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Para continuar el viaje en la siguiente etapa y así poder recalar en San Ignacio de Velasco hay serios problemas con el transporte o mejor dicho con los horarios, que no son muy buenos en el caso del Expreso de Jenedrenú ya que tiene un servicio diario a las 2 de la madrugada (45 Bs). Por su parte, la empresa 31 del Este (Mercado 6 de Octubre) sale a las 17:00h por 30 Bs, en un trayecto de 178 km que se cubre en unas 5 horas de viaje. A todo esto el bus no es un bus, sino un micro, con lo que si ya de por si los autobuses hay que verlos, los micros aún están más castigados e indudablemente repercute su estado en la calidad del viaje.
Este bus, perdón, micro de 31 del Este sale a las 17:00h de la propia oficina de la compañía, un poco alejada del centro (a unas 4 cuadras). Conviene, pues, asegurarse habitación en San Ignacio de Velasco para dormir, porque la hora de llegada ronda en torno a las 22:00 siendo generosos y teniendo mucha fe. Al menos realizar este trayecto de noche tiene su recompensa y es poder ver por la ventanilla del bus todo un espectáculo de luciérnagas por los campos.
De todos es sabido que los transportes en Bolivia son un auténtico desastre, bien porque los caminos son de ripio (tierra) y/o porque los dueños de las flotas de autobuses no se gastan mucho en modernizarlos, argumentando el mal estado de los caminos. Con retraso (algo habitual) recorrimos los cerca de 178 km que separan Concepción de San Ignacio de Velasco por una especie de vía forestal y algo debió pasar, porque la última hora y media no pasaríamos de 40 km/hora, pero llegamos, eso sí, con un retraso de 1 hora y media.
Finalmente elegí Betania Residencial (calle Velasco esquina con Cochabamba; tel. 3962-2307 si llamáis desde Concepción) al precio de 50 Bs la habitación individual. Si precisas un ventilador, al no estar incluido en el precio al igual que tampoco el desayuno, te cobra su propietaria, de nombre Eudolia, unos 10 Bs más. En San Ignacio De Velasco hace mucho calor (todavía más que en Concepción), con lo cual yo recomiendo desprenderse del equivalente a 1 € y pasar una noche más fresquita.
Esta residencia está en el mismo centro del pueblo, donde de nuevo, desde Santa Cruz de la Sierra, volveréis a ver casas de cambio, bancos y podréis cambiar los euros o moneda que llevéis por bolivianos. Por ello, sed previsores en Santa Cruz y calculad bien el dinero, porque hasta San Ignacio de Velasco muy difícilmente váis a poder hacer un cambio de moneda. Aunque si váis a cambiar euros hacedlo en Santa Cruz de la Sierra, porque en San Ignacio, a pesar de que existen 4 casas de cambio (los bancos sólo cambian dólares) dos de ellas estaban cerradas, una tercera (de nombre Traudy, en la plaza) sólo cambia dólares, reales y bolivianos, y la que vi que cambia euros se encuentra en la zona del mercado, de nombre Guapomó y la dirige un brasileño con aspecto, pelín siniestro, ofreciendo un cambio muy malo: apenas 9 Bs por 1 €, cuando en Santa Cruz se podía cambiar por 10,20 e incluso a 10,25 Bs (cambistas de la plaza).
San Ignacio de Velasco. Los pésimos horarios de los autobuses influyen en la planificación del viaje por esta zona (no suele haberlos en horario de mañana, sino de tarde o madrugada). Yo llegué a San Ignacio de noche y tuve que aprovechar la mañana de un viernes para cambiar moneda, comprar el pasaje a San José de Chiquitos, mi siguiente destino.
Además, como San Ignacio rebosa de actividad comercial, hice algunas compras de recuerdos y también de aquellas cosas que de vez en cuando se acaban (pilas, la funda de la cámara que tenía rota, etc). Recomiendo la compra de artesanía, siendo especialmente abundantes las figuras de la representadora de la Chiquitanía (un ángel con sus alas) y que según a que misión representa cambia el rostro de su cara.
Con una mototaxi me acerqué a la Cueva del Yeso, distante a 2 km de la localidad, de donde cuentan que los jesuitas extraían el yeso, la cal y la mica para la elaboración de muchos objetos.
