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MALI

- Relato de un viaje a Mali

(2007)
Antonio y Trini
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Viatgeaddictes, 18/06/2011
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Introducción

Mali es un país fantástico para viajar y aunque tampoco tiene excesivas cosas a ofrecer, las que tiene son aceptablemente accesibles. La entrada al país es realmente incómoda, pues la mayoría de vuelos llegan de madrugada a la capital de país más fea que hemos visto nunca. Bamako es sucia, desordenada, caótica y llegar a ciertas horas la hacen ver aún peor.

Pero sólo es una entrada, pues el resto del país es amable y fácil, acentuado por el hecho de que toda la población habla francés, por lo que, mucho o poco, te puedes entender con todos. La segunda cara, la que supongo no ven los tours organizados, o la ven desde sus potentes 4x4 climatizados, es la enorme cantidad de niños famélicos que se pelean por un trozo de pan que das cuando sales de un restaurante. Gran parte del año hace un calor insoportable, pero cuando nosotros estuvimos hacía frío y los niños de la calle viven tiritando y mendigando que algún turista le regalase algo de ropa. Un pilar del Islam es dar al pobre: en Mali se pueden hacer muchos números para alcanzar el paraíso.

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Ficha técnica del viaje
Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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Fechas del viaje

Del 21 de Diciembre de 2007 al 7 de Enero de 2008.

Itinerario

Día 1: Barcelona - ...
Día 2: ... - Bamako
Día 3: Bamako - Mopti
Día 4: Mopti
Día 5: Camino a Djenné
Día 6: Djenné
Día 7: Tumbuctú
Días 8-10: Pinaza bajando en Niger
Día 11: Mopti
Días 12-15: Trekking por el país Dogón
Día 16: Mopti
Día 17: Segou
Día 18: Segou - Bamako
Día 19: Bamako - Casablanca
Día 20: Casablanca - Barcelona

Moneda

La moneda de Mali y de muchos países de su entorno es el franco africano, conocido como CFA. Su cambio era de 1 € = 655 CFA, aunque este cambio sólo se puede obtener en Bamako, pues en el resto del país lo máximo que se consigue es de 1 € = 640 CFA. En Bamako, Mopti, Segou vimos cajeros automáticos, pero sólo en Bamako vimos casas de cambio.

Nivel de vida

Supongo que para la gente que viven allí todo debe ser muy barato, pero para el turista es todo muy caro. El agua vale, como mínimo, 0,75 € la botella en la calle, pero en muchos sitios llega a más de 1,25 €. Los hoteles limpios están por 30 € la habitación doble y la comida a 6 € el plato.

Coste por persona

Billete de avión hasta Mali con Royal Air Marroc: 580 euros cada uno. Los demás costes están reflejados en el relato.

Visado

El visado se puede conseguir en frontera (23 euros o 15000 CFA) para 30 días, pero aunque te lo hagan debes confirmarlo en Bamako o en Mopti. Allí te hacen pagar como si hicieses una extensión (5000 CFA). Mucha gente, de hecho todo el avión menos nosotros, se lo había sacado en las embajadas correspondientes, que en nuestro caso es la de Paris.

Salud

Es obligatoria la vacuna de la fiebre amarilla y te pueden pedir su carnet a la llegada al país, cosa que ponen en muchos países, pero que nunca he debido enseñar. Muy importante tomar la profilaxis de la malaria (os evitaré la polémica sobre cual es mejor), tifus, meningitis, etc... Hay que consultar con los expertos pues las condiciones sanitarias del país no son nada buenas.

Seguridad

En las guías pone que en Bamako de noche y o en el paseo al lado del río en Mopti puede haber algún problema, pero la sensación general es que el país es muy seguro. Los niños, y no tan niños, te acosan en todo el país pidiendo de todo, pero ninguno hace ningún amago de coger algo que no sea suyo.

Transporte

Avión. Hay un vuelo entre Mopti y Toumbuctú, 2 veces por semana, que ahorra la paliza polvorienta de hacer el trayecto en 4x4.

Taxis. Los trayectos de un par de kilómetros valen 1.000 CFA, pero habitualmente son compartidos, por lo que son mucho más baratos. En Mopti los taxistas piden más, pero en el resto del país son bastante honrados.

Autobuses. Hay multitud de compañías y todas al comprar el billete te piden el nombre por lo que subes al autobús por riguroso orden de inscripción, te van llamando. El único problema es que a los turistas les extorsionan (1.000 CFA) con el tema del equipaje para meterlo en el maletero o subirlo al techo.

Bacheés. Son furgonetas muy baratas para moverse, pero sobrecargadas y en condiciones precarias. En Bamako valen 150 CFA.

Electricidad

Los enchufes son los normales de toma europea a 220 Voltios.

Clima

Dicen que en verano se llega a los 50 grados en la sombra, pero no en Navidad y por eso fuimos en esa época, ya que la temperaturas son muy agradables, siendo necesario un buen forro polar para las mañanas en la pinaza por el Níger.

