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Primeramente tomamos el autobús de la compañía Trípoli Express, directo a Beirut, sin paradas intermedias y con un vehículo grande y cómodo. Cuesta 2.500 LL y sale desde delante de las oficinas de la compañía, en la esquina de las calles Tall y Fouad Chehab. En poco más de 90 minutos llegamos a Beirut y el conductor nos deja junto al Museo Nacional, el punto de su ruta más cercano a Cola, ya que le indicamos que nuestro próximo destino es Sidón.
Aquí mismo tomamos un servicio de taxi que, por 1.000 LL, nos lleva hasta el centro de transporte Cola, a unos 2'5 km de este punto. Al llegar a Cola preguntamos por un transporte a Sidón y nos indican un par de autobuses: uno rápido (1.500 LL) y otro lento (750 LL). Nos decidimos por el rápido, un autobús grande, muy cómodo y con asientos reclinables. Tras sólo 40 minutos de viaje llegamos al destino final, en la plaza Saahat en-Nejmeh, muy cerca del centro de Sidón.
En el Hotel Katia pagamos 22.500 LL por una habitación doble con baño, ventana y un balcón (desde él veíamos el puerto y el mar). La habitación es básica porque el edificio es un antiguo convento, lo cual es aún muy evidente, pero es un lugar limpio, tranquilo y bien situado. En el caso de estancias de más días se puede negociar el precio a la baja. Este lugar está en medio del zoco, por lo que encontrarlo es bastante difícil. Pero si preguntamos por él en el zoco siempre encontraremos a alguien dispuesto a acompañarnos hasta la entrada. De hecho la puerta de entrada al hotel está en el callejón junto al lado izquierdo del Khan el-Franj visto desde la entrada de éste.
Para comer un buen lugar son los chiringuitos que hay enfrente del castillo del Mar. Recomendamos especialmente el de Remy Abou, donde preparan unos excelentes bocadillos de felafel por 1.250 LL. Sidón es famoso por su variedad de dulces locales, fácilmente visibles, formando pequeñas pirámides en tiendas y pastelerías. La especialidad más conocida recibe el nombre de senioura, una deliciosa galleta que se deshace. Un lugar perfecto para probarla es la pastelería Kanaan, en rue Riad as-Solh.
SIDÓN (Saida en árabe) está en la costa, 48 km al sur de Beirut y es una de las ciudades libanesas más importantes a cuanto a patrimonio histórico y cultural, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que tiene más de 6.000 años de historia y que fue una importante ciudad fenicia. Hoy en día es la mayor ciudad del sur libanés, pero con una agradable atmósfera de pequeña ciudad. Desde la época persa Sidón fue conocida como la ciudad de los jardines y aún hoy día está rodeada de plantaciones de bananas y cítricos. Aunque Sidón y Tiro no suelen estar en el circuito habitual de los pocos viajeros que visitan el Líbano nosotros creemos que vale mucho la pena visitar el sur libanés. Desde luego nosotros disfrutamos mucho de los pocos días que pasamos en esta parte del país, con unas particularidades que la hacen ser distinta al resto.
El Castillo del Mar fue construido por los cruzados a principios del s. XII sobre una pequeña isla conectada a la costa por un paso elevado sobre el mar. La entrada cuesta 4.000 LL y su máximo interés es la magnífica vista que tiene sobre el mar, el puerto y la ciudad vieja subiendo a su tejado. Parece ser que esta fortaleza fue de gran belleza, pero poco queda de los adornos que decoraban sus murallas después de que los mamelucos destruyeran todos los castillos en el mar para prevenir que los cruzados pusieran de nuevo el pie en la costa. Junto al castillo está el Resthouse, un elegante restaurante situado en un bonito edificio medieval. En su interior hay techos abovedados y decoración medieval, y también un precioso patio con una fuente.
