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azerbaiyan

AZERBAIYÁN

- Relato de un viaje de 14 días a Azerbaiyán

(2009)
Marianne y Arantza
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Viatgeaddictes, 02/05/2012
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Día 6

Nos vamos a Sheki. Como ayer no encontramos el autovazgali decidimos coger un taxi. Nos cobra 8 AZN (7,1 €). Cuando llegamos el taxista nos da una larga explicación y ante nuestra cara de paraguas nos hace señas de que bajemos. Quita el indicativo de taxi de su vehículo, coge nuestras maletas y nos dice que le sigamos. Nos lleva directamente al andén, localiza al voceador de Sheki y mientras nos ayuda a meter las maletas nos hace señas de que el billete cuesta 7 AZN (6,25 €) y que de ninguna manera paguemos 10. A lo que parece no está muy seguro de nosotras, habla directamente con el conductor, nos indica 14 con los dedos, ok!. Sube al autobús y nos señala dos asientos. Una vez que nos ha dejado perfectamente instaladas, nos cobra, saluda y me echa la bronca porque me he levantado e intentado salir del autobús. Nosotras quietecitas hasta llegar.

Sheki está al noroeste de Bakú y nos llevamos un susto morrocotudo cuando siguiendo el camino en el mapa nos damos cuenta de que vamos al sur. Escudriñamos todas las ciudades del sur buscando alguna de nombre parecido. Ninguna. ¿Adónde vamos?. Aunque preocupadas, nos quedamos dormidas. Al despertar ya nos hemos desviado al oeste, ahora sólo falta que empiece a remontar al norte. Con toda esta vuelta tardaremos 7 horas en recorrer 320 km. Por el camino veremos una bonita fuente alicatada de teselas, recuerdo de Moscú-84, con su osito Misha y todo.

Sheki es una ciudad de un plano un tanto difícil, ya que es una larga cuesta de la que salen calles horizontales en las zonas más llana que a su vez empalman con otras calles verticales pero no se forma una cuadricula. Pero es pequeña y fácil de memorizar. Tiene el único autovazgali con horarios.

Nos alojamos en el Karavanserai, en la parte alta de la ciudad. Como el nombre indica es un antiguo caravasar y el lugar donde nos alojamos todos los turistas. El patio y la entrada son espectaculares y las habitaciones largas, estrechas, cuidadas y con colchones de muelles... Su precio varía entre 20 AZN (17,85 €) y 85 AZN (75,89 €) sin desayuno. La primera colación varía entre los 4 AZN y los 9 AZN. El minibús 11 para justo en la puerta. Se puede coger saliendo del autovazgali, en la primera bocacalle de la derecha mirando la cuesta arriba. En la plaza del pueblo tenéis un hotel para hombres de negocios que cuesta 110 AZN (100 €) y un agroturismo en las afueras. En el 2009 estaban muy adelantadas las obras de un hotel tipo monstruito justo delante del Karavanserai.

Pasamos el resto de la tarde callejeando en la parte amurallada.

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Día 7

Palacio de Sheki
Palacio de Sheki

En el palacio del Khan Hussein Aleyhan, rey de Sheki, nos dejan elegir: o nos descalzamos o nos ponemos zuecos de fieltro sobre las sandalias. Es un palacio del siglo XVIII, copia de los palacios persas del siglo anterior. Fue renovado en 1950. Después visitamos el antiguo cuartel ruso, convertido en museo etnohistórico de la ciudad. La entrada da derecho a guía y las mujeres que lo llevan se toman tan en serio su trabajo que nos acompañan todo el recorrido señalándonos las piezas más interesantes y haciendo toda suerte de teatrillos para explicarnos su uso. Marianne sale encantada de la sala de hombres ilustres porque la mayoría de los hombres ilustres de Sheki son... mujeres. Enfrente hay una antigua iglesia circular a la que los rusos en el siglo XIX le añadieron unas construcciones cuadradas para darle forma de cruz y que también está convertida en museo y al lado la oficina de turismo. Estos están mejor informados y también son muy amables y serviciales.

En el Jeny Bazaar (mercado nuevo) cogemos el minibús a Kish para visitar la albanese kilsa. Llaman periodo albanes a la Alta Edad Media. Nunca conseguimos averiguar el porqué. En el minibús coincidimos con tres surcoreanos. Enfrente de la iglesia hay un busto de Thor Heyerdal. Es una iglesia paleocristiana, reconstruida a modo de ejemplo, de una sola nave, mini transepto, un solo ábside y cúpula sobre el crucero. El patio que la rodea fue cementerio y para demostrarlo hay varias tumbas excavadas y cubiertas con cristal. Se ven los esqueletos. Se cree que hubo un templo pagano anterior en el lugar porque bajo el altar se han encontrado restos de un chivo enterrado en una vasija como los humanos. Dicen que tiene que ver con la fertilidad. En el regreso nos encontramos con un coche que se ha salido de la carretera. Nuestro chofer y un “páter familias” que nos acompañan saltan a ayudar. Enganchan los dos vehículos y lo remolcamos hasta dejarlo en la carretera. El “páter familias”, cuando vuelve, lleva la blanca camisa tan absolutamente impoluta como cuando ha bajado. Ganas me dan de preguntarle a la legítima con qué lava las camisas. Realmente es un blanco que ya quisieran lograr los publicistas occidentales.

Son las tres de la tarde y ya no hay minibús a Dizelyit. Un taxista nos pide 15 AZN (13,3 €) por llevarnos. Cuando decimos albanese kilsa nos explica que esta en Kish. Que no, que en Dizelyit hay otra!!. Se encoge de hombros y partimos. A la entrada de Dizelyit encontramos un paisano que se sube al coche y nos lleva hasta las ruinas. Un cartel dice que es una iglesia y que es del siglo XI, pero podría ser perfectamente un caserío abandonado de los años 50. Nosotras creíamos que acercábamos al paisano a su destino a cambio de mostrarnos el camino pero no, lo dejamos donde lo hemos recogido. Se ve que el hombre estaba aburrido y así por lo menos pasa la tarde, además del orgullo de ver como los turistas se interesan por las reliquias del lugar. En ningún momento hizo el menor gesto de esperar propinilla alguna. Amabilidad natural.

Vamos a cenar al restaurante Qaqarin, así llamado en honor al astronauta. Al saber que somos españolas el camarero nos comenta que su hermano ha aprendido español con un libro y siguiendo la Liga y sin pensárselo dos veces le llama por el móvil (para una vez que tiene oportunidad de practicar español no es cuestión de dejarla pasar por remilgos “protocolarios”). Nos pasa el teléfono y el hermano nos pide permiso para venir dejando la boda en la que está. Nos contará que es un culé convencido y que el gran sueño de su vida es asistir a un partido en el Camp Nou, a poder ser contra el Madrí (sic), pero con un partido cualquiera se conforma.

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Día 8

Nos levantamos a las 5:45 con la intención de ir a Gabala. A estas horas no hay minibús. Llegamos al autovazgali a las 6:53, pero el minibús ha salido a las 6:50. A las 9 hay un uno a Barda que sale en cuanto se llena, a las 8:50. En Barda nos dejan enfrente del bazar. Me parece que la última vez que vieron un extranjero aquí fueron los persas de Artajerjes. Es la ciudad más cercana a la frontera del Nagorno Karabaj (15 km), pero aquí no hay ningún ambiente bélico ni posbélico.

Antes de entrar en la Imanzade del cheik Ibrahim Mascidi nos colocamos todo nuestros aditamentos textiles, lo que de nuevo nos vale los plácemes del venerable mullah del lugar. Nos pregunta por muestra religión y al saber que somos católicas nos dice muy serio: “Isso non son Allah” y se embarca en una muy seria explicación en azerí acompañada por muchos soplidos (suponemos que está hablando de la concepción virginal del profeta Isso, pero para lo que entendemos lo mismo nos explica la formación de los huracanes tropicales o que el venerable efendi es del planeta Raticulín). ¿Me lo parece o me está poniendo ojitos?. Nos invita a unos refrescos de naranja después de una tournée por las tumbas (según él) más interesantes del cementerio que rodea a la Imanzade. Nos vuelve a iterar los plácemes por nuestra pudititia, no como las chicas de ahora, etc. “Bueno ¿y estáis casadas?”. Suponiendo que romperemos nuestra idílica imagen si confesamos que nos hemos desplazado 4.452 km sin nuestros chicos nos compartamos como dos Petras y los negamos. ¡Craso error!. El mullah, incapaz de entender de que una jovenzuela (que Santa Lucía le devuelva la vista) de mis notorias virtudes esté aún sola, no se lo piensa dos veces y me propone matrimonio. Marianne está pasada de la risa: “Si como dices los dientes de oro son señal de poderío económico, por la dote no tienes que preocuparte”.

Imanzade de Ibrahim Mascidi
Imanzade de Ibrahim Mascidi

Casi que nos vamos, pero el venerable no está por la labor de perderme y nos invita a tomates rellenos, a té, nos regala ramitos de flores recogidas entre las tumbas, de hierbas aromáticas… Lo tengo sentado justo enfrente mirándome con adoración, yo no puedo mirarle porque me da la risa, pero apartar la mirada hace que su amor por mí crezca por momentos. Mirándonos se da cuenta de que en sus planes hay un pequeño problema, pero no hay problema que no se solucione con un poco de buena voluntad. “Soleyman” grita. Soleyman es el enterrador y cuidador del cementerio y el marido perfecto para Marianne. Sepan los mozos pamplonicas que tienen un admirador de su valor en los encierros en Barda (Azerbaiyán). La huida se está poniendo tan difícil que llego a pensar seriamente en destocarme. Estoy segura de que cuando vea mi pelo teñido de azul, mi camiseta ajustada y escotada y mi espalda tatuada abominará de mí y me alejará de su lado como San Antonio con la diablesa de la pezuña hendida (o como Paco Rabal con Silvia Pinal). Al fin Marianne decide sacar unas fotos con la imanzade en lejanía desde la puerta, bajo la irónica mirada de Soleyman que se ha dado cuenta de la jugada. No nos atrevemos a quitarnos los velos hasta varias calles más allá.