Diferencia horaria

Es 1 hora menos al horario peninsular.

Guía de viaje

Muy recomendable la guía Bradt, que está en inglés, y la Lonely Planet West Africa, también en inglés. Hay una Laertes en español, Mali y Mauritania, que no sirve para mucho.

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 DIARIO DE VIAJE

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Día 1

Cogemos el bus al aeropuerto de Barcelona a las 18:15 que cuesta 3,95 €. Hay una enorme cola y mucha gente lleva exceso de equipaje (les hacen pagar a 8 €/kg). Hay que consignar que la Royal Air Marroc te permite 40 kg de facturación y 20 de mano.

El avión sale con media hora de retraso, con lo que dudamos que podamos coger el siguiente vuelo porque sólo hay una hora entre los 2 vuelos. Nos dan de merendar unos bocadillos de salmón con cerveza y luego pastel con café.

Tardamos 2 horas en llegar a Casablanca, como ya tenemos la tarjeta de embarque del siguiente vuelo no tenemos nada más que correr a coger el siguiente vuelo. Hay una hora de diferencia con España. El aeropuerto es muy moderno y está todo muy nuevo. En el vuelo de Casablanca a Bamako nos dan de cenar a escoger pescado o carne y también nos dan cerveza.

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Día 2

Llegamos a las 3 de la mañana a Bamako y como no tenemos visado, en el mismo aeropuerto hay, antes de pasar el control, una pequeña oficina donde un policía muy simpático te hace el visado para 5 días. Cuesta 15.000 CFA, y si no los tienes, que es lo habitual y los bancos están cerrados, como nos pasó a nosotros pues pagas en euros, 25 € por persona. Las fotos las llevábamos, pero al final no hicieron falta. Mientras rellenaba los datos el policía nos dijo que fuéramos a buscar el equipaje, con lo cual entras y sales con total libertad. Igualmente somos los únicos que no tenemos visado, ya que el resto ya lo lleva.

Como es una hora muy intempestiva (las 4:30 de la madrugada), nos esperamos en una sala de espera que hay a que se haga de día y nos tumbamos. En la misma sala hay un cajero automático donde sacamos 50.000 CFA para ir tirando. Es de los pocos cajeros que se ven en Mali ya que nosotros vimos otros en la capital, pero no en exceso.

Se hace de día y un chaval que tiene un taxi nos esta esperando para llevarnos a donde queramos. Le decimos que nos lleve a la estación de autobuses de Sogoninko ya que queremos coger un autobús que nos lleve a Mopti. Nos dice que ese día no hay autobús porque es la fiesta del Tabaski y nosotros como ya hemos oído eso otras veces pensamos que nos está tomando el pelo. Nos dice que el nos lleva sin problema, nos pide 5.000 CFA hasta allá y si no hay buses como el dice, nos lleva al hotel que nosotros le digamos por 2.500 CFA más.

En un momento llegamos porque no hay nada de trafico y hay una especie de autovía, bastante vacía por cierto. En la estación de autobuses no hay nadie y en un país africano es muy raro, ya que la mayoría de la gente que se desplaza va en transporte publico y eso ya nos empieza a inquietar. También recordamos que en Barcelona en estos días los musulmanes celebraban esa fiesta con lo que la idea de que nos tendremos que quedar un día en Bamako va entrando en nuestra cabeza. Para rematar vemos furgonetas con corderos que van siendo comprados por personas que se los llevan en sus motillos. Preguntamos en una compañía que nos dice que “a lo mejor” sobre las 10 de la mañana cuando acabe la oración en la mezquita si hay gente interesada se podría llenar un autocar.

Nos insisten en que nos sentemos a esperar, pero nosotros tenemos ganas de explorar y movernos por allá. Dejamos las mochilas allá, damos una vuelta y ya nos damos cuenta que es un día especial. Todas las tiendas están cerradas, la mezquita está a tope de gente limpísima con sus mejores galas rezando. Las mujeres en un lado y los hombres por otro. Es una gozada ver a las niñas pequeñas con sus conjuntos de ropa estrenados para la ocasión y sus peinados con gomitas de colores, cintas y todos los adornos que pueden encontrar. También llevan muchas pulseras de bolitas de colores muy típicas de la región.

Algunos hombres nos invitan a que entremos en la mezquita, pero nosotros desistimos porque no nos gusta invadir esos espacios privados de oración. Cuando llevamos unos minutos la calle se convierte en la continuación de la sala de oración porque la gente ya no cabe dentro.

Volvemos a la estación y todo sigue igual. Nos invitan a que nos sentemos a esperar. No hay prisa, esto es África. Preguntamos si hay mas gente y nos dicen que In Shalah («si Dios quiere»). A las 10 ya nos dicen lo que ya sospechábamos hacia rato y es que ese día no hay autobús, pero que al día siguiente a las 7 de la mañana si que habrá.

