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Nueva Zelanda se encuentra en nuestras antípodas, debajo de nosotros, o mejor aún y como dicen los neozelandeses, nosotros estamos debajo de ellos. Es un país totalmente aislado situado en el Pacífico Sur, separado unos 1.600 km de las costas de Australia. Está formada por dos grandes islas y algunas otras más pequeñas como la isla Steward. Su capital es Wellington, aunque la ciudad más importante es Auckland. La población del país llega a los 3'8 millones de habitantes (un 66% en la isla norte) con una superficie total de 270.530 km2 (algo más de la mitad de España).
Aotearoa (nombre maorí de Nueva Zelanda y que quiere decir la tierra de la larga nube blanca) es un país fantástico para unas vacaciones, ya que tiene grandes atractivos (los dos últimos años ha sido escogida como uno de los mejores destinos turísticos del mundo por la guía Lonely Planet). Se trata de un país desarrollado de nivel de vida similar al nuestro, donde el reencuentro con la naturaleza, la tranquilidad, el descanso o la actividad física (según preferencias) está garantizado. El talante de la gente es pausado, simpático, agradable, servicial y sobre todo orgulloso del país que tienen, lo disfrutan y les gusta compartirlo con los visitantes. Así, todos los aspectos que puedan interesar a los turistas están preparados buscando la comodidad y la facilidad: desde paseos cortos entre árboles milenarios hasta trekkings de varios días; desde playas para bañarse hasta travesías de glaciares a pie o volando; desde volcanes y fenómenos termales hasta fauna única; desde raftings en aguas subterráneas hasta saltos al vacío desde todo tipo de lugares; desde espectáculos maorís hasta partidos de rugby; desde escenarios de las películas del Señor de los Anillos hasta baños con delfines,... son algunas de las actividades que podemos encontrar a lo largo del país y siempre teniendo en cuenta que disfrutaremos en todas partes de fantásticos paisajes para todos los amantes de la fotografía.
Los primeros humanos en habitar las islas fueron los maorís alrededor del 1300 d.C, pero no fue hasta el año 1769 en que el capitán James Cook fue el primer occidental en desembarcar en ellas. Por ello la afectación humana a estos ecosistemas es muy reciente y el entorno se mantiene en un estado aún bastante natural y se pueden encontrar bosques y especies animales únicas en el planeta. Así los símbolos característicos de Nueva Zelanda son el kiwi (nombre que comparten el fruto que conocemos, un pájaro sin alas similar a una avestruz, pero más pequeño y, también es así como se llaman a sí mismos los neozelandeses) o los helechos plateados ponga de los que se encuentran bosques extensos con ejemplares de hasta 5 o 6 m. de altura.
Para viajar por este país hay varias opciones, pero nosotros nos decidimos por alquilar una autocaravana y recorrer el país a nuestro aire. Así pues, compramos los billetes de avión desde aquí mediante una agencia dónde también nos hicieron la reserva del vehículo. Sólo bajar del avión ya nos estaban esperando para llevarnos adónde teníamos nuestro vehículo-alojamiento. Hicimos nuestro viaje con una pareja de buenos amigos, Lluís e Imma, con los que que compartimos experiencias y gastos.
Nos parece interesante extendernos algo en las ventajas de viajar en autocaravana por un país como este, ya que una vez hemos vuelto del viaje y hemos hablado con otra gente que ha visitado este país por otros medios no lo cambiaríamos en absoluto.
Prácticamente todas las ventajas se resumen en el gran ahorro económico y de tiempo que supone, además de la absoluta sensación de libertad que otorga. Se ahorra en alojamiento ya que se puede parar a dormir en cualquier lugar que no esté expresamente prohibido (ni en el centro de las poblaciones). Esto incluye inolvidables acampadas solitarias junto a un lago, en primera línea de playa, en el frente de un glaciar o en el mismo lugar donde debemos estar el día siguiente a primera hora. Deebemos recordar que la seguridad del país lo permite completamente. Sólo entramos en campings (que los hay por todas partes, perfectamente condicionados a muy buen precio) cada dos o tres días, aunque si se apura mucho no haría falta utilizar ninguno. Un segundo aspecto de ahorro económico es el tema de la comida. Una autocaravana dispone de todas las comodidades incluida cocina y nevera, por lo que yendo a los supermercados (abundantes y muy bien abastecidos) se puede llenar la nevera para los próximos 2 o 3 días y olvidarse de los restaurantes, los cuáles encarecen enormemente el viaje. Tan sólo fuimos 4 ó 5 veces a restaurantes en 21 días de estancia en el país. Además casi todos los campings tienen cocinas fantásticamente equipadas para el uso de los visitantes. Son más grandes que las del interior del vehículo y permiten el contacto con otros viajeros. También se ahorra en tiempo porque permite no perder ni un segundo en buscar lugares para dormir, y si quieres ir a dormir tarde y aprovechar para adelantar carretera puedes hacerlo, quedándote a dormir en cualquier bosque dentro de la autocaravana. Esta ya viene con colchones, mantas y cubrecamas, además de enseres de cocina, de forma que no hace falta llevar ningún tipo de material de acampada desde casa (pero es necesario comprobarlo en el momento de la contratación del vehículo).
