El larguísimo trayecto entre Asahikawa, en el centro de Hokkaido, y Nikko, casi en la mitad de Honshû, lo realizamos encadenando hasta 6 trenes distintos, a veces con muy poco margen entre uno y otro, pero en Japón esto no supone mayor problema. Cuando fuimos a reservar plazas, en la estación de Asahikawa, el empleado nos preguntó por el origen y destino de nuestro viaje, introdujo los datos en el sistema y asistimos asombrados a como la máquina iba escupiendo los billetes, uno a uno.
Empezamos el largo viaje tomando a las 20:00 el Super Kamui Limited Express, un nuevísimo tren que nos lleva de Asahikawa a Sapporo en 1 hora y 20 minutos. En la nueva y enorme estación de Sapporo tenemos tiempo de comprar algo de comida para la noche de viaje y salir a dar una vuelta por las inmediaciones de la estación antes de tomar el siguiente tren, el Hamanasu Express. Este tren nocturno sale de Sapporo a las 22:00 y en su trayecto pasa de la isla de Hokkaido a la de Honshû cruzando el túnel Seikan, el túnel submarino más largo del mundo, con 23,3 km bajo la superficie marina del estrecho de Tsugaru, aunque el túnel tiene una longitud total de 53.85 km que se usa exclusivamente para el tráfico ferroviario.
Llegamos puntualmente a la estación de Aomori a las 5:39 de la mañana, donde disponemos de 13 minutos para cambiar de tren. Aunque aún estamos medio dormidos, la verdad es que no tenemos problemas para encontrar la vía y el siguiente tren, el Limited Express Tsugaru 2, con destino a Hachinohe, adonde llegamos 56 minutos después. El paisaje que vemos por la ventanilla en esta zona del país está formado, sobre todo, por campos de té y casas de tejados negros, con mucha más presencia humana que en Hokkaido.
En Hachinohe tenemos sólo 7 minutos para cambiar al siguiente tren y debemos apresurarnos por si acaso. Nuestro siguiente tren es el shinkansen Hayate 2, que sale de Hachinohe a las 6:55 y llega a Sendai a las 8:14. La velocidad del tren es tal que cuando nos cruzamos con otro en sentido contrario el tren se estremece por el choque de turbulencias. En Sendai tenemos otra vez sólo 7 minutos para el nuevo cambio de tren, al espectacular Max Yamabiko 2F, un shinkansen de dos pisos y con una locomotora con forma de pico de pato. Este tren sale de Sendai a las 8:21 y llega a Utsunomiya a las 9:46, donde tenemos el tiempo justo para salir de la zona de shinkansen e ir a la del tren local JR Nikko Line para tomar el de las 10:03, aunque siguiendo las indicaciones es fácil encontrarla. En los trenes locales los asientos son libres, por lo que no se reservan. Finalmente llegamos a la estación JR de Nikko a las 10:46.
En total recorrimos en casi 15 horas unos 1.275 km, utilizando 6 trenes distintos. Lógicamente es un viaje cansado, pero menos de lo que se podría pensar gracias al alto nivel de comodidad de los trenes y de que los trayectos, al menos los diurnos, se hacen cortos.
En la estación de tren Tobu Nikko, cuya línea ferroviaria es distinta de la JR y que se encuentra a sólo 100 m. de esta, hay una útil oficina turística donde conseguir mapas de Nikko y reservar alojamiento en la zona (en caso de reservar se paga en efectivo y hay que añadir 200 ¥ por el servicio).
En Nikko nos alojamos en el Turtle Inn Nikko (2-16 Takumi-cho, Nikko; tel. 0288 53-3168), donde pagamos 9.300 ¥ por una habitación de 2 camas que da a la parte posterior de la casa, con vistas al río y el bosque. Muy agradable. El baño es compartido y de estilo japonés. Además incluye un onsen privado ya que se puede cerrar la puerta y tenerlo para uno solo. La señora que lleva la casa es muy simpática y atenta. El hotel se encuentra en una zona residencial y puede no ser fácil de encontrar la primera vez. Además está algo alejado de la estación de tren JR (hay que tomar el autobús urbano 2A, 230 ¥, que en 10 minutos nos deja en una parada a 150 m. del hotel), pero a pesar de todo lo recomendamos vivamente.
NIKKO (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999 por su complejo de santuarios y templos) está situada a 140 km al norte de Tokio. Buena parte del área montañosa de Nikko forma parte del Parque Nacional de Nikko. Nikko es conocida y famosa desde el punto de vista turístico y religioso por la serie de santuarios y recintos sagrados que encontramos en ella, ya que fue durante varios siglos un centro espiritual de culto shinto y budista. Por otra parte Nikko y el área de Okunikko, alrededor del lago Chuzenji, destacan por sus bellos colores otoñales (koyo).
Frente al puente Shinkyo está la entrada de acceso al parque nacional y recinto donde se encuentran los templos de Nikko (hay otra entrada junto al Nikko City Hall). Al subir unas escaleras encontramos la oficina donde comprar las entradas para visitar los distintos templos. Si pensamos visitar varios vale la pena comprar un abono que cuesta 1.000 ¥ y permite visitar durante 2 días los principales templos de la zona. Vale la pena levantarse pronto para disfrutar de la tranquilidad en la visita a los templos hasta las 10 de la mañana, hora en que llegan los tours y empiezan a inundarlo todo.
• Templo Rinno-ji. Fue el primero de Nikko (año 766) y pasó a llamarse así cuando en el s. XVII fue convertido a templo de la secta budista Tendai. Lo más destacable son las imágenes de 3 budas en el interior de Sanbutsu-do, el mayor recinto de Nikko. Estaba en restauración parcial.
• Toshogu o mausoleo del shogun Tokugawa Ieyasu, el fundador del poderoso shogunato Tokugawa. Es el santuario más ricamente decorado de todo Japón y está considerado como la obra cumbre del estilo arquitectónico Gongen-zukuri, característico de los santuarios japoneses. En él trabajaron durante dos años más de 15.000 artesanos y carpinteros de todo el país. Se accede al recinto a través de un torii de granito. Llama la atención la pagoda Gojunoto, de cinco niveles. Vale la pena visitar el recinto pausadamente para fijarse en sus numerosos detalles.
• Futarasan. Se trata de un santuario compuesto de varios edificios, construidos en diferentes épocas. Durante nuestra visita coincidimos con una boda en la que los novios e invitados iban vestidos de forma tradicional. Les hicimos un reportaje fotográfico gratuito (!!).
• Taiyuin-byo o mausoleo de shogun Tokugawa Iemitsu, nieto de Tokugawa Ieyasu. Su construcción acabó en 1653 y compite en magnificencia y riqueza con Toshogu, aunque para nosotros Taiyuin-byo es el mejor, también porque el entorno es especialmente bonito y es menos visitado que el anterior.
• Puente Shinkyo. Este puente sagrado, lacado de color rojo, fue construido para acceder al Toshogu cruzando el río Daiya y en la época feudal sólo podía ser usado por el emperador, aunque hoy día es suficiente con pagar 300 ¥. Está considerado como uno de los 3 puentes más bonitos de todo Japón juntamente con los de Iwakuni Kintaikyo y Saruhashi. Su elegancia simple contrasta con su entorno salvaje: el barranco fluvial, las verdes montañas y los rápidos del río.
• Kanmangafuchi Abyss es un barranco fluvial formado por la erupción del cercano monte Nantai que ha dejado grandes rocas sobre el lecho del río y que cuenta con un camino que transcurre junto al río a través de un paisaje realmente precioso. Junto al camino encontramos 70 Jizous, unas llamativas estatuas de piedra puestas en hilera y tocadas con un gorro rojo. Un Jizou es un Bodhisattva (término del budismo tibetano que designa a alguien que está en el camino de la iluminación) que cuida de los muertos. Todo ello, junto con el paisaje de rocas, rápidos y vegetación, hacen que este lugar sea muy recomendable. Muy cerca del hotel Turtle Inn Nikko está el puente Kanman que da acceso a este camino.
• Estación de tren JR. Es la más antigua de Japón (funciona desde 1890) y fue rediseñada por el arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright y construida en 1915.
Nuestro viaje de Nikko a Shiuzuoka, de 330 km, empieza en la estación JR de Nikko a las 13:35, donde tomamos un tren local de la JR Nikko Line que nos lleva hasta Utsunomiya en 40 minutos. En Utsunomiya hacemos el cambio a la línea de shinkansen para tomar a las 14:50 el shinkansen Nasuno a la estación central de Tokio, adonde llegamos tras un viaje de 54 minutos. Por esta estación de Tokio pasan cada día unos 3.000 trenes, siendo la más activa de Japón por nº de trenes.
El trayecto de Tokio a Shizuoka lo hacemos en un shinkansen Kodama de la Tokaido Shinkansen Line que va de Tokio a Osaka. Mientras esperamos la llegada de nuestro shinkansen nos divertimos viendo la llegada y salida de diversos modelos de trenes de alta velocidad, pertenecientes a distintas generaciones tecnológicas (de todos ellos destacamos el modelo N700 Series). Por otra parte, la línea Tokaido pasa junto (es un decir) al monte Fuji, por lo que si se va en dirección a Osaka conviene reservar asientos en el lado derecho del tren por si hay suerte y el esquivo volcán se deja ver (en nuestro caso no tuvimos suerte y en ese momento estaba escondido, suponemos, tras las nubes). Finalmente llegamos a las 18:55 a la estación JR de Shizuoka tras un viaje de 90 minutos desde Tokio, teniendo en cuenta que el Kodama es el más lento de los shinkansen.
En la estación de tren JR de Shizuoka hay una Oficina de Turismo donde obtener mapas e información en inglés, por ejemplo sobre alojamiento en la ciudad.
En el Kagetsu Ryokan (1-5-2 Inagawa, Shizuoka; tel. 054 281-0034) pagamos 8.000 ¥ por una habitación de estilo japonés, con tatami y futón. El baño es compartido y tiene onsen. El sitio no está nada mal. El hotel se encuentra en la zona de Suruga-Ward, a 500 metros de la estación JR (unos 6 minutos andando), aunque como suele pasar en Japón a causa de la complicación de las direcciones postales en las ciudades, no siempre es fácil encontrarlo la primera vez.
