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El autobús a Hama sale de la estación de autobuses y microbuses de Aleppo (100 metros al sur de la torre del Hotel Amir Palace). Para encontrarlo, como siempre, es necesario preguntar porque no hay ninguna indicación en ninguna parte. El trayecto Aleppo-Hama, de 150 km, cuesta 60 LS y se hace en algo menos de dos horas. Una vez el autobús llega al casco urbano de Hama debemos vigilar y cuando veamos la Torre del Reloj pedir al conductor para bajar en ese punto, ya que el autobús continúa hasta la terminal y está algo lejos del centro.
En Hama hay la mejor oferta en hoteles económicos, no por la cantidad sino por la calidad. Sólo hay dos hoteles dignos de remarcar, pero tienen la mejor relación calidad-precio de todo Siria. Son un claro ejemplo de los efectos positivos de una competencia feroz. Los dos están en la calle al-Quwatli, uno junto al otro, y a unos 50 metros de la Torre del Reloj. Sus nombres son Riad Hotel y Cairo Hotel. Nosotros escogimos el primero, el Riad Hotel, pero el otro es muy similar en precio y calidad. Una habitación doble muy tranquila, con baño privado, cama grande y cómoda, TV, y todo muy muy limpio cuesta 450 LS. Además es el primer hotel que vemos en que se ofrecen servicios complementarios al visitante como, por ejemplo, organización de paquetes turísticos.
En la misma calle del hotel, a unos 50 metros, se encuentra el Restaurante Ali Baba. Muy recomendable por su oferta, servicio y precios. Al principio de la calle al-Murabhet hay numerosas pastelerías, puestos de zumos naturales y algunos restaurantes. En la zona junto a la noria al-Mamuriyya hay unos cuántos cafés y terrazas, aunque en el momento de nuestra visita estaban cerrados por ser temporada baja.
Hama. Esta ciudad está considerada una de las más atractivas de Siria y es un buen campo base para realizar excursiones a otros lugares de la zona. Además, Hama tiene el aliciente de la atmósfera de paz y tranquilidad que en ella se respira. Buena parte del encanto de Hama viene dado por el río Orontes, el cual cruza la ciudad y reúne en sus orillas árboles, jardines, campos de cultivo y antiguas norias. Estas norias, algunas de las cuales llegan a los 20 metros de diámetro, fueron construídas ya hace unos cuántos siglos con la finalidad de elevar el agua del Orontes a las canalizaciones que la distribuyen regando los huertos y proveyendo de agua a la ciudad. Las ruedas y bloques que giran son de madera y la fricción entre los dos produce un ruido lastimero que impregna el aire del centro de Hama.
De las 17 norias que todavía se pueden ver las más famosas son las cuatro norias de Bechriyyat. Partiendo de la Torre del Reloj nos dirigimos hacia el río y giramos a la derecha siguiendo la calle al-Buhruti, un paseo ajardinado muy tranquilo y agradable que va bordeando el río. A un kilómetro aproximadamente encontramos las 4 norias. Sólo una de ellas gira, pero aún así el conjunto es magnífico (por lo que sabemos, puede pasar que en un momento dado minguna de ellas gire debido a que el río lleve poca agua, pero ahora mismo el río va bastante lleno por las recientes lluvias). Junto a las norias hay un mirador dónde es posible sentarse y contemplar embobados el girar de las ruedas mientras oímos el ruido de la fricción.
Después volvemos hacia el centro por el camino de ida, sin dejar de bordear el río. Una vez pasado el puente Said al-A'as encontramos la noria al-Mamuriyya. Entrando después en los callejones desiertos de la ciudad vieja encontramos primero el hammam al-Uthmaniyya (parece que está cerrado) y el museo-palacio Azem, un edificio muy bonito del s. XVIII. Todo ésto es lo único que queda de la parte vieja de Hama tras los bombardeos de los aviones y tanques del ejército sirio en el año 1982, para aplastar una revuelta de los Hermanos Musulmanes. El resultado fueron más de 25.000 muertos y buena parte de la ciudad destruida, aunque ya no queda rastro debido a la reconstrucción y restauración masiva que se ha llevado a cabo.