Las carreteras están en un estado de conservación y pavimentación perfectos, lo que permite hacer trayectos rápidamente, incluso para las autocaravanas (mucho cuidado en respetar las señales de velocidad!!!) y el consumo de combustible es muy poca cosa comparado con el ahorro que permite, ya que el gasoil es bastante más económico que aquí. Nosotros recorrimos un total 5.063 km que nos costaron 360'76 NZ$ (unos 180 €) en gasoil.
Relacionado con el punto anterior debemos mencionar que es muy diferente la temporada alta de la baja. Por suerte para nosotros la temporada baja coincide con su invierno, es decir, nuestro verano. Así en agosto es la época más económica para el alquiler de vehículos y los alojamientos (algunos precios casi se triplican en enero, ya que hay mucha demanda del propio turismo kiwis o australiano). Nosotros hicimos el viaje entre el 31/7/03 y el 24/8/03, con un total de 22 días en el destino (el precio del alquiler de la autocaravana baja bastante a partir de los 21 días de alquiler). Efectivamente fuimos en invierno, pero tuvimos mucha suerte y gozamos de un tiempo fantástico. La isla norte tiene un invierno muy suave (más que el nuestro) y la isla sur lo tiene más frío y con menos horas de luz. De todos modos la proximidad de dos grandes mares y las montañas hacen que el clima sea muy cambiante a lo largo del día y la nieve está casi asegurada en el sur. Se recomienda alquilar cadenas, ya que te obligan a ponerlas si nieva, y llevar buenas prendas de abrigo.
La moneda oficial es el dólar neozelandés (NZ$), que valía aproximadamente medio euro en agosto 2003. Esta divisa cotiza aquí y se puede adquirir en cualquier banco español. También se puede ir con euros para cambiarlos en cualquier banco de allá o sacar moneda local en cualquier cajero (los hay en todas las poblaciones). En todas partes se aceptan las tarjetas de crédito. El nivel de vida, como hemos dicho, es similar al de aquí, con la diferencia remarcable de que el gasoil es bastante más económico (o al menos lo era entonces).
El principal coste es el de los vuelos. Nosotros encargamos a una agencia la tramitación. Ocho meses antes del viaje estábamos ya alerta para buscar ofertas y pudimos coger unos billetes bastante buenos. Con Cathay Pacific, vía Londres y Hong Kong, volamos a Auckland, y sumando el vuelo interno de Christchurch a Auckland (con la australiana Qantas), y el alquiler de la autocaravana para 22 días nos costó 1.382 € cada uno (tasas incluidas). Además contratamos, una vez allí, un seguro de todo riesgo para el vehículo por 770 NZ$. Los campings tenían un precio medio de 44 NZ$ por noche (4 personas + vehículo).
Total gastos en destino = 1.126 NZ$
Total coste viaje por persona = 2.000 €
Para entrar en el país no se necesituada visado y es suficiente con el pasaporte con 90 días de vigencia. A pesar de todo es conveniente tener en cuenta una serie de consideraciones debido a las particularidades del país: el cuestionario de inmigración es extenso y detallado, haciendo referencia por ejemplo a los lugares adónde hemos ido y si hemos estado en contacto con animales. Este también detalla las importantes sanciones que te esperan si te quieres pasar de listo y las revisiones son extremadamente exhaustivas, ya que existe la figura del detector dog (perro vestido con un chaleco y al que no se le escapa nada). La letra pequeña advierte de la multitud de cosas que no se pueden entrar en el país: por ejemplo no se puede entrar comida de ningún tipo, el material de acampada que llevéis será revisado y limpiado de restos de tierra, e incluso las suelas de los zapatos y sobre todo si lleváis botas de trekking serán igualmente limpiadas o requisadas, etc. Podéis informaros de todos estos aspectos en la web del New Zealand Immigration Service.
Recordad que necesitáis carné de conducir internacional si queréis alquilar algún vehículo (se consigue en la Delegación de Tránsito correspondiente).
No es necesaria ninguna vacuna para acceder al país y el nivel de higiene es envidiable. Si habéis ido anteriormente a países de riesgo es necesario justificar que estáis vacunados. El sistema sanitario es muy bueno.
Probablemente es uno de los países más seguros del mundo. Esto permite acampar en casi cualquier lugar. A pesar de todo siempre deben respetarse las normas básicas del sentido común.