En la propia estación de tren JR hay una gran variedad de restaurantes donde elegir y con la mejor relación calidad-precio. También hay unos cuantos en la calle Ryogaecho-dori.
SHIZUOKA es la capital de la prefectura del mismo nombre y está situada en la costa del Pacífico, unos 180 km al suroeste de Tokio. Es la quinta ciudad de Japón en extensión geográfica. Como curiosidad comentar que en Shizuoka están establecidas las principales marcas mundiales en la fabricación de kits para modelismo, entre ellas la archiconocida Tamiya. De hecho aquí se celebra anualmente en el mes de mayo el Shizuoka Hobby Show, una feria que atrae aficionados al modelismo de todo el mundo. Desde el punto de vista histórico Shizuoka fue el lugar donde se estableció Tokugawa Ieasu, el fundador del shogunato Edo.
Nuestro interés en visitar Shizuoka, lugar fuera de los circuitos turísticos habituales, era el té, ya que el área de Shizuoka es la principal zona productora de té de todo Japón. Produce el 45% del té japonés (té verde) y el de mejor calidad. Las bonitos paisajes formados por los ondulantes campos de té (con el monte Fuji como telón de fondo) y los lugares donde experimentar la cultura del té son una buena excusa para venir hasta aquí.
Centro de Shizuoka. Aquí encontramos el Parque Sumpu, el cual contiene las ruinas del que fue castillo Sumpu (antiguo nombre de Shizuoka), erigido por el shogun Tokugawa Ieyasu en 1586. Actualmente sólo quedan en pie las reconstrucciones de la torre sudeste (Tatsumi Yagura) y de la puerta este (Higashi Gomon). En el centro del parque hay una estatua del shogun. En conjunto proporciona un paseo muy agradable. Vale la pena subir a la planta 21 del edificio de la Shizuoka Prefectural Office (situado en el lado sur del parque Sumpu y de acceso gratuito) para disfrutar de las magníficas vistas en todas direcciones sobre la ciudad de Shizuoka y alrededores, incluyendo el monte Fuji si está visible en ese momento.
Recorriendo de noche las calles peatonales del centro que hay cerca del iluminado y llamativo edificio del Shizuoka City Hall tuvimos la oportunidad de ver el gran ambiente de marcha nocturna que había ante los bares y restaurantes de la zona, donde lo más sorprendente fue ver un gran número de coches tuneados con gadgets de lo más curiosos.
Nihondaira. Plantaciones de té las hay en varios enclaves de la prefectura de Shizuoka, pero el mejor lugar y más fácilmente accesible desde la ciudad de Shizuoka para verlas es Nihondaira. Esta zona elevada, de 307 metros de altura, está junto a la ciudad y está considerado como uno de los lugares más escénicos de Japón, con extraordinarias vistas sobre el monte Fuji, la bahía de Suruga, las montañas de la península de Izu o los Alpes Meridionales japoneses. Hay un par de miradores desde los que disfrutar del paisaje, aunque en el día de nuestra visita el tímido monte Fuji decidió esconderse entre las nubes.
Paseamos tranquilamente por la zona, declarada Parque Nacional Natural. Buscando los campos de té llegamos al hotel Nippondaira, situado en un bonito entorno natural. Preguntamos en recepción si nos pueden indicar como llegar hasta los campos de té y uno de los responsables del hotel, haciendo gala de la extrema amabilidad y japonesa, nos lleva con su coche hasta ellos, aunque previamente nos hace un tour por el hotel, incluyendo el disfrutar de las preciosas vistas sobre los jardines exteriores del hotel y con el Fuji como telón de fondo. De hecho las plantaciones de té están muy cerca del hotel, a menos de 500 metros de distancia. Damos una vuelta por la zona fotografiando las suaves colinas con sus perfectas hileras formadas por las plantas de té. Finalmente valió mucho la pena venir hasta aquí.
De regreso desde los campos de té hacia el lugar donde tomar el autobús de vuelta al centro de Shizuoka entramos en una tienda de té en la que podemos probar algunas variedades de té verde antes de comprarlo como recuerdo. Para ir hasta Nihondaira desde Shizuoka tomamos el autobús nº 42 en la parada 13 frente a la estación JR. El trayecto cuesta 580 ¥ y supone unos 35 minutos.
Para el trayecto de 352 km entre Shizuoka y Takayama comenzamos por tomar a las 16:12 el shinkansen Hikari 477, que en 58 minutos nos deja en la estación de Nagoya. Aquí tenemos 38 minutos para cambiar al Limited Express Hida 17, llegando finalmente a la ciudad de Takayama a las 20:15.
En Takayama nos hospedamos en el Hotel Alpha-1 (3-61 Honmachi, Takayama; tel. 0577 32-2211), en el que pagamos 8.500 ¥ por una habitación doble con baño privado. El hotel está situado justo al lado del puente principal que cruza el río Miya-gawa.
En la calle Kokubunji Dori (158) hay unos cuantos restaurantes donde escoger.
TAKAYAMA. Esta ciudad se encuentra en la región montañosa de Hida, en la zona central de Honshû. Aunque Takayama es bastante antigua, el carácter actual de la ciudad tiene su origen en el s. XVI, cuando el clan Kanamori construyó el castillo de Takayama. La altitud y la orografía de la región han propiciado a lo largo del tiempo un cierto aislamiento del resto del país, por lo que Takayama ha ido desarrollando su propia cultura a lo largo de un periodo de casi tres siglos y ha retenido un aire tradicional, sobre todo en su bien conservada ciudad antigua, que ya es difícil de encontrar en otras ciudades japonesas.
Ciudad antigua. La ciudad antigua de Takayama ha sido bellamente preservada, con numerosos edificios y calles enteras de casas alineadas que datan del periodo Edo (1600-1868), cuando la ciudad floreció debido a la riqueza de sus comerciantes. La mitad sur de la ciudad antigua, sobre todo la calle Sannomachi, está muy bien conservada y en ella encontramos tiendas tradicionales, restaurantes, museos, casas privadas, etc. También podemos ver unas cuantas antiguas fábricas de sake (algunas llevan siglos funcionando), reconocibles porque junto a la entrada tienen colgadas una especie de esferas de ramas de cedro. De las casas privadas antiguas algunas se pueden visitar, ya que hoy día son museo y permiten hacerse una idea de como vivían de puertas adentro aquellos ricos comerciantes. De todas ellas recomendamos la Yoshijima-ke (entrada: 500 ¥), con un maravilloso diseño de interiores. Muy cerca de ella se encuentra la Kusakabe Mingeikan (entrada: 500 ¥), una de las más antiguas de Takayama abiertas al público.
Junto a la calle Kokubunji Dori vale la pena detenerse en el templo Hida Kokubun-ji, el más antiguo de Takayama (construido el original en el s. VIII), para ver la pagoda de tres pisos y el enorme gingko que hay en el patio (el árbol tiene una edad calculada de 1200 años). Hacia el norte de la ciudad antigua visitamos el templo Sakurayama Hachiman y el adyacente Takayama Yatai Kaikan (entrada: 820 ¥), el lugar donde se exhiben 4 de los 11 pasos que se utilizan en el afamado Takayama Festival, considerado uno de los mejores de Japón. En realidad este festival se celebra en primavera (14-15 abril) en el templo Hie y en otoño (9-10 octubre) en el templo Hachiman, y en ambos casos la celebración es similar, sacando a la calle en procesión unos 11 ó 12 pasos (yatai) altos y profusamente decorados. Por otra parte, al sur de la ciudad antigua encontramos el Takayama Jinya (entrada: 420 ¥), de estilo tradicional japonés y que es el único edificio gubernamental que queda de la época del shogunato en el periodo Edo.
Mercados matinales. Cada día hay en Takayama dos mercados matinales de 6:00 (de 7:00 en invierno) a 12:00. El primero de ellos es el mercado Jinya-mae, frente al Takayama Jinya, mientras que el mercado Miyagawa se sitúa a lo largo del río Miyagawa en la ciudad antigua. La mayoría de paradas vende productos locales, hortalizas, flores, etc. Vale la pena darse una vuelta por ellos.
La ruta de Takayama a Kanazawa la hicimos en autobús porque quisimos aprovechar para visitar en ruta el pueblecito de Shirakawa-go. En este trayecto no hay posibilidad de tren y el precio del autobús no está incluido en el JR Pass. Este autobús está operado por la compañía Nohi Bus y los billetes se pueden comprar en la terminal de autobuses que hay justo frente a la estación JR de Takayama (es recomendable comprar los billetes con al menos unas horas de antelación para no encontrarnos todos los asientos ya reservados). De Takayama a Shirakawa-go el billete de autobús cuesta 2.400 ¥, mientras que el de Shirakawa-go a Kanazawa vale 1.800 ¥.
En nuestro caso tomamos el autobús en Takayama a las 11:50 y una hora después ya estábamos en la pequeña estación de autobuses de Shirakawa-go (antes este trayecto suponía dos horas, pero desde la inauguración de la autopista Tokai-Hokuriku en julio de 2008 el tiempo de viaje se ha reducido a casi una hora). Junto a la parada del autobús hay una oficina de turismo con servicio de consigna para dejar las mochilas, pero aseguraos de que estaréis de vuelta antes de que hayan cerrado si visitáis Sirakawa-go por la tarde, como hicimos nosotros, porque cerraban a las 17:00 (al menos en las fechas de nuestra visita).
Acabada la visita a Shirakawa-go tomamos el último autobús, a las 17:20, con destino a Kanazawa, adonde llegamos a las 18:10. El autobús nos deja justo enfrente de su moderna y espectacular estación JR, en la que hay, como es habitual, una útil oficina de información turística.
