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Bandera

INDIA

- Relato de un viaje de 15 días al sur de la India

(2008)
Sandro Alarcón y Rosa Moreno
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Viatgeaddictes, 23/05/2011
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Introducción
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Cuando se habla de la India los comentarios suelen referirse al norte: Taj Mahal, Benarés o Calcuta. Pero el sur es también un viaje formidable, tan diverso y rico en matices como el norte, y con muchísimo menos turismo.

Nuestro viaje de dos semanas (del 8 al 22 de noviembre de 2008) a través del desconocido sur, empieza en Chennai, la antigua Madrás, capital del estado de Tamil Nadu (tierra de los tamiles), que ocupa el extremo sudeste del país frente a las costas de Sri Lanka, y que fue uno de los estados afectados por el tsunami de 26 de diciembre de 2004. Seguimos hacia el sur visitando los templos en roca del pequeño pueblo costero de Mamallapuram, declarado Patrimonio de la Humanidad, y disfrutando de sus tranquilas playas. Pasamos un día con los diez mil peregrinos que visitan a diario el impresionante templo Meenakshi Amman en Madurai, y nos dejamos maravillar por sus goupurams, torres de entrada a los templos dravidicos decoradas con cientos de figuras y colores.

Plantaciones de café y especias, y los aromas de cardamomo y canela, nos transportan hasta el estado de Karnataka, donde nos internamos en la jungla a la búsqueda de tigres en el parque natural de Periyar, aunque sin éxito. Asistimos a una sesión de kathakali, una asombrosa conjunción de danza, pantomima y teatro religioso. A ritmo lento y sosegado navegamos por la extensa red de lagos y lagunas (backwaters) de Alappuzha. La ciudad portuaria de Cochin, algo más al norte, es una autentica fusión de culturas y religiones. Iglesias, sinagogas, mezquitas, templos, y redes chinas dejadas por los comerciantes del imperio mongol.

Desde allí, un pequeño salto en avión nos transportó al palacio del Maharaja de Mysore, en el estado de Karnataka. Estado donde pudimos disfrutar en Halebid y Belur, las antiguas capitales del imperio hoysala, y de sus magníficos templos milenarios. Culminamos nuestras andanzas, antes de tomar el avión de vuelta a casa en Bangalore, el Silycon Valley hindú, en Shravanabelagola un importante centro de peregrinaje jainista, dominado por una enorme estatua de 17 m. del gran maestro Bahudali.

En la web Abierto por vacaciones, de los autores de este relato, encontraréis el texto y fotos originales de este y otros viajes.

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 DIARIO DE VIAJE

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CHENNAI, 9 de noviembre

Las diez horas de vuelo con Jet Airways desde Bruselas las pasamos, sobre todo, durmiendo. Esta compañía ofrece un servicio amable y atento como pocos. Cada asiento tiene su propia pantalla con películas, series de tv, documentales, animación y videojuegos. Y tres menús para escoger: vegetariano, no veg y halal.

Llegamos a Chennai (Madrás) a eso de las 00:35. Al salir del avión hay una humedad brutal y 26º de temperatura. El aeropuerto internacional está un poco dejado de la mano de Dios. Apenas hay carteles, las puertas son indistintamente de embarque y desembarque, y aunque limpio, es austero y con pinta de estar en permanente remodelación. Un taxi de prepago (300 INR) nos acerca al hotel, a 1/2h del aeropuerto.

Chennai. Después de haber sido habitado por portugueses, holandeses e ingleses, que la convirtieron en una gran ciudad, y la conectaron por ferrocarril con el resto de ciudades importantes de la India, el antiguo pueblo pesquero de Madrás, paso a llamarse en 1996 Chennai. Actualmente es la cuarta ciudad más grande de la India, y junto a Bombay, el motor de la industria del cine nacional. A pesar de su distancia del epicentro, el tsunami del 26 de diciembre de 2004 arrasó su costa, y mató a mucha gente.

Regateando un poco alquilamos un motor-ickshaw para todo el día por unos 300 INR. Empezamos con Fort Sant Jorge, la primera fortaleza británica en la India, construido en 1653 por la British East India Company. Un mástil de bandera de 46 metros de altura, rescatado de un barco hundido del siglo XVII, anuncia su presencia desde la calle. Dentro de sus muros se encuentra la Iglesia de Santa Maria, consagrada en 1680, y que se cree que es el templo anglicano más antiguo de Oriente. Hoy día entre sus edificios se alojan la Asamblea Legislativa y su Secretaria, sin ningún interés turístico. También hay un poco atrayente museo que contiene piezas de las diferentes épocas de colonización.