El mausoleo de la reina Nushabe sería precioso si estuviera bien conservado. Está en el parque de la ciudad. Es una torre cilíndrica de ladrillo rosa con incrustaciones de cerámica azul. Los azulejos reproducen el nombre de Allah en diferentes direcciones de tal forma que visto desde lejos parecen dibujos geométricos. Los otros mausoleos del mismo estilo están en Nakhxivan. Actualmente faltan muchos azulejos y por el olfato parece que los mozos del lugar lo utilizan para menesteres asaz orgánicos.

Nos es difícil encontrar un restaurante. Vemos un lugar con fotos de platos combinados en el escaparate. Nos sentamos. El camarero aparece con dos vasos y una tetera. Negamos con la cabeza y señalamos las fotos. Se va encogiéndose de hombros ante la rechifla de los otros parroquianos, pero es claro que su cachondeo no es por nosotras sino por el camarero. Aparece un cuarentón que nos hace señas de que nos levantemos y le sigamos. Una vez en la cocina comienza a destapar ollas. Elegimos verduras rellenas. Nos saca al patio-comedor, pero no nos deja sentarnos (hay hombres) y nos abre la puerta de un reservado pintado en rosa y verde. En nuestra mesa aparecen, además de las verduras, ensalada, dos cuencos de yogurt, pan y la consabida limonada de pera. Este banquete os sale por la friolera de 4,60 AZN (4 €).

Cuando llegamos al autovazgali ya ha partido el último minibús a Sheki. Pero la muskila, el voceador, nos lo arregla enseguida. Cogemos el minibús a Mingacevir y nos deja en Asgibucag, donde cogemos el de Sheki que viene de Bakú. Asgibucag es una rotonda por la que pasan casi todos los autobuses del oeste y en la que un paisano con visión comercial ha construido una Çay Evi (café bar) y también un mini market.

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Día 9

En todo viaje hay un día en el que todo sale mal. Este es nuestro dies horribilus.

Otra vez nos hemos levantado a las 5:45, pero esta vez hemos cogido un taxi hasta el autovazgali. Nos vamos a Qaj con el equipaje.

Qaj en una pequeña ciudad consistente en varias calles largas en cuesta (estamos en los aledaños del Cáucaso) unidas por cortas calles transversales y aire de prosperidad. En nuestra guía sólo se nombra un hotel, una especie de resort, que está en las afueras camino del pueblo de Ilisú; pero de todas formas buscamos por toda la villa esperando encontrar algún tipo de albergue. Ná de ná.

Cogemos un taxi para que nos lleve al resort. Huzami, nuestro taxista, no tiene muy claro donde está el sitio y nos pregunta a nosotras. La guía solo trae el número de teléfono. Partimos, pues, camino de Ilisú. Por el camino recogemos un autoestopista con la esperanza de que él, ilisunense de toda la vida, sepa dónde vamos. Tampoco tiene ni idea. Ya que pasamos por delante paramos en una fuente de aguas medicinales. El sistema de curación es opcional: se puede beber el agua o lavarse los pies en ella. Otro paisano con visión comercial tiene un pequeño doble negocio: por un lado vende bebidas menos medicinales, pero más fuertes y por otro vende garrafas de 5 litros vacías para llevar agua a casa. Nos enteramos de que el eje de la vida económica de la zona es el turismo interior que viene a “tomar las aguas” y a hacer sanísimos paseos por el monte. Entre todos los presentes repasan nuestro problema y deciden enviarnos a… (no entendemos el nombre). Cuando llegamos es un camping que está cerrado en el que, evidentemente, no nos podemos quedar a menos de que queramos dormir á la belle etoile. Nos negamos siquiera a bajar del taksina.

Seguimos hasta el pueblo de Ilisú, en medio de las montañas, bucólico y primitivo, ideal como base para hacer caminatas, pero no para visitar las albanese kilsa de los alrededores. Paramos en el primer colmado que vemos. Huzami compra una tarjeta para el móvil y llama al resort. No le cogen. Hacemos lo único que podemos hacer: seguir hacia delante. Atravesamos todo el pueblo y, por fin, llegamos al resort, con una pinta monísima con sus bungalós rosas, pero que está allá donde el diablo perdió el poncho y en el que dos chicas desmotorizadas “estamos vendidas”.