Al igual que en Chaco paraguayo también existen menonitas por la zona de Santa Cruz de la Sierra y la Chiquitanía, pero a diferencia de los del Chaco, con su prospera actividad comercial, éstos viven anclados en el siglo XIX, con sus carros y caballos. Además no tienen electrodomésticos, ni TV, se dedican a la ganadería y me cuentan que ya hay algún matrimonio mixto con las gentes del lugar, aunque aquel miembro menonita que osa salirse de la comunidad es automáticamente expulsado. Unos menonitas éstos que no van al colegio, tienen los suyos propios, pero sólo durante los primeros años para aprender lo más básico, el leer y escribir, para posteriormente dedicarse a trabajar. Menonitas que, curiosamente, al atardecer se acercan a las ventas situadas en torno a la carretera para echar unos buenos tragos de cerveza.
Para realizar el trayecto desde San Ignacio de Velasco hasta San José de Chiquitos, de 280 kilómetros, cogí el autobús (sólo Lu-Mi-Vi y Sa a las 13:30h, al precio de 40 Bs) de la empresa La Universal, el cual invierte 6 horas en llegar a San José. Este camino también es de ripio, cuyo asfaltado se prevee para 2010 y de hecho me contaban que ya estaba licitada la obra.
Con el culo muy duro, por el autobús, llegué a San José de Chiquitos, cuyos accesos son horrorosos, hasta que por fin el autobús se detuvo tras un viaje de mucho polvo y más baches.
En San José de Chiquitos me alojé en Alojamiento Suto (calle Nuflo de Chaves, a una cuadra de la plaza principal; tel. 39722213, si es que llamáis desde San Ignacio de Velasco), por 25 Bs sin desayuno, pero con ventilador. Y aunque el precio estuvo francamente bien y la propietaria, Lucilleni, era una mujer muy simpática, recomiendo buscar otros hoteles como alternativa, porque en éste los grifos y duchas apenas expulsaban agua y es un poco tedioso la verdad!!. No obstante a mí no me disgustó del todo y por eso dejo todos los datos. Se me olvidaba que hay un gallo muy madrugador en el patio de la casa contigua y que se pasea por ambos patios como si nada, donde están las habitaciones, ojo al dato!!!.
Mi intención era poder hacer más fotos de día de la plaza y de su iglesia, cambiar moneda (apenas tenía bolivianos) y comprar un boleto bien para viajar en ferrobus, mi primera opción, o hacerlo en micro para ir a Chochis.
Es muy importante recordar de nuevo que desde Santa Cruz de la Sierra hasta la zona de frontera con Brasil (Puerto Guijarro) es muy difícil que alguien te acepte canjear-cambiar euros por bolivianos. ¿Porqué?, pues porqué sólo cambian dólares, siendo la moneda de más aceptación. Así que, como el cambio en Santa Cruz es realmente bueno, calculad los días que os restan y haced el cambio de moneda suficiente, teniendo una segunda oportunidad en San Ignacio de Velasco, en el lugar anterior mencionado, pero claramente a la baja. A mi me libró un empleado de un banco que como tenía que ir unos días más tarde a Santa Cruz se arriesgó y me hizo el cambio (aseguraba que no había visto billetes de 50 euros en su vida), hecho por el que siempre le estaré muy agradecido a Humberto ,que éste es su nombre.
Chochis está a unos 80 kilómetros de San José de Chiquitos. Esto de la cuestión de las distancias en Bolivia es la pera, pues me entero que en realidad son 110 y no 80 los kilómetros a realizar, viaje que hago con la Perla del Oriente, nombre de una compañía de autobuses, pero sin mucha perla la verdad!!.
El viaje se realiza en apenas 2 horas con un micro. Existe la opción del tren o ferrobús, más lento y con un horrible horario (se llega de noche). El viaje, como norma habitual, es en un bus repleto y lleno de soldados, con permiso de fin de semana al tratarse de un viernes, procedentes de un Regimiento de infantería que hay en San José de Chiquitos. Fue terrible, no cabía ni un alfiler dentro del mismo. Acercándose el bus a Chochis, cambia el paisaje radicalmente, pues surgen montañas y elevaciones de rocas y la belleza del entorno es más que palpable.
Instalado en la Casa de Reposo El Refugio Corazón de María, de la orden de los Dominicos, quienes acogen a viajeros (100 Bs la noche con desayuno incluido), negocié con Doña Blanquita, una monja salteña (Argentina), mi estancia para mi sólo y el personal claro. Esta casa está un poco alejada del pueblo de Chochis, que cuenta con otro alojamiento en el hotel El Peregrino, así como un albergue.
