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Nuestro viaje a Tarapoto comienza tomando un minibús (con el nombre Correcaminos) en la esquina de Av. del Sol con San Miguel y con destino al aeropuerto (0,6 S/ cada uno). Un taxi pide 3 S/. Empleamos 15 minutos en este trayecto de 3 km hasta la puerta de entrada al aeropuerto.
Antes de embarcar en nuestro vuelo Cusco-Lima con LAN pagamos 13,95 S/ de tasas de aeropuerto. Tras un vuelo de 65 minutos llegamos al aeropuerto Jorge Chaves de Lima, donde conectamos con el siguiente vuelo Lima-Tarapoto, también de LAN y con la misma duración. Estos dos vuelos nos costaron 627 S/ y los habíamos reservado y comprado días atrás a través de nuestros amigos peruanos, pero también se pueden comprar por Internet a través de la página web de la compañía. En las fechas de nuestro viaje no había un vuelo directo Cusco-Tarapoto y de ahí la necesidad de los dos vuelos indicados.
Para ir desde el aeropuerto hasta el centro, unos 5 km, tomamos un motokar (3 S/).
Alojamiento turístico El Mirador (San Pablo de la Cruz 517; tel. 042-532226). Aquí pagamos 60 S/ por una habitación doble, impoluta, con baño, TV y ventilador, muy necesario en Tarapoto. Este hotel está regentado por Luís y Talma, un matrimonio tan efusivo y atento que realmente nos hicieron sentir como en casa. Un magnífico desayuno en la terraza del hotel (con vistas) cuesta 7 S/ y es la mejor manera de comenzar el día. En resumen, es un hotel muy muy recomendable y de lo mejor de Tarapoto. Además, si al llegar al aeropuerto llamamos al hotel entonces nos van a buscar y nos llevan al hotel sin coste adicional, por lo que nos podemos ahorrar el taxi.
Para comer nada mejor que el restaurante El Brasero (Lamas, 231), con unas carnes buenísimas hechas al carbón y a muy buen precio, sobre todo si los comparamos con los de Cusco. Por la noche se come en unas mesas al aire libre y con música en directo (al menos así fue cuando estuvimos nosotros).
TARAPOTO, también conocida como Ciudad de las Palmeras, es la ciudad más grande del departamento de San Martín, en la amazonía peruana, y tiene clima tropical. La ciudad en sí no tiene demasiado interés turístico, pero en los alrededores de Tarapoto hay un gran número de excursiones a hacer para ver lagos, rápidos, cataratas, baños termales, pueblos indios, etc.
La razón de nuestro paso por Tarapoto fue la siguiente: para ir hasta Chachapoyas y Kuélap la opción más inmediata era tomar un vuelo Lima-Chiclayo y después un autobús Chiclayo-Chachapoyas, pero para continuar nuestra ruta programada esto nos obligaba a repetir de vuelta el largo trayecto de Chachapoyas a Chiclayo. Así preferimos volar a Tarapoto (el precio era algo inferior al del vuelo a Chiclayo) y aquí tomar un autobús a Chachapoyas, más o menos equivalente en tiempo al Chiclayo-Chachapoyas, permitiéndonos así ver nuevas cosas en vez de repetir un trayecto.
Nos hubiera gustado poder disfrutar de algún día más en esta zona del país, pero nuestros días de viaje ya no daban para más y pensamos que esto sería una buena excusa para volver otro día. Nosotros sólo pudimos dar una vuelta por la Plaza de Armas de Tarapoto y calles de alrededores.
La primera sensación que tuvimos al llegar a Tarapoto fue el tremendo calor que hacía (33ºC), y eso que el sol ya se había puesto cuando llegamos, pero es comprensible viniendo de climas templados o fríos en nuestra ruta por el sur y también porque Tarapoto se encuentra en las tierras bajas de la Sierra Norte, lindando ya con la cuenca amazónica. En Tarapoto el clima tropical marca decididamente la forma de ser de la ciudad y de sus habitantes.
Iniciamos el largo camino de Tarapoto a Chachapoyas (unos 360 km) tomando un motokar en nuestro hotel que por 2 S/ nos lleva hasta la terminal de la compañía Ejetur, en Av Salaverri (unos 4 km al oeste del centro), de donde sale el autobús de esta compañía a Chiclayo. Los billetes los habíamos comprado (25 S/ cada uno hasta Pedro Ruiz, nuestro destino) la noche anterior en este mismo lugar para asegurarnos las plazas, por si acaso. Hay otras compañías que realizan el mismo recorrido, pero esta era la única que salía de Tarapoto a primera hora de la mañana (el resto lo hacen por la tarde o noche) y la que se ajustaba mejor a nuestros planes.