El conductor espera pacientemente a la sombra. Algo más arriba nos deja en la playa Marina, que con sus 12 km es la segunda playa más larga del mundo. Desde el paseo hasta la orilla hay que andar por lo menos quinientos metros sobre la arena. Aquí las corrientes son muy peligrosas, así que por increible que parezca, la playa sólo sirve de decorado para pasear durante la puesta de sol, o para jugar algún improvisado partido de cricket. Está llena de gente mojándose los pies, niños jugando a la pelota en la orilla, parejas sentadas en las barcas volcadas sobre la arena, y redes de pesca dejadas secar al sol que desprenden un fuerte olor a pescado. Para nuestra sorpresa no hay ni cuervos ni gaviotas.

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Desde allí nos acercamos a la Catedral de Sto Tomás. Junto a la Catedral de Santiago de Compostela y la Iglesia de San Pedro en el Vaticano, son las tres únicas iglesias construidas sobre la tumba de un apóstol. Se cree que Santo Tomás llegó a Madrás procedente de Palestina en el año 52, en misión evangelizadora, y que permaneció aquí hasta el momento de su muerte en el año 72. Fue enterrado cerca del mar, en Mylapore, donde se construyó una pequeña capilla, que fue visitada por Marco Polo durante su viaje a Asia. Con el paso del tiempo esa capillita se convirtió en esta magnífica estructura neogótica. Nos encontramos a nuestro conductor rezando en la gruta, donde los restos del santo reposan en el interior de un ataúd de plata. En los jardines de la catedral se encuentra Mylai Matha, una pequeña estatuilla de Nuestra Señora de Mylapore, traída por San Francisco Javier, y frente a la que dicen solía rezar durante largas horas. Mucha gente cree que cuando llegó el tsunami de 2004, la iglesia se salvó gracias al poste de St. Tomas. La leyenda dice que el santo clavó este poste como marca para evitar que el mar inundara la arena, protegiendo así la vida de la gente que vivía cerca de la orilla.

Después de comer vamos al Templo de Kapaleeswarar, dedicado a Shiva, dios hindú de la destrucción, y a su consorte. El templo original del siglo VIII, fue construido por los pallavas sobre la arena. Los portugueses lo destruyeron y lo reconstruyeron como iglesia 300 años más tarde. Pero los reyes vijayanagara rehicieron el templo durante el siglo XVI y añadieron el majestuoso goupuram de 37 metros en la entrada este. Accediendo por aquí, nos recibe una escultura en el lugar exacto donde el santo Gnanasambandar resucitó a una joven cantando un himno devocional. La entrada del lado oeste, con un goupuram más pequeño, está orientada hacia un lago sagrado lleno de carpas. En el interior del templo hay además santuarios dedicados a otras divinidades y formas de Shiva. Los gopuram, y las diferentes estancias y edificios del templo están decorados con estatuas y figuras de vivos colores. El templo rebosa actividad, lleno de gente rezando, meditando, niños jugando, y algún que otro turista.

Mylapore, el barrio donde se encuentra, toma su nombre de la palabra tamil mayil (pavo real), ya que Parvati, en una de sus encarnaciones, vivió aquí como un pavo real.

Antes de abandonar al conductor del rickshaw, apalabramos contratar a su hermano como chofer para el día siguiente por 2.100 INR para que nos lleve a Kanchipuram y Mamallapuram. El precio incluye gasolina y el camino de vuelta del conductor a Madrás.

Donde Dormir: New Woodlands Hotel. 2.330 INR. Habitación doble de luxe con baño, recibidor con dos sofás y mesita baja, dos camas con mesitas de noche, escritorio, tv, ducha limpia, toallas, aire acondicionado, y nevera. Hay piscina (70 INR), agencia de viajes, sala de convenciones y banquetes, un par de peluquerías, y un restaurante. Desayuno incluido, buffet libre de comida vegetariana: sopa, garbanzos, verduras, bolas de pan, nanas, y además pan de molde con mantequilla y mermelada, te con leche, y café.