Pasado el palacio Azem encontramos la mezquita an-Nuri y tres norias más a su lado, al-Kaylaniyya, al-Sahuniyya y al-Javariyya (para ver una buena perspectiva lo mejor es cruzar por el puente al otro lado del río). Continuando este largo paseo por la calle entre la Ciudadela (se puede subir a esta pequeño promontorio para ver unas buenas vistas de la ciudad) y el río pasamos por el lado de otra noria y finalmente llegamos a la noria al-Mohammediyya, la más grande de todas y que data del s. XIV.
Volviendo al centro visitamos la Gran Mezquita, pero fue reconstruida tras los sucesos de 1982 y no tiene demasiado encanto. Lo mismo ocurre con una iglesia ortodoxa que hay muy cerca. En esta parte de la ciudad, mayormente cristiana, es fácil ver pequeñas tiendas de licores alcohólicos dónde se anuncia whisky (!!). Finalmente, andando por la calle Abu al-Feda volvemos a la zona centro.
Apamea. Apamea debe su nombre a una princesa persa y se trata de una antigua ciudad grecorromana construida en el año 300 a.C. en un lugar privilegiado desde dónde se domina el río Orontes y la llanura de Ghab. En la antigüedad fue una próspera ciudad (llegó a tener casi 200.000 habitantes) y vio pasar a figuras históricas como Cleopatra, que acompañaba a Marco Antonio en su campaña contra Armenia, Septimio Severo o el emperador Caracalla. El principal interés de estas ruinas es la calle principal o cardo, con más dos kilómetros de longitud (más largo que el de Palmyra o el de Damasco) y delimitado por columnas a lado y lado. Actualmente todavía está en reconstrucción y con los años se van levantando más y más columnas. A la belleza y armonía del lugar contribuye sin duda el verde de los campos de cultivo que lo rodean y la presencia de la ciudadela Qala'at al-Mudiq, a 1 km de aquí en línea recta. Esta ciudadela es bonita de ver de lejos, aunque no tiene ningún interés visitarla. La entrada a Apamea cuesta 300 LS (15 LS con el carné ISIC), y el sitio arqueològico está abierto siempre ya que no hay ninguna valla que impida entrar. En el camino desde el punto dónde se deja el microbús hasta las ruinas pasamos por delante del Museo de la Cerámica, un antiguo khan otomano del s. XVIII restaurado y que ahora hospeda muestras de cerámicas y mosaicos encontrados en Apamea. La entrada al museo cuesta 150 LS (15 LS con el carné ISIC) y está abierto hasta las 14:30 horas. Si no queréis pagar para entrar a ver las cerámicas, como mínimo vale la pena ver el patio interior de la edificación. Esta excursión se puede hacer tranquilamente en una mañana entera.
Para ir a Apamea es necesario llegar antes a la terminal de microbuses de Hama, a un kilómetro del centro siguiendo la calle al-Murabhet. Allá debemos preguntar por un microbús a Afamia (nombre árabe de Apamea) o Qala'at al-Mudiq (nombre de la población que hay junto a las ruinas). Este microbús nos lleva primero a Suqeilibiyya, a 45 km de distancia, por 20 LS. En Suqeilibiyya deberemos cambiar de microbús para hacer los 8 km hasta Qala'at al-Mudiq pagando 10 LS. Este segundo microbús nos deja en un cruce, a 100 metros del Museo de la Cerámica de Apamea. Todo este trayecto desde Hama se hace en una hora. Para llegar hasta la entrada de las ruinas todavía deberemos andar un kilómetro subiendo por una pequeña carretera. Para volver a Hama deberemos bajar andando nuevamente hasta el cruce pasado el Museo de la Cerámica y esperar al otro lado de la carretera a que pase algún microbús a Suqeilibiyya (es buena idea pedir a alguien que esté esperando que nos indique cuál es el microbús). En Suqeilibiyya deberemos cambiar a otro microbús que finalmente nos dejará en la terminal de microbuses de Hama. En el camino de Suqeilibiyya a Hama o viceversa tendremos la oportunidad de ver, muy cercana a la carretera, la ciudadela de Qala'at Sheisar.
Desde Hama hay varias compañías de autobuses que hacen el servicio a Damasco, pero la que tiene más frecuencia es la compañera Al-Aliah. Tiene la oficina en la calle al-Buhturi, enfrente del río, y se pueden comprar los billetes de forma anticipada. El trayecto a Damasco, de 200 km, cuesta 90 LS y supone 2 horas y 45 minutos de viaje. Los autobuses son muy cómodos y todo el trayecto es autovía. El autobús tiene su parada final en una terminal lejos del centro, haciendo necesario tomar allá mismo un microbús a al-Marjeh por 5 LS.