Econo Kanazawa Ekimae (8-8, Konohana-Machi, Kanazawa; tel. 076 223-2600). Pagamos 6.825 ¥ por una habitación doble con baño privado y desayuno incluido, además de Internet gratis y todas las comodidades típicas de un bussiness hotel japonés. El desayuno era de tipo occidental y resultó ser el más completo del viaje de entre todos los desayunos incluidos en el precio de la habitación. Por tanto, recomendamos totalmente este hotel. Y además está situado a sólo 3 minutos andando de la estación JR, en dirección sur.
KANAZAWA. Esta ciudad de casi 500.000 habitantes se encuentra casi tocando al mar del Japón y al borde de los Alpes Japoneses, en la región central de Honshû. Históricamente, durante el periodo Edo, Kanazawa fue la sede del clan Maeda, el segundo clan feudal más poderoso tras el Tokugawa, por lo que la ciudad floreció como un centro cultural de primera magnitud rivalizando con Kyoto y Edo, la antigua Tokio. Tuvo además la suerte de escapar bastante indemne de los bombardeos aéreos aliados durante la 2ª Guerra Mundial, por lo que numerosos edificios históricos han sobrevivido en bastante buen estado. Para el viajero Kanazawa tiene suficientes atractivos como para justificar su visita, como los barrios de las geishas y samurais o el magnífico jardín Kenrokuen.
Debido a la extensión de Kanazawa vale la pena comprar por 500 ¥ un pase de 1 día para el Kanazawa Tour Bus, el cual permite subir y bajar de él las veces que se quiera a lo largo de su recorrido, ideal para visitar los principales puntos de interés de la ciudad. Se vende en un quiosco que hay a la entrada de la estación JR.
Empezamos el recorrido por Kanazawa con el autobús turístico y bajamos en la parada 6 para visitar el antiguo barrio de las geishas (Higashi Chaya). Esta zona es muy tranquila y consiste básicamente en una preciosa y pequeña calle con unas cuantas casas de madera de estilo tradicional que antiguamente eran casas de geishas. Ahora algunas alojan tiendas o restaurantes y otras, como la Shima House (entrada: 400 ¥), se pueden visitar por dentro. Esta casa de geishas era la más lujosa e importante del barrio, con lo que la casa es muy bonita y guarda muchos objetos de aquella época. Muy recomendable. Acabamos de dar una vuelta por el barrio y volvemos hasta la parada 6. Continuamos en autobús hasta la parada 9. Primero entramos en el recinto del castillo de Kanazawa por la puerta Ishikawa-mon (entrada gratuita) y damos una vuelta por el bonito parque que lo rodea.
A continuación cruzamos la calle y entramos por la puerta norte en el Jardín Kenroku-en, sin duda alguna la mayor atracción de Kanazawa. Está considerado uno de los 3 mejores jardines de Japón desde el punto de vista paisajístico, aunque muchos opinan que este es el mejor. Este enorme jardín fue originalmente el jardín exterior del castillo de Kanazawa, creado por la familia Maeda a lo largo de 170 años, aunque no se abrió al público hasta 1871. En él podemos encontrar estanques, riachuelos, cascadas, puentes, casa de té, piedras y muchos árboles y flores. El abundante agua que circula por el jardín se obtiene de un río lejano mediante un sofisticado sistema hidráulico construido en 1632. Es curioso ver el sistema de cuerdas que van desde la parte superior de los árboles hasta las ramas bajas, en forma de paraguas, para protegerlos de la nieve. Este jardín es sencillamente maravilloso, con rincones increíblemente bonitos. Dedicadle un buen rato porque vale la pena. No en vano sus creadores intentaron darle los 6 atributos que lo hacen un jardín perfecto según la teoría paisajística china: amplitud, intimidad, artificialidad, antigüedad, agua abundante y grandes vistas.
Salimos del jardín por la puerta oeste y vamos andando hasta el 21st Century Museum of Contemporary Art. Este moderno y rompedor museo fue inaugurado en 2004 y es uno de los museos de arte más populares en Japón. Aparte de su contenido merece la pena citar el edificio que lo alberga, una estructura circular de 112 metros de diámetro sin una fachada o entrada principal ya que es igual por todos lados y da igual por el lado que nos dirijamos al edificio. Una parte de museo es accesible gratuitamente, lo cual permite ver la curiosa piscina de Leandro Erlich, donde parece que la gente esté bajo el agua (la entrada al interior de la piscina es de pago).
Subimos al autobús en la parada 10 y bajamos de nuevo en la 15 para visitar el barrio de los samurais (Nagamachi Buke District), donde vivieron antiguos samurais. Es una zona muy compacta con bonitas casas tras altos muros. De ellas se puede visitar Nomura-ke (entrada: 500 ¥), construida en el s. XIX y que perteneció a un importante samurai. Es muy interesante, tanto por la casa en sí como por el jardín interior y los objetos mostrados. Paseando por el barrio encontramos la antigua farmacia-museo Shinise Kinenkan, pero nos limitamos a verla por fuera sin llegar a entrar. Antes de tomar de nuevo el autobús en la parada 16 de vuelta a la estación JR y acabar aquí el recorrido por Kanazawa entramos en las cercanas galerías comerciales Deiwa para ver el ir y venir de clientes a las tiendas exclusivas de Gucci, Dior, Loewe, etc. y ver el enorme reloj que hay en el atrio y que coincidiendo con las horas en punto muestra un automatismo muy curioso.
Shirakawa-go. Este pequeño pueblo, juntamente con el de Gokayama, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1995 por sus granjas tradicionales gassho-zukuri. Ambos se encuentran en el valle del río Shogawa, en una remota región montañosa que separa las prefecturas de Gifu y Toyama. El término Gassho-zukuri proviene del hecho de que los tejados de estas granjas, de paja y con mucha pendiente, recuerdan a la postura de las manos de un monje budista cuando reza. Este estilo constructivo se ha ido desarrollando a lo largo de muchas generaciones y su diseño permite que la copiosa nieve de los inviernos no se acumule en los tejados. Los tejados, construidos sin utilizar clavos, dejan un gran espacio interior libre en la parte superior de la casa que se utiliza para el cultivo de gusanos de seda.
Junto a la parada de autobús de Shirakawa-go tenemos el Gassho-zukuri Minkaen, un museo al aire libre (entrada: 500 ¥) formado por unas cuantas granjas gassho-zukuri que han sido traídas aquí desde otros puntos de la región para salvarlas de la destrucción. A Ogimachi, el principal núcleo y punto de interés de Shirakawa-go, se accede por un puente colgante que cruza el río desde la parada del autobús. En Ogimachi encontramos numerosas granjas gassho-zukuri, situadas entre campos de arroz, muy bien conservadas (algunas tienen más de 250 años). Muchas han sido acondicionadas como restaurantes, museos o minshuku (si disponéis de tiempo puede ser buena idea pasar la noche en una de estas granjas-hotel).
En Ogimachi destacamos el inusual templo Myozenji (al lado de la casa Myozenji-ke), la Wada-ke House (la más grande de la zona y que fue el hogar de una de las familias más ricas y poderosas de Ogimachi; entrada: 300 ¥) o la pintoresca Kanda-ke House (una de las mejor conservadas y que ahora es museo, con buenas vistas desde sus ventanales; entrada: 300 ¥). No hay que marchar de Ogimachi sin subir al mirador Shiroyama para disfrutar de las impresionantes vistas sobre el pueblo y el valle. Este mirador (cerrado en invierno) se encuentra al norte del pueblo y se llega a él a través de un camino fácil de 15-20 minutos desde el centro de Ogimachi (para la vuelta a Ogimachi se puede bajar por el otro lado, donde hay un segundo mirador y se completa así un bonito recorrido circular).
Aunque Shirakawa-go sea ya un lugar muy turístico y masificado a ratos, creemos que su visita vale mucho la pena por la belleza del conjunto. Además, si podéis, quedaros a dormir una noche aquí o bien marchad de aquí en el último autobús de la tarde para disfrutar del pueblo casi a solas, ya que las horas de más afluencia son las centrales del día. El otro pueblo, Gokayama, no es tan fácilmente accesible (hay que cambiar de bus en Ogimachi) y quizás por ello no es tan turístico.
En la estación JR de Kanazawa tomamos el Limited Express Thunderbird que sale a las 16:52 y llega a Kyoto a las 19:08, tras recorrer 225 km. Cuando fuimos a reservar asientos para este tren ya no quedaba ninguno libre, con lo que nos daban reserva para el siguiente, pero siempre queda la opción de subir al tren igualmente y probar suerte encontrando asiento nada más entrar en uno de los vagones de asientos no reservados. Para acceder a estos vagones hay que ponerse en la cola que pueda haber en la zona del andén habilitada para el acceso a esos vagones. Lo peor que puede pasar es que no encontremos asiento libre en estos vagones y tengamos que ir de pie hasta que quede alguno libre o lleguemos al destino.
En Kyoto nos hospedamos en un par de hoteles. El primero de ellos fue el Econo Inn Kyoto (67 Hirai-cho, Kawaramachi-Gojo Sagaru, Kyoto; tel. 075 343-6660), que habíamos reservado el día anterior por Internet. Aquí pagamos 7.370 ¥ por una habitación con dos camas, baño privado, TV y un balconcito, además de Internet y café gratis (recomendamos en especial la habitación 602 por su tranquilidad). Como este hotel está orientado a viajeros de larga estancia, para reservas a partir de dos noches el precio por noche disminuye progresivamente. Quizás el inconveniente de este hotel, a nuestro parecer, es que necesita una renovación urgente y también su situación, ya que está lejos de la estación JR (20 minutos andando) y en una calle desangelada. Para llegar desde la estación se pueden tomar los autobuses nº 205, 17 ó 4 y bajar en Kawaramachi-Gojo, desandando después unos 200 m. por donde vino el autobús. Para las siguientes noches en Kyoto nos cambiamos al Toyoko Inn Kyoto Gojo-Karasuma (393 Karasuma St, Kyoto; tel. 075 344-1045), situado en una avenida principal, a 3 minutos andando de la parada de metro Gojo (línea Karasuma) y a 15 de la estación JR. Aquí pagamos 7.560 ¥ por una habitación doble, con baño, desayuno, Internet y todos los gadgets de esta cadena. Por la poca diferencia de precio con el anterior la verdad es que este es mucho mejor, es más nuevo, está mejor comunicado y algo más cerca de la estación de tren y, sobre todo, en una mejor zona y más animada.
