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¿Por qué Azerbaiyán...?, ¿y por qué no?. Es un país habitado desde el neolítico (hay petroglifos), ha sido dominado por los persas (templos zoroastrianos), fueron cristianos (iglesias), ahora son musulmanes (mezquitas), parientes de los turcos (se come bien), estuvieron bajo los zares y fueron una república socialista soviética (enormes edificios stalinistas).
Como véis hay de todo, eso sí, hay que tener en cuenta que tanto para los persas como para los rusos Azerbaiyán era una provincia un tanto lejana y no estaban muy interesados en su embellecimiento. No vayáis a buscar el gemelo del Hermitage ni la mezquita de Sinan, pero si lo que más os interesa de un edificio no son sus metros cuadrados hay edificios muy cucos para visitar.
Se nos explicó que en el siglo XIX la Azerbaiyán histórica fue repartida entre Persia y el imperio ruso, por lo que los norte-iraníes son azeríes también y que se debe usar la palabra azerí para referirse al conjunto de todos ellos y azerbaiyano para referirse exclusivamente a lo relativo a la república de Azerbaiyán; por lo tanto será lengua azerí, pero moneda azerbaiyana.
¿Mi resumen sobre Azerbaiyán?... Mucho calor, pocos hoteles, transportes públicos baratos, café caro y una propuesta de matrimonio de un mullah.
Del 29 de julio al 13 de agosto del 2009.
La moneda azerbaiyana es el manat (AZN). Circula en billetes de 1, 5, 10, 50 y 100. Se divide en qapik, monedas de 5 (pocas) 10, 20 y 50. Llegamos a tener entre los dedos una de 1 qapik.
El cambio en agosto de 2009 era de 100 euros = 110/113 manat.
Se puede cambiar en los bancos y en las oficinas de cambio sin grandes diferencias de precio. En ninguno dan recibo de la transacción. También se pueden ofrecer a cambiaros en el bazar, pero el cambio es netamente inferior. Hay pocos cajeros automáticos y menos fuera de Bakú. Fuera de Bakú también serán pocos los establecimientos que acepten cobrar en divisas.
Por razones laborales, ¿qué os voy a contar de la crisis que no sepáis, verdad?. Hasta muy al final no supimos las fechas de viaje y perdimos la oportunidad de reservar billetes de avión baratos. Nuestra opción fue comprar dos billetes, uno de Iberia, Madrid-Estambul (403,36 €) y otro de Turkish Airlines, Estambul-Bakú (347,61€). El total del resto (incluido el autobús Donostia-Madrid-Donostia) fue 705,55 € por cabeza.
Es necesario. Se puede obtener en la Embajada de Azerbaiyán en Madrid (Ronda de Avutarda, 38 - 28043. Madrid. Tel. 91 759 60 10) o en el propio aeropuerto de llegada. Normalmente el que se consigue en el aeropuerto tiene una validez de 15 días.
A la embajada no llaméis antes de las 10:00. Son gente simpática que no dudarán en ayudaros, ¿e-fi-cien-tes? ¿Os he dicho ya que son muy simpáticos?. Sólo hay un español-parlante, pero con el francés y el inglés no tendréis problemas. El pliego de petición de visado lo podéis descargar de la página web de la embajada, clicando en la sección consular. Además necesitaréis dos fotos, 60 euros (a ingresar en una cuenta de La Caixa) y la fotocopia del billete de avión. Os harán el visado exactamente para las fechas del billete. Según su página el visado tarda entre 5 y 10 días. A nosotras nos tardaron 16 pero ¿ya os he dicho que son muy simpáticos?.
No es obligatoria ninguna vacuna.
Total. No es conveniente acercarse a la frontera armenia ni al Nagorno Karabaj (por lo de las hostilidades bélicas), pero por lo demás es un país muy seguro. Como siempre, no se pueden fotografiar instalaciones militares y otros edificios relacionados con la seguridad nacional. Tampoco el aeropuerto ni las estaciones (¿?), sólo piden que se borren las fotos.
Aéreo: Azerbaiyán es un país pequeño (86.600 km², más o menos como Portugal), por lo que se puede abarcar perfectamente por tierra. Hay pocos aeropuertos y vuelos interiores. Son inevitables para visitar la república autónoma de Nakhchivan, rodeada por Armenia por todas partes. No llegamos a ir, pero el billete cuesta alredor de 200 AZN (unos 180 €). El avión sale de Bakú y los billetes se compran en las agencias de viajes.
