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Nos despertamos a las 7:00, nos duchamos y desayunamos en la azotea del hotel. El relajante desayuno y la excelente comida nos deja más que mejor para comenzar el día en Benarés. El check-out en la habitación es a las 10:00 de la mañana de manera que dejamos las mochilas en recepción donde nos las guardan durante todo el día.
Por fin bajamos a los Ghats. Todo se ve mucho mejor por el día. Mientras paseamos hacemos algunas fotos a la gente. No les importa para nada; unos sonríen, otros te piden dinero, otros te ponen posturas...Recorremos los Ghats de arriba a abajo y alquilamos una barquita. Hacer el recorrido en barca a primera hora de la mañana es fantástico. La luz es preciosa y muchísima gente baja al río a bañarse, sentirse purificado, lavar la ropa, rezar...y el crematorio continúa las 24 horas del día. Hay numerosos templos, algunos muy viejos e importantes. Muchos de ellos se encuentran en los Ghats y la mayoría se pueden ver desde el río. A pesar de lo impresionante de todo es una ciudad muy decadente. Pedimos al barquero que nos deje en la orilla finalizando nuestro recorrido en barquita. Es increíble poder pasear en barca en este lugar.
Paseamos por los Ghats de nuevo admirando el espectáculo de nuevo y comenzamos a adentrarnos en las callejuelas de la zona vieja. Aquí no pueden entrar los autorickshaw (no caben) de manera que es un lugar tranquilo al igual que los Ghats. Las callejuelas están abarrotadas de puestos de ropa, pendientes, collares y pulseras, comida, etc...y la higiene por supuesto, brilla por su ausencia. Descubrimos que los autorickshaw pueden llegar hasta muy cerca de los Ghats y del hotel. Esto quiere decir que ayer nos marearon muchísimo para intentar llevarnos a otro hotel ó para pedirnos una buena propina que no se llevaron.
Es hora de comer de manera que buscamos el Brown Bread Bakery, restaurante alemán que sirve casi de todo. Allí tomamos la mejor comida (hasta el día de hoy) sin duda de toda la India. Es un lugar con colchones, cojines, mesas bajas y balcones, a la vez que algo alejado de los ruidos y de la música de los Ghats. Descansamos un buen rato mientras nos sacan la comida que tarda una hora aproximadamente. El olor que sale de la cocina es un olor fuerte y nada agradable y el lugar no está muy limpio. Realmente es siempre así vayas donde vayas, aunque esta vez la comida resulta verdaderamente exquisita.
Cuando acabamos de comer y descansar bajamos a pasear un rato por las callejuelas y los Ghats de nuevo hasta llegar al hotel donde nos aguardaban las mochilas. En el hotel nos prestan un par de toallas para ducharnos. Pagamos la ropa que les dejamos para que nos lavaran (7 prendas de ropa 100 R$) y acudimos a coger nuestro último tren en el norte de la India hacia la capital, Nueva Delhi. Conseguimos un autorickshaw para que nos llevara a la estación por 80 R$ y nos llevó directamente a la estación, no sin antes tener que sobornar a la policía por parte del conductor para que le dejara pasar por una calle. Llegamos a la estación y nuestro tren sale del anden nº 1 y nada más llegar se va la luz en toda la estación. Andamos como 300 metros totalmente a oscuras para alcanzar nuestro vagón con las mochilas, esquivando a la gente que hay sentada y tumbada en el suelo y empujándonos con las mochilas con todos los demás. Por fin llegamos al vagón que nos corresponde de nuestro largo tren y subimos abandonando el ruido, la locura y el kaos de la estación. Nos acomodamos en las camas y nos relajamos un poco. Compramos una súper cena a base de galletas, dulces y papas y nos dormimos.
Nos despertamos una horita antes de llegar a la estación de Nueva Delhi. Desayunamos las galletas que nos sobraron de la cena y enseguida llegamos a la estación de Nueva Delhi. Es una estación enorme con muchos andenes y, por supuesto, con mucha gente, tanto circulando por la estación como tirada en el suelo, durmiendo, etc...
Conforme sales de la estación justo enfrente se encuentra Main Bazar, hogar de todos los mochileros que pasan por Delhi y plagado de tiendas de todo tipo. Además los hoteles de la zona, llamada Paharganj, dejan mucho que desear, pero es una de las mejores para visitar la ciudad. Nos dirigimos Main Bazar abajo y, después de visitar algunas horrendas pensiones (pero horrendas de verdad), nos dirigimos a un hotel que nos habían recomendado, el Vivek Hotel, con habitaciones de varios precios y con restaurante en la azotea, el Sam's Café. Nos quedamos con una habitación de 750 R$ la noche (unos 11€) con ventana al exterior y no llegando a la categoría de decente. Almorzamos en el Sam´s Café mientras nos preparan la habitación y posteriormente descansamos durante más de una hora en la habitación para bajarnos a comer al restaurante de abajo del hotel, el Restaurante Ajanta.
