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ETIOPÍA

- Relato de un viaje de 30 días por Etiopía

(12 diciembre 2005 al 11 enero 2006)
María Ángeles Martínez
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Viatgeaddictes, 23/05/2011
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Introducción
Nota

Avisamos de que cierta información publicada en estas guías o relatos, sobre todo la referida a horarios, precios, visados, direcciones de e-mail o páginas web, puede haber variado desde el momento en que se recogió la información (ver fecha en la cabecera del relato).

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Por otra parte os animamos a que, si usáis la información aquí contenida, tengáis la amabilidad de enviarnos un e-mail con vuestras impresiones, sobre si os ha resultado útil o no, información errónea o no actualizada, etc. Tanto nosotros como nuestros colaboradores esperamos como única compensación a nuestro trabajo que perdáis un minuto y nos digáis algo que nos permita saber si nuestro esfuerzo merece la pena.

La primera vez que oigo hablar del carácter único de las iglesias de Lalibela es en 1994, a una diplomática española que ha estado destinada en Etiopía. Desde ese momento, mi deseo de viajar a ese país ha estado siempre presente. Pero, es solamente hace tres años, al tener información de las iglesias rupestres de Tigray, escondidas en lugares remotos e inaccesibles y de sus frescos, cuando el deseo de llegar a ellas se convierte en una necesidad.

Muchas veces me preguntan por qué viajo por mi cuenta y sola. Viajo por mi cuenta porque me gusta crear el viaje, ir dándole vida y forma, y para ello necesito libertad. Viajo sola cuando no puedo hacerlo con la persona que comparte mi sentido del viaje y de las cosas. Este viaje es una excepción. Por esos azares de la vida, una vez que lo tengo todo preparado, comparto el viaje con otra persona con quien tuve contacto profesional hace unos años.

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 DIARIO DE VIAJE

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DÍA 1: Madrid / Frankfurt / Addis Abeba

El vuelo de la tarde, con Iberia, de Madrid a Frankfurt, es agradable.

Por la noche, después de una facturación extremadamente lenta, embarcamos para Addis Abeba con Ethiopian Airlines. Al entrar en el avión, te sorprende un olor extraño y concentrado a gente al que uno no está acostumbrado en los aviones. Por lo demás, el vuelo se realiza con normalidad.

El precio completo de los vuelos internacionales, por persona, ida y vuelta, de Madrid a Frankfurt, con Iberia, y de Frankfurt a Addis Abeba, con Ethiopian Airlines, cuesta 775 euros. Estos billetes los compro en la oficina de Airmat, representante de Ethiopian Airlines en España, con sede en Madrid, en la calle Diego de León, nº 69, 4º - C (Tel. 91 4022718). También, en la página web de Ethiopian Airlines se pueden comprar los vuelos internaciones. También se pueden hacer las reservas de los billetes de los vuelos nacionales, sin tener que pagarlos por adelantado, y recogerlos al llegar al país, en Ethiopian Airlines de Addis Abeba (la persona de contacto es Nega Weldy.

Si se compran los vuelos internacionales a Ethiopian Airlines, esta compañía hace un precio especial en los vuelos en el interior del país. Por eso, elijo a Ethiopian Airlines, a pesar de que sus tarifas son un poco más altas que las de otras compañías, porque hacemos cinco vuelos interiores. El precio de estos vuelos, por persona, es de 210 euros y también los compro en Airmat (esta oficina os puede facilitar los itinerarios, horarios y precios de los vuelos interiores).

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DÍA 2: Addis Abeba / Iglesia de Adadi Maryam / Estelas de Tiya / Awasa

Llegamos a Addis Abeba a las 9 de la mañana con dos horas de retraso. Sacamos el visado en el aeropuerto y cambiamos dinero. El cambio es, aproximadamente, 1 euro = 10 birr.

En el aeropuerto, nos esperan Wondosen Meshesha, el propietario de la agencia con quien hemos contratado el 4x4 para viajar once días por el sur, y Kalem, el chófer. Les hemos traído unas camisetas y, como pronto será Navidad, turrón de varias clases. Además, a Kalem le hemos traído una bolsa con detalles para el aseo.

El contrato con Wondosen Meshesha, para hacer el programa al sur, diseñado por mí, comprende únicamente el coche y un chófer, con un nivel medio de inglés. No llevamos reservado ningún alojamiento. El precio del coche, modelo 1997-198-1998, es de 150 dólares por día, con aire acondicionado (120 sin aire) e incluye gasolina, seguro, material para los campamentos (tiendas, colchonetas y material de cocina) e impuestos. No incluye saco de dormir, pero yo tengo frío en los campamentos por la noche, y como no lo llevo, mi compañera me presta el suyo, pues ella no tiene frío. El aire acondicionado es muy útil, pues a pesar de que en diciembre hace unos 25 grados, se agradece, porque como hay mucho polvo no es aconsejable abrir las ventanillas. Mi compañera lleva mascarillas que resultan utilísimas. Por otra parte, la época en que viajamos nosotras a Etiopía es perfecta para el conjunto del país. Por lo que respecta a las mosquiteras en el sur, en los campamentos no las necesitamos en las tiendas, y en los hoteles las tienen en las habitaciones.

