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En el trayecto del P. N. de los Lagos de Plitvice hasta Zadar, de 142 km, seguimos por la carretera 1 en dirección sur. Durante muchos kilómetros circulamos en paralelo y a escasa distancia de la frontera con Bosnia-Herzegovina, separada de Croacia en esta zona por unas imponentes montañas. En esta zona sí podemos ver aún alguna casas destruida y con restos de metralla en sus paredes, triste recuerdo de una guerra aún no muy lejana. Al llegar a la altura de Gracac abandonamos la ruta 1 y tomamos la 27 hasta poco antes de llegar a Obrovac, donde la carretera se bifurca y tomamos la ruta 54 dirección Zadar. Por último, en Maslenica, tras cruzar el nuevo puente sobre el golfo de Novigrad (el viejo fue destruido en la guerra), tomamos la ruta 8 que nos conduce directamente a Zadar.
En Pansion Albin (Put Dikla, 47 - 23000 Zadar; tel. +385 23 331 137) pagamos 360 Kn por una habitación doble, con baño privado y un buen desayuno incluido. No está mal, pero teniendo en cuenta el precio y el alojamiento de días anteriores... Además está a 3 km del centro, aunque esto importa poco si se lleva vehículo propio. De todos modos, en el centro de Zadar está la agencia Aquarius (Nova Vrata bb - Zadar) donde nos pueden buscar alojamiento en la zona.
En Zadar probamos el restaurante Na Po Ure (Spire Brusine 8 - Zadar) y es bastante correcto, sin más. En esta ciudad notamos que los precios de hoteles y restaurantes eran algo más caros que en las zonas de Croacia que ya habíamos visitado. Comida muy casera y buenísima en el restaurante Anita, situado en el cruce de las carreteras 27 y 54, poco antes de llegar a Obrovac.
ZADAR. La trama urbana de su ciudad vieja data de la época romana, cuando fue fortificada y se construyeron sus murallas, torres y puertas de entrada, aunque la forma actual proviene de la Edad Media. Durante siglos, esta ciudad costera fue la capital de Dalmacia (región geográfica que comprende algo más de la mitad de la costa adriática croata). Durante la II Guerra Mundial sufrió grandes destrozos por los bombardeos, pero con el tiempo se ha ido reconstruyendo. Así pues el principal interés de Zadar es histórico y cultural, y aunque no cuenta con nada realmente espectacular, vale la pena dedicarle al menos unas horas.
Los principales puntos de interés de Zadar los encontramos en sus iglesias, especialmente en la iglesia de San Donato, un enorme edificio circular construido en el s. IX en estilo pre-románico (de ese periodo es la estructura más importante que se conserva en Dalmacia). Hay que pagar 6 Kn para visitarla. Está construida sobre el antiguo foro romano, el más grande a este lado del Adriático. Fuera de la iglesia se puede ver una columna romana que se usó en la Edad Media para encadenar reos y dejarlos expuestos a la mofa y befa de los que pasaran por allí. Cerca de aquí tenemos la Catedral de Sta. Anastasia, basílica románica de los siglos XII a XIII que es la mayor catedral de Dalmacia. Enfrente de ella está la iglesia de Sta. María, con un bonito campanario románico de principios del s. XII. Y hay varias más, como las de San Crisógono o San Francisco.
Otros puntos de interés son las murallas (en algún punto se puede subir a lo alto para tener buenas vistas), las viejas puertas de la ciudad (entre ellas destacan la Puerta de la Ciudad y la Puerta del Puerto, ambas del s. XVI), las plazas de los tres y cinco pozos, y varios palacios y villas de interés histórico. Por último citar el Órgano Marino (morske orgulje), un curioso elemento arquitectónico único en el mundo. Fue construido en 2005 sobre el muelle y está formado por un conjunto de sencillos pero elegantes escalones de mármol bajo los cuales hay 35 tubos afinados musicalmente con pequeñas oberturas al paseo marítimo. El movimiento de las olas del mar empuja el aire a través de los tubos y, dependiendo del tamaño y velocidad de la ola, suenan diferentes notas musicales, creando así sonidos armónicos aleatorios. Vale la pena sentarse en estos escalones y disfrutar de la vista sobre las islas vecinas mientras escuchamos este original órgano tocado por el mar (escucha como suena el Órgano Marino). Curiosamente, el famoso director de cine Alfred Hitchcock dijo una vez que la puesta de sol más bonita del mundo se podía ver desde este punto de Zadar.
El largo trayecto de 165 km entre Zadar y Podstrana (situada unos 8 km al sudeste de Split) lo recorrimos siguiendo la ruta 8 que transcurre paralela a la costa. A lo largo de esta ruta hay varios puntos de interés en los que vale la pena detenerse.
