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Bandera

INDIA

- Relato de un viaje de 15 días al sur de la India

(2008)
Sandro Alarcón y Rosa Moreno
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Viatgeaddictes, 23/05/2011
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KUMILY Y EL PERIYAR NATIONAL PARK, 14 y 15 de noviembre

Contratamos un taxi que debe llevarnos hasta Kumily, un pequeño pueblo a las puertas del Parque Natural de Periyar. El propio hotel nos lo proporciona por 1.600 INR. No regateamos. Despues de hora y media de camino nos detenemos a la entrada de un pueblo. Parece ser que ha habido unos disturbios entre estudiantes, en la prensa hablan estos días de revueltas en Chennai, y algunas piedras han alcanzado coches y autobuses. Esperamos un rato a que se calme la situación. Jahir, un amigo del conductor, nos recoge en la frontera entre Tamil Nadu y Kerala para llevarnos al hotel. Es "guia oficial de la asociacion de turismo de Kerala", y quien organizará todas nuestras actividades en la zona.

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Kumily es una floreciente ciudad equipada con excelentes hoteles y resorts donde poder acomodarse, a tan solo 4 km de Thekkady, la Reserva Natural de Periyar. Un lugar tranquilo y acogedor donde los monos corretean alegremente por sus calles, y abundan las tiendas de productos cachemires.

Aunque su mayor ocupación es el comercio de las especias que crecen en las montañas de la zona, muy conocida por sus producciones de cardamomo, canela, café y té. Es fácil contratar excursiones que permiten conocer de primera mano el proceso de producción desde la plantación hasta su venta. Y por supuesto es el centro ideal desde donde explorar Periyar y su área de protección de tigres.

Empezamos a las 16:30 con un paseo en elefante. Un rickshaw nos recoge en el hotel y nos lleva a Elephant Junction, a unos quince minutos de Kumily. El invento es bastante turístico, pero es divertido. Tienen seis elefantes, uno de ellos una cría de un año que nació en la reserva, ya que la madre estaba embarazada cuando la capturaron. Las actividades van desde paseos de media hora, hasta un día completo que incluye paseos, arrastre de troncos, limpieza de los animales e incluso baños con ellos. Nosotros optamos por el paseo corto (350 INR). Nos tocó una hembra de 25 años llamada Vina. Le colocan unos arneses como a los caballos, una silla de montar, y desde un pequeño muelle subimos los dos a la grupa. El guía desde abajo dirige al animal, mediante la voz y una pequeña vara. Apenas recorremos 500 metros por un estrecho camino que rodea la reserva. Lo justo para sentir la elevada temperatura de su cuerpo y sorprendernos con sus puntiagudos pelos. La vuelta al hotel es otra aventura patrocinada por un conductor con tendencias suicidas, de los que tanto abundan por aquí.

A las 18:30 asistimos a una sesión de Kathakali (150 INR) en el Teatro Mudra. El kathakali es una danza teatral, originaria del estado de Kerala, cuyo origen data de hace más de 500 años. Combina danza, música y mimo para dramatizar historias de la mitología hindú, sobre todo poemas épicos del Ramayana y el Mahabharata. La representación dura alrededor de una hora, pero la sala abre media hora antes para poder asistir a la sesión de maquillaje, un espectaculo añadido a la propia representación.

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Trajes y maquillaje son bastante complejos. Los bailarines emplean hasta cuatro horas en maquillarse por completo. Los personajes se colorean dependiendo de su naturaleza. Un noble o un poderoso rey se pinta de verde, y los personajes malvados suelen pintarse de rojo. La técnica del kathakali incluye un complicado lenguaje de gestos. Los movimientos del cuerpo y de los pies son muy rigurosos. Destacan posturas rectangulares, grandes saltos y movimientos amplios y vigorosos. La expresión facial está altamente desarrollada. Movimientos de cabeza, cuello, globo ocular, parpados, mejillas, nariz, boca, mentón, distintos tipos de miradas... su dominio es la culminación del arte dramático en danza. Alcanzar la flexibilidad y el control muscular necesarios, requiere entre 8 y 10 años de entrenamiento.

La orquesta está compuesta por instrumentos de percusión: manddalam (tambor alargado que se toca de ambos lados), chenda (tambor cilíndrico tocado con palillos), chengala (gong de metal tocado con un solo palo), clathalam, címbalos, y dos cantantes que se colocan detrás de los bailarines. Todos los bailarines llevan además cascabeles en los tobillos.