En Kyoto vale la pena probar el Okonomi-yaki, un plato típico de la región de Kansai, con una remota similitud a la pizza. Es muy bueno, incluyendo su preparación. Para desayunar una buena alternativa es el UCC Cafe Plaza (por ejemplo el que hay en la esquina de Karasuma-dori y Sichijo-dori). En la estación JR, sobre todo en la planta 11 (llamada Eat Paradise), hay restaurantes para todos los gustos (incluyendo uno de comida española) y precios. En la zona de Gion hay numerosos restaurantes, pero al ser una zona tan turística estos son caros. Para cambiar dinero una opción es la Post Office, al lado de la estación de tren, pero encontramos mejor cambio en la tienda Tokai (una Ticket Discount Shop) que hay frente a la estación.
KYOTO fue la capital de Japón y la residencia del emperador desde el año 794 hasta el 1868. A lo largo de los siglos Kyoto ha sido destruida por incendios y guerras, aunque gracias a su importancia histórica se libró de estar en la lista de posibles objetivos de la bomba atómica y de figurar en muchos bombardeos aéreos, por lo que son muchos los templos y edificios históricos que han sobrevivido en buen estado hasta hoy día.
En 1994 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a 17 monumentos históricos de la antigua Kyoto (13 templos budistas, tres santuarios sintoístas y el castillo de Nijo), así como otros en las cercanas poblaciones de Uji y ôtsu. Kyoto concentra un 20% de los Tesoros Nacionales en Japón. Con esta gran cantidad de patrimonio histórico, social y cultural no extraña que el turismo sea una de sus principales fuentes de ingresos.
A pesar de lo enorme de la ciudad no es difícil moverse por Kyoto gracias a su cuadrícula de calles en el centro y a que las calles tiene nombre, a diferencia de muchas otras ciudades japonesas. Muchos de los lugares de interés para el viajero se encuentran alejados del centro, por lo que se hace necesario tomar el autobús, lo más efectivo, práctico y barato, aunque los trayectos pueden ser costosos en tiempo debido a los atascos y los semáforos. En la puerta oeste de la estación de Kyoto hay una Bus Ticket Office donde informarse y comprar los billetes de autobús, como por ejemplo el interesante City Bus All-day Pass que por 500 ¥ permite el uso ilimitado de autobuses durante el día en curso. Con él se puede llegar hasta la mayoría de puntos de interés en Kyoto, pero si alguno no está comprendido en esta tarifa plana entonces basta con pagar un suplemento. Por otra parte, en la Oficina de Turismo (abierta de 9 a 17h.) que hay en el interior de la estación de Kyoto, junto al Cafe du Monde, podréis conseguir abundante y útil información para visitar Kyoto, como por ejemplo el super-práctico folleto Kyoto Walks donde se dan una serie de circuitos a pie por distintas áreas de Kyoto para ver lo más interesante y centrar la visita.
Es tal la cantidad de posibles lugares de interés que hay para visitar en Kyoto que podríamos escribir páginas y páginas sobre ellos... pero no lo haremos. Sólo citar algunos de los imprescindibles (aunque esto va a gustos): Kinkaku-ji, To-ji, Nanzen-ji, Ryoan-ji, Honen-in, Path of Philosophy, Kiyomizu-dera (para ver la puesta de sol), Tenryu-ji, Ginkaku-ji, o el castillo Ni-jo. Que cada uno escoja que ver según su tiempo disponible, gustos personales y presupuesto (en muchos de ellos hay que pagar entrada).
Por si fuera poco, además de la multitud de lugares de interés histórico que hay en Kyoto, también tenemos otras cosas que pueden resultar atractivas. Por ejemplo, para ver (o al menos intentarlo) geishas, el deporte favorito de los visitantes en Kyoto, quizás el mejor lugar sea el callejón Pontochô-dori, en la zona de Gion. En la misma zona encontramos el Gion's Corner, un popular y turístico espectáculo donde se pueden ver hasta 7 variedades de arte tradicional japonés. También vale la pena un tranquilo paseo por los jardines del Palacio Imperial de Kyoto, antigua residencia de la familia imperial (el propio palacio sólo se puede visitar previa reserva en una oficina que hay en el propio parque). Muy recomendable es la visita al centenario mercado Nishiki, una estrecha calle comercial cubierta (paralela a la avenida Shijo) y con más de 100 tiendas que venden todo tipo de alimentos frescos o envasados. En cuanto a construcciones modernas destacamos la impresionante estación central de Kyoto, el principal nodo de transportes en Japón. Merece la pena subir hasta la terraza descubierta que hay en la planta 12, de día o noche, para disfrutar de las extraordinarias vistas. Y por último, también tenemos la opción de subir hasta el mirador (100 metros de altura) de la Kyoto Tower, enfrente de la estación central.
Para el trayecto de 42 km de Kyoto a Nara empezamos por tomar un tren local en la estación de Kyoto con destino a Nara por la JR Nara Line, pero bajamos al cabo de 2 paradas (trayecto de 8 minutos), en Inari, para visitar el templo de Fushimi Inari. En la propia estación hay una consigna para dejar el equipaje y poder visitar el templo con más comodidad si vamos de paso, aunque si la mochila es grande puede ser que no quepa porque las consignas no son suficientemente grandes. Por suerte, el empleado que hay a la entrada de la estación accedió amablemente a guardarnos la mochila dentro de su oficina hasta nuestra vuelta.
Acabada la visita al templo volvemos a la estación de Inari para recoger el equipaje y continuar viaje a Nara. Siguiendo los consejos de un empleado de la estación optamos por tomar el primer tren local que pasa con destino a Nara, pero bajamos en la estación de Uji, donde esperamos el paso de un tren rápido que pasa poco después y con destino final en Nara, empleando un total de 50 minutos. Esta combinación es más rápida que la de hacer todo el trayecto con el tren local, puesto que este para en todas las estaciones.
En el Nakata Bed & Breakfast (1-1 Teramachi, Nara; tel. 0742 24-0860) pagamos 7.600 ¥ en efectivo por una habitación de estilo japonés (tatami y futón) y con baño compartido. El sitio está muy bien cuidado y como nuevo (hay que descalzarse nada más entrar en la casa). Su propietario habla inglés y es muy amable y atento. Como sólo tiene 6 habitaciones suele ser conveniente reservar con antelación. También alquila bicicletas por sólo 300 ¥/día e Internet es gratis. Está situado en una calle secundaria (muy útil el mapa que hay en su web), a sólo 5 minutos andando de las estaciones JR y Kintetsu Nara. Muy recomendable.
Si no se desayuna en el hotel una buena alternativa es la cafetería Pinocchio, en la calle Sanjo-dori. En esta misma calle recomendamos para comer el restaurante Drink Drunk, con un deliciós menú por solo 750 ¥.
NARA fue la primera capital permanente de Japón, en el año 710, hasta que la influencia y ambiciones políticas de los poderosos monasterios budistas de la ciudad fueron una amenaza para el gobierno y se decidió trasladar la capital a Nagaoka en 784. Gracias a este importante pasado Nara conserva un buen número de monumentos históricos, incluyendo algunos de los templos budistas más antiguos y más grandes de todo Japón. Nara se encuentra a unos 42 km de Kyoto y debemos decir que, después del bullicio de Kyoto, agradecimos llegar a esta pequeña y tranquila ciudad.
En 1998 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a 8 templos, santuarios y restos de la antigua Nara. En la esquina de las calles Sanjo-dori y Yasuragi-no-michi está la Oficina de Turismo, abierta de 9 a 21 h, donde podéis encontrar útiles mapa e información diversa de la ciudad.
Para optimizar la visita encontramos muy útil el recorrido a pie que propone la guía Lonely Planet, con una longitud de unos 5 km y para el que hay que contar al menos media jornada. Tiene su inicio y final en la estación Kintetsu Nara y recorre los puntos de interés más importantes de Nara. Algo que sorprende en Nara es encontrar ciervos más o menos domesticados vagando por la ciudad, especialmente en la zona del Nara Park. La razón es que , según una leyenda, el dios mitológico Takemikazuchi llegó a Nara sobre un ciervo blanco para guardar la ciudad y desde entonces los ciervos son vistos como animales celestiales que la protegen. No faltan chiringuitos donde se venden pequeñas galletas para dar a los ciervos, por lo que es fácil ver a uno o más ciervos persiguiendo a un japonés, niño o adulto, a la caza y captura de las galletas que lleva en la mano, a veces incluso con cierta violencia.
Siguiendo esta ruta pasamos por el templo Kofuku-ji y poco después por el templo Todai-ji, la estrella de Nara y con razón, ya que es muy bonito e interesante. Cuenta con dos records mundiales: el edificio de madera más grande del mundo y el Buda de bronce más alto del mundo. Dentro de Daubutsu-den, el edificio principal del templo, fijaros en un pilar de madera con un agujero en su base por la que se atreven a colarse algunos niños (y no tan niño), ya que según la leyenda quién lo consiga llegará a la Iluminación (?). Después continuamos por el templo Nigatsu-do, en lo alto de una colina, y con estupendas vistas de Nara y alrededores. A continuación el cercano templo Sangatsu-do y llegamos al precioso Kasuga Taisha, en el que hay miles de linternas de madera o piedra por todos lados. Después, yendo por caminos del parque, llegamos al torii Ichi-no y continuamos hacia el centro de Nara, llegando junto a un estanque e internándonos después en el barrio de Naramachi para visitar algunas de sus calles, dando por finalizado nuestro recorrido cuando llegamos de nuevo a Sanjo-dori.