El autobús de Ejetur finalmente salió de Tarapoto a las 9:10, con sólo 40 minutos de retraso, gracias a que los pasajeros (todos peruanos y nosotros) nos amotinamos e instamos a la compañía para que saliéramos ya. Por el camino vemos pequeños pueblos y mucha selva. Paramos en Moyabamba a recoger viajeros y un poco más tarde en Rioja para comer algo. A partir de aquí el trayecto hasta Pedro Ruiz es realmente espectacular (coincidimos con la guía LP), ya que la carretera va subiendo y bajando altas montañas enmedio de una vegetación exuberante. En algunas subidas el autobús apenas tiene fuerza para avanzar. Llegamos a Pedro Ruiz, punto de conexión de la carretera Chiclayo-Tarapoto con el desvío a Chachapoyas, a las 17:10.
Aquí bajamos del autobús (que continúa viaje hacia Chiclayo) y rápidamente localizamos la combi que va a Chachapoyas (7 S/), pero debemos esperar a que se llene, cosa que no pasa aunque salimos igualmente 30 minutos después. La carretera es en realidad una pista, a veces en muy mal estado, que transcurre paralela al río Utcubamba. Por suerte, los últimos 15 km (que corresponden a una fuerte subida de 900 metros) están asfaltados. Acabamos nuestro viaje en la Plaza de Armas de Chachapoyas a las 19:55, tras 70 km y más de 2 horas de viaje desde Pedro Ruiz y 12 horas desde Tarapoto (!).
Hostal Plaza Chachapoyas (Grau, 534; tel. 477654). Este es el nombre actual del antiguo Hotel Tejado que figuraba en la guía LP. Pagamos 50 S/ por una habitación doble grande, con baño y TV. No está mal y está situado en la misma Plaza de Armas.
Para desayunar recomendamos la tienda que hay junto al Hostal Belén (Arrieta, 540), ya que en la planta de arriba tiene un café. Otro buen lugar es la Panificadora San José (Ayacucho, 516). Para cenar un buen lugar es el restaurante Las Rocas (Ayacucho, 932), con un local bastante acogedor.
CHACHAPOYAS, abreviada popularmente como Chacha, es una pequeña y tranquila capital de departamento, situada a 2.335 metros de altura, y a la que no es nada fácil llegar por su situación y por el estado de las pistas que conducen a ella. Debido al hecho de que durante la época de lluvias la ruta a Chachapoyas puede ser peligrosa (inundaciones, desprendimientos, etc) la mejor temporada para visitar la zona es la época seca, entre mayo y octubre.
Es una de las ciudades más antiguas del Perú y una de las pocas que aún mantiene su influencia hispánica, conservando aún sus amplias casonas con techos de tejas, grandes patios rodeados de huertos y jardines, y originales balcones. Por ello vale la pena darse un paseo por sus tranquilas calles para ver algunos puntos de interés: la Plaza de Armas, del s. XVI y con una pileta de bronce de origen colonial; el Pozo de Yanayacu, en el cerro Luya Urco, a 1 km de la plaza; El Obispado, una casona muy antigua con típicas características coloniales de la zona; la Casona Monsante, con arquitectura tradicional de la zona y un gran huerto de orquídeas; Huancas, un pueblo tradicional en las afueras de Chachapoyas y que mantiene aún sus costumbres y tradiciones, viviendo sus habitantes sobre todo de la alfarería.
Si se dispone de varios días y ganas de aventura los alrededores de Chachapoyas ofrecen un gran número de posibilidades: Kuélap, el Pueblo de los Muertos, los sarcófagos Karajía, el salto de agua Gocta (el tercero más alto del mundo), los mausoleos Revash, Leymebamba, y muchos más. Pero dado lo remoto del lugar llegar a ellos no es tarea fácil... Nosotros nos conformamos con ir a Kuélap, la principal atracción de la zona.