Segundo día en Kumily. Hoy toca Jungle Safari en el Periyar National Park (1.500 INR + 300 accesos al Parque).

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Periyar, también conocido como Thekkady, es un área protegida situada en la zona montañosa de los Ghats Occidentales, en la frontera entre los estados de Kerala y Tamil Nadu. Cubre un área de 777 km² y es una de las 27 áreas de protección de tigres de la India. El 75% de la reserva es selva tropical, que en algunos casos alcanza entre 40-50 m. de altura. El resto son eucaliptos, arbustos, selva baja, y la superficie ocupada por el lago. Cuenta con 2.000 tipos diferentes de plantas, 350 de las cuales tienen usos medicinales. Hay además 170 tipos diferentes de helechos y 154 tipos de orquídeas. En cuanto a la fauna, cuenta con 62 tipos diferentes de mamíferos, algunos de ellos en peligro de extinción. Destacan sus aproximadamente 24 tigres, y entre 900 y 1.000 elefantes asiáticos. También se pueden encontrar aquí búfalos de agua, ciervos, sambares, antílopes, dholes (perros salvajes hindúes), chacales, zorros, mangostas, leopardos, langures, la ardilla gigante de Malabar, 320 tipos diferentes de pájaros, 30 de serpientes, 13 de lagartos y 160 tipos de mariposas.

A las 5:15 de la mañana un jeep nos recoge en el hotel, y nos adentra 40 km en la jungla, hasta las oficinas centrales del parque. Durante el camino hacemos diversas paradas tratando de ver animales. En teoria a primera hora van a las charcas a beber. Pero o hoy no tienen sed, o ya han bebido. Al llegar a las oficinas, en un bonito comedor, frente al lago Periyar, nos ofrecen un desayuno vegetariano. El lago tiene una area de 26 km² y fue creado por los britanicos hace un siglo con la construccion de la presa Mullaperiyar en 1895. El dique, donde habitan 38 tipos diferentes de peces, serpentea a lo largo de las montañas, convirtiendose en una fuente permanente de agua para la fauna local.

Al acabar nos asignan un guía por cada cuatro personas, que nos reparte unos calcetines gruesos que llegan hasta las rodillas, y que deben protegernos de las sanguijuelas. Empezamos una caminata de tres horas y media que debe llevarnos a conocer parte de la fauna del parque. La flora la conocemos casi toda. Una selva tropical de primer orden, repleta de sanguijuelas que se enganchan tanto como pueden, y a las que intentamos combatir con sal. Animales de mayor tamaño apenas vemos un par de ardillas. A la una del mediodia estamos de vuelta en las oficinas centrales, donde ya tienen preparada la comida. Allí descubro que, a pesar de los esfuerzos, varias sanguijuelas han conseguido su objetivo, y tengo heridas en ambos pies.

Aseo de pies y calzado. Comida vegetariana, café, y siesta al solecito. En una pequeña embarcación a remos damos un agradable paseo por el lago.

No es habitual ver animales desde las barcas. Aunque existe alguna posibilidad al atardecer, y sobre todo si no ha llovido en los últimos días, de ver alguna familia de elefantes, ciervos o verracos. Después de días de lluvia las oportunidades de avistar animales decrece y hay pocas posibilidades de que se aproximen al lago mientras haya fuentes de agua en el interior del bosque. Nos conformamos con una pequeña serpiente de agua. Es evidente que no es el lugar ideal para avistar animales. Pero ello queda compensado por el trato exquisito, atento y generoso, con que nos han tratado en todo momento, además de ser una ideal válvula de escape de las bulliciosas y caóticas ciudades del sur de la India.

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Salimos hacia el hotel. El conductor va parando de tanto en tanto oteando el horizonte. Buscando entre los árboles. Es increíble la vista que tiene. Vemos dos ardillas durmiendo en las ramas de unos árboles. De repente de un brusco frenazo y hace marcha atrás unos metros. Baja del jeep. Se oyen bramidos de elefantes tras unos árboles, a unos 30 metros de nosotros. Nos vamos acercando, hundiendo los pies en la hierba alta, esta vez sin calcetines que nos protejan de nuestras amigas las sanguijuelas. En un par de ocasiones el guía se gira y nos dice con cara agitada: "are you ready to run?". Un elefante es un animal muy grande y pesado, pero mucho más rápido de lo que parece. Si sale corriendo tras nosotros tal vez alcanzará a alguno de los cinco. Rodeamos un poco unos árboles y finalmente los vemos. Apenas visibles entre la maleza, son fáciles de distinguir cuando se mueven. Hay tres adultos y una cría. Se mueven continuamente tratando de evitarnos. Nosotros intentamos ir a la zaga, pero no es fácil entre la densa maleza. Entre una cosa y otra pasamos 1/2 hora persiguiendo paquidermos. Desde unos diez metros, conseguimos alguna foto poco clara con una cámara compacta de enfoque automático.

