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Del 21 de noviembre al 7 de diciembre de 2010. Diecisiete días de viaje
Cambios de moneda durante las fechas del viaje:
100 nuevos soles = 25.47 euros
30 USD= 22 euros
Vuelo Madrid - Lima - Madrid: 700 €
Vuelo Palma - Madrid - Palma: 110 €
Vuelo Cuzco - Lima: 95'20 USD
Todos los precios son por persona.
Volamos de Madrid a Lima en un vuelo de la compañía LAN, con salida a las 12:45 y llegada a las 18:50 hora local. Es imposible reservar buenos asientos sin pagar un extra, pero el vuelo fue cómodo y dormí bastante.
Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Lima el taxi nos estaba esperando, lo habíamos reservado previamente con el alojamiento (20s/ por llevarnos hasta Miraflores) y no me arrepiento. Aunque salga algo más caro, hace la llegada a un lugar nuevo algo más cómoda y tranquila, sobre todo en una ciudad de la cual dicen que no es muy segura. Además, el señor nos esperó mientras nosotros comprábamos el billete de regreso de Cuzco a Lima para el final del viaje.
Nos alojamos en el Inka Frog Exclusive B&B (44 USD, doble con desayuno). La gente del hostal fue muy amable. Preguntamos por los horarios del día siguiente para Pisco e hicieron todo lo posible por ayudarnos. La habitación, correcta.
Y sin cenar nos metimos en la cama, estábamos agotados.
Tras desayunar en el hotel (correcto) a eso de las 7:00, decidimos ir a la estación de Soyuz en taxi y comprar los billetes a Pisco (25 soles el billete ejecutivo).
A la vuelta cogimos el bus turístico desde la Plaza Kennedy, cosa que recomiendo. Sale a las 9:30h y por 55 soles te hace un recorrido por el centro, con paradas incluídas. Al principio estaba nublado, pero poco a poco brilló el sol. En la Plaza Kennedy hay un Starbucks, que es mi perdición (en Palma no tenemos), y por 38 soles hicimos un brunch allí.
Lima me sorprendió: es mucho más cosmopolita de lo que pensaba y la gente de la calle es amable y receptiva.
Acabamos el recorrido en el bus turístico a las 12:30. Para comer nos pegamos un lujo. Mi amigo César me recomendó ir al restaurante Astrid y Gastón, que es de lo más en Lima. Realmente valió la pena: ceviche exquisito, vino espectacular, osobuco, atún. Todo por 110 euros los dos. Es dinero, pero en España habría sido mucho mucho más caro.
Tras la comida, fuimos dando un paseo hasta nuestro hostal, recogimos el equipaje, tomamos un taxi (10 soles) a la estación de autobuses Soyuz y nos montamos en el autocar Lima-Pisco a las 17:40. A las 21:40 estábamos en Pisco (4 horas / 250km), tras un trayecto en clase ejecutiva por 25 soles.
Desde el cruce donde te deja la compañía hay que coger un taxi (7 soles). Nosotros aquí fuimos algo imprudentes, nos montamos en uno que claramente no era oficial y luego vimos que la luna estaba rota, que el conductor tenía un aspecto poco fiable. En fin, que no pasó nada, pero que podría haber pasado, ¡conducía como un loco!.
En 5 minutos estábamos en el hostal Villa Manuelita (mal aspecto por fuera, pero bien dentro, 90 soles). Otra opción era la Hostería del Monasterio (30 USD).
Picamos un sandwich (bastante malo) y contratamos la excursión para el día siguiente (¡error!). Resultó ser un timo, pagamos 110 soles por persona, ¡carísimo!, por hacer la excursión en barca a las islas Ballestas por la mañana y Paracas por la tarde. La chica de recepción parecía muy amable y nos enseñó incluso fotos de la supuesta excursion con agencia, pero aquí cometimos un error. Pagamos sin pedir factura (¡aprendimos la lección!) y sin saber el nombre de la agencia con la que íbamos, así que cuando después quisimos reclamar se hizo imposible y los del hotel se desentendieron, cuando ellos nos habían vendido, en la práctica, el paquete. ¡Indigante!
Tocó madrugar: despertador a las 6am. Son impresionantes los madrugones que me meto en los viajes.
El desayuno, normalito. A las 7:15 los de la agencia no se presentaron. Luisa, la chica de recepción, nos acompañó en mototaxi y luego en colectivo a Paracas. La verdad, pasé muchos nervios, porque perdíamos el barco y, con eso, todo el plan de la mañana. Pero tuvimos, dentro de lo malo, suerte. La niebla hizo que los barcos salieran con retraso. De hecho, salimos casi dos horas más tarde de lo previsto.
La excursión en barco a las islas Ballestas, de 2,5 horas en una barca turística, está muy bien. Vimos leones marinos y todo tipo de aves. A medida que nos alejábamos de la costa, el cielo se iba nublando y para cuando llegamos a las islas, estaba todo cubierto.