Salimos de Zadar por la Ruta 8 y recorrimos los 74 km hasta nuestra primera parada, en Sibenik. Por el camino cruzamos unas cuantas poblaciones turísticas y desde la carretera no perdemos de vista el mar y un sinfín de islas. A mitad de camino vemos a nuestra izquierda el lago Vransko, bastante grande, por cierto. Una vez visitada la ciudad de Sibenik continuamos por la Ruta 8 durante 59 km hasta llegar a nuestro siguiente destino, Trogir. Tras la visita de Trogir tomamos una vez más la Ruta 8 hacia Split, a 28 km de aquí, pero por el camino nos desviamos de nuevo para visitar el castillo de Kastel Luksic, en la zona de Kastela y unos 15 km antes de Split. Finalmente retomamos la Ruta 8 y pasamos de largo la ciudad de Split hasta llegar a Podstrana, unos 8 km más hacia el sur.
En Pansion Tomi (Strozanacka, 24 - Podstrana; tel. +385 21 333 905) pagamos 300 Kn por un apartamento con baño privado, TV, A/A, nevera, cocina y una cama grande, además de una gran terraza con magníficas vistas sobre el mar y la costa hacia Split (aquí disfrutamos de una magnífica puesta de sol). Podstrana es una pequeña población a 8 km al sur de Split, lo cual no es inconveniente si tenemos vehículo propio. Elegimos este lugar para no tener que buscar en el centro de Split y por ser un lugar tranquilo. Entre Split y Podstrana (y más allá) hay numerosas opciones de alojamiento junto a la carretera y simplemente escogimos la que desde fuera nos pareció mejor. Previamente habíamos buscado alojamiento en la zona de Kastela, pero al ser fuera de época y sólo para una noche nos comentaron que las alternativas eran cero o ninguna.
En Split la pizzeria Galija (Tonciceva, 12 - Split) es un lugar muy frecuentado por la gente joven local. Correcto. Para desayunar o tomar algo nada mejor que la cafetería Bellevue (Bana J. Jelacica, 2 - Split), situada en la planta baja del hotel del mismo nombre, un sitio con carácter. Para comer en Trogir un buen lugar es la terraza de la pizzeria Mirkec (Budislaviceva, 15 - Trogir): se come bien a precios decentes y tiene unas vistas excelentes a la isla de Ciovo.
ŠIBENIK es una ciudad histórica situada en el corazón de Dalmacia, junto a la desembocadura del río Krka. Durante un tiempo, en el s. XI, fue la sede del rey croata Petar Krešimir IV. Durante la última guerra (1991-1995), Šibenik sufrió bastantes daños sobre sus edificios y monumentos, incluyendo la cúpula de la Catedral y el edificio del Teatro, aunque a día de hoy ya todo ha sido reconstruido. Vale mucho la pena desviarse unos pocos kilómetros para visitar esta bella ciudad durante unas horas.
Catedral de Santiago en Sibenik (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000). Esta bellísima catedral fue construida por sucesivos arquitectos entre los s. XV y XVI, en estilos gótico y renacentista. Pero fue el maestro Juraj Matejev Dalmatinac quien más aportó a la armonía y belleza del conjunto, construyendo el baptisterio, la sacristía, las figuras de los santos Pedro y Pablo, de ángeles, o una cenefa en el exterior con las cabezas de 34 leones y 71 personas (cada cabeza es distinta porque Dalmatinac quiso inmortalizar a la gente de su tiempo que iba hasta Sibenik), aunque desafortunadamente no pudo acabar su trabajo. Toda la catedral está construida con piedra y mármol. Es una maravilla y muy interesante de visitar, tanto por dentro como por fuera.
En la misma plaza que la Catedral se encuentra el bonito Ayuntamiento, de estilo renacentista. Desde la plaza se puede subir hasta el fuerte de Santa Ana (entrada: 10 Kn), construido en el s. XVI para proteger la zona de la amenaza turca. Desde él hay buenas vistas sobre el entorno. Asimismo vale la pena pasear por los bonitos callejones medievales de Šibenik y pasar por delante de la iglesia de San Iván. Por último citar que a escasos kilómetros de la ciudad se encuentra una de las entradas al Parque nacional Krka, según parece similar al de los Lagos de Plitvice.
TROGIR es una diminuta población en la costa adriática de Dalmacia, a sólo 28 km de Split. El centro de la ciudad se encuentra sobre una pequeña isla (de aproximadamente 1 km²) situada en mitad del estrecho canal que separa el continente de la isla de Ciovo.
Ciudad histórica de Trogir (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997). Para lo pequeña que es, su densidad de edificios de interés histórico y cultural es apabullante (palacios, iglesias, torres, ...), seguramente gracias a sus más de 2.300 años de historia, con una mezcla de influencias griegas, romanas y venecianas.
Trogir conserva intactos casi todos los edificios que se construyeron durante su época de esplendor, entre los siglos XII y XV, por lo que no sorprende que sea el complejo románico-gótico mejor conservado no solo del Adriático sino de toda la Europa central.
El centro medieval de la ciudad de Trogir, amurallado, cuenta con cerca de 10 iglesias y toda una serie de palacios de estilos románico, gótico, renacentista y barroco. Entre los numerosos edificios destaca la iglesia de San Lorenzo, cuya entrada oeste es una obra maestra de Radovan, y la más destacada obra del estilo románico-gótico en Croacia.
