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Marruecos, el Al-Maghreb al-Aqsa de los antiguos árabes (significa más o menos "la tierra más lejana del sol poniente"), ha sido tradicionalmente para muchos viajeros la primera experiencia africana, musulmana y fuera del mundo desarrollado, a la búsqueda de aventura y exotismo. Quizás la razón se deba en buena parte a su situación geográfica, la cual ha hecho de este país el puente y puerta de entrada natural entre Europa y África.
Si combinamos su riqueza cultural y arquitectónica, fruto de muchos siglos de grandes civilizaciones, y su variedad geográfica y de paisajes obtenemos un país con muchas cosas a ofrecer al viajero con ganas de explorar sus rincones: ruinas romanas, ciudades medievales, kasbah bereberes, monumentos islámicos, trekkings por las montañas del Rif o el Atlas, rutas por el desierto, playas de arena, o esquí en las cumbres nevadas del Alto Atlas.
Debido a la corta duración de nuestro viaje a Marruecos nos vimos obligados a definir muy bien la ruta a seguir. El eje principal de este viaje lo constituyen las Ciudades Imperiales, completadas con otros interesantísimos lugares. Pero como ya hemos dicho anteriormente, este país da para mucho más ... Por último, no podemos dejar de mencionar aquí una de las frases favoritas del pueblo marroquí: la prisa mata, muy aplicable a nuestro estilo de vida actual.
Del 20 de junio al 2 de julio de 2003
La moneda marroquí es el dirham (pronunciado diram y abreviado Dh). No hay absolutamente ningún problema al cambiar euros y, en muchos lugares se admite pagar directamente con ellos. Aún así nosotros somos partidarios siempre de cambiar moneda local, especialmente para pagar pequeñas cantidades del día a día. Las diferencias en el cambio aplicado entre un banco y otro son prácticamente nulas, pero si se dispone de tiempo no está de más mirar un par o tres o de cambios. Aunque quizás puede ser conveniente preguntar antes de cambiar nosotros no encontramos ningún lugar que nos aplicara comisión por el cambio. En verano los bancos hacen horario intensivo y cierran antes de las 15 h. Si se necesita cambiar dinero fuera del horario comercial de los bancos, suele existir el recurso de cambiar en oficinas bancarias en ciertos hoteles de lujo (como el Hyatt Regency de Casablanca) o también en oficinas especiales de cambio (por ejemplo la del Banque Populaire en la plaza Uta el-Hammam de Chefchauen).
En caso de sobrar dirhams al final del viaje se pueden descambiar en cualquier banco o en el mismo aeropuerto, pero deberemos conservar el recibo o recibos de cambio previos realizados. Es importante saber que al final del viaje no deben pagarse tasas de aeropuerto al abandonar el país, ya que están incluídas en el propio billete de avión y se pagan de forma conjunta con éste.
Cambio medio:: 1 Dh (dirham marroquí) = 0'0938 Eur (1 Eur = 10'6568 Dh)
+ 386'45 € (vuelo BCN-Casablanca-Marrakech + vuelo Fez-Casablanca-BCN + tasas)
+ 241'79 € (transporte, alojamiento, comida/bebida, entradas, ...)
= 628'24 € (total por persona)
Presupuesto diario medio:: 20'15 € por persona y día
Es suficiente con el pasaporte, con una validez mínima de seis meses. La estancia máxima legal permitida es de tres meses. En caso de superar este plazo será necesario dirigirse a la policía.
No hay ninguna vacuna obligatoria y ni siquiera recomendable. Pero en prevención de desarreglos intestinales se recomienda llevar pastillas anti-diarreicas en nuestro botiquín de viaje.
Pese a los recientes atentados con bomba en la ciudad de Casablanca (mayo 2003), nuestra experiencia personal nos permite afirmar que la seguridad para el viajero es muy buena. Exceptuando los numerosos controles policiales en las carreteras y el hecho de que las consignas de las estaciones ahora no admiten equipaje, lo cierto es que ahora es un buen momento para visitar Marruecos, ya que hay bastante menos turismo del habitual y ésto se ve enseguida en los niveles de ocupación y precios de los hoteles.
Si hay un aspecto molesto para el turismo individual éste es el de los falsos guías y comisionistas en las medinas, sobre todo en las ciudades de Fez y Meknès. El acoso, especialmente por parte de los niños, puede llegar a extremos muy desagradables (hasta el extremo de llamar racista al viajero si éste rechaza sus servicios). Es conveniente no perder la calma. En numerosas ocasiones son marroquíes adultos, testigos de la situación, los que reprenden a los acosadores hasta hacerlos desistir de su actitud. Llegados a este punto, queremos dejar muy claro que esta minoría de personas molestas no debe empañar ni mucho menos nuestra imagen real de hospitalidad y amabilidad de la inmensa mayoría del pueblo marroquí. De todos modos cada uno es libre de contratar al guía que le parezca conveniente, cuando y donde quiera. Nosotros sólo utilizamos los servicios de guías cuando era obligado (como por ejemplo en la visita a la mezquita Hassan II de Casablanca), ya que personalmente preferimos siempre ir a nuestro aire.