Donde Comer: Saravanaa Bhavan (frente a Kapaleeswarar). Local de comida rápida, limpio y muy concurrido. Agua gratis, pero no es de botella. Kal Dosai (29 INR), torta de harina fina y esponjosa, servida con varias salsas picantes y una mini sopa de lentejas; 14 idly sambar (35 INR), sopa de lentejas con verduras y bolas de pan en su interior como las del desayuno; y 2 plane lassi (32 INR). Todo unos 2,5 €. En el Vips Fast Food Vegetarian (158,227 R.H. Road) sólo hay indios y dudo que haya entrado nunca un extranjero aquí. Vasos metálicos y ambiente muy familiar, no hay cubiertos. Arroz frito vegetal, muy bueno y nada especiado, lassi dulce, zumo de granada con leche y una botella de agua, 140 INR.

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KANCHIPURAM, 10 de noviembre

Kanchipuram, objeto de peregrinación durante siglos de diferentes sectas hindúes, tiene fama de ser uno de los lugares donde se fabrican los mejores saris de seda en el mundo. Aunque hoy en día es un repositorio de un gran número de monumentos arqueológicos, en la antigüedad ocupó un importante lugar en la historia del sur de la India. La ciudad fue la capital de los pallava entre los siglos IV y IX, y permaneció como una importante urbe durante los periodos sucesivos en que fue gobernada por los chola y los vijayanagara. La variedad de religiones jainista, hindúes y budistas, promovió la construcción de más de 1.000 templos, de los que aun quedan 125 diseminados por toda la ciudad.

Entre los principales templos de la ciudad cabe citar los de Ekambareshavara (siglo IX) y Kailasanatha (siglo VII), dedicados a Shiva, y el templo de Vaikuntha Perumal (siglo VIII), en honor a Vishnú.

Desayuno, check out y en marcha hacia Kanchipuram, una ciudad de 200.000 habitantes, a unos 80 kilometros de Chennai, plagada de templos, de ruido y de polvo. Tardamos casi una hora en salir de Madrás, o al menos en coger algo que se parezca a una carretera. Todavía tardamos más de una hora en llegar. Pasamos un peaje de 30 INR. Bobo, nuestro conductor, no es muy hablador, y mejor así porque no se le entiende mucho. A las 11:00 ya estamos entrando en Kanchipuram.

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Nos dirigimos directamente al Templo de Ekambaranathar. Esta dedicado a Shiva y fue levantado en 1509 por el emperador vijayanagara Krishnadeva Raya. Con una superficie de 12 hectáreas es uno de los más grandes de India. Lo primero que nos llama la atención es su gopuram principal de 59 metros de altura. El templo esta precedido por un largo mandapam (porche columnado) en el cual han sido incorporados pequeños altares y santuarios. Un pasillo de columnas de piedra finamente talladas con imágenes de deidades y sellos reales, recorre el santuario principal por sus cuatro costados. Los no hindúes no pueden entrar en el sanctasantorum. En un patio interior del templo, se encuentra un altar junto un antiguo árbol de mango de 3.500 años de antiguedad, junto al que se casaron Shiva y Parvati. Sus cuatro ramas principales ofrecen frutos de diferentes sabores que representan a los cuatro vedas, los textos sánscritos que forman la base del extenso sistema de escrituras sagradas del hinduismo. Siguiendo el ejemplo de sus dioses, 200 parejas se casan a diario en el templo, según nuestro guía.

Después visitamos al Templo de Kailasanatha, que es el más antiguo de Kanchipuram y para muchos también el más bello. Está dedicado a Shiva, y fue construido por el rey Rajasimha de la dinastía pallava en el siglo VIII. Es un templo de escala modesta, rodeado de un muro de piedra arenisca sin pintar, y con un enorme estanque al fondo. Frente a la entrada principal, una estatua dedicada al toro Nandi, parece vigilar el santuario. Sus muros exteriores están adornados por una gran variedad de imágenes de Shiva. Y en su interior contiene nada menos que 58 pequeños altares en honor a Shiva, Parvati y sus hijos Ganesh y Kartik.

Se cree que en el siglo VII Nandivarman Pallavamalla construyó el Templo de Vaikuntha Perumal. Esta dedicado al dios Vishnu y la diosa Vaikunthavalli Tayar. Pilares con leones esculpidos sostienen los pasillos de interior del templo, donde hay imágenes de Vishnu yaciente, sentado y reclinado. En sus muros hay inscripciones que relatan las guerras entre pallavas y chalukyas.