Bajando la montaña nos cruzamos con gente que se dirige al templo de Sabarimala, visitado por cuatro millones de peregrinos cada año. Dicen que es el segundo centro de peregrinaje anual, en el mundo, después de la Meca. Cuando llegamos al hotel ya ha anochecido. Le damos 200 INR de propina al conductor y localizador de elefantes, que ha convertido en una aventura lo que hasta el momento sólo era un bonito paseo por la jungla. El horario más o menos ha sido: 05:15 recogida en el hotel, 08:00 llegada a las oficinas centrales, 09:30 trekking, 13:00 comida, 15:00 paseo en barca, 16:00 vuelta al hotel, 18:30 llegada al hotel.

Donde Dormir: Green View Home Stay. 900 INR. Habitación doble con ventilador, sin aire acondicionado, baño con ducha a cazos. Hay toallas, sábanas y mantas. Muy acogedor, ambiente familiar. Retirado del bullicio. Terrazas con dos hamacas y una mesa que dan a un huerto-jardín. Habitaciones limpias y luminosas frente a un exuberante jardín.

Donde Comer: Hotel Lakeshore Restaurant. Ternera al curry con arroz (carne muy tierna, aunque la salsa demasiado picante), porotta de queso (medio pita, medio naan relleno de queso), patatas con cebolla frita más queso y huevos fritos (simplemente delicioso), y agua, 180 INR. El local podía estar más limpio para ser un hotel, pero reúne los mínimos. Hotel Malabar. Sopa de tomate, sopa de cebolla, banana pancake, pancake de piña, 140 INR. Hogareño y abarrotado de hindúes. Sopas estupendas, pancakes crudos. Spice Chimney. Pollo manchuria, arroz Szechuan, aloo paratta y fulka, 2 cervezas, agua y dos lassi dulce, 500 INR. Local elegante, aunque disparado de precio para los estándares indios. Coffee Inn. Pasado el cruce principal, quinientos metros a la derecha. Restaurante de un hotel que parece hecho de barro. Bonito jardín con aire colonial y algunos huéspedes leyendo el periódico. Tardamos una hora en desayunar. ¡Dios que lentos! Huevos fritos, tostadas (pan hecho por ellos), pancake de plátano, café y te, 140 INR.

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ALLEPEY, 16 y 17 de noviembre

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El autobús a Kottayam, donde cogeremos el ferry hasta Allepey, no sale hasta dentro de hora y media. Temiendo perder el barco alquilamos un taxi, regateando un poco por 1.300 INR. El ferry es una enorme barcaza cubierta de madera, con unos 50 asientos, que parece que vaya a hundirse en cualquier momento. Cuesta 10 INR el trayecto y tarda unas tres horas. Esta ruta atraviesa el lago Vembanad, entre amplios canales salpicados de casas en las orillas. Realiza varias paradas, sube y baja gente, pero nunca se llena. Unos chicos reparten cocos. Poco a poco el paisaje se va abriendo, cada vez hay más palmeras y menos casas, que son sustituidas por kettuvalloms, las casas flotantes.

El paisaje es espectacular. En el horizonte el agua se funde con finas lenguas de tierra, donde las palmeras se alinean una tras otra. A alguna de ellas hay atada una vaca. Vemos cormoranes y martines pescadores. Durante un par de horas el paisaje apenas cambia. Son variaciones de un mismo patrón. Cuando llegamos a Allepey ya casi ha anochecido. El cielo es de color rojizo, y el sol tiene un color amarillo oro casi perfecto en lo alto del cielo, proyectando una larga sombra roja sobre el agua y los nenúfares. El embarcadero esta apenas a unos metros de la estación de autobús, donde tomamos un rickshaw hasta el hotel. Cenamos en un estupendo local de comida halal vegetariana.

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Alleppey (Alappuzha), 70 km al sur de Cochin, es el sitio ideal desde donde explorar los backwaters. Tiene un pequeño mercado, una estación de autobús, y una amplia oferta de hoteles y restaurantes. Hay un alto porcentaje de cristianos. Aquí se encuentra la St Mary's Church, que se cree que es una de las siete iglesias fundadas por St Tomas. Es una ciudad tranquila, construida sobre canales. Sin duda el lugar ideal donde alquilar una barca y experimentar de primera mano la vida en los canales.