Como que ya es tarde y estamos cansados nos quedamos en el Hotel Beirut, en una calle perpendicular a al-Istiklal, a medio camino entre al-Marjeh y la Ciudadela. El precio de la habitación doble con baño privado es de 500 LS. Es bastante básico (hace honor al nombre de Beirut) y el resposable del hotel es algo antipático, pero la verdad es que el hotel de Hama ha dejado el listón muy alto y ahora cualquier cosa parece cutre... Antes hemos ido a ver también el hotel Al-Rais (recomendado por la guía Lonely Planet), pero por 500 LS también era muy básico y el recepcionista aún fue más antipático con nosotros.
A escasos 25 metros del restaurante Abou al-Nawas, en una esquina de la plaza al-Marjeh, hay un pequeño establecimiento dónde se preparan zumos y varios tipos de comida, entre ellos un magnífico emparedado de huevo frito, tomate, patatas fritas y ensalada por 25 LS. En la calle al-Istiklal, a 100 metros de al-Marjeh, se encuentra el restaurante Sahloul, dónde se puede comer un par de platos y bebida por 130 LS. Está bastante bien.
Volvemos a estar en la capital para aprovechar los últimos días y dedicarlos a visitar la ciudad, así como realizar excursiones a lugares tan interesantes y bonitos como Bosra y Maalula:
Ciudad vieja (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979). Esta es la parte más atrayente de Damasco, con magníficas mezquitas, khans (antiguos alojamientos para los mercaderes), palacios medievales, y calles laberínticas dónde es fácil perderse, volviendo atrás en el tiempo siglos atrás.
Entrando en la ciudad vieja por la calle que forma el souq al-Hamidiyya (dejando a la izquierda la antigua ciudadela) y recorriéndola hasta el final se llega a la puerta del templo de Júpiter, formada por columnas corintias que son los restos de un templo romano del s. III. Justo detrás tenemos la mezquita Umayyad (Omeya), uno de los edificios más emblemáticos del Islam y sólo superado en santidad por las mezquitas de la Meca y Medina. Los extranjeros infieles no pueden entrar por la puerta principal por dónde entran los musulmanes, sino que debemos hacerlo por una puerta lateral, indicada con rótulos, dónde deberemos pagar 50 LS por la entrada. Esta entrada incluye para las mujeres una especie de vestido de color marron con capucha (son muy estrictos comprobando que esté bien puesto y lo tape todo, y cuando decimos todo, queremos decir todo!!). Es cuando menos chocante constatar que en la visita a la mezquita acaban yendo más tapadas las mujeres occidentales que las locales. Antes de entrar propiamente en el recinto se cruza un pequeño jardín arqueológico dónde se encuentra el Mausoleo de Salah ad-Din (no podemos opinar sobre si vale la pena o no porqué en el momento de nuestra visita estaba cerrado, aun cuando por el horario debería haber estado abierto). La entrada a la mezquita se hace por un magnífico patio dónde el suelo es de mármol blanco. Una vez en el patio se pueden apreciar los distintos minaretes de la mezquita así como los laterales del patio. En el patio también hay una fuente de las abluciones y dos pequeñas construcciones con cúpula, la del Tesoro y la de los Relojes. Todo un lado del patio es la fachada de la sala de las oraciones, edificio rectangular dónde los fieles llevan a cabo sus plegarias. Todo el conjunto es muy bonito y es de obligada visita.
Dentro de la ciudad vieja tenemos también los barrios cristiano y judío. Para visitar el barrio cristiano un buen punto de inicio es entrar en la parte vieja amurallada por la puerta de Bab Touma (si venimos desde Maalula en microbús éste tiene su punto final en la terminal de Abasseen, la cual está a sólo 1 km andando de esta entrada). La calle principal que cruza el barrio cristiano es la de Bab Touma. En ella hay alguna iglesia pero, sobre todo, pequeños negocios que dan una imagen de zona dinámica. Llegando a la calle Bab Sharqi nos dirigimos a la izquierda hasta la puerta Bab ash-Sharqi. En la cercana calle Hanania encontramos la casa Beit Nassam, que es de principios del s. XX, pero con un patio interior muy bonito y puertas de madera muy trabajadas. Algo más al norte tenemos la Capilla de Ananias, dónde se dice que estaba la casa de este cristiano. Volviendo hacia atrás por la calle Bab Sharqi hasta llegar a los restos de un arco romano sobre una pequeña superficie de césped. Al sur de este arco se encuentra el Palacio Dahdah (lo encontramos cerrado porque debe tenerse en cuenta que muchas de las casas a visitar en la zona vieja sólo abren hasta las 14 horas). Doscientos metros al este tenemos las casas Beit Nizam (la encontramos ya cerrada) y Beit as-Siba'l (en teoría también cerrada, pero por suerte la encontramos abierta y nos invitan a verla, mostrándonos unos patios muy bonitos y algunos aposentos curiosos como una sala de trofeos de caza). Muy cercano a ésta encontramos el Khan Suleiman Pasha, un modesto khan construido en 1732. Vamos hacia el norte, cruzando la calle Bab Sharqi, para visitar Maktab Anbar, una enorme casa del s. XIX (la encontramos abierta aunque no nos dejan hacer fotos), el Khan As'ad Pasha (cerrado por restauración), la madrasa an-Nuri (ahora hospeda una tienda de antigüedades, pero se puede visitar sin problemas), la Escuela Azem, el museo Maristan Nur ad-Din (también lo encontramos cerrado, pero la entrada cuesta 300 LS) y el Palacio Azem. Este último, el Palacio Azem, es un complejo de edificios y jardines construido en el s. XVIII y dónde se reúne lo mejor de la arquitectura de Damasco. Por lo tanto su visita es más que recomendable. Está abierto de 9 a 18 horas, excepto los martes. El precio de la entrada es de 300 LS (15 LS con carné ISIC). En esta zona también podemos encontrar el hammam Nur ad-Din, estrictamente para hombres y en el que el servicio full equip cuesta 275 LS.
Ciudad nueva. Aunque el interés principal de Damasco está en su parte vieja podemos citar algunas cosas a ver en esta zona. La plaza al-Marjeh, aparte de ser el centro de los hoteles y restaurantes económicos, no tiene ningún interés en sí, ya que que es un área moderna bastante desangelada. Por la noche hay un cierto ambiente de venta ambulante en la calle. Al este de la plaza, en la calle ash-Soshada, hay un mercado de pájaros bastante estrambótico y surrealista, dónde se pueden encontrar desde pavos a halcones. A casi 1 km al oeste de la plaza está el Museo Nacional. La entrada cuesta 300 LS. Nosotros llegamos al museo poco antes de las 18 horas, hora en que cierra, y pudimos acceder gratuitamente a los jardines aunque no a su interior. Estos jardines son bastante bonitos ya que albergan muchas piezas que no caben en el interior. Además permiten contemplar la fachada del museo, transportada piedra a piedra desde la zona de Palmyra, formada por una entrada perteneciente a un antiguo campo/palacio que estaba en medio del desierto (datado en el año 688). En el lado este del museo encontramos la mezquita Takiyya as-Suleimaniyya, creada por el arquitecto que posteriormente levantó la Mezquita Azul y la de Süleymaniyye en Estambul. Entrando a los jardines de la mezquita y mirando a la derecha podremos contemplar un bonito patio ajardinado, pero si giramos la vista a la izquierda encontraremos una exposición surrealista de aviones militares sirios. Es una lástima porque ésto rompe totalmente la armonía del conjunto. Cruzando la gran avenida Chokri al-Quwatli y el río Barada por un paso elevado delante del Museo Nacional hay unos jardines públicos dónde descansar en un banco o en el césped, mientras contemplamos la vida siria en momentos de ocio.
Bosra. La ciudad vieja de Bosra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980, es una de las más antiguas de Siria. Fue una de las primeras ciudades de los nabateos en el s. I antes de constituirse en capital de la provincia de Arabia del imperio romano. Después fue un importante lugar de comercio y también de parada de los peregrinos que se dirigían a la Meca. Actualmente la parte vieja está construida sobre la antigua ciudad romana, usando el basalto negro como material de construcción o reutilizando el de los viejos edificios. Esta es una visita imprescindible, que se puede realizar tranquilamente desde Damasco dedicándole casi un día entero.