Junto a la catedral está el precioso palacio de Cipico, del s. XIV, hoy ocupado por una oficina de turismo privada. Otros puntos de interés son la Puerta de la Ciudad y las murallas; la fortaleza de Kamerlengo, o el palacio ducal.
Trogir es un lugar de visita obligada y muy agradable y tranquilo para pasear (al menos cuando nosotros lo visitamos, con pocos visitantes). Si se llega a Trogir en coche lo mejor es dejarlo en el lado del continente y cruzar a la isla por el pequeño puente peatonal que hay junto a la estación de autobuses. Es difícil encontrar un aparcamiento que no sea de pago, pero con perseverancia es posible.
KASTELA es el nombre de la zona de la costa croata situada entre la isla de Ciovo y la península de Marijan por un lado y las montañas Kozjak y el mar Adriático por otro. A partir del s. VII los croatas establecieron aquí el centro de su estado y levantaron fortificaciones a lo largo de la costa para protegerse de los ataques exteriores. Con el tiempo llegaron a existir hasta 20 castillos y fortificaciones, de los que sólo quedan siete: Kastel Stafilic, Kastel Novi, Kastel Stari, Kastel Luksic, Kastel Kambelovac, Kastel Gomilica y Kastel Sucurac.
De todos los castillos nosotros visitamos sólo el de Kastel Luksic ya que la guía LP decía que era el más impresionante de todos. Los hermanos Vitturi, nobles de Trogir, construyeron este precioso castillo en 1564 para proteger a sus familias y súbditos. El lado norte del castillo, con sus dos torres y una planta baja de paredes inclinadas, unida a tierra firme por un puente movible, tiene un aspecto especialmente defensivo. El lado sur, en cambio, tiene un balcón y una salida de emergencia hacia el mar. El palacio cuenta también con un amplio patio. Este castillo también es conocido como Dobrila.
SPLIT es la principal ciudad de Dalmacia y la más importante del Adriático, además de la segunda en población del país, tras Zagreb. Es un importante centro cultural y turístico, así como económico e industrial. La mayoría de los puntos de interés históricos y culturales de Split se encuentran entre las murallas del palacio de Diocleciano. Pero además hay numerosos museos, el Teatro Nacional, viejas iglesias y otros sitios arqueológicos en la región que hacen de Split una importante atracción cultural.
Complejo histórico de Split con el Palacio de Diocleciano (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979). La ciudad de Split creció alrededor del palacio que construyó a finales del s. III el emperador romano Diocleciano como lugar de descanso y retiro (este emperador había nacido cerca de allí en el año 245 dC). A principios del siglo VII, después de que la cercana ciudad romana de Salona (hoy Solin) fuera saqueada por nómadas de Asia central, los refugiados convirtieron el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo de Diocleciano en la catedral de la ciudad. En el s. XV la ciudad se extendió más allá de las murallas.
Para visitar el conjunto nosotros seguimos el circuito a pie (aprox. 1 km) que propone la guía Lonely Planet. Este se inicia a los pies de la enorme estatua de Gregorio de Nin, uno de los iconos de Split. Visitamos los cercanos restos de la capilla de Arnir y tras entrar por la puerta norte al recinto del palacio vemos el precioso palacio Papalic desde su patio interior. En el corazón del antiguo palacio de Diocleciano se encuentra el impresionante peristilo, la entrada ceremonial a las estancias imperiales (vale la pena verlo también iluminado por la noche). Aquí está la Catedral de San Domnius, antiguo mausoleo de Diocleciano, donde destaca el campanario románico-gótico (subir a lo alto del campanario cuesta 10 Kn) y sus monumentales puertas de madera con imágenes de la vida de Cristo. Cerca del Peristilo encontramos el interesante templo de Júpiter (para verlo tuvimos que colarnos con un grupo organizado ya que al parecer está cerrado con llave y son los guías turísticos los que saben donde ir a buscar la llave). Volvemos al peristilo y entramos en el vestíbulo, la parte mejor conservada del recinto. Al final se encuentra la entrada a las salas subterráneas, las cuales están vacías y no valen los 30 Kn que se cobra de entrada (la mitad con carnet ISIC). Lo cierto es que, en conjunto, este palacio-ciudad es bastante impresionante y está bastante bien conservado.
Además de visitar los puntos anteriores vale la pena pasear sin rumbo por los bonitos callejones de la ciudad medieval de los s. XIII y XIV que hay en el interior de la ciudad amurallada y llegar hasta la plaza donde está el Ayuntamiento del s. XV, junto a la salida oeste. Si tenéis más tiempo y ganas Split tiene varios museos, entre ellos la Galería Ivan Meštrovic dedicada al escultor yugoslavo y que se encuentra en la bonita villa que era de su propiedad.