Los backwaters, son una extensa red de canales navegables que discurren paralelos a la costa. Actúan como vía acuática para el transporte de gente y mercancías, siendo a menudo el único enlace entre pequeños pueblos aislados y las grandes ciudades. Ocupan una extensión de 1.500 km² que forma un laberinto de ríos, lagunas y canales, donde navegan sin cesar barcos, catamaranes y barcazas. Canales estrechos rodeados de grandes palmeras y cocoteros surcan entre arrozales y diminutas aldeas a ambos lados. Es un paisaje sorprendente, donde se confunde tierra, cielo y agua. Se pueden contratar paseos (200 INR/h para dos personas) en unas pequeñas canoas a remos, con barquero.

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Otra opción son las kettuvalloms, autenticas casas flotantes que eran usadas antaño para el transporte de mercancías. Ahora son una gran atracción turística. Hacen unos 20 m. de largo por 4 de ancho, y están hechas completamente de materiales locales. Cientos de tablones unidos tan solo por nudos de fibra de coco (no se usa ni un solo clavo), kettu significa nudo. El armazón es luego bañado con una resina cáustica negra, extraída de hervir almendras de anacardo, que le da una consistencia que dura generaciones. Suelen tener una o dos habitaciones completamente equipadas, con balcones privados y confortables sillas, solarium en cubierta, cocina, cuarto de baño con wc, incluso vimos una con piscina.

Suelen manejarlas una tripulación compuesta por un cocinero y dos remeros. La cocina combina especialidades locales y cocina tradicional keralesa. Son sin duda un agradable lugar desde donde relajarse observando el día a día de las pequeñas aldeas y los campos de arroz. Pueden ser alquiladas desde doce horas hasta unos pocos días, y cuestan entre 5.000 y 12.000 INR diarios.

Donde Dormir: Gowri Heritage Residence. 600 INR. Habitación doble, amplia, tres camas, con ventilador, aire acondicionado, baño con ducha a cazos y sin agua caliente. Hay toallas y sábanas. Tiene parquing, internet gratuito y el restaurante más lento del mundo. Junto al templo Uduppi Sree Krishna. El propio hotel organiza excursiones de toda confianza. La comida se sirve en los pabellones del jardín delantero.

Donde Comer: Thaff Rest (en el cruce de Mullackal Rd con el canal norte). Comida halal vegetariana, no vegetariana, india, china y continental. Por supuesto no hay alcohol. Comida familiar, mesas compartidas y precios muy populares. Tienen multitud de naans a 3 ó 4 rupias. Rest Ammus. Negocio familiar en un canal secundario, donde solo llegarás si te lleva el barquero. Su plato fuerte el pescado, por supuesto. Un par de langostas y dos karinumeen (pescado local) con arroz, 600 INR.

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COCHIN, 17 y 18 de noviembre

¿Es Fort Cochin la última parada? - , responde el conductor. Dos horas más tarde confirmábamos nuestra teoría de que los hindús responden con un sí a todo. Hay que ser muy cuidadoso a la hora de formular una pregunta, y hacerla de tal forma que no admita respuestas cortas afirmativas. La forma correcta para la pregunta anterior era: ¿Cuantas paradas faltan hasta Fort Cochin?. La respuesta ofrece pocas dudas. Aprender esta valiosa lección nos costó 100 INR (miseria) y 35 minutos de adelantamientos suicidas en un rickshaw atravesando Ernakulam, de vuelta por donde hemos venido. Y es que Kochi (Cochin) es una ciudad muy grande. Incluye Kochi, Fort Kochi, Mattanchery y Ernakulam entre otros.

Fort Kochi es la única zona de autentico interés turístico, un lugar encantador bordeado por el mar Arábigo. Un remanso de paz y tolerancia. Una fusión de culturas y religiones. El estilo arquitectónico de los edificios y la disposición de los mismos hacen de ella una ciudad única dentro del estado de Kerala. Árabes, británicos, chinos, holandeses y portugueses han dejado su huella. Aquí puede verse la iglesia católica más antigua de la India, una sinagoga del siglo XVI, mezquitas, casas portuguesas del siglo XV, casas holandesas coloniales, redes de pesca chinas, un minúsculo cementerio holandés, o un palacio construido por los portugueses y ofrecido como presente al raja de la época.