Para ir al centro de Bamako podemos coger un taxi-brousse por 150 CFA. Te pones en la carretera y cuando pasa uno lo paras y te metes dentro. Paras en el momento que quieres, pero nosotros vamos hasta el final, el mercado al lado del Centro de Artesanías (Artisanat). Queremos ir al Foyer d’Accueil de la Mission Catholique, que está en la calle Bagayoko con la 361. Preguntando y volviendo a preguntar llegamos, lo cual no es fácil porque la mayoría de calles no tienen el nombre, aunque la gente te ayuda mucho. Nos atiende una monjita muy amable que habla inglés y francés, la cual nos ofrece o un dormitorio o una habitación doble con ducha y lavabo, pero con el water fuera, por 10.000 CFA que cogemos. Son unas habitaciones espartanas, pero limpias y no hay agua caliente, como en la mayoría de hoteles del país.

Hace un calor infernal, debemos estar a mas de 35 grados y el sol cae a plomo, con lo que decidimos quedarnos un poco en el hotel a descansar y a esperar que baje un poco el calor. Estamos más atontados de lo habitual y desanimados porque nuestra previsión ya no se cumple, aunque un viaje no organizado es esto, en el que van cambiando las cosas según va fluyendo todo.

Hay mosquiteras en la habitación y cuando vaya anocheciendo nos daremos cuenta que son básicas ya que hay muchos mosquitos y eso que no estamos en la temporada alta de riesgo de malaria.

El agua de litro y medio cuesta 500 CFA y los refrescos 200 CFA. Delante del hotel, que todo sea dicho, es muy seguro porque siempre está cerrado con llave la cancela exterior, hay una pequeña tienda de comestibles con una nevera que nos salva al vender todo tipo de bebidas frescas, incluso cervezas de 650 cl por 1000 CFA.

Sobre las 3 de la tarde nos atrevemos a salir de la paz de nuestro hotel y nos encontramos con la dureza de una ciudad africana tan pobre como esta. Calles sin asfaltar con las alcantarillas que discurren a lado y lado de la calle con una suciedad y un olor nauseabundo. Encontramos otro cajero y sacamos más dinero porque como todo está cerrado, preferimos asegurarnos de que tendremos moneda local. Vemos a la gente que viene de la fiesta del cordero después de haber comido y nos saludan con alegría llamándonos tubabu, que significa blanco.

Muchas chicas llevan extensiones en el pelo porque les gusta largo, pero ellas lo tienen rizado y cortito. En cualquier calle montan la peluquería y se acicalan horas y horas y la verdad es que quedan muy guapas. Por la calle vemos cabezas de cordero y de vacas asándose en unos hornillos de carbón, ya que allí evidentemente se aprovecha todo.

La sensación de calor sigue siendo terrible y la sequedad del ambiente te deja la boca seca y necesitas beber y beber continuamente. No queremos saber lo que será en verano, cuando no bajan de los 40 grados...

En un día que no sea festivo se puede visitar el Museo Nacional, donde exponen textiles, técnicas para hacerlos y todos los días excepto los lunes hay una película sobre la cultura de Mali. El museo de Bamako no vale la pena, pues hay unas cuantas fotos sin ningún interés y unas cuantas túnicas. Hay un museo dedicado a la mujer, llamado Muso Kunda, el cual fue fundado por la mujer del presidente. No es muy interesante aunque es testimonial en un país donde las mujeres cuentan tan poco. Para comprar artesanía se puede ir al Artisanat, al lado de la Gran Mezquita, donde venden máscaras, figuras de madera, instrumentos musicales, trabajos en piel, joyas, etc. Muy cerquita tenemos el mercado de medicina tradicional donde se pueden ver huesos y pieles de animales que se venden para curar enfermedades, para hacer conjuros de buena suerte y cosas así.

Volvemos al hotel y como tenemos algo de comida cenamos en la misión con bebida fresca del chiringuito de enfrente (cierra a las 12 de la noche).

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Día 3

Ponemos el despertador para salir a las 6 de la mañana, pero como es de noche nos esperamos un rato a que se haga de día. Cogemos una taxi-brousse de los verdes que nos lleva a la estación de autobuses por 150 CFA. Vemos muy poca gente y nos da mala espina. Nos dicen que nos sentemos que ya llegará el autobús. Como no nos fiamos, uno de nosotros va a buscar otras opciones. Nos aseguran que sí nos iremos y nos llevan a otra compañía donde hay un bus que nos dicen que va a Mopti.

Cogemos las mochilas y allá vamos a comprar el billete. Nos cuesta 8500 CFA, más 500 CFA por la mochila que va en el techo. Esta ultima cantidad solo se la exigen a los extranjeros porque ellos llevan de todo y no les cobran nada.

El sistema de autobuses en Mali es curioso, porque cuando compras el billete apuntan tu nombre en una lista y luego van llamando por el orden de compra del billete. Te llevas una alegría cuando te llaman porque ya crees que saldrás. Hemos tenido suerte y quedan unos asientos en la penúltima fila, un poco rotos, para nosotros.

