por el país en transporte público, ya que todos hablan aunque sea un poco de inglés y la mayoría de los autobuses tienen los carteles en inglés, tamil y cingalés, lo que lo facilita mucho. Aunque las distancias sean cortas, el transporte por Sri Lanka es muy lento.
Los autobuses cubren todo el país llegando a cualquier lugar que se nos ocurra, además son muy frecuentes. Al no ser servicios directos, van parando por todo el camino. En la mayoría de los que nos tocaron los conductores estaban muy apurados por llegar a destino.
Los trenes son un poco más limitados en cuanto a cobertura, pero llegan a algunos lugares turísticos de la isla, de los cuales se destaca el tramo desde Nuwara Eliya hasta Ella por los paisajes que recorre. En los trenes hay tres tipos de clases. Nunca viajamos en primera, pero la segunda y tercera están muy bien. La diferencia entre ellas es que en 3ª no hay asientos asignados y si va lleno nos tocará viajar parados (de pie), pero si conseguimos sentarnos no hay grandes cambios en cuanto a comodidad. La segunda clase sale el doble de precio que la tercera, pero igual sigue siendo muy económica.
La mayoría de los turistas que vimos viajaban en un tour grupal o con un auto alquilado y su respectivo chofer. Creemos que no vale la pena, ya que así se pierden muchas de las experiencias que viajar en transporte público ofrece.
La única vacuna que es requerida para ingresar a Sri Lanka es la de la fiebre amarilla si se estuvo en Sudamérica o Sudáfrica en los últimos 6 días. Entre las vacunas recomendadas están la de la Hepatitis A y B, y la fiebre tifoidea. También es importante tomar siempre agua embotellada.
Sri Lanka es un país bastante seguro. No tuvimos ningún problema ni escuchamos de nadie que lo haya tenido. Solamente ser un poco más precavidos por la noche, especialmente en las ciudades. La gente es muy amable y simpática, salvo casos aislados de jóvenes que cuando están en grupo se ponen un poco molestos con las mujeres.
Por muchos años el país estuvo envuelto en una guerra civil que parecía de nunca acabar. Aparentemente las luchas armadas han llegado a su fin y gracias a esto el turismo resurge con gran fuerza.
Sin duda la comida no es uno de los mejores recuerdos que nos llevamos de Sri Lanka. Para el almuerzo la oferta varía entre arroz, con sus distintas selecciones de currys, o los conocidos como short eats que son masas de distintas formas rellenas de huevo, vegetales, pescado o alguna otra cosa, pero todas con un sabor muy parecido.
Para la cena el plato clásico es el kottu. Esta especialidad, que comimos hasta el hartazgo, es básicamente masa de roti (panqueque) cortada y salteada con vegetales, y la selección de carne que deseemos. El ruido de su preparación nos acompañará durante todas las noches.
Algunas otras comidas para probar incluyen:
• Hoppers o Appam: panqueques con forma de bowl que puede pedirse solo o con huevo.
• Watalapam: budín dulce y húmedo. Muy rico!. Tal vez lo mejor de la comida esrilanquesa, pero no muy fácil de conseguir.
• Curd con miel de Kitul: yogurt de leche de búfalo con miel de palmera Kitul. El yogurt es agrio, pero la rica miel salva al postre.
• Faluda: bebida dulce con helado.
• Dodol: dulce de consistencia y apariencia similar al dulce de membrillo, pero muy lejano en sabor.
• Wood Apple: fruta con cáscara de madera. Muy común en jugos. Sola no es para nada rica.
En general Sri Lanka es un país muy seguro para las mujeres viajeras, pero hay que evitar vestirse con polleras cortas o shorts. El único lugar que sentimos que no era seguro para una mujer sola fue en Adam's Peak, haciendo la peregrinación, ya que al ser Poya Day había muchísima gente, en especial grupos de jóvenes que se pusieron bastante pesados. Fuera de eso, ningún problema.
Al ser una pareja, en trenes y autobuses no tuvimos ningún problema, pero creemos que de lo contrario podrían darse situaciones incómodas para una mujer, pero no van a ser las miradas desesperadas de los hombres que se siente en India, por ejemplo.
Sri Lanka. Ed. Lonely Planet, edición 2009, en inglés. Fue muy útil salvo algunos mapas, entre los cuales el que más problemas nos causó fue el de Negombo, que parecía de otra ciudad.
Desde Melbourne (Australia) tomamos un vuelo de la compañía Air Asia hasta Kuala Lumpur (Malasia), donde hicimos escala antes de seguir hasta Colombo, la capital de Sri Lanka.
Llegamos a la mañana al aeropuerto internacional de Colombo y de ahí tomamos el bus gratuito que nos lleva hasta la parada de los buses que van hacia la ciudad. El bus 187 es el que va hasta Colombo Fort (estación de trenes principal). El trayecto dura media hora y sale por 100 LKR.