Zocos. Entre el castillo del Mar y el de San Luís se extiende la ciudad vieja. No muy lejos del primero está el pintoresco y laberíntico zoco cubierto de Sidón. Aunque quedó bastante deteriorado a causa de la guerra poco a poco se va reconstruyendo. Vale la pena perderse por sus callejuelas para ir encontrando las numerosas tiendas, negocios y cafés que se esconden aquí. Por su parte los pescadores venden sus capturas en el mercado cercano al puerto, no muy lejos de la entrada al zoco.
Khan El Franj. Este bonito caravasar es el mayor y mejor conservado de todos los que construyó Fakhreddine II. Tiene una estructura típica formada por un gran patio rectangular en el centro, con una fuente, y rodeado de galerías abovedadas. Fue el centro de la actividad económica en el s. XIX y también llegó a albergar el Consulado francés. Hoy día está siendo renovado para ser el centro cultural de Sidón.
Museo del Jabón. Este magnífico museo es el primero del país dedicado al arte de la fabricación tradicional del jabón. Es tan interesante la exposición en sí como el espacio donde se ubica, un edificio de piedra del s. XIII. Además hay otras salas con exposiciones auxiliares y también un café y una tienda, todo ello presentado con un gusto exquisito. Muy recomendable. La entrada es gratuita ya que el museo se financia con fondos de la fundación Audi, un clan familiar de banqueros libaneses.
Gran Mezquita. Al sur del zoco, en el camino al castillo de San Luís, se encuentra esta mezquita que antiguamente fue la iglesia de San Juan de los Hospitalarios, hasta que los cruzados fueron expulsados de Tierra Santa. Los cuatro muros fortificados de este edificio rectangular datan del s. XIII y le confieren un aspecto inexpugnable, en especial visto desde el lado este. La entrada es muy bonita, ya que para acceder a la mezquita se pasa por un antiguo palacio.
El Castillo de San Luís (Qalaat El Muizz) fue levantado por el rey francés Luís IX durante las Cruzadas, a mediados del s. XIII. Los restos que quedan del castillo permiten observar varias etapas en la reconstrucción durante la época mameluca (s. XVII). Al pie de la colina donde está el castillo, más al sur de la Gran Mezquita, hay restos de unas cuantas columnas romanas esparcidas por el suelo.
Colina del murex. Al sur del castillo hay una colina artificial de 100 metros de largo por 50 de alto que se formó por la acumulación de los deshechos de conchas de murex, un molusco que era muy abundante en la zona y que se utilizaba en las factorías del famoso tinte púrpura en tiempos de los fenicios. Los romanos ya empezaron a levantar edificios sobre esta colina. Hoy día la colina está cubierta de casas y edificios, así como un cementerio. Aún se puede ver alguna concha de murex rota en la parte baja de la colina, pero debido a las construcciones cada vez esta zona es más inaccesible.
TIRO (Sour en árabe, pronunciado Sur). está situada unos 40 km más al sur de Sidón. Cuenta con cinco milenios de movida historia, pero su edad dorada la vivió en el primer milenio antes de Cristo, cuando Tiro era fenicia y sus colonias se extendieron por el Mediterráneo y el Atlántico. Cuando Tiro pasó a formar parte del imperio romano, estos construyeron grandes e importantes monumentos en la ciudad, incluyendo un acueducto, un arco triunfal y el mayor hipódromo de la antigüedad.
Tiro padeció enormemente los efectos de la última guerra civil libanesa y de hecho estuvo ocupada por las fuerzas israelíes hasta mediados del año 2000. En algunas zonas aún son visibles los rastros de la destrucción y las obras de reconstrucción consiguiente.
Nosotros visitamos Tiro en una fácil excursión de un día desde Sidón, aunque con más días nos hubiera gustado pasar al menos una noche en esta tranquila e interesante ciudad. Para pernoctar en Tiro recomendamos el hotel y restaurante Al-Fanar (Tel. 741111), ya que por casualidad pasamos por delante de él (está situado junto al faro de Tiro) y su amable propietario nos invitó a ver las estupendas vistas del mar y del faro visibles desde sus ventanales posteriores.