A las 10 de la mañana sale el autobús con unas 10 personas sin asiento y que como buenamente pueden con unas bolsas que les dejan algunos pasajeros o bidones de agua y gasolina se van acomodando para el viaje en el medio del pasillo del autobús. El calor es sofocante allí dentro porque las ventanillas están cerradas y hace un sol de justicia.

El viaje se eterniza porque continuamente para y deja viajeros y coge otros, también cuando cualquiera quiere comprar algo de comida o tiene que hacer sus necesidades... Llegamos a Ségou a las 14:30, cuando en teoría se tardan sólo 3 horas.

A las 21:30 ya estamos en Mopti, donde cogemos un taxi por 1.000 CFA para ir a un hotel que se llama Y A Pas De Probleme, muy cerca del Hotel Kanaga. La habitación doble con ducha y ventilador cuesta 18.000 CFA y con aire acondicionado cuesta 27.000 CFA y también tiene el baño dentro. El hotel es de unos franceses y lo tienen muy bien acondicionado, con artesanía por todos sitios que está a la venta. Está todo muy limpio. Además, en la terraza que hay en la azotea hay un restaurante donde hacen poca variedad de platos, pero muy buenos.

Nosotros esta noche (casi no hemos comido nada en todo el día) nos pedimos unos espaguetis y una cerveza fresquita (1.000 CFA). El agua vale lo mismo.

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Día 4

Descansamos hasta las 8:30 porque el viaje nos ha dejado destrozados: ya tenemos una edad!!.

En la terraza se puede desayunar café o té, leche en polvo, un trozo de pan, mantequilla y mermelada. Todo esto por 1.500 CFA. Hay una agencia justo al lado y los que trabajan allí siempre están buscando clientela en el bar. Nosotros decimos que este día es para descansar y para organizarnos. Como debemos hacer la extensión del visado nos llevan en el coche a la comisaría de policía donde un amable policía nos da un impreso que debemos rellenar con todos nuestros datos. Luego nos pide una foto y 5.000 CFA.

Resuelto el principal problema, que no ha sido tal, nos vamos paseando a la orilla del Níger, donde poco a poco nos vamos impregnando de lo que es esta parte del mundo, con sus niños desnutridos, la suciedad, las mujeres vendiendo cualquier cosa para poder ganar algo de dinero, o sea pobreza en estado puro sin maquillaje. Es uno de los cincos países mas pobres del mundo, de lo cual damos fé.

Foto de sombreros de pastor en Mopti
Foto de sombreros de pastor en Mopti

Comprobamos que los datos asépticos que vemos en los informes de Desarrollo Humano del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) tienen cara, siendo personas con una esperanza de vida de 40 años, una mortalidad infantil de más del 60%, una tasa de alfabetismo de sólo un 20% (la mayoría niños, ya que las niñas no necesitan ir al colegio...), un índice de fecundidad de 8 o más hijos por mujer... y así un largo etcétera de datos macroeconómicos y microeconómicos que los ves de diferente manera que en Europa, desde tu tranquila casa y tus comodidades.

No hay alcantarillado, con lo que las cloacas discurren por las calles con el peligro que conlleva de enfermedades como la malaria o el tifus. En las escuelas hay que pagar, por lo que estas numerosísimas familias tienen que elegir un hijo y el resto queda sin educación. Si tienen la desgracia de caer enfermo alguien en la familia, si están en época de recogida de la cosecha o llevan al enfermo al medico que a lo mejor tardan unos días y el resto de la familia se morirá de hambre porque no han recogido el mijo que es su sustento o se deja morir al enfermo. Estas terribles decisiones se deben tomar porque son muy, pero que muy pobres. También aquí el sida es una espada de Damocles que pende sobre toda la población, porque como hay tanta incultura no se ponen los medios para pararla.

Seguimos nuestro paseo y, como siempre, una bota se empieza a despegar, por lo que buscamos a un zapatero que nos la arregle. Por 1000 CFA la cose a conciencia, por ahí seguro que no vuelve a romperse.

Llegamos al Restaurante Bozo, una institución en Mopti, por el sitio donde está, en una curva que traza el rio Níger y tu estás sentado viendo como pasan las pinazas, la gente, etc. Este día no hay apenas turistas, pero otros días que también iremos no cabe ni un alfiler y es un gueto de turistas organizados que los llevan allí a comer. La comida hay que reconocer que está muy buena, sobre todo el capitán, un pescado muy abundante en el río y que se puede degustar en todos los sitios, mejor o peor cocinado.

Volvemos al hotel porque cae un sol de justicia y esperamos hasta la tarde, pues hemos quedado 6 personas para ver si cogemos una pinaza para ir a Djenné durante un día por el río Níger y al día siguiente ver el mercado del lunes que es famoso en todo Mali.

Después de regatear duro nos dejan el viaje en pinaza por 135.000 CFA, con la comida incluida. Ya que estamos con el dueño de la agencia contratamos para el martes subir a Tombouctu en 4x4 y bajar en pinaza durante 3 días de vuelta a Mopti. Esto nos cuesta 85.000 CFA por persona. Tenemos la precaución de reservar la noche que estemos de vuelta en Mopti, lo cual nos permite dejar una parte del equipaje en el hotel e ir así más ligeros. La reserva luego se ve que es necesaria, porque compañeros que no lo hicieron tuvieron que ir a buscar otros sitios porque estaba lleno.

