Vota |
Desde el lago Mandara recorremos unos 60 km por entre el mar de dunas hasta llegar al camping Africa Tours, en la población de Tekerkiba, ya junto a la carretera principal a Sebha. En algún momento durante este trayecto se puso a llover, en pleno desierto, proporcionándonos una imagen curiosa: como el vehículo de nuestro conductor no tiene limpia-parabrisas él se vio obligado a ir sacando el brazo por la ventana para limpiar el vidrio con su turbante (!!).
En el camping de Tekerkiba cambiamos de vehículo, ya que nuestro plan inicial era continuar viaje hasta la ciudad de Sebha, despedirnos de nuestros amigos tuareg y allí tomar un vuelo de Libyan Arab Airlines a Trípoli, pero a causa de los problemas en la frontera del primer día estábamos siguiendo la ruta prevista con un día de retraso. Eso nos hizo perder el vuelo Sebha-Trípoli que teníamos reservado para el día anterior y, al no ser posible cambiarlo de día, nos vimos obligados a ir a Trípoli en coche, un larguísimo viaje. Por ello nos despedimos aquí de los tuareg y sus vehículos 4WD. A partir de ahora ya todo será asfalto y es mucho más cómoda y rápida la furgoneta Mercedes Vito que ha enviado la agencia desde Trípoli para recogernos. Con ella vienen el mismo conductor que al principio nos llevó desde Djerba hasta Ghadames.
Dejamos atrás las dunas y la región de Fezzan. Tras 145 km de carretera en dirección norte llegamos a Sebha, la mayor ciudad de todo el Sahara libio y un puro lugar de paso. Pasado Sebha la carretera mejora. Nuestro conductor raramente baja de los 140 km/hora, por lo que los kilómetros pasan muy rápido. Finalmente llegamos a nuestro hotel en Trípoli sólo 9 horas después de salir de Tekerkiba, tras recorrer la friolera de 845 km y parar para almorzar, cenar y alguna otra parada técnica. Además resultó ser un viaje nada pesado ni cansado, siendo mucho mejor de lo esperado.
El sitio escogido por nuestra agencia es el Al Sendebad Tourist Hotel (Alfatah Rd, en el paseo marítimo, a menos de 2 km al sudoeste de la medina; tel. +218 21 4446864). El hotel es de categoría media (cuesta 85 LD la habitación doble, con desayuno buffet incluido) y está bastante bien, aunque el personal de recepción es algo incompetente e indolente. Por otra parte, después de tantos días sin dormir en una cama y sin ducharnos en condiciones es un gustazo el poder hacerlo. De haber escogido nosotros el hotel en Trípoli hubiéramos ido al Funduq Al-Andalus (Sharia al-Kindi; tel. 334 37 77), ya que aunque no nos alojamos en él (estaba lleno para nuestra segunda noche en Trípoli) sí estuvimos en recepción y tenía muy buena pinta. Además cuesta sólo 60 LD, realmente barato para los precios de los hoteles en Trípoli.
Para comer no hay una gran oferta gastronómica en Trípoli, pero poco a poco parece que va habiendo más sitios. Recomendamos especialmente el restaurante Mat'aam Obama (Souk Alturk, 144; tel. 0925010736), muy popular entre locales y foráneos, por lo que es imprescindible reservar. Sólo tiene 5 mesas y la decoración es muy austera, pero se come muy bien y barato (por sólo 8 LD cada uno salimos bastante llenos), siendo especialidades de pescado. Un chollo!. Otro restaurante es el Al-Badawy (calle Baladiya; tel. 3339995), con comida libanesa y libia. Se come bien, pero es caro. Para tomar algo, con un agradable patio al aire libre, una buena opción es el Cafe Marcus, situado enfrente del Arco de Aurelio y junto al restaurante Athar.
TRÍPOLI. Esta ciudad, situada junto a una bahía natural en la orilla sur del Mediterráneo, es la capital y mayor ciudad de Libia. Fue fundada por los fenicios en el s. VII a.C con el nombre de Oea y es la única ciudad libia que ha sido habitada desde entonces de forma ininterrumpida. El nombre actual de Trípoli (no confundir con la Trípoli libanesa) proviene de la época de dominación romana, cuando la zona empezó a ser conocida como Regio Tripolitana (o región de las tres ciudades), ya que comprendía las antiguas ciudades de Oea, Sabratha y Leptis Magna.