Salimos de Split por la ya famosa Ruta 8 porque preferimos ir por la costa. A ratos el paisaje es realmente espectacular y al llegar a la llamada Riviera de Makarska la carretera va colgada a bastante altura, ya que la ladera del monte Biokovo llega hasta la misma playa. Desde la carretera vemos perfectamente la enorme isla de Brac, separada del continente por un estrecho canal, y sus canteras de la archifamosa piedra blanca de Brac. Pasado Gradac la carretera vira hacia el interior y pasamos junto a los lagos Bacinska (hay un mirador elevado junto a la carretera desde el que hay una vista espectacular sobre los lagos).
Antes de llegar a Ploce encontramos cortada la carretera que llevamos y nos obligan a tomar una carretera secundaria aún más interior que transcurre sobre la frontera con Bosnia hasta llegar a Metkovich. Esto nos da la oportunidad de pasar por paisajes muy rurales y pequeños pueblos mucho más modestos que los que vemos en la costa. Tras cruzar el río Neretva y llegar a Opuzen empalmamos de nuevo con la Ruta 8 / E65 y pocos kilómetros después ya volvemos a circular junto al mar. Y unos kilómetros más allá entramos brevemente en territorio de Bosnia y Herzegovina. Es una estrecha franja de sólo 10 km que corresponde a la única parte de territorio bosnio con salida al mar. Aparte de la señal de bienvenida al país y un garito croata a la entrada y salida nada nos hace pensar que hemos cambiado de país, ya que ni tan sólo nos hacen parar. En este corto trayecto pasamos por la única población costera de Bosnia, también bastante turística.
De nuevo en territorio croata la carretera continúa bordeando la costa. A la entrada de Dubrovnik pasamos por un nuevo y espectacular puente que evita rodear un entrante del mar. Pasamos de largo Dubrovnik (la carretera va elevada sobre la ciudad, por la montaña que hay detrás) y continuando unos 18 km más hacia el sur llegamos a nuestro destino, la pequeña población de Cavtat.
En los apartamentos Stijepo Miljanic (Put Tihe, 22a - Cavtat; tel. +385 20 478 797) pagamos 230 Kn. La habitación es algo espartana, pero no está mal por el precio. Se pueden encontrar otros alojamientos, incluso privados, a través de la oficina de turismo o un par de agencias que hay a la entrada del núcleo urbano (una de ellas es la agencia Atlas). Nosotros escogimos pernoctar en este pueblecito con excusa de visitarlo y también porque al día siguiente teníamos previsto continuar viaje hacia Montenegro.
Para comer en Cavtat una posibilidad es el restaurante del bonito hotel Dalmacija (Trumbicev put 9 - Cavtat). El sitio está bien y es agradable, aunque es algo caro. Para algo más informal: Ancora (A. Starcevica, 22 - Cavtat), con conexión a Internet. Para desayunar en Cavtat nada mejor y más económico que la panadería/pastelería Pekarnica - Bakery Peco 2 que hay enfrente de Correos.
CAVTAT es un pequeño y precioso pueblo, unos 18 km al sur de Dubrovnik, que fue una colonia griega conocida como Epidaurum y formó parte de la República de Ragusa en 1426. Actualmente es un centro turístico y cultural, así como la capital de Konavle, la región más meridional de Croacia.
Además de sus playas y de su bonito paseo junto al puerto, en el compacto núcleo urbano de Cavtat podemos encontrar restos de construcciones de la Antigüedad, palacios y residencias de verano renacentistas. También se puede visitar la casa del conocido pintor Vlaho Bukovac, con una colección de sus cuadros y obras. Dada su cercanía con Dubrovnik, Cavtat puede ser una buena alternativa como campo base para visitar la zona, especialmente para quien busque tranquilidad y una forma de vida más tradicional. En las fechas de nuestra estancia en Cavtat, como en el resto de poblaciones costeras, al ser fuera de temporada todo estaba muy apagado, pero a cambio tuvimos una tranquilidad absoluta. Viajeros en busca de marcha y mogollón absteneos de ir a Croacia fuera del verano!!.
MONTENEGRO. Aprovechando la proximidad de la frontera montenegrina, a sólo 28 km, nos apetecía realizar una excursión de un día entero a esta jovencísima república europea, independiente desde 2006, para visitar Kotor y Cetinje, dos de sus más importantes puntos de interés desde el punto de vista histórico y paisajístico. A continuación detallamos algunos aspectos de esta escapada a Montenegro con inicio en Cavtat y final en Dubrovnik, ambas ciudades croatas.
La bahía de Kotor (Boka Kotorska) es mencionada con frecuencia como el fiordo más meridional de Europa, pero en realidad se trata de un cañón fluvial sumergido. El conjunto de la bahía y las paredes calizas de Orjen y Lovcen colgando sobre ella forma uno de los paisajes mediterráneos más extraordinarios que podemos encontrar.