Me habló ésta monjita de un tal Don Jesús el español que tenía una tienda llamada el almacén. Así que fui a buscarlo y puedo asegurar dos cosas: que la historia de éste tipo me cautivó, así como poder apreciar que mi viaje adquiría otro tono, más de descanso y de relax. Don Jesús el español, gallego de procedencia que salió de su pueblo Puentedeume (A Coruña) con 23 años hacia Sao Paulo, donde tras una breve estancia trabajando en una fábrica de coches, ejerció las más variopintas profesiones (ganadero,comercial, cazador de gatos monteses, ...) se acabó instalando hace 40 años en éstas tierras, donde se casó y enviudó (tiene una hija ya casada) y con ganas de volver a su pueblo, donde le esperan sus 5 hermanos. Don Jesús me cuenta que vende de todo, desde cemento, licores, tabaco, fruta, una cerveza brasileña muy buena (marca Colonia) y todo aquello que se puede vender en una tienda de ultramarinos, teniendo todo el día la tienda abierta al publico. Apenas conoce Bolivia, me asegura, excepto Santa Cruz de la Sierra. Al decirle mis intenciones por visitar el Santuario me comenta que en el 2010, se vuelve a su pueblo y regresa a Galicia.
Chochis es un pequeño pueblo, pero muy bonito. Así que, al día siguiente de mi llegada, con un chico joven del lugar, nos dirigimos al lugar conocido como el velo de la novia (cascada de unos 7 metros de altura) que conviene visitar acompañado ya que el sendero es estrecho y por un bosque mal señalizado. Al contrario que para visitar el Santuario de la Torre de Chochis, cuyo camino está perfectamente bien adecentado y se realiza en apenas 1 hora y media. Conviene por este orden visitar el Santuario y después el velo de la novia por aquello del calor.
Hay una tercera excursión al Cerro, en la que se emplea un mayor número de horas, a un lugar donde las inscripciones y una laguna en lo alto de la montaña es lo más reseñable. En cualquier caso contactar con un tal Cesar, que os guiará a los lugares que queráis.
Me despido de Doña Blanquita y de Don Jesús en un micro (hay al menos dos que pasan por el lugar entre las 16:45 y las 17h al precio de 8 Bs) y en apenas una media hora me presento en Roboré, pueblo famoso turísticamente hablando.
Elijo por referencias el hotel San Martín (en la avenida del Ejército; tel. 9742192), alejado de la plaza principal, algo que ya no me gusta mucho, y cuyos precios son de 150 Bs con baño privado y de 50 Bs con baño compartido y A/A.
A medida que me voy acercando al Pantanal Boliviano, noto que el calor aumenta. Salvo el Chorro de San Luis (una caída de agua de 25 metros, distante a unos 6 km y que yo no vi; en taxi son 4 km por 10 Bs y el resto andando por ser inaccesible para vehículos) la totalidad de Roboré no merece la pena para hacer un alto en el camino porque, aunque cuenta con 4 pequeños balnearios, el pequeño pueblo de Aguas calientes le supera con creces por el hecho de ser además aguas termales.
Roboré es famosa por atractivos ubicados dentro de su municipalidad, como Chochis y Aguas Calientes, pero no por ella en sí. Por eso, salvo para encontrar algún local con Internet y hacer algunas fotos en la plaza principal, su estación de tren (si uno opta por el ferrocarril para desplazarse) y el ya citado Chorro de San Luis, no merece la pena ni siquiera pasar unas horas en ella.
De nuevo con la compañía de la Perla de Oriente, que tiene 2 servicios diarios (a las 7:30 y a las 14h) y hay que comprar el billete media hora antes de la salida y no la víspera, como suele ser habitual. Por unos 10 Bs, saliendo junto a la estación de tren, donde está la oficina (en una bocacalle casi en la esquina). Hay que fijarse, porque en la susodicha esquina hay un cartel con forma de V invertida, que anuncia la empresa y los horarios. El viaje a Aguascalientes es muy cortito, apenas unos 40 minutos.