Pedimos a Huzami que nos devuelva a Qaj. En el camino de vuelta recogemos otro autoestopista al que nuestro taxista pide ayuda para resolver nuestro problema y entre los dos deciden que lo mejor es llevarnos a la residencia. Por lo gestos que hace debe ser un balneario, bien un circuito termal no nos vendrá nada mal. Retrocedemos hasta Qaj y nos vamos a otro pueblo, Gum. Al entrar en la residencia vemos en un pasillo un montón de gente en sillas de plástico como en una sala de espera de un hospital. Huzami nos dice que nos sentemos mientras él desaparece. Por nuestro lado pasa una ATS con su azul uniforme. ¡Cielos!. No es un balneario es ¡un sanatorio!. Huzami vuelve, no nos podemos quedar, no tenemos volante medico. Le preguntamos si sabe dónde están las albanese kilsa y dice que sólo hay una y que sí sabe donde está. Según nuestra guía hay por lo menos dos, pero no tenemos fuerzas para discutir. Vayamos a la kilsa y después cogemos un autobús y nos vamos. Acabamos de perder el poco crédito que teníamos, tanta historia para ver una piedroias a las que él nos podía haber llevado desde la mañanita. En fin, ahí vamos.

La albanese kilsa parece un sitio de gran devoción, hay numerosos lazos rojos por todas las ramas del alrededor. Es una iglesia de cruz latina, una sola nave, transepto y cimborio sobre el crucero. Hay un cartel que diz que es del siglo XI y que fue reconstruida en el siglo XIX. El interior pude ser del XIX y no parece que lo hayan cuidado mucho desde entonces. El exterior da la sensación de haber sido rehecho hace poco por los vecinos del lugar con más buena voluntad que sapiencia histórica y religiosa. Eso sí, tiene mucho éxito por milagrera.

El siguiente problema es que son las dos de la tarde y el último autobús ya ha salido. El último ¿a dónde? Adonde sea, ya no hay autobuses desde Qaj. ¿Ni a Gajna? No, ¿Ni a Sheki? No, ¿Ni a Shamaki?. Esperad, quizá… Nos lleva a uno estos lugares en medio de la nada y allí se queda con nosotras hasta que pasa un minibús destino Bakú y que puede dejarnos en Shamaki. Huzami nos cobra 40 AZN (35,7 €): como taksina un poco caro, pero como “ángel tutelador” ¡sin precio!.

Camino de Shamakhi nos damos cuenta de por qué el autobús hace un camino tan largo desviándose al sur: por la ruta “recta” hay que atravesar varios puertos de montaña. El chofer del minibús nos cobra 10 AZN (8.9 €) por cabeza. Sabemos que nos está cobrando el doble, pero no tenemos fuerzas para organizar una bronca.

Ya en Shamakhi nos alojamos en el hotel Savalani. Lo peor que tiene es el hermano del dueño, Hassan manos largas, que como sabe inglés se ofrece a hacer de intermediario y nos obliga a todo tipo de saltos rápidos para mantener las distancias. Podemos elegir entre dormir en la terraza (colchón y manta), habitación sin baño o una especie de apartotel con baño y además sala de masaje (en desuso), mini piscina (en desuso) y sauna (en desuso). Nos cobran 50 AZN (44,6 €) por el apartotel y la cena. Las camas son de esponja.

Como finesse de la casa nos llevan a ver el antiguo cementerio, en el que se conservan tres mausoleos poligonales con cúpulas de ladrillo. Lo más interesante son las estelas funerarias interiores, más altas de lo que suelen en el islam y policromadas con tintes vegetales. Si hemos venido hasta aquí está claro que queremos ir a Lahij y se ofrecen a organizarnos la excursión. Después de varios tiras y aflojas con nuestra capacidad de reacción mermada por la atención en escapar de Hassan “manos largas” quedamos en 70 AZN por llevarnos a Lahij y de allí hasta Bakú.

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Día 10

En todo viaje hay un día que sale mal, ¿pero dos? ¿Y seguidos? Habíamos quedado en salir a las 8:30 en dirección a Lahij, pero al acercarnos a la recepción nos encontramos con dos mozalbetes de unos 14 años que nos miran con cara de no saber qué hacer. Nos sentamos a esperar y nos sacan un té. Esperamos. Esperamos. Seguimos superando. Son las 9:15 y empezamos a creer que nos están tomando el pelo. Al ver que nos levantamos, los mozalbetes de repente sacan un móvil que no habíamos visto hasta ahora y llaman al dueño. Nos sonríen y hacen gesto de “dormido”. Ya, ¿pero viene? “No, está dormido”. Dejamos los 50 AZN sobre la mesa y nos vamos. Un taxista nos cobra 50 AZN (44,6 €) por llevarnos a Lahij. Al final del día habremos pagado 75 AZN (66,9 €) para que nos lleve hasta Bakú. Sin comentarios, afuan.