Sin ser ninguna maravilla, Trípoli es una ciudad interesante para el viajero, en la que es posible encontrar huellas de diferentes periodos coloniales, desde la época romana hasta la de la colonización italiana. Por ello, pensamos que vale la pena dedicar un tiempo a visitar sus diferentes puntos de interés, así como fijar en ella la base desde la que visitar Leptis Magna y Sabratha.
Medina. La medina de Trípoli es la parte de la capital que ha quedado dentro de los límites de las viejas murallas de la ciudad y mirando al mar Mediterráneo. Desde luego existen en el mundo árabe unas cuantas medinas más bonitas o interesantes que esta, pero aún y así vale la pena visitarla, ya que es la zona más atractiva de Trípoli. Además tiene la ventaja de que se puede pasear por ella sin temor a ser agobiados por los vendedores, cosa que no se puede decir de medinas como la del Cairo, las de Marruecos o las de Túnez, por ejemplo. Ello permite disfrutarla plenamente y realizar compras libremente en sus zocos. Por otra parte, en el interior de la medina hay numerosos vestigios de la presencia europea en Trípoli bajo la forma de preciosos edificios construidos por comerciantes europeos o por los propios Estados. Fuera de las horas de oración las mezquitas de la medina suelen estar cerradas (y no tienen horarios de visita), por lo que si queremos visitar una basta con tocar en la puerta y esperar a que alguien abra o preguntar en alguna tienda vecina. Y para recorrer los numerosos puntos de interés de la medina nada mejor que seguir la ruta a pie propuesta por la guía Lonely Planet.
Empezamos nuestra ruta por la medina en la gran puerta, la cual da acceso desde la plaza Verde o plaza de los Mártires. Aquí empieza el zoco al-Mushir, con joyerías (donde es posible cambiar dinero), tiendas de artesanía y maletas, por ejemplo. Enseguida, a la derecha, encontramos la mezquita Ahmed Pasha Karamanli, la mayor de la medina, construida en 1738. Es muy bonita, con una sala de oración que tiene 5 entradas y balcones en 3 de sus lados, además de 25 cúpulas en su tejado. Esta mezquita tiene algunos de los mejores trabajos en madera de todo el país. A menos de 100 m. de la mezquita encontramos de frente la torre del reloj otomana y tras ella el zoco al-Ghizdir, donde se puede ver a los artesanos trabajar el cobre. Girando a la izquierda desembocamos en el callejón del zoco al-Turk y al final de él tenemos la pequeña mezquita Draghut, construida por un corsario en el s. XVI. Siguiendo a la izquierda llegamos a una plaza donde está el antiguo Banco di Roma (edificio colonial construido por los italianos en el s. XIX), la antigua Catedral católica, una pequeña iglesia ortodoxa, la antigua prisión turca (s. XVII) y la mezquita y madrasa Othman Pasha, con un bonito patio interior. Siguiendo una estrecha calle desde el lado norte de la plaza, y pasando junto al antiguo consulado francés (edificio construido en 1630), llegamos hasta al Arco de Marco Aurelio, un arco romano de 4 pilares decorado bellamente, mostrando imágenes de Apolo y Minerva. Es del año 164 y es prácticamente lo único que sobrevive de la antigua ciudad romana de Oea. Entre este arco y el mar encontramos la atractiva mezquita Sidi Abdul Wahab. Y justo en el lado opuesto al arco hallamos la mezquita Gurgi, construida en el s. XIX. Esta mezquita es pequeña, pero su interior es quizás el más bonito y diferente de todas las mezquitas de la ciudad, con su decoración floral y sus bellas obras de cerámica tunecina. Posee además un minarete octogonal, bastante inusual en Tripoli. Siguiendo al oeste encontramos el interesante edificio del antiguo consulado inglés (edificio construido en 1744, con bonitas vistas desde la terraza superior; vale la pena además leer con atención la placa que hay a la entrada) y la mezquita de Sidi Salem, una de las más antiguas de Trípoli (s. XV). Después continuamos por la calle Hara Hbira y al llegar a la muralla giramos hacia el sur, pasando junto a la antigua sinagoga, para luego girar al este, siguiendo el zoco al-Harrara, hasta llegar a la Dar Karamanli, la casa de Yusuf Karamanli, miembro de una rica familia turca de principios del s. XIX. Esta preciosa casa (entrada: 3 LD) cuenta con un patio interior rodeado de balcones y columnatas, contando además con coloridos azulejos turcos y una exposición de muebles, ropas o instrumentos tradicionales. Cerca de la casa se pueden ver cuatro antiguas columnas romanas que han sido reutilizadas como esquinas de los edificios en el cruce de dos callejones. Tomando la calle Jama ad-Draghut se pasa ante la mezquita Druj, para luego conectar con el zoco al-Attara y acabar en el punto de partida de esta ruta circular. Por último, junto a esta entrada se encuentra el bazar Ben Zeglam, el mejor sitio en Trípoli para comprar recuerdos de Libia.