Aguas Calientes, pueblo muy pequeño, cuenta con cuatro alojamientos, de entre los que cabe destacar el Alojamiento Dayis, donde yo estuve, el cual lo atiende Daisi y se encuentra a dos cuadras de la plaza principal (cartel de madera) y los precios son de 70 y de 50 Bs, con unas habitaciones, según me contó un joven en la plaza, de lo más aseadas. No obstante un alojamiento más económico (25 Bs) es el del bar-restaurante 5 mentario, hay un cartel de la marca de cerveza Brahma en el exterior y se encuentra casi al lado de una de las esquinas de la plaza principal.
Aguascalientes es sinónimo de aguas termales, habiendo tres puntos para tomarlas: en el paraje conocido como Los Hervores (con V), donde se aprecia que el agua brota de origen volcánico (5 Bs); Burrito, (agua tibia) con entrada libre en el mismo río pero aguas abajo; y en la zona del puente (agua más fría).
Merece la pena pernoctar en Aguascalientes y al día siguiente coger un expreso que llega a la estación de Aguascalientes a las 00:30h con destino a Puerto Guijarro, adonde llega a las 7:10h, con unos precios que oscilan entre los 79 y 19 Bs, según categoría.
Yo no tendría la suerte de poder coger un tren, porque se había estropeado la unidad que la víspera hizo el trayecto en sentido inverso hasta Santa Cruz y me comunicaron que el retraso resultaría considerable, por lo menos de hasta las 9 horas del día siguiente, y que me hubiera obligado a pasar una segunda noche en Aguascalientes. Así que agarré un micro, de nuevo con la Perla del Oriente, que llega a Aguascalientes a las 15 horas y por 40 Bs, a las 19:00 ya me encontraba en Puerto Guijarro.
Por cierto, en Aguascalientes conocí a Jorge, un pastor evangelista brasileño, que vivía en una tienda de campaña en el jardín junto al edificio de la estación de ferrocarril. Es un tipo curioso.
Mi llegada se produjo una vez había anochecido, encontrando el hostal Tamengo (Hostelling International) relativamente pronto, muy cerca de donde te deja el bus, en el barrio de Copacabana, siendo la dirección la de la calle Costa Rica nº 57, un pelín apartado, pero realmente merece la pena, por el nivel de equipamiento y confort y que no envidia a ningún hotel y encima es para mochileros. Lleva apenas abierto desde hace unos 9 meses Lo tiene todo, incluso piscina, Internet, posibilidad de comer y el propio alojamiento a un precio muy interesante desde 10 US$, en habitaciones compartidas (recomendado), si es que quieres pasar unos días en la zona para visitar el pantanal.
Puerto Guijarro. En esta ciudad fronteriza con Brasil existe una zona franca (shopping) realmente muy cara, bajo mi punto de vista, y un mercado en Arroyo-Concepción con infinitamente mejores precios, pero, por si acaso, no está de más recomendar probar todo aquello que se vaya a comprar, especialmente artículos de electrónica, móviles, llaves usb, etc.
Muy cerca de la parada del bus en la avenida principal que conduce al shopping hay una parada de taxis, en donde cobran 5 Bs por persona, por lo que la gente se agrupa en el lugar y a medida que se van formando los grupos de cuatro, los taxis van saliendo en dirección a la frontera con Brasil (precio mínimo: 20 Bs).
Nunca podré agradecer lo suficiente a los dueños del hostal Tamengo que ese día, por suerte, tenían que ir de compras a la ciudad de Corumbá, ya en el lado brasileño, y se ofrecieron a llevarme y esperarme en las dos paradas que hice, llevándome hasta la propia terminal de autobús de Corumbá, donde me dejaron. Unos metros antes de la frontera, junto al Banco Unión, hay unas señoras cambistas que te podrán cambiar euros por reales (moneda de brasil), aunque el cambio sea un poco bajo, pero no hay alternativa posible, porque en los bancos solo te cambiarán dólares.
Una vez llegas al control de inmigración boliviano tan sólo consiste en sellar en el pasaporte el sello de salida (2m) y dejar tu hoja de control de inmigración, pudiendo pasar andando y habiendo en el otro lado, ya en Brasil, taxis, motos y buses que te podrán acercar hasta el centro de Corumbá, a 6 km, en cuya terminal de autobuses deberás de sellar tu entrada al país en tu pasaporte en el horario de 8 a 11:30h y de 14 a 17:30h, requisito imprescindible para poder a continuación poder comprar un billete de bus y salir de allí en cualquier dirección. El funcionario que me tocó en suerte, un chico joven, resultó ser un pelín impertinente, con preguntas estúpidas.