En el mismo hotel se puede cambiar dinero a 640 CFA/€. No vemos muchos sitios para cambiar. De hecho, ese primer día está todo cerrado.

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Día 5

Salimos a las 7:30 de Mopti con la pinaza. Tiene 2 motores, pero uno no lo pone en marcha ya que es por seguridad. Vamos bajando por el río Bani y a esas horas el aire es fresco, con lo cual se agradece un jersey que echarse encima. Como estamos en la época seca el río va muy bajo y a veces debe ir preguntando a otras barcas por donde ir para no rozar. También el otro chico que va en la barca, con una vara larga va comprobando la profundidad.

Por estas fechas los pastores van con sus rebaños buscando nuevos pastos y han de cruzar el río con lo que vemos muchas cabezas de ganado de un lado a otro. Esto de la pinaza es muy relajado porque no hay nada que hacer, lees, haces fotos, miras el paisaje que, aunque siempre es lo mismo, pasas por pueblecitos, las mujeres moliendo el mijo que van a necesitar para comer ese día, los niños saludándote desde la orilla, etc.

Sobre la una del mediodía nos dan de comer el menú oficial de las pinazas que es pasta o arroz o cuscus con una salsa de tomate con verduras. También nos dan algo de fruta. Llegamos a las 20:30 a Djenné. Hace 2 horas y media que se ha hecho de noche y gracias a que hay luna llegamos a la orilla. De hecho Djenné está a unos 2 km del rio, con lo que debemos coger algo de transporte para llegar a la ciudad.

Niños en Djenné
Niños en Djenné

Nos salen a recibir unos autóctonos y nos piden 1.000 CFA a cada uno para la entrada a la ciudad de Djenné. Nos hacemos los locos y le decimos al taxista que nos lleve a la ciudad, y a los pocos minutos una moto nos persigue a toda velocidad y hace parar al taxista. Le pagamos y nos da un ticket como justificante. El taxista nos cobra 5.000 CFA en total y nos avanza que hay muchos turistas. Nosotros pensamos que exagera porque hasta este momento no hemos visto apenas turistas. Pero desgraciadamente tenía razón. Todos los hoteles están llenos y no queda una sola habitación en Djenné. Vamos al hotel Mafir, al Campament y no hay suerte.

Un lugareño nos dice que la única solución es ir a una casa particular, lo cual la verdad no nos hace mucha ilusión. Nos lleva a una y nos dice que no hay sitio. Llegamos a otra que es de un juez de Bamako que la alquila en estas ocasiones. Nos pide 10.000 CFA por persona, pero al final nos lo deja por 5.000 CFA. Hay 2 habitaciones dobles y nos las quedamos las 2 parejas. Los otros 2 chicos, Darren y Yogui, duermen en el tejado a pesar de que les ofrecemos compartir las habitaciones. Luego se arrepentirán porque hace frío por la noche y no tienen mantas, ni saco de dormir. El lavabo es un agujero sin agua para echar después de su uso, y la ducha está en otra habitación y es un cubo de agua que te echas por encima y ya está. Sencillo, pero visto lo visto, ya nos está bien.

Djenné es un laberinto y no tenemos ni idea de cómo se sale para llegar al centro del pueblo. Menos mal que nos acompaña un niño a un restaurante donde cenamos, para variar, cuscus con salsa de verduritas. Menos mal que las cervezas están frias. Nos acompañan también a la vuelta, porque sino no hubiésemos encontrado el camino.

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Día 6

Por la mañana vamos a desayunar a Le Campament por 1.500 CFA.

A Djenné la han declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1998. Esto es una buena y una mala noticia. La buena es que la mayoría de la población es inaccesible para los coches y hay muy pocos sitios con electricidad, con lo cual no se ve afeada con cables ni hilos eléctricos. La mala es que muchas casas se han dejado caer o se han demolido para hacer casas nuevas. La razón es que no se puede cambiar nada de las antiguas casas y son muy bonitas para visitarlas, pero para vivir en ellas no son precisamente cómodas. Otra razón es que en su construcción y remodelación se necesita un montón de agua y después de años de sequía era más barato dejarlas caer y volverlas a construir con cemento o ladrillos.

Más allá de la mezquita, Djenné es un laberinto con unas callejuelas que culebrean y bifurcan de una manera anárquica. Tampoco hay alumbrado publico en la mayoría de calles, por lo que hay que llevar una linterna si no quieres acabar dentro de una zanja por donde van los desperdicios de los baños (es un decir) y de las cocinas.