La red de transportes públicos es variada y completa (taxis, autobuses, ferrys, transbordadores, vuelos interiores...) Existen diversos pases de día para Auckland que te permiten tomar todos los transportes. A lo largo de la ruta necesitaréis tomar algunos ferrys o transbordadores para cruzar algún fiordo, son económicos (10, 6 y 24 NZ$ los que tomamos) y rápidos. Para ir de la isla norte a la sur existe una red de ferrys más grandes (Interislander o Lynx ). Podéis comprar los billetes por teléfono antes de llegar, en cualquier punto de información encontraréis el número, los horarios y los precios actualizados. Hay varios cada día. A nosotros nos costó 335 NZ$ (para los cuatro y la autocaravana). Existen varios trenes turísticos bastante recomendables como el Tranz Scenic que cruza transversalmente los Alpes del Sur.
Los diferentes alojamientos dependerán del medio de transporte que se use. Es imprescindible informarse de los precios y hacer reservas en temporada alta. Hay variedad de alojamientos como hoteles, hostales, albergues, bed&breakfast, granjas, casas de campo... Los campings son abundantes, variados, bien situados y muy bien equipados en general. Destacamos sobre todo los espacios comunes como salas de encuentro con chimenea y sobre todo las cocinas comunitarias, muy bien equipadas con los enseres necesarios. Las recepciones de los campings son improvisados puntos de información para nuestras actividades y casi siempre tienen trípticos informativos de aquello que necesitamos o nos recomiendan la excursión adecuada para aquello que queremos hacer. Existen bastantes sitios de acampada con servicios mínimos, pero muy próximos a puntos destacados con un entorno único (por ejemplo en el parque Nacional Tongariro, en las playas del sur...). Ya mencionamos anteriormente el atractivo de la experiencia de realizar acampada libre, y sólo deberemos prever no acampar en el interior de poblaciones o en lugares especialmente señalizados.
Merece una mención especial una de las bases de la vida de los neozelandeses que es disfrutar de la naturaleza y de las actividades al aire libre.
Por los más atrevidos, y con buen bolsillo, podemos recomendar las actividades de aventura de última generación inventadas por los creadores del puenting. Se resumen en saltar desde cualquier lugar: por ejemplo desde la azotea de la torre de Auckland (skytower), desde globos aerostáticos, bungie jumpings o saltos al vacío en cañones, parapentw, paracaidismo, raftings por ríos subterráneos o superficiales...
Otras actividades menos arriesgadas son los numerosos trekkings señalizados que se encuentran por todas partes, paseos en bicicleta, esquiar, navegar en velero o windsurf, recorridos con kayac, pesca, vuelos en globo o en helicóptero, paseos en caballo, practicar el golf, andar sobre glaciares, ...
La influencia de los maorís la encontramos principalmente en los souvenirs que nos podemos llevar a casa, como por ejemplo las tallas de madera que representan figuras míticas, paues (un caparazón de crustáceo de colores vivos que usan para decorar las tallas y esculturas), joyas de jade... También podemos encontrar recuerdos de los All Blacks, todo tipo de rótulos divertidos e imanes de nevera con kiwis, pingüinos, ropa de abrigo con pelo de possum o lana... un recuerdo muy dulce puede ser la miel. Eso sí, todo a precio de país rico y sin regatear.
Por nuestro forma de viajar sólo fuimos a restaurantes unas cuatro o cinco veces. Podemos destacar como dos platos buenísimos los mejillones de labios verdes que comimos en Havelock, situado al norte de la isla sur (es llamada la capital mundial de estos moluscos), o las ostras que se pueden comer en Bluff (en el extremo sur de la isla sur). Por otra parte el surtido de los supermercados es más variado que el de aquí, con todo lo que podamos necesitar y a buenos precios. Podemos destacar la buena calidad de la carne y las especialidades de miel que se producen.
Los meses de verano Nueva Zelanda se encuentra 12 horas por delante de nuestra hora, mientras que en invierno la diferencia es de 10 horas. El efecto del jet lag depende de cada cual, pero nosotros nos encontrarnos algo cansados los tres primeros días, haciendo algo menos del recorrido que teníamos previsto. Si se va a trabajar al día siguiente de llegar a casa, como en nuestro caso, la vuelta a casa es mucho peor.
Nosotros hemos usado sobre todo la Guía Visual del País Aguilar sobre Nueva Zelanda y, pese a que pueda parecer que tiene mucha fotografía, os podemos asegurar que no la cambiaríamos por ninguna otra guía. También tenéis a mano una buenísima guía gratuita que es internet, ya que se puede encontrar casi todo y bien estructurado. Finalmente debemos destacar que en cualquier punto de información (que se pueden encontrar por todas partes) podéis recoger mucha información de cualquier lugar del país, todos los atractivos turísticos y abundantes mapas de carreteras o de alojamientos. La información está bien actualizada y por eso creemos que no es necesario comprar demasiadas guías aquí, ya que pueden haber quedado obsoletas.
Aun así os puede interesar la lectura de:
- Altaïr. Nueva Zelanda. El sagrado hogar del pueblo maorí.. Revista nº 33, diciembre 2004.