Kuélap. Esta impresionante fortaleza, unos 72 km al sur de Chachapoyas y enclavada en lo alto de una montaña, a 3.000 metros del altura, es la estructura pétrea más grande de Sudamérica. Fue construida hace más de 1.000 años por el pueblo Sachapuyo o Chachapoyas, del que se conoce muy poco. La ciudadela ocupa aproximadamente unas 6 Ha y se caracteriza por sus tres plataformas de defensa, sobre los que se alzan gigantescos muros inclinados. La primera de éstas sobrepasa los 20 metros de alto y 680 de largo y sólo tenía tres entradas, construidas de forma muy inteligente en forma de embudo (ancho de 3 metros en la parte exterior y 70 cm en el interior) para obstaculizar la entrada a los invasores.
La ciudadela de Kuélap, a la que algunos se refieren como el Machu Picchu del norte peruano, es única e incomparable por sus características entre los restos arqueológicos del Perú y aún queda mucho en ella por descubrir e investigar. Por otra parte lo remoto de su ubicación ha permitido que continúe siendo un lugar bastante desconocido y muy poco visitado (a diferencia del Machu Picchu).
Para ir a Kuélap estudiamos varias posibilidades: transporte público (la empresa Transportes Roller, en Grau 302, tiene un servicio de autobús que llega casi hasta el yacimiento, pero sale a las 4 de la mañana, y como además no teníamos clara la vuelta en el mismo día lo descartamos; alternativamente se puede tomar una combi de Chachapoyas a Tingo y desde ahí subir andando a Kuélap durante unas 4 horas por un camino extenuante); ir con un tour organizado por alguna agencia local (nos ofrecieron un tour a Kuélap por 40 S/ cada uno, pero no nos convenció); o el taxi (preguntamos precios a varios taxistas y la tarifa oficial parecía ser 120 S/, sin posibilidad de negociar, pero finalmente encontramos un taxista, el Sr. Edgar Collantes (tel. 041-9991040), que se avino a cobrar 110 S/. A pesar de ser la opción más cara fue la que finalmente tomamos, ya que nos permitía aprovechar al máximo nuestro tiempo y gozar de total libertad para decidir el ritmo de la visita.
Antes de salir de Chachapoyas fuimos a una tienda en la Plaza de Armas para comprar comida y bebida para llevarnos a Kuélap. Pasados los 15 km de carretera asfaltada que descienden hasta el río Utcubamba empieza de nuevo la pista que ya nos acompañará durante todo el camino. Vamos paralelos al río, hasta llegar al pequeño núcleo de Magdalena en que un puente cruza el río y abandonamos el valle iniciando la ascensión. Aquí paramos para ver a lo lejos un sitio arqueológico llamado Makro, formado por construcciones preincaicas en la ladera de una montaña. Al poco pasamos por Nuevo Tingo, la parte nueva de Tingo, adonde se trasladaron sus habitantes tras un grave desbordamiento del río. En la plaza donde está la iglesia es curioso ver los setos y árboles recortados con formas de animales. A la salida de Tingo y tras girar una curva ya podemos ver Kuélap en lo alto de una alta montaña enfrente de nosotros. Parece que ya estemos ahí, pero aún queda un largo camino porque hay que dar un rodeo increíble. A partir de aquí la pista se vuelve no apta para vertiginosos, ya que transcurre colgada a más de 1.000 metros sobre el fondo del valle y no hay ningún obstáculo que nos separe del precipicio (glups!!). Al final del valle pasamos por el núcleo de Chectámal y más tarde por Longuita y María. Es un trayecto impresionante. Finalmente llegamos al aparcamiento de Kuélap sólo 2 horas y cuarto después de salir de Chachapoyas, cuando lo normal son 3 horas o más. La explicación está en que nuestro taxista particular tenía madera de corredor de rallies y parecía que íbamos de pasajeros en el coche de Markus Gronhölm (!). Por suerte nos dio mucha sensación de control y eso nos tranquilizó, ya que a priori no era el mejor lugar para correr.