Como quería entrar de nuevo en Paraguay y no podía hacerlo bajando por el río Paraguay, la mejor opción resultaba, aunque me alejara inicialmente, coger en primer lugar un bus hasta Campogrande, la capital de la provincia brasileña de Matogrosso, por 68 reales (el billete se puede pagar con tarjeta) y después un autobús hasta Ponta-Pora, frontera con la ciudad de Pedro Juan Caballero (separadas por una calle).
El primer servicio hasta Campogrande lo realiza la empresa Andhoriña, y el trayecto desde Corumbá se cubre en 6,30 horas, pero el celo que pone en los controles rutinarios la policía federal de Brasil provoca retrasos considerables, teniendo que esperar la totalidad del pasaje hasta que resuelven los interrogatorios, chequeos y registros a aquellos pasajeros elegidos para que les acompañen hasta el exterior con sus pertenencias. Así que mucho cuidado con la policía brasileña y poned a prueba el sentido del humor cuya parafernalia y estética recuerda a los hombres de Harrelson (serie antigua de tv).
En éste viaje conocí a un peruano exportador de artesanía, Henri, quién también padeció un trato aduanero poco exquisito y que se dirigía a Cuiritiba a una exposición, y me contó algunas cosas muy interesantes como que, por ejemplo, que en realidad el 90% del total de la artesanía que se vende en Latinoamérica está confeccionada y fabricada en Perú, a pesar de que le digan a uno que el origen es del país en el que te encuentras. Increíble.
Una vez en Campogrande, tuve la oportunidad de adquirir un billete de bus a Ponta-Pora. Tuve suerte y mi espera no se prolongó mucho, así que con la empresa Expresso Queicoz, por 53 reales, en 5,30 horas realizamos el trayecto Campogrande - Ponta-Pora.
Los autobuses de Brasil se caracterizan, a diferencia de los de Argentina, por no existir los de dos pisos (yo al menos no vi ninguno). Curiosamente, la empresa que los carroza y fabrica, Marcopolo, es brasileña. Y la otra peculiaridad es que hay más separación entre las filas de asientos, lo que provoca que se reduzca el número de pasajeros, casi en 20 plazas con respecto a un autobús estándar de cualquier país (un aplauso, porque éstos resultan más cómodos).
La terminal de autobuses de Ponta-Pora está muy alejada del centro de la ciudad, por lo que se hace necesario coger un taxi, en una carrera cuyo valor es de 15 reales, hasta la sede de la Policía Federal de Ponta-Pora, donde debe sellar el viajero el registro o sello de salida en su pasaporte. El horario (cabe recordar que en Brasil es una hora más que en Paraguay,Argentina o Bolivia) para sellar la entrada es de 9 a 12 y de 14 a 17h, de lunes a viernes. Pero como se trataba de sellar la salida, yo que estaba allí antes de las 7:00, no tuve problemas para que un funcionario muy amablemente me sellara el pasaporte.
Ahora sólo me faltaba desplazarme hasta la oficina de la aduana de Paraguay, en una calle perpendicular a la de la sede de la Policía Federal Brasileña, y con alguna indicación que otra y mis dos bolsas, andando, una funcionaría cumplimentó todo en mi pasaporte muy rápidamente.
Por tanto, atención a la forma de proceder para salir de Ponta-Pora y sellar los pasaportes. En mi caso me instalé en Pedro Juan Caballero porque es una ciudad mucho más económica que la ciudad brasileña de Ponta-Pora.
Como estaba ya un poco exhausto me dirigí al centro de Pedro Juán Caballero sin referencia alguna de hoteles y di con el Hotel Eiruzu (bueno), 150.000 Gs la habitación con desayuno incluido, A/A y baño privado. Se encuentra en la Av. Mariscal López esquina con Mariscal Estigarribia, muy próximo al Hotel Peralta (muy buena pinta). Así que si estáis en la ciudad, como éste hotel se encuentra en la calle Mariscal Solano (una calle repleta de actividad comercial y de oficinas de cambio), cerca del Eiruzu, podéis preguntar).