Dejamos el equipaje en la consigna de la estación (56 LKR por las dos mochilas), ya que nuestra intención es tomarnos un tren a la tarde que nos lleve a Anuradhapura, así que tenemos todo el día para recorrer la ciudad sin rumbo. Colombo es un caos total. Mucho ruido, smog, y muchísima gente.
Para tener un primer encuentro con la gastronomía esrilanquesa, paramos en uno de los tantos restaurantes locales que sirven los llamados short eats, nada especial, pero serán los tentempiés que nos acompañaran (más por escasez de variedad que por gusto).
Caminando por Colombo encontramos la Torre del Reloj y los distintos mercados: de joyas, ropa, condimentos, fruta, verdura, etc. Al ritmo de los bocinazos nos topamos con la mezquita Jami-Ul-Alfar, muy fácil de identificar por sus colores rojo y blanco, que data de 1909, aunque está siendo remodelada. En las cercanías también hay varios templos hindúes, conocidos como kodil.
A las 4.20 de la tarde volvemos a la estación Colombo Fort y tomamos el tren rumbo a Anuradhapura. Tarda cinco horas, lo que para Sri Lanka es un largo tramo, y cuesta 380 LKR cada uno en segunda clase.
Un hombre que supuestamente trabaja en el tren nos lleva hasta nuestros asientos y nos ayuda con las mochilas, demasiado simpático… tenía un por qué. Nos muestra una credencial de sordomudo y una lista de turistas que habían donado plata, nos da una lapicera para poner nuestros nombres y la suma a donar. Como sólo pusimos los nombres, pero nada de plata, se fue muy enojado.
El trayecto no tuvo paisajes muy espectaculares que digamos. Lo que se llevó nuestra atención fueron los golpes de una chapa que hacía de puente entre vagones y el movimiento entre éstos. Sentimos que descarrilábamos en cualquier momento. La escena se completó con la lluvia, cortes de luz (oscuro total) y paradas repentinas por ajustes técnicos.
Anuradhapura es la última estación de este recorrido en tren. Al llegar a ella, agotados, no teníamos muchas intenciones de caminar las calles de la ciudad en busca de alojamiento, así que tomamos un tuk tuk hasta Walkers Inn Guest House que nos cuesta 100 LKR. La habitación doble con baño privado 1000 LKR. El lugar no es precisamente para recomendar, pero como era de noche y después de tanto viaje, sólo queríamos una cama y una ducha.
Para recorrer las ruinas de la ciudad antigua de Anuradhapura alquilamos bicicletas en la Guest House (250 LKR cada una). Antes de tomar el camino que nos lleve a éstas, pasamos por una panadería para comprar unas masas para desayunar.
El trayecto no es muy largo, rápidamente nos encontramos con el museo arqueológico, donde compramos el Round Ticket (USD 50 cada uno) que nos da acceso a los sitios arqueológicos de Anuradhapura, Sigiriya, Polonnaruwa y a los museos de Kandy y Dambulla. La entrada individual a cada uno de estos sitios (excluyendo los museos) es de USD 25, así que ya si se quiere visitar al menos dos de ellos, conviene comprar el ticket completo.
A pesar del costo de la entrada parece que los números no cierran como para imprimir unos mapas, por lo que tuvimos que guiarnos con el de la Lonely Planet que no estaba muy completo y siguiendo los carteles.
En la ciudad antigua de Anuradhapura se encuentran los restos de la ciudad más antigua de Sri Lanka. Fue la capital del país por más de mil años. El complejo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982.
Después el visitar el museo fuimos a ver el Sri Maha Bodi, árbol sagrado para el budismo, ya que bajo uno de esta especie llegó a la iluminación Siddartha Gautama, es decir, Buda. Según dicen este ejemplar es particularmente importante ya que nace de un bulbo del Bodi original traído desde India. Es adorado de forma ininterrumpida desde hace más de 2.000 años. Nos sorprende la cantidad de turistas que encontramos.
La mayoría de las ruinas están muy deterioradas, pero el conjunto en general es disfrutable, muy verde y con gran cantidad de animales. Las ruinas más destacadas son la Dagoba Jetavanarama, construcción de ladrillo de enormes dimensiones, que cuando fue construida era la más alta del mundo, después de las pirámides de Egipto, y la Dagoba Ruvanvelisaya, otra gran construcción de color blanco rodeada en su base por figuras de elefantes.
Al no tener mapa y guiarnos por los carteles, que muchos no indicaban las distancias, hicimos un trayecto mucho más largo de lo que imaginábamos hasta el Puente de Piedra. Las ruinas de éste, que dan a un pequeño lago, no tienen mucho interés, pero la bicicleteada por esta zona estuvo muy entretenida. Un local nos acompañó en su moto para mostrarnos el puente cuando ya estábamos por renunciar a la búsqueda.