Fushimi Inari Taisha. Es el templo sintoísta más famoso de los miles que hay en Japón dedicados a Inari, el dios del arroz shinto. Buena culpa de su fama la tienen los miles de toriis rojos (donaciones de particulares y empresas) que delimitan varios senderos con un total de 4 km y que conducen a un santuario en lo alto de la colina desde la entrada, situada en el santuario Go Honden y la puerta de Sakuramon. A lo largo del camino podremos ver numerosas estatuas que representan a zorros, supuestamente los mensajeros de Inari.
Visita muy recomendable por lo fotogénico del lugar y la experiencia que supone recorrer estos senderos bajo los torii, siendo uno de los lugares más bonitos del gran Kyoto, así como uno de los símbolos de Japón. Debido a que el sendero transcurre por un bosque y puede haber humedad recomendamos llevar puesto Relec u otro repelente para los mosquitos, en especial a última hora de las tardes de verano. La entrada a Fushimi Inari se encuentra al otro lado de la calle de la estación JR Inari. El trayecto en tren desde la estación central de Kyoto supone unos 8 minutos tomando la Nara Line.
Nuestro viaje entre Nara y Hiroshima, de 394 km, empezó en la estación JR de Nara, donde tomamos a las 14:19 un tren local rápido en la JR Yamatoji Line hasta la estación de Osaka, a la que llegamos 33 minutos después (poco antes de llegar a esta estación mirad por la ventanilla del lado izquierdo para ver el espectacular edificio Umeda Sky, emblema de la ciudad de Osaka). Aquí cambiamos a un tren que está al otro lado del mismo andén, el JR Special Rapid Service, que en sólo 4 minutos nos lleva hasta la estación de Shin-Osaka, donde reservamos asientos en el shinkansen Hikari RailStar que sale a las 16:15 y llega a Hiroshima a las 17:52.
Nuestra idea inicial era detenernos en la ciudad de Himeji (a media hora en tren de Osaka en dirección a Hiroshima) para visitar el castillo de Himeji y después continuar viaje, pero en el último momento averiguamos que el horario de visitas del castillo concluía a las 16:00, bastante antes de lo que decía la guía LP, por lo que decidimos ir directamente a Hiroshima y visitar el castillo al día siguiente desde esa ciudad.
Nos alojamos en el Toyoko Inn Hiroshima-eki Minamiguchi-migi (1-26 Nobori-cho Naka-ku, Hiroshima; tel. 082 502-1045), donde pagamos 7.140 ¥ por habitación semi-doble con todo lo habitual de esta cadena. Está a sólo 9 minutos andando desde la salida sur de la estación JR y cruzando el puente Kamiyanagi, aunque hay un servicio gratuito de transporte entre el hotel y la estación.
Como siempre, en la estación de tren JR hay una gran variedad de restaurantes, entre los que recomendamos el Luniette (al lado de la entrada a los shinkansen). También recomendamos el restaurante Royal Host, a sólo 50 metros del hotel.
HIROSHIMA (pronunciado Iróshima). Esta ciudad, en la que viven alrededor de 1 millón de habitantes, se encuentra en el suroeste de la isla de Honshû y es famosa, muy a su pesar, por tener el tristísimo honor de ser la primera ciudad del mundo objeto de un ataque nuclear, el 6 de agosto de 1945. Por ello, juntamente con Nagasaki, la otra ciudad bombardeada, es hoy un símbolo de la paz mundial.
Debido a su peculiar orografía del terreno el poder destructivo de la bomba atómica lanzada fue tremendo y no dejó nada en un radio de 2 km. Pero acabada la guerra se hizo un gran esfuerzo en la reconstrucción de la ciudad, incluyendo algunos de sus monumentos históricos como el castillo de Hiroshima i el parque Shukkeien.
El Peace Memorial Park de Hiroshima suele ser el principal punto de interés para el visitante (en 1996 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Es un enorme parque de 120.000 m² con parterres de césped, árboles y caminos que suponen un gran contraste con el bullicio de la ciudad que lo rodea y que se construyó tras la guerra en lo que antes era el centro político y comercial de la ciudad.
En este parque destaca el A-Bomb Dome (también Hiroshima Peace Memorial o Genbaku Dome), la imagen más reproducida de Hiroshima. Son los restos del edificio que albergaba el antiguo Prefectural Industrial Promotion Hall (institución que promovía la industria local) y es de los pocos edificios que permanecieron en pie en la zona de la explosión tras detonar la bomba. A escasa distancia de él está el Peace Memorial Museum. Este museo consta de 2 edificios y es de visita obligada, aunque es imposible no salir con una profunda sensación de sobrecogimiento y tristeza por la vileza de la raza humana en ciertas ocasiones. A lo largo de las salas se muestra la historia de Hiroshima y todo lo que concierne al episodio de la bomba atómica, incluyendo todo lo ocurrido aquel fatídico 6 de agosto de 1945, con especial énfasis en el sufrimiento que generó en cientos de miles de personas. El precio simbólico de la entrada al museo es de 50 ¥. Suele estar atestado de visitantes, lo cual hace a veces difícil e incómodo poder leer los numerosas e interesantes fotos, mapas, vídeos o paneles explicativos. Entre el museo y el A-Bomb encontramos el Cenotafio en honor de las Víctimas de la Bomba Atómica, una tumba en forma de arco que homenajea a los muertos de la explosión, bien en ese momento o con posterioridad. Bajo el arco hay un cajón de piedra con los nombres de unas 220.000 personas. También un Monumento a la Paz de la Infancia o la Llama de la Paz, la cual lleva encendida desde el 1 de agosto de 1964 y no se apagará hasta que hayan desaparecido todas las armas en el mundo, con lo que nos tememos que queda llama para rato. Paseando por el parque aún podemos encontrar la Torre del Reloj de la Paz, un Memorial a las Víctimas Coreanas de la Bomba Atómica y más.
Para llegar al Peace Memorial Park vamos andando desde el hotel hasta la avenida Aioi-dori y allí cogemos el tranvía (150 ¥) y bajamos en la parada Genbaku-Domu mae, frente al A-Bomb Dome.
Andando unos 15 minutos hacia el norte desde el Peace Memorial Park llegamos al Castillo de Hiroshima, el cual se encuentra rodeado por un gran foso lleno de agua. Se trata de una reconstrucción bastante fidedigna, ya que el original fue destruido por la explosión de la bomba atómica. No llegamos a visitarlo, sólo nos limitamos a bordearlo enteramente con un largo paseo. Volvemos hacia el sur siguiendo la avenida Kojo-dori, imperdible por el altísimo edificio del hotel de lujo Rihga Royal. Y así llegamos hasta la calle Hondori, una calle peatonal cubierta con muchas tiendas, bares y restaurantes.
La vida nocturna y ocio es muy animada en Hiroshima, especialmente los fines de semana, y se concentra en los barrios de Shintenchi y Hakarekawa, con multitud de bares, restaurantes, pachinkos, clubs y otros lugares de dudosa reputación. Nosotros visitamos la zona un sábado por la noche y las calles estaban atestadas de gente (y taxis a la caza de clientes). Mire donde se mire hay rótulos y luces multi-color que anuncian los infinitos negocios de la zona.
Castillo de Himeji (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993). La impresionante fortaleza de Himeji (pronunciado Jimégi), situada sobre una colina, consta en realidad de 83 edificios de madera. Juntamente con los castillos de Matsumoto y Kumamoto forma la trilogía de castillos más famosos de Japón, aunque el de Himeji es el más visitado de todos. Debido a la fotogenia del castillo, este ha aparecido en varias series y películas japonesas (por ejemplo Kagemusha y Ran de Akira Kurosawa) e incluso de Hollywod, como la de James Bond Sólo se vive dos veces.
Himeji es el castillo japonés prototípico, con una base de piedra muy alta, muros encalados y un trazado típico de sus edificios interiores. El castillo original fue construido en 1346, aunque el actual data de principios del s. XVII. Fue bombardeado un par de veces en 1945 y aunque los alrededores del castillo ardieron completamente el castillo resultó milagrosamente indemne.
La entrada al castillo cuesta 600 ¥. Junto a las taquillas hay una consigna donde se pueden dejar las mochilas para hacer más cómoda la visita. Para ver las distintas dependencias del castillo hay que contar como mínimo unas dos horas o más si hay mucha gente, ya que las escaleras de subida hasta el quinto piso de la torre principal suele ser un cuello de botella. En resumen, se trata de un lugar francamente espectacular y cuya visita vale mucho la pena.
El castillo se encuentra en la ciudad de Himeji, situada unos 95 km al oeste de Osaka y unos 250 km al este de Hiroshima, por lo que se puede visitar haciendo una parada en esta ciudad el trayecto en tren de Osaka a Hiroshima. Nosotros lo quisimos hacer así, pero no pudo ser porque a última hora nos enteramos que el horario de visita del castillo era hasta las 16 h. y, dado la hora que era, preferimos ir directamente de Osaka a Hiroshima (donde ya teníamos reservado el hotel) y dejar la visita para el día siguiente. En otro país esto nos hubiera hecho perder mucho tiempo, pero esto es Japón: el trayecto de 250 km en un shinkansen Hikari desde Hiroshima a Himeji es de sólo 59 minutos. Desde la estación JR de Himeji a la entrada del castillo hay un tranquilo paseo a pie de 15-20 minutos.
Miyajima (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996) es una isla-santuario, cuyo nombre oficial es en realidad Itsukushima, con una larga historia como lugar sagrado sintoísta. La razón de que la isla sea conocida popularmente como Miyajima (en japonés significa isla-santuario) es que es identificada completamente con el templo Itsukushima, situado en una cala de la isla. Lo que hace únicos a este templo y al enorme torii rojo que hay cerca de él es que fueron construidos sobre el agua y parecen flotar sobre ella cuando la marea está alta. Por ello conviene informarse antes de la visita de las horas en que se dará la marea alta, por ejemplo a través de la página Itsukushima Tide Predictor. El templo (entrada: 300 ¥) está formado por varios edificios conectados entre sí por pasarelas de madera soportadas por pilares sobre el mar. Tras la visita al templo vale la pena pasear por la orilla de la cala para tener distintas perspectivas del torii y del propio templo. También aquí hay ciervos que vagan por el paseo junto al mar, mezclándose con los turistas.