Población de Lahij
Población de Lahij

Lahij es un pueblo medieval en medio de las montañas en la que viven los descendientes de los persas refugiados de las invasiones turcomanas del siglo XIII. Aún conservan la persa como lengua doméstica. En invierno queda prácticamente aislada por las crecidas del rio y las coladas de barro. En este momento es el pueblo-descubrimiento del turismo interior. La verdad es que las casas de piedra pueden ser de cualquier época entre la edad de bronce y el siglo XIX. Todavía sigue siendo un pueblo auténtico, no se ha convertido en un decorado de opereta aunque ya se notan signos, como la çai evi que se ha convertido en tea house y varias tiendas “artesanas” de la calle mayor.

El viaje de ida es amenizado por el inevitable Balaban a volumen ensordecedor hasta que nuestro taxista señala el rio (tzay) y a partir de ahí nos dedicamos a redactar un pequeño diccionario azerí/español: tag, monte; eshek, asno; mashtak, escuela; dosh, teta…

En el viaje de vuelta paramos en un puestico a pie de carretera en el que compra alma (manzanas) para todos. A media tarde nos deja en el autovazgali de Bakú. Es el día en que nos dimos cuenta que no todos los autobuses del mismo número llevan al mismo sitio y de que Bakú es muuuuuuuuuucho más grande de lo que parece. Según el mapita que nos dieron en información en la parte vieja hay varios hoteles no caros. Después del problema con las cuentas no nos apetece volver al Cenub. Para cuándo llegamos al interior de la muralla ha oscurecido, el alumbrado público es muy escaso y no todas las calles tienen rótulos indicativos. A la segunda vez que cruzamos las oficinas de una compañía petrolera un trabajador nos ofrece su ayuda y el uso del teléfono de la oficina.

Cuando le explicamos el problema nos lleva a un hotel con encanto y nos despide a la puerta del hotel Böyükqala, donde nos cobran 80 AZN (71,4 €) por una habitación doble con aire acondicionado, colchones de muelles, baño con bañera y desayuno buffet abundante (aunque no muy variado). No es lo que nosotras consideramos un hotel no-caro, pero seguimos vencidas.

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Día 11

Después de desayunar nos vamos a visitar la casa-museo de Azim Azimzade, pintor caricaturista soviético convencido. El museo lo llevan la esposa del nieto y la biznieta del pintor, pintora ella misma. Es una casita coqueta con un bonito patio. Los cuadros son de aparente fácil factura, muy dibujisticos y colores planos en los que se burla de los tres sostenes del zarismo: mullah verde marciano, milicos bigotudos y burgueses color Homer Simpson y el nazismo. Hay unas caricaturas de Hitler francamente buenas.

Después de comer volvemos al museo histórico a repasarlo sosegadamente y a disfrutarlo. El policía de la entrada nos hace un gesto de reconocimiento. Pasamos dentro dos horas y media hasta que aparecen los alumnos de la universidad de verano de “tournée” cultural. En el museo de las Artes Aplicadas, antiguo museo Lenin, no se nos permite la entrada. Son las 17:50. Muy tarde. Hemos decidido darnos un capricho y con nuestras mejores galas nos vamos al Dalila, en el tikaret merkezi Nergiz.

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Día 12

Hoy también llueve y por eso nos hemos puesto los impermeables antes de salir del hotel. Las aceras de la plaza 28 Yanvar están convertidas en un barrizal y me cuesta llevar la maleta cuando noto que una mano la sujeta. Es un muchacho joven que me sonríe y dice “please”. Sagol. Me ayuda a subir la maleta al autobús que nos llevará al autovazgali.

Hemos tenido suerte de encontrar a este mozalbete tan simpático que va en la misma dirección. Cuando llegamos no solo no nos deja pagarle el autobús sino que es él el que paga los tres billetes. Al llegar coge ambas maletas y nos mira con cara interrogante: ”Guba”- decimos nosotras. “O.K.” Y echa a andar. En el andén nos acercamos a los minibuses. Hay dos que saldrán en dirección a Guba. En uno no hay sitio para las maletas, por lo que obligan a varios pasajeros a cambiar de vehículo, cosa que hacen sin protestar ni poner mala cara. Si las señoritas lo necesitan… En el otro vehículo hay sitio sólo para una de las maletas, el otro hueco está ocupado por una caja con gallinas. Nos ofrecemos a llevar a las gallinas en nuestro asiento (no será la primera vez que compartamos asiento con gallinas), pero al chofer no le satisface la idea. Los viajeros recuperan sus primitivos asientos y a nosotras nos envían al autobús “big”, justo a tiempo puesto que está partiendo. Mala suerte. Caben las dos maletas, pero sólo hay asiento para una. Nuestro ángel de la guarda nos mira con cara totalmente desolada. No sabe que hacer. Se nos acerca un hombre. Está buscando compartir gastos. Nos cobrará 6 AZN (5,3 €) por cabeza por llevarnos en su coche. Aceptamos. Antes de que podamos sacar la cartera nuestro ángel ya ha pagado y cuando intentamos darle el dinero pone cara de doliente franciscano “please”. Le pido que pose junto a Marianne para sacarle una foto. Mete la mano en su zacuto y saca su “picture book”. Es su álbum de fotos de la mili y me regala una.