En cada uno de los templos hay que sacarse los zapatos y la gorra para ingresar. En algunos hay cuidadores que te cobran para dejarlos. La ciudad antigua no es un complejo arqueológico cerrado, sino que vive gente. Hay negocios, correo, hospital, escuela, hasta salón de belleza.
A la noche cenamos en el restaurante Chandy, donde probamos por primera vez el famoso kottu que nos acompañaría todas las noches. Comemos acompañados por el ruido incesante de la preparación de este plato, las paletas contra la sartén no paran de sonar. Dos porciones enormes, con agua de litro y jugo de lima, 570 LKR.
A la mañana tomamos el bus a Dambulla desde la terminal vieja de Anuradhapura (140 LKR). Nos bajamos un poco antes de llegar a la terminal de buses de Dambulla y tomamos otro hasta Sigiriya (25 LKR).
El pueblo de Sigiriya sólo cuenta con 1.000 habitantes y es una calle con hoteles y algunos negocios. El motivo principal por el cual visitar este lugar es para conocer la famosa roca del león, seguramente el atractivo más reconocible del país. Esta roca se formó con el magma de un antiguo volcán y fue tallada con forma de león en el s. V para representar que las palabras de Buda eran tan poderosas como el rugido de un león.
Caminamos hasta encontrar el mejor precio de alojamiento: 1.000 LKR por una doble con baño privado en Lakmiri Lodge, aunque para llegar a este precio hubo que regatear bastante. Lo mejor de este lugar, una casa del árbol con una vista inmejorable a la roca. Se encuentra en un desvío de la calle principal, 50 m. para adentro, siguiendo el cartel que indica su nombre.
Emprendemos el camino hacia la roca del león, pero vemos pasar varios grupos de turistas, camionetas, autos, hasta buses… no pensamos que iba a venir tanta gente. Hacía mucho calor y la roca iba a estar invadida por todos los turistas que nos acababan de pasar. Preferimos esperar y volver más tarde.
En el segundo intento ya había mucha menos gente. Para ingresar utilizamos la entrada del round ticket que habíamos comprado en Anuradhapura. La subida a la roca fue menos grave de lo que pensábamos. Para mantenernos motivados, a mitad de camino nos encontramos con unos frescos fantásticos en un estado de preservación admirable. Éstos representan ninfas celestiales, pero no se sabe muy bien de qué fecha datan.
Pasando estos frescos observamos la mirror wall, la cual nos deja algunas dudas, parece una construcción bastante nueva, aunque se supone que sus grafitis más antiguos datan del s. VI. Como bien dice la Lonely Planet, "vas a tener que mirar muy profundo detrás del lío moderno para encontrar las escrituras antiguas".
Al finalizar la pared nos encontramos con una terraza donde quedan los únicos restos identificables del antiguo león: sus grandes garras. Pasamos por medio de éstas para seguir subiendo hasta la cima, donde según los carteles se encuentran los restos del palacio del rey Kassapa, aunque otras versiones dicen que nunca hubo un palacio sino que lo que se encontraba aquí era un templo budista para meditación. Si acá hubo un palacio, un templo o un almacén no lo sabemos, pero lo que sí comprobamos es que las vistas desde lo más alto son increíbles. Una frondosa vegetación de verde intenso cubre todo el paisaje.
Desde Sigiriya nos tomamos un bus a Dambulla (25 LKR), aunque cuando fuimos a la parada los tuk-tuk nos quisieron convencer de que no había buses por ser día de elecciones. Se hizo esperar, pero el bus vino para alegría nuestra y desilusión de otros. Desde Dambulla nos tomamos otro bus a Polonnaruwa (75 LKR).
En Polonnaruwa nos alojamos en Thisal Guest House (800 LKR la habitación doble con baño). Aquí también alquilamos las bicicletas (300 LKR cada una).
Para llegar a la ciudad antigua de Polonnaruwa pedaleamos unos 15 minutos por la ruta. La entrada al complejo también está incluida en el round ticket.
Polonnaruwa fue la capital del país luego de la caída de Anuradhapura. El complejo es más chico que el de ésta última, lo que lo hace más fácil para recorrer, además está mejor conservado. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad.
Lo que más se destaca son el Sacred Guandangli, donde se encuentra el Vatadage, una estructura del tipo mini coliseo budista y el Gal Vihara, que es un conjunto de cuatro estatuas de Buda talladas en piedra y se encuentran en perfecto estado de conservación. Se destaca una de 7 metros de alto y otra de 14 m. de largo.
Al salir del complejo principal fuimos al museo y a las pequeñas ruinas cercanas a éste.
Seguimos por la costanera viendo el atardecer, a los pescadores y a mucha gente bañándose, hasta llegar a unas ruinas que están más al sur, donde se encuentra una estatua de 4 metros de alto que representa un rey con algo entre sus manos, que se presta para muchas interpretaciones. La nuestra es que claramente está sosteniendo una tira de asado.
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