De vuelta enlazamos con la excursión a pie en la Reserva Natural de Paracas (salida: 11:45h). Te llevan hasta el parque desde el puerto con un microbus y, allí, descubres rincones desérticos bellos. Era la primera vez que contemplaba el desierto, ¡me gustó mucho!. Preparad 15 soles para comer en la reserva.
De ahí nos dejaron con el micro-bus en la Plaza de Armas de Pisco. Cambiamos dinero a uno de los señores que van por la calle con su chaleco (muy fiable) y cogimos un colectivo hasta el cruce, de ahí el autocar de Soyuz hasta Ica (45 minutos, 4 soles/pax).
Al llegar a Ica estábamos muertos de hambre. ¡Llevábamos todo el día sin comer bien! Al final nos hinchamos de pollo a un par de cuadras de la estación (20 soles) y regresamos a tiempo para coger el bus nocturno de Cruz del Sur de las 20:30 a Arequipa que, como no, salió con retraso.
El autocar fue una maravilla. Fue un trayecto que temíamos, ya que habíamos incluso escuchado relatos de secuestros. Sin embargo, en nuestro caso fue todo un acierto, ¡como volar en business!. Dormimos de un tirón, nos sirvieron una deliciosa cena (me arrepentí de todo el pollo ingerido) y un rico desayuno. Aunque es caro (130 soles), ¡vale la pena!.
Al despertarnos recuerdo la visión de una playa con dunas maravillosas (toda la costa de Perú es desierto, me habían avisado, pero no lo imaginaba). ¡Precioso! El paisaje es pues agreste, seco, con chabolas dispersas, pequeñas poblaciones, muy interesante todo.
Al final, tras 12 horas de viaje, llegamos descansados y felices a Arequipa a eso de las 9:00. Cogimos un taxi desde la estación (4 soles) directamente al Caminante Class (50 soles, sin desayuno). La habitación era grande y la ubicación, lo mejor (junto a la plaza de Armas). Contratamos en la recepción la excursión para el día siguiente al Valle del Colca en la recepción del hotel (70 soles), esta vez sí exigiendo factura y nombre de agencia (Colonial Tours). Con eso resuelto, fuimos a descubrir la ciudad, que nos encantó.
Desayunamos en un café de la Plaza de Armas (caro, pero con vistas privilegiadas). Leímos que Arequipa es ciudad de gente culta y con fuertes inquietudes intelectuales. Cierto es que fueron varias las manifestaciones y protestas en sus calles con las que topamos.
Tras esto, visitamos el monasterio de Santa Catalina (35 soles/pax y 20 soles servicio guía). Dura una hora y vale la pena que te lo expliquen. También fuimos a ver a la momia Juanita. Te ponen un vídeo y te hacen una visita guiada por el pequeño museo (la voluntad). Aprendes bastantes cositas.
Por la tarde fuimos andando (una buena caminata) al mirador. No es gran cosa, pero el barrio en el que está ubicado es muy agradable y vale la pena.
Para la cena nos aventuramos por las calles cerca de la Plaza de Armas. Acabamos en un restaurante que hacía menú, normalito pero correcto, llamado Nina Yaku (C/San Francisco, 211), donde comimos por 26 soles/pax.
Nota: en la plaza de Armas hay un súper muy cómodo.
A las 7:15 desayunamos en el hotel y a las 8:00 nos vino a recoger Maida, nuestra guía del tour. En la furgoneta éramos una pareja de Irlanda, cuatro amigos de Canadá, una pareja de Estados Unidos, ¡bastante divertido!.
Durante el camino al valle del Colca (5 horas y 160 km de ruta) la guía nos enseñó a masticar la hoja de coca, incluso paramos para comprar una bolsita. He de decir que no tuve ningún síntoma de mal de altura, ni aquí ni a lo largo del viaje. Ese día descubrimos las alpacas, etc, comimos en un sitio de bufet por 20 s/pax, fuimos al balneario (muy agradable). Fue un día muy auténtico, que disfrutamos mucho.
Una vez en Chivay estuvimos 1 hora en el balneario La Calera, muy recomendable. Por la noche mi novio me convenció para ir a una cena/espectáculo. La comida, como era de esperar, no fue nada buena, pero pasamos un rato divertido y conociendo a los compañeros de excursión. El alojamiento en Chivay (incluido en el tour): muy cutre
A las 6:00 nos vinieron a recoger para ver volar el cóndor en un punto llamado la Cruz del Cóndor (a 60 km de Chivay), pero no aparecieron hasta las 9:30/10h, ¡hasta 11 sobrevolaron nuestras cabezas!. Muy emocionante, no esperaba que me gustaría tanto. Y la excursión para llegar hasta allí vale mucho la pena, los paisajes quitan el aliento.