Después de comer algo, recorremos andando el barrio de Paharjang y cogemos un autorickshaw para que nos lleve al Zoo. Pasamos por la zona más nueva, Conaught Place, la entrada a la Nueva Delhi. Aquí se pueden ver multitud de bancos y grandes hoteles. Esta parte sigue siendo horrible y la contaminación comprobamos que es generalizada en toda la ciudad. Llegamos al Zoo donde pensamos que pasaríamos alguna hora paseando con tranquilidad viendo animales; pero no sabemos si por ser Domingo ó por que en la India hay demasiada gente que esto no se dio. La entrada cuesta 50 R$ para extranjeros y entramos en el interior. Es un Zoo bastante grande y se necesitan unas tres horas para recorrerlo totalmente. Lo que encontramos dentro no era lo que buscábamos. Las instalaciones del Zoo no están mal, pero hay animales que no están nada bien cuidados ó instalados y, lo peor de todo es el escándalo que hay debido a la cantidad de niños gritando que hay molestando a los animales y, de paso, a nosotros.
Regresamos hacia la zona de Paharjang visitamos alguna tienda interesante y subimos a descansar al hotel. Bajamos a cenar al restaurante del Hotel Shelton. En este restaurante cenamos como Rajás todo buenísimo. Después de la cena recorrimos Main Bazar por la noche. Es todo muy muy barato, pero no hay que dejarse engañar.
Segundo día en Delhi y, bajo nuestro punto de vista, deberíamos haberlo aprovechado en otro lugar. Desayunamos en un restaurante que se encuentra justo a los pies de nuestro hotel, el mismo donde comimos ayer.
Cogemos un autorickshaw en Main Bazar para que nos lleve directamente a Chandni Chowk, centro de la vieja Delhi, y que nos deja al principio de la calle, justo en la entrada al Fuerte Rojo que, hoy lunes está cerrado. Caminamos un rato calle abajo.
La zona es una locura; hay mercados cubiertos, mercados descubiertos, muchísima gente en los mercados, color, tráfico, contaminación, etc. Además de los mercados y puestos callejeros, esta zona tiene un par de interesantes mezquitas, las cuales no visitamos. No estuvimos demasiado rato en esta zona, ya que queríamos estar tranquilos.
Al finalizar la visita regresamos a la zona del hotel y dedicamos el día a descansar y hacer alguna pequeña compra. Comemos de nuevo en el restaurante del Hotel Shelton, sin duda el mejor. Cambiamos dinero con una buena comisión, compramos unos pañuelos de seda y alguna otra casilla, nos conectamos a Internet y cenamos en Metrópolis Restaurant and Bar, el más pijo, caro y no el mejor. Pagamos por la cena el doble que en el resto de restaurantes, pero con cervezas, el único restaurante de la zona donde la venden.
Nos levantamos y desayunamos en el mismo hotel y al finalizar, nos subimos al taxi que nos llevará al aeropuerto (250 R$). El recorrido es de unos 25 km. y tardamos una hora en completarlo. Hay muchísimo tráfico y lo que vemos durante este recorrido es que Delhi es otra ciudad súper decadente (otra más), lo que venimos viendo durante nuestro recorrido por el Norte de la India. Llegamos al moderno aeropuerto de Delhi y también caro pero tiene una ventaja: tenemos Internet totalmente gratis.
Durante las tres horas y media de vuelo aprovechamos para leer, escribir y descansar. La compañía aérea está muy bien, es de bajo coste, pero aquí te dan comida, aunque sea prácticamente incomestible. Faltando veinte minutos para aterrizar, comenzamos a descubrir por que a Kerala le llaman la tierra de Dios. Conforme el avión va descendiendo vamos observando la extensión selvática que nos rodea, plena de plataneras, cocoteros y demás árboles tropicales que no conocemos, además de montones de brazos de agua que se internan en esta jungla convirtiéndolo en una verdadera maravilla a tener en cuenta. El avión aterriza y nada más bajar de él, un golpe de humedad nos pega en toda la cara.
Buscamos la oficina de taxis de prepago y después de ver los precios y compararlos, decidimos acertadamente que nos llevaran directamente a Allapey. Nos cuesta 1.380 R$ por un recorrido de más de 100 km. y una duración de más de dos horas y en un todo terreno.Durante la mitad del recorrido pudimos disfrutar del camino, los backwater se empiezan a ver nada más salir del aeropuerto y esto es precioso, exceptuando el paso por las grandes urbes. Está todo plagado de bananeras y cocoteros y cruzamos brazos de mar constantemente. Los hombres visten con falda y también observamos que aquí en Kerala la gente no vive mal. La segunda parte del recorrido la hacemos de noche y no vemos el paisaje. Llegamos a Allapey y el conductor nos deja en la puerta del alojamiento que le pedimos.
El alojamiento es fantástico y los chicos jóvenes que lo regentan también. Enseguida nos transmiten la tranquilidad con la que viven y nos enseñan la habitación y el hotel. Es una casa rural con patio interior central y todo todo muy rústico y bonito. Totalmente rehabilitada. La habitación nos cuesta 500 R$ (7,20 €) y está genial. Acudimos a cenar a un restaurante llamado Mushroom, medio occidental y medio indio. Mientras cenamos, estudiamos las diferentes opciones que tenemos para visitar las backwaters en el barco incluyendo en el estudio cuales son las zonas más bonitas para visitarlo.