Desde el aparcamiento andamos 1 km por un camino de subida hasta llegar a la entrada de la fortaleza. Cuanto más nos acercamos más evidente es la enormidad de las murallas. Antes de entrar pagamos la entrada (11 S/ o la mitad con el carnet ISIC) y nos registramos. El amabilísimo señor que está a cargo de la boletería nos explica que este año esperan 6 ó 7 mil visitantes en Kuélap (en Machu Picchu esta cifra se consigue en sólo 2 días!). Actualmente hay en marcha trabajos de restauración, tanto en la muralla exterior como en el interior del recinto. Entramos en la fortaleza por una de sus imponentes entradas. Gracias a unas placas numeradas y a unos paneles explicativos se puede realizar una visita con un cierto orden y sin necesidad de guía, ya que de otra forma sería imposible por las dimensiones de la fortaleza (600 metros de largo por 100 de ancho) y porque los caminos entre la vegetación no están claros. A lado y lado de la ciudadela las vistas sobre los alrededores son absolutamente espectaculares. Vamos visitando las distintas partes de la fortaleza: el Torreón, el Pueblo Alto, el Tintero o algunos de sus 420 edificios de forma circular y con frisos romboidales decorativos. Cuando llegamos a Kuélap había una decena más de visitantes en el recinto, pero a partir de una hora ya nos quedamos completamente solos, bueno, con la compañía de un grupo de llamitas que nos iba siguiendo. Tras más de 3 horas dentro de la ciudadela (incluyendo un receso en un lugar con vistas para comer lo que llevábamos) damos por finalizada la visita a este fascinante lugar. Volvemos andando hasta el aparcamiento, dónde ya sólo queda nuestro taxi e iniciamos el regreso a Chacha.
En resumen, disfrutamos muchísimo esta visita a Kuélap y acertamos en contratar un taxi para desplazarnos. Por último decir que sería injusto comparar Kuélap con Machu Picchu, ya que ambos son lugares únicos e imponentes (por decir algo), pero no dudamos de que si en el futuro mejorara muchísimo el acceso a Kuélap y el norte peruano fuera más turístico entonces Kuélap podría llegar a ser un lugar muy visitado. Pero de momento se puede disfrutar aún de un sitio mágico prácticamente en soledad.
Tomamos un autobús nocturno de la compañía Móvil Tours (40 S/) que sale a las 20:00 de su terminal (Libertad, 464), cuatro cuadras al este de la plaza. Durante el trayecto es difícil dormir ya que algunos tramos de carretera están fatal. Finalmente llegamos a la terminal de Móvil Tours en Chiclayo a las 5:10 de la mañana. Desde aquí tomamos un taxi hasta el hotel por 3 S/.
Para los que dispongan de más tiempo y ganas de aventura una ruta alternativa (y al parecer espectacular) desde Chachapoyas a Chiclayo o Trujillo (o viceversa) es la que pasa por Cajamarca, Celendín y Leymebamba. Aunque por ahora esta ruta es costosa en tiempo, bastante dura e impracticable en época de lluvias.
En el Hotel Paraíso (Pedro Ruiz, 1064; Tel. 228161) pagamos 50 S/ por una habitación doble con baño privado y TV. Aunque no está mal, la verdad es que las habitaciones no están al nivel que podría parecer al ver la recepción.
Para desayunar nuestra recomendación es Trébol Express (Elías Aguirre, 818). Justo al lado está el restaurante America's (Elías Aguirre, 824), también muy recomendable.
CHICLAYO, también llamada la capital de la amistad, es la capital del departamento de Lambayeque y un gran centro económico, comercial y turístico de la costa norte del Perú. La ciudad en sí no tiene construcciones coloniales ni tiene demasiado interés, pero el hecho de estar en el centro de una rica zona arqueológica preincaica en donde se desarrollaron la culturas Mochica y Lambayeque hacen que sea una estupenda base de operaciones para explorar los alrededores.
En cualquier caso vale la pena la pena pasear por la animada calle Balta, la cual cruza el centro de norte a sur pasando por la Plaza de Armas (construida en 1916). En el lado este de la plaza está la Catedral, del s.XIX, y en el lado norte el bonito edificio que alberga la Municipalidad (pocos días antes de nuestra visita había quedado bastante destruido por un fuego intencionado a causa del enfrentamiento entre los seguidores de dos candidatos a la alcaldía). En el lado oeste de la plaza hay un quiosco que ejerce de Centro de Información Turística. En el extremo sur de Balta encontramos el curioso Paseo de las Musas, un lugar para pasear entre estatuas mitológicas.