- Brodie, Ian. The lord of the rings. Location guidebook. Harper Collins, 2003.
- Omler, Kathy. The national parks and other wild place of New Zealand.
New Holland, 2001.
- Warne, Kennedy. Fiorland, santuario meridional de Nueva Zelanda.
National Geographic, diciembre 2000, nº 6, pag 40-57.
- Ibaibarriaga, Mercedes. Nueva Zelanda. Revista Viajes National
Geographic, núm. 54, pág. 82-95.
Empieza la aventura en Barcelona tomando un vuelo de enlace hacia Heathrow. Una vez allí conectamos con la Cathay Pacific hasta Hong Kong. Volamos por la noche y el trayecto de 11 horas y 48 minutos para recorrer 9.642 km pasa en un plis-plas. Tenemos un par de horas en el aeropuerto para estirar las piernas, mirar las orquídeas (fue escogido el mejor aeropuerto de 2003) y emprendemos un nuevo vuelo después de que nos comprueben la temperatura (aquel invierno había habido un brote de la SARS). Acabamos de comernos todo lo que llevábamos de comida porque no podíamos entrar ningún alimento en Nueva Zelanda.
En el vuelo Hong Kong-Auckland ya encontramos neozelandeses que vuelven hacia casa. 9178 km nos separan de nuestro destino y tardamos 9 horas y 57 minutos. No tenemos suficientes relojes para comprobar la hora: 8:16pm en Hong Kong, 12:16pm GMT y 12:16am en Nueva Zelanda!! Durante el vuelo el servicio es excelente y hay bastantes entretenimientos. Antes de aterrizar pasan los papeles de entrada que debemos llenar con calma y que insisten en la importancia de la conservación de un ecosistema único. ¡Nos sentimos del todo analizados! Llegamos a Auckland la mañana del día 2 de agosto tras volar 23 horas y más de 28 de viaje.
Aterrizamos entre verdes y azules. Tenemos una buena bienvenida. Hay poca gente en el aeropuerto y el chico de inmigración nos recibe con una sonrisa y hablamos un buen rato. Llamamos a la compañía de autocaravanas para confirmar la llegada y que nos vengan a buscar. No hay ningún problema con los móviles, sean de tarjeta o contrato. Es más, hay muchos números de información que son gratuitos.
Una vez recogemos el equipaje los directory dogs hacen su trabajo y lo revisan. Nos dirigimos a la línea verde con los papeles de la aduana. Nos miran las botas y declaramos unos caramelos. Nos está cogiendo un complejo!! "Kia Ora", todo el mundo es amabilísimo!. Hay un punto de información dentro el aeropuerto con trípticos de todo el país. Recogemos unos mapas de carreteras gratuitos de cada región. Son fantásticos y nos sentimos muy bien acogidos. Cuando nos vienen a buscar recorremos unos 35 km, interrogando al conductor, que se divierte mucho con nosotros y nos hace algunas recomendaciones interesantes. Aún no nos hacemos a la idea de dónde estamos. Todo son grandes espacios. Al fondo Auckland empieza a dibujarse entre verdes colores.
Cuando llegamos a la oficina de Kea Camper nos atienden con paciencia y amabilidad. Acabamos de rellenar los formularios, cogemos las cadenas porque si nevase la policía nos las haría poner, mapas de carreteras, por dónde podemos pasar... Después vamos a ver la autocaravana. Es nueva y la chica nos explica su funcionamiento (calefacción, termo, vaciado de aguas, mangueras, gas...) No habíamos conducido nunca una autocaravana y se asegura que lo vamos entendiendo, a pesar de nuestro pésimo inglés!! Es más sencillo de lo que parecía. Nos sorprende por su anchura, está muy bien pensada y se aprovechan los rincones, y bien equipada (sábanas, mantas, etc).
Cargamos las cosas y nos damos cuenta de lo cansados que estamos. Vamos a comprar a un Townfood (una cadena de supermercados muy bien surtidos) de camino a Takapuna . Así el primer día no hemos de entrar a la ciudad (recordad que se conduce por la izquierda) y nos quedaremos lo suficiente cerca para visitarla el día siguiente. El camping de Takapuna está al lado de una playa de lava negra. Tiene un cierto aire marinero con una pequeña cocina-comedor de madera. Hacemos un ágape como es debido y nos vamos a dormir temprano. Ha oscurecido antes de las 6 de la tarde. La autocaravana nos permite vaciar el equipaje y ponernos cómodos: perchas y armarios, cajones, doble fondo... y hay lugar suficiente para almacenar comida para varios días, con nevera incluida.
Nos despertamos muy temprano y salimos a ver un amanecer fantástico. Uno de los aspectos que debemos destacar por su belleza son las salidas y puestas de sol. Es importante aprovechar al máximo las horas de luz y por tanto es necesario adaptarse al horario solar.