Los minibuses de Sidón a Tiro salen desde el aparcamiento que hay en el lado oeste de la plaza Nejmeh de Sidón. Cuestan 1.000 LL y emplean 1 hora en un trayecto de 40 km. La parada final está en la zona portuaria de Tiro. Para volver a Sidón tomamos un minibús en este mismo lugar.
Ruinas arqueológicas de Tiro (declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984 para intentar preservarlas del pillaje y la guerra). En realidad estas se distribuyen en 3 zonas:
• Zona de Al-Mina, situada en el extremo suroeste de la ciudad. Contiene restos de las épocas griega, romana y bizantina, entre los cuales encontramos edificios civiles, columnatas, baños públicos, calles con mosaicos y una especie de circo rectangular. Una larga calle con columnas conduce directamente al mar. Desde la orilla podremos ver a poca distancia pequeñas islas que de hecho era los rompeolas y muelles del antiguo puerto fenicio, llamado puerto egipcio porque estaba encarado hacia el sur, donde está Egipto. En conjunto se trata de un lugar fantástico y muy recomendable de visitar, no ya sólo por las ruinas en sí, sino por su ubicación junto al mar. La entrada a estas ruinas cuesta 6.000 LL.
• Catedral de los Cruzados, a sólo 5 minutos a pie hacia el oeste desde la entrada de la zona anterior. De hecho sólo quedan en pie parte de los cimientos y algunas columnas de granito. Las excavaciones han hallado aquí una red de vías romanas y bizantinas, además de algunos edificios. No se permite la entrada a la zona, aunque nosotros pudimos entrar puesto que en ese momento la verja estaba abierta por haber un equipo de topógrafos tomando mediciones). De todos modos el conjunto es visible desde la carretera.
• Zona de Al-Bass, situada al este de las anteriores, suponiendo un largo paseo de más de 3 km para llegar a la entrada, en el lado este del enorme complejo. Está formado por restos que datan de los siglos II al VI: una gran necrópolis romana y bizantina con interesantes sarcófagos, un arco triunfal de 3 ojos, restos de un acueducto que traía el agua a la ciudad y, sobre todo, el espectacular hipódromo romano, el mayor y mejor conservado del mundo, con una estructura de 480 m. de longitud que permitía sentarse a 20.000 espectadores para ver las carreras de cuadrigas. Vale la pena subir a la parte superior de las gradas para tener una vista privilegiada del conjunto. La entrada a esta zona cuesta 6.000 LL y es también muy muy recomendable.
El paseo desde la zona de Al-Mina a la de Al-Bass nos conduce a un barrio residencial de Tiro llamado Hay Er-Raml o barrio de la arena, llamado así porque con la acumulación artificial de arena y tierra a lo largo de los siglos hoy Tiro parece situada sobre una península, pero en la época fenicia estaba en realidad sobre una isla que se acabó uniendo al continente a través de un paso elevado sobre el mar.
Además de las zonas arqueológicas vale mucho la pena dar un calmado paseo por el núcleo de Tiro cercano al puerto pesquero. Para empezar hay un pequeño pero animado zoco cubierto. Junto a la entrada del zoco hay un khan otomano y en una calle lateral una casa mameluca (residencia del periodo otomano que sirve de centro de información del Directorado General de Antigüedades). Cerca del zoco también hay una interesante mezquita con dos cúpulas. Muy bonito y fotogénico es el pequeño pero ajetreado puerto pesquero, existente desde la época fenicia. En el lado oeste del puerto encontramos el barrio cristiano, una zona pintoresca de estrechas callejuelas, con arquitectura tradicional y numerosas iglesias. Junto al faro hay una pequeña playa de guijarros que da acceso al mar.
Andamos los 500 m. desde la ciudad vieja de Sidón hasta la plaza Saahat en-Nejmeh, donde tomamos el primer autobús que sale hacia Beirut (1.500 LL). Tras un corto viaje de 40 minutos llegamos, una vez más, a la zona de Cola. Aquí tomamos un servicio de taxi para ir la zona de Hamra, donde nos alojamos.