Cuando volvemos al hotel nos duchamos y salimos al jardincito del patio interior para decidir tranquilamente. Por 10R$ hay un recorrido muy interesante que va desde Allapey hasta Kollan y tiene varios horarios de salida. El barco es como un autobús de línea que va parando mientras sube y baja más gente. Según la guía, en una excursión de 36 horas no vas a ver más de lo que se ve en este recorrido. Lo interesante en este caso es que los barcos pasen por los brazos de mar cuanto más estrechos mejor y, este recorrido, cumple de sobra con las expectativas necesarias para poder ver las backwaters en su máximo esplendor. Haremos este recorrido sin duda.
Nos despertamos en nuestra casa rural. Es un lugar muy tranquilo, apacible y acogedor. Lo primero que buscamos es un sitio para desayunar de manera que nos vestimos y comenzamos a caminar por el pueblo. Allapey es un pueblo lleno de canales al más puro estilo Venecia o Ámsterdam. Es bonito. Durante el paseo nos vamos dando cuenta de que esta zona es muy diferente a cualquier zona del norte. Recorremos una parte del pueblo donde la gente vive en casas adosadas, muy cutres pero encantadoras, para al final coger un autorickshaw que nos acerque al centro hasta dejarnos en el Indian Koffe, café indio donde todo lo que tomamos buenísimo a un precio de risa.
Después de desayunar caminamos por el centro hasta llegar al embarcadero donde nos informamos de los horarios de salida hacia Kottayam. Decidimos coger el barquito para hacer el recorrido por las backwaters a la 11:30, de manera que nos acercamos al hotel, nos cambiamos y nos acercamos paseando a la playa que queda a unos 10 minutos del hotel. De camino hacemos varias fotos a los canales y observamos la rutina diaria de los habitantes del pueblo. Después nos duchamos, hacemos las mochilas y el check-out y con un autorickshaw nos acercamos hasta el embarcadero. Compramos algo de comida india para el camino (dos horas y media) y subimos al barco.
El barco arranca y empezamos a avanzar por el estrecho canal hasta que salimos del poblado y el canal se hace bastante más grande. Aquí se encuentran todos los barcos turísticos que realizan los tours por las backwaters y todo alrededor ya es selva, cocoteros, bananeras a miles. Poco a poco nos vamos adentrando en los backwaters y los canales se van haciendo verdaderamente estrechos. Los canales se van sucediendo, unos más anchos y otros más estrechos. Hay multitud de aves, es un lugar genial para observarlas. Durante el recorrido la gente va subiendo y bajando es como un autobús de línea. El paisaje es precioso y también observamos la manera de vivir de la gente que vive a orillas de estos fantásticos brazos de mar.
Después de dos horas y media espectaculares llegamos a Kottayam, una ciudad de 175.000 habitantes que no tiene nada especial a excepción de un mercado, el cual ni siquiera visitamos. Compramos algo de comida para llevar y cogemos un autobús en dirección Varkala. Después de un par de horas de admirar el paisaje llegamos a Kollam, a 35 km de Varkala, nuestro destino. En la estación de Kollam había que coger un autobús hacia Kallambalam (30 km y 0,20 €) y esto es lo que hicimos después de tomarnos unos zumos naturales en la misma estación. Este recorrido hasta Kallambalam duró sólo 35 minutos. Aquí cogemos un autorickshaw que nos conduce directamente a Varkala.
El conductor nos deja en la puerta del hotel Ruby Bleu House recomendado por la guía. Pagamos 350 R$ por noche (5 €) y bajamos a cenar al acantilado donde se encuentran los restaurantes, tiendas y negocios. Nada más bajar ya te están ofreciendo pescado, parece ser que es el principal negocio de los restaurantes además de la venta ilegal de alcohol. Cenamos en Kerala Coffe House. Después de una ligera, sabrosa y barata cena acudimos al hotel a descansar y dormir.
Nos despertamos pronto y acudimos a desayunar al primer restaurante del acantilado. Tenemos delante un largo acantilado de unos 30 ó 40 metros de altura y diversas escaleras a lo largo de él para bajar hasta la playa. Es precioso. Los cocoteros invaden la playa a lo lejos donde acaba el acantilado y al agua, aunque limpia, se le ve muy movida con grandes olas.
El desayuno es bueno; tienen zumos naturales, bollos de chocolate, té, café y todo lo que quieras para comer. Hoy hace sol y empieza a hacer mucho calor de manera que, al finalizar el desayuno, paseamos tranquilamente por Verkala Beach hacia la otra punta del acantilado observando las pequeñas playas que se forman a lo largo del mismo, así como los restaurantes y pequeñas tiendas que hay justo al otro lado, hasta llegar a la playa negra. Es muy muy bonito. Continuamos paseando más allá de la playa negra. Las palmeras se extienden por todos lados y si te alejas un poco de la orilla parece que estés penetrando en la jungla.
Regresamos hasta el hotel donde nos ponemos el bañador y bajamos al acantilado a bañarnos en la playa y tomar el sol. Conforme llegas abajo se observa que hay gente, pero poca. Aquí el oleaje y la corrientes son muy peligrosas. Entramos en el agua con mucha prudencia e hicimos muy bien. No es la mejor playa para bañarse.