Tras desayunar nos dirigimos al puerto de Devonport, dónde cada media hora sale un ferry hacia Auckland. Allá mismo compramos un Auckland Pass (8 NZ$) que hace que podamos disfrutar de los viajes que queramos con el link bus (un autobús circular). Pensamos hacer una visita a esta ciudad de más de un millón de habitantes que, a pesar de no ser la capital, tiene una importancia vital para el país. Cerca de la gran ciudad se pueden encontrar playas fantásticas y la costa del norte de Auckland es uno de los lugares de veraneo preferidos por los habitantes de la zona.
Llegando a Auckland te das cuenta que la relación con el mar es importante para los neozelandeses. Desde el embarcadero puedes conseguir billetes de ferry para ir a visitar islas próximas (la compañía Fullers ofrece viajes a la isla Rangitoto, Waikeke... y los precios oscilan sobre los 40 NZ$ por persona), hay gran cantidad de veleros... la ciudad se articula alrededor del mar. El barrio marítimo es uno de los lugares por dónde pasear, con algunos edificios destacados del siglo XIX.
Nosotros nos adentramos en la ciudad andando por calles muy anchas con fuertes subidas y bajadas hasta que encontramos la Skytower (que se ve desde cualquier sitio) de 328 metros de altura (considerada la más alta del hemisferio sur) que nos ofrecerá vistas espectaculares de toda la ciudad. Es una forma de tomar un primer contacto para los que no quieren dedicar mucho tiempo a visitar la ciudad, ya que desde arriba tienes una vista de 360º sobre la ciudad y se pueden ver las islas del golfo de Hauraki. Está abierta a partir de las 8:30am hasta última hora de la tarde y vale 4 NZ$. Si queréis empezar con un bautizo de adrenalina os podéis tirar desde la torre, a una altura de 192 metros, atados por los pies (Sky Jump).
Tras la visita y utilizando el Auckland Pass (autobús) fuimos al parque Domain. Es uno de los muchos parques que hay en la ciudad y que están construidos en algunos de los 14 conos volcánicos que hay en el centro. Este es uno de los parques más antiguos y se extiende sobre una amplia zona. Es muy agradable y placentero pasear entre árboles centenarios. Puedes encontrar fácilmente campos de deportes con familias jugando a rugby y disfrutando del día. Dentro del parque se encuentra el Auckland Museum, construido en 1929 y de diseño clásico. El exterior no es ninguna maravilla, pero lo que contiene sí que merece una buena visita porque os permitirá un primer contacto con la cultura maorí. Podemos encontrar utensilios de las islas del Pacífico y tesoros maorís (incluida una waka o canoa y un templo maorí fantásticamente tallado). Recomendamos la visita a esta zona (planta baja) para entender el origen de los primeros habitantes llegados de las islas del Pacífico. Abren de 10am a 5pm y la entrada es un donativo de 3 NZ$. También debemos destacar la sala de historia natural (primera planta) para ir entendiendo las características que nos esperan a lo largo del viaje.
Si tenéis más días para dedicar a Auckland hay muchas posibilidades de ocio y visitas próximas a la ciudad como por ejemplo el Antartic World, las islas próximas...
Seguimos paseando por la ciudad hasta Victoria Market y volvemos a la zona de aparcamiento de Devonport donde hemos dejado la autocaravana por la mañana. Aún nos queda alguna hora de luz y aprovechamos para hacer camino por la carretera nº 1 dirección norte, hacia Paihia. Adelantamos hasta que anochece (las fuerzas ya flaquean por el jet lag) y decidimos acampar en la Ruakaka Reserve Board (8 NZ$) (hay diferentes opciones durante el camino).
Cuando nos levantamos descubrimos que estamos en un estuario rodeados de conejos (como Teletubilandia!!) con un paisaje sobrecojedor.
Seguimos la ruta hacia Paihia. No vamos al ritmo previsto porque aún nos estamos adaptando al cambio horario, pero no tenemos prisa. Nos adentramos en la zona llamada Portland y decidimos pasar por una scenic route que nos ofrece playas y costas recortadas. El asfalto es muy bueno y la conducción agradable. Llegamos a mediodía a Paihia, la bahía de las islas, tras haber hecho muchas paradas para contemplar la costa cálida del océano Pacífico con la Tempiro Bay, la Waipiro Bay... En esta zona se pueden encontrar algunos restos de pa o construcciones maorís, ya que esta fue una zona maorí dónde se estableció el primer contacto con los europeos.
Una vez en Paihia el crucero por las islas es muy recomendable. Hay diferentes tipos de crucero (con más o menos emociones y recorrido). Una duración de tres horas te permite ver una cantidad increíble de pequeñas islas, llegar al Hole in the Rock, visitar el faro de Capo Brett y ver delfines saltando en su medio. También se puede escoger una opción para bañarse con los delfines.