Nuestro recorrido por la ciudad vieja lo iniciamos junto al arco triunfal de Bab al-Qandil, para después recorrer toda la calle hasta la puerta Bab al-Hawa. Esta es una ciudad viva ya que sus habitantes viven y hacen su vida en ella. Alguna de las casas actuales está construida con piedra recuperada de las ruinas, lo cual hace que esté perfectamente integrada en el conjunto. Volviendo atrás nos dirigimos a la mezquita de Omar, de la cual se dice que podría ser una de las más viejas del mundo y que aún está en uso. Al lado se encuentra el hammam Manjak. Continuamos la ruta viendo los restos de un monasterio del s. IV (la fachada está restaurada pero las paredes laterales parecen ser las originales), la mezquita de Fátima (tiene la particularidad de tener un minarete de planta cuadrada separado del edificio principal) y la catedral (está bastante ruinosa, pero se pueden encontrar restos en el suelo tallados con motivos religiosos). Continuando al sur pasamos por delante del arco Nabateo, el cual, además de marcar el límite de la ciudad romana, se cree que daba acceso a un palacio nabateo que todavía no se ha descubierto, aun cuando sí se ha encontrado un palacio romano un poco más al sur. Justo detrás de este palacio hallamos un gigantesco depósito de agua llamado Birket al-Haj o Piscina de los Peregrinos, haciendo referencia a la época en que Bosra era un punto de parada para los peregrinos en su camino a la Meca. Entre la Ciudadela y Birket al-Haj hay unos pocos bares dónde poder comer y beber algo (no hay mucha más oferta en Bosra). Para el final dejamos lo mejor: la Ciudadela y el Teatro. Éste es el único lugar de Bosra dónde hay que pagar por entrar y cuesta 300 LS. El Teatro romano es uno de los mejor conservados de todo el mundo y tiene la particularidad de que posteriormente fue fortificado construyendo una ciudadela a su alrededor, con nueve torres e incluso un gran foso. El Teatro fue construido en el s. II con una capacidad de 15.000 personas, mientras que la ciudadela que lo contiene se construyó durante los siglos XI y XIII. Realmente impresiona la sensación de entrar en la ciudadela y recorrer los pasillos obscuros entre la muralla y el teatro, para finalmente salir a la luz del día sobre el escenario del teatro y encontrarnos con las enormes gradas ante nosostros. También recomendamos subir hasta la parte más alta de las gradas, sentarse y contemplar todo el conjunto desde esta magnífica atalaya. Si además estáis solos, como nosotros en el momento de nuestra visita, pues aún será un momento más mágico.
Bosra está a unos 140 km al sur de Damasco, prácticamente sobre la misma frontera jordana. Los autobuses a Bosra salen de la terminal Baramke, a poco más de un kilómetro de distancia de al-Marjeh. Caminando es un agradable paseo siguiendo las calles al-Furat y Said al-Jabri hasta la estación de tren, y desde aquí tomando la calle Mousalan al-Boroudi y finalmente al-Jama'a as-Suriyya. Al llegar a la terminal preguntamos por Bosra y indican la oficina de la compañía al-Merouf. Esta compañía tiene autobuses directos (uno de ellos sale a las 10 de la mañana) por 50 LS. El autobús es grande y cómodo, haciendo que el trayecto de una hora y cuarenta minutos pase volando contemplando el árido paisaje desde la ventanilla. Este autobús para delante de la oficina de la compañía en Bosra, justo al lado de la Ciutadella. En el caso de no encontrar autobuses directos a Bosra también se puede ir vía Der'a y cambiando allá de vehículo. Para volver a Damasco debe tomarse el autobús desde delante de la misma oficina al-Merouf (preguntar horarios de vuelta a la llegada a Bosra).
Maalula. Se trata de otra excursión muy recomendable, que se puede hacer fácilmente desde Damasco en medio día. El pequeño pueblo de Maalula se encuentra en un valle encajonado al pie de una serie de rocas escarpadas. Justo debajo de estas paredes pétreas, se levanta un enjambre de casas de forma cúbica, una sobre otra, algunas de ellas desafiando la ley de la gravedad. Además es de los poquísimos lugares de Siria dónde podemos encontrar las paredes pintadas con colores amarillos o azules, contrastando con el color ocre de las rocas. Otra particularidad es que la mayoría de sus habitantes son católicos griegos y, por sí esto fuera poco, aún es posible escuchar aquí alguien hablando el arameo, la lengua en la que predicó Jesucristo (aunque lo gobierno sirio no parece estar por la labor de evitar su desaparición).