Elijo a Wondo, a pesar de ser un poco más caro que otras agencias, porque la recomendación del fotógrafo Jordi Llorens en el relato de Viatgeaddictes es muy efusiva y, además, me lo recomienda personalmente. Tenía razón, todo es perfecto.

Después de las formalidades en el aeropuerto, inmediatamente emprendemos el viaje al sur. A la salida de Addis, compramos pan, arroz, pasta y tomates. Las latas las llevamos desde Madrid, pero no es necesario en absoluto. Sin embargo, recomiendo comprar algunas al salir de Addis, porque en los campamentos del Parque Nacional Mago y de Murle no hay nada. El agua mineral, en cantidades ingentes, se la habíamos encargado a Wondo.

La primera parada es para visitar la iglesia de Adadi Maryam, del s. XII, excavada en la roca, que no resulta muy interesante. La segunda es para ver las estelas de Tiya, interesantes, pero sólo para personal muy especializado o muy interesado.

Nuestra intención es dormir en Dila, pero es tarde, debido al retraso de la llegada del vuelo de Frankfurt a Addis, y decidimos dormir en Awasa, cerca del lago. Después de dar un paseo por el lago, vamos a un restaurante de la ciudad, donde la cena es maravillosa. Sopa de pescado, para recordar siempre, y de segundo, un excelente pescado.

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DÍA 3: Estelas de Tutu Fella y Tutiti / Pozos de Dublock / Yabelo

Salimos de madrugada hacia Dila para ver las estelas de Tutu Fella y Tutiti. Vamos a la Oficina de Turismo, donde compramos los billetes y nos hacemos acompañar, obligatoriamente, por un guía de la Oficina. Los dos campos de estelas, en formas fálicas, resultan interesantísimos. El paisaje es encantador, rodeado de cafetales. Los niños son hermosos y la gente es muy amable, el turismo apenas llega aquí. Es una mañana muy dulce.

Continuamos durante cinco horas la ruta hacia el sur para dirigirnos a Dublock y ver los pozos de la etnia borena.

La hora en que los hombres abrevan los cientos de cabras y ovejas, pasándose unos a otros los cubos en los que van sacando el agua de los pozos y la vierten en un abrevadero circular, mientras cantan para animarse en el esfuerzo, es a las 6 o 7 de la mañana y en temporada seca. Esto debe ser espectacular, pero no a las 3 de la tarde y en diciembre como hacemos nosotros. Aceptamos que nos hagan un simulacro, por un malentendido, pero no vale la pena. Se puede ver el lugar y darse cuenta de la técnica empleada sin ello. Hay unos ocho pozos en el entorno y vemos otro más, ya sin simulacro.

Retornamos hacia Yabelo, a una hora al sur de Dublock, donde dormimos en el Motel Yabelo, que es bastante aceptable, y cuyo precio es de 10 euros. El pueblo de Yabelo, en sí mismo, no tiene ningún interés.

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DÍA 4: Key Afar / Jinka

Nos levantamos al alba. Abandonamos en Yabelo la carretera asfaltada. No volveremos a ver el asfalto hasta el final del día once de nuestro viaje al sur. Conducimos hacia el este durante seis horas para ir al mercado de Key Afar, que tiene lugar los jueves, y es uno de los más sensacionales del sur.

Cuando entramos en el pueblo hacia la 1 de la tarde, vemos una desbandada de gente, sobre todo de las etnias banna y samai, que se va del mercado, cuando se supone que es la hora álgida. Nos enteramos que la policía acaba de desmantelarlo y está reenviando a la gente hacia sus pueblos, porque la noche anterior, en Dimeka, a una hora de aquí, han muerto de meningitis ocho miembros de una misma familia. Nos aconsejan no bajar del coche, pero nosotras lo hacemos, pues estamos vacunadas.

Después de pasear un buen rato entre la gente, los trajes y adornos que llevan son absolutamente maravillosos, y verlos marchar de Key hacia sus pueblos, unos caminando y otros en camiones, continuamos nuestra ruta durante hora y media en dirección al este, hasta llegar a Jinka.

Nos alojamos en el hotel Jinka Resort, que está muy bien, con un gran jardín y tranquilo, y cuyo precio es de 23 euros.

Con certeza no sabemos cuánta gente murió de meningitis, pues las informaciones son muy confusas, pero en los días siguientes, en el dispensario de Turmi, vemos que están vacunando a toda la población de forma muy adecuada, desde el punto de vista sanitario, y en gran orden.