Por último vamos al Templo de Devarajaswami (1 INR el acceso y 5 INR por la cámara). Dedicado a Vishnu, fue construido durante el reinado de los vijayanagar. Posee un enorme estanque y sus dos goupuram se dice que tienen más de mil años de antigüedad, y que han sido construidos a lo largo de los siglos por cholas, cheras y vijayanagar. Pero lo que más llama la atención es una enorme cadena tallada de un único bloque de piedra que puede observarse colgando en cada esquina del templo. Hay una sala de ceremonias donde se celebra la unión de Vishnu con Lakshmi, y un bonito patio con 96 columnas bellamente decoradas.

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MAMALLAPURAM, 11 de noviembre

Mamallapuram es una pequeña ciudad costera de apenas 15.000 habitantes, situada a tan solo 60 km de Chennai y 80 km de Kanchipuram. Es famosa por sus excavaciones en roca, el templo de la playa, y su paradisíaca costa, recuperada ya de los estragos que sufrió durante el tsunami del 26 de diciembre de 2004. La tranquilidad de sus calles, donde no es dificil encontrar artesanos cincel en mano dando forma a bonitas esculturas, sus monumentos, y la variedad de su oferta culinaria, en la que se incluye pescado, marisco y cerveza (todo ello muy difícil de encontrar en esta región vegetariana de Tamil Nadu), hacen de ella un lugar agradable para relajarse.

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Fue fundada en el siglo VII como ciudad portuaria por la dinastía de los pallavas, y se cree que el nombre viene del rey pallava llamado Mamalla. Sus monumentos más importantes están datados entre los siglos VII y varios fueron nombrados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1983. También es conocida por sus orfanatos, que a menudo invitan a entrar a los turistas.

Hemos ido a la oficina de reservas de Southern Railway, frente a la estación de autobuses. No hay billetes en el tren nocturno a Madurai, ni para mañana ni para pasado mañana. Podemos inscribirnos en la lista de espera, algo habitual parece ser, pero decidimos que no merece la pena. Cogemos un billete para un tren diurno el día siguiente. Asiento con aire acondicionado. Aunque el tren sale de Chennai nosotros nos subiremos en Chengalpattu, donde hace parada a las 13:15, y así nos ahorramos una hora de coche a Madrás (Chennai). Son ya las doce, poco más o menos, y por fin empezamos a hacer turismo de verdad.

Nuestra primera visita es al templo de la orilla (250 INR, entrada conjunta para todos los templos de la ciudad). Esta excavado en una única roca y ha permanecido en su sitio desde hace 1.400 años. Aunque muchos de los detalles han sido erosionados por las inclemencias metereológicas propias de su proximidad al mar, todavía mantiene enormes capiteles de antiguos lugares de culto y un montón de escalones cortados en la roca. Los dos capiteles principales del templo contienen santuarios dedicados a Shiva, y un tercero dedicado al Vishnu yaciente.

Un corto paseo de apenas un kilómetro nos acerca a los cinco rathas, literalmente carros de guerra. Son unos pequeños templos del siglo VII dedicados a Siva, pero la tradición popular ha hecho prevalecer la creencia de que fueron creados por los héroes del Mahabharata, que les pusieron su nombre: Draupadi-Ratha (la bella), Arjuna-Ratha (el valiente), Bhima-Ratha (el fuerte), Dharmaraja-Ratha (el bueno) y Sahadeva-Ratha (el sabio). Todos se elevan sobre plataformas, que cuando están terminados imitan los pasos procesionales sobre ruedas y animales. Tienen una sola nave, y sus muros exteriores e interiores están decorados con pilastras empotradas y altorrelieves dedicados a Siva.

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El primero es Draupadi-ratha dedicado a la diosa Durga, frente al que hay una escultura de un león. Separado de este por un enorme Nandi (toro de Shiva) se encuentra el segundo, Arjuna-ratha, dedicado a Shiva. La diosa de la lluvia Indra esta representada en las paredes de ambos. Después nos encontramos Bhima-ratha dedicado a Vishnu, y finalizando la fila está Darmaraja-ratha, el más alto de los cinco. Por último, frente a todos ellos, como si se tratará de un general pasando lista a sus tropas, se encuentra Nakula Sahadeva-ratha, dedicado a Indra. Junto a él hay esculpido un elefante de tamaño natural que representa su montura.