Escogemos de nuevo el hotel Marble Tower, porque ya lo conocíamos y su relación calidad/precio nos había convencido en la primera noche que llegamos a Beirut.
Para comer recomendamos especialmente el restaurante Al Balad (1145 Ahdab St, muy cerca de la plaza Nejmeh. Tel. 985375), cocina libanesa exquisita y a precios razonables. Entre la multitud de restaurantes de la zona centro también probamos la la pizzeria Il Parlamento (en Maarad St) y no estuvo nada mal, aunque algo cara. Ya en la zona de Hamra es muy recomendable el café-restaurante Al-Kahwa (Bliss St, frente a la AUB, en la zona de Hamra), muy frecuentado por estudiantes de la universidad y con un ambiente muy agradable, cargado del olor del narguileh o shisha. Para beber o comer algo ligero tenemos el Lina's (en Hamra St, en la planta baja del hotel Plaza).
Para conectarse a Internet: Pals Internet Centre, en la esquina de las calles Hamra y Mahatma Gandhi, a 1.500 LL/hora.
BEIRUT, la capital del Líbano, con algo más de un millón de habitantes, es una ciudad vibrante y bulliciosa, quizás el resultado de un pasado de más de 5.000 años y de multitud de desgracias y calamidades que ha debido superar (y aún supera). Sin ir más lejos, Beirut sobrevivió a finales del s. XX a 15 años de una cruenta guerra que le dio el derecho a autoproclamarse la ciudad que nunca muere. Aún hay varias zonas de la ciudad donde son visibles las huellas de la guerra en forma de edificios acribillados por proyectiles de todos los calibres.
Si bien es cierto que en Beirut no queda gran cosa para ver esto no quiere decir que esta ciudad no tenga interés para el viajero. Vale la pena, bajo nuestro punto de vista, dedicarle al menos un día.
La Corniche. Pasear por este largo paseo marítimo que se extiende a lo largo de la costa de Beirut es una agradable forma de pasar el rato, especialmente al caer el sol. Como además también es el lugar preferido por la población local para pasear, hacer footing, pescar, fumar narguile, tomar algo, o ver y dejarse ver, por lo que no hay mejor lugar para ver en acción a la sociedad beirutí en su tiempo de ocio. Es todo un espectáculo y, desde luego, es muy recomendable.
Empezamos el paseo por la Corniche en la zona de Ain-Mreisse, concretamente frente al puerto deportivo St George Yacht Motor Club. Junto al puerto se encuentra el hotel St George, frente al cual fue asesinado el ex-primer ministro libanés Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005, cuando al paso de su vehículo blindado estalló una potentísima bomba que acabó con su vida y aumentó las divisiones internas en un país con un equilibrio político ya de por sí muy precario. La explosión fue de tal magnitud que varios edificios cercanos al lugar (entre ellos el del propio hotel St George) quedaron totalmente destruidos. En el momento de nuestra visita la zona estaba aún cerrada al paso y con vigilancia militar las 24 horas, puesto que se trata de una escena del crimen (CSI) en la que la ONU continuaba investigando para esclarecer la responsabilidad de este brutal atentado. Aún y así es posible observar el enorme cráter que causó la explosión. Bordeando esta zona y yendo hacia el oeste nos desviamos por la calle Phoenicia para ver la mole bombardeada del Holiday Inn (justo detrás del lujosísimo hotel Intercontinental Phoenicia), quizás el símbolo más visible de la guerra civil libanesa y que hoy es una especie de monumento a la sinrazón de la guerra. Al tratarse de un edificio muy alto fue un lugar muy usado por francotiradores durante la guerra, por lo que atrajo proyectiles de todos los calibres imaginables. Aún y así la estructura del edificio ha aguantado perfectamente.
Desde aquí volvemos de nuevo al paseo marítimo y continuamos hacia el oeste, disfrutando del ambiente. Desde el paseo vemos los enormes jardines y edificios de la AUB (American University of Beirut, una de las más prestigiosas de todo Oriente Medio). Siguiendo el paseo vemos más puertos deportivos y playas privadas. Al llegar a la altura del faro Manara el paseo vira hacia el sur, dejando a la izquierda la zona de Ras-Beirut. Más adelante pasamos junto al parque de atracciones Luna Park. El tramo de paseo que asciende la colina hasta la zona de Raouché es el menos bonito de todo el recorrido, pero poco más allá nos espera la visión de uno de los lugares más emblemáticos de Beirut, las Rocas de las Palomas. Se trata de unas enormes y espectaculares formaciones rocosas, a pocos metros de la costa, que sirven de atracción para locales y visitantes, especialmente durante la puesta de sol. Desde el paseo hay algunos caminos que descienden unos 100 m. hasta el lado del mar, desde donde tendremos una vista diferente de las rocas y también de los bonitos acantilados de esta zona de la costa beirutí. Sobre los acantilados hay numerosos cafés y restaurantes desde los que observar la puesta de sol sobre el mar y las rocas. Uno de los mejores situados es el Bay Rock Café, con amplias terrazas y zonas acristaladas que dan al mar.
Distrito central. Es el centro histórico y geográfico de la ciudad, pero también el nodo financiero, comercial y administrativo del país. Durante buena parte de los 15 años de guerra civil estuvo expuesto al fuego en toda su extensión. Al acabar la guerra esta zona de la ciudad había sido arrasada, sufriendo una devastación total de sus edificaciones e infraestructuras. Desde mediados de los años 90 se está llevando a cabo un gigantesco proyecto de reconstrucción en este distrito (equivalente a una superficie de 1'8 millones de metros cuadrados) con el fin de crear una moderna zona comercial, de servicios y residencial. Este proyecto incluye la reconstrucción de edificios históricos, como mezquitas o iglesias. Aunque este proyecto, con una duración prevista de 25 años y llevado a cabo por la empresa privada Solidere, está ya bastante avanzado aún hay varias zonas donde se continúa construyendo y otras donde aún son visibles algunos edificios acribillados por las balas.
Aunque la reconstrucción de los edificios ha intentado seguir la arquitectura que había lo cierto es que ahora esta zona de la ciudad poco tiene que ver con el resto. Pero con la apertura en los nuevos edificios de numerosas tiendas, restaurantes y cafés este distrito se ha convertido en el lugar de moda de Beirut. Sólo hay que venir aquí al atardecer o un fin de semana para ver como se llenan las terrazas, especialmente en las calles adyacentes a la Place d'Étoile (o plaza Nejmeh). Aparte de callejear hay unas cuantas cosas interesantes en esta zona. Al este de la plaza: Baños Romanos (restos de lo que fueron los baños romanos que sirvieron a la ciudad en la Antigüedad); el Gran Serrallo (separado de los baños romanos por la rue des Capucins; enorme edificio construido por los otomanos en 1853 y que hoy día es donde reside el Gobierno del país); Torre del Reloj (cerca del Serrallo, construida en 1897 por los otomanos); iglesia de los Capuchinos (inaugurada en 1863, junto a los baños romanos); mezquita Amir Munzer (en la calle Weigand; fue construida en 1620 y en su patio interior hay aún 8 columnas romanas); o el jardín Gebran Khalil (un buen lugar para descansar de la caminata, delante del edificio de las Naciones Unidas). Al otro lado de la plaza Nejmeh: catedral Greco-Ortodoxa de San Jorge (construida en 1767 era la más antigua de Beirut en funcionamiento, pero quedó tan devastada por la guerra que hubo que reconstruirla), catedral Greco-Católica de San Elías (de mediados del s. XIX); mezquita Al-Omari (originalmente era una catedral de los Cruzados en el s. XII, pero fue convertida en mezquita por los mamelucos en el s XIII); catedral Maronita de San Jorge (tras la zona arqueológica, de estilo neo-clásico); mezquita Khatam Al Anbiyaa (de reciente construcción) o la Plaza de los Mártires.
Distrito de Hamra. Antes del inicio de la guerra civil, en 1975, la principal vía de esta zona, la calle Hamra, era llamada el Champs Elysées de Beirut por su bulliciosa actividad y por ser frecuentada por turistas durante todo el año. Hoy día ya no es así, pero continúa siendo un importante eje comercial y financiero. También posee un buen número de hoteles, apartamentos y cafeterías, por lo que es una de las mejores zonas de Beirut para pernoctar. Su situación geográfica también hace que sea bastante conveniente para el viajero.
Museos. En Beirut no hay que perderse por nada del mundo el Museo Nacional (entrada: 5.000 LL), en la esquina de Abdallah Yafi con Damas. Fue abierto en 1942 para albergar los numerosos tesoros arqueológicos libaneses y durante la guerra civil resultó muy dañado, debido a su posición estratégica en una intersección de la antigua Línea Verde, la frontera que dividía la ciudad entre el Beirut cristiano (este) y el musulmán (oeste). Gracias a la previsión de sus responsables se consiguió que los objetos expuestos no resultaran dañados. Acabada la guerra se sometió al edificio a una intensa restauración y el museo volvió a abrir sus puertas en 1999. La verdad es que da gusto de visitarlo por su amplitud, iluminación y presentación de los objetos expuestos. Muy recomendable. Otro museo que puede ser interesante es el museo Nicolas Sursock (tel. 01-201892), situado en la calle Sursock, en pleno corazón del barrio de Achrafieh. Está considerado el único museo de arte moderno del Líbano, con exposiciones temporales y una colección permanente de arte islámico. Abrió en 1961 y ocupa un palacio que fue la casa privada de Nicolas Sursock, el cual es una joya arquitectónica en sí mismo, siendo un magnífico ejemplo de eclecticismo ya que combina estilos artísticos italianos y orientales. Además vale la pena venir hasta aquí para ver otros ejemplos de lujosos edificios de los siglos XIX y XX que hay en los alrededores del museo.
BEITEDDINE (significa Casa de la Fe) es un pequeño pueblo situado unos 45 km al sureste de Beirut y a una altura de 850 m. Es una de las principales atracciones turísticas del país debido al palacio del mismo nombre. Vale la pena combinar la visita a Beiteddine con la del vecino pueblo de Deir al-Qamar.
Palacio de Beiteddine. Es el mejor ejemplo de arquitectura libanesa de principios del s. XIX que podemos encontrar en el país y fue construido durante un periodo de 30 años por el emir Bechir El Chehab II, quién gobernó el Monte-Líbano durante más de medio siglo. Desde la independencia del Líbano, en 1943, el palacio pasó a ser la residencia de verano del presidente del país. Tanto por fuera como por dentro es magnífico, como salido de un cuento de Las mil y una noches, y si a ello le sumamos sus preciosos jardines e interesantes museos la visita está más que justificada.
La entrada al palacio cuesta 7.500 LL y está abierto todos los días del año. Desde el parking que hay a la entrada se tienen las mejores vistas de los edificios del complejo. La entrada principal conduce a un enorme patio y a su derecha encontramos un museo con fotos y documentos que explican la vida de Kamal Jumblatt, un importante político libanés y líder druso. En el segundo piso está el interesante museo arqueológico y etnográfico Rashid Karami con una extensa colección de objetos de distintos periodos. Al final del patio se accede a la parte central del palacio, pasando de una arquitectura austera a otra mucho más elaborada y fantasiosa (no en vano Beiteddine recibe el sobrenombre de Alhambra del Líbano). En esta sección central podemos ver estancias lujosamente decoradas (con paredes y techos de madera tallados con complejas figuras y embellecidos con caligrafía árabe), bellos suelos de mosaico, un elegante patio con una fuente, balcones de madera, fachadas ricamente decoradas, ... Desde los balcones de las habitaciones privadas del emir y su familia (desde el harén) hay unas vistas fantásticas sobre el valle). Pero nuestra preferida es la parte que corresponde al hammam, el cual consta de diferentes estancias siguiendo la tradición de los baños romanos. Para acabar mencionaremos el jardín de cipreses, con la tumba del emir y su primera esposa, y los enormes establos abovedados, que actualmente aloja una colección de bellos mosaicos bizantinos (considerada una de las mejores del mundo) que se trajeron aquí desde distintos lugares del Líbano para salvaguardarlos durante la guerra.