Salimos de Cavtat con el coche a primera hora de la mañana y tomamos la Ruta 8 / E65. Pasamos por Cilipi, pueblecito pegado al aeropuerto de Dubrovnik, y vamos cruzando la región de Konavle, famosa también por sus viñas y vinos. Dejamos atrás la población de Grude y pocos kilómetros después encontramos la aduana croata de la frontera con Montenegro que pasamos casi sin detenernos. En la aduana montenegrina, separada 2 km de la anterior, nos piden el pasaporte y la documentación del coche. Nos estampan un sello en el pasaporte y... ya estamos en Montenegro! (en total no hemos estado ni 5 minutos entre las dos aduanas).
Cuando llevamos recorridos pocos kilómetros de este país ya notamos que se trata de un país más sucio y caótico que Croacia. En cuanto al tráfico es curioso constatar que es un país de contrastes: igual nos adelanta un suicida al volante en un lugar imposible como hemos de frenar en seco al encontrarnos con otro conductor que no pasa de 40 km/h en una recta. Eso sí, el paisaje es fantástico y llegamos a ver alguna montaña con nieve aún en la cima. Siguiendo por la E65 llegamos a Herceg Novi, la primera población montenegrina que encontramos, situada a la entrada de la preciosa bahía de Kotor (allí dicen que es una de las más bonitas del mundo y lo cierto es que es muy muy bonita) y a los pies del monte Orjen, de 1.892 metros de altura.
A partir de este punto la carretera va bordeando esta extraordinaria bahía.
Entre los múltiples lugares donde parar para disfrutar de las vistas y hacer unas cuantas fotos destacamos un mirador que hay pasado Bijela, pues desde él tendremos una fantástica vista de las poblaciones de Risan y Perast al otro lado de la bahía y de las dos pequeñas islas que hay enfrente de esta última. Im-pre-sio-nan-te!!.
Siguiendo la misma carretera pasamos por Risan primero y la muy interesante Perast poco después. Desde Perast vemos de cerca las dos islas que hay a poca distancia de su costa: la isla de San Jorge (Sveti Ðorde, destacable su monasterio de igual nombre) y la artificial isla Nuestra Señora de la Roca (Gospa od Škrpijela, sólo hay una iglesia del s. XVII).
Continuamos bordeando la bahía y 13 km después de Perast llegamos a la ciudad histórica de Kotor. En total han sido 75 km desde Cavtat.
Kotor es una población costera montenegrina situada en la parte más recóndita de la bahía de Kotor. En 1979 la ciudad de Kotor y el entorno natural de la bahía fueron declarados Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La ciudad vieja de Kotor tiene una trama urbana típica de la Edad Media, construida entre los siglos XII y XIV, cuando este puerto mediterráneo rivalizaba en comercio con las repúblicas de Ragusa y Venecia. Después, durante casi 4 siglos estuvo bajo la dominación veneciana, la cual proporcionó a la ciudad el estilo barroco veneciano que podemos ver hoy día en muchos de sus edificios. A lo largo de la historia ha sufrido varios terremotos que destruyeron una parte significativa de la ciudad, el último en 1979.
Es un importante y merecido polo de atracción turística, tanto por la belleza de la bahía como por la propia ciudad, uno de los conjuntos medievales mejor conservados del Adriático. Y la vieja muralla que rodea la ciudad tiene una longitud total de 4.5 km ya que se encarama por la empinada ladera que hay tras la ciudad. La ciudad medieval es muy compacta y muy muy bonita, con una estructura asimétrica de plazas y estrechas calles. Junto a la entrada principal a la ciudad vieja (puerta oeste) hay un pequeño chiringuito de información turística donde se puede conseguir un útil mapa. Una vez dentro de la ciudad hay multitud de edificios de interés. El más representativo es la Catedral de San Tryphon (Sveti Tripun), del s. XII y es el icono de la ciudad y también el monumento más representativo de la arquitectura romana en el Adriático. Otras interesantes iglesias son la iglesia de San Lucas (Sveti Luka) del s. XIII, la iglesia de Santa Ana (Sveta Ana) del s. XII, la iglesia de Santa María (Sveta Marija) del s. XIII o la iglesia ortodoxa de San Nicolás del s. XX y con bonitos y valioso iconos en su interior. Otros sitios de interés son el palacio Drago, con ventanas góticas del s. XV; el palacio Bizanti, del s. XVII; el palacio Pima, del s. XVI; la torre del reloj, del s. XVI; o el Teatro de Napoleón, del s. XIX.
Por último, pero no menos importante, recomendamos enormemente subir por un camino que se encarama a la montaña hasta llegar a las fortificaciones de la muralla en la cima. Las vistas sobre la ciudad vieja, la bahía y las montañas circundantes son realmente extraordinarias y compensa sobradamente el gran esfuerzo que supone. Si nos falta tiempo o aliento para llegar hasta arriba, donde está el castillo de San Juan, hay que subir al menos hasta donde está la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, más o menos a medio camino. Para encontrar el camino de subida hay que buscar el palacio Grubonja y una calle lateral conduce a él. Para salir de la ciudad vieja recomendamos hacerlo por la bonita puerta Gurdic (puerta sur).