En Maalula no hay nada concreto a ver, sino que el interés es todo el conjunto en sí. Nuestro recorrido se inicia en la rotonda dónde nos deja el microbús. Desde aquí iniciamos la subida por una calle en dirección al Convento de Sta. Tecla (Deir Mar Takla). En este camino de subida tenemos la oportunidad de contemplar unas magníficas vistas del pueblo y la pared rocosa que hay detrás. El convento en sí es muy nuevo y no tiene ningún interés, aunque se puede entrar a echar un vistazo a una cueva natural en la roca dónde está el santuario de la santa. Dejando el convento a nuestra derecha y tomando un pequeño camino entramos de lleno en una garganta bastante espectacular que recuerda mucho a la famosa de Petra, pero en una versión más modesta. El lugar tiene mucho encanto, pese a los múltiples graffiti que hay en las paredes de la roca y que desgraciadamente rompen el encanto. A la salida de la garganta encontramos una carretera asfaltada y tomándola de subida llegamos al Hotel Safir, un edificio construido encima de la pared rocosa sobre el pueblo y que es un verdadero atentado al buen gusto. Antes de llegar al hotel, a la izquierda de la carretera, hay una atalaya natural con muy buenas vistas del valle y parte del pueblo visto desde aquí arriba. Pasado el hotel encontramos el Monasterio de San Sergio (Deir Mar Sarkis), dónde es posible entrar por una puerta muy baja y visitar una pequeña y bonita iglesia bizantina con un altar circular. A la izquierda del convento hay un mirador con buenas vistas sobre el pueblo y los alrededores. Continuando por la carretera, ahora ya de bajada, se pueden ver rocas con puertas y ventanas que indican que allá vivía gente. Ahora podemos comprobar que se utilizan para guardar el grano o el ganado. Finalmente la carretera conduce a la rotonda del punto de inicio.
Para ir a Maalula antes debemos tomar un microbús en Choukri al-Quwatli preguntando por la terminal de Abasseen (a unos 4 km de al-Marjeh). Una vez en esta pequeña terminal de microbuses basta con preguntar por Maalula y nos indicarán el microbús apropiado. El trayecto, de unos 50 km, cuesta 20 LS y se hace en una hora aproximadamente. A la llegada a Maalula el microbús nos deja en una rotonda al pie del pueblo. Para volver a Damasco deberemos tomar un microbús en este mismo punto.
Cerca de la rotonda hay algún bar y una tienda donde es posible comer algo o comprar una botella de agua.
Para ir desde al-Marjeh al aeropuerto de Damasco la forma más económica es tomar un autobús que sale de la terminal Baramke (cuidado!!, porque alguna guía como Lonely Planet, dice que el autobús sale desde delante del bar Express, en la calle Choukri al-Quwatli, pero ésto ya no es así). Para llegar a la terminal Baramke lo más cómodo (cargando el equipaje) es preguntar por un microbús en la calle Choukri al-Quwatli que nos lleve hasta allí. Cuesta 5 LS y tarda unos 15 minutos en llegar (en realidad nos deja en una calle justo delante de la terminal). Una vez aquí debemos preguntar por el autobús al aeropuerto (en árabe al-bas al-matar) en la terminal de la compañía Karnak, junto a la de microbuses. El billete al aeropuerto cuesta 20 LS, más 10 LS por cada mochila que se debaponer en el guarda-equipajes inferior del autobús. El último autobús sale a las 23 horas (si salimos más tarde deberemos tomar un taxi). En horas de poco tráfico tarda unos 20 minutos en llegar a la terminal internacional y única del aeropuerto.
Las tasas de salida son de 200 LS (al pagar nos darán un sello que posteriormente el policía de inmigración pega al pasaporte).
Finalmente nos espera un vuelo de Damasco a Milán Malpensa (3 horas y 20 minutos) y otro más de Milán Malpensa a Barcelona (1 hora y 30 minutos), ambos con la compañía Alitalia.
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