A primera hora rickshaw a Erkulam para confirmar los billetes de mañana a Bangalore. Una hora en ir y volver, contando los 10 minutos en Jet Airways. Le pagamos 200 INR al conductor, sabiendo que vale menos, después de que nos pida 350 INR.

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Nuestra visita cultural empieza en la basílica de la Santa Cruz. Fue construida por los portugueses en 1505 y hecha catedral en 1558. Cuando los holandeses invadieron Kochi en 1663 destruyeron todas las iglesias católicas excepto esta catedral y la iglesia de St Francis. Aunque si que lo hicieron los británicos en 1795. La estructura actual data de 1905. En 1984, Juan Pablo II, reconociéndole su importancia histórica la elevó a la categoría de Basílica. Cuando llegamos están oficiando misa y no nos adentramos más que un par o tres metros. Aprovechando que empieza a llover, esperamos a ver si acaba la misa. Deja de llover y la misa aún no ha acabado. Nos vamos a otra cosa.

Iglesia de St Francisco. Construida en 1503 por franciscanos portugueses, es la iglesia levantada por europeos más vieja de la India. En su tercera visita a Kerala, Vasco de Gama, cayó enfermo y murió. Durante catorce años sus restos descansaron en esta iglesia, hasta que fueron llevados de vuelta a Portugal. Una lápida lisa, sin ornamentación, pero bien señalada, marca el lugar donde permanecieron.

No muy lejos se encuentra el pequeño cementerio holandés, consagrado en 1724, donde descansan los restos mortales de muchos europeos que vinieron a colonizar estas lejanas tierras. Desde la valla que barra el acceso, se ve un jardín donde reposan medio centenar de lápidas entre flores y palmeras.

Desde aquí llegamos al paseo que bordea la rocosa playa de Fort Kochi. El espolón lo bordean cocoteros y las apacibles aguas del Mar Arábigo. Esta lleno de gente, paseando o sentada plácidamente frente al mar, disfrutando de un helado o un refresco comprado a alguno de los numerosos vendedores que aquí se encuentran. También es aquí donde se pueden ver las famosas redes chinas, la principal atracción de Cochin, y algunos pequeños puestos que venden pescado fresco recién traído de las redes, o los barcos de pesca.

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Las redes de pesca chinas son sin duda uno de los elementos únicos de Kochi. Se cree que fueron introducidas por comerciantes de la corte de Kublai Khan, soberano del gran Imperio Mongol. Son instalaciones fijas que son usadas como inusual método de pesca. Durante la marea alta las redes son sumergidas en aguas poco profundas durante un corto periodo de tiempo, de unos cinco minutos, hasta que es alzada mediante un sistema de contrapesos por un equipo de cuatro hombres, capturando los pequeños peces que llegan hasta allí. La red ocupa una superficie de más de 200 m², y cada una de ellas se alza unos 20 metros sobre el agua.

Al lado mismo, los pescadores levantan tenderetes donde venden lo que apresan. Pueden verse camarones, langostas, tiburones, emperadores y todo tipo de pescado variado que traen en sus frágiles barcas desde mar adentro. Asesorados por Pablo, un hindú que habla un español casi perfecto y que viste una camiseta del Barça, regalo una amiga suya de Barcelona, compramos dos piezas de pescado y dos calamares. Acompañados por él vamos a su restaurante donde nos lo cocinan como plato principal acompañado de arroz con coco y unas cervezas.

Habiendo comido tomamos un rickshaw (25 INR) hasta el barrio judío. Es un sinfín de pequeñas tiendas de todo tipo, especias, librerías, souvenirs y galerías de arte amontonadas en antiguos edificios de dos plantas. Al final de una callejuela se encuentra la Paradesi Synagogue, la sinagoga más antigua de la Commonwealth, construida en 1568 por descendientes -sobre todo de judíos españoles sefardíes. Esta decorada con baldosas chinas del siglo XVIII, y con candelabros y lámparas de araña de cristal de Murano. La planta superior, reservada a las mujeres siguiendo los ritos ortodoxos que les impiden celebrar culto junto a los hombres, no es accesible al publico. Tampoco se permite el acceso a su interior en pantalones cortos. En una tienda de al lado los alquilan por 10 INR. Saliendo del barrio, la calle que lleva hasta el Palacio de Mattancherry, donde no entramos, esta lleno de tiendas, puestos de recuerdos, ropa y galerías de arte. Un lugar ideal para comprar regalos.