Nosotros fuimos a Miyajima desde Hiroshima y regresamos en el mismo día, pero si disponéis de días puede estar bien pasar la noche en un ryokan de la isla para poder disfrutar del lugar sin los agobios de los muchos visitantes que suele haber en el día. Lo cierto es que es un lugar muy bonito y con un cierto halo romántico y eso que el día en que la visitamos nosotros fue bastante lluvioso y deslució algo la visita. Pero no en vano Miyajima está catalogada como una de las tres mejores vistas de Japón, siendo una imagen típica que podemos ver en muchos prospectos, libros, etc.
Para llegar hasta aquí hay que tomar un tren en Hiroshima y bajar en la estación Miyajima-guchi, en un trayecto de 22 minutos. La terminal del ferry JR a la isla está a sólo 150 metros de esta estación. Suele haber un ferry a/de la isla cada 15 min. y el trayecto, de 10 min., es gratuito con el JR Pass. Desde el muelle al que llega el ferry hasta el templo Itsukushima hay un paseo de 10 minutos.
El viaje hasta la ciudad de Beppu, de 334 km, lo iniciamos tomando el shuttle-bus gratuito del hotel que nos lleva en 5 minutos hasta la salida norte de la estación JR de Hiroshima (los hay cada 20 minutos entre las 7 y las 10 de la mañana, siendo conveniente reservar plaza la noche anterior). Dejamos la mochila grande en la consigna de la estación para poder tomar el tren a Miyajima-guchi, visitar la isla de Miyajima (ver apartado anterior), volver a Hiroshima, y continuar viaje hacia Beppu después de recoger el equipaje de la consigna (así nos ahorramos tener que ir y volver al hotel a buscarlo).
A la vuelta de nuestra excursión a Miyajima tomamos el shinkansen Hikari RailStar que sale a las 13:53 de la estación de Hiroshima y llega a la de Kokura, en el extremo norte de la isla de Kyushu, a las 14:46. En esta estación cambiamos al Limited Express Sonic, un tren que nos fascinó, que sale de Kokura a las 15:08 y llega a Beppu a las 16:25. En la estación de Kokura quedamos asombrados de la gran animación que había en sus pasillos, incluyendo un concierto en vivo de una banda de jazz!!.
En la estación JR de Beppu hay una Oficina de Turismo con útil información sobre la zona, incluyendo la larga lista de baños termales.
En el Hotel Seawave Beppu (12-8 Ekimae Cho, Beppu, justo delante de la estación JR; tel. 977 27-1311) pagamos 8.400 ¥ por una habitación de 2 camas, con baño privado, TV e Internet gratis. El hotel no dispone de onsen propio, pero permite acceder gratuitamente al del hotel Station que está justo detrás. Desde la planta 12, donde estaba nuestra habitación, hay unas vistas estupendas de la ciudad y sus numerosas fumarolas, así como del mar y las montañas colindantes.
En la calle principal Ekimae-dori de Beppu, que va desde la estación JR hacia el mar, y en algunas calles adyacentes hay unos cuantos restaurantes. Se puede cambiar dinero en la Oficina de Correos o el Oita Bank adyacente y el cambio era el mismo.
BEPPU (pronunciado beppú), situada en el nordeste de la isla de Kyushu, es una de las ciudades balneario más afamadas de todo Japón (viene a ser la capital del onsen, ya que además tiene el mayor número de manantiales) y produce más aguas termales que ningún otro lugar del mundo, exceptuando la zona de Yellowstone en EE.UU. Por ello no sorprende que la principal razón para visitar Beppu sea su gran oferta de tipos diferentes de baños termales (de agua, barro, arena, vapor, ...), así como la atracción que suponen los llamados Infiernos de Beppu, unos espectaculares manantiales de aguas termales que son para ver y no para el baño.
Para moverse por Beppu quizás lo mejor es comprar un pase diario para los autobuses (900 ¥) basándose en los desplazamientos en este transporte que vayamos a hacer para visitar los distintos puntos de interés. Además este pase incluye algunos descuentos interesantes. Se compra en la Oficina de Turismo de la estación JR y proporcionan también un mapa con los recorridos.
Los Infiernos de Beppu (o Beppu Jigoku) son nueve: Umi, Oniishibozu, Shiraike, Yama, Kamado, Oni-yama, Kinryu, Chinoike y Tatsumaki. Los 7 primeros se encuentran en la zona de Kannaway los 2 últimos en el remoto Shibaseki. La visita a cada uno de ellos cuesta 400 ¥, pero se puede comprar un abono para todos ellos por 2.000 ¥ (o 1.800 con el descuento del pase de autobús). La forma como se presentan estos infiernos suele tener un punto kistch o muy kistch según los casos, lo cual es una lástima y les puede restar atractivo. De los que visitamos nosotros recomendamos...: Umi Jigoku, uno de los más bonitos con su estanque de agua azul claro; Oniishibozu Jigoku, con sus burbujas de lodo que emergen de los charcos de barro; Shiraike Jigoku, con un estanque de agua lechosa a punto de ebullición; Chinoike Jigoku, con un fotogénico estanque de agua de color marrón rojizo; o el Tatsumaki Jigoku, un géiser de agua caliente que aparece cada 25-30 minutos y dura unos 5 minutos.
Algunos de los mejores baños termales públicos de Beppu son: Tanayu, situado en el ryokan Suginoi; Onsen Hoyo Land; Takegawara, el más famoso y antiguo de Beppu, con baños de arena; o el Hyotan Onsen. De todos ellos nosotros probamos el Hoyo Land, en el que la entrada cuesta 1.050 ¥ (con el pase del autobús se consigue un 10% de descuento) y si no se lleva toalla hay que sumar 150 ¥ por una toallita de onsen. Este onsen es muy grande y de aspecto bastante decrépito, pero vale la pena por sus baños de lodo. Los hay en el interior, separados por sexos, pero es mucho mejor el que hay en el exterior, donde es mixto (juntos, pero no revueltos).
Como curiosidad comentar que en Beppu está el considerado como mejor museo del sexo de Japón. Se trata del Beppu Hihokan (338-3 Shibuyu Kannawa; entrada: 1.000 ¥), creado en 1980 por un aficionado a los artefactos eróticos como homenaje a la industria para adultos local. En este museo kitsch se expone arte erótico, figuras de cera, pinturas, etc.
Usuki. Una excursión muy recomendable a hacer desde Beppu es a la pequeña población de Usuki, a unos 50 km al sudeste de Beppu, para ver la magnífica colección de esculturas en piedra de Budas conocida como Usuki Sekibutsu. Se cree que fueron talladas entre los siglos XII y XIV por razones que aún no están claras. En total hay 59 estatuas que se agrupan en 4 grupos excavados en la pared vertical de una colina, siendo las mayores figuras de Buda excavadas en la roca que se pueden encontrar en Japón. El lugar no sólo es bonito por las estatuas en sí, también por el entorno rural y el bosque de bambú. En la zona hay varios rótulos que avisan de la presencia de serpientes y efectivamente vimos una, aunque no era una anaconda precisamente.
La entrada a Usuki Sekibutsu cuesta 530 ¥. Para llegar a la población de Usuki desde Beppu tomamos un tren exprés que emplea 50 minutos en el trayecto (con un tren local son 70 min). Desde la estación de Usuki hay autobuses (300 ¥) que van hasta la zona donde se está Usuki Sekibutsu, en una área montañosa a 4 km del centro de Usuki, y que también para en la plaza Shuji, en el centro de Usuki. También se podrían alquilar bicicletas (100 ¥/hora) en la Oficina de Turismo que hay a 100 m. de la plaza Shuji, ya que el camino hasta Usuki Sekibutsu es llano y hay un carril-bici que transcurre paralelo a la carretera.
En la estación JR de Beppu (o Bep-puuuuuuuuú, tal como anuncian por triplicado por la megafonía de la estación) tomamos un tren Limited Express Sonic que sale a las 10:22 y llega, vía Kokura, a Hakata a las 12:15. En la estación de Hakata/Fukuoka seguimos las indicaciones y encontramos el metro que nos debe llevar al aeropuerto de Fukuoka (Fukuoka-kuko). El trayecto hasta el aeropuerto es de sólo 5 minutos y cuesta 250 ¥.
La salida del metro desemboca directamente en una de las terminales del aeropuerto de Fukuoka. Fuimos rápidamente a un mostrador de la compañía JAL para informarnos del estado de nuestro vuelo a Naha, pues había el riesgo de que fuera cancelado por la presencia de un tifón en la zona. En algunos monitores se muestra un gráfico con la evolución del tifón nº 13, situado en ese momento entre la isla de Kyushu y el archipiélago de Okinawa. Naha se encuentra bajo su zona de influencia, pero lejos del centro. Además nos informan de que se mueve a una velocidad de 10 km/h y su fuerza actual es de 985 hPa. Afortunadamente nos informan también de que el vuelo operará con normalidad.
Okinawa es el nombre de la prefectura más meridional de Japón, compuesta por unas 160 islas (sólo 44 de ellas están habitadas) y que a su vez conforman la parte sur de las islas Ryukyu. Esta cadena de islas se extiende a lo largo de 1.000 km desde la isla Kyûshû (la más meridional de las cuatro grandes islas de Japón) hasta casi Taiwan. La capital de la prefectura es Naha, situada aproximadamente en el punto medio de este arco de islas.
Okinawa cuenta con una historia y una cultura diferentes a la del resto de Japón, ya que antiguamente era un reino independiente. También su clima subtropical, la geografía y el ambiente reinante la distinguen radicalmente de las cuatro principales islas japonesas.
Ya más tranquilos, antes de embarcar aprovechamos para comer algo en alguno de los 10 restaurantes que hay en la planta 2 de la terminal 2 del aeropuerto. Para nuestra sorpresa los precios son iguales o sólo un poco más caros que en la calle (en un aeropuerto!!). Nuestro vuelo, en un Boeing 737 de JAL, despega puntualmente de Fukuoka a las 15:05 y aterriza en el aeropuerto de Naha a las 16:45, tras un vuelo de 864 km algo movido por las turbulencias ocasionadas por las nubes periféricas del tifón.