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DÍA 5: Parque Nacional Mago: visita de Hanna Mursi (etnia body) y de Bella (etnia mursi)

Nos levantamos tempranísimo. Salimos de Jinka y conducimos durante 48 km hacia el oeste, hasta llegar al corazón del Parque Nacional Mago, donde se encuentra la oficina para registrarse y el campamento.

Hoy, durante todo el día, nos acompaña, obligatoriamente, un scout armado por el parque. Las pistas están en buen estado y secas y se conduce con facilidad. Bien es verdad, que nuestro coche es muy bueno y Kalem, nuestro chófer, un excelente conductor.

Tenemos intención de visitar el pueblo de Omo Mursi para ver la etnia de los mursi, pero el scout nos dice que al ser la época de las cosechas el pueblo está desierto. Ante esta situación, le decimos que nos lleve a un pueblo donde no vayan frecuentemente los turistas. Decide que nos dirijamos a 45 km al norte del parque, al pueblo de Hanna Mursi, para visitar la etnia de los body, que en la actualidad comprende unas cinco mil personas. Nos encanta el pueblo, su pequeñito mercado y sobre todo la maravilla de la gente body, de una belleza extrema. Es una experiencia preciosa.

En la ruta hacia Hanna Mursi, nos encontramos con una pareja de checos que viene del pueblo mursi de Haila Woha y nos dice que carece de interés. Se lo agradecemos, aunque no está en nuestros planes ir.

Por la tarde, de vuelta hacia el campamento, nos paramos en el pueblo mursi de Bella. El pueblo es encantador, algunas mujeres están moliendo el mijo y cuidando a los niños. Disfruto paseando en solitario por el pueblo, porque la mayor parte de la gente se concentra a la entrada de éste para la sesión fotográfica, previo pago de dos birr por persona y fotografía.

Nos dirigimos al campamento. Empieza a oscurecer cuando llegamos. Tres tiendas están ya instaladas. Kalem monta la nuestra. El entorno del campamento está lleno de monos corriendo por el parque o subidos a los árboles. Nos lavamos en el río, el agua está fría. Mi compañera y Kalem preparan arroz con atún, que está bueno. Nos acostamos. Desde que hemos salido no puedo dormir. Será la noche siguiente, en el campamento de Murle, cuando podré hacerlo. Además, cojo un catarro terrible, con una tos espantosa, que ya no me abandona, pues por tres veces parece que se me quita, pero vuelve con más fuerza. Sólo en Madrid, unas semanas después, me encontraré mejor.

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DÍA 6: Visita de los pueblos de Duse y Kolcho: etnia karo / Campamento de Murle

Por la mañana temprano damos una vuelta por el Parque Nacional Mago en el 4x4 con el scout. No hay mucha vida animal. El parque en sí mismo no resulta muy interesante, si no es por la visita a los poblados de las etnias body y mursi.

Desayunamos y a continuación conducimos durante dos horas hasta abandonar el Parque Nacional Mago. Nuestro destino hoy es el campamento de Murle, a orillas del río Omo. En el camino, ya fuera del Parque Nacional Mago, nos paramos en un pueblo de la etnia karo, que está completamente desierto. Durante el período de las cosechas, la gente abandona los pueblos y se trasladan todos, como en este caso, o casi todos, a los campos que están lejos de los poblados. El pueblo resulta fantasmagórico. Después, nos paramos en Duse, otro pueblo de la etnia karo similar al anterior, pero ya con gente.

Llegamos al campamento de Murle a medio día. Somos los únicos que pasamos la noche aquí. También hay unos bungalows para cazadores y grupos, que vienen con todo organizado desde Addis, pero hoy no hay nadie y los bungalows no se pueden utilizar y tampoco funciona el grupo eléctrico. Todo ello pertenece a un griego.

Tomamos una ducha, el agua natural está calentita, da gusto. Un muchacho de la etnia karo de 15 años, Muda, que está en la escuela primaria de Turmi y ha venido a pasar unos días con su hermano, que trabaja en el campamento, y que será nuestra sombra durante los dos días siguientes, pesca en el río Omo dos peces para nuestra cena.

Por la tarde, Muda nos acompaña a su pueblo, Kolcho, situado espectacularmente en un alto, con el río Omo a sus pies. Debido a las cosechas, sólo hay en este pueblo de la etnia karo algunos niños y alguna mujer mayor o enferma, como es el caso de la primera mujer del padre de Muda, a la que saludamos, y el maestro, que habla un poco de inglés, procedente de Arba Minch, que nos enseña las dos aulas de la escuela. Incluso en este pueblecito se imparte el primer ciclo de enseñanza primaria. El maestro nos pide material escolar para los niños y una cámara fotográfica para él. Preocupadas, preguntamos a Muda si el gobierno suministra material escolar y nos dice que sí.