Donde Dormir: Cogimos un hotel algo alejado del centro, diez minutos andando. Si queremos estar en el meollo otros viajeros nos recomendaron el Elite Hotel y el Princess Inn. Bastian Home Stay. 450 INR. Casa particular que alquila habitaciones. Habitación doble, amplia, con ventilador, sin a/c, baño con ducha y agua caliente. Hay toallas y sábanas. Algo caluroso, pero muy limpio. La mujer de la casa limpia ropa (tres pantalones 30 INR) y prepara desayuno si avisas la noche anterior. Desayuno (50 INR): huevos fritos, tostadas, mantequilla, mermelada y fruta diversa. Kapithan Inn. 900 INR. Casa familiar, limpia y agradable. La habitación que nos enseña es pequeña y sin luz. Seguimos buscando.

Donde Comer: Upstairs. Restaurante italiano situado frente a la Basílica de la Santa Cruz. Música de jazz y ambiente agradable. Buena comida, aunque muy cara para las latitudes en que nos encontramos. Pizza, pasta, cerveza y profiteroles con chocolate caliente, 770 INR. Rendez-vous. Compras el pescado en el paseo, te lo llevas al restaurante y allí te lo cocinan como tu quieras. Simpáticos y hablan algo de español. Dos pescados, calamares, patatas fritas, arroz con coco y cerveza, 600 INR. Salt'n Pepper. Musaka (exquisita), calamari tikka (tandori), naan de queso, rotti tandori, agua, plátano con chocolate y miel, 400 INR. Terraza a pie de calle junto al paseo marítimo.

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MYSORE, 19 y 20 de noviembre

Nos levantamos en Fort Kochi a las 5:00. El taxi (700 INR) nos recoge a las 5:30, y tan solo una hora más tarde ya estamos en el aeropuerto. Solo se puede acceder al aeropuerto con billete. Hacemos la tarjeta de embarque en un momento. Al pasar los escáneres de seguridad a Rosa le detectan un peligroso e intimidatorio mechero que sin más contemplaciones arrojan a la basura. Al igual que en el vuelo desde Bruselas el trato en Jet Airways es exquisito, ya podían aprender algunas compañías europeas. Un billete de 80 € da derecho a dos periódicos locales, tetabrick de zumo de mango, una botella de agua, desayuno a elegir: vegetariano (tortilla de verduras) o no veg (rosquilla de pollo), ambos acompañados de un bollo con mantequilla y mermelada, ensalada de frutas y té o café.

La caótica Bangalore, el Silicon Valley hindú, lo vemos desde la ventanilla del bus nº 9. Pasamos junto a un campo de golf de 9 hoyos en medio de la ciudad (?). Una vez en la estación central de autobuses no hay problema para conseguir asiento, continuamente salen buses hacia Mysore (156 INR, deluxe).

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Según la mitología hindú, la ciudad de Mysore estaba bajo el dominio del demonio Mahishasura. Un monstruo casi invencible que causaba estragos en la región. La diosa Chamundi le dio muerte después de una intensa lucha de diez días. Mysore es famoso también por los esencias de perfumes, incienso y sándalo, y según dicen se pueden adquirir los tejidos de seda de oro más ricos de la India. Desde el bus, mientras entramos en la ciudad, vemos a lo lejos las dos torres de la Iglesia de Sta. Filomena, una catedral medieval de estilo gótico, que es una de las más grandes del país.

Nos alojamos en un céntrico hotel a pocos metros de New Statue Circle y el palacio del Maharajá. Como es tarde para acudir al Palacio paseamos por el mercado de fruta y verdura Devaraja, uno de los más coloridos y variados de la India. La actividad es incesante durante todo el día. Sorprende la especialización de los carros que ofrecen todo tipo de frutas y verduras. Otra zona interesante para pasear es Ashoka Rd, entre la Torre del Reloj y New Statue Circle. Una veintena de puestos callejeros ofrecen por unas pocas rupias deliciosa comida picante que comer con los dedos. Ideal para cenar.

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Desayunamos y damos un corto paseo hasta la puerta sur del Palacio del Maharajá, su único punto de entrada. Acceso 200 INR, el precio incluye audio guías en castellano que revalorizan notablemente la visita. Zapatos y cámaras no están permitidos. Abre todos los días de 10 a 17:30. Los domingos, y fiestas nacionales y estatales, 97.000 bombillas lo iluminan de 19:00 a 20:00.