De regreso a Chivay comemos e iniciamos el regreso. A las 17:00 ya estábamos de vuelta en Arequipa, donde la gente del hostal Caminante Class amablemente nos había reservado la misma habitación de hace dos días y las mochilas ya nos esperaban en nuestras camas. Todo un detalle.
Además, me reafirmé en lo bello que es Arequipa. ¡Qué ciudad tan bonita! ¡Qué vida!. Aprovechamos la tarde para ir a la oficina de información de la Plaza de Armas y pedir los horarios del bus a Puno.
De ahí fuimos a descansar y después a cenar a una sandwichería de la calle Mecaderes, ¡todo un acierto!. Nada turístico y todos los sandwiches que quisieras por 4,5 soles/pieza. Luego me zampé un pastel por 6 soles y a dormir.
Antes de desayunar en el Cusco Coffee, aprovechamos para dar una vuelta por el mercado, muy pintoresco. Flores, frutas, puestos de comida. A continuación visitamos la Casa del Moral (5 soles con visita guiada). Muy interesante. Resulta que los príncipes de Asturias habían estado comiendo ahí el día anterior, en visita oficial.
Tras la visita, tomamos un taxi a la estación (4 soles) y compramos el billeto con Julsa para ir a Puno, salida 11:30 (15 soles). No quedaban asientos en la zona cómoda (abajo), así que tuvimos que ir arriba, pero en primera fila, al final fue cómodo igual. El bus de la empresa San Cristobal del Sur no es recomendable. Ojo al mal de altura en este viaje: llevar agua y paracetamol.
La llegada a Puno fue a las 17:00 (3h 40min de viaje), con el cielo nublado y un sitio bastante feo ante nuestros ojos. El taxi nos llevó directamente al hotel Joya del Titicaca (70 soles), decadente pero correcto, y nos fuimos a cenar por ahí, a la pizzería El Buho (cena: 25 soles por persona), ¡teníamos antojo de pizza!. Es curisoso, son bastante caras en Perú, pero muy habituales.
Dimos un paseíto después, tras lo cual en el hotel reservamos el billete para el tren del Valle Sagrado a Aguascalientes, para dentro de unos días. Me entró el pánico de quedarme sin plazas y la web de PeruRail es muy cómoda y práctica, con lo cual una vez sabes seguro que día vas a ir, recomiendo comprarlo lo antes posible y no arriesgarse.
En el hotel reservamos, ya por la noche y para el dia siguiente, la excursión de 2 días/1 noche al lago Titicaca. Pagamos 70 soles cada uno, luego averiguamos que la gente había pagado 65 e incluso 60. ¡Siempre hay que regatear!.
El transfer al puerto nos venía a recoger a las 7:45. Por tanto, media hora antes ya estábamos desayunando en el 5ª piso del hotel. Fuera brillaba el sol y las vistas eran interesantes, eché de menos mi cámara.
Con unos minutos de retraso, vino la gente de Jumbo Tours a recogernos. Se nos unieron un grupo de policias gallegos, que resultaron ser súper majos y colegas durante esta excursión organizada al lago Titicaca.
En media hora en barco llegamos a la isla de Uros. No me gustó el concepto: era como un parque temático en el que te intentaban vender de todo. Hubiera preferido pagar una entrada y que no me intentaran después vender productos ni hacer chantaje para que comprara artesanía.
Nos sentaron y nos explicaron como construían sus islas flotantes, la verdad es que andar por esa superfície es interesante, la sensación es única. Y las mujeres tienen unas sonrisas maravillosas y visten con colores muy vivos. Son encantadoras y dulces, pero creo que les explotan y que les obligan a hacer y decir cosas que rozan el ridículo.
Tras una larga parada (1 hora), salimos hacia la isla de Amantani (3 horas de trayecto en barco). No hay mucho que ver de camino, así que es un buen momento para descansar o relacionarse con los otros pasajeros. Nosotros charlamos con un señor polaco súper simpático.
Llegamos al puerto de la isla a las 14:00 (¡qué hambre tenía, si lo sé llevo comida!), donde nos esperaban un grupo de jóvenes ataviadas con las ropas típicas. Resultaba que cada una de ellas respresentaba uno de los diferentes alojamientos. Nos tocó una bella joven, Sulamita, que resultó ser la hija de uno de los alcaldes de la isla.
No daré más detalles para no robarle magia, tan sólo afirmar que vale mucho la pena y que es una ocasión única para compartir la vida con una de estas familias. Recomiendo llevar dulces para los niños, o mermelada para la familia, que veo que es un bien escaso.
Preparaos para subir a la cima de la isla por la tarde (se divisan las montañas nevadas de Bolivia), bien abrigados porque hace frío y, tras cenar a eso de las 19:30, para el baile en la sala común de la isla, ataviados con las ropas típicas. Es algo turístico, pero tan íntimo que resulta entrañable.
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