Castillo de Trípoli (también conocido como Al-Saraya al-Hamra o Castillo Rojo). Está situado en la esquina sudeste de la muralla que rodea la medina, con vistas al puerto. La actual configuración del castillo data de la época otomana, pero sin duda está construido sobre los cimientos de fortalezas anteriores. Cada una de las sucesivas generaciones de gobernantes de Trípoli ha ido añadiendo su sello a la fortaleza y, por tanto, contiene una mezcla de arquitectura y decoración. La mayor parte de la estructura que vemos hoy día es de los s. XVIII y XIX. En la actualidad la mayor parte del castillo aloja el Museo Jamahiriya y se puede visitar con la misma entrada (cuesta 3 LD, más 5 LD por una cámara fotográfica). Este museo es de primer nivel internacional, tanto por los objetos expuestos como por la presentación, aunque curiosamente la mayor parte de los rótulos explicativos están sólo en árabe. Los mosaicos, estatuas y artefactos de la antigüedad clásica, especialmente de la época romana, forman la parte más impresionante del museo y lo convierten en una de las mejores colecciones de los países mediterráneos. El museo abarca desde el Neolítico hasta la época de la Revolución.
Otros puntos de interés. Además de todo lo anterior aún podemos encontrar otros puntos de interés en Trípoli, todos ellos ya en la parte nueva. Entre la plaza de los Mártires y la plaza Maidan al-Jeyazir, siguiendo las calles 1º Septiembre o Mohammed Megharief, podemos encontrar bonitos ejemplos de edificios con fachadas de estilo italiano, construidos durante la época colonial italiana. Quizás el más representativo sea la Galleria De Bono. En esta zona encontramos también la Madrassa al-Founoun Wasana'a al-Islamiya, con una bonita fachada y patio interior de dos niveles. Y finalmente, en Maidan al-Jeyazir, podemos admirar la elegante mezquita Jamal Abdel Nasser, una antigua catedral católica italiana de 1928 reconvertida a mezquita y reformada recientemente. No es posible visitar su interior, pero sólo verla por fuera ya vale la pena. Y de noche, además, está bellamente iluminada. Por otra parte, sobre la Corniche, al oeste de la medina, encontramos las cinco torres idénticas que forman parte del complejo Dhat al-Ahmat, con forma de botella invertida y con la particularidad de que es imposible ver las cinco torres enteras a la vez, estemos donde estemos. También domina el skyline de Trípoli el lujoso Corinthia Bab Africa Hotel (en Souk Al Thulatha, a menos de 200 metros al oeste de la medina), un elegante y moderno edificio en cuya planta 26 hay un restaurante panorámico desde el que gozar de unas impresionantes vistas sobre la medina, el puerto y alrededores. Este restaurante cierra los viernes, pero no hay problema, ya que desde los ventanales que hay en el pasillo exterior de la planta 25 se puede disfrutar más o menos de las mismas vistas. Y entrar en el hotel no es problema: sólo hay que pasar un control de las mochilas o bolsas que llevemos.