Los templos excavados en las rocas (mandapams), un conjunto de pequeños templos y murales, esparcidos a lo largo de una pequeña colina tras la estación, que contienen relieves bellísimos representando historias de libros sagrados. Es una zona verde con palmeras, bosquecillos y rocas enormes que cortan el paso. Esta llena de hindúes pasando la tarde, y las comfortables sombras albergan alguna que otra pareja. Entre escaleras en piedra y caminos de tierra vamos de un templo a otro. Uno de los templos más antiguos es el Krishna Mandapam, que muestra esculturas en una escena pastoral con Krishna levantando la montaña Govardhana para proteger a sus familiares de la ira de Indra.

Lo más llamativo es la bola de mantequilla de Krishna, una gigantesca roca natural encaramada en la ladera de una pequeña colina. Proporciona una agradable, aunque peligrosa sombra.

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En la cara este (por la que sale el sol) de una enorme mole de granito (27 m de largo por 9 m de alto), que servía de pared al estanque de abluciones del recinto sagrado, se esculpió el mayor relieve de todo el arte indio, para eternizar el Descenso del Ganges, uno de los pasajes más espectaculares de la mitología hindú, la Penitencia de Arajuna. Ante el sufrimiento de los seres de la tierra por la sequía que está destruyéndolos, la diosa Ganga (el río Ganges) se ofrece a calmar su sed, pero teme que con su fuerza al caer sobre la tierra cause más daño que beneficio; Siva, entonces, se ofrece a prestar su cabeza para que sobre ella la diosa descargue todo su ímpetu fluvial y pueda descender suavemente a través de su cabello. La gran escena se compone en torno a un eje vertical de simetría, que es el río Ganges (en realidad un arroyo natural cegado actualmente), por el que descienden nagas. Este acontecimiento milagroso es presenciado por todo tipo de seres, celestiales y terrenales.

A la izquierda de la "penitencia", la roca granítica continúa hasta completar 35 metros de longitud. Aquí los pallava aprovecharon para excavar diez mandapams con altorrelieves de tamaño natural, dedicados en su mayoría al culto de Vishnu. Las fachadas presentan un pórtico hipóstilo, cuyas columnas tienen por base un león heráldico, el emblema dinástico de los pallava.

Damos un paseo por la orilla hasta el templo de la playa. Nos mojamos los pies y poco más. La arena en algunas partes esta muy sucia. Escarbando con el pie, dejándote hundir en la arena por el efecto del ir y venir de las olas, queda al descubierto una gran mancha de color negro que parece alquitrán. No se pega a los pies pero tampoco es agradable. La arena esta llena de barcas de pesca amarradas. Volviendo sobre nuestros pasos hacemos algunas fotos del anochecer y la luna llena, antes de cenar marisco fresco y pescado en algún restaurante en primera línea de brisa.

Acabamos el día echando unas postales. La post office es un edificio decrépito ubicado en una calle sin asfaltar próxima al mercado. En el mercado apenas hay cinco puestos abiertos de carne y una decena de pescado. Bueno, el pescado más que puestos son vendedores, sentados con las piernas cruzadas sobre un ancho bordillo con las piezas en frente de ellos. Unas docena de gambas o cangrejos, alguna pieza de pescado, chanquetes secos. En el exterior del recinto hay algunas gallinas vivas, y tenderetes de frutas y verduras que dan a la calle principal. Allí nos proveemos de fruta para el tren.

Nos encontramos a un hindú con el que estuvimos haciendo cola en la oficina de reservas de Southern Railway. Acordamos con él un taxi a Chengalpattuj por 500 INR.

Donde Dormir: Siva Guest House. 1.100 INR. Habitación doble, aire acondicionado, baño con ducha a cazos, aunque el agua sale caliente. Hay toallas, jabón, papel higiénico y tv. Limpio. El manager es un pesado que intenta venderte viajes a cualquier punto del planeta, pero sabe aceptar un no. Desde la azotea hay unas bonitas vistas del pueblo.