Volvemos al campamento. De nuevo mi compañera y Kalem preparan pasta con salsa y el pescado de Muda, que resulta un poco insípido, quizás, porque no se prepara adecuadamente. El silencio y la oscuridad de la noche son sobrecogedores. Todas las estrellas del firmamento se han dado cita en el cielo de Murle y se pueden ver todas, ahí cerca, como formando parte de ti.

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DÍA 7: Río Omo: Kangate (etnia bumi o kangatan); Oromate (etnia gable o desanech) y Turmi (etnia hamer)

Abandonamos el campamento de Murle y conducimos hacia el pueblo de Kangate para visitar la etnia de los bumi o kangatan. Dejamos el 4x4 en un gran patio en lo alto y bajamos al río Omo. La sensación de extrañeza, de desconocido y único es extraordinaria. Es una imagen que quieres conservar para siempre dentro de ti.

Desde el otro lado del río llega la barca de latón llena de ovejas, que traen a pastar a la orilla donde nos encontramos. Una vez descargadas éstas, nos subimos a la barca y atravesamos el Omo. Después, subimos una ladera empinada y finalmente, nos hayamos en el pueblo de Kangate.

Desde aquí arriba, sigue la misma sensación de único, de estar viviendo en una época muy remota, de retroceder miles de años. Es la imagen, para mí, más impresionante del sur. Visitamos el pueblo con el maestro, que habla inglés. La arquitectura es preciosa.

Tal vez estamos presenciado aquí el final de la existencia de un mundo muy antiguo. A todas estas etnias, que son muy pequeñas, a lo mejor sólo les queda este modo de vida y este hogar durante diez años, o tal vez menos, cinco, como nos dice un matrimonio mayor de americanos que encontramos en el campamento del Parque Nacional Mago. De repente la historia se ha detenido. La belleza y la elegancia de estas etnias son tan extremas, que te hacen daño. Las niñas, con una faldita cualquiera de piel de oveja, son verdaderas ninfas.

El pueblo tiene agua, pero la bomba para subirla desde el río tiene poca potencia. El gobierno, nos dicen en Arba Minch, tiene que aportar un complemento de comida.

Nada más dejar Kangate, nuestro chófer atropella y mata una cabra. El pastor pide 800 birr (80 euros), cuando su precio, nos han dicho antes en el pueblo, es de 100 birr por cabeza. El maestro, que viaja con nosotros, pues nos ha pedido que lo llevemos a Oromate, intenta mediar, pero la costumbre del valle del Omo, nos explica, es que si se produce un accidente como éste, el propietario tiene su oportunidad y la aprovecha para conseguir lo máximo. Después de una hora de discusiones, y viendo que esto no tiene fin, pues el chófer ofrece 100 birr, su salario mensual es de 400 birr, y decirnos que no existe seguro en estos casos, ponemos 200 birr nosotras y el chófer 100 y cerramos el asunto, exigiendo el propietario, además, quedarse con la cabra.

A medio día llegamos a Oromate, que mantiene la misma posición con respecto al río Omo que Kangate. Cogemos una barca preciosa, esta vez de madera, larga y estrecha y atravesamos el Omo para ver Oromate de arriba o Rate y visitar la etnia de los gable o dasanech.

Los niños cruzan el río a nado, al lado de la barca, y al llegar a la orilla nos ayudan a descender y a subir por la ladera empinadísima hasta el pueblo. Los cuerpos negros y mojados de los niños, iluminados por el sol abrasador de hoy, son imágenes de infinita belleza. Paseamos por el pueblo. Las casitas son de trozos estrechos de latón, arquitectura única en todo el sur.

Pensamos dormir en Oromate, pero cuando vemos el lugar que nos espera, decidimos seguir el viaje y dormir en Turmi. Llegamos al campamento de Turmi, después de conducir 75 km. Es la primera vez en el viaje que nos encontramos con unos treinta turistas extranjeros. Hasta ahora, se cuentan con los dedos de la mano los que hemos encontrado. Aprovechamos para que nos laven toda la ropa que está hecha un horror.

Muda, que se vino con nosotros, nos lleva a visitar la familia de su amigo, un chico que termina este año la secundaria. El nivel de vida de esta familia es bueno. Tiene varias casas. Cuando hablamos de casas aquí, nos referimos a un espacio circular construido en barro de unos 12 metros cuadrados. En una de ellas se está haciendo el pan, en otra está la madre cocinando y otra es una sala de estar con unos bancos de madera donde nos sentamos. El padre nos ofrece agua con miel. Después, paseamos por el pueblo de Turmi, que es el corazón de la etnia hamer.