Otro tipo de acoso al viajero, de menos intensidad que el anterior, aunque quizás más peligroso, es el que se da en el área de Chefchauen por parte de traficantes de hachís con el objetivo de venderlo al viajero. Aunque en Marruecos no es ilegal el consumo, sí lo es la tenencia de cantidades que sobrepasen el consumo personal.
Avión. Es una opción para ganar un poco de tiempo tomando algunos vuelos interiores. Pueden salir bien de precio si se compran conjuntamente con el vuelo internacional de ida y vuelta de Royal Air Maroc (siempre vía Casablanca).
Tren. Personalmente pensamos que es la mejor forma de moverse entre ciudades adónde llega el ferrocarril. Es muy cómodo (tiene aire acondicionado), eficiente, puntual y relativamente rápido. Además las estaciones de tren están en puntos centrales de las ciudades. Hay primera y segunda clase, pero esta última es más barata y casi tan cómoda como la otra. Los billetes se pueden comprar justo antes de subir al tren (no hay reserva). Se pueden consultar los trayectos, horarios y precios en la práctica web de los ferrocarriles marroquís (ONCF).
Autobús. Donde no llega el tren siempre queda la opción del autobús. En algunos casos la terminal de autobuses está alejada del centro. Además los autobuses pueden ser bastante inpuntuales tanto en la salida como en la llegada (situación agravada por los actuales controles policiales en las carreteras). El nivel de comodidad no es demasiado bueno, ya que las plazas del autobús suelen ser apretadas. Y si hace calor el interior del autobús se convierte en un horno en cada parada que realiza. De todos modos la principal compañía y la que ofrece mejor servicio es CTM, disponiendo de vehículos climatizados.
En las fechas de nuestro viaje disfrutamos de unos días completamente soleados. A pleno sol la sensación de calor es fuerte, pero a la sombra o cuando se pone el sol se vuelve muy agradable, debido a la sequedad del ambiente. Fez fue la ciudad dónde más calor padecimos, mientras que Rabat fue la de climatología más agradable.
Diariamente, de 7 de la tarde a 9 de la noche aproximadamente, coincidiendo con la hora en que cae el sol y disminuye el calor, las calles, jardines y terrazas en el exterior de lo bares de cualquier ciudad marroquí se ven literalmente invadidas por una multitud de población local, niños y adultos, que disfrutan de la buena temperatura, del paseo y de la conversación. Nosotros la bautizamos como la happy hour marroquí.
La gastronomía marroquí es una de las más variadas del mundo árabe. Ni que decir tiene que el cuscús es el plato nacional y se puede encontrar prácticamente en cualquier lugar. Se trata de un guiso de verduras, legumbres, pasas y carne de pollo, vaca o cordero, adobado con canela y sémola, y cocido al vapor. También es muy popular el tajine (carne de cordero, buey o pescado, asada en una cazuela de barro con verduras, legumbres, almendras, y ciruelas, adobado con canela o azafrán) o los pinchos morunos o brochetas. La repostería, como corresponde por lo general a los países árabes, es muy variada y gustosa. Para desayunar se pueden encontrar croissants sin problema. El té a la menta es la bebida nacional ya que el alcohol está prohibido. En todas partes se encuentra agua embotellada y Coca-cola.
- 2 horas (durante nuestro horario de verano).
El árabe es la lengua oficial de Marruecos. Aprender unas cuantas palabras de árabe e incluso de algunos de los dialectos bereberes facilita el contacto con la población local. Además nuestro esfuerzo será sinceramente apreciado ya que les demuestra una mayor integración en su cultura. Pero, en cualquier caso, está bien saber que el francés es conocido prácticamente por buena parte de la población en mayor o menor grado. En alguna zona, como por ejemplo Chauen, también se puede utilizar el castellano, puesto que lo entiende y habla bastante gente.
Morocco, Lonely Planet (6ª ed. Febrero 2003). Muy completa y práctica, y también bastante exacta en los precios por el hecho de ser una edición tan reciente.
Marruecos. Puerta de Oriente Revista Altaïr nº 18 (Enero 1995)
Al encuentro de Marraquech de Elías Canetti (Editorial Pre-Textos). En el viaje al Marruecos que se narra en este libro, corre el año 1954, el escritor se sumerge en el ambiente de los barrios más coloristas y ruidosos de Marrakech. Recorre los mercados y se fija en todos los detalles de los personajes que pueblan esta fascinante ciudad.