Donde Comer: Casi todos los restaurantes dirigidos a turistas se encuentran a lo largo de Othavadi St. y el paseo marítimo. En la mayoría de ellos la mejor opción es pescado a la parrilla, servido con patatas fritas o ensalada. Moonrakers (Othavadi Street). Tandori fish, mixed grilled fish (pescado con calamares y gambas), y cerveza, 610 INR. Calamares estupendos, el pescado algo seco, y el tandori picante. Ambiente agradable y buen servicio. Nautilus. Limpio, cómodo, buen ambiente y buen servicio. Con un ligero aire colonial francés. Dispone de una pequeña librería con algunos volúmenes de Asterix y Obelix, y Tintin. 3 french toasts, 2 huevos fritos, tostadas, té y café, 100 INR. Santana Beach. Local frente a la playa, tan cerca que la marea alta parece que vaya a inundarlo. Vistas al mar, luna llena, brisa agradable y buena comida. Grilled calamari, calamari noodles, chicken pankora, una cerveza y un banana lassi, 470 INR. Freshly & Hot. Frente al hotel, es el único abierto a las 8:00. Tortilla de queso, tortilla vegetal, café y té, 130 INR.

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MADURAI, 12 y 13 de Noviembre

En nuestro flamante Ambassador, tardamos una hora en recorrer los 28 km que separan Mamallapuram de Chengalpattuj. Pasamos por delante del vertedero, hay bastante gente buscando entre las basuras. El resto transcurre entre arrozales, motos, camiones, y un templo donde adoran a las serpientes. Chengalpattuj es más grande que Mamallapuram, y también mucho más caótico. Tras un pequeño atasco llegamos a la estación. Esperamos durante una hora a que llegue nuestro tren. Es larguísimo, recorrerlo de punta a punta por el interior con las mochilas a cuestas nos lleva media hora. Compramos algo en el tren para comer, comemos la fruta, leemos y dormimos un poco.

Siete horas pasan relativamente rápido. Los asientos son cómodos (categoría CC). Tienen mesita, reposapies y hay aire acondicionado. En cada vagón hay dos lavabos tipo indio, y dos occidentales, bastante limpios tratándose de un tren. Continuamente pasan vendiendo de todo: té, cafe, frituras varias, arroz, falafels, sopa... No es una venta desordenada. El tren salió a las 13:15. Al poco rato pasa el del arroz, seguido del de los snacks. Algo más tarde cafés y tés, aunque estos son constantes durante todo el trayecto. Después pasan creps y frituras que sirven de merienda, así como plátano rebozado. Poco antes de llegar a Madurai estan repartiendo dos tipos diferentes de sopa. Todo a su debido tiempo.

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Madurai, a las orillas del río Vaigai, es una de las ciudades más antiguas de la India, y fue gobernada por los reyes pandya durante la mayoria de su historia. Su origen se remonta al siglo IV antes de Cristo, donde ya es mencionada en algunos textos romanos, griegos y árabes. Es un importante centro de comunicaciones en el centro de la India, y tiene conexiones directas con Chennai y Tirunelveli. De lejos la razón más habitual para visitar la ciudad es el templo Meenakshi, dedicado a la diosa Meenakshi (considerada una forma de Parvati) y su consorte Sundareshwarar (Siva).

Dicen que el rey pandyan Kulasekarar construyó un gran templo, y creó una ciudad en forma de loto a su alrededor. Esta ciudad es Madurai, y el templo es Meenakshi Amman dedicado a Shiva y su consorte Parvati. Aunque este enorme templo, uno de los más grandes de la India, debe su esplendor actual a los nayaks que gobernaron Madurai entre los siglos XVI y XVIII.

El templo se encuentra tras un alto recinto amurallado, en el centro del cual están los dos santuarios dedicados a Shiva y Parvati, rodeados de un sinfín de pequeños santuarios y pasillos abarrotados de pilares. Pero lo que más llama la atención, y que se hace notable desde cualquiera de los numerosos restaurantes ubicados en altas terrazas de hoteles, son sus 12 gopurams. Las cuatro torres principales, que indican los accesos al templo en los cuatro puntos cardinales, y que tienen una altura de nueve plantas, más de cincuenta metros. Está adornada cada una de ellas con más de mil figuras pintadas en vivos colores que representan divinidades, animales mitológicos, y monstruos celestiales. El resto de gopurams sirven de guía a los santuarios más importantes. Las figuras de las torres son pintadas y reparadas cada doce años. Quiso la mala suerte que nos tocara verlas en restauración.

Al igual que en el resto de templos hindúes no se puede entrar calzado, ni tan siquiera con calcetines. Junto a las diferentes puertas de acceso, bajo los gopurams, hay un guardacalzado gratuito, la voluntad. La nuestra fueron tres miserables rupias que encontré en el bolsillo, apenas diez centimos de euro.