Pedro Juán Caballero. Yo creo que Pedro Juán Caballero, ciudad que no cuenta con ningún atractivo especial salvo sus shoppings (galerías de venta de artículos de electrónica a inferior precio) y su zona de mercado, tiene un punto a su favor en que es una ciudad mucho más amable que Ciudad del Este, por ejemplo, y tan buenos precios o incluso mejores a la hora de realizar compras. Compras que al menos hice, además de dar una vueltecita por un parque que se llama, como no podía ser de otra forma, Pedro Juán Caballero (militar y político paraguayo que lideró el movimiento que logró la independencia de Paraguay), con estatua incluida en el centro, un pequeño lago y un muy modesto, por ser muy generoso, Museo Regional. Esto fue todo aquello que logré ver tras un descanso diurno en el hotel.
Como todavía me faltaban algunas etapas por cubrir compré un billete para Concepción y poder salir al dia siguiente a primerísima hora, y así poder pasar unas horas (fotos y paseo) y el mismo día dejando mis bolsas en la Consigna de la terminal, ya por la tarde alcanzar la capital Asunción no prevista inicialmente, pero la pérdida de fotos, por un virus en mis llaves USB provocó una segunda visita.
Jamás de los jamases se os ocurra coger un bus de la empresa ITT (transportes ligeros), porque más parece una empresa de paquetería y que, ya de paso, lleva pasajeros desde Pedro Juán Caballero hasta Concepción, parando en todos los pueblos a los que lleva encomiendas. Ya se ve que su prioridad es el transporte de bultos, para lo cual habilitan la totalidad de la bodega del autobús, y claro¡¡, todas las bolsas de los viajeros, la de mano y la segunda que siempre va abajo, pues en éste caso va arriba contigo. Menos mal, a todo esto sin A/A, que era el primer servicio de la mañana (6:15h) y llegarnos a Concepción a las 11:45h. La intención era hacer un alto en el camino, unas horas, sacar unas fotos y después continuar hasta Asunción donde pasar la noche).
El pueblo-ciudad de Concepción es pequeño y no tiene nada interesante que ver: un mercado y una plaza, además de un colegio con iglesia de los Hermanos Maristas, eso es todo. Así que ahorraros el viaje!!.
Dude inicialmente entre ir desde aquí a Coronel Oviedo o a Asunción y creo, según me cuentan los propios paraguayos, que acerté de pleno en mi elección de no ir hasta Coronel Oviedo, al no tener ningún atractivo turístico que ofrecer. El pasaje con la empresa NASA a Asunción me costó unos 60.000 Gs y el viaje, de 430 km, se hizo muy pesado, porque era tal el calor en el interior del autobús que ni el propio A/A podía con él, en un viaje que comenzó a las 13:45h y se prolongó hasta las 20:30h (sin comentarios).
Siendo previsor, y para ahorrarme un viaje, al llegar compré en la terminal de Asunción un billete a Encarnación por 55.000 Gs con NSA (Nuestra señora de la Asunción) para el día siguiente a las 13:30h, al tiempo que cambié euros en uno de las innumerables casetas de cambio que hay en la terminal de autobuses tras comparar las tasas de cambio (se llevan todas muy poquita diferencia), pero siempre en alguna te dan un poco más si les dices que otra caseta de la zona así lo ha hecho.
Volví al hotel La Española en el que me había alojado la primera vez. Y con pocas ganas, porque era un poco tarde, salí a echar un bocadito, cosa harto difícil porque en Asunción, a partir de las 19:30h el centro de la ciudad se queda prácticamente vacio.
Asunción. Esta segunda visita a la capital paraguaya no estaba prevista inicialmente, pero la pérdida de las fotos que hice en la primera a causa de un virus en mis llaves USB hizo que volviera para repetir las fotos. Por ello fue muy interesante revivir la sesión de fotos de unas semanas atrás en los mismos escenarios, con el añadido de la Casa de la Independencia (muy recomendable su visita). Eso sí, todo ello lo hice a primera hora hora de la mañana y madrugando, porque a partir de las 10:00 es imposible dar un paso del calor que hace.
La duración del viaje entre Asunción y Encarnación es de 6,5 horas (351 km) y, al igual que entre Pedro Juán Caballero y Concepción, me gustó mucho el paisaje que se observa desde un autobús de 2 pisos: muy verde, con bosque limpio y ordenado y amplias praderas. Encarnación era la última ciudad paraguaya a visitar antes de mi entrada a Posadas (Argentina).
Tan sólo tenía una dirección de hotel, con sus precios, pero apuntaré dos más para que el viajero elija según su conveniencia. De la Costa Hotel (avenida Rodríguez de Francia nº 1240 con calle Cerro Cora), 130.000 Gs la single con desayuno incluido, uso de la piscina y wifi. Hotel Acuario (calle Juan Mallorquin nº 1550 con Calle Villarrica), 99.000 Gs la single con desayuno incluido y A/A. Hotel Cristal (calle Mariscal Estigarribía nº 1157, a 4 cuadras de la terminal de autobuses), en donde la habitación cuesta 100.000 Gs con A/A, así como también tienen de 60.000 Gs con ventilador (el desayuno en los dos casos está incluido). Yo me alojé en éste último por su proximidad a la terminal de bus.
Encarnación es una ciudad de 100.000 habitantes (censo de 2002), a tan sólo 13 kilómetros de la ciudad argentina de Posadas, y en cuyas inmediaciones están las conocidas como Misiones Paraguayas de Trinidad y Jesús Taravangue.
Por ello, desde la propia terminal me dirigí en primer lugar a Trinidad con la empresa Ortega (5.000 Gs), apeándote el bus en la misma carretera general, lugar en donde deberás coger el bus de vuelta (de cualquier empresa) con el mismo del billete anterior. Subiendo una cuesta de unos 300 metros llegas finalmente a las ruinas y a una oficina a la entrada en donde hay que pagar unos 25.000 Gs. Esta entrada te sirve para un espacio de 3 días, así como para visitar las otras ruinas, las de Jesús de Taravangue, distantes entre sí unos 12 km.
A las de Jesús de Taravangue puedes ir desde donde te deja el autobús en la carretera, unos metros más adelante, junto a un cruce, donde suele haber un taxi que cobra 5.000 Gs por persona (hay que llenarlo, ya que en caso contrario pagas 20.000 Gs). Antonio, un francés que me encontré en el bus de ida, y yo conseguimos que por 20.000 Gs nos llevara, esperara unos 10 minutos, el tiempo suficiente para hacer unas fotos y nos trajera de nuevo a la parada de taxis del cruce.
En el caso de Trinidad se le suele dar una propina a las guías (jóvenes universitarias), ya que no reciben sueldo alguno por enseñarte y contarte la historia de la misión. Tengo que decir que me gustó más por su espectacularidad las de Jesús de Tavarangue al encontrarse toda la estructura en pie, una misión que, según cuentan, su iglesia nunca se terminaría de construir por las expulsión de los jesuitas en 1768 por parte de Carlos III de España.
Estas dos visitas se pueden hacer en una misma mañana y al regresar a Encarnación, justo enfrente de la terminal hay una marquesina donde para cada 20 minutos el autobús internacional que te llevará a Posadas por 5.000 Gs o su equivalente, 4 pesos argentinos.
Los tramites a realizar para salir son los de siempre: en la aduana paraguaya, sello de salida en el pasaporte. El autobusero siempre te pregunta, así que coges tus bártulos, te bajas, haces lo del sellado y esperas al siguiente bus que venga para llegar a la aduana argentina, pero recuerda siempre en conservar el ticket del primer autobús. Una vez superada la aduana argentina y sellado el pasaporte de entrada te revisan las bolsas en una cinta y listo. Unos metros más adelante de nuevo toca esperar y coger un autobús, en éste caso prácticamente vacio y distinto, que ha dejado pasajeros para los trámites en la aduana argentina, con lo cual la cosa pinta mejor.
Recuerdo para los que os bajáis en el centro de la ciudad de Posadas que preguntéis al autobusero para no hacerlo en la terminal que queda en la zona este, muy alejada del centro. Yo cometí la torpeza de no alojarme por ejemplo en el Hostel Las Misiones (en Av. Las Heras, 2071; por unos 40 pesos por el hecho ser miembro de HI) y fui a parar a un hostel que se encuentra lejisimos de la ciudad, en La Aventura Hostel (en Avenida Zapiola nº 965 con Avda Urquiza), de HI claro. Además, llegando bien entrada la noche, sin nada que ver y hacer en muchos metros a la redonda. Vaya, que no merece la pena alojarse en este hostal a pesar de su excelente estado (la tranquilidad del campo), por quedar, insisto, a desmano de todo. Como me sobró tiempo antes de mi vuelta a Buenos Aires visité las misiones de San Ignacio Mini.
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