Vuelo Barcelona-Casablanca de Royal Air Maroc (1 hora y 40 minutos). A continuación un vuelo doméstico Casablanca-Marrakech, de la misma compañía y desde el mismo aeropuerto Mohammed V de Casablanca. La duración de este vuelo es de sólo 25 minutos.
En la terminal de llegadas hay una pequeña oficina del Banque Populaire dónde se puede cambiar dinero. El cambio aplicado aquí es tanto o más bueno que el obtenido en los bancos de la ciudad.
El aeropuerto de Marrakech se encuentra en unos 7 km de la céntrica plaza Djemaa el-Fna. Según la guía Lonely Planet el autobús nº 11 hace este trayecto, aunque de forma esporádica. Si al salir al aparcamiento exterior no lo veis entonces la opción es coger uno de los taxis estacionados aquí. En un gran cartel se muestran los precios "oficiales" del taxi según el destino, además de un aviso indicando que sobre esta tarifa se aplica un recargo del 50% en caso de horario nocturno, aunque es una incógnita saber en qué horas empieza y acaba éste (pero posiblemente, e independientemente de la hora de llegada, siempre os querrán aplicar el "horario nocturno"). De todos modos el precio final a pagar es regateable. Un precio "justo" para un taxi a Djemaa el-Fna no debería pasar de los 60 Dh. A partir de una cierta hora por la tarde se prohíbe el acceso de los coches a la plaza y el taxi os deberá dejar en uno de las calles adyacentes.
Hôtel Souria (17 rue de la Recette. Tel: 044 - 426757/445970). A sólo 250 m. de la plaza Djemaa el-Fna, se trata de un bonito hotel familiar con patio central y terraza. La habitación doble con cama grande, y lavabo y ducha exteriores cuesta 120 Dh (la ducha es de agua fría y si se quiere de agua caliente deben pagarse 10 Dh adicionales, pero en esta época del año no es realmente necesaria). Si están libres recomendamos pedir por una de las 2 habitaciones que hay en la terraza, ya que son más tranquilas y aireadas. Es un hotel sencillo, pero muy bonito y limpio, y justo al lado del caro Hôtel Gallia (350 Dh una habitación doble con baño y desayuno). También fuimos al popular Hôtel Ali (170 Dh la habitación con baño privado y una estupenda terraza que da al parque de la Place de Foucauld), pero encontramos que era muy ruidoso y además el calor en la habitación era insoportable (tiene aire acondicionado pero sólo funciona en los meses de julio y agosto). Un viajero nos recomendó el nuevo Hôtel Belleville, en Riad Zaitoune Lakdime 194 (Tel. 044.426481). Todos los hoteles mencionados (y muchos otros) se encuentran dentro de la medina, muy cerca de la famosa plaza. Creemos que esta zona es conveniente por su proximidad a la mayoría de puntos de interés, sobre todo de la propia plaza, pero debe tenerse en cuenta si la zona del hotel puede ser ruidosa o no por la noche a la hora de escoger entre uno u otro.
Para empezar bien el día recomendamos el desayuno del Snack Sahara, en la calle Bab Agnaou. Un zumo de naranja, una crêpe o pasta, pan con mantequilla y mermelada y un café o té cuestan 18 Dh. Un buen lugar para cenar es el restaurante-pastelería Mabrouka, enfrente del anterior. Tiene una buena carta y desde su terraza hay una buena vista de esta calle tan concurrida. Contiguo al palacio el-Badi recomendamos el Café el-Badia, con una terraza con excelentes vistas del palacio y alrededores. Pero en cualquier caso debe probarse la experiencia única de cenar en alguno de los muchos chiringuitos de la plaza Djemaa el-Fna. En la parte nueva de la ciudad recomendamos el Snack Fener, en el nº 72 de la Av. Mohammed V, con buena comida a precios moderados.
Marrakech es seguramente la gran metrópoli bereber, el centro dónde confluye la gente del Alto y Medio Atlas. Su rico pasado histórico ha quedado reflejado en múltiples monumentos, haciendo de Marrakech la ciudad del Maghreb con más encanto para el viajero. La ciudad está en realidad formada por dos núcleos, la medina o ciudad vieja, y la ville nouvelle o ciudad nueva, más o menos de las mismas dimensiones.
Medina de Marrakech (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985).