Al finalizar los baños de agua y de sol nos vamos a comer a un restaurante llamado Rock and Roll donde ponen a Bob Marley una y otra vez. La comida tardó más de una hora mientras a nosotros se nos iba cada vez más el hambre, pero la comida estaba buena. Después de comer decidimos probar los masajes ayuvédicos, muy recomendados en toda la India. Acudimos a Ayurveda Panchakarma, lugar muy recomendado por la guía. Por 500 R$ te dan un masaje de una hora, hombres con hombres y mujeres con mujeres. El masaje consiste en que te untan de pelo a pies de aceite y te masajean todo el cuerpo durante una hora. Y todo el cuerpo quiere decir absolutamente todo. El masaje deja mucho que desear. Lo único especial es que te cubren de aceite todo el cuerpo, pero lo importante en un masaje son las manos de quien te hace el masaje. No tuvimos suerte en esta ocasión. Al acabar el masaje nos duchamos para quitarnos el aceite en el mismo lugar, pero el aceite del pelo no se va así como así.
En el hotel nos volvimos a duchar y conseguimos quitarnos totalmente el aceite. Nos cambiamos y limpios y brillantes bajamos a conectarnos a Internet, pasear y cenar.
Nos levantamos a las 9:00 de la mañana. Ha estado lloviendo toda la noche y continúa lloviendo ahora, aunque un poco menos. Son los últimos coletazos del monzón indio del sur, son en esta época. Desayunamos tranquilamente para darnos otro paseo por los acantilados y más allá. Es un sitio muy muy tranquilo, únicamente para descansar, comer y bañarte en la playa mientras tomas el sol.
Después de pasear, comemos, descansamos un rato en la cama y nos conectamos a Internet. Después de cenar nos pedimos unos cockteles que preparaban en el mismo restaurante a 80 R$ (1,20 €). Los hacían con cualquier bebida, whisky, ron, vodka...pero están malísimos. El alcohol en la India no merece la pena.
Esta lloviendo. No ha parado en toda la noche ni tiene intención ninguna de parar. Hoy nos levantamos sobre las 12:00 y nos vamos a desayunar. Es una pena haber coincidido con el monzón. La gente baja al acantilado hasta llegar a la playa y se bañan a pesar de la lluvia. El agua está muy movida, realmente no merece la pena, puede ser muy peligroso. Desayunamos en el restaurante de todas las mañanas y cogemos un autorickshaw que nos lleva a la estación de tren. Queremos ver las opciones que tenemos para subir a Kumily.
Lamentablemente, la única opción es subir a Kottayam o Allepey en tren a las 13:30 (tres horas de tren) y luego habría que coger un autobús hasta Kumily (mínimo de tres horas). De manera que optamos por la opción más rápida y más cara. Volvemos a Varkala Beach y reservamos el taxi que nos lleve directamente a Kumily (2.800 R$, unos 40 €). Saldremos a las 07:00 de la mañana y teóricamente tardaremos 4 horas en llegar. Solucionado el tema, tenemos todo el día de hoy para disfrutarlo.
Acudimos a Kerala Coffee House donde comemos y nos vamos a descansar a la habitación. Ésta va a ser la cuarta noche que dormiremos en esta habitación y cada día la soportamos menos. Hay una humedad increíble en ella y los colchones parecen estar mojados.Después de dormir un poco paseamos de nuevo por las tiendas del acantilado, nos conectamos a Internet y nos vamos a cenar. Pedimos unos callamari mallabari, plato que nos llamó la atención por el nombre y que estaba riquísimo. Todavía llueve, no ha parado prácticamente en tres días pero la disfrutamos esta vez mirándola mientras cenábamos tranquilamente.
A las 07:00 de la mañana en punto tenemos el taxi en la puerta. Inmediatamente empezamos el caminito hacia Kumily. El taxi es un Ambassador muy muy viejo; tendrá entre 35 y 50 años, es blanco igual que todos y tiene un motor 1500 Diesel al que le queda bien poquito para morir. El paisaje de Kerala es precioso allá por donde pases, es todo muy bonito.
Sobre las 9:00 hicimos una parada para desayunar en una población llamada Kottarakara, donde degustamos algo de comida india picante no muy buena. Empezamos con el caminito de montaña y el paisaje se empieza a convertir en algo espectacular y, poco a poco, van apareciendo las plantaciones de té. Hicimos varias paradas para observar las maravillosas plantaciones que se extendían allá donde miraras. Tenemos la ocasión también de ver unas bonitas cataratas. Pero el conductor nos rompe un poco la armonía y se empieza a poner pesado con los hoteles en Kumily durante el camino, nos hace la pelota..y nos intenta convencer alojarnos en un hotel de un amigo suyo que le dará comisión.
Después de 7 horas y 200 km llegamos a Kumily, pueblo no muy grande y con poco atractivo pero a 3 km de la reserva natural de Periyar. El viaje fue muy pesado, tres horas más de lo previsto y, por supuesto, el chófer nos pidió más dinero. Le pagamos lo acordado, ni una rupia más. Nos deja justo en la puerta del hotel que le pedimos, el Coffee Inn, de lo mejorcito que se puede encontrar por aquí y nos dan, sin duda, la mejor habitación que hemos tenido hasta ahora por 690 R$ (casi 10 €) con sábanas, toallas, papel higiénico y hasta jabón. Y además tenemos una terracita con vistas al lago Periyar y al parque natural. Todo muy rústico, como una casa rural y hasta con un poco de clase y estilo.