Terrestre: No hay camino ni distancia que arredre a un azerí con vehículo de motor. Han heredado de los persas el gen “chufa, chufa que como no te apartes tú…”. Se respetan los semáforos y los prohibido el paso, pero los límites de velocidad y los pasos cebras son unos extraños adornos con que los gobernantes están empeñados en ornar las calles y caminos. Y la diferencia entre la raya continua y discontinua es que al pintar las segunda les sobró pintura y no la iban a tirar… Os encontraréis con autopistas marcadas en los mapas que todavía se están haciendo (no, no he dicho arreglando). Si yendo por la carretera os encontráis de frente con montones de grava y vuestro vehículo se sale de la calzada y circula en paralelo por el campo ni os inmutéis (vuestros compañeros de viaje tampoco lo harán).
Tren: pocas vías, más dedicado al transporte de mercancías que de viajeros. Es lento, pero goza de gran popularidad. Conviene reservar los billetes con antelación. Atención: en Bakú la bonita estación modernista está fuera de uso, a su derecha veréis un horrible edificio soviético, ahí es. No os arredréis por los andamios: pasad debajo y os encontraréis con un vestíbulo lleno de gente. Según nuestra experiencia las taquilleras son agradables y con paciencia.
Autobuses y minibuses interurbanos: Azerbaiyán es un caso claro de macrocefalia urbana y centralismo. Hay autobuses y minibuses desde Bakú a todas las ciudades del país. El resto están unidas entre sí por microbuses. La autovazgali (pronúnciese autovagtzal) es un enorme edificio de 4 pisos que es, en realidad, un centro comercial lleno de tiendas. No hay taquillas de venta de billetes ni tablones de horarios (nada de comprar billetes con antelación). Cuando lleguéis, subid al primer piso y salid a los andenes, allí están los autobuses, los minis y los voceadores de destino. Los vehículos llevan escrito en su frente el lugar de destino. Se apalabra con el voceador o con el conductor que os dirá la hora de salida y se paga antes de salir. Los minibuses son ligeramente más caros, salen en cuanto se llenan, los hay durante todo el día y se pagan al llegar. El resto del país funciona igual. Por todo el país veréis gente parada en los márgenes de las carreteras. Están esperando el minibús (el que salga lleno no significa que no recoja gente por la ruta). Lo que no veréis son indicaciones de parada, si tenéis que hacer transbordo el que os deja os indicará exactamente donde colocaros para que os pare el siguiente. Los autobuses son más lentos y no paran por el camino. En ninguno os darán billete.
Coche compartido: Alguien que tiene que hacer un desplazamiento busca con quien compartir gastos en la autogazvali. Es ligeramente más caro.
Autobuses urbanos: Son baratos y continuos. Se sube por la puerta de en medio o por detrás y se baja por la de delante. Se paga al conductor o al cobrador (a este último se le reconoce porque es el que va sentado en la banqueta de cocina) al bajar. Tampoco os darán billete. Si estuviera llenísimo y no se pudiera bajar por delante, se paga desde la acera (no hemos visto ningún azerbaiyano que no pague el autobús). Cuesta según recorrido 10 o 20 kapik (0,09 /0,18 euros). Problemas: Las paradas NO están indicadas, cuando veáis un grupo heterogéneo con pinta de esperar el autobús, preguntadles. La gente es muy amable y os ayudará en todo lo que pueda. La única parada que no solamente está indicada sino que pone los destinos de los autobuses que paran y su número está en la autovazgali de Bakú: subid al último piso y salid por la puerta lateral dirección a la entrada de la variante. Otro problema: no todos los autobuses con el mismo número hacen el mismo recorrido: llevan las paradas escritas en el frente y en un lateral, leéroslas o preguntad. Son una buena fuente para conseguir calderilla.
Taxis: Dadle un Lada usado a un taxista azerbaiyano y os subirá a la cima del Everest sin despeinarse, aunque,eso sí, puede que a vosotros su conducción os parezca un pelín temeraria, incluido su sistema de ahorro de combustible consistente en bajar las cuestas en punto muerto. No hay dragón khan que se le pueda comparar. No regatean, os dan un precio y lo aceptáis o no; si os dais media vuelta pueden bajarlo, pero nada de él empieza por arriba y vosotros por debajo hasta encontraros. Su idea del volumen al que hay que escuchar la música excede en varios decibelios a lo que aconsejan los médicos occidentales. El CD que está muy de moda entre los taxistas azerbaiyanos en agosto del 2009 es el Balaban de Alihan Samedov.
Metro: Sólo lo hay en Bakú. Es cómodo, práctico y barato. Hay pocas estaciones, pero muy distanciadas. No venden billetes sueltos, sino tarjetas de 1 ó 2 AZN. El primero es para 20 viajes. No sé si cuando los bilbaínos dicen tener la estación más subterránea de Europa tienen en cuenta la de Sahil. De lo que no me cabe duda es de cuál es la escalera mecánica más rápida ¿pero esto con qué se mueve?, ¿con el motor del Sputnik?. Hay que tener en cuenta que los metros pueden circular en diferentes direcciones por la misma vía: en la pared de enfrