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Jordania ocupa un territorio sumamente antiguo y con una gran riqueza histórica, aunque se trata de una nación relativamente reciente. A pesar de poseer un entorno natural seco y hostil, sus grandes extensiones desérticas y sus múltiples vestigios de civilizaciones ya desaparecidas poseen una belleza hipnótica que ha fascinado a grandes viajeros y exploradores de todos los tiempos. A todo esto hay que sumar la calidez y hospitalidad de sus gentes.
La visita a la antigua y extraordinaria ciudad nabatea de Petra ya justifica por sí sola un viaje a Jordania, pero este país ofrece mucho más: ruinas romanas, paisajes desérticos, castillos en el desierto, reservas naturales, mosaicos bizantinos, la curiosidad del Mar Muerto, o el cada vez más popular turismo de aventura. Además, se trata de un país bastante fácil de recorrer como viajero independiente y, siendo bastante compacto en extensión geográfica, las distancias son cortas. También, a pesar de la conflictividad de algunos de sus países vecinos, Jordania es un país muy seguro para el viajero.
Debido a la proximidad geográfica decidimos aprovechar también para visitar la extraordinaria ciudad de Jerusalén. A pesar de la situación de inseguridad que se vive en los territorios palestinos no podemos dejar de recomendaros su visita, tanto por su historia como por su simbolismo religioso, aunque conviene estar informado de la situación actual en la zona antes de ir.
Del 25 de diciembre de 2003 al 6 de enero de 2004
La moneda es el dinar jordano (abreviada JD), compuesta a su vez de 1.000 fils. No hay ningún problema en cambiar euros y no se cobra ninguna comisión por el cambio en efectivo. En las ciudades más importantes también es fácil obtener dinero simplemente con una tarjeta de crédito en cajeros automáticos ATM. En la terminal de llegadas del aeropuerto internacional Queen Allia hay oficinas donde cambiar moneda (abiertas las 24 h), pero el cambio aplicado es bastante malo y recomendamos cambiar aquí lo mínimo. Los viernes y sábados los bancos están cerrados.
La moneda israelí es el nuevo shekel (abreviada ILS). En Jerusalén los mejores lugares para cambiar de euro a ILS son las oficinas de cambio, especialmente las que se encuentran a la entrada de la Puerta de Damasco, en la ciudad vieja, o bien en el eje comercial de la ciudad nueva.
Cambio medio:
- 1 JD (dinar jordano) = 1,1443 Eur (1 Eur = 0,874 JD)
- 1 ILS (nuevo shekel israelí) = 0,18928 Eur (1 Eur = 5,283 ILS)
+ 494'85 € (vuelo ida/vuelta + tasas aéreas)
+ 22'88 € (visado jordano + tasas de salida de Jordania)
+ 209'24 € (Jordania: transporte, alojamiento, comida/bebida, entradas, ...)
+ 25'36 € (tasas de salida de Israel)
+ 53'64 € (Jerusalén: transporte, alojamiento, comida/bebida, entradas, ...)
= 805'97 € (total por persona)
Presupuesto diario medio (sin contar vuelo, visado, ni tasas):
- Jordania: 23'24 € por persona y día. - Jerusalén: 17'88 € por persona y día.
Jordania. Es necesario un visado que sólo podrá ser expedido sobre un pasaporte con una validez mínima de 6 meses. Si se entra al país por el aeropuerto internacional Queen Allia de Ammán el visado cuesta 10 JD y sólo permite una entrada y una salida del país (en el caso de entrar por Aqaba es gratuito al tratarse de una zona económica especial). Aunque el visado es válido para más de 15 días, si la estancia en Jordania va a sobrepasar ese plazo el viajero debe presentarse, antes de que venza, en una comisaría de policía para su renovación. Recientemente el gobierno jordano anunció la posibilidad de de eliminar el coste económico del visado para favorecer el turismo, pero hasta la presente no hay nuevas noticias al respecto.
Israel. Si se desea ir a Jerusalén desde Jordania, como en nuestro caso, recomendamos hacerlo por la frontera King Hussein-Allenby, por ser la más cercana a Ammán y también porque si se vuelve de nuevo a Jordania antes de 15 días no es necesario un nuevo visado (el gobierno jordano emplea la lógica de que Palestina aún forma parte de su territorio y por tanto no se puede entrar en Jordania si no se ha salido de él). Es muy importante tener en cuenta que si se desea continuar viaje a otros países árabes o islámicos sin relaciones con Israel (por ejemplo Siria o Líbano) hay que tener cuidado de no llevar ningún sello israelí estampado en el pasaporte (ni tampoco de salida o entrada a Jordania por algún punto que induzca a pensar que se ha estado en Israel). Para entrar en Israel el visado no es necesario para estancias de menos de tres meses y el pasaporte debe tener una validez mínima de 6 meses.
Para más datos sobre el tema de los visados y el paso de fronteras entre ambos países recomendamos consultar la información actualizada que proporciona (en inglés) la web Ruth's Jordan.
No hay ninguna vacuna obligatoria y, en general, no existen problemas sanitarios en Jordania ni Israel. Pero debido al alto coste de los servicios sanitarios se recomienda, como siempre, llevar un seguro propio.
Jordania es, a pesar de la conflictividad existente en algunos de sus países vecinos, un país bastante seguro para el viajero. Los extranjeros son generalmente bien recibidos y aceptados por el hospitalario pueblo jordano. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores español recomienda evitar ciertas zonas que pueden ser conflictivas, como los alrededores de los campos de refugiados, las inmediaciones de las fronteras con Israel y Cisjordania y las aglomeraciones que se crean los viernes en las mezquitas. Nuestro consejo es que, como siempre, conviene usar el sentido común y ser precavidos.
Lamentablemente la seguridad en Jerusalén es algo más precaria debido a los atentados suicidas que, de tanto en tanto, sacuden la zona. La presencia policial es bastante notable en la ciudad, así como en otros lugares de los territorios ocupados de Cisjordania, especialmente en lugares sensibles por su carácter político o religioso. También hay que tener en cuenta la existencia de los férreos controles de seguridad a la entrada de lugares como el Muro, la zona de las mezquitas, edificios oficiales e incluso algunos bares y restaurantes en la ciudad nueva. Pero dicho esto, nuestra experiencia en la visita a Jerusalén fue muy positiva en este sentido. Por tanto recomendamos no dejar de visitar Jerusalén, aunque eso sí, también aquí conviene usar el sentido común, ser precavidos y muy discretos.
Autobús. Para moverse por el interior del país, los minibuses privados y taxis colectivos permiten circular rápidamente sobre casi la totalidad del pequeño territorio jordano a unos precios muy buenos. Para algunos trayectos también hay grandes autobuses climatizados de la compañía JETT, más cómodos, pero también bastante caros.
En las fechas de nuestro viaje, y debido a problemas de seguridad, la única posibilidad para ir de Jerusalén a la frontera jordana o viceversa era mediante taxi colectivo (sherut).
Coche de alquiler. Alquilar un coche en Jordania resulta bastante caro, debido a las elevadas tarifas de las agencias de alquiler de coches. Pero si el dinero no es problema puede resultar una buena opción para moverse por el país.
Tren. Sólo hay una línea de ferrocarril, la de Hedjaz, que une Ammán y Damasco, pero no realiza ninguna parada en territorio jordano (excepto Ammán, claro).
En las fechas de nuestra visita disfrutamos de un tiempo soleado, pero frío, con temperaturas alrededor de los 8ºC, sobre todo por la noche y especialmente en Ammán y la zona norte. En Aqaba, al lado del Mar Rojo, la temperatura es bastante más suave y casi primaveral. En cuanto al Mar Muerto, debido a sus características, goza de una temperatura varios grados más elevada que en el resto y, por tanto, es posible bañarse en pleno invierno sin problemas. En Jerusalén la temperatura era fresca, pero algo más suave que en Ammán. En cualquier caso conviene llevar ropa de abrigo e ir preparados para la lluvia, pero también para el sol, especialmente en las visitas a Petra o a Wadi Rum, en pleno desierto.
El plato nacional es el mansaf (cordero cocinado con yogur y servido sobre arroz), pero también el musakhan (plato a base de pollo asado con cebollas, piñones y aceite de oliva sobre pan) o el maglouba (carne o pescado mezclado con verdura o arroz). Por supuesto también encontramos platos tradicionales de la zona, como el kebab, el shawarma, el felafel o el hummus. En Aqaba hay una gran variedad de platos de pescado.
+ 1 hora (respecto nuestro horario de invierno).
Jordan, Lonely Planet (5ª ed. Abril 2003). Debido a lo reciente de su publicación en las fechas de nuestro viaje la información de la guía era bastante exacta. En general es completa y práctica, aunque encontramos a faltar algunos datos que creemos interesantes para el viajero.
Vuelo Barcelona-Estambul con Turkish Airlines (2.225 km en 3 h. y 15 minutos). Tras 4 horas de espera en el aeropuerto tomamos el vuelo Estambul-Ammán, también de la misma compañía (2 horas para recorrer los 1.200 km que separan ambas ciudades). Finalmente llegamos al aeropuerto internacional Queen Alia, unos 35 km al sur de Ammán.
Antes de pasar el control de pasaportes cambiamos dinero en una oficina de cambio para poder pagar el importe del visado. Dado que el cambio aplicado aquí es bastante peor que en la capital recomendamos cambiar lo mínimo para el visado y poder llegar hasta la ciudad.
Para ir al centro de Ammán desde el aeropuerto es posible tomar un autobús o un taxi. El autobús Airport Express sale desde fuera de la terminal de llegadas 2 y llega a la estación de autobuses Abdali. Cuesta 1'5 JD y hay uno cada 30 minutos entre las 6:00 y las 22:00, mientras que fuera de esas horas hay sólo uno cada hora. Al llegar nosotros pasada la medianoche y no encontrarse el autobús en su parada optamos por tomar un taxi, compartiendo su coste con otra pareja de viajeros. Después del habitual regateo conseguimos pagar 15 JD entre els 4.
El Hotel Farah (calle Al-Hussein Cinema, muy cerca del Arab Bank. Tel 4651443) es muy recomendable como opción económica. Una habitación doble, pequeña, con baño compartido, agua caliente y calefacción cuesta 9'9 JD, impuestos incluidos. Es recomendable realizar una reserva vía e-mail, especialmente si se va a llegar de madrugada. Aunque el hotel está en una zona muy céntrica, por la noche es bastante tranquilo. Otra opción, de más nivel y también muy recomendable, es el Al-Saraya Hotel (calle Al-Jazza'er, en el lado este de la estación de autobuses Raghadan y a 500 m. del Teatro Romano. Tel. 4656791). La habitación doble, muy espaciosa, con TV y baño privado cuesta 14 JD y tiene una excelente relación calidad-precio. Además, su propietario, Mr. Fayez Al-Kayyali, es muy amable y atento con todos los huéspedes (en su despacho es fácil encontrar numerosos viajeros tomando té y charlando). Aquí se organizan viajes a Bagdhad, la capital iraquí, para personal de ONGs, periodistas y aventureros en general.
En la calle Hashemi de Ammán, casi enfrente del Teatro romano, está el restaurante Fast Meal, muy limpio, la comida está bien y los precios muy ajustados. Contrariamente a lo que pasa en muchos otros lugares aquí la mayoría de clientes son mujeres jordanas, por lo que este es un lugar recomendado para mujeres occidentales que viajen solas. El Books@Cafe, en la escondida calle Omar bin al-Khattab (por encima del mercado de frutas y verduras), tiene una librería en la planta baja y un bar-restaurante muy fashion en la planta superior. Está decorado con gusto y es un lugar muy agradable, además de tener unas estupendas vistas sobre parte de la ciudad. Los precios son algo caros pero es una oportunidad única para ver la beautiful people jordana en su ambiente, con hombres y mujeres jóvenes vistiendo ropa occidental y con un look muy moderno.
En Jerash recomendamos el restaurante Ajloun, justo al lado del mercado en la ciudad nueva, donde se puede pedir un shawarma exquisito a un precio muy razonable.
Ammán es hoy una ciudad bastante moderna e incluso occidentalizada en muchos aspectos, aunque los restos más antiguos que se han encontrado se remontan a más de 3000 años a. C. En la antigüedad tuvo el nombre de Philadelphia y se construyó, como Roma, sobre siete lomas (o djebel). Por sus dimensiones y orografía es algo inhóspita para recorrer a pie, si exceptuamos la zona centro. A pesar de que no cuenta ni mucho menos con los atractivos de El Cairo o Damasco, por poner un ejemplo, sí merece al menos una breve visita.
La mezquita King Abdullah, a sólo 400 m. de la estación de autobuses Agdali, es muy moderna pero construida con buen gusto. Especialmente impactante es su enorme cúpula de color azul. En teoría es la única mezquita de Ammán visitable por no-musulmanes y la entrada cuesta 1 JD. Por la noche se ilumina con focos y la vista desde el exterior de sus minaretes y cúpula resulta muy bonita.
El Teatro Romano es quizás lo más vistoso de Ammán, al menos de todos los restos romanos de la ciudad. Fue construido en el s. II y restaurado hace algunas décadas. Tiene un aforo de 6.000 asientos. Vale la pena subir hasta arriba de todo para tener una vista sobre esta parte de la ciudad y las lomas que hay enfrente. En invierno cierra sobre las 16:30 y a esa hora hay una bonita luz sobre el entorno ya que coincide con la puesta de sol. La entrada es gratuita. Delante del Teatro tenemos el Forum (fue una de las plazas más grandes del Imperio Romano y de la que sólo quedan algunas columnas y un pequeño parque que se ha construido encima) y el Odeon (construido en la misma época que el Teatro, servía para representaciones musicales). La entrada a este último es gratuita.
Justo al lado de la zona anterior está la plaza Hashemita, donde suele haber mucha población local hablando, fumando y viendo pasar la vida. Por la tarde está especialmente animada. Si desde aquí tomamos la calle Hashemi en dirección oeste también encontraremos un gran bullicio. Hay un gran número de comercios de todo tipo, y entre ellos algunas tiendas de recuerdos, con una gran variedad y a precios muy competitivos. A algo más de 1 km de la plaza Hashemita encontramos la bonita mezquita King Hussein. Esta zona de la ciudad, especialmente a partir de la puesta de sol, es un hormiguero humano.
Jerash es una de las ciudades romanas mejor conservadas en la región de Oriente Medio, y por tanto una de las atracciones principales de Jordania. Formó parte de la Decápolis o liga de las diez ciudades, establecida por los romanos en el año 63 a. C. Sus ruinas se descubrieron en el s. XIX y, desde entonces, sucesivas excavaciones han dejado al descubierto sus tesoros arquitectónicos, aunque, se considera que la mayor parte de la ciudad está aún por descubrir y por ese motivo continúan los trabajos de reconstrucción. La visita a Jerash cuenta además con la ventaja de ser muy accesible desde Ammán y asequible por lo compacto del complejo. Con tiempo suficiente es posible extender esta excursión para visitar el castillo Qala'at ar-Rabad en Ajlun, población a 22 km al noroeste de Jerash. Los minibuses salen de la nueva estación de Jerash.
Entrando por el Arco de Adriano (Arco Triunfal) se pasa junto al Hipódromo hasta llegar a la entrada sur del recinto, donde se encuentra un quiosco de información y donde se compra la entrada, que ahora cuesta 2'5 JD (se ha reducido el precio un 50%). Nada más cruzar la muralla aparece ante nuestros ojos el Forum, una magnífica plaza oval de 90 m. de largo por 80 de ancho delimitada por 56 columnas de estilo jónico, siendo ésta una de las imágenes distintivas de Jerash. Enfilamos el Cardo Maximus, la antigua calle principal donde aún son visibles sobre el suelo empedrado las marcas dejadas por los carros romanos al circular repetidamente por ella. A lado y lado hay numerosas columnas y restos de edificios. Es especialmente impresionante la entrada del Templo de Artemisa. Al llegar frente al bonito Tetrapylon norte, el más conservado, giramos a la izquierda para visitar el Teatro norte. Desde las gradas superiores del teatro hay una magnífica vista del entorno, incluyendo la cercana ciudad nueva de Jerash. Desde aquí volvemos hacia el sur por un camino que siguen por un terreno elevado y que pasa ante el Templo de Artemisa, bastante bien conservado y cuyas columnas impresionan por el tamaño. El camino finalmente conduce al Teatro sur, bastante más grande que el anterior y desde cuya parte superior también hay unas vistas excelentes de la ciudad romana con el Forum en primer plano, y la ciudad nueva justo detrás. Por último descendemos por el Templo de Zeus, del que queda poca cosa, hasta llegar de nuevo al Forum y dar por concluida la visita saliendo de nuevo por la entrada sur. En total la visita al recinto requiere unas 3 horas más o menos
Jerash está 51 km al norte de Ammán y para llegar a ella se toma un autobús en la estación Agdali, a unos 2 km del centro. Salen minibuses privados cuando se llenan, cuestan 500 fils y tardan una hora en llegar. La parada final es en la nueva estación de autobuses de Jerash, a 1 km del centro en la carretera a Ajlun. Recomendamos solicitar al conductor que pare al llegar al cruce que hay ante el arco de Adriano para ahorrarnos el camino de vuelta hasta aquí. Para tomar el autobús de vuelta a Ammán hay que ir hasta la estación de autobuses. La vuelta a Ammán en un autobús público cuesta 375 fils y su destino final es la estación Agdali.
Mar Muerto. Se trata de uno de los lugares más peculiares del planeta ya que se encuentra situado a 400 m. por debajo del nivel del mar, siendo uno de los lugares más bajos de la superficie de la tierra y el lago de mayor salinidad del mundo. Este elevado nivel de salinidad provoca que sus aguas no contengan peces ni vida marina alguna y que la flotabilidad del agua sea muy superior a la de cualquier otro mar, impidiendo que los bañistas se hundan. Por otra parte, la gran riqueza de minerales que el agua lleva disueltos hace que, tanto sus aguas como el lodo del fondo marino, tengan importantes propiedades medicinales. En la orilla es curioso observar las extrañas formas que adopta la sal al solidificarse. El especial microclima de la zona posibilita el poder bañarse aquí todo el año, incluso en invierno, aunque parezca inimaginable estando en Ammán, a sólo 50 km.
Nuestra visita al Mar Muerto fue una excursión de medio día desde Ammán. Unos 5 km al sur del antiguo Dead Sea Rest House (ahora cerrado) se ha habilitado una nueva zona de baño conocida como Ammán Beach. Se trata de un sencillo complejo con una playa de arena y palmeras, duchas, vestidores, algunas tiendas y un restaurante. Pagando 3 JD se puede acceder a la playa y utilizar las instalaciones mencionadas, todo bastante limpio. Una ducha después del baño es especialmente necesaria, puesto que la piel se acaba acartonando por la película de sal blanca que se forma al secarse.
Llegar hasta aquí con transporte público no nos resultó fácil, ya que no conseguimos encontrar un autobús directo. Empezamos nuestro periplo en la estación de minibuses al Mar Muerto, delante de la Muhajireen Police Station, en la calle Al-Ameerah Basma bin Talal (zona de Jebel Ammán). Tras preguntar sobre la existencia de un minibús directo al Mar Muerto y obtener varias respuestas contradictorias optamos por tomar el primer minibús a Shuneh (cuesta 450 fils). Después de 40 minutos de viaje nos deja en el cruce de las carreteras nº 40 y 65, poco antes de llegar a Shuneh. Aquí abordamos otro minibús que va hacia el sur. El trayecto de 15 minutos nos cuesta 100 fils y se acaba poco más allá de Suweimah, donde estaba el antiguo Dead Sea Rest House, pero aún quedan unos 5 km hasta Ammán Beach. En este punto de la carretera hay un control militar (por la cercanía de la frontera israelí) y tras ser preguntados por nuestro destino, un oficial del destacamento, muy amablemente, intercede por nosotros hasta conseguirnos un vehículo, de los que cruza el control, que nos lleve hasta allí. Tras 10 minutos en un vehículo 4WD, conducido por un jordano muy cortés, finalmente llegamos a Ammán Beach. Para volver a Ammán solicitamos un taxi en la entrada del complejo y que compartimos con otros viajeros en nuestra misma situación para ir hasta el cruce cercano a Shuneh (pactamos un precio conjunto de 3 JD). Ahí tomamos el primer minibús que pasa hacia Ammán (450 fils).
Fortalezas del desierto. Aunque nosotros no dispusimos del tiempo necesario, una posible e interesante excursión de un día desde Ammán es la visita a estos castillos, situados al este, hacia la frontera con Irak. Estas fortalezas tienen un origen muy antiguo y han perdurado al haber sido modificadas y reconstruidas por los diferentes pueblos que han habitado la zona. La fortaleza de Qasr Amra, del siglo VIII y cuyo origen parece corresponder a un castillo de recreo construido por los Califas Omeyas sobre unos baños de origen romano, es Patrimonio de la Humanidad ya que posee unos frescos originales en muy buen estado. Otros ejemplos son Qasr Azrak, construido en piedra volcánica, y Qasr al-Hallabat, de posible origen romano y transformado en palacio durante la época omeya.
En la estación de autobuses Agdali de Ammán compartimos con otros viajeros un taxi privado (acordamos un precio conjunt de 10 JD) a King Hussein Bridge, la frontera jordana con los territorios palestinos de Cisjordania. También existen minibuses que hacen este trayecto, aunque hay que esperar a que se llene el vehículo para marchar. Empleamos unos 50 minutos en recorrer los 56 km que separan ambos puntos. La ventaja de cruzar esta frontera es que Jordania considera que al pasar a los territorios palestinos realmente no se abandona el país, por lo que no es necesario un visado de múltiples entradas a Jordania si hemos de volver a ella (como era nuestro caso). Por la misma razón tampoco se sella la salida en el pasaporte. Pero curiosamente sí que hay que pagar 5 JD en concepto de tasas de salida del país (?). La compra y registro de un sello por ese concepto es el único trámite a realizar aquí. A continuación subimos a un autobús de la empresa JETT que espera un cierto tiempo en este punto para trasladarnos hasta el lado israelí (es un corto trayecto de unos 5 km por un desierto tierra de nadie, minado y con torres de vigilancia) y que cuesta 2 JD, pero no hay otra alternativa.
Cruzado el puente sobre el río Jordán se llega a un primer control israelí, donde hay que descender del autobús para mostrar el pasaporte. De nuevo en el autobús recorremos 1 km más hasta Allenby Bridge, el punto fronterizo israelí, no muy lejos de la población de Jericó. Aquí los funcionarios israelíes toman nuestro equipaje para pasarlo por el escáner (nos pegan una etiqueta en el pasaporte que servirá para recogerlo al final del proceso de entrada). Nosotros y nuestro equipaje de mano seguimos otro camino con control de escáner y arco de seguridad con una sensibilidad muy elevada, con lo que cualquier cosa metálica pita enseguida. Pasados estos controles viene la parte más dura: el interrogatorio por parte de las funcionarias israelíes. Con nuestro pasaporte en sus manos se van sucediendo las preguntas sobre el objeto y duración de nuestra visita, nuestra profesión, hotel en Jerusalén, etc. También debemos mostrar nuestro billete de avión para probar que no es nuestra intención permanecer en Israel, sea para trabajar o con cualquier otra finalidad (?). Ante la evidencia de un visado sirio en nuestro pasaporte se suceden nuevas preguntas sobre el porqué de nuestra visita a ese país y sobre si hemos estado en Yemen, Irak, Afganistán, etc. En este punto solicitamos que el sello de entrada a Israel sea estampado en un papel aparte para que no quede constancia de nuestra visita en el pasaporte, con vistas a futuros viajes a países árabes que deniegan la entrada ante la evidencia de un viaje a Israel (la funcionaria pregunta el porqué de esta petición, pero no pone ninguna objeción). De aquí pasamos a una segunda sala donde debemos esperar sentados en un banco a ser llamados para nuevas preguntas (algunas de ellas son formuladas varias veces bajo formas distintas, suponemos que para verificar la coherencia de las respuestas). Finalmente una funcionaria nos devuelve el pasaporte con el sello israelí en una hoja aparte, deseándonos una feliz estancia y advirtiéndonos de que vayamos con precaución. A continuación recogemos nuestro equipaje en una sala contigua. Todo este proceso en el puesto fronterizo israelí nos supuso alrededor de una hora, poco tiempo si comparamos con algunos viajeros que han llegado a emplear hasta 6 horas (aunque se trata de casos extremos).
Antes de salir al exterior cambiamos lo mínimo para poder pagar el transporte hasta Jerusalén en moneda israelí, ya que el cambio aplicado no es bueno. Debido a la situación de inseguridad en la zona actualmente no hay servicio de autobuses a Jerusalén, por lo que la única posibilidad de transporte directo es un taxi colectivo llamado sherut (vehículo Mercedes de 7 plazas). Hasta Jerusalén el precio del trayecto es de 35 ILS y hay que esperar a que se llenen las 7 plazas. Empleamos unos 50 minutos en recorrer los 42 km hasta la Puerta de Damasco de Jerusalén, parada final de estos taxis. No es raro encontrar controles militares en la carretera.
Conviene llegar a esta frontera como máximo hacia el mediodía, ya que al parecer ésta permanece cerrada por la tarde (al menos esto era así en las fechas de nuestro viaje). En cualquier caso siempre es buena idea informarse previamente de si está abierta o no antes de salir hacia ella, puesto que el gobierno israelí puede decidir su cierre sin previo aviso por razones de seguridad.
Palm Hostel (6 Ha Nevi'im; tel. 6273189). La habitación doble con baño compartido cuesta 80 ILS, aunque se puede regatear y pagar 70 si la ocupamos varias noches. La habitación es simple, aunque el hotel estaba en renovación en las fechas de nuestra visita. Está muy bien situado, en Jerusalén Este (la parte palestina de Jerusalén), enfrente de la Puerta de Damasco. Dispone de cocina y acceso a Internet, y el personal del hotel es muy afable y una buena fuente de información. Otra opción muy recomendable, aunque de más nivel y precio, es el Petra Hotel & Hostel (1 David St, a unos 120 m. de la puerta de Jaffa), el hotel más antiguo de Jerusalén con 170 años de historia y que ha tenido huéspedes ilustres. Es conveniente reservar con antelación.
En la zona de Jerusalén Este los restaurantes y chiringuitos de comida cierran bastante pronto por la noche. En la calle Aqabat al-Khanqan, en la Ciudad Vieja y a 50 m. de la mezquita Khanqan Salahiyya, se encuentra el restaurante vegetariano Lina, muy bueno y a un precio muy razonable.
Justo en la entrada de la Puerta de Damasco hay dos pequeños chiringuitos muy recomendables para cambiar dinero. La Oficina de Turismo se encuentra algo escondida, en una esquina de la plaza Safra, dentro del complejo New City Hall.
Jerusalén. Realmente no deja de ser una amarga ironía que la ciudad que fue llamada Ciudad de la Paz (Orshalem) por los cananeos hace 5000 años no la haya tenido en los últimos 2000 años. En ningún lugar santo del mundo han corrido tantos ríos de sangre como aquí. Las tres grandes religiones monoteístas -judaísmo, cristianismo e islamismo- han hecho de ella la manzana de la discordia de sus creencias. Desde los días de Jesucristo, la ciudad ha sido conquistada once veces y destruida totalmente cinco. Debido a su enorme simbolismo y carga religiosa no es extraño que aún hoy se den casos del llamado síndrome de Jerusalén, en el que algunos visitantes se vuelven locos y se creen personajes de la Biblia. La verdad es que sea uno creyente o no es impresionante el patrimonio religioso de esta ciudad sagrada.
Por esta razón la lista de puntos de interés en Jerusalén es casi infinita, ya que además de sus calles y monumentos, la ciudad tiene una intensa vida cultural. Por todo esto recomendamos prever una estancia de varios días en Jerusalén.
Ciudad Vieja (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981). Esta zona compacta y completamente amurallada está dividida en cuatro barrios diferenciados, los barrios musulmán, judío, armenio y cristiano. La mejor forma de visitarla es recorriendo a pie sus callejones y bazares, ya que, sin duda, es toda una experiencia, retrocediendo en el tiempo y notando el peso de la historia en cada uno de sus rincones. El conjunto es fascinante y en general está bien cuidado. A continuación indicamos, a nuestro entender, algunos de sus puntos de interés más sobresalientes:
- Puertas y murallas. Las murallas que actualmente circundan la ciudad fueron construidas por Suleiman el Magnífico sobre los antiguos muros romanos, a mediados del s. XVI para proteger la ciudad. Están formadas por un muro de 12 metros de altura, con 35 torres defensivas y ocho puertas de acceso sobre un perímetro de 4.870 metros. En teoría es posible recorrer el perímetro de las murallas por su parte superior (excepto el tramo correspondiente a la Explanada de las Mezquitas), proporcionando unas magníficas vistas sobre la Ciudad vieja y sus monumentos más emblemáticos, debido a su elevación sobre el entorno. Pero en las fechas de nuestra visita los accesos a la muralla, situados junto a las puertas de Jaffa y Damasco, estaban cerrados por motivos de seguridad, imposibilitando el subir a ellas. De las 8 puertas la más espectacular y característica es, sin duda, la Puerta de Damasco o Damascus Gate (justo delante de ella hay una pequeña plaza donde suele haber un mercadillo muy bullicioso), aunque también son remarcables la Puerta de Jaffa (Jaffa Gate) o la Puerta de San Esteban (St Stephen Gate), por ejemplo. Aunque cualquiera de las 7 accesibles (la Puerta Dorada o Golden Gate fue sellada ya hace mucho tiempo) merecen ser contempladas y traspasadas.
- Explanada de las Mezquitas (Haram ash-Sharif y Har HaBayit para musulmanes y judíos respectivamente). Se trata de un lugar sagrado para musulmanes, judíos y cristianos, ya que aquí se encuentra la roca desde la que supuestamente el profeta Mahoma ascendió a los cielos y que también honra el sacrificio realizado por Abraham cuando inmoló un cordero en lugar de su hijo Isaac.
Esta explanada ocupa casi una sexta parte de la Ciudad Vieja y está formada por una gran zona plana y pavimentada, rodeada por bellos edificios de estilo mameluco y en cuyo centro se alza la emblemática Cúpula de la Roca (llamada así por contener la roca sagrada). La enorme cúpula, forrada en oro, destaca sobre el paisaje urbano de Jerusalén, y corona un edificio de forma octogonal, bellamente decorado por fuera con finos mosaicos persas. En el lado sur del conjunto se encuentra la interesante mezquita Al-Aqsa, la más grande de Jerusalén, por su curiosa e inusual combinación de estilos arquitectónicos debidos a su agitada historia. En fin, recomendamos pasear con tranquilidad por la explanada y sentarse a contemplar la serena belleza del conjunto, así como el ir y venir de fieles en las horas de rezo (ante la mirada atenta de las patrullas militares israelíes). Nadie debería marchar de Jerusalén sin antes haber visitado este lugar.
Aunque existen 9 puertas de acceso al complejo, sólo las de Bab al-Marghariba (junto al Muro Oeste) y la de Bab as-Silsila (en el extremo oriental de la calle Bab as-Silsila) están permitidas para los no musulmanes. El horario de acceso parece depender de numerosas variables, pero en cualquier caso parece ser que las 14:00 es la hora límite para entrar. Se debe ir correctamente vestido y tener en cuenta que hay exhaustivos controles militares en las entradas, con arcos de seguridad y escáneres. La entrada al recinto es gratuita. En el momento de nuestra visita el acceso a la mezquita Al-Aqsa y a la Cúpula de la Roca estaba prohibido para no musulmanes. También es importante tener en cuenta que algunas zonas del recinto están estrictamente fuera de límites para los visitantes.
- Muro Oeste. A primera vista se trata de un simple muro de piedra de 15 metros de altura y que corresponde en su parte superior a los restos del Segundo Templo, levantado por Herodes el Grande en el 20 a.C., y en su base al antiguo de Salomón, pero es el lugar más sagrado para los judíos y, sin duda, un sitio fascinante para el visitante. Desde la Edad Media también es conocido como el Muro de las Lamentaciones, por el hecho de que los judíos acuden aquí a rezar y a lamentarse por la destrucción del templo).
La zona frente al muro es como una gran sinagoga al aire libre y está dividida en dos zonas separadas para hombres y mujeres. La zona para hombres suele estar más animada y es bastante más pintoresca por la indumentaria y ceremonial asociado al rezo de algunos de los creyentes (desde la zona para mujeres no es difícil poder "espiar" al otro lado). Es curioso contemplar el ceremonial con el que se visten algunos hombres para la oración. Por otra parte, no hay problema en poder acercarse al muro para visitantes no judíos: sólo es necesario ir correctamente vestido y, en el caso de los hombres, cubrir la cabeza con el yarmulke, un pequeño gorro circular de cartón que se suministra a la entrada. Una vez junto al muro podremos contemplar los miles de mensajes de papel que los judíos han escrito con sus deseos y esperanzas y deslizado entre las rendijas de las piedras. Esta acción es para ellos casi como entregárselo en propia mano a Dios, con lo que las oportunidades para ser atendido aumentan considerablemente.
El acceso al Muro Oeste es gratuito y, en teoría, está abierto las 24 horas. Los lunes y martes por la mañana y los sábados suele haber una mayor actividad, al coincidir con algún tipo de ceremonia. Para entrar al recinto del Muro también hay exhaustivos controles militares a las entradas. Si antes de pasar el control, entrando por Bab as-Silsila, nos desviamos para entrar en el pasaje Misgav Ladakh llegaremos a un punto panorámico con excelentes vistas sobre el Muro y la Cúpula de la Roca.
- Barrio Musulmán. Es el más poblado y activo de la Ciudad Vieja de Jerusalén. La Vía Dolorosa cruza este barrio desde la Puerta de San Esteban hasta la iglesia del Santo Sepulcro, ya en el barrio cristiano. Se trataría de la ruta que hizo Jesús cargando la cruz hasta el Calvario, y aunque están marcados cada uno de los pasos para los peregrinos, esta ruta parece más basada en la fe que en la realidad, puesto que ha ido variando su trazado con el tiempo. Al principio de esta calle se encuentra el lugar, algo claustrofóbico, donde nació la Virgen María y murieron sus padres (dejad un donativo). Justo al lado está la Iglesia de Sta. Ana, de estilo románico y el más bello ejemplo de arquitectura de los Cruzados en Jerusalén. La entrada cuesta 7 ILS y ciertamente se trata de un lugar muy interesante. Más adelante pasamos bajo el Arco de Ecce Homo, junto al Convento de las Hermanas de Sión. Ya en la calle Aqabat at-Takiya se pueden contemplar algunos ejemplos, en diversos estados de conservación, de edificios mamelucos de la edad de oro de la arquitectura islámica (s. XIII a XVI). Son reconocibles por las bandas de piedra roja y blanca en sus fachadas y quizás el más sobresaliente es el Palacio de Lady Tunshuq, que ahora parece servir de taller y almacén. Aprovechando unas obras en el recinto contiguo entramos y subimos por unas escaleras que nos conducen hasta una serie de terrazas interconectadas que nos proporcionan vistas insólitas de los tejados de esta parte de la Ciudad Vieja. En la esquina de esta calle y la de Al-Wad podemos ver Ribat Bayrar Jawish, otro bonito edificio.
- Barrio Judío. Al contrario que el anterior aquí siempre parece estar desierto. Arrasado durante la guerra de 1948 ha sido casi completamente reconstruido desde que los israelíes reconquistaron la ciudad, en 1967, aunque, eso sí, respetando la arquitectura tradicional para mantener el aspecto de la Ciudad Vieja.
- Barrio Cristiano. Aquí es posible encontrar iglesias, monasterios y otras instituciones religiosas pertenecientes a más de 20 sectas cristianas distintas. Sin duda, la Iglesia del Santo Sepulcro es su edificio más importante, edificado sobre la cima del monte Gólgota, donde Cristo fue crucificado y enterrado. Se trata de un conglomerado de diferentes estilos arquitectónicos, producto de las obras llevadas a cabo en diferentes épocas históricas. En el interior de la construcción se conserva un saliente rocoso del monte Gólgota. Quizás sea más imponente por su simbolismo que por su aspecto interior y exterior. A menos de 50 m. se encuentra la Iglesia Luterana del Redentor (Redeemer), característica por su alta torre que domina toda la Ciudad Vieja. Es posible subir a lo alto de la torre, por una escalera muy estrecha y en espiral, para contemplar una vista magnífica de todo el entorno. Subir cuesta 3 ILS, pero realmente vale la pena.
- Barrio Armenio. La pequeña comunidad armenia ha tenido una presencia continuada en Jerusalén desde el s. IV y vive en una ciudad dentro de la ciudad, ya que vive tras unas murallas que le aíslan del resto cada tarde cuando se cierran las puertas de acceso al recinto. Aunque no hay mucho que ver sí vale la pena visitar la Catedral de San Jaime. Ciertamente posee un aire místico imponente, al que ayuda el ambiente cargado de incienso, las enormes lámparas doradas y el suelo cubierto de enormes alfombras con vistosos dibujos. Como, además, sólo se puede visitar durante la misa es una magnífica oportunidad para sentarse en un banco y contemplar extasiado el ritual y los cánticos que acompañan la misa. Esta catedral se encuentra en la calle Armenian Orthodoxy Patriarchate y abre de 2:45 a 15:30.
Monte de los Olivos. Está situado al este de la Ciudad Vieja y ocupado en su mayor parte por el Cementerio Judío más grande y antiguo del mundo, ya que data de tiempos bíblicos. También podemos encontrar en él numerosas iglesias, aunque la mayor excusa para subir hasta su cima es la maravillosa vista panorámica sobre la Ciudad Vieja (es la que hemos visto tantas veces como fondo en las crónicas de los corresponsales de TV en Jerusalén).
Una posible ruta a pie desde la Ciudad Vieja hasta la cima podría ser la siguiente: salimos de la Ciudad Vieja por la Puerta de Dung (Dung Gate), dejando a la izquierda los Jardines Arqueológicos Ophel. Una vez en la carretera HaOphel vamos a la izquierda, dejando enfrente el valle Kidron y Silwan, un pequeño suburbio árabe que se encarama por el lado este del valle. Desde aquí hay una magnífica vista sobre el enorme Cementerio Judío, con miles de tumbas que ocupan buena parte del monte. Unos 500 m. siguiendo la carretera tomamos un camino que baja hacia el valle de Jehoshaphat y que conecta con la carretera de Jericó. Este camino nos permite ver de cerca varias tumbas del s. I, como la tumba de Jehoshaphat, el Pilar de Absalom, B'nei Hezir o la tumba de Zacarías. Son bonitas, pero el entorno está algo sucio y abandonado. Llegados a la carretera de Jericó continuamos a la izquierda, pasando por delante de la iglesia de Todas las Naciones. Es de construcción relativamente reciente, pero vale la pena fijarse en un gran mosaico dorado reluciente que adorna su fachada. Encontramos de frente y bajo el nivel de la carretera un edificio Cruzado del s. XII, que ahora pertenece a la Iglesia Ortodoxa Griega, sobre el lugar donde supuestamente está la tumba de la Virgen María. Como viene de paso vale la pena entrar a echar un vistazo, ya que su interior es bastante bonito (entrada gratuita). Junto a la iglesia hay una gruta muy acogedora, donde la tradición dice que se reunía Jesús con sus discípulos, y cuyo techo tiene algunos interesantes frescos. Ya de subida, y al otro lado de la carretera, encontramos la pequeña entrada al Huerto de Getsemaní, con algunos de los olivos más viejos del mundo (científicamente datados sobre los 2000 años de edad), y aceptado como el lugar donde Jesús pasó sus últimos instantes orando con sus discípulos antes de ser arrestado por los soldados romanos. La entrada es gratuita. Ascendiendo por el camino a la cima pasamos por delante de la iglesia rusa de María Magdalena muy característica por sus impactantes cúpulas doradas al estilo ruso que no pasan desapercibidas en el paisaje del monte. Fue construida por Alejandro III en memoria de su madre. Se puede visitar y la entrada es gratuita, al igual que la cercana iglesia de Dominus Flevit. Aunque este camino de subida es algo empinado, la recompensa es la privilegiada vista que nos va proporcionando sobre la Cúpula de la Roca y toda la Ciudad Vieja, así como sobre el Cementerio Judío (es fácil poder ver grupos de judíos vestidos de forma tradicional de visita y orando en el cementerio). Al llegar a la cima del monte, enfrente del controvertido hotel Seven Arches, construido por los jordanos sobre una parte del cementerio, encontramos un amplio mirador sobre Jerusalén, con la Explanada de las Mezquitas en primer término. Aquí nos podemos pasar un buen rato contemplando esta vista sin igual, y muy, muy fotogénica. Para hacer fotos es mejor la mañana que la tarde, ya que en el primer caso el sol está a nuestras espaldas e ilumina de lleno la cúpula dorada de la Roca. Desde luego si el día es soleado mucho mejor que si no lo está (lo decimos por experiencia, ya que subimos hasta aquí una primera vez con el cielo bien nublado y otra ya con el día soleado).
Otra forma de ir hasta el Monte de los Olivos es tomar el autobús nº 75 en la calle Sultan Suleyman de Jerusalén Este (estación de autobuses Suleyman St Arab). Cuesta 2 ILS y nos deja justo al lado del mirador, pasando antes por el monte Scopus.
Ciudad Nueva. Situada al noroeste de la Ciudad Vieja también tiene algunos puntos de interés:
- Mea She'arim. Este es el barrio-gueto donde viven judíos ultra ortodoxos y que constituye el único ejemplo que queda de gueto judío tal como eran en la Europa del Este antes del Holocausto. Muchos de sus habitantes visten de forma más que tradicional, tal como en la Europa oriental del s. XVIII, y su estricta interpretación de la Ley Judía hace que su actitud hacia los visitantes pueda ser poco amistosa. Se entiende que si uno desea internarse en sus calles deba adaptarse a sus peculiares reglas, porque de lo contrario es mejor abstenerse (se han dado incluso casos extremos de apedreamiento por considerar que alguien ha roto sus reglas de conducta). Varios carteles en las entradas al barrio recuerdan claramente al visitante cuales son esas reglas, como por ejemplo que las mujeres no pueden vestir ropa corta y ni siquiera pantalones largos, sino falda larga y mangas también largas; los hombres deben ir con pantalones largos; y las parejas no pueden ir cogidas de la mano y mucho menos besarse. También hacer fotos puede herir susceptibilidades.
Nuestra visita a Mea She'arim fue entre curiosa e interesante, ya que uno tiene la sensación de estar en una película de época: mujeres con largas faldas y hombres de piel blanquísima, con barba y tirabuzones en el pelo, y vestidos con levita, zapatos y sombrero de riguroso negro. El silencio es casi total y nadie habla, ríe o se saluda en la calle. Mayormente fuimos ignorados por los residentes (que es lo mejor que puede pasar) y en todo momento intentamos no violar sus reglas de conducta (ni siquiera hicimos fotos, nos limitamos a pasear y mirar). Este barrio se encuentra a 1'5 km de la Puerta de Damasco, siguiendo las calles Shivtei Y'israel y Mea She'arim.
- Calle Etiopía. A sólo 500 m. al sur de Mea She'arim encontramos esta bonita y tranquila calle, donde destaca la magnífica Iglesia Etíope (construida a finales del s. XIX), con una impresionante cúpula. Para alguien que haya estado en Etiopía ver la iglesia por fuera o entrar a su interior es como transportarse directamente a ese bello país africano, y más teniendo en cuenta que sus monjes y feligreses forman parte de la numerosa colonia etíope que vive en Jerusalén. Se puede visitar gratuitamente y cierra entre las 5 y 6 de la tarde. Al otro lado de la calle se puede ver la casa de Ben Yehuda donde vivió este gran lingüista que reactivó el uso de la lengua hebrea.
- Zona centro. Yendo hacia el sur por la calle Mounbaz pasamos por el Recinto Ruso, adquirido por la iglesia rusa en 1860, y su Iglesia de la Santa Trinidad, con sus vistosas cúpulas de color verde. Continuando por la carretera de Jaffa hacia el oeste llegamos a la plaza Sión, de donde arranca la calle peatonal Ben Yehuda. Tanto esta calle como las adyacentes están llenas de tiendas, bares y restaurantes y suelen estar muy animadas. Debido al sangriento historial de atentados en este área no sorprende que a la entrada de algunos locales muy concurridos haya controles de metales.
Museos. Con una historia tan larga e intensa por un parte, y una gran vida cultural por otro, no es de extrañar que en esta ciudad haya una gran cantidad de museos: de arqueología, religiosos, de arte moderno, etc.
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