Impactados aún por la visita a la ciudad de Kotor reprendemos la marcha con el coche con destino a Budva. Para ir de Kotor a Budva se puede tomar la vieja carretera que bordea la bahía por el otro lado y pasa por Tivat o bien tomar la nueva autovía que va por el largo túnel Vrmac, financiado por la UE. Esta segunda alternativa, de 20 km, es más rápida, aunque mucho menos escénica que la primera. La ciudad de Budva está considerada uno de los asentamientos más antiguos de los Balcanes. La ciudad vieja de Budva, situada en un promontorio sobre el mar, posee varias iglesias de distintas épocas y una fortificación medieval del s. XV.
Tras una breve parada en Budva continuamos viaje y tomamos la carretera en dirección a Cetinje, a 30 km de distancia. Esta carretera asciende rápidamente por la montaña y proporciona unas estupendas vistas sobre Budva y su costa. Vale la pena detenerse en algún mirador para contemplar el paisaje. Cuando la carretera llega al punto más alto de la montaña vira hacia el interior y pasa por unos bonitos paisajes. Como curiosidad, en los últimos kilómetros antes de llegar a Cetinje, a ambos lados de la carretera hay bastantes negocios de venta de coches: en el exterior hay cientos de coches con el capó abierto como reclamo.
Cetinje es la capital honorífica de Montenegro (la capital oficial es Podgorica) y residencia oficial del presidente montenegrino. Está situada en un pequeño valle cárstico rodeada de montañas de piedra caliza, entre las que se encuentran el monte Lovcen y la montaña Negra de la cual toma el nombre el país. Cetinje fue fundada en el s. XV y a lo largo de los siglos siguientes sufrió varios altibajos, hasta que en el año 1878 fue reconocida la independencia de Montenegro y Cetinje llegó a ser la capital del nuevo estado europeo. A partir de ese momento se construyeron numerosos edificios singulares destinados a embajadas. En 1910 Montenegro pasó a ser un reino (en ese momento Cetinje era la capital de estado del mundo menos poblada, con 5.895 habitantes). El periodo entre 1878 y 1914 fue el mejor para esta ciudad, pero en los años entre las dos guerras mundiales la capitalidad se trasladó a Podgorica y Cetinje entró en crisis, estando durante décadas abandonada a su suerte, desaprovechando el enorme potencial cultural y turístico que atesora la ciudad.
La verdad es que andando por las calles de Cetinje da un poco la sensación, al menos esa fue nuestra experiencia, de estar en un pequeño pueblo por su tranquilidad y poca actividad. Y realmente creemos que está muy poco aprovechada desde el punto de vista turístico, porque se trata de un atractivo e interesante lugar desde el punto de vista histórico, cultural y espiritual y, en cambio, se ve todo un poco abandonado. Es una verdadera pena, aunque suponemos que con el tiempo se le hará justicia. Entre sus lugares de interés destacamos el Monasterio de Cetinje, la iglesia de Vlaška (del s. XV) o el Palacio y Museo de Blijarda (fue el antiguo Senado). Los numerosos museos que hay en la ciudad, así como la gran cantidad de objetos que atesoran le han proporcionado una merecida reputación como ciudad museística. La biblioteca del monasterio de Cetinje es la más antigua de Montenegro, ya que fue fundada a finales del s. XV. Por último, citar la cantidad de preciosos edificios que en su día fueron embajadas extranjeras o edificios oficiales, entre los que destacamos las antiguas embajadas de Francia, Rusia, Bulgaria (ahora es un bar), o Italia, o también la antigua mansión del Príncipe (restaurada recientemente con fondos noruegos) o el edificio del antiguo Banco Central.
El día se nos ha pasado muy rápido y debemos ir pensando en volver hacia Dubrovnik. En vez de volver a Kotor vía Budva tomamos una carretera antigua que va directamente a Kotor. En su día era la única conexión de Cetinje con la costa. Se trata de un trayecto super-super-recomendable, aunque debemos decir que no es apto para personas miedicas, con vértigo o poco dadas a la aventura, ya que la carretera es muy estrecha, con muchísimas curvas, con paredes de roca que se derrumban sobre algún tramo y, sobre todo, con despeñaderos de cientos de metros al lado de la carretera y sin quitamiedos que ofrezcan algo de protección. Aunque, por suerte, esta carretera parece tener muy poco tráfico.
Para los que se aventuren el premio es un paisaje precioso y unas vistas sobre la bahía de Kotor que quitan el aliento, siendo algunas tan extraordinarias que parecen irreales. Además esta carretera pasa por el pueblecito rural de Njegusi, el lugar donde nació el gran escritor y gobernante montenegrino Petar II Petrovic Njegos.
Al salir de Cetinje esta carretera asciende rápidamente por una montaña hasta una altura considerable. Nosotros encontramos bastante nieve en este trayecto, aunque por suerte la carretera estaba limpia. Al llegar arriba se inicia el descenso y comienzan las vistas sobre la bahía y la ciudad de Tivat desde una altura considerable. A partir de cierto punto contamos 28 curvas en forma de "U", con giros de 180º, que permiten que la carretera salve el desnivel pegada a la ladera de la montaña. Increíble. Finalmente esta carretera desemboca en un punto a 1 km de Kotor. En total han sido 46 km de cierto sufrimiento desde Cetinje a Kotor, pero que han valido mucho la pena ...y no es por masoquismo!!. Desde aquí vamos hacia la frontera croata vía Herceg Novi, bordeando de nuevo la bahía, y de ahí a Dubrovnik, nuestro destino final.