Antes de despedirnos nos apunta su número de móvil. Si tenemos algún problema en Azerbaiyán no tenemos más que llamarle, irá siempre en nuestra ayuda. Compartimos el coche con otro señor. Al poco de salir paramos en un pequeño mercado y ambos salen. Nosotras todavía estamos decidiendo salir o no cuando vuelven con pirotkis de patata para todos.

Al llegar a Guba sigue lloviendo. No tenemos nada que se parezca a un plano en nuestra guía. Escogemos una dirección al azar. Otra vez siento que una mano de caballero agarra mi maleta. Nos mira con cara de interrogación. “Hotel Hinaly”. Comienza a caminar muy decidido. Atravesamos el bazar. El hotel Hinaly es un pequeño negocio familiar con macetas de geranios en la escalera. Nos piden 10 AZN (8,9 €) por una habitación sin baño. Hombre, si queremos en la parte nueva hay una habitación con ducha y hasta con tele, pero es cara. ¿Cuánto de cara?. Mejor que la veamos primero. Es una habitación de tres camas (colchón nacional), limpia y amplia por 30 AZN (26,7 €). Nuestro guía sube nuestras maletas y nos pide recado de escribir. Nos deja claro que las habitaciones cuestan 10 y que no paguemos más (nos avergüenza decirle que somos unas pijas que se han quedado con la suite). Nos apunta su número de móvil. Si intentan cobrarnos de más no tenemos más que llamarle.

Guba
Guba

Salimos a pasear y a conocer la ciudad. Es viernes y está muy tranquila. En el barrio judío hay una boda. A pesar de que la nazir qutusu (mezquita) Saxina Fatali está reservada a las mujeres no se nos permite la entrada. En la Juma Masjid (mezquita de los viernes) los muchachos de la medersa no sólo nos permiten la entrada, sino que el que parece el profe nos va dando indicaciones sobre desde dónde sacar las fotos y como sostener la maquina. Sigue lloviendo y, aunque no es más que un sirimiri, a la larga moja y entramos en una çay evi a confortarnos. Con el té nos ofrecen compota de cerezas. Si queréis saber mi opinión no metáis cerezas confitadas en el té, se amargan las cerezas y no se endulza el té. Cuando pedimos la cuenta no nos quieren cobrar. A lo que parece hoy es el día nacional de ser caritativo con el turista.

A ambos lados de la escalera que une el barrio musulmán y el barrio judío hay unas enormes esculturas sportivas que son a la vez auténticamente nazis y auténticamente stalinistas. Esa es una de las cosas buenas de Azerbaiyán. No ocultan su pasado. Fueron soviéticos, lo aceptan y no destruyen más de lo necesario. Aunque el monumento más importante, más enorme y mas imponente de la ciudad, de mármol negro con llama encendida por toda la eternidad está dedicada a los heroes de la independencia del año 20 contra los soviéticos. Es una de las razones por las que odian a los armenios. Parece ser que la mayoría de los soviéticos que entraron a sangre y fuego en Azerbaiyán eran armenios. Fijaros en las fotos de los ahorcados y desollados del museo de Bakú.

En el barrio judío la sinagoga está cerrada. La pareja que lo cuida nos dice que volvamos a las 9 que estará abierta. A las 10 ya han cerrado todos los restaurantes de la ciudad. Sólo conseguimos unas dolmas en el comedor de nuestro hotel.

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Día 13

Salimos a desayunar y a dar un vuelta de despedida por el pueblo. Es otro de esos pueblos de casas bajas, muy coloristas que se expande de una forma un poco caótica. En un atelier de trajes de novia no me resisto y pido permiso para entrar a fotografiar los modelos “ríase usted de la boda Farruquito”.

Pagamos 4 AZN (3,5 €) por el minibús de vuelta a Bakú. Pasamos delante de una parada en la que hay varias señoras engalanadas, sin parar hasta que se oyen una serie de gritos al fondo. Retrocedemos hasta la parada. Baja un muchacho que es recibido con besos y abrazos por las señoras. Después de estas emotivas muestras de cariño le dan una caja y el muchacho sube. Se reanuda el viaje.

Nos alojamos en la Aldstad Guest House, un pequeño negocio familiar dentro de la muralla. Es pequeño, limpio, bien cuidado y la familia es encantadora (eso sí siguen cobrando las 12,1). Es la habitación más pequeña que hemos tenido nunca: 3,75 ms de largo y 2 ms de ancho. Muebles de pino claro, colchón de muelles y pequeños cuadros con paisajes primaverales aptos para habitaciones de infantes o de… hotel. Desayuno buffet. Si se pide lo que no tienen irán corriendo a comprarlo. Es el hotel barato favorito de los extranjeros. Si queréis conocer gente del país id al hotel Cenub, pero si preferís ambientes cosmopolitas es mejor el Aldstad.