Tras la visita nos desplazamos de camino hacia Kaitaia y dormimos junto al comienzo de la Ninety Mile Beach. Al día siguiente queremos recorrer la playa hasta llegar al Cape Reinga, pero los vehículos de alquiler no tienen permitido el acceso por las variaciones de la marea, la inestabilidad de la arena... Hay diferentes compañías que ofrecen el aliciente de recorrer la playa en un autobús sobre el agua. En el camping The Park Ninety Mile Beach (12 NZ$) nos recomiendan el servicio local de un maorí del pueblo y ellos mismos nos hacen la reserva para el día siguiente por la mañana con la compañía Harrisons Cape Runner. Hay otras compañías como Sand Safaris, Dune Rider, o Fullers.
Antes de que nos recoja el autobús vamos andando desde el camping a la playa Ninety Mile Beach (la más larga del país) para ver la salida del sol tras las dunas, que pueden llegar a los 143 metros de altura. Vamos con el pijama, el anorak y botas, y no encontramos nadie en el corto camino que recorremos. Decidimos probar la gélida agua del mar de Tasmania remojándonos más de lo que inicialmente pensábamos. Estamos mucho rato paseando y recogiendo pechinas gigantes de tonalidades azules y marrones. La playaces inmensa y debemos andar mucho hacia adentro para nuestro bautizo en el mar de Tasmania. Antes de que se nos haga tarde nos duchamos y desayunamos.
Nos recoge el autobús a las 9 de la mañana en la recepción del camping. El coste de la excursión de todo un día es de 40 NZ$ e incluye la comida-picnic. Empezamos el recorrido conduciendo por la playa en dirección norte. Junto a la playa podemos ver el bosque de Te Aupori con la vegetación típica de la zona. El conductor se pasa el trayecto cantando canciones maorís y el recorrido en un día espectacular transcurre tranquilo hasta que llegamos a la zona de Te Paki. Nos adentramos a través de un río al interior de la península y allá nos ofrece las tablas de surf para deslizarnos por las dunas (algo de adrenalina no va mal, ¿verdad?). Visitamos Cape Reinga prácticamente solos. Este lugar tiene una importancia especial para los maorís, que lo llaman mundo subterráneo y que hace referencia a la creencia que desde este lugar es dónde los espíritus de los muertos emprenden su viaje hacia Hawaiki. Desde el faro hay una vista espectacular de las playas y se ve el Columbia Bank, lugar de unión entre el océano Pacífico y el mar de Tasmania.
Comemos en la playa de Tapotupotu Bay y continuamos el camino entre zonas que combinan las dunas, los prados y los bosques volviendo al lugar de inicio por la parte este del istmo. Paramos en la playa de Rarawa, donde hay una arena silícica muy fina y encontramos unos caracoles transparentes fantásticos. Llegamos a media tarde al camping y como que aún es claro decidimos seguir adelantando en nuestra ruta.
Emprendemos la carretera nº 12 cruzando el Hokianga Harbour en ferry desde Kohukohu a Rawene (24 NZ$) para llegar al bosque de Waipoua, zona dónde visitaremos los kauris. Dormimos junto a la carretera en medio de la zona ocupada por el bosque de kauris.
Al día siguiente por la mañana nos levantamos y ya estamos a cinco minutos de dónde empieza el corto paseo para visitar el Tane Mahuta o "dios del bosque" de 51 metros de altura y perímetro de 14 metros. Es un árbol kauri de más de 1.500 años. El paseo es muy corto sobre unas pasarelas de madera que protegen la vegetación. Dentro del bosque hay mucha humedad y pronto descubrimos que lo que al comienzo nos parecen palmeras resultan ser las famosas panga o helechos gigantes espectaculares. Por la zona se pueden ver otros kauris en diferentes paseos bien indicados y de tiempo fiable como por ejemplo las Four Sisters. Hay un centro de información próximo.
Continuamos el camino hasta las Waitomo Caves. Dejamos los bosques frondosos con estos árboles altos y firmes y nos adentramos en el corazón de la isla norte.
Llegando a Waitomo al atardecer dormimos cerca del lugar de visita de las cuevas, después de que los mismos propietarios del camping nos informen de las posibilidades de la visita.
Las cuevas de Waitomo deben su renombre a la existencia de las glowworm o luciérnagas. Se pueden visitar las cuevas de los Glowworm (con formaciones calcáreas y luciérnagas en el techo de un lago que se cruza en barca) y las de Aranui (espectaculares por las formaciones y situadas en un frondoso bosque). Deben visitarse con guía (primer turno a las 9 de la mañana) y se puede comprar una entrada conjunta de 35 NZ$ para las dos cuevas o 22 NZ$ cada una. La zona, con más de 45 km de cuevas, ofrece otros alicientes como hacer rafting por aguas negras de distintos niveles y duración, rapel por paredes verticales, ...