La plaza Djemaa el-Fna es, sin duda, el corazón y lugar más destacable, no solamente de la medina o ciudad vieja sino de todo Marrakech. Esta enorme plaza permite todavía hoy hacerse una idea muy exacta de lo que fueron las plazas en la época medieval, un lugar de encuentro para todo el mundo. Durante todo el día se puede encontrar prácticamente de todo: tenderetes de zumo de naranja natural (con un montón de naranjas perfectamente apiladas), de frutas, de bisutería, de dentaduras, de recuerdos, de cestas de mimbre, de pasteles, de curanderos, o de escritores de cartas por encargo. Pero también hay músicos de gnaoua (música tradicional de raíces subsaharianas, pero con claras influencias bereberes y árabes), acróbatas, encantadores de serpientes, bailarines o contadores de cuentos. Todo ello es un espectáculo para los sentidos, de una indudable belleza plástica. De todos modos, es al caer la tarde cuando la plaza llega a su máximo esplendor, ya que buena parte de su superficie se llena de tenderetes de comida, fogones, luces, y sobre todo mucha gente. Vale la pena dejarse llevar por los olores y recorrer la plaza sin rumbo fijo, escuchando las ofertas de los responsables de estos improvisados restaurantes. Al final sólo es necesario escoger uno de ellos, sentarse en uno de los bancos que rodean los fogones y disfrutar de la comida. Tras cenar se puede tomar un buen té a la menta en cualquiera de las terrazas con vistas sobre la plaza. Quizás la que ofrece la mejor vista sobre la plaza es la terraza del Café Glacier (hay una consumición mínima de 8 Dh para acceder a la terraza). En fin, pudríamos decir muchas cosas más de esta fascinante plaza, pero lo mejor es vivirla in situ uno mismo.
Medersa Ali ben Youssef. Construída en el s. XVI por los saadianos es la escuela teológica más grande de todo el Maghreb y ciertamente es uno de los monumentos más importantes de Marrakech. Aunque ahora está parcialmente en restauración debemos decir que el conjunto es muy bonito y armonioso, además de respirarse una absoluta tranquilidad en su interior, lejos del ajetreo de los zocos próximos. Además de ser más grande que el resto de medersas del país también tiene una estructura arquitectónica diferente, sintetizando todos los temas decorativos del arte arquitectónico de la época: madera de cedro, mármol de Carrara, zellij de varios colores y formas geométricas,... Es por tanto un lugar de visita obligada. La entrada cuesta 20 Dh y abre todos los días de 9 a 18 h. Para llegar hasta la medersa se puede tomar la calle Souq Smarrine, al noroeste de la plaza Djemaa el-Fna, y seguirla en dirección norte. Las calles son laberínticas, pero con un cierto sentido de la orientación y/o un mapa (por ejemplo el de la guía Lonely Planet) no será difícil llegar a la medersa sin precisar de los servicios de un guía. Si nos perdemos siempre queda el recurso de preguntar por la medersa y amablemente seremos reorientados. Por el camino encontramos qissarias (mercados cubiertos) y los diferentes zocos: de alfombras, de joyas, de babuchas, de pieles, etc. Antes de llegar a la medersa propiamente dicha encontramos la mezquita Ali ben Youssef, la más grande y antigua de la medina. Esta mezquita no se puede visitar, pero en la misma zona sí es posible entrar al Koubba Ba'adiyn o al museo de Marrakech.
Mezquita de Koutoubia. Esta mezquita, como la mayoría en Marruecos, está cerrada a los no musulmanes, pero lo realmente destacable de esta mezquita es su minarete, auténtico símbolo del perfil de esta ciudad. Tiene una altura de 70 metros y se ve desde muchos sitios. Se dice que es la torre gemela de la Giralda de Sevilla y efectivamente su parecido es evidente. Fue construída en el s. XII por los almohades con un estilo arquitectónico típico marroquí-andalusí. Este minarete es muy bonito, especialmente cuando se ilumina al caer el sol, y además es un placer pasear por los jardines y explanadas que lo rodean. Está a unos 300 m. al sudeste de la plaza Djemaa el-Fna.
Tumbas saadianas. Este mausoleo fue empezado a construir por el sultán saadiano Ahmed al-Mansour a finales del s. XVI y consta en realidad de dos edificios separados. La pequeña sala central del primero de ellos es la más espectacular de todas (es dónde está enterrado el propio sultán), con un techo de madera de cedro soportado por 12 columnas de mármol de Carrara. La decoración de las paredes es una auténtica filigrana. En el otro edificio está la tumba de la madre del sultán. Además hay un pequeño jardín dónde uno puede sentarse un rato y contemplar el conjunto. La entrada cuesta 10 Dh y está abierto cada día de 8:45 a 11:45 y de 14:30 a 17:45 h. Dado que el lugar es pequeño recomendamos evitar las horas centrales de la mañana o la tarde para no encontrarnos con los grupos organizados y estar más tranquilos. Estas tumbas se encuentran junto a la mezquita de la Kasbah, 1 km al sur de la plaza, bajando por la calle Oqba ben Nafaa (fijaos al otro lado de la calle en la bonita puerta Bab Agnaou).
Al salir de las tumbas saadianas y andando en dirección sur por pequeñas calles vamos cruzando la kasbah hasta salir por una de las puertas. Enfrente tenemos el jardín Agdal y al este el Gran Mechouar (explanada utilizada para reuniones reales y paradas militares junto al palacio). Esta es una bonita y tranquila zona. El Mechouar está en el lado sur del Dar el Makhzen o Palacio Real, no abierto al público.