Sipán o Huaca Rajada es un yacimiento arqueológico situado a 1 km del pueblo de igual nombre y a unos 30 km de Chiclayo. Fue descubierto en 1987 por el arqueólogo Walter Alva y en él se encontraron algunas tumbas intactas de la cultura Mochica (de hace unos 1.500 años) y entre ellas la excepcional y famosa del Señor de Sipán. Todos los objetos encontrados aquí se exhiben en el Museo Tumbas Reales de Sipán, pero que no está aquí sino en Lambayeque.
La entrada al yacimiento cuesta 8 S/ (la mitad con carnet ISIC). Empezamos por visitar un mini-museo con algunas explicaciones y fotos sobre el yacimiento. Después vemos el lugar donde se encontraron las tumbas del Señor de Sipán, del Sacerdote y otras. En el interior de las tumbas se ha dejado una reproducción fidedigna de su contenido original. Finalmente subimos a dos pirámides mochicas, que hay bajo la forma de pequeñas colinas de adobe, para gozar de una magnífica vista del entorno. El yacimiento en sí es interesante, pero algo pobre después de todo. Es una lástima, tal como opinan algunas gentes del lugar con las que hablamos, que se decidiera instalar lejos de aquí el museo con las riquezas encontradas en este lugar. El resultado es que muy pocos visitantes se acercan hasta Sipán.
Para llegar hasta el yacimiento hay que tomar un autobús en la terminal de autobuses a Sipán (un taxi desde el centro cuesta 2 S/). El autobús vale 2 S/ y emplea casi una hora en llegar, dejándonos justo delante del yacimiento. Para volver a Chiclayo sólo hay que esperar al autobús en el mismo lugar.
Lambayeque, situada sólo a 11 km de Chiclayo, es de visita obligada por sus interesantísimos museos, pero también porque la ciudad en sí es bonita y agradable de pasear.
El Museo Tumbas Reales de Sipán (Av. Juan Pablo Vizcardo 895; entrada: 10 S/ ó 4 S/ con carnet ISIC; cierra los lunes) se abrió a finales de 2002 con el objetivo de conservar y exponer uno de los más importantes descubrimientos arqueológicos del Perú, las primeras tumbas intactas de los antiguos gobernantes mochicas sepultados con todas sus pertenencias, reflejando el esplendor y desarrollo de esta cultura precolombina. Todo lo que se muestra aquí proviene del yacimiento arqueológico de Sipán (ver apartado anterior). Las instalaciones del museo son modélicas y las distintas salas contienen útiles paneles explicativos que hacen la visita muy amena. Y su contenido es muy interesante y super-espectacular. Muy muy recomendable.
El Museo Arqueológico Brüning (al otro lado de la Panamericana; entrada: 8 S/) se creó para albergar la extraordinaria colec- ción del alemán Hans Heinrich Brüning, quién en el siglo XIX desarrollara un importante trabajo de registro y documentación etnográfica durante casi 50 años a lo largo de la costa norte del Perú. Aunque más modesto en tesoros que el anterior museo, lo cierto es que también es muy interesante porque permite conocer el origen y desarrollo de las principales culturas de la zona.
Saliendo del museo Brüning nos dirigimos a la preciosa plaza principal, con una bonita iglesia en uno de sus lados. Tomamos a la derecha la calle 2 de Mayo y poco más allá encontramos la Casa de la Logia, con el que dicen es el balcón exterior más largo del Perú. Casi al final de esta calle está el restaurante El Cántaro (2 de Mayo 180; Tel. 282198), un sitio muy recomendable para comer en Lambayeque: local bonito, servicio inmejorable y comida buenísima (básicamente pescado).
Los colectivos de Chiclayo a Lambayeque parten del extremo oeste de la calle San José y son combis o coches de 4 plazas (estos salen cuando se llenan). Cuesta 1,5 S/ y llegamos a Lambayeque en sólo 15 minutos, dejándonos en la Panamericana, a medio camino de los dos museos. Para volver a Chiclayo hay que ir a la Panamericana a esperar algún transporte.
Para los que dispongáis de más tiempo otros sitios interesantes en la periferia de Chiclayo son el Museo Nacional de Sicán, en Ferreñafe, el yacimiento arqueológico de Túcume, o las localidades costeras de Pimentel y Santa Rosa.
En la terminal de Emtrafesa (Balta 110) en Chiclayo compramos el día anterior los billetes Trujillo por 12 S/ cada uno. En el trayecto de Chiclayo a Trujillo, unos 206 km al sur, empleamos casi 3 horas. Una vez en Trujillo el autobús nos dejó en la terminal de Emtrafesa, algo alejada del centro, por lo que tomamos un taxi al centro (2 S/).