Para llegar a Beittedine, unos 50 km al sureste de Beirut, tomamos un minibús en Cola (1.500 LL). En realidad el minibús se dirige a la cercana población de Samqaniye, siguiendo una bonita carretera de curvas por la parte sur de un valle en las montañas del Chouf, y nos deja, tras 1 hora de viaje, en una rotonda unos 2 km antes de llegar a su destino. Desde aquí se puede andar unos 2 km hasta Beittedine, bajando por la carretera, o bien tomar un servicio de taxi (1.000 LL)
Acabada la visita al palacio caminamos hasta el centro del pueblo de Beiteddine, donde podemos ver algunos interesantes edificios como el palacio Mir Amine (construido por uno de los hijos del emir; posteriormente fue restaurado y ahora es un hotel de lujo). Desde aquí tomamos un taxi (4.000 LL los dos) al interesante pueblo de Deir al-Qamar, a 6 km en el otro lado del valle (si se dispone de tiempo y ganas este camino de bajada proporciona unas bonitas vistas del valle y del palacio).
DEIR AL-QAMAR es una población tradicional, con numerosos edificios históricos en buen estado de conservación que muestran como era la arquitectura libanesa de antaño. Además jugó un importante papel en la historia del Líbano porque fue la residencia de los gobernantes libaneses hasta el s. XVIII.
El centro del pueblo está ocupado por la enorme plaza pública, usada en sus orígenes para torneos. Alrededor de ella hay numerosos edificios históricos (hay también una gran fuente que se añadió en el s. XIX). En la plaza misma está la mezquita de Fakhreddine, construida en 1493 y restaurada en estilo mameluco en el s. XVI por el Emir Fakhreddine I Maan. Detrás de la mezquita está el zoco que albergaba los curtidores de pieles, aunque hoy ya sólo tiene tiendas modernas. Detrás del zoco vemos el antiguo palacio del Emir Younes Maan (hoy en día es una casa particular). En el lado sur de la plaza el Emir Yousef Chehab (s. XVIII) se construyó su propia residencia usando el material que obtuvo demoliendo parte del palacio anterior y hoy día es el Serrallo, un bonito edificio que ahora alberga unas oficinas municipales. Al norte de este edificio domina la plaza el caravasar de la seda, construido en 1595 y diseñado con el estilo clásico de los caravasares. Originalmente fue usado como mercado para las joyas y la seda, aunque hoy día sólo se usa para actividades culturales. Por último, a sólo 1 km de la plaza, en la carretera a Beiteddine, está el curiosísimo castillo Musa, construido por un hombre de negocios que es un fetichista de la cosa medieval.
Para volver a Beirut desde este pequeño pueblo negociamos un taxi a Damour (10.000 LL el taxi), a unos 18 km, ya que al ser un día semi-festivo ya no había transporte colectivo que pasara por aquí. Una vez en Damour tomamos un minibús a Cola (1.000 LL).
Tomamos un taxi en la calle Hamra, cerca de hotel, y negociamos un precio de 10.000 LL para ir al aeropuerto, al que llegamos en sólo 35 minutos (ya es un tarde y no hay mucho tránsito). Una vez en el aeropuerto encontramos una oficina del Byblos Bank donde cambiar las pocas libras que nos quedan.
Nuestro vuelo de KLM tarda 4 horas y 15 minutos en llegar al aeropuerto Schipol de Amsterdam. Después de una corta conexión llegamos a Barcelona en otro vuelo de 2 horas y 10 minutos. Volvemos a casa habiendo disfrutado enormemente de estos días por tierras libanesas. Para siempre más el Líbano tendrá un lugar en nuestro corazón.
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