Bordeando por el lado este al palacio real y la muralla de la kasbah se entra al Mellah, el antiguo barrio judío, un conjunto de pequeñas calles con un zoco, básicamente de orfebres y joyeros. En el extremo norte del barrio se encuentra la Place des Ferblantiers, pintoresca plaza dónde se reúnen numerosos forjadores que trabajan artísticamente el metal.
Palacio el-Badi. También construído por el sultán Ahmed al-Mansour (como las tumbas saadianas) a finales del s. XVI, se decía de este palacio que era uno de los más bonitos del mundo y por ésto recibía el apodo del incomparable. Hoy día sólo quedan algunos restos (una enorme plaza interior, unos muros semiderruídos y algún edificio adyacente), ya que fue expoliado un siglo después para obtener material de construcción. A pesar de todo creemos que vale la pena visitarlo. En una esquina del recinto hay una terraza elevada desde dónde hay una buena vista de los alrededores. Sobre los restos de los muros del antiguo palacio se pueden ver un gran número de nidos de cigüeña, el graznido de las cuales acompaña de forma sonora durante toda la visita. El palacio está situado unos 200 m. al oeste de la Place des Ferblantiers. La entrada al recinto cuesta 10 Dh.
Palacio de la Bahia. Fue construído a finales del s. XIX como residencia del Gran Visir. A la muerte de éste el palacio fue saqueado, pero hoy día ya se ha restaurado una buena parte y las obras todavía continúan. Sólo una parte del palacio es visitable porque el resto está en obras o bien en uso. Aunque arquitectónicamente las diferentes partes del palacio son muy heterogéneas la verdad es que el conjunto es muy bonito, además de poder disfrutar de un entorno tranquilo y agradable. Este palacio se encuentra unos 250 m. al nordeste del palacio el-Badi. La entrada cuesta 10 Dh y el horario es de 9 a 15 h (en las guías figura un horario distinto ya que éste ha cambiado en los últimos meses).
En la ruta de vuelta a la plaza Djemaa el-Fna por la calle Riad Zitoun el-Jedid se pasa por delante de un par de museos, la Maison Tiskiwin y Dar Si Saïd, un bonito edificio del s. XIX que ahora hospeda una importante colección de arte marroquí.
Ville nouvelle de Marrakech. La ciudad nueva está a unos 30 minutos andando desde la plaza Djemaa el-Fna. Claro que también se puede tomar un autobús urbano (actualmente gestionados por la compañía española ALSA) en la parada que hay en el lado sur de la Place de Foucauld. Cada trayecto cuesta 3 Dh. El autobús nº 8 nos resultó el más práctico, ya que pasa por la terminal de autobuses y la estación de tren, siguiendo la ruta: Av. Mohammed V, Av. des Nations Unies, Place du 16 Novembre y Av. Hassan II.
Esta parte de la ciudad no tiene mucho interés, aunque sí recomendamos un tranquilo paseo por la Av. Mohammed V (entre las plazas 16 de Noviembre y Abdel Moumen ben Ali), el Blvd. Mohammed Zerktouni o la Avda. Yacoub el-Mansour, dónde podremos ver bonitos cafés, y algunas interesantes casas de estilo colonial. Pero en cualquier caso no debéis perderos la visita al Jardin Majorelle, diseñado por el pintor francés Jacques Majorelle. Se trata de un jardín de cactus, bambú, buganvillas y muchas otras plantas que rodean un chalé de un color azul intenso, dónde vivió el pintor. Ahora este chalé hospeda el Museo de Arte Islámico. La entrada al jardín cuesta 20 Dh y 15 Dh adicionales si se quiere visitar también el museo. Este jardín está a unos 600 m. al norte de la terminal de autobuses (gare routière) Bab Doukkala.
Essaouira (pronunciado esauera y llamada anteriormente Mogador por los franceses), es una pequeña ciudad de la costa atlántica muy fotogénica, con una atmósfera muy relajada y bonitas playas hacia el sur. Es un lugar absolutamente recomendable para una excursión de un día desde Marrakech o bien para pasar unos cuántos días de relax. Las fortificaciones de la ciudad vieja son una mezcla de arquitectura militar portuguesa, francesa y bereber. Por otra parte, muchos artistas como pintores, escultores o escritores, principalmente europeos, han comprado propiedades en la medina, lo que ha propiciado la existencia de un cierto ambiente bohemio.
La medina (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001), junto con la kasbah y el mellah (barrio judío) forman la antigua ciudad amurallada. Sin destacar nada en especial vale la pena andar por las calles de esta zona compacta y tranquila, dónde encontraréis estrechos pasajes, fachadas encaladas con puertas de color azul, cafés, tiendas de artesanía, etc. Al sur de la medina se encuentra a plaza Orson Welles, ajardinada y con un busto de este director de cine, en agradecimiento al hecho de que éste filmó en las murallas de la ciudad algunas de las espectaculares secuencias de la película Othello.