En el Suite Plaza Hotel (Jr Bolognesi 358, a 2 cuadras de la plaza; Tel. 044-298383) pagamos 90 S/ por una habitación doble, con baño, TV, desayuno e Internet gratis (aunque el precio inicial era de 120 S/). El hotel está bastante bien y además bien situado.
En Trujillo recomendamos el restaurante Asturias (Pizarro 739), con una amplia carta y un local acogedor. También el adyacente restaurante Oviedo (buena comida a precios razonables).
TRUJILLO, conocida también como la Ciudad de la Eterna Primavera (por su clima árido y semicálido), es la capital del departamento de La Libertad. Trujillo es una preciosa ciudad colonial con bastantes cosas a ver, pero además sirve de campo base para explorar interesantes yacimientos arqueológicos de las culturas chimú y mochica en los alrededores de la ciudad.
En Trujillo hay unas cuantas mansiones coloniales e iglesias para visitar. La combinación de fachadas pintadas de llamativos colores apastelados, las preciosas rejas de hierro forjado de las ventanas y las imponentes puertas de madera dan a las construcciones coloniales de Trujillo un sello propio y distinto del resto de ciudades coloniales peruanas. En general todos los puntos de interés están como máximo a dos cuadras alrededor de la Plaza de Armas, por lo que lo mejor es recorrer las calles a pie. El lugar obvio por el que empezar la visita a Trujillo es la preciosa Plaza de Armas, con una gran estatua de mármol en el centro. Algunas de las interesantes iglesias a visitar son la Catedral (con una capilla y un museo de arte religioso); la iglesia de La Merced; la iglesia de Belén o el monasterio del Carmen. En cuanto a las mansiones coloniales más representativas: casa Iturregui (entrada: 5 S/, conserva el mobiliario original y actualmente hospeda un club privado); Casa de la Emancipación (sede del Banco Continental y en la que se pueden ver exposiciones de arte); casa Ganoza Chopitea (con una bonita fachada, pero en general la casa necesita una profunda restauración; actualmente hospeda la Policía Turística); casa Orbegoso (estaba cerrada por restauración); casa Arquiaga (sede del Banco de la Nación; visita gratuita, pero necesariamente guiada; muy bonita y recomendable); o la casa del Mayorazgo de Facalá (también es la sede de un banco; no se nos permite la visita).
Zona arqueológica de Chan Chan (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1986). Chan Chan fue la capital del reino Chimú, allá por el año 1300, formando la ciudad precolombina más grande de América del Sur y la ciudad de adobe más grande del mundo. En su estructura se distinguen plazas, viendas, depósitos, talleres, murallas o templos piramidales. El paso del tiempo, los saqueadores y la meteorología (inundaciones y fuertes lluvias causadas por el fenómeno de El Niño) han dañado mucho el conjunto, pero aún sorprende por su enormidad y por sus increibles relieves de figuras geométricas, zoomorfas y de seres mitológicos que podemos ver en sus muros. El yacimiento está formado por 9 palacios o ciudadelas, de las cuales sólo la de Tschudi está restaurada. Se trata por tanto de un lugar de obligada visita en cualquier visita al norte peruano.
La entrada cuesta 11 S/ (la mitad con carnet ISIC) y sirve también para visitar el Museo del Sitio y las Huacas Arco Iris y Esmeralda en un plazo de 2 días. El recinto se puede visitar bien sin guía gracias a las útiles indicaciones que marcan la ruta a seguir y a los paneles explicativos. Por otra parte, para llegar a Chan Chan tomamos una combi (con el rótulo Huanchaco) en la esquina de Av España con Pizarro. El trayecto, de 5 km y 15 minutos, vale 1,5 S/ y nos deja en el punto de la Panamericana de donde parte la pista al yacimiento. Después hay que andar 1,5 km por esta pista hasta llegar a la entrada del Palacio Tschudi. A lado y lado de la pista podemos ir viendo las ruinas del resto de ciudadelas que componían la ciudad chimú.