Pero no deja de llover. Lleva tres días lloviendo casi sin parar, es increíble. Así está todo tan verde y tan bonito. Después de comer algo en el hotel y descansar, cogemos un autorickshaw que nos lleve al centro del pueblo. Visitamos el pueblo lloviendo, pero con un paraguas que nos compramos, sacamos dinero y conseguimos información tanto sobre la reserva natural de Periyar. No estamos de suerte. En esta reserva natural hace algunos meses se hundió un barco lleno de turistas (la mayoría indios) y perecieron casi 50 personas. A causa de esto, no salen barquitos por el lago y ésta es la mejor y casi única manera de ver algún animal en libertad. La otra opción es hacer un trekking de tres horas, pero cuando llueve todo el parque queda infestado de sanguijuelas. También nos informamos de la excursión en elefante.
Después nos fuimos a cenar a un restaurante muy recomendado por la guía, el Chrissie's Café, lugar que nos decepcionó bastante ya que las expectativas eran muy altas en este lugar. Con un autorickshaw regresamos al hotel a aprovechar la habitación. Es lo único que se puede disfrutar ahora mismo en este lugar.
Llueve sin parar, a ratos más y a ratos llueve menos. Bajamos a desayunar a la cafetería del hotel para pensar que vamos a hacer e ingerimos la incomestible comida que nos sirven. Muy malo el restaurante del hotel. Decidimos ir a montar en elefante y así vemos como va evolucionando el día.
De manera que cogemos un autorickshaw que nos lleva directamente al lugar donde se encuentran los elefantes de la agencia Green Valley. Llegamos al lugar y ahí está nuestro elefante, comiendo y jugando con su cuidador. El cuidador le pide que se acerque a la plataforma desde donde montaremos y lo hace a la primera. Subimos con algo de miedo y empezamos el recorrido. Se pone a llover muchísimo y el elefante nos deja en el lugar de partida.
Regresamos al hotel y tomamos la acertada decisión de irnos de Kumily; ahora tenemos que averiguar como. Abandonamos el hotel y nos dirigimos a la estación. Queremos dirigirnos hacia Fort Kochi. Para ello tenemos que coger un autobús que dicen que dura 6 horas y parte de la estación a las 12:30; así que decidimos comer ó medio comer en un restaurante que hay al lado, nada turístico y horroroso.
Nos subimos al autobús a las 12:10, ya que en un recorrido tan largo es superimportante viajar sentado y así lo conseguimos. Vamos cuesta abajo, desde la montaña hasta el mar. El conductor conduce de una manera suicida. En las bajadas acelera aunque venga una curva y, cuando entra en la curva, el autobús (desde dentro) parece que gire sobre si mismo en un eje central imaginario a una velocidad de vértigo, dejando a la mejor montaña rusa en una diversión para adolescentes primerizos. Menudo viaje. Gracias a Dios el paisaje es increíble más bonito incluso que el que vimos a la ida.
Llegamos a Ernakulam tras 7 horas y media de viaje. El autobús sólo nos cuesta 107 R$. En Ernakulam cogemos un autorickshaw que nos lleva directamente a Fort Kochi mientras empieza a llover fuertemente de nuevo. Después de 30 km de recorrido, mojándonos dentro del autorickshaw, llegamos al Elite Hotel, donde nos alojaremos sólo durante la primera noche ya que deja bastante que desear a pesar de ser barato. Pero antes cenaremos en el restaurante que hay al final de Princess Street, donde la comida está increíble. Al menos tenemos tele. La cama está bien, no tiene chinches pero la habitación es fea, carcomida, ... sin comentarios. Pagamos 400 R$ por la habitación (menos de 6 €). Mañana cambiaremos de hotel. Hoy toca descansar.
Desayunamos en la cafetería del hotel y acudimos a buscar otro alojamiento. Hay de todo pero sobre todo los hay peores y más baratos (hasta 200 R$ por noche nos han llegado a pedir por una habitación doble, ni 3 €). Finalmente encontramos uno en el que cuando estás dentro de la habitación te sientes un poquito mejor. Pagamos 500 R$ por noche. De manera que volevemos al hotel de la pasada noche, hacemos el check-out y llevamos nuestras pertenencias a nuestro nuevo alojamiento, el Santa Cruz Tourist Home.
Comenzamos a visitar Fort Kochi, un encantador pueblecito muy tranquilo y donde la gente vive sin stress. Se puede caminar por el paseo, contemplar las gigantescas redes de pescadores mientras estos trabajan o preparan su faena. Hay un par de puestos donde venden todo tipo de pescado y marisco fresquísimo. Cerca de allí hay varios chiringuitos en los cuales te cocinan el kilo de pescado al módico precio de 50 R$ regateando.
Cuando nos recorremos el paseo nos acercamos a los puestos de pescado a tantear el precio de los distintos frutos del mar y nos compramos dos pescados y medio kilo de gamba rayada por 350 R$ más 60 R$ por cocinarlo todo. Con esto y un arroz con vegetales en el chiringuito comemos muy muy bien mientras comienza a llover fuertemente. Nos escondemos debajo de una sombrilla mientras terminamos de comer. Al acabar de comer nos acercamos hotel donde descansamos un poco y buscamos un sitio en la guía para tomar el té. Encontramos un sitio perfecto para tomarnos un té y degustar algunos impresionantes dulces como uno llamado "muerte de chocolate". Además está cerca del hotel. Es un lugar bien ambientado y con teteras de todas las épocas ubicadas en todo el local.