Pasamos la tarde paseando por el paseo marítimo y tomando café-café y codeándonos con las niñas-bien de la capital. Antes de cenar nos vamos al paso subterráneo de entre el paseo marítimo y la parte vieja a sacar fotos. ¿Ya os hemos dicho que los fines de semana en el paseo marítimo hay espectáculo de luz y sonido?. El subterráneo es de mármol bicolor (muy stalinistas) y en las paredes hay unos bonitos cuadros naif en relieve con cuentos y leyendas del país. Un paseante está tan encantado de nuestra acción que no sólo nos da un par de besos y las gracias, sino que nos cuenta las historias que representan… en azerí.

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Día 14

Hoy era el día elegido para ir al Besh Barmaq, montaña “sagrada” de gran éxito popular, pero anatematizada por los ulema ortodoxos contrarios al besamiento de las piedras y otros ritos paganos, sólo que cuando nos despertamos el cielo está muy, muy gris y tememos otro día sirimiri. Cambiamos de planes y decidimos aprovechar para comprar algunos presentes.

Primero nos acercamos al museo de Artes Aplicadas, donde se supone está la exposición Bakú, capital del Islam, pero se había clausurado la semana anterior, aunque nadie se había molestado en quitar el anuncio de la puerta.

Nos cuesta un poco, pero conseguimos dar con el bazaar Taza, lugar, según nuestra guía, elegido por los turistas para comprar caviar a precios razonables. No podemos dar fe de eso, de lo que sí es que los azeríes, y especialmente los fruteros, tienen un innato sentido de estética al organizar sus puestos y de que los esturiones son grandes, feos y que desollados dan bastante repelús. Nos surtimos de todo tipo de hierbas aromáticas para añadir al té. El problema es que cuando volvamos no estamos seguras de cuales curaban los problemas femeninos y cuales los masculinos.

El contraste con el Marquet Neptum es total. Es un supermercado que podría estar en cualquier ciudad del mundo o eso nos parece hasta que protagonizamos una escena totalmente soviética. Se me cayó un tarro de mermelada y se rompió. Al instante nos rodearon varios seguratas que de prisa y corriendo me llevaron a caja y me pasaron por delante de toda la cola no fuera que me marchara sin pagarlo. Por lo menos uno de ellos tiene bastante sentido del humor como para reírse y ofrecerme una tirita cuando me pongo a hacer pucheros de niña pequeña enseñando el corte que me he hecho. El tarro costaba 1,5 AZN (1,3 €).

Después nos dedicamos a la búsqueda de las sinagogas. Tanto en la sefardí como en la askenazí nos dejan entrar y curiosear tranquilamente. Hay que cubrirse la cabeza. Nos dejan tan a nuestro aire que nadie nos da ni la más mínima explicación y estamos perdidas. Son nuestras primeras sinagogas.

A la tarde nos acercamos al Museo de Arte. No nos dejan entrar porque es tarde. Son las 17 y según el cartel de horario el cierre es a las 18:30. Hasta nosotras podemos ver un museo en ese tiempo (o quizá no). Los guardianes son ciegos y no entienden ningún idioma que no sea el azerí.

Los monumentos “dulce et decorum est pro patria mori” nunca nos han gustado, pero ya que estamos cerca podemos coger el funicular, por lo menos podremos ver Bakú desde la colina. Mal empezamos. El funicular lleva tres días cerrado. Abrirá mañana. Toca subir a patita. Cuando en el escalón 104 paramos a descansar aparece un soldado de la nada a decirnos que no podemos pararnos. ¡Ale! a seguir. La escena se repite en el escalón 241. El total son 456 escalones. Tomároslo con calma.

Arriba de la colina, la vista sobre Bakú es magnifica. Lo primero que encontramos es la mezquita turca. Los azerbaiyanos tuvieron la ayuda de los turcos en la independencia del año 1918. Detrás de la mezquita (modelo Hagia Sofía en pequeñito) hay un monolito de agradecimiento y una serie de láminas con los nombres de los turcos caídos. Más arriba una interpretación moderna de un mausoleo tradicional con el fuego encendido y las tumbas de los muertos en la represión del 20 de enero de 1990 y los muertos en la guerra del Nagorno Karabaj. Nos pasamos la tarde paseando entre las tumbas y haciendo otro acientífico estudio de los nuestros sobre la rusificación de apellidos árabes: Ahmadev, Salimanov, Alinov… Hay varias tumbas con nombres indudablemente rusos, incluso uno en alfabeto cirílico, en todas ellas pone militari azerbayenka. Muy pocas mujeres. En las tumbas del 20 de enero hay varios niños y una tumba doble de un matrimonio. Ella tenía 20 años.