El puerto pesquero, situado al suroeste de la medina, es, sin duda, uno de los puntos interesantes de Essaouira, ofreciendo un grande número de imágenes pintorescas. Por tanto esta zona merece una visita reposada, rodeados por las gaviotas y el olor inconfundible de un puerto pesquero. Podréis ver multitud de pequeñas barcas de color azul, grandes barcos pesqueros, redes multicolores, construcción de barcos en los astilleros, tenderetes de venta de pescado (y que se puede cocinar y comer allí mismo), una buena vista sobre las playas al sur, etc. En la parte oeste de la entrada al puerto se encuentra la llamada Skala du Port, una pequeña zona fortificada desde dónde hay algunas vistas sobre el puerto y también sobre la cercana isla de Mogador (la entrada cuesta 10 Dh), mientras que en la parte este encontraréis la lonja del pescado, fácilmente localizable por el fuerte olor que desprende (de 15 a 17 h y cada día excepto domingo se lleva a cabo la subasta del pescado en este recinto).
La Skala de la Ville, situada en el extremo occidental de la medina, es una plataforma elevada sobre un muro con almenas que tenía la función de defender el puerto. Desde ella hay unas hay unas magníficas vistas hacia el mar. Tiene una longitud de unos 200 m. y está construída sobre unos escollos dónde rompen las aguas atlánticas. En esta plataforma hay una colección de cañones de metal macizo de los siglos XVIII y XIX.
Les Islas de Mogador (también conocidas como islas Purpurinas) son claramente visibles desde el puerto o desde la Skala de la Ville. No están habitadas y es visible sobre todo su antigua fortificación. Actualmente son una reserva ornitológica que sirve de refugio a los escasos halcones de Eleanora que quedan. En principio estas islas no se pueden visitar por el hecho de ser una reserva, pero son fácilmente visibles desde la orilla con binoculares.
Essaouira está unos 176 km al oeste de Marrakech y para ir tomamos un autobús que sale a las 8 de la mañana de la terminal de autobuses Bab Doukkala de Marrakech (Gare routière Bab Doukkala, tel. +212 (0) 24 433 933). El trayecto cuesta 32'5 Dh y recomendamos comprar el billete el día anterior para mayor seguridad, en la ventana nº 7 de la misma terminal. Tarda unas 3'5 horas en llegar a Essaouira (sin los actuales controles de policía serían unos 20 minutos menos). El autobús finaliza su recorrido en la estación de autobuses de Essaouira, a unos 500 m. de la puerta Bab Doukkala, al nordeste de la medina (se puede ir a pie en unos 15 minutos). El billete de vuelta a Marrakech se puede comprar en el mismo momento de la llegada a Essaouira si tenemos previsto el regreso para el mismo día. El autobús de vuelta es a las 17:30 h. (mismo precio y tiempo que a la ida). Las 6 horas de tiempo efectivo entre la ida y la vuelta son más que suficientes para visitar tranquilamente la ciudad.
El trayecto Marrakech-Rabat lo realizamos en tren en dos etapas, Marrakech-Casablanca y Casablanca-Rabat, con el objetivo de realizar una rápida visita a la ciudad de Casablanca..
De Marrakech a la estación Casa-Voyageurs de Casablanca hay 8 trenes diarios (el primero a las 5:15 h. y el último a las 21 h). Este trayecto cuesta 75'5 Dh en 2ª clase y el tren tarda 3 horas 15 minutos en recorrer los 238 km que separan las dos ciudades. Para ir a la estación de tren de Marrakech desde la zona de Djemaa el-Fna se puede tomar el autobús nº 8 en la Place de Foucauld, llegando en sólo 15 minutos. En la misma estación hay una cafetería dónde desayunar (10 Dh un café con leche y un croissant).
Desde la estación Casa Voyageurs de Casablanca a la de Rabat Ville hay como mínimo un tren cada hora (el primero a las 6:15 h y el último a las 00:15 h). El trayecto cuesta 29'5 Dh en 2ª clase y se emplea una hora. El tren es la mejor manera de llegar a Rabat porque la estación Rabat Ville es muy céntrica (id con cuidado para no bajar en la estación Rabat Agdal, la anterior a la de Rabat Ville).
El Hôtel Dorhmi (Av. Mohammed V, nº 313) está muy bien situado, a 50 m. de la entrada sur de la medina de Rabat. Las habitaciones están alrededor de un patio central y son básicas, pero están muy limpias. La habitación doble cuesta 120 Dh, con el baño y la ducha exteriores (cada ducha cuesta 10 Dh y es de agua caliente).