Para cenar elegimos el mismo restaurante que la noche anterior, pero nos damos un pequeño homenaje. Comemos calamares, un pescado de más de 1 kg, y otro kilo de enormes gambas tigre que tienen una pinta increíble, pero el mediterráneo es mejor mar. La mariscada nos cuesta 1.200 R$ (menos de 8 € por cabeza). Además el restaurante está bastante pegadito al mar y cocinan el pescado y el marisco delante de los clientes en una especie de estufa de leña que hay en el exterior del restaurante, junto a la terraza. La preparación es exquisita y no le ponen picante ni asquerosas especias. Un poco de pimentón, sal y limón como mucho.
Después de cenar tuvimos la oportunidad de darnos un paseo nocturno e ir a parar a una especie de hotel-restaurante muy moderno en el cual pudimos tomar un heladito de postre y un té para bajar un poco la cena.
Fort Cochin es un gran lugar para descansar unos días. La temperatura es buena, el pueblo bonito, la gente amable y tranquila; los restaurantes son fabulosos y puedes comer prácticamente de lo que deseas a precios de risa. Además tiene un par de islas interesantes muy cerca que se pueden visitar en cortos trayectos en barco. Pero sobre todo es un lugar para descansar y disfrutar de todo lo descrito.
Acudimos al Elite Hotel ya que es el único que abre pronto, sobre las 8:30 ó 9 de la mañana. Éste es el lugar de encuentro de la mayoría de los mochileros y viajeros que pasan por el pueblo. El café no está bueno, pero tienen bollos de todo tipo, algunos de chocolate.
Con el paraguas en la mano nos introducimos en Fort Cochin y empezamos a recorrer los principales monumentos del pueblo: la Iglesia de San Francisco, la Basílica de la Cruz, etc. Comemos en el Oy's Café Restaurant Home Stay y volvemos a hacer la sobremesa en nuestro querido Teapot, un paraíso para nosotros aquí en India. Cuando fuimos a salir, caían pozales de agua del cielo sin parar, la calle estaba inundada y no tenía intención de parar. Menudo monzón.
A la hora y media y desde el hotel vemos que milagrosamente deja de llover totalmente y vemos el momento de acudir a la costa y a las redes a tomar unas fotos del ocaso y de los pescadores, pero hoy no hay ocaso por culpa de las nubes. El paseo no nos lo va a quitar nadie y aprovechamos para llegar al final de cada uno de los brazos que se internan en el mar. Es una bonita estampa, con islas en frente y allá al final, se puede ver la moderna ciudad de Ernakulam.
Paseando y tiendeando, encontramos un restaurante de comida mediterránea (de los de verdad) donde pudimos degustar, entre otros, unos spaghetti frutti di mare que estaban superiores. Hoy por la noche ha sido el día que mejor hemos cenado; además por 600 R$ (8,50 €). Lástima que no tengan cerveza. Nos damos un paseo después de cenar y parece que va a dejar de llover.
Nos levantamos prontito y no se observa ni una sola nube en el cielo. Hace un sol radiante. Desayunamos en el Elite Hotel.
De momento nos acercaremos a la isla de Vypen. Para ello hay que ir al embarcadero y pagar 2 R$ (3 céntimos de euro) por el trayecto en barco. Son unos 300 metros y tarda unos 5 minutos en cruzar. Llegamos a la isla de Vypen en un periquete y nada más salir del embarcadero, hay una parada de autobús con un autobús vacío que pasa por la playa de Cherai en un recorrido de 45 minutos y 30 km. Toca ir como latas de sardinas y hoy hace muchísimo calor. El paisaje es precioso, aquí también hay backwater sucediéndose a lo largo de toda la isla. Llegamos a la parada de Cherai y caminamos unos 2 km para llegar hasta la playa de Cherai mientras se siguen cruzando las backwater. Precioso pero no apto para el baño. Hay millones de plantitas acuáticas por todos los lados y el agua no es transparente. La playa apenas tiene trozos de arena y tampoco es ideal para el baño, pero es bonito. El día es fabuloso. Demasiado calor y humedad pero no nos podemos quejar ya que llevamos días con el agua hasta el cuello.
Después de verlo todo volvemos a Fort Cochín, pero esta vez cogemos un autorickshaw para que nos lleve al embarcadero. Por suerte, coge otro camino que es más interesante que el de ida, ya que se ven numerosas backwaters a lo largo de todo el recorrido y no vive nadie en los alrededores. Pagamos 220 R$ por un precioso recorrido de unos 30 km. Una vez en el embarcadero pagamos los tickets de vuelta (2 R$) y volvemos a la isla de Fort Cochín. Sigue haciendo muy buen día y mucho mucho sol, hoy hemos tenido suerte.