Esta vez llegamos a Dubrovnik directamente desde Kotor (Montenegro), a una distancia de 93 km por la Ruta E65 que bordea el fiordo. Simplemente comentar que en el lado croata del paso fronterizo de Montenegro a Croacia los funcionarios se entretienen de forma especial con los vehículos montenegrinos (?), lo cual causa grandes colas y puede suponer un buen rato de espera para cruzar de nuevo a Croacia (a nosotros pasar la frontera nos supuso un total de 1,5 horas). Por lo demás decir que la carretera en el lado croata está en mejor estado y mejor señalizada.
Hotel Dubrovnik (Setaliste Kralja Zvonimira, en la zona de Lapad, a 2,5 km de la ciudad vieja; tel. +385 20 435 033). Se trata de un hotel de 3* donde pagamos 50 € por una estupenda habitación doble con baño privado, TV, A/A y desayuno incluido, de tipo buffet. Debemos aclarar que encontramos este hotel sobre la marcha, ya que llegamos tarde a Dubrovnik y a esa hora era imposible encontrar alojamiento privado. Si se desea una alternativa más céntrica, aunque no más barata, están los apartamentos Kneževic (Put Srda, 38 - Dubrovnik; tel. +385 20 412 521), de los cuales tenemos buenas referencias, aunque no podemos opinar de ellos en primera persona.
Restaurant Maritima (Iva Vojnovika, 58, en la zona de Lapad). Cenamos muy bien, en un agradable lugar. Restaurante Kamenice (Gunduliceva Poljana 8, en la ciudad vieja): probar los musule na buzaru, los músculos típicos de la zona y el postre Dubrovacka rozata, curiosamente traducido como crema catalana en la carta en español; está bien. Pizzeria Scala (Mata Vodopica, 3 - Dubrovnik, a 350 metros del hotel y junto a un centro comercial), muy bien de precio y comida más que correcta. Restaurante Jadran, en un lugar muy bonito pero caro y con un servicio nefasto: no lo recomendamos. La cafetería Gradska Kavana es algo cara, pero muy bien situada para quedarse a ver la gente pasar por la calle principal de la ciudad vieja.
DUBROVNIK, conocida hoy con el sobrenombre turístico la Perla del Adriático, es una ciudad costera situada al sur del país y uno de los destinos turísticos más importantes del Adriático. Fue fundada hace 1.300 años y su nombre oficial hasta 1909 fue Ragusa, llegando a formar una república independiente durante siglos.
Junto a la Puerta de Pile se encuentra la Oficina de Turismo de la ciudad, donde se puede conseguir un valioso mapa e información útil (también tiene conexión a Internet por 25 Kn/h). Desde lo alto de la calle Frana Supila se puede ver la típica vista de Dubrovnik, con las murallas y el puerto viejo en primer plano. Citar también que si se toma un autobús urbano es mejor comprar el billete en un quiosco, ya que cuesta 8 Kn frente a las 10 kn que vale si se compra directamente en el autobús.
Ciudad vieja de Dubrovnik (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979). Esta es el gran atractivo de la ciudad de Dubrovnik, con sus plazas pavimentadas de mármol, sus empinados callejuelas, y sus conventos, iglesias, palacios, fuentes y museos, todo construido de piedra del mismo color, y situada al pie del monte Srdj que cae a pico sobre la ciudad y el mar. A pesar de los importantes bombardeos sufridos durante la guerra en el año 1991 (uno de cada tres edificios resultaron afectados), la ciudad ha sido casi totalmente reconstruida, especialmente los tejados, y conserva sus murallas intactas. En la entrada norte a la ciudad amurallada, la Puerta Buža, hay un panel donde se indican sobre un mapa todos los daños sufridos en los edificios.