Huanchaco es un pueblo de pescadores a unos 12 km al noroeste de Trujillo. Es un lugar muy tranquilo y agradable en el que aún es posible ver los caballitos de totora, unas canoas tradicionales utilizadas por los pescadores de la costa norte peruana desde la época precolombina. Son similares a las que se pueden ver en el lago Titicaca, pero la forma como navegan los pescadores en ella es bien distinta. También es fácil ver surferos en la playa de Huanchaco. Para mejores vistas vale la pena caminar por el muelle que se adentra en el océano (entrada: 0,5 S/) o subir hasta la iglesia del pueblo. En la parte norte de Huanchaco hay varios restaurantes donde comer pescado. Nosotros probamos el restaurante Lucho del Mar (Av. Larco 600), recomendado por LP, donde comimos bien y la vista desde su terraza superior vale la pena, pero es algo caro y el servicio fue extraordinariamente lento.
La visita a Hunachaco se puede combinar con la de Chan Chan, ya que este último viene de camino. Acabada la visita a Chan Chan hay que volver andando por la pista hasta la Panamericana y ahí esperar una combi que vaya hacia Huanchaco (1 S/, 7 km). Para volver de Huanchaco a Trujillo sólo hay que esperar en Av Larco que pase una combi en dirección a Trujillo (1,20 S/).
Huaca Arco Iris. También conocida como Huaca del Dragón esta pirámide de adobe se encuentra a 4 km de Trujillo, en el barrio de la Esperanza. Es especialmente importante porque su construcción, hace unos 1.100 años, se hizo al inicio de la cultura chimú. El yacimiento se compone de una alta muralla defensiva que encierra una pirámide de base cuadrangular y con paredes cubiertas de relieves con figuras zoomorfas y en forma de arco iris. Desde la parte alta de la pirámide hay una buena vista de los alrededores. El conjunto es muy bonito y vale la pena. En nuestra visita al conjunto estuvimos solos, bueno, acompañados sólo por dos viringos o perros peruanos, de aspecto muy feo, pero inofensivos y con la rara característica de tener una temperatura corporal muy alta.
Sirve como entrada la misma de Chan Chan. Para llegar hasta aquí tomamos un autobús (con el rótulo Esperanza) en el cruce de Av. España con Pizarro. El trayecto cuesta 0,80 S/ y en 15 minutos nos deja en un punto de la Panamericana a sólo 100 metros del sitio. Por último recomendar un buen lugar para comprar figuras de artesanía: se trata del simpático artesano ceramista Sr. Ángel Tamay Vargas, cuyo puesto está junto a la entrada del yacimiento.
Huacas del Sol y de la Luna. Este yacimiento, unos 8 km al sudeste de Trujillo, está compuesto por la Huaca del Sol, que fue el centro político y administrativo, y la Huaca de la Luna, el centro ceremonial. Entre ambas se extendía la ciudad mochica, con sus viviendas, grandes avenidas y plazas. Actualmente sólo se visita la Huaca de la Luna y en ella podemos ver los distintos templos superpuestos (de distintas épocas mochicas) con sus increibles frescos murales polícromos. Son una maravilla. Y sorprende saber que en las excavaciones que aún se realizan se están encontrando nuevos e interesantes hallazgos cada día (la parte correspondiente a la ciudad está casi completamente por excavar). En fin, que esta visita vale mucho la pena.
La entrada al yacimiento vale 11 S/ (la mitad con carnet ISIC) y la visita es obligatoriamente guiada. Para ir hasta el yacimiento tomamos un autobús en Óvalo Grau. El trayecto cuesta 1 S/.
Para el largo trayecto de Trujillo a Lima (560 km) escogimos un servicio nocturno de Transportes Línea. Los billetes los compramos con antelación en sus oficinas (Orbegoso 300), pero la terminal de embarque está en Av. América Sur 2855 (un taxi desde el centro vale 3 S/). El autobús resultó ser comodísimo, con asientos de piel, muy reclinables, anchos y con reposa-piernas. Un lujo!. Salimos puntualmente a las 23:00 y llegamos a la terminal de Lima, en Paseo de la República 941, a las 7:10 de la mañana. Para ir desde aquí hasta la zona de Miraflores tomamos un taxi por 8 S/.
León de Oro Inn (Av. La Paz 930, en el barrio de Miraflores de Lima; tel. 242-6200). La habitación doble, con baño, TV y desayuno incluido cuesta 80 US$. No está mal, pero el desayuno es pobre para el precio de la habitación.