Cenamos inyera en el Tourist Restaurant. La inyera, el plato nacional etíope, es una especie de crêpe o torta ácida de unos 50 centímetros de diámetro. En circunstancias especiales, o cuando se puede, lo que es nuestro caso, se echan encima trocitos diminutos de carne de cordero, oveja, etc. y una salsa y se comen con la mano, ayudándose de la torta. A mi la inyera no me gusta, pues me resulta muy agria, pero la carne y la salsa me encantan con pan, cuando lo hay. También tomamos cerveza nacional que está muy buena.

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DÍA 8: Turmi.

Por la mañana, vamos con Muda y un chico de su edad, Aoita, que hace trabajillos en el campamento de Turmi, a la escuela de ambos. Nos presentan al director, que está en el patio hablando con unos alumnos. Nos pregunta qué traemos para la escuela. Le decimos que los bolígrafos y caramelos, que trajo mi compañera, se los hemos dado ya a los niños por el sur. Nos dice que entonces a qué hemos venido. En realidad hemos ido por dar aprecio a Muda y a Aoita. Nos vamos. A continuación, acompañamos a los dos chicos al dispensario, donde les vacunan de meningitis.

El mercado de Turmi apenas tiene lugar. La policía deja que se reúna la gente en el mercado, pero sólo los del pueblo, debido al problema de la meningitis. El mercado de Turmi de los lunes, junto con el de Key Afar de los jueves y el de Dimeka de los martes y sábados, tiene la reputación de ser el más fascinante y colorido del sur, pues se reúnen todas las etnias de la zona e intercambian sus productos.

Después de dar una vuelta por el mercado, hacia la 1 nos vamos a otro pueblo de la etnia hamer para ver por la tarde el salto de las vacas. Esta ceremonia tiene lugar cuando un joven quiere casarse y ha sido aceptado por la joven elegida. Entonces, la familia de la joven selecciona un grupo de vacas y una vez colocadas una junto a otra, el pretendiente deberá saltar cuatro veces sobre ellas, dos en una dirección y dos en la dirección contraria, sin caerse. Si cae en alguno de los saltos, se considera que es un mal augurio para el futuro de la pareja, por lo que el novio será momentáneamente rechazado por la familia de la novia y tendrá que esperar un año más para volver a pasar por la misma prueba.

Antes de esta ceremonia, la gente adulta se va a las afueras del pueblo, a un lugar donde hay algunos árboles, que les protegen del sol. Entonces, los jóvenes casaderos o maz se sientan a la sombra, indiferentes, con una vara en la mano y son incitados por las jóvenes casaderas para que les golpeen en la espalda desnuda con sus varas, y con las consiguientes heridas producidas por éstas y la espalda ensangrentada demostrarles a sus pretendientes su valor y amor por ellos. Siento una inmensa vergüenza de haberme quedado presenciando esto.

Después, volvemos al pueblo para la ceremonia del salto de las vacas, pero ésta no tiene lugar, porque el joven que tiene que pasar la prueba no puede llegar al pueblo.

Empezamos a sentir la presión muy fuerte de los niños y chicos, que nos piden dinero y otras cosas. Aoita es una excepción. Empezamos a sentirnos incómodas.

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DÍA 9: Konso / Gesergio / Visita de los pueblos de Machekie y Burgo: etnia konso / Arba Minch

Dejamos Turmi muy pronto y conducimos durante seis horas hasta llegar al pueblo de Konso, donde vive la etnia conocida con este nombre. Konso, en sí mismo, no tiene interés. Vamos a la Oficina de Turismo y nos acompaña toda la tarde un guía local mayor que tiene demasiada prisa.

No sé si es obligatorio hacerse acompañar por alguien. La guía Lonely Planet señala que hay que ir a la Oficina de Turismo para registrarse y hacerse acompañar por un guía. Si no lo fuera, aconsejo prescindir de él. Si fuera obligatorio, aconsejo dejar claro qué es lo que se quiere visitar y que sea sin límite de tiempo.

A 16 km de Konso, vemos los pináculos de Gesergio, que son muy impresionantes. También visitamos el pueblo de Machekie, a 9 km de Gesergio. Tanto el pueblo como las casas están amurallados con troncos de árboles. La arquitectura es muy interesante. El pueblo tiene varias moras, una especie de grandes hórreos de madera en el centro de las placitas del pueblo, donde duermen los jóvenes solteros. También visitamos el pueblo de Burgo, que no figura en las guías, pero que nos impresiona al pasar y es una maravilla semejante al pueblo de Machekie, pero más auténtico. Recomiendo visitar los dos pueblos, y si se puede, alguno más, pues son unos catorce los que se hallan alrededor de Konso.

Por la tarde conducimos hasta Arba Minch. Están haciendo una carretera asfaltada y un tramo ya está terminado, lo que hace que tardemos sólo dos horas y media. Dormimos maravillosamente dos noches en el hotel Bekele Mola. Las habitaciones son cabañas estupendas y tranquilas al borde del lago Chamo. El precio es de 53 euros. Cenamos en un restaurante de la ciudad, una sopa de pescado memorable, y de segundo, un buen pescado. No recomiendo cenar en el hotel.