Para desayunar recomendamos la cafetería que hay justo en los bajos del hotel. El restaurante el-Bahia (Av. Hassan II, a sólo 50 m. de el Hôtel Dorhmi) es un lugar tranquilo, agradable y se come bien, aunque no es barato. En la calle al-Yamama (en el lado sur de la estación de tren) se encuentra el restaurante La Grillade, con precios muy económicos y una comida muy correcta. La terraza exterior del Hôtel Balima (a 150 m. de la Place des Alaouites, sobre la Av. Mohammed V) es un buen lugar para tomar una bebida en un ambiente fashion.
Casablanca, conocida más popularmente como Casa, no tiene nada a ver con la ciudad que todos tenemos en la cabeza gracias a la mítica película del mismo nombre. Casablanca, es la ciudad más grande y moderna de Marruecos, y su centro económico.
Nuestro único interés en esta corta visita a la ciudad era la gran mezquita Hassan II. Esta enorme construcción (es el tercer edificio religioso más grande del mundo), finalizada en el año 1993, está situada sobre una explanada en forma de península de 9 Ha, de las cuales 2/3 han estado ganadas al mar. Puede acoger hasta 25.000 fieles en su interior y su minarete, con 210 m. de altura, es el más alto del mundo. Toda la mezquita es de unas dimensiones, un lujo y una sofisticación descomunales, con detalles hi-tech como un techo que se abre de forma automatizada para dejar pasar el sol a su interior o un láser en la parte superior del minarete que por la noche lanza un haz de luz en dirección a La Meca. La verdad es que está diseñada con gusto y es espectacular, tanto por dentro como por fuera, pero nos queda la impresión, tal y como nos pasó al visitar el Vaticano (Roma), de que está fuera de lugar este hiperlujo en un edificio religioso (aunque ésta es nuestra opinión personal, claro!!). La mezquita se puede visitar cualquier día excepto viernes, a las 9:00, 10:00 11:00 y 14:00 h. La visita debe ser forzosamente guiada (a la entrada se organizan grupos según idioma), dura 1 hora y cuesta la módica cantidad de 100 Dh.
Para llegar a la mezquita desde la estación de tren Casa-Voyageurs se puede tomar el autobús nº 30 en la plaza que hay ante la estación. El trayecto cuesta 2'5 Dh. Bajamos del autobús en el Blvd. de Bordeaux, 1 km al sur de la mezquita. Zigzagueando por las calles al oeste de la medina es fácil llegar andando hasta la mezquita, ya que el minarete se ve desde cualquier lugar. Para volver a la estación de tren desde la mezquita tomamos el Blvd. Sour Jdid, entramos en la medina y siguiendo las calles por el lado oeste vamos a dar finalmente a la Place des Nations Unies. Aparte de algún edificio singular y algunos cafés no hay nada de especial en lo que vemos. Enfilamos el Blvd. Mohammed V y llegamos hasta la altura del mercado central. Al otro lado de calle se encuentra el interesante Hôtel Lincoln, una obra maestra del art deco construido en 1916 y que se encuentra en un estado ruinoso, a la espera de la decisión de si se derriba o se restaura. Junto al edificio hay una parada de autobuses dónde tomamos el nº 2 para volver de nuevo a Casa-Voyageurs. El trayecto cuesta 3 Dh y se recorre en menos de 10 minutos.
AVISO: Con motivo de los recientes atentados en Casablanca ahora no es posible dejar equipaje en la consigna de ninguna estación de la ciudad. Por tanto nos vimos obligados a cargar la mochila por el centro de la ciudad. Afortunadamente es posible dejar el equipaje a la entrada de la mezquita Hassan II durante la visita.
Rabat, a pesar de ser la capital de Marruecos, es una ciudad sorprendentemente tranquila, sin ningún tipo de acoso al visitante. Además es elegante, agradable y con un pasado muy rico. Por este motivo creemos que Rabat merece sobradamente una visita.
La medina de Rabat no es quizás tan interesante como la de Marrakech o Fez, pero vale la pena pasar por ella en nuestro camino a la kasbah des Oudaias. La ruta más recomendable se inicia ante el mercado municipal, al otro lado del Hôtel Dorhmi, y al doblar la esquina del hotel se toma la Rue Souika, la más interesante de la medina. Hasta llegar a la Gran Mezquita encontraréis especias, comida, y tiendas con todo tipo de productos. A partir de aquí y hasta la Rue des Consuls encontramos el Souq as-Sebbat, sobre todo con muchas joyerías. Al llegar a la Rue des Consuls tomamos la dirección norte, finalizando justo ante las murallas de la kasbah. En esta calle encontramos básicamente tiendas de alfombras, pieles, babuchas o utensilios de cobre.