En el centro de Lima recomendamos el restaurante El Farol (Ucayali, 135), muy cerca de la Plaza Mayor. En el barrio de Barranco una buena opción es El Tío Mario (Zepita 214, frente al Puente de los Suspiros), un restaurante especializado en anticuchos y de gran éxito entre los limeños, con una excelente relación calidad-precio.
LIMA fue fundada por Pizarro el 6 de enero de 1531 y por este motivo era conocida como la ciudad de los Reyes. Hoy día es una enorme ciudad bulliciosa, ruidosa y caótica, pero aún y así vale la pena dedicarle un día para ver algunos de sus indudables puntos de interés: museos, edificios coloniales, o barrios con personalidad propia. De abril a diciembre la ciudad suele estar cubierta por una neblina permanente, llamada garúa, que le da un aire tristón.
Centro Histórico de Lima (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1988). Esta parte de la capital peruana es la que aglutina los lugares de interés histórico.
La Plaza Mayor, centro de la antigua ciudad colonial y con bonitos edificios de sabor colonial alrededor de ella, como la Casa de Gobierno, el Palacio Arzopisbal y la Catedral (entrada: 10 S/), con un precioso coro, una capilla con los restos de Francisco Pizarro y un museo de arte religioso); el monasterio de San Francisco, uno de los pocos edificios mudéjares de Sudamérica y en el que hay que pagar para entrar al museo y a las catacumbas; el palacio Torre-Tagle, muy bonito por fuera, pero no pudimos visitar el interior ya que pertenece a la Cancillería de Asuntos Exteriores; la casa Aliaga; la casa de Riva-Agüero; la casa Pilatos; etc.
Por su parte Jirón de la Unión es una calle muy concurrida con un gran ambiente comercial y desemboca en la Plaza de San Martín, donde encontramos el Gran Hotel Bolívar, en un bonito edificio de 1920. Siguiendo la recomendación de la guía LP entramos en el hotel para tomar algo en su bar, pero este no nos convenció, aunque el resto de lo que vimos de hotel sí que nos gustó mucho.
Para llegar al centro desde el barrio de Miraflores tomamos un autobús con el rótulo Todo Arequipa-Tacna en la Av José Larco. El trayecto nos costó 1,20 S/ y había tanto tráfico que tardamos casi una hora en llegar a la altura de la Plaza Mayor.
Barrio de Miraflores. Es una zona residencial situada sobre los acantilados que dan al océano y donde podemos encontrar numerosos hoteles, restaurantes y zonas de ocio, lejos del bullicio del centro. En la zona alrededor del Parque Central suele haber bastante ambiente, incluyendo mercadillos, restaurantes, bares, etc. En el extremo sur de la Av José Larco está LarcoMar, un gran centro de ocio, sobre el cual hay un bonito mirador con estupendas vistas del océano Pacífico.
Barrio de Barranco. Es un pequeño barrio situado al sur de Miraflores y que pasa por ser la zona bohemia y de marcha de Lima. La calle peatonal Carrión, por ejemplo, está llena de bares, pubs, y discos. Desemboca en Parque Municipal, una bonita plaza. Tras cruzar el famoso Puente de los Suspiros seguimos un camino peatonal que desemboca en un mirador sobre el Pacífico.
Para ir a Barranco desde el centro de Lima tomamos un autobús con la indicación Chorrillos en la Av Garcilaso de la Vega. Pagamos 1,20 S/ y bajamos en Av Bolognesi con Carrión, tras 45 minutos de viaje por las congestionadas avenidas de Lima.
Para ir al aeropuerto Jorge Chávez de Lima nos recogen en el hotel nuestros amigos limeños con su vehículo (los mismos que ya nos habían recogido a nuestra llegada al país). En unos 40 minutos llegamos al aeropuerto desde Miraflores, cruzando el señorial barrio de San Isidro. Es conveniente llegar al aeropuerto con suficiente antelación puesto que las colas y los numerosos controles pueden suponer bastante tiempo (2 horas en nuestro caso). Después de facturar pagamos 100'13 S/ cada uno en concepto de tasas de salida.
Tras un vuelo de 13 horas llegamos al aeropuerto de Barajas (este vuelo de Air Plus Comet nos reafirma aún más en nuestra mala opinión sobre sus servicios a bordo). Conectamos con un vuelo de Air Europa a Barcelona, adonde llegamos una hora después. Fin de un gran viaje y... pensando ya en el próximo.
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