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DÍA 10: Arba Minch / Parque Nacional Nechisar / Lago Chamo / Lago Abaya

Salimos pronto para hacer el safari en nuestro 4x4 por el Parque Nacional Nechisar que está a diez minutos del hotel. Nos acompaña, obligatoriamente, un scout armado. Estamos cinco horas en el parque, que es una maravilla, situado entre los lagos Chamo y Abaya. Desde el punto de vista de la vida animal, es el más interesante que visitamos, con bastantes cebras y gacelas. Podemos acercarnos, a pie, hasta muy cerquita de las cebras. Pero, si los animales resultan interesantes, el paisaje no lo es menos, yo diría espectacular, con las diferentes vistas y perspectivas de los dos lagos. Aconsejo no perdérselo.

Por la tarde, cogemos un barquito y damos un paseo por el lago Chamo y vemos más vida animal: cocodrilos, hipopótamos, pelícanos, etc. Este paseo es bonito y agradable de hacer, si se dispone de tiempo. El precio es de 15 euros por persona (éramos dos personas).

Después, tomamos una cerveza con Kalem y el hijo del propietario de los barcos, un joven muy inteligente, y hablamos de la situación política, lingüística y económica en el sur.

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DÍA 11: Arba Minch / Dorze / Sodo

Dejamos Arba Minch y nos dirigimos al pueblecito de Dorze. Compramos bufandas de colores a las niñas que las están tejiendo en el camino. Les compro también una especie de barquita de madera, donde meten el ovillo de lana.

Visitamos el pueblo. La arquitectura es una maravilla. Para mí la más bella del sur. Las casas son unas enormes estructuras elevadas en forma de colmenas. Los techos abovedados están cubiertos por una especie de paja de banana para formar una cúpula.

Después, paseamos por el mercado, que tiene lugar los lunes y jueves. Es el mercado más bonito que hemos visto y que veremos. Se desarrolla en una explanada enorme, en pendiente, situada a la izquierda del pueblo, y por ambos lados, a lo largo, está lleno de localitos bajos, donde la gente come y bebe. Al fondo, en la pradera, los burros pastan.

Recomiendo no dejar de visitar el pueblo y el mercado de Dorze y, de no ser día de mercado, es imprescindible ir a Dorze para ver este pueblo extraordinario. El pueblo de Chencha, nos dice Kalem, no tiene interés, pero sí su mercado de los martes y sábados, que se podría visitar, tal vez, de no ser día de mercado en Dorze.

A continuación, salimos para Sodo, donde dormimos. El pueblo no tiene interés. En el restaurante del hotel nos encontramos con un francés, Michel, profesor en la Isla Reunión, que está de camino hacia el Parque Nacional de las Montañas de Bale, que creo es muy interesante.

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DÍA 12: Sodo / Parque Nacional de los Lagos Abiata-Shala / Lago Langano / Nazret

Salimos de Sodo. Hacemos una primera parada en el Parque Nacional Abiata-Shala para ver una colonia de flamencos, que es bastante interesante, y otra después en el lago Langano, que no merece la pena.

Comemos en ruta para despedir a Kalem, que tiene el detalle de regalarnos unas preciosas bufandas en tonos blancos. Seguimos hasta Nazret, que no merece la pena, donde nos separamos de Kalem, pues aquí termina nuestro viaje al sur. Nos quedamos en Nazret, en lugar de seguir con Kalem hasta Addis, porque nos resulta mejor para coger mañana el primer autobús para Harar.

Ahora, después de haber hecho el viaje por el sur, pienso que se puede visitar en esa zona lo que interesa de verdad, alquilando cuatro días un coche en Arba Minch, a la llegada, aunque tal vez sea mejor hacerlo previamente, lo que supone un ahorro importante en tiempo y dinero. Además, el paisaje de Addis hacia el sur, ya sea a Arba Minch o a Yabelo, no es muy interesante y se necesitan cuatro días para hacer el trayecto de ida y vuelta.

La Oficina de Turismo de Arba Minch (teléfono: 251 468 812171 y fax: 251 468 813661) puede facilitar la contratación de un 4x4, con chófer, con un nivel medio de inglés, por 80 euros por día, con gasolina incluida, pero sin aire acondicionado, tanto para hacer el safari por el Parque Nacional Nechisar y visitar Dorze, como para ir a Turmi y al Omo. Igualmente, el hotel Bekele Mola de Arba Minch (teléfono: 251 468 810046 y móvil: 251 0916 826456 de Behailu, un empleado del hotel que habla inglés), puede arreglar la contratación de un 4x4 en las mismas condiciones señaladas, pero el precio es de unos 130 o 140 euros por día.