Por la noche es espectacular ir por las calles oscuras y entrever las casas de barro con formas caprichosas, con esquinas redondeadas, con ventanas tapadas por celosías y sus puertas de madera que copian el estilo marroquí, con sus grandes cerraduras y sus remaches de cobre. También hay otras casas que son del estilo Tukulor, que se caracterizan por tener un tejadillo sobre la puerta principal. El material con el que están hechas las casas es barro mezclado con paja de arroz y aceite, llamado bancó. Las casas son sencillas: todo es de barro excepto las camas que son de madera y algunos utensilios de cocina que son de cáscaras de calabaza.

Este tipo de arquitectura es obra de los Bari, una casta de albañiles trashumantes que recorren la zona interior del Níger, sin herramientas excepto una barra de metal que utilizan para alisar las paredes. Trabajan sin planos, sin utilizar una plomada, amasando el bancó con los pies y extendiéndolo con las manos. Se transmite de padres a hijos o ayudantes que se convierten también en casi hijos. Las casas suelen ser rectangulares de 1 piso y con un patio interior donde van a parar todas las habitaciones. Los hombres ocupan la parte frontal de la casa teniendo ventanas y puertas que dan a la calle. Las mujeres están en la parte de atrás y aisladas del mundo exterior.

Mezquita de Djenné
Mezquita de Djenné

La obra cumbre de estos genios es la mezquita de Djenné, el edificio de barro más grande del mundo y la muestra más importante de la arquitectura sudanesa. Tiene un entramado característico de madera que sirve de soporte y permite a la estructura soportar los cambios de temperatura, aunque también se utiliza para remozarla cada año y reparar los daños que provocan las lluvias. Sólo tiene una antigüedad de 100 años, pero ocupa el lugar de otras dos anteriores, una del siglo XIII que se construyó a instancias del rey local Koi Komboro que destruyó su palacio para levantar el templo cuando se convirtió al Islam. La segunda del siglo XIX construida por orden de Cheiku Ahmadú. Actualmente es imposible para los infieles entrar en la mezquita debido a que un fotógrafo francés hizo unas fotos en el interior de la mezquita a unas modelos con una colección de ropa interior.

Djenné tiene una población de unos 10.000 habitantes, aunque el lunes, que es el día de mercado, se puede multiplicar por 4 o por 5. Desde hace muchos siglos se conoce este mercado y antiguamente se comerciaba e intercambiaba la sal que venia de Tombuctú por oro, nueces de cola y esclavos.

Otra cosa que se puede visitar es la tumba de Tapama Djenepo. La tradición oral cuenta que cuando se empezaban a construir las casas en Djenné al poco tiempo se caían y los marabouts (hechiceros) se comunicaron con los espíritus buenos para que les dieran una solución. Ellos dijeron que debían quemar a una chica virgen en las murallas de la ciudad. Le toco la lotería a una joven bozo llamada Pama Kayamtao y así se pudo construir la ciudad. Se encuentra situada justo detrás de la mezquita.

Nuestra visita al mercado es alegre y triste al mismo tiempo, pues ves a la gente en su salsa con gritos, risas, vendiendo desde pescado seco, dátiles de Argelia, carne de cordero, arroz, sal, mijo, calabazas de distintos tamaños que sirven como cucharones, depósitos de agua, fuentes para preparar la comida, etc. También hay puestos donde se venden abalorios desde pulseras de bolitas, pendientes, o collares, ya que las mujeres de Mali se embellecen con todo lo que tienen a mano y son muy coquetas. Los niños, por su parte, te piden cadeaux, bic, bombom, o lo que sea.

Después de unas horas decidimos que ya hemos tenido suficiente mercado y vamos a coger una bachée para volver a Mopti. Cuesta 1.750 CFA y no sale hasta que está llena. Vamos como sardinas y cuando pensamos que ya no coge nadie más, ¡sorpresa!, aún cogen 3 personas más. Creo recordar que íbamos 24 personas, bien juntitas.

Debemos coger un trasbordador que nos lleve a la otra orilla del río, con lo cual nos bajamos de la furgoneta y no nos aburrimos porque hay un montón de tiendecitas donde venden todo tipo de artesanías y ya dice el refrán que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Pues eso: los vendedores te persiguen con toda su mercancía a ver si compras alguna cosa.

Hay controles en la carretera de la policía que pide los papeles a los autóctonos y en cambio a nosotros (los turistas) no nos pide nada. Si no llevan la documentación les hacen bajar de la furgo y les ponen una multa.

Tras 3 horas de diversión llegamos a Mopti y nos vamos al restaurante Segui, que está delante del río, y nos pedimos unos platos de capitán con patatas fritas, ensalada y 2 cervezas grandes que nos cuesta todo 9.400 CFA.

De vuelta al hotel nos quitamos todo el polvo africano que llevamos con nosotros y descansamos porque al día siguiente tenemos un día también completo ya que salimos hacia Tombuctú.

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Día 7

A las 5 de la mañana ya estamos preparados para salir, pero esto es África y el tiempo es relativo. Somos 11 personas esperando y un solo 4x4, lo cual no nos gusta demasiado. El conductor llama a Michael, el responsable de la agencia Mali Experience Tours y dice que está viniendo. Cuando llega se van 3 con el otro 4x4 y nos quedamos 8 en otro. Van 2 delante con el conductor, 3 detrás y otros 3 en el ultimo asiento. Se va fatal y lo digo por experiencia ya que se bota mucho y los tres vamos muy achuchados.