Tras la visita (dónde no se pueden hacer fotos con flash ni se puede filmar en Glowworm) emprendemos el camino hacia Rotorua. Nos desviamos hacia Matamata, que es desde dónde salen los tours para visitar Hobbiton, de la película El señor de los anillos. Tienen un horario establecido y lo que ofrece no es demasiado interesante ya que están todos los escenarios desmontados. Así, pues, continuamos nuestro camino hacia Rotorua.
La ciudad de Rotorua está estratégicamente situada en una zona volcánica con gran influencia maorí. Más de un tercio de la población son descendientes y es uno de los mejores lugares para poderse adentrar en las tradiciones de esta cultura. También se puede disfrutar de la experiencia de alojarse en una granja y participar de las actividades relacionadas con las ovejas. Por supuesto no debemos olvidar que uno de los mayores atractivos son las zonas termales con una gran cantidad de fenómenos diversos.
Sólo llegar a Rotorua nos encontramos con el parque Kuirau dentro la ciudad y empezamos a ver fumarolas por todas partes. También salen vapores de las cloacas y el intenso olor a azufre lo invade todo. Comemos algo en las mesas que hay en este parque público, lleno de lodos burbujeando, fumarolas... que contrastan con el verde de la hierba. Realizamos la visita maravillados... y esto es sólo un parque público de acceso libre!!
Subimos al monte Ngongotaha para tener una visión de la ciudad y su lago al atardecer y después decidimos solicitar información para los espectáculos maorís y el Polinesian Spa en el centro de información.
Al atardecer nos relajamos en este centro termal dónde se pueden alquilar piscinas privadas (de una a seis personas) con aguas sulfurosas que hacen nuestras delicias. Muy recomendable para relajarse tras unos días de viaje. Se pueden adquirir lodos de la zona en la misma tienda del centro. Abierto de 6:30 hasta 23h y se puede disfrutar de las piscinas exteriores ricas en radio a temperaturas de 33º a 43ºC o de las privadas dónde se puede regular la entrada de agua caliente al gusto.
Cuando salimos vamos a buscar el hotel Millennium, que es dónde hemos contratado el espectáculo. Quisimos huir de las turistadas y escogimos una opción más tranquila y económica, pero no vale mucho la pena. La cena no es típica y el espectáculo resulta pobre. Hay muchas opciones y las podéis consultar en el centro de información de la población. La opción más conocida es el Tamaki Maori Village, que ofrece la reconstrucción de un antiguo poblado, comida típica y disfrutar de las danzas.
Dentro la ciudad podemos encontrar el área termal de Whakarewarewa que incluye la reproducción de un poblado maorí, un instituto de artesanía y la zona termal con géisers, como el Pohutu, de 30 metros de altura.
Dormimos en las afueras de la ciudad de camino a Wai-o-Tapu, la primera de nuestras visitas del día siguiente.
Otra opción para los amantes del vulcanismo se encuentra partiendo de la ciudad de Rotorua y tomando la carretera 30 dirección nordeste hasta Whakatane, donde se puede visitar la White Island en helicóptero y aterrizar en ella. Esta isla es un volcán permanentemente activo que ofrece fumarolas y formaciones espectaculares, aunque el billete es caro.
Dedicamos el día a explorar algunos de los centros termales próximos a la ciudad. La oferta es muy amplia y se puede dedicar todo un día entero para disfrutar. Se ofrecen diferentes packs de ahorro según las preferencias. Hay un ticket combinado de Wai-o-tapu Thermal Wonderland y el Waimangu Volcanic Valley que vale 36'50 NZ$.
Wai-o-tapu es el área termal más colorista y diversa del país que se encuentra 27 km al sur de Rotorua. Es una amplia zona termal en la que se pueden visitar cráteres hundidos, piscinas de agua y lodo, fumarolas de vapor... y el Lady Knox Geyser de 20 metros de altura que se activa a las 10:15 puntualmente (lo estimulan con jabón).
Hay tres posibles recorridos de 30', 45' y 75', pese a que nosotros dedicamos más de 4 horas sin cansarnos de admirar los colores y las formaciones. Algunos ejemplos son la Champagne pool (piscina de 60 m. de diámetro a 70º, llena de burbujitas y de color verde y naranja), Artist's Palette (terraza silícica que cambia de color según el nivel del agua), Primrose Terrace (terraza de cuarzo blanco y amarillo), Devil's Bath (cráter lleno de agua de color verde intenso por el arsénico que contiene)... Es una visita indispensable para hacerse una idea de la zona volcánica de Taupo.
La zona hidrotermal de Waimangu se creó como consecuencia de la acción del volcán Tarawera. Es más abrupta y salvaje que Wai-o-tapu y el paseo de hora y media sigue el curso del río y todos los fenómenos próximos a él: terrazas silícicas, pequeños surtidores, el lago Frying Pan, el cráter del Inferno (que forma un lago con temperaturas de 80ºC que sube y baja de nivel en un ciclo de 38 días)... Un autobús gratuito pasa por diferentes puntos del recorrido y vuelve al punto de origen. A la entrada dan suficiente información.