Fue construido a finales del siglo XIV como residencia oficial de la antigua familia real de Mysore. El palacio ha sufrido cuatro reconstrucciones. La última, de 1912, es obra del arquitecto británico Henry Irwin, quien lo reconstruyó tras el incendio que lo había arrasado casi por completo durante la boda de la princesa Jayalakshmanni en 1897. El edificio principal está construido alrededor de un jardín, donde hay 12 templos hindús, el más antiguo de ellos del siglo XIV y el más reciente de 1953. Es una maravilla arquitectónica combinación de estilos davidiano, indo-sarraceno, oriental y románico. Tres plantas de granito gris dominadas por una torre de 44 m. de altura, coronada por una cúpula dorada. En su interior hay elaboradas puertas de madera tallada, algunas con incrustaciones de plata y marfil, enormes lámparas de araña, figuritas de mármol, colecciones de joyeros, retratos de miembros de la familia real, y otros objetos de uso personal, que dejan clara evidencia de la opulencia con que vivían, todo ello expuesto en bastante buen estado de conservación. Al salir nos limpiamos los pies. Con una propina-soborno de 15 INR, conseguimos salir por la puerta norte, y ahorrarnos un buen paseo.

Próximo destino Hassan. Desde el hotel un rickshaw nos pide 30 INR por ir a la estación de autobuses, que según él está a 6 km. No tarda ni dos minutos en llegar. Le pagamos 10 INR entre gritos y quejas del conductor. Todavía le hemos regalado 5 INR.

Donde Dormir: Palace Plaza. 1.000 INR. Habitación doble, con baño indio. Podía estar más limpio, pero las sábanas parecen blancas. Tiene restaurante en la azotea y una medrasa frente a la habitación. Buen restaurante en la azotea. A 50 m. del Palacio. Maurya Palace. Varios tipos de habitaciones de alrededor de 1.000 INR. No está lo que se puede decir escrupulosamente limpio.

Donde Comer: Dynasty. En la azotea del Palace Plaza Hotel. Probablemente el mejor restaurante en que hemos estado en la India. Arroz palak (verde, suelto y homogéneo, con un toque de ajo y laurel, delicioso), pollo 65 (tenia 65 días cuando lo sacrificaron, tiernísimo, acompañado de un pisto), dhal makhami (con tropezones de judías pintas), naan de ajo, kulcha, caramel custard, agua y cerveza, 500 INR.

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HASSAN, 20 de noviembre

Hassan, conocida una vez como el centro de la literatura jainista, es hoy una tranquila ciudad, y la base perfecta para visitar Belur y Halebid. Los hoysalas, que gobernaron entre los siglos XI y XIII, dejaron un profundo impacto en la arquitectura y cultura de la región, y fue durante ese periodo cuando los legendarios templos de Belur y Halebid fueron construidos. Muy cerca de aquí se encuentra también uno de los mayores centros de peregrinajes jainista de la India, Shravanabelagola.

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Junto a la estación de autobús esta el mejor mercado que vemos en este viaje. Frutas, verduras, carnes, flores, farmacias, ferreterías, especias, café, cubertería... hay de todo, y todo el mundo es muy amable y con ganas de hablar y fotografiarse.

Compramos algo de fruta: chico, papaya, coco y plátano, y lo cenamos en el hotel, algo apartado del centro. Apalabramos con el recepcionista un taxi para realizar mañana el recorrido Belur, Hassan, Sravanabelagola, donde finalmente cogeremos un bus hasta Bangalore. Donde despega el avión a Barcelona.

Donde Dormir: Sri Krishna. 783 INR. Habitación doble, espaciosa, prudentemente limpia, con baño, sin a/a y con TV. Al de recepción le gusta más el dinero que un caramelo a un niño. Junto a él hay un fantástico y popular restaurante donde somos el centro de atención.

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HALEBID y BELUR, 21 de noviembre

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Empezamos por Halebid, 27 km al noroeste de Hassan. Fue la capital del imperio hoysala, antiguamente llamada Dwarasamudra. En medio del pueblo, rodeado de vendedores de postales, talladores de piedras y demás souvenirs, se encuentra su principal atracción: el templo Hoysaleswara.

La construcción del complejo comenzó incluso antes que en Belur, ocupando gran parte del siglo XII, pero no pudo ser finalizado ni tras ochenta años de trabajos. Se sitúa en un jardín con dos templos dedicados al dios Shiva. Cada uno de ellos posee su propio santuario, frente al cual hay un pequeño pabellón donde descansa una enorme figura sentada del toro sagrado Nandi. Los muros exteriores e interiores están cubiertos con una variedad sin fin de dioses, diosas, animales, pájaros y bailarinas. El aspecto general es muy similar a los templos de Angkor, aunque aquí falta la selva.