Paseamos por los numerosos puestos callejeros y los que hay cerca en la orilla, donde están las redes de los pescadores y nos acercamos a comer al mismo lugar donde cenamos ayer noche, el cual también tiene hotel. Todo buenísimo como anoche, pero hoy algo picaba. Por supuesto, después de comer nos acercamos al Teapot y disfrutamos de una (otra) fantástica sobremesa. Y después, aprovechando el día y sin perder un minuto, nos acercamos al barrio judío, donde podemos encontrar su mercado, con multitud de puestos de frutas y verduras y varias calles muy cucas donde se pueden realizar multitud de compras de productos de artesanía y otros artículos bastante más comunes. Pateado el barrio judío volvemos a Princess Street, nos tomamos un té y acudimos, hoy sí, a poder tomar las esperadas instantáneas de las redes, los pescadores y el ocaso, todo al unísono.
Nos vamos a darnos nuestra ultima cena en Fort Cochín, al restaurante del final de la calle Prinscess Street. Nos acostamos pronto.
Nos despiertan a las 2:30 en punto y el taxi espera en la puerta del hotel. Ya con las mochilas preparadas bajamos y montamos en el taxi. El recorrido en taxi hasta el aeropuerto es de 93 km, una hora aproximadamente, por 700 R$. No hay coches en la carretera y escuchamos relajadamente la música que nos pone nuestro taxista mientras llegamos al despoblado aeropuerto de Fort Cochín sobre las 03:30. A la entrada nos espera la policía para pedirnos el papel impreso por Internet y, cuando lo observa detenidamente, no nos deja pasar. ¿Por qué? El avión despega a las 05:30 PM, es decir a las 17:30. Casi se nos viene el mundo encima. Faltan 14 horas para que despegue nuestro avión.
Lo más inteligente que se nos ocurre es buscar un hotel cerca del aeropuerto. Tenemos 2 hoteles a 1 km del aeropuerto y uno de ellos, el Excellency, sólo cuesta 450 R$ por noche y nos lo dejan hasta las 15:00 de la tarde. El hotel está bastante bien; la habitación, el aseo y la cama. Directamente nos tiramos a dormir y no nos despertamos hasta las 11:00 de la mañana. Es una lástima ya que podríamos haber aprovechado 3 ó 4 horas más en Fort Cochín y de esta manera, no nos queda otra que hacer tiempo hasta que salga el vuelo. Nos conectamos a Internet en el lujoso hotel del costado, el Lotus 8, donde también comemos tranquilamente. Al acabar de comer nos acercamos a nuestro hotel donde hacemos el Check-out y nos acercan gratuitamente al aeropuerto a las 15:30.
Una vez pasado el control policial inicial, facturamos y nos sacamos las tarjetas de embarque. El aeropuerto de Fort Cochín es pequeño, sólo tiene dos puertas de embarque pero los hay mucho peores. Además tiene unos grandes butacones cómodos para poder esperar. El avión despega con 30 minutos de retraso.
Llegamos de nuevo a Mumbai por segunda vez. Contratamos un taxi por 400 R$. Nos deja detrás de Taj-Mahal Hotel. La oferta que hay en Mumbai con respecto a los hoteles es poco mejor o peor que la de Nueva Delhi. Aquí incluso son un poco más caros. Comenzamos visitando cinco ó seis hoteles económicos y son algo increíbles. Esos pasillos, esas escaleras, esos colchones llenos de chinches, los cuartos de baño, todo muy muy lúgubre. Nos enseñaron una habitación con todos los cristales de las ventanas rotos y una televisión que había explotado, seguía en la habitación y no tenían intención de retirar. Acabamos en el Cowie's Hotel, junto al Bentley's Hotel. Nos costó 2.200 R$ por una noche con el desayuno incluido (31 €), pero reservamos en el Bentley's Hotel para las dos próximas noches, el hotel donde nos alojamos los primeros días en Mumbai. Sin duda es la mejor opción a pesar de que las camas tienen chinches. La habitación del Cowie's es grande y lúgubre y la cama está bien, pero no deja de ser una habitación de Mumbai en el barrio de Colaba.
Por fin alojados bajamos a cenar a Leopold Cafe, restaurante que sufrió los atentados terroristas de noviembre de 2008, reflejándolo así los disparos que hay por todo el local (incluso ventanas) y el estricto control policial que hay a la entrada del restaurante y en otros de la zona, además de determinadas tiendas. Cansadísimos después de cenar, acudimos al hotel a preparar los últimos días en Mumbai y en la India.
Hoy nos vamos de excursión. Desayunamos en nuestro hotel aprovechando que el desayuno está incluido para, posteriormente, cambiamos al Bentley's Hotel, a veinte metros de distancia. Una vez hecha la gestión, acomodar las mochilas, etc... cogemos un taxi hasta la estación de trenes de Churchgate y aquí adquirimos un billete de tren de ida y vuelta que nos llevará hasta la otra punta de Mumbai.
Este tren es un tren de cercanías que recorre la ciudad de sur a norte y viceversa. El recorrido es de una hora, en el cual se aprenden muchas cosas de Mumbai. La gente se sube y se baja del tren cuando éste no se ha detenido todavía; los jóvenes corren por las vías y saltan las vallas hasta colarse en el vagón trepando ó escalando; las puertas de los vagones no se cierran nunca y la gente viaja asomada en todas las puertas de todos los vagones. Durante el largo recorrido de 34 km e incesantes paradas también podemos observar la cantidad de suburbios que se extienden a lo largo y en los laterales de todo el recorrido de los trenes.