En esta zona estaban las llamadas Pink and White Terraces que fueron destruidas en el año 1886 durante la erupción del volcán Tarawera y de 1900 a 1904 por el géiser Waimangu de 400 metros de altura. El paisaje es muy abrupto.
Tras el interesante recorrido iniciamos el camino hacia el parque nacional del Tongariro. Llegamos al atardecer y dormimos en una zona de acampada al pie de los volcanes de este parque. Es una zona de acampada libre con los servicios mínimos. Dejamos el coste simbólico dentro un sobre en un buzón.
El parque nacional de Tongariro es un lugar fantástico para admirar paisajes volcánicos y hacer actividades al aire libre. Desde cualquier punto la visión de los tres volcanes principales nevados, el Ruapehu de 2.797 m., el Ngauruhoe de 2.291 m. y el Tongariro de 1.968 m., te transportan a tierras primitivas. Fue declarado patrimonio de la humanidad por su valor natural en 1990 y cultural en 1993. Hay rutas de 4 ó 5 días, zonas de esquí... pero si sólo se dispone de un día se recomienda hacer la Tongariro Crossing (según los neozelandeses es el mejor trekking de un día de todo el país).
Nos levantamos muy temprano y descubrimos las siluetas de los tres volcanes nevados delante nuestro. El día se presenta frío pero claro. Decidimos realizar la caminata del Tongariro Crossing: esta se inicia en Mangatepopo y acaba en Ketetahi. Nosotros la hicimos hasta los lagos Esmeralda y volvimos atrás hasta la autocaravana. Si se quiere realizar la vuelta completa debemos contratar el servicio de un transporte que te devuelva a Ketetahi, en su punto de origen. El camino está muy bien señalizado y no hay pérdida. Muchas zonas tienen pasarelas de madera para no malograr la delicada vegetación. Hay una primera parte suave que cruza los campos de lava del Ngauruhoe y el espectáculo es fantástico según avanza el día. Estos paisajes corresponden a algunas escenas de Mordor del Señor de los Anillos. Andamos prácticamente solos por esta tierra inhóspita. Encontramos algunos saltos de agua que invitan al baño si no fuera porque vamos con anoraks y gorro. Pronto entramos en calor cuando debemos superar una larga subida llena de piedras volcánicas. La vista desde arriba vale la pena ya que tenemos enfrente todo el valle. Seguimos ascendiendo hasta llegar al cráter sur. Ahora ya andamos sobre nieve y hay gente que ya se ha puesto crampones. Nosotros vamos bien con las chirucas, aunque sabemos que deberemos bajar de culo. Cruzar la llanura del cráter sur del Tongariro, entre los dos volcanes, es fantástico y otra vez nos toca subir hasta llegar al cráter rojo. Arriba hay poca nieve debido a la temperatura y las emanaciones del suelo. Las chimeneas y los colores rojizos que se ven desde la cumbre justifican el esfuerzo realizado. Desde aquí se ven los lagos esmeraldas de un verde intenso, si no es que están helados!. Nosotros volvimos atrás sobre nuestros pasos y el paisaje adquirió otra dimensión. Si se quiere continuar el camino entonces este desciende bordeando el lago Esmeralda y con vistas al lago Taupo. En Ketetahi hay un refugio.
Volviendo a la caravana comemos algo, pensando en la mañana vivida de paisajes únicos. Una vez recuperados emprendemos el camino hacia Wellington para tomar el primer ferry disponible y cruzar el estrecho de Cook hasta la isla sur. Realizamos algunas llamadas para reservar el ferry para el día siguiente a primera hora y nos informan que ha uno por la noche. Nos animamos y reservamos plaza por teléfono (no hay descuentos ni por familia, carné de estudiante...). Tenemos que estar en Wellington antes de las nueve y esto quiere decir conducir sin cesar hasta llegar, ya que hay 380 km de distancia. Llegamos antes de tiempo y enseguida encontramos el muelle gracias a las muy buenas indicaciones. Embarcamos la autocaravana en la bodega y nos vamos al piso de arriba. A las 9:15 zarpamos, pero ninguno de nosotros lo llega a ver cansados como estamos de todo el día. Nos despertamos cuando llegamos al puerto de Picton pasada la medianoche. Salimos del puerto y acampamos en el Parkland marina (10 NZ$). Ya estamos en la isla sur.
La isla norte nos ha sorprendido por su vegetación: desde prados de verdes intensos a nivel del mar hasta los bosques de kauris o los helechos jurásicos gigantes. Las zonas volcánicas nos han ofrecido espectáculos únicos y variados con colores difíciles de describir. El contacto con la cultura maorí nos ha transportado a un pasado rico y exótico.
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