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Compramos un agua y subimos al coche camino de Belur. Los siguientes 16 km transcurren por una carretera asfaltada y sin arcén, en un estado deplorable de conservación. Por aquí también circulan rickshaws y carros, animales que se cruzan, vacas que ni se inmutan, hindúes en el arcén, e incluso autobuses o camiones que ocupan casi todo el ancho de la calzada. Hasta con las técnicas suicidas de conducción del sur de la India, se hace muy complicado superar los cuarenta kilómetros por hora.

Belur, antigua capital del imperio hoysala, es una pequeña aldea a los pies del río Yagachi. Una calle, una plaza, y un templo, que hace posible que este pueblecillo aparezca en los mapas y tenga algún interés turístico.

El templo Chennakeshava dedicado al dios Krishna, todavía se encuentra en uso, y es uno de los mejores ejemplos de su arquitectura. Su construcción se inicio en 1116 por Hoysala Vishnuvardhana, y se prolongo durante 103 años. Esta construido sobre una plataforma en forma de estrella, rodeado por otros templos más pequeños y un lago sagrado. Sus muros están llenos de intrincadas esculturas y frisos sin dejar ni un solo espacio en blanco. La base la forma una larga fila de elefantes, sobre ellos pueden verse caballos y leones, episodios épicos, bailarinas sinuosas, escenas del kamasutra... se dice que todas las deidades hindúes están representadas en sus muros.

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SHRAVANABELAGOLA y BANGALORE, 21 de noviembre

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Shravanabelagola es un importante centro de peregrinaje jainista, situado 57 km al sudeste de Hassan. Es famoso por la estatua del gran maestro jaini Bahudali (Gomateshwar) de 17 metros de altura, y que se dice es la estructura monolitica más grande del mundo. Desde lo alto de una montaña de roca llamada Indragiri, a cuya cima se accede después de haber subido 614 escalones tallados en la roca, Bahudali mira sobre la pequeña ciudad de Shravanbelagola. A pesar de las dificultades evidentes que suponen su visita, es un templo muy frecuentado. Nos cruzamos continuamente con gente. A nuestro mismo paso sube una familia hindú numerosa, tal vez ocho miembros, entre los que los abuelos tienen seguro más de sesenta años. Tras alguna parada llegamos a la cima, donde se encuentra la estatua, de pie, desnuda, con los brazos pegados al cuerpo y la mirada perdida en el infinito.

Impresiona bastante, allí inmóvil, con cara serena, irradiando tranquilad. Una vez cada doce años cientos de devotos se congregan aquí para asistir a la ceremonia de Mahamastakabhisheka, en la que untan la estatua con leche, azafrán, mantequilla, requesón y monedas de oro. La próxima celebración será en el 2017. La bajada no es menos dura que la subida, los escalones son irregulares y están desgastados, y en algunos tramos se hace necesario agarrarse a la barandilla.

Tras tomar un té con el taxista volvemos a Channarayapatna, donde inmediatamente nos subimos en un bus que sale hacia Bangalore (140 INR). Las 3h de viaje, acaban siendo cinco, gracias a un terrible atasco que hay en la entrada de la ciudad.

Donde Comer: Hotel Kinara, en Channarayapatna. Restaurante familiar vegetariano y no vegetariano. No hay carta y no hablan inglés. A través de nuestro conductor, que tampoco habla inglés, conseguimos que entienda la palabra chicken, el resto es cosecha suya. Ensalada de pepino y cebolla, ensalada de pepino, cebolla y tomate, pollo kebab, pollo masala, arroz, paratta, dos sprite y agua, 270 INR. Comemos en un reservado del jardín. No hay cubiertos.

De Bangalore vemos aún menos que la primera vez. Apenas los alrededores de la estación. Nuestra ultima cena en la India, es en Indra Prastha Vegetarian, un restaurante que está alojado en los bajos del hotel Adoray. Cenamos un combinado de doshas, curry de vegetales variados, y lassi. 160 INR, muy bueno. No hay cubiertos, prepararse para ensuciarse los dedos. Un local auténtico para despedirse de este país. Cogemos el autobús bis9 (125 INR) hasta el aeropuerto. Menos de una hora.

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 Enlaces relacionados

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