Leptis Magna. Este impresionante sitio arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982, es probablemente la ciudad romana más grande y mejor conservada del mundo, y lo cierto es que debería ser un lugar de obligada visita en todo viaje turístico a Libia. El hecho de que ya no fuera jamás habitada tras su abandono y la dureza de los materiales con que fue construida han sido la causa de su excelente estado de conservación, por lo que no es difícil para el visitante imaginársela en sus tiempos de esplendor. Es un lugar realmente fascinante.
El origen de Leptis Magna pudo ser un asentamiento fenicio que estaba bajo la tutela de Cartago, hacia el siglo VI a.C., aunque no se conoce mucho de este periodo. Pero su periodo de máximo esplendor llegó con el imperio romano, en el que Leptis fue una gran metrópolis, especialmente bajo el reinado de Septimius Severus (193-211 d.C). La riqueza de la urbe se basó, sobre todo, en la producción de oliva y trigo, así como en una pujante industria y un potente comercio. Finalizada la dinastía Severus la ciudad comenzó su declive, aunque renació nuevamente bajo la dominación de Diocleciano y Constantino (284-337 d.C). Ya a mediados del s. IV gran parte de la ciudad había sido abandonada. En el s. VII los árabes conquistaron la región de Tripolitania, a la que pertenecía Leptis Magna, y esta ya nunca más recuperó su antiguo esplendor.
Desde la entrada el primer punto de interés que encontramos es el gran Arco de Septimius Severus, construido en honor al emperador. A partir de aquí nosotros seguimos la ruta inversa a la que propone la guía LP, ya que quisimos empezar por el Teatro. La vista sobre la fachada del escenario desde las gradas superiores del teatro, con el azul del mar Mediterráneo de fondo, es algo indescriptible, que no hay que perderse por nada. Después continuamos por el Calcidium, los Arcos de Tiberio y de Trajano, el mercado, el puerto, los Forum, la Basílica Severana, la calle encolumnada, el Nymphaeum y los Baños de Adriano, cubiertas en su totalidad de mármol y granito y con enormes piscinas. Durante nuestra visita apenas encontramos visitantes en el recinto. Y al ir por la tarde disfrutamos de una luz extraordinaria, ya que el sol estaba bajo en el horizonte y bañaba la piedra con un color y contraste muy bueno. Además tuvimos la suerte de que el día anterior había llovido bastante, dejando grandes charcos de agua entre las ruinas y permitiéndonos jugar con los reflejos. Sensacional.
Leptis Magna se encuentra a 2 km de la población de Al-Khoms y 123 km al este de Trípoli (el trayecto en coche supone unos 90 minutos de viaje). La entrada cuesta 3 LD, más 5 LD por la cámara fotográfica, aunque como en otros lugares, aquí nadie controla si se ha comprado o no el ticket para hacer fotos. En invierno el horario de cierre es a las 17 h. y no a las 18 h. como menciona la guía LP, aunque en su descargo debemos decir que esto había cambiado hace poco (ni nuestro guía tenía noticia de ello). Y es que Libia es así de imprevisible!!. Por otra parte, para visitar las ruinas es obligatorio contratar un guía de los que hay en la entrada y cuyo coste es de 50 LD, aunque nosotros conseguimos eludir esta obligación y disfrutamos del sitio a nuestro aire. Nuestra estrategia fue convencer a los funcionarios que controlaban la entrada, a través de nuestro propio guía, de que nosotros no entendíamos ninguna de las lenguas de los guías ofrecidos (previamente nos habíamos enterado de que el español no era una de ellas) y que por tanto era absurdo que nos acompañara un guía al que no entenderíamos (?). Finalmente, después de un largo estira y afloja, accedieron a dejarnos entrar sin guía.
Tras la visita al sitio arqueológico principal fuimos en coche al lugar donde se encuentran el Anfiteatro y el Hipódromo, a 2 km del anterior. El anfiteatro no está mal, pero del hipódromo no queda casi nada. En general este lugar está muy abandonado y muy sucio, lo cual es una verdadera lástima. Dado que hay que pagar de nuevo 3 LD para esta visita (+5 LD por la cámara), nuestra opinión es que este lugar no vale la pena para nada, al menos en su estado actual.