La ciudad vieja es bastante compacta y se puede recorrer fácilmente a pie, con el valor añadido de que mayormente es peatonal. Para no perderse ningún rincón de la ciudad vieja recomendamos el circuito a pie que propone la oficina de turismo de la ciudad. Este empieza en Pile, una placeta donde se encuentra la propia oficina de turismo. Ante ella pasa la calle Brsalje, una especie de paseo marítimo construido en el s. XIX con algún bonito edificio. Desde aquí, y antes de entrar en la zona amurallada, podemos visitar el fuerte Lovrjenac, situado sobre un acantilado a 37 m. de altura sobre el mar. Cruzamos la muralla por la Puerta de Pile, en el lado oeste, y encontramos ante nosotros la simple pero atractiva calle principal Placa o Stradun. Y a nuestra derecha la Fuente de Onofrio, una gran fuente de base poligonal y con 16 máscaras esculpidas que sirve de lugar de descanso y de reunión. Detrás de la fuente está el Convento de Sta. Clara y enfrente la pequeña iglesia de San Saviour, una de las más bonitas de Dubrovnik. Junto a esta iglesia tenemos el Monasterio franciscano, el cual alberga una farmacia fundada en 1317 (una de las más antiguas de Europa). A mitad de la calle Old Sigurate, a la izquierda pasado el monasterio, está la iglesia y convento de Nuestra Señora de Sigurata, del s. XIII. Continuando por la calle Prijeko y subiendo por escalinatas se llega a la Puerta Buža, abierta en las murallas en 1907. En la calle Žudioska, al final de Prijeko, está la Sinagoga, donde vivían los judíos en tiempos de la República de Ragusa. Y muy cerca de aquí la iglesia de San Nicola y el Monasterio Dominico. En el extremo este está la Puerta Ploce, del s. XV, y junto a ella el fuerte Revelin, construido fuera de las murallas.
Yendo hacia el sur llegamos al extremo este de Placa, donde se encuentra la Torre de la Campana, construida en el s. XV y con sus dos famosas figuras de bronce (llamadas Zelenci) que golpean la campana con su martillo cada hora. Y junto a la torre el precioso Palacio Sponza, construido en el s. XVI en estilo gótico-renacentista. Al otro lado de la torre está el edificio City Guard, que fue residencia del almirante desde el s. XV, e incrustada en su fachada barroca tenemos la Pequeña Fuente de Onofrio. Junto a él un palacio reconstruido en el s. XIX y que ahora alberga una cafetería, un teatro y un centro administrativo. En la plaza ante la Torre de la Campana encontramos la Columna de Orlando, con la estatua de un caballero medieval con armadura. Y junto a ella la iglesia de St. Blaise, románica y dedicada al santo patrón de la ciudad. Y unos metros más al sur está el Palacio del Rector, del s. XV y uno de los monumentos no religiosos más significativos en la costa croata y que fue el centro administrativo en tiempos de la República de Ragusa. La Catedral de la Asunción es del s. XVIII y estilo barroco, con valiosas pinturas y objetos de valor en su interior. El Puerto Viejo es una de las partes más viejas de la ciudad y su aspecto actual data del s. XV. El complejo de los Lazarettos está formado por 8 edificios y en el s. XVII llegó a ser el centro de tránsito de mercancías más grande del Adriático. Andando desde el puerto por la calle Damjan Juda se llega a Pustjerna, la zona más antigua de la ciudad, donde hay alguna iglesia y bonitos palacios. A través de la plaza Bunic, situada tras la Catedral, llegamos a la plaza Gunduliceva, donde todas las mañanas hay un colorido mercado de frutas y verduras. Desde esta plaza, subiendo por una escalinata barroca del s. XVIII, se llega a la iglesia jesuita de San Ignacio, con una bonita fachada e interior. El edificio adyacente es el famoso Collegium Ragusinum, construido también por los jesuitas en el s. XVII. Y en la calle Za Rokom encontramos la bonita iglesia de San Roque, del s. XVI.
Las murallas de Dubrovnik, con un perímetro total de 1,9 km y una altura de hasta 22 metros, fueron construidas en su mayor parte entre los siglos XV y XVI, y se conservan intactas, así como sus 16 torres, 2 fortificaciones y 4 bastiones. En algunos puntos tienen un grosor de 6 metros. Es posible recorrer todo el perímetro de la muralla por su parte superior. La entrada vale 50 Kn, cara, pero vale mucho la pena. Desde lo alto de las murallas la vista sobre la ciudad vieja y los alrededores de Dubrovnik son extraordinarias y únicas, por lo que esta visita es muy recomendable a pesar del alto precio. Hay tres entradas: junto a la Puerta de Pile, a través del fuerte de San Juan y en la Puerta de la Casa de Aduanas. Se cierra el acceso a las 17:30.
Por último, citar que desde Dubrovnik, si aún nos queda tiempo, podemos realizar excursiones en ferry a islas cercanas, como la isla de Lokrum, con una playa nudista que fue de las primeras en Croacia, o también la isla de Mljet, con un parque natural de gran belleza paisajística.
Para ir al aeropuerto de Dubrovnik desde la ciudad tomamos el cómodo autobús nº 6 que tiene su origen en la estación principal de autobuses de Lopad, pero que también se detiene en una parada de la calle Petra Kresimira IV, unos 150 m. al norte de la puerta norte de la ciudad vieja. Esta es la parada más conveniente si estamos en la ciudad vieja. Este aerobús parte de su punto origen unos 90 minutos antes de cada vuelo. El trayecto de 24 km hasta el aeropuerto se hace en algo menos de 25 minutos y cuesta 35 Kn.
Y finalizamos el viaje con un vuelo directo de la compañía Clickair que en 2 horas nos lleva desde la capital de la Dalmacia meridional hasta Barcelona. Fin de un viaje, como no, muy muy recomendable.
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