Por ello, sugiero el siguiente itinerario alternativo de seis días al sur, cogiendo un vuelo, ida y vuelta, de Addis Abeba a Arba Minch, y contratando un 4x4 en el sur:

Día 1 - Volar de Addis a Arba Minch. Por la tarde, si se quiere, hacer el paseo en barco por el Lago Chamo. Dormir en Arba Minch.

Día 2 - Muy temprano, hacer el safari por el Parque Nacional Nechisar e ir a Dorze a ver el pueblo y su mercado (procurar que sea lunes o jueves, que son los días de mercado). Sería interesante alquilar el 4x4 desde hoy, tanto para hacer el safari por el Parque Nacional Nechisar, pues es necesario disponer de un 4x4 para ello, como para visitar Dorze y viajar los tres días siguientes a Turmi y al Omo.

Día 3 - Salir muy pronto para Konso. Visitar los pueblos de la etnia konso (fundamentalmente Machekie y Burgo) y los pináculos de Gesergio. Seguir a Turmi y dormir allí.

Día 4 - Visitar el mercado de Turmi (procurar que sea lunes, que es el día de mercado). Por la tarde visitar Kangate y Oromate (si se tiene un interés muy especial por ver las diferentes etnias, desde aquí, se puede hacer una extensión de dos días al Parque Nacional Mago, retornando por Jinka y Key Afar). Dormir en Turmi.

Día 5 - Retornar a Arba Minch. Si no se puede ver el mercado de Turmi, al volver a Arba Minch se puede hacer una parada en Dimeka, que está a una hora de Turmi, para ver su mercado de los martes y sábados, que parece ser muy interesante. Dormir en Arba Minch.

Día 6 - Vuelo de Arba Minch a Addis. Al llegar al aeropuerto de Addis, cabe la posibilidad de enlazar con el vuelo de Diri Dawa, a una hora de distancia de Harar.

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DÍA 13: Nazret / Harar

Cogemos el autobús a las 6 de la mañana para Harar, a 425 km de Nazret. La duración es de siete horas y media. No se hace nada pesado, a pesar de que el autobús no es bueno. Además, no obstante la incomodidad, me alegro de no ir ya en la jaula de oro del 4x4 y poder compartir el viaje de la gente con la gente.

La ruta ofrece unos paisajes muy bonitos, especialmente los 126 km que separan Arbereketi de Dire Dawa, pero se verán paisajes más bellos en Tigray y en la ruta entre Axum y el Parque Nacional de las Montañas Simien.

En cualquier caso, se puede hacer el viaje de Addis a Harar, ida y vuelta, en avión o hacer uno de los trayectos en autobús. La distancia entre ambas ciudades es de 565 km y se recorren en unas nueve horas y media. Los autobuses salen muy pronto por la mañana.

A medio día llegamos a Harar. Dormimos en el hotel Ras, que no está mal y es tranquilo, y cuyo precio es de 21 euros.

Dedicamos la tarde a pasear por esta ciudad musulmana, que permanece casi tal como era hace 300 años. Nos encanta. Visitamos varias casonas harari, donde charlamos con sus propietarios. Nos encontramos en la calle con Carlos Mariné, un pintor catalán que vive en Harar, casado con una etíope y convertido al islam.

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DÍA 14: Harar

Pasamos la mañana callejeando por Harar, que nos gusta cada vez más. Es una ciudad en la que hay que penetrar, por eso recomiendo quedarse dos o tres días para gozarla, sentirla, perderse.

Por la tarde visitamos a Carlos en su casa. La conversación es muy interesante. Nos enseña sus trabajos y mi compañera le compra una acuarela y dos dibujos.

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DÍA 15: Harar / Diri Dawa / Addis Abeba

Seguimos deambulando y disfrutando de Harar. Nos acercamos a la Casa Museo Rimbaud, donde hemos quedado con Carlos. Después, vamos a la terraza del café de la plaza central, donde tomamos té y cerveza y charlamos con un amigo etíope de Carlos, Shakib, guía de la Casa Museo Rimbaud, que nos encontramos allí (si se desea contactar con Carlos, se le puede localizar, también, a través de la Casa Museo Rimbaud).

A medio día cogemos el autobús para Dire Dawa, a una hora de distancia de Harar, para ir al aeropuerto y volar a Addis, pues no hay aeropuerto en Harar. Al llegar a Dire Dawa, damos una vuelta por la ciudad y su mercado. No está mal. A continuación, nos dirigimos al aeropuerto para coger el vuelo a Addis.

En Addis Ababa dormimos en el hotel Gion, que es muy normal, y cuyo precio es de 65 euros. La última noche en Etiopía también dormimos aquí, pero esa vez, las habitaciones serán mucho peores.