Villa Sileen. Unos 14 km antes de llegar a Al-Khoms desde Trípoli encontramos esta villa romana que venía a ser la segunda residencia de miembros de la élite de Leptis durante la época romana. Al parecer tiene preciosos mosaicos y el lugar en sí vale la pena, pero durante las fechas de nuestro viaje a Libia este lugar se encontraba cerrado.
Sabratha (sitio arqueológico declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982) era, juntamente con Oea (la actual Trípoli) y Leptis Magna, una de las tres ciudades que formaba la provincia romana de Tripolitania. Aunque menos imponente que Leptis lo cierto es que también vale mucho al pena. Su impresionante teatro y el hecho de que las ruinas estén pegadas al mar le dan un interés añadido. Si es posible, es recomendable visitar Sabratha antes que Leptis.
El puerto de Sabratha data quizás del s. V a.C y se estableció para el comercio de los fenicios. Sabratha fue romanizada en los s. II y III d.C. Durante el reinado de la dinastía Severana alcanzó su máximo apogeo monumental. La ciudad fue muy dañada por varios terremotos en el s. IV, y fue reconstruida por los bizantinos, aunque a menor escala. Con la llegada de los árabes empezó su declive final, aunque sobrevivió unos años más que Leptis Magna, hasta convertirse en una simple población.
Sin duda la principal atracción de Sabratha es su Teatro, uno de los más bonitos y mejor conservados de la era Romana. La fachada de tres niveles que hay tras el escenario es una de las más excepcionales del mundo romano, con 108 columnas corintias que se elevan a una altura de 20 m. sobre el escenario. De hecho, aún hoy se utiliza este teatro para obras de teatro y conciertos. Además de esta maravilla, Sabratha tiene templos dedicados a Liber Pater, Serapis e Isis. Hay también una basílica cristiana de la época de Justiniano y restos de algunos mosaicos en los suelos de antiguas villas de la élite romana, aunque los mejores conservados son los maravillosos mosaicos que podemos ver en los Baños Marinos, con vistas directas sobre la playa, y en los suelos en blanco y negro de los Baños del Teatro. También tiene bastante interés el Museo Romano, con preciosos mosaicos, estatuas y otros tesoros de Sabratha, aunque es mejor verlo al final de la visita a las ruinas.
Sabratha está unos 65 km al oeste de Trípoli (unos 45 minutos en coche). La entrada cuesta 3 LD, más 5 LD por la cámara, y su horario de visita de invierno es de 8 a 17 horas (mismo horario que en Leptis). También en Sabratha existe la obligación de contratar un guía oficial (cuesta 50 LD), aunque nosotros conseguimos visitar el complejo completamente solos, sin guía, utilizando la misma estrategia que ya habíamos utilizado en Leptis Magna. Las ruinas de Sabratha son más pequeñas que las de Leptis, pero hay que contar un mínimo de 2 horas para visitarlas sin agobios, incluyendo el museo. Ah! y para visitar el Museo Romano hay que pagar 3 LD adicionales a la entrada del complejo, pero vale la pena.
Desde el centro de Trípoli hasta el aeropuerto internacional hay unos 30 km. Una vez en el aeropuerto cambiamos en un banco los últimos dinares a euros. Antes de pasar el control de inmigración nos despedimos de nuestros inseparables conductor y guía libios.
Nuestro vuelo de TunisAir de Trípoli a Túnez tarda sólo 50 minutos y al desembarcar en Túnez retrasamos 1 hora nuestro reloj para adaptarnos a la hora local tunecina. Pagamos 15 TD por un taxi que nos lleva al centro de la ciudad, en la Av. Habib Bourguiba, porque era muy tarde y nosotros éramos cuatro, pero el taxista nos pedía 22 TD). Como Túnez es un sitio muy muy turístico hay que vigilar y regatear mucho para no pagar precios desorbitados por cualquier cosa.