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Día 15

Hoy es nuestro último día. Hace buen tiempo y nos vamos al Besh Barmaq. Tenemos que coger el minibús a Guba y pedirle al conductor que pare en el lugar. Lo apalabramos con el voceador, quien se lo indica al conductor. Besh Barmaq (Cinco Dedos) es una montaña rocosa en medio de una llanura y por tanto pensamos que es fácil de reconocer. Vemos en lontananza algo que podría serlo, pero dado que el minibús no para, con lo atentos que son los azeríes, comentamos que se le parecerá. Al oír el nombre mi compañero de asiento señala la montaña. ¿Cómo? ¿Qué ya la hemos pasado?. ¡Qué pare el autobús!. Pero el minibús no para. Nosotras gritamos: todavía estamos lo bastante cerca como para ir a pie… el minibús no para. Mi compañero de asiento hace un gesto de “volver” ¿volver? ¿El minibús está buscando un lugar donde dar la vuelta?. Eso es excesivo hasta para Azerbaiyán, ¿nos lleva a Guba y que volvemos desde allí?. Para eso habernos parado antes. La señora sentada delante parece estar recriminando al señor por no explicarnos lo que pasa: “se las ve tan nerviosas”, el señor responde “pero, mujer, no ves que no hablan azerí ¿en que idioma les hablo?” “¿Pero no ves que las pobrecillas están histéricas?” (los gestos son tan elocuentes que entendemos todo). La señora se vuelve a nosotras: “Así son los hombres, hijas mías”. Nos cruzamos con un autobús y un montón de manos salen por las ventanillas indicándole que paren. Nuestro chofer nos encomienda al nuevo conductor que no nos cobra nada por llevarnos al área de descanso más cercana al Besh Barmaq.

Montaña de Besh Barmaq
Montaña de Besh Barmaq

Según nuestra guía esto deberia ser un continuo fluir de gentes y de coches que suben, pero se ve que los lunes no toca. ¿Por cierto por dónde suben los coches?. Aquí no hay más que un caminillo en el que incluso nosotras debemos ir en fila india. Preguntamos. Pues, sí es por aquí. ¿Los coches? Huy, muy lejos. Bueno, alto y lejano es, pero parece que los caminos están hechos. Después de dos horas de caminata bajo un sol de justicia por esta rastrojera en cuesta nos damos cuenta de los tales caminos son simplemente hierba pisoteada por los caballos y ¡toros! que pastan en libertad. Yo, que a estas alturas del viaje, me visto por el olfato voy monísima, con un conjunto flower-power de falda larga y sandalia de lo menos adecuado. Pero el espectáculo debe continuar!. ¿Dónde están los recitadores del Corán y los peregrinos? ¿Dónde los chiringuitos y las ventas de rosarios?.

Hora y media más tarde, cuando ya estábamos dispuestas a dejarnos comer por los buitres, llegamos a la divisoria de aguas. Allí, al otro lado están… el camino ancho y los coches, los peregrinos y los chiringuitos, los recitadores del Corán y las piedras que hay que circunvalar. Un mozalbete, un tanto maleducado, después de felicitar a Marianne por tener un nombre “islámico”, prácticamente me condena a los infiernos por tener uno tan feo, y eso que no se lo he traducido…

Tardamos dos horas en bajar. En el área de descanso preguntamos a un minibús si nos puede llevar a Bakú. Afirmativo. El resto de de los viajeros parecen ser todos de la misma familia, van muy endomingados y portan niña de días. Para mí que estamos de “presentación” (atso-lorra para los euskaldunas). Al llegar a Sungayit paramos en la cuneta y nos hace bajar. Nos indica que no va a Bakú y que cojamos el bus 111. Bien, gracias. Pero el minibús no parte, esperará hasta dejarnos bien sentaditas en el autobús que él pagará. El es un profesional, nos ha cobrado por dejarnos en Bakú y él se encargará de que por ese precio lleguemos a Bakú. A todo esto el resto del pasaje ni chista ni rechista, les parece bien estar parados esperando un autobús en el que colocar a las dos señoritas.

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Días 16 y 17

Hoy nos hemos levantado a las 4 de la mañana. No hemos tenido ningún problema en conseguir un taksina que nos lleve al aeropuerto.

Aterrizamos en Estambul a las 8:10 hora local. Dejamos las maletas en consigna y vamos al centro a pasar el día. Comparado con Bakú, Estambul tiene una monumentalidad mucho más espectacular, pero las entradas son mucho más caras y hay demasiados turistas. Ya no nos acordábamos de lo que es dar y recibir codazos para conseguir un buen sitio para hacer la foto y lo de hacerlas “sin bichito” ¡olvídalo!. Visitamos Sultán Ahmet Camii, Hagia Sofía, y las cisternas Ierabatan y Binbidireh.

Nuestro embarque empezará a las 15:30 y por no arriesgarnos cogemos el metro a las 14:30. A las 15 deberíamos estar en el aeropuerto… si no fuera porque la locomotora se estropea. Llegamos a las 15:40. Rescatamos nuestras maletas y nos vamos corriendo a embarque. ¡UF! La fila es larga aún.

A las 5:45 de la mañana del día siguiente acabamos de llegar a Donostia en plena semana grande y mi coche no arranca.

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