A las 2 horas y media llegamos a Douentza, donde desayunamos. Ha sido una carretera asfaltada y no ha ido mal, pero nos han dicho que lo que falta es más durillo. Aquí la botella de agua vale 600 CFA, los cafés con leche 150 CFA y los bocadillos de tortilla francesa te los hacen al momento y tienen muy buena pinta. Hay muchos niños que se echan encima de nosotros para conseguir un trozo de galleta, o un poco de pan, lo que sea pues están hambrientos.

Seguimos camino y es horroroso como vamos de rápido y los botes que damos los que vamos al final. Otro inconveniente es el polvo que entra por todas las rendijas y en poco tiempo nos deja totalmente impregnados y sucios. También hay abundancia de baches que, a la velocidad que vamos, nos hace temer por nuestra integridad física.

Hay controles policiales y en uno de ellos nos quieren requisar una cámara de fotos porque, según el policía, hemos hecho fotos de la caseta de control. El conductor le dice que hemos hecho sólo de las montañas, que son muy bonitas (parecidas a Montserrat) y al final todo se queda en nada.

Paramos un momento después de un control y el coche decide que no quiere seguir funcionando, con lo cual estando los 9 dentro del coche nos empujan un montón de hombres y consiguen arrancarlo. La pista discurre por 195 km de pesadilla hasta que llegamos al embarcadero en Korioumé. Debemos esperar unos minutos hasta que llega el ferry y nos deja en la otra orilla.

Llegamos a Tombuctú sobre las 2 del mediodía y vamos al Hotel Bouctou, donde tenemos reservada habitación. Cuesta 22.500 CFA (más 500 CFA de tasa turística) con desayuno incluido. La habitación es muy grande, con el cuarto de baño dentro, pero un poco destartalada y con muebles del siglo XV. A pesar de todo, como estamos molidos, nos parece una suite.

Visto lo visto, recomendamos encarecidamente que, a poder ser, se coja un avión que en una hora te lleva de Mopti a Tombuctú y evitar así el martirio chino del 4x4.

Tombuctú, es el nombre de la sexta región de Mali creada en 1977, pero ha sido desde siempre uno de los sitios más emblemáticos y famosos en el mundo. Es la región más grande, pero como la mayoría del territorio es el desierto del Sahara, los pocos habitantes que tiene se concentran a orillas del río Níger, aunque realmente el río está a 19 km, en el poblado de Korioumé.

Tiene 3 impresionantes mezquitas y las casas de los antiguos exploradores, que son Patrimonio de la Humanidad, pero está totalmente rodeada por el desierto y ha perdido toda la espectacularidad que se presupone que tenía en tiempos pretéritos. Es una ciudad como adormilada, que tiene trazos de su antiguo esplendor, pero que ahora hay que hacer grandes esfuerzos para intuir lo que fue.

Las placas de sal han sido una mercancía codiciada desde antiguo. Todavía hoy las caravanas cruzan el Sahara para obtener el preciado mineral. Viene de las minas de Taudeni a lomos de camellos y antiguamente se cambiaba por esclavos y por oro. Según los relatos árabes se vendía por su peso en oro. De vuelta se llevaban esclavos a las minas de sal, uno de los lugares más espantosos del mundo. El viaje actualmente dura un mes, y se hace a partir de noviembre igual que se ha hecho durante cientos de años. Los camellos vienen cargados con barras de sal cuyo peso oscila alrededor de los cincuenta kilos.

Mezquita en Tumbuctú
Mezquita en Tumbuctú

La fundación de Tombuctú data de principios del s. XII, por nómadas tuareg que seguramente la utilizaban como almacenes de grano mientras ellos estaban en el desierto. Era solo un oasis para los viajeros que cruzaban el desierto, estratégicamente importante, pero no el lugar tan importante en que luego se convertiría. Su apogeo estuvo entre 1493 y 1591, ya que al estar a solo 10 km del río Níger podían traer mercancías del sur como oro, nueces de cola, marfil, plumas de avestruz y esclavos y desde el norte sal, cobre, ropas y caballos. En esta época gobernaba Sonni Ali Ver que lo había conquistado para los Songhay, y como era musulmán tuvo un interés muy grande en que la religión se propagase y fuese un lugar de enseñanza religiosa del Islam. A mediados del s. XVI había 150 escuelas coránicas y los estudiantes venían tanto del norte de África como del medio Oriente. Hay grandes estudiosos del Islam que surgieron de sus escuelas, como Ahmed Baba, que produjo más de 50 trabajos relativos a temas religiosos y jurisprudencia.