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DÍA 16: Addis Abeba / Tigray: Mekele, Iglesia de Chirkos en Wukro e Iglesia de Debre Selam en Atsbi

Salimos muy pronto hacia el aeropuerto para coger el vuelo de las 7 de la mañana a Mekele, pero cuando llegamos, nos enteramos que lo han programado para las 9. Además, el vuelo tiene dos horas de demora, pues el de Frankfurt, que conecta con el nuestro, llega con retraso. La espera se hace eterna. Charlamos y tomamos café con un etíope que vive en Australia y ha venido a visitar a su familia que es de un pueblo cercano a Axum.

A medio día llegamos al aeropuerto de Mekele con cuatro horas de retraso.

Nuestro viaje a Tigray es de dos días. Para mí es la zona más impresionante y que más me ha interesado de toda Etiopía, por su gente, su arte religioso y su paisaje. He leído en varios sitios que es muy difícil, por no decir imposible, visitar las iglesias rupestres de Tigray, porque muchas están en zonas remotas, de difícil acceso y localización y porque, además, cuando se llega, si es que se llega, están cerradas y no se encuentra a los sacerdotes.

Por eso, me pongo en contacto, por correo electrónico, con el director de la Oficina de Turismo de Mekele, Sr. Kebele. Le digo nuestro itinerario, que le parece titánico, y nos organiza todo. Pone a nuestra disposición un 4x4 conducido por su propietario, Sr. Gebregiorgis Haddis, y un guía, Sr. Yohannes Kalle-Ab, que no es otro que el director de la Oficina de Turismo de Wukro, ciudad a 45 km al norte de Mekele y puerta de acceso al corazón de las iglesias rupestres de Tigray.

Recomiendo, si se quiere tener éxito en la visita de las iglesias y monasterios de Tigray, tener preparada esta parte del viaje previamente.

Gebregiorgis Haddis es asesor en Mekele, en Talent Development Consultants. Habla inglés y es muy agradable, pero no conoce a fondo la zona de las iglesias, ni tiene los contactos con los sacerdotes, de ahí la necesidad de un guía que tenga estas características. Sus teléfonos son: 251 0344 407438 (oficina); 251 0344 407709 (casa); 251 0914 701887 (móvil). El precio del coche es de 80 euros por día (para 2007 el precio es de 100 € por día y de 50 € para medio día), con gasolina incluida, pero sin aire acondicionado (Tigray en esta época no es caluroso y se pueden abrir las ventanillas del coche sin problema). En cuanto a Yohannes Kalle-Ab, su precio como guía es de 15 € por día (en la primavera de 2007, Yohannes Kalle-Ab ya no está residiendo en Etiopía, si bien, Gebregiorgis Haddis trabaja ahora, en verano de 2007, con un guía que se puede recomendar, Bereket, que cobra 10 euros por día).

El guía me parece imprescindible, porque es el que tiene los contactos con los sacerdotes para la visita de las iglesias y es de verdad quien conoce los caminos. Pero, recomiendo muchísimo, que se cierre por adelantado el programa que se quiere hacer. Durante el día, no hay tiempo más que para un picnic y debe quedar también esto claro con el guía.

Tal como estaba acordado, en el aeropuerto de Mekele nos esperan Yohannes y Gebregiorgis. Nos dan una vuelta en coche por Mekele, que no me parece nada especial, salvo que está creciendo mucho, ya que el Presidente actual de Etiopía es de Tigray.

Conducimos hacia el norte hasta llegar a Wukro, donde visitamos la iglesia de Chirkos, a 500 metros del pueblo, y de fácil acceso. Es muy bonita y están celebrando un oficio, que nos parece precioso.

Después, conducimos hacia el este durante hora y media por un paisaje maravilloso de colinas verdes, de pueblos de arquitectura única de adobe y de gente vestida en colores verde-gris y llegamos al pueblo de Atsbi, para visitar la iglesia de Debre Selam, perteneciente al grupo denominado con ese nombre. Para acceder a la iglesia, hay que subir caminando por una ladera empinada unos quince minutos. La iglesia está rodeada de un recinto y el todo nos deja sin aliento. Es de estilo axumita.

La arquitectura de los pueblos de Tigray nos impresiona tanto, nada que ver con la del sur, que le pedimos a Yohannes si podríamos visitar alguna casa. Una familia nos enseña la suya. Es una gran oportunidad. Nos entusiasma. Volvemos a Wukro por el mismo camino.

Dormimos dos noches en el hotel Beheresege, nada bueno, pero me imagino que el único posible. Esta primera noche me ponen en una habitación sin ducha y utilizo la de mi compañera. La segunda noche, me cambian a otra habitación con ducha, pero nada más acostarme, las pulgas me comen. Despierto al guardián, que está durmiendo en el suelo de la veranda, y por señas le digo lo que me pasa y le pido que me lleve a la habitación del primer día, que por suerte está libre. Por fin, puedo dormir.

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