Hay un punto de información turística dentro de la terminal. A través de un pasillo exterior cubierto salimos de la terminal y vamos hasta la estación del mono-raíl, donde compramos un billete hasta la parada de Asahibashi, la más cercana al hotel que habíamos reservado. Este trayecto cuesta 230 ¥ y se recorre en sólo 11 minutos (5 paradas). Gracias a la altura por la que discurre el mono-raíl es fácil ir haciéndose una idea de como es la isla.
En Naha nos alojamos en el Toyoko Inn Naha Asahi-basi Ekimae (2-1-20 Kume, Naha; tel. 098 951-1045), donde pagamos 7.890 ¥ (en realidad costaba 8.190, pero nos hacen un descuento de 300 ¥ al presentar la tarjeta de embarque de nuestro vuelo a Naha) por la habitación más grande de la planta (la 810), con buenas vistas al río, al mono-raíl y a tres avenidas. Este hotel está muy bien situado, a 3 minutos andando de la estación Asahibashi del mono-raíl y a 4 minutos de la terminal de autobuses. Desde/hacia el aeropuerto de Naha son sólo 12 minutos en mono-raíl).
En la calle Kokusai-dori hay varios restaurantes donde escoger, así como en el centro comercial Ryubo, al inicio de esa misma calle.
NAHA (pronunciado Najá) es la capital de la prefectura de Okinawa y está situada en la parte sur de la isla de Okinawa, la mayor de las islas Ryukyu, con fachada costera sobre el Mar de China Oriental. Antiguamente fue de los lugares más habitados de las islas Ryukyu y también la capital y centro religioso del reino Ryukyu, desde principios del siglo XV hasta su abolición, en 1879. Tratándose de la ciudad más poblada de la prefectura es también el nodo regional para el transporte en barco o avión al resto de islas del archipiélago.
Teniendo en cuenta que Naha quedó casi completamente destruida en la Batalla de Okinawa se entiende que no haya quedado casi nada de interés histórico. En el centro de la ciudad destacamos Kokusai-dori, la arteria principal de Naha. En ella hay un sinfín de tiendas de recuerdos y de las cosas más variopintas, así como restaurantes, clubs, etc. Tanto los comercios como los objetos vendidos son, en general, muy kitsch. No debe sorprender ya que Naha atrae, debido a su clima subtropical, una gran cantidad de turistas japoneses del resto del país así como de estudiantes en viaje de estudios. Si a eso sumamos la presencia de un gran número de norteamericanos de la enorme base militar de EE.UU. que hay en la isla. Vale la pena recorrerse los casi 2 km de longitud de esta avenida para alucinar con todo. Muy cerca de Kokusai-dori está el barrio Tsuboya, el centro de la alfarería de Okinawa desde la época del reino Ryukyu, donde aún es posible ver numerosos talleres e incluso un museo, el Tsuboya Pottery Museum, que ilustra la historia y técnicas de la alfarería de la zona. Para encontrar este barrio lo más fácil es seguir la calle comercial Heiwadori desde su inicio en Kokusai-dori hasta el final.
Para ver una zona distinta de Naha fuimos a pie hacia el noroeste por la calle Kume-Odon hasta llegar casi al mar, con una gran zona de ocio llamada Costa Village Espana y un golf urbano justo al lado. Es la zona de Tsuji, con abundancia de lugares de ocio, como por ejemplo pachinkos. Volviendo de nuevo al centro cruzamos la zona de Kume, donde abundan los clubs para gentlemen.
El Castillo Shuri (declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, juntamente con otros monumentos relativos al reino Ryukyu) sirvió de centro administrativo y residencia de los reyes Ryukyu durante siglos. Es uno de los más importantes gusuku (castillo de Okinawa) y más importantes sitios históricos en Naha. Guerras e incendios han destruido el castillo varias veces, en especial durante la Batalla de OKinawa en 1945, por lo que el actual edificio es una lograda reconstrucción de 1992. El castillo se encuentra sobre una colina y se accede a él a través de varias puertas, como la de Hoshinmon. De todos los edificios del castillo, el Seiden, frente a una gran plaza, es el más lujosamente decorado. Alrededor del castillo hay un parque donde está el Tamaudun o mausoleo de los reyes Ryukyu. La entrada al castillo (a partir de la puerta Hoshinmon) cuesta 800 ¥, mientras que al mausoleo son 200 ¥. El castillo se encuentra en el límite de la actual ciudad de Naha y para llegar a él se puede tomar el monoraíl (bajando en Shuri y andando 1.2 km, 15-20 minutos, hasta el castillo) o bien los autobuses 1, 17 o 46 (bajando en Shurijo Koen Iriguchi).
Desde nuestro hotel en Naha, el Toyoko Inn Naha Asahi-basi Ekimae, vamos andando hasta la cercana estación de autobuses, situada en el lado este de la parada Asahibahi del monoraíl, y tomamos el primer autobús que sale hacia el puerto de Tomari (200 ¥). Es un trayecto de 10 minutos (con poco tráfico) hasta la entrada a la terminal de ferris. De este puerto (no confundirlo con el otro puerto de Naha, el Shinkou Naha) salen los ferris a las islas Kerama, como Aka y Zamami.
Nosotros compramos los billetes del ferry a Zamami justo antes de partir, pero puede ser una buena idea reservarlos con anticipación en el teléfono 098-868-4567, aunque no se garantiza que contesten en inglés. Hay dos ferris a Zamami (ver horarios): el Zamami Maru (o ferry a secas), que tarda unas 2 horas en el trayecto a Zamami (para antes en la isla de Aka) y el Queen Zamami III, que tarda sólo 50 ó 70 minutos, dependiendo de si para en Aka o no. El primero cuesta 1.860 ¥, mientras que el rápido vale 2.750 ¥.
En nuestro caso tomamos el Zamami Maru que zarpa de Naha a las 10:00 (aunque en esta parte de Japón los horarios son algo más relajados, se nota la influencia tropical) y nos instalamos cómodamente en la cubierta superior, en el exterior. Tras 90 minutos de navegación, en la que podemos ver unos cuantos islotes deshabitados, barcos de pesca, aviones de combate sobrevolando la zona y multitud de peces voladores, entramos en el puerto de la isla de Aka, donde el barco está 10-15 minutos para descargar pasajeros y mercancías. Desde la cubierta ya vemos playas preciosas, de arena blanca y aguas de color turquesa. Proseguimos el viaje y atracamos en el puerto de Zamami sobre las 12:10. Ya sólo el viaje en ferry ha valido la pena.
En la pequeña terminal del puerto de Zamami hay una improvisada oficina de información turística, en el interior de una tienda, donde conseguimos un mapa de Zamami (hecho a mano y fotocopiado) y una lista de alojamientos de la zona que nos resultaron muy útiles.
En Zamami escogimos el pequeño y escondido Menso-re Hotel, donde pagamos 7.000 ¥ por una habitación de estilo japonés, con TV y A/A (muy necesario aquí). El baño es compartido, pero éramos los únicos huéspedes... Este hotel está situado al lado de la clínica de Zamami y del popular centro de buceo Joy Joy, a menos de 10 minutos andando del puerto. Nos habían recomendado la Miyamura Pension, situada sobre el supermercado del pueblo, en la calle principal, pero cuando fuimos ya no había habitaciones libres.
Para comer recomendamos el restaurante La Toquée, del hotel Miyamura, donde comemos bien y en un ambiente muy cuidado. Muchos hoteles de Zamami ofrecen la posibilidad de media pensión, pero pensamos que no sale a cuenta y quita libertad.
ISLA DE ZAMAMI es una de las 22 islas (sólo cuatro de ellas están habitadas: Aka, Geruma, Tokashiki y la propia Zamami) que forman las islas Kerama, un archipiélago de islas subtropicales situado a unos 32 km al suroeste de Naha, en la isla principal de Okinawa. La isla de Zamami tiene poco más de 600 habitantes y una superficie de 16.74 km². Zamami también es el nombre de la única población de la isla (y donde está el puerto), la cual se encuentra en su lado sur.
Dado que nuestra estancia en Okinawa iba a ser corta se nos planteaba la duda de qué isla o islas escoger para esta visita. Finalmente nos decantamos por las islas Kerama gracias a las recomendaciones de varios amigos viajeros que habían visitado previamente la zona y también por el hecho de su fácil accesibilidad desde Naha. La verdad es que la elección fue, al menos para nosotros, acertadísima, ya que estas islas son un verdadero paraíso aún poco explotado, con aguas cristalinas de color verde esmeralda repletas de coral y peces exóticos (siendo el mejor lugar de Japón y uno de los mejores del mundo para la práctica del submarinismo o el esnórquel), playas de arena blanca o bosques vírgenes.
Para recorrer la isla alquilamos una bicicleta en nuestro mismo hotel por 900 ¥/día, siendo el precio más barato que encontramos. Vale mucho la pena ir hasta la magnífica playa de Furuzamami, a 1.5 km del pueblo de Zamami. Por el camino hay un mirador con unas vistas estupendas sobre la parte norte de la isla y otras islas cercanas. Esta playa es sencillamente preciosa, muy bonita, con arena blanca coralina, aguas cristalinas y un montón de islas tapizadas de verde en el horizonte. En este entorno destaca negativamente un único y feo edificio en el extremo norte de la bahía, pero aún y así consideramos que es una de las mejores playas que recordamos en todos nuestros viajes. A sólo 6 m. de la orilla hay coral que vale la pena ver alquilando allí mismo unas gafas por 500 ¥/día. Inolvidable. Junto a esta playa hay un chiringuito con lavabos y una máquina de bebidas. En la playa había muy poca gente, pero a partir de 17:00 ya nos quedamos solos. Otro punto en la isla hasta el que merece la pena ir es el mirador Kaminomaha (o también el de Unajinosachi, unos 500 m. más allá), sobre todo para ver la puesta de sol sobre el mar e islas cercanas. Una auténtica gozada!. Para llegar a ellos en bici (son 2.5 km) hay que tomar la carretera que sale del pueblo hacia el oeste de la isla, pasando junto al camping, la playa de Ama y una granja con vacas y cabras.