Durante el s. XV en España, como ya sabemos, hubo una persecución de los musulmanes a los cuales se echó de todos los territorios de la península ibérica. Muchos de ellos fueron a parar a Tombuctú. Una de las familias fue la Kati, expulsada de Toledo, y se llevó toda su biblioteca en su exilio forzado. Llegó a la zona y poco después emparentó como el emperador Askia Mohamed por matrimonio. Esto hizo que los manuscritos imperiales se añadiesen a la ya abundante biblioteca de la familia. A lo largo del siglo XVII se fueron dispersando pues los herederos se llevaron valiosos manuscritos y se perdieron muchísimos. No fue hasta 1999 que otro descendiente de la familia Kati quiso recuperar y agrupar los manuscritos familiares. En la actualidad se han recuperado más de 3.000 manuscritos con la ayuda de la Junta de Andalucía que ha puesto mucho dinero y empeño para recuperarlos, y que en algunos casos ha costado mucho esfuerzo y dedicación. Faltan más de 4.000, que todavía no han sido recuperados, pero que tampoco se podrán recuperar todos debido a que algunos se han destruido o estaban en tan mal estado que es imposible su recuperación. La joya de la colección es un Corán escrito en piel de corderos no nacidos que no tienen pelo y de los cuales hay solo unos pocos ejemplares en todo el mundo. Se ha habilitado una casa para guardar la colección Kati que por un módico precio se puede visitar.

Hay tres mezquitas, todas ellas restauradas recientemente por la embajada americana en Bamako: la Djingareiber Mosque es la más antigua e interesante. Se construyó en 1325 por un andaluz arquitecto y poeta, Es Saheli, a las ordenes de Kansan Moussa que acababa de volver de la Meca lleno de fervor religioso. Está coronada como con una pirámide y en la base tiene torres cónicas. Las otras dos mezquitas fueron construidas sobre el s. XV, la Sankore Mosque y la Sidi Yehia Mosque. En Sankore también había una universidad famosa en todo el territorio musulmán.

Las casas de los exploradores son las que habitaron Gordon Laing, René Caillié, Heinrich Barth, Oscar Lenz y otros. Los escritos sobre una ciudad pavimentada en oro calentaron las mentes de los occidentales que comenzaron a considerarla una ciudad prohibida. Numerosos aventureros soñaban con descifrar uno de los secretos mejor guardados por el continente africano. La Royal Society decidió enviar a Mungo Park. El médico escocés se internó por estas tierras en dos ocasiones, la primera vez en solitario, ayudado por gente humilde que le ofrecieron su hospitalidad y le atendieron cuando cayó enfermo de fiebres. Tenía tan pocas cosas que acabó pagando la comida con botones de su camisa. Regresó al mando de una expedición militar la cual fue menguando por la malaria y por la hostilidad de las gentes que los veían como invasores. Murió en unos rápidos del Níger sin haber llegado a Tombuctú, ya que el rio no pasa por la ciudad. Como había mucho interés en encontrar estos reinos repletos de oro, la Sociedad Geografica de Paris ofreció 10.000 francos al primer europeo que llegase y trajese noticias de la ciudad. Salieron Laing y Caillé. Llegó primero Laing, pero cuando regresaba le atacaron unos bandidos en el desierto y lo mataron. Caillé, dos años después alcanzó el objetivo y volvió para contarlo cobrando la recompensa. Ya en Paris desmontó las teorías sobre la ciudad diciendo que era todo lo contrario a una villa fastuosa y repleta de oro. Algunas de las casas se pueden visitar, pero la mayoría son particulares y por supuesto o te haces amigo del dueño o no la puedes visitar.

Cerca de la casbah marroquí se encuentra el Institut de Hautes Etudes et des Recherches Islamique Ahmed Baba, donde se guardan de 20.000 a 30.000 manuscritos, los cuales están siendo restaurados y estudiados por estudiantes de postgrado de diferentes países árabes. El interés para visitarlo es ver la cuidadosa restauración que se está llevando a cabo por especialistas.

Hay un pequeño mercado muy agradable donde se ve la diversidad de etnias que han ido a parar a esta ciudad, pues encuentras tuareg, fula, bozo y descendientes de marroquíes o incluso de personas que vivían tiempo ha en España. Ves mujeres tapadas hasta los ojos y otras que van con escote y minifaldas. Los hombres, como van vestidos de forma parecida, no llaman tanto la atención. Nos siguen los niños, como en todos sitios, y también se ofrecen como guías, lo cual agradecemos, pero pensamos que no es necesario.

Queríamos ir a cenar al Hotel Azalay, pero cuando vamos a preguntar entra en la cocina el recepcionista y nos dicen que no tienen comida. Este es el hotel más lujoso de la ciudad, lo cual da una idea de lo poco visitado que está. Al final también cenamos en el Hotel Bouctou, unas brochetas de carne con patatas fritas y cerveza por 11.000 CFA. Aquí las cervezas cuestan 1.500 CFA (suponemos que por la dificultad del transporte). Se puede elegir entre la brocheta, espaguetis y sopa.

Unas dos semanas después de estar nosotros se celebraba el Festival de Música del Desierto y este año iba La Companyia Elèctrica Dharma que es un conjunto catalán y que por la tele salió una de sus actuaciones.

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