Kasbah des Oudaias. Este bonito espacio se encuentra en un lugar elevado sobre el Atlántico y el estuario del río Bou Regreg. Antes de subir las escaleras que conducen a la entrada principal encontraréis a la derecha una pequeña entrada que conduce al Jardín Andaluz, trazado por los franceses en la era colonial. Es un lugar perfecto para descansar un rato. En el lado norte del jardín hay un palacio del s. XVII que ahora hospeda el Musée des Oudaia o museo de artes de Marruecos (la entrada cuesta 20 Dh). En el lado este hay otra puerta que conduce al Café Maure, un lugar extraordinario para beber o comer algo en un entorno precioso, tranquilo y fresco, y con una vista soberbia del estuario y de Salé (ciudad al otro lado del estuario). Volviendo de nuevo a las escaleras iniciales subimos hasta arriba y entramos por la enorme puerta Bab Oudaia, obra maestra construida por los almohades en el s. XII en piedra tallada. Una vez dentro de la kasbah vamos siguiendo la Rue Jamaa, la calle principal. Las calles y edificaciones que vamos viendo a lado y lado tienen un encanto especial. Por el camino podemos ver por fuera la mezquita más antigua de Rabat, del s. XII. Al final de la calle se llega a la Plataforme du Sémaphore, una especie de mirador con una vista excelente del océano, el estuario, Salé y algunas playas. Justo debajo de este mirador se puede ver la Torre de los Piratas. Desde aquí se puede volver atrás y salir de nuevo por Bab Oudaia o bien bajar por unas escaleras hacia la playa y el Café Maure.
Torre Hassan. Desde la kasbah, andando por el Blvd. Tariq al-Marsa que transcurre paralelo al estuario y subiendo a un pequeño cerro se llega a una preciosa zona ajardinada, tras la cual se encuentra esta famosa torre, símbolo de Rabat y perfectamente visible desde la kasbah y durante todo el camino hasta aquí. Debía ser la más grande y alta del mundo en la época de su construcción, a finales del s. XII, pero la obra se dejó a medias (aunque tiene una altura de 44 m). En realidad debía ser el minarete de una enorme mezquita adyacente que fue destruída por un terremoto en 1755 y de la que hoy sólo queda una explanada con columnas de mármol, aunque permiten hacerse una idea de la enormidad del conjunto. El estilo arquitectónico de la torre es similar al de la Koutoubia de Marrakech o la Giralda de Sevilla. Junto a la explanada se encuentra el Mausoleo de Mohammed V, atractiva construcción de estilo tradicional marroquí. La entrada es libre y se entra en una galería desde la que se ve en la parte inferior una sala abierta con las tumbas de Mohammed V y Hassan II, abuelo y padre respectivamente del actual rey de Marruecos. Desde el mausoleo hay una bonita panorámica en dirección a la torre Hassan.
Saliendo por la puerta este del recinto del mausoleo y andando unos 4 km por los boulevards Abi Radraq primero y Moussa ibn Nassair después (se trata de una zona de la ciudad muy tranquila y vigilada ya que aquí se concentran buena parte de embajadas y sedes oficiales, con algunas casas y edificios notables) se llega a la necrópolis de Chellah (pronunciado chel·lá). Se encuentra ya fuera de las murallas de la ciudad y fue construida en el s. XIII. Se trata de una zona encerrada por muros defensivos y en su interior se encuentran los restos de la antigua ciudad romana de Sala Colonia, un complejo islámico también en ruinas, y varias tumbas de santos. Prestad especial atención a la decoración exterior del minarete de la mezquita y también a la gran cantidad de nidos de cigüeñas sobre árboles y ruinas (en esta época de el año están ocupados por multitud de crías nacidas en la primavera y que no paran de graznar). Aunque no hay mucho a ver, el conjunto es bastante atractivo y muy poco visitado. La entrada cuesta 10 Dh y abre cada día de 8:30 a 17:30 h.
Volvemos andando desde la necrópolis al centro de la ciudad. Entramos de nuevo en las murallas de la ciudad por la puerta Bab Zaer y seguimos por la Av. Yacoub al-Mansour, para entrar a continuaciónen el mechouar, ya dentro de los límites del palacio real. Aquí todo son jardines muy bien cuidados, grandes avenidas peatonales con árboles, y edificios administrativos y militares. El edificio del palacio real propiamente dicho (construido en el s. XIX) se puede ver a una cierta distancia, ya que se encuentra en una zona restringida. Es muy agradable pasear por esta zona. Salimos del recinto por el lado norte a la Av. Moulay Hassan, desde dónde se puede ver a la izquierda la espectacular y característica puerta multiarco Bab ar-Rouah.
Así completamos esta ruta circular con inicio y final ante el mercado municipal en la Av. Mohammed V. Se trata de un itinerario agotador físicamente (realizado íntegramente a pie en un mismo día), pero que a nosotros nos resultó de lo más gratificante.
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