Finalmente llegamos a Bolivari, el barrio donde se encuentra el Parque Nacional Shivaji Ghandi. Un autorickshaw nos deja en la entrada del parque, no sin antes comer algo de fruta en uno de los puestos callejeros. Es económico entrar en al parque, aunque no tiene nada especial salvo que está en el interior de una enorme ciudad de diecisiete millones de personas y cabe la posibilidad de observar tigres y leones mediante un frenético recorrido en autobús. El parque tiene un bonito lago e inmensos árboles. Aquí si se respira algo de tranquilidad. El recorrido para ver a los felinos dura unos 30 minutos en un mini autobús y tienes la posibilidad de ver algún viejuno tigre. No obstante, el parque nacional es un gran pulmón y un lugar tranquilo donde pasar un rato agradable con los animales.
A la vuelta del parque viajamos observamos el mismo panorama: la gran vida que hay durante los 34 km de recorrido que realizamos hasta llegar de nuevo a la estación de trenes de Churchgate. Sin duda lo mejor de la excursión. Comemos en el Leopold y nos vamos a descansar un ratito al hotel. Después de la siesta, acudimos a conectarnos a Internet y a llamar por teléfono en uno de los cybers de la zona. Y para concluir el día, acudimos a nuestro restaurante favorito, el Café Mondegar, aquel que tiene un juke box. Nos quedamos picando y bebiendo hasta que el sueño pudo con nosotros. Finalmente, nos fuimos a dormir al hotel y a descansar.
Último día completo en Mumbai. Utilizamos el día para comprar algunos regalitos sencillos y disfrutar por última vez del barrio de Colaba. Desayunamos en el Leopold y empezamos a recorrer la zona del mercado así como las distintas tiendas que hay a lo largo de la calle Colaba Causeway. Los regateos son algo pesados, pero como vamos a comprar más bien poquito lo aguantaremos.
Comemos en el Leopold, descansamos y continuamos visitando con tranquilidad los puestos callejeros. Concluidas las compras y antes de que anochezca, aprovechamos para volver a visitar la Puerta de la India, el Hotel Taj-Mahal y decidimos no ir a Isla Elefanta para tener algo más de tiempo para nosotros.
Por supuesto cenamos en el Café Mondegar y nos dimos el último paseo por Mumbai, sabiendo que son nuestros últimos momentos aquí en India. Nuestro avión sale a las 5:00 de la mañana en dirección a Doha y, teniendo en cuenta que hay una hora hasta el aeropuerto, a las 2:00 de la mañana tenemos que estar en pie. Nos espera un día muy muy duro.
Nos despertamos a las 2 en punto, cogemos nuestras ya preparadas mochilas y vamos a buscar nuestro taxi, el cual no se encuentra en la puerta del hotel ni sus alrededores. De manera que nos toca despertar al personal del hotel para que nos arreglen la situación. Nos encuentran un taxi que nos lleva al aeropuerto.
El taxista nos deja en el aeropuerto internacional de Mumbai y pasamos los lentos controles después de conseguir nuestras tarjetas de embarque. En los controles hay cola para hombres, y cola para mujeres. Esta última va mucho más rápida. Tras pasar los controles subimos al fantástico avión de Qatar Airways. Nos esperan unas tres horas y media hasta Doha. Nos dan un pequeño tentempié para luego apagar las luces y dormirnos hasta la hora que el avión comienza a descender.
Llegamos de día a Doha y, desde el aeropuerto se puede observar la ciudad, grandes edificios y lujo árabe al igual que el aeropuerto y las compañías aéreas. Esperamos una hora hasta la salida del siguiente avión hacia Londres. Este segundo vuelo será más largo; alrededor de ocho horas. Embarcamos con algo de retraso. Se nos hace pesadito este segundo avión, pero después de varias turbulencias, tentempiés y mini siestas, conseguimos llegar al aeropuerto de Heathrow de Londres desde donde cogeremos un autobús o un tren que nos lleve al aeropuerto de Gatwick, lugar desde donde sale nuestro vuelo directo a Valencia en unas horas.
Lo primero que hacemos nada más llegar al aeropuerto de Heathrow es tomarnos un té Inglés riquísimo y después buscamos la mejor manera de desplazarnos hasta el de Gatwick. Tristemente la opción más cómoda y barata es con el autobús de National Express y por 39 pounds (más de 40 €; en rupias serían unas 3.000 R$, todo un insulto, pero no tenemos otro remedio) por un recorrido de menos de una hora. De manera que compramos los tickets y nos dirigimos al aeropuerto de Gatwick. Hay que decir que el servicio de autobuses es fenomenal.
Llegamos a la terminal de salida de nuestro vuelo e intentamos primero conseguir las tarjetas de embarque. Las conseguimos y después de una larga espera (este avión sale con retraso también) subimos al avión de EasyJet que nos devolverá a Valencia tras dos horas y media de vuelo. Hemos viajado durante 24 horas y sólo nos queda coger el metro desde el aeropuerto hasta casa y así lo hacemos.
Necesitamos descansar mucho para saborear y hacer balance completo del viaje. Y así lo haremos. Ha sido algo increíble, inigualable, duro, emocionante, enriquecedor, y lleno lleno de pasión desde el primer al último momento. Ha sido lo mejor que hemos hecho nunca y que, sin duda, repetiremos.
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