En el Hotel Excel (Av. Habib Bourguiba, 35 - Túnez) pagamos 80 TD por una habitación doble con baño privado, TV y desayuno incluido. El hotel está bien, el personal de recepción es atento y la situación es excelente, pero lo cierto es que no lo podemos comparar con otros lugares porque llegamos de madrugada a Túnez y no era cuestión de perder mucho tiempo investigando.
Para cambiar dinero recomendamos la sucursal del Banque de L'Habitat en Av. Bourguiba (muy cerca de la Catedral), donde obtuvimos la mejor tasa de cambio de todas.
TÚNEZ es la capital y mayor ciudad de la República de Túnez. Está situada a lo largo del Golfo de Túnez, en el mar Mediterráneo, y junto a un lago y el puerto de La Goulette. La ciudad se extiende sobre una llanura costera rodeada de montañas. En el centro de la ciudad se encuentra la medina, rodeada de barrios más modernos, algunos con edificios de la era colonial francesa. Ya en las afueras de la ciudad, hacia el norte, encontramos los arrabales de Cártago, Sidi Bou Said y La Marsa.
Nuestra visita a la ciudad de Túnez y alrededores fue de sólo un día, por lo que con más tiempo es posible ampliar los puntos de interés a visitar. Por otra parte, Túnez es un destino turístico internacional consolidado ya desde hace muchos años y esto se nota en lo turístico que es todo, para lo bueno y para lo malo. En este sentido nada que ver con Libia. A pesar de todo, sin ser la capital tunecina una maravilla, tampoco es desagradable, por lo que una visita de paso (como en nuestro caso) está justificada.
Medina (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979). Es el corazón histórico y cultural de la moderna Túnez y uno de los mejores lugares de la ciudad, con una densa aglomeración de callejones y pasajes cubiertos, llenos de olores y colores, y con un bullicioso comercio en sus zocos bastante orientado al turismo. Han pasado casi doce siglos desde que el príncipe Hassen Ibn Nooman fundó la ciudad sobre los restos de un viejo asentamiento púnico. De esa época es la Gran Mezquita Ezzitouna. El acceso a la medina desde la ciudad moderna es a través de la puerta Bab el Bahr, también conocida como Porte de France. En un mapa turístico de la ciudad de Túnez, que se obtiene gratuitamente en cualquier oficina turística (por ejemplo en el aeropuerto), se proponen 3 diferentes circuitos para recorrer la medina y sus puntos de interés.
Ville Nouvelle. Es la parte nueva de Túnez, cruzada por la gran avenida Habib Bourguiba, considerada por muchos como los Champs-Élysées tunecinos. Aquí los edificios afrancesados de la era colonial contrastan con otras construcciones más pequeñas y viejas. Hay un gran número de cafés al más puro estilo parisino. Y como curiosidad la Catedral, en el extremo occidental de la Av. Bourguiba, una mezcla de arte gótico y bizantino con un peculiar toque norteafricano. Por último, el Museo Bardo, a 4 km del centro, es un antiguo palacio y residencia oficial de la monarquía histórica tunecina.
Cártago (Carthage y pronunciado cartásh), cuyo sitio arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979, fue fundada sobre la colina de Byrsa en el s. VIII a.C. Durante mil años los fenicios camparon a sus anchas por el Mediterráneo y sus barcos para la guerra y el comercio encontraban abrigo en el cercano puerto de Salammbo. Pero tras el asedio y posterior conquista de Cártago por parte de los romanos estos hicieron tal trabajo de demolición de la ciudad que no dejaron nada. Lo poco que se ve hoy día es lo que construyeron los propios romanos cuando establecieron aquí su capital administrativa para África.