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Entrando a mano derecha encontramos el tanque del loto dorado, un antiguo estanque donde los devotos toman baños en agua sagrada. El área que lo circunda era la zona de encuentro de TamilSangam, la antigua academia de poetas. Esta academia juzgaba el valor de cualquier trabajo literario presentado lanzándolo previamente al estanque sobre un tablón. Sólo aquellos que no se hundían eran merecedores de su atención. Pero la joya del santuario es la sala de los 1.000 pilares, todos ellas bellamente esculpidos y decorados, que acoge el Museo de Arte de los Templos (5 INR), donde pueden verse iconos, fotografías y dibujos que describen sus 1.200 años de historia.

Los no hindúes tienen vetado el acceso a los sanctasantorum de los dioses. Conseguimos que nos echen de alguno de ellos. El templo está lleno de devotos, dicen que lo visitan 10.000 personas diariamente. Gente rezando, tirándose por el suelo, pintándose la frente...

En la puerta este del templo hay un pequeño mercado, conocido con el nombre de Prithu Mandapam, donde se vende de todo, desde juguetes de plástico hasta imágenes en bronce de los dioses. Hay una sección de sastres alineados con sus maquinas de coser, y otra de confección de todo tipo de coronas y adornos florales con que agasajar a los dioses.

Intentamos localizar el mercado de las flores del que habla Lonely Planet, pero no lo conseguimos. En su lugar visitamos el mercado de Madurai, un laberinto de animadas callejuelas con puestos de hierbas aromáticas, frutas y verduras. Ni pescado ni carne, a no ser las múltiples vacas que deambulan por él.

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Tras una pequeña siesta nos acercamos al Thirumalai Nayak Palace, dentro de un moto-rickshaw conducido por un suicida padre de tres hijos. Acceso 50 INR, cámara 30 INR. Fue construido en 1636 por el rey Thirumalai Nayak con la ayuda de un arquitecto italiano. El palacio original era cuatro veces más grande que el actual. Disponía de residencia real, un teatro, un templo, aposentos para invitados, armería, una glorieta para la orquesta, pozo y jardín, e incluso un palanquín para darse paseos por la ciudad protegido del sol. Hoy, tras cruzar la puerta principal, se entra directamente a un enorme patio (Swargavilasa) de 3.900 m², rodeado por unos enormes pilares circulares que hacen 20 metros de altura y cuatro metros de diámetro. Al fondo se encuentra la sala del trono con una enorme cúpula octagonal. Y a su derecha llegamos a la sala de baile, donde hay un pequeño museo, cuyo acceso esta incluido en la entrada. Todo el edificio esta siendo sometido a restauración y la visita la realizamos entre andamios y obreros.

Donde Dormir: Cruzar la calle frente a la estación. Seguir a mano izquierda y el primer callejón a la derecha lleva a West Perumal Maistry St, una calle llena de hoteles de categoria media-alta, entre 1.000 y 3.000 INR. Golden Park. 1.300/1.200/1.100/600 INR. Habitación doble deluxe, standard, economy, y sin aire acondicionado. Sólo quedan de 1.100 INR. Amplia y limpia, con a/c, TV y baño en el que funciona la ducha. Hay agua caliente. Desayuno incluido. Periódico gratuito. Su terraza tiene las mejores vistas del templo de toda la ciudad, aunque la cocina no vale mucho. Supreme Hotel. 1.640/1.360/680 INR, deluxe, standard con a/c, y habitación sin a/c. Tiene buena pinta, pero está lleno.

Donde Comer: La mejor opcion para cenar (no abren al mediodía) son los restaurantes que hay en las terrazas de algunos hoteles. Ofrecen en general buena comida y unas vistas esplendidas del templo y sus enormes gopurams. Temple View. Mulligtawny Sopa Veg., Vegetarian Manchuria, medio Pollo Tandori, Naan Kashmiri, Roti mantequilla, crema de caramelo y cerveza, 497 INR. Hotel Supreme. Buenas vistas, aunque son mejores las del Temple View, y buena cocina. Ginger con miel y menta, y Soda con limón, 120 INR. Divar Mahal. Mesas de coca-cola, peces de colores, ventiladores y aire acondicionado suave. Pollo tandori, cordero con arroz, naan de queso, chappati y banana lassi, 270 INR.

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