Otras actividades interesantes en Zamami es recorrer en bici o moto la estrecha y sinuosa carretera que circunda la isla, hacer caminatas por el bosque, contratar en el puerto una barca para que nos lleve a algunas de las islas no habitadas que hay alrededor. Y de enero a marzo es muy popular aquí el avistamiento de ballenas jorobadas, las cuales vienen a estas aguas a aparearse.
En el regreso de la isla de Zamami a Naha hicimos una parada de varias horas en la isla de Aka para una rápida visita. A las 10 de la mañana tomamos en el puerto de Zamami el fast-ferry Queen Zamami que llega de Naha y vuelve pasando por Aka. En un corto trayecto de sólo 10 minutos (cuesta 300 ¥) llegamos al puerto de Aka. Tras visitar la isla y refrescarnos en la playa zarpamos a las 17:00 en el ferry rápido Queen Zamami con destino a Naha, aunque antes paramos de nuevo en Zamami para dejar y recoger pasaje. Finalmente llegamos al puerto Tomari de Naha a las 18:10.
Volvemos de nuevo al mismo hotel (e incluso habitación) de nuestra anterior estancia en Naha, el Toyoko Inn Naha Asahi-basi Ekimae, puesto que ya lo habíamos reservado durante nuestra estancia en él. Gracias a ello pudimos dejar en recepción la mayor parte del equipaje, todo aquello que no íbamos a necesitar en nuestra excursión a las islas.
Isla de Aka. En el viaje de vuelta de Zamami a Naha, y aprovechando que el ferry se detiene en Aka para recoger y dejar pasajeros, visitamos esta isla durante unas cuantas horas antes de reemprender el regreso a Naha. Aka es otra de las pocas islas habitadas del grupo de islas de Kerama. Tanto la isla como la única población de Aka es aún más pequeña que Zamami. Damos con una pensión que hay sobre un supermercado y en ella alquilamos unas bicis (1.000 ¥/día) y dejamos el equipaje para ir más cómodos.
Ya con las bicicletas vamos hacia el oeste de la isla y subimos hasta el mirador Kohara sobre el mar (bonito, pero sin comparación con los de Zamami). Desde aquí bajamos hasta la cercana playa de Kohara, muy bonita aunque algo sucia (quizás como consecuencia del reciente tifón). A continuación vamos hasta la playa de Nishihama, en el lado oriental de la isla, a unos 2 km del pueblo (el camino más corto y fácil en bici es yendo por el puerto y tomando una carretera que bordea la costa. En esta playa hay un chiringuito con lavabo, ducha (de pago) y alquiler de equipo de playa o para esnórquel. El paisaje aquí también es excepcional, aunque para hacer esnórquel es mejor la de Furuzamami. Para completar la visita a esta isla cruzamos con la bici a la isla de Geruma, conectada a Aka por un gran viaducto con buenas vistas, y llegamos hasta la isla de Fukaji, unida a la de Geruma también con un pequeño puente. Fukaji está deshabitada y en ella está únicamente el aeropuerto de Kerama.
Damos por acabada la visita a la zona cuando llega el ferry, tras devolver las bicicletas y recuperar la mochila. Durante la navegación de regreso a Naha, sobre la cubierta del ferry, pudimos disfrutar de un inolvidable atardecer sobre el mar y las islas Kerama que no se puede explicar con palabras. Merecido colofón a un lugar tan fantástico.
Para los sitios de interés en la ciudad de Naha ver COSAS A VER (Naha).
Empezamos este largo viaje de 1.400 km entre Naha y Nagoya tomando el mono-raíl en Asahibashi hasta el aeropuerto de Naha (230 ¥, 11 minutos). Embarcamos en un Jumbo 747 de JAL que despega puntualmente a las 11:45 y aterriza en el aeropuerto Centrair Chubu de Nagoya tras un vuelo de 1 hora y 50 minutos.
Para llegar al centro de Nagoya tomamos el tren exprés µSKY de la línea Meitetsu, con destino final en la estación JR de Nagoya tras un cómodo viaje de 30 minutos. Como nuestro JR Pass ya se había agotado tuvimos que pagar los 850 ¥ que cuesta este trayecto.
Nuestro último hotel en este viaje a Japón fue el Toyoko Inn Nagoya Marunouchi (1-4-20 Marunouchi Naka-ku, Nagoya; tel. 052 223-1045), como no, también de la cadena Toyoko Inn (el Sr. Toyoko nos tenía que haber hecho Clientes del Año). Aquí pagamos 8.190 ¥ por una habitación doble. Está sólo a 2 minutos andando de la salida nº 8 de la parada Marunouchi del metro y a 1'5 km de la estación JR. Hay otros dos hoteles Toyoko Inn más cercanos a la estación de tren, pero en el momento de reservar ya no encontramos en ninguno de ellos una habitación doble para no fumadores y nos quedamos en el de Marunouchi.
En la estación de tren JR de Nagoya, sobre todo en la planta 11, hay un buen número de restaurantes donde escoger.
NAGOYA está situada en la región central de Honshû y es la cuarta ciudad en población de Japón, así como su corazón industrial, con la sede de Toyota, por ejemplo, sita aquí. Desde el punto de vista histórico Nagoya creció alrededor del castillo del clan Owari, una de las ramas de la familia Tokugawa en el periodo Edo. En el año 1945 los bombardeos aéreos destruyeron la mayoría de los edificios históricos y quizás por ello Nagoya no es una ciudad con un gran atractivo turístico. En cualquier caso el motivo de nuestra breve estancia en Nagoya fue principalmente el hecho de que nuestro vuelo de regreso a Europa partía del cercano aeropuerto Chubu Centrair, aunque nos gustó poder visitar, ni que fuera brevemente, una nueva ciudad japonesa.
Entre las cosas que pudimos ver de Nagoya destacamos las imponentes JR Central Towers, un complejo sobre la estación JR de Nagoya formado por un edificio de oficinas de 245 m. de altura y otro ocupado por un hotel que es ligeramente más bajo y esbelto. Tiene el record Guinness del edificio de estación de tren más alto del mundo. Las plantas inferiores son compartidas por ambos edificios y en ellas podemos encontrar grandes almacenes, tiendas de todo tipo, restaurantes y lugares de ocio. Subimos hasta la planta 52 de una de las torres para disfrutar de las vistas a esa altura, pero resultó que sólo se podía acceder a ella con una reserva en uno de sus exclusivos restaurantes o centros de spa y belleza.
Pero finalmente conseguimos nuestro propósito de ver Nagoya desde las alturas en el rascacielos Midland Square (oficialmente llamado Toyota-Mainichi Building), inaugurado en marzo de 2007 y situado casi enfrente de las JR Central Towers. Es ligeramente más alto que ellas (247 m.), por lo que en ese momento era el edificio más alto de la región central de Japón. La torre alberga oficinas de distintas empresas, por ejemplo Toyota, así como un centro comercial, tiendas de lujo, un cine, restaurantes, cafés, etc.
En la parte superior del rascacielos (plantas 44 a 46) está el impresionante Sky Promenade, la plataforma de observación a cielo abierto más alta de todo Japón (al menos en esas fechas). Está parcialmente abierta al exterior, por lo que se nota el viento que sopla a esa altura, a 240 metros sobre el nivel del suelo. El mirador proporciona unas vistas increíbles de la ciudad, tanto de día como de noche, en todas las direcciones. Por la noche, para añadir aún más espectacularidad, a intervalos regulares de tiempo aparecen columnas de humo y luces que van cambiando de color para crear una atmósfera irreal. Muy recomendable, vale realmente la pena. La entrada cuesta 700 ¥ y está abierto de 11 a 21:30 h. Las entradas se compran en la planta 42, hasta donde se sube con un curioso ascensor de vidrio exterior que sube en sólo 40 segundos y que realmente impresiona por sus vistas de vértigo.
Para completar esta zona de rascacielos de Nagoya aún podemos mencionar la Lucent Tower, un bonito edificio de líneas curvas con una altura de 180 m. Por otra parte vale la pena darse una vuelta por algunas calles adyacentes a Midland Square para ver el gran número de pachinkos que hay en la zona (de hecho el origen de los pachinkos hay que buscarlo en Nagoya). Lógicamente hay otros puntos de interés en la ciudad, como el reconstruido castillo de Nagoya, pero nosotros ya no tuvimos tiempo para más.
Para ir al aeropuerto de Nagoya desde el hotel empezamos por tomar el metro en la parada de Marunouchi hasta la estación JR de Nagoya (dos paradas, 200 ¥), ya que vamos con el equipaje encima. Una vez en la estación seguimos las indicaciones de la línea Maitetsu. Compramos billetes (870 ¥) para el primer exprés que pasa con destino al aeropuerto Chubu Centrair, adonde llegamos tras un cómodo trayecto de 28 minutos. Este modernísimo aeropuerto (empezó a operar en 2005) está construido sobre una isla artificial.
Iniciamos la vuelta a casa con un vuelo de Nagoya a Helsinki de Finnair (7.770 km en 9h 50 min). Antes de aterrizar en el aeropuerto Vantaa de Helsinki tenemos la oportunidad de ver, desde la ventanilla del avión, un sinfín de lagos entre paisajes verdes. La hora local finlandesa es -6 horas respecto a Japón. Tras una espera de 2,5 horas en este aeropuerto embarcamos en el vuelo de Finnair que nos lleva a Barcelona tras recorrer otros 2.630 km (3 horas de vuelo).
Y así finaliza un viaje fantástico que superó nuestras expectativas iniciales y que nos sorprendió día sí día también, debiendo superar a la vuelta el shock que representa retomar la realidad de nuestras latitudes que, para bien o para mal, es tan distinta de la nipona.
Actualitzada: 03/06/2010