Puesto que las ruinas de Cártago se extienden por un área bastante grande nosotros decidimos limitar nuestra visita al museo, las ruinas de Byrsa y los baños de Antonino. Cártago está 15 km al norte del centro de Túnez y para llegar hasta él la mejor opción es el TGM, un tren ligero de cercanías que va de Túnez a La Marsa, al norte, pasando por Cártago y Sidi Bou Said. Nosotros fuimos andando hasta el extremo este de la Av. Bourguiba, donde está la estación Tunis Marine del TGM. Compramos un billete de ida a Cártago y vuelta desde Sidi Bou Said por sólo 1,55 TD. Hay trenes con frecuencia y en sólo 25 minutos ya estamos en la estación Carthage Hannibal, donde bajamos. Desde la estación subimos por una calle ancha flanqueada por grandes palmeras y con lujosas mansiones (este barrio, llamado Carthage, es zona donde viven representantes diplomáticos). A unos 750 m. de la estación encontramos un rótulo que indica Ville Didon a la izquierda. Lo seguimos y enseguida encontramos unos escalones a la derecha que suben, entre una casa y una zona de vegetación, hasta la colina de Byrsa.
Al llegar arriba nos encontramos ante un majestuoso edificio, la antigua Catedral de Saint Louis, construida por los franceses en 1890 y que ahora es un centro cultural. Tras ella está el edificio blanco del Museo Nacional. La entrada cuesta 8 TD (+ 1 TD por la cámara), pero es válida para todo las ruinas de Cártago. Antes de entrar en el museo visitamos las excavaciones de la antigua ciudad púnica, que está justo al lado. El lugar es muy bonito y desde aquí hay una vista privilegiada sobre los alrededores: la ciudad de Túnez, los barrios periféricos del norte, el mar y la península Cap Bon. En el interior del museo hay grandes mosaicos, estatuas y todo tipo de objetos encontrados en las excavaciones, tanto púnicas como romanas, con abundantes paneles informativos (en árabe y francés), muy interesantes e instructivos. En el exterior del museo también hay un jardín con estatuas, estelas y urnas púnicas. Acabada la visita al museo volvemos andando por el mismo camino, pasamos la estación de tren y continuamos hacia el mar. Esta es una zona muy agradable para pasear. Así llegamos hasta los Baños Termales de Antonino, impresionantes por ser unos de los mayores construidos bajo el Imperio Romano. Para visitarlos vale la misma entrada comprada en el museo. En el sitio también hay un bonito jardín. El lado norte del recinto limita con la enorme finca que ocupa la residencia del Presidente tunecino, por lo que no es de extrañar la gran vigilancia que se detecta en la zona.
Sidi Bou Said, situada 20 km al nordeste de la capital, es una pequeña y atractiva villa sobre unos acantilados y con grandes vistas sobre la bahía de Túnez. Su nombre es la abreviación del nombre de un santo musulmán, llamado Abou Said ibn Khalef ibn Yahia Ettamini el Beji, y que vivió aquí.
Para llegar hasta aquí desde Cártago tomamos un tren en la estación Carthage Hannibal y en un corto trayecto de sólo 3 estaciones ya estamos en la estación de Sidi Bou Said (el billete cuesta 0,4 TD), situada en la parte nueva. Para ir hasta la parte vieja hay que andar en subida unos 15 minutos. La parte vieja es un agradable y bonito lugar de calles estrechas adoquinadas. Las casas son de paredes blancas y puertas y ventanas decoradas al estilo local, pintadas de color azul, y con geranios y buganvillas. Hay muchos rincones de postal. Al ser un lugar tremendamente popular es también muy muy turístico y los precios van en consonancia. Para comer hay poca oferta y nada barata. Por ello podemos recomendar por sus precios moderados el restaurante Chengri, en la calle principal, bajo la mezquita. Y para tomar un té a la menta con piñones nada mejor que ir hasta el final de la calle principal, en el Café Les Delices, con unas estupendas terrazas escalonadas con vistas magníficas sobre la costa y el mar. Vale la pena buscar una mesa con buenas vistas y estar aquí un buen rato para amortizar la clavada en el precio. En resumen, Sidi Bou Said es bonito y merece una visita, a pesar de que suele estar muy concurrido y es un lugar muy turístico.
Para volver a Túnez hay que ir a la estación del TGM en la parte nueva y allí tomar un tren a la capital (35 minutos hasta la estación final de Tunis Marine).
En la Av. Habib Bourguiba tomamos un taxi, por 10 TD, hasta el aeropuerto internacional Tunis-Carthage, donde tomamos nuestro vuelo directo de TunisAir hasta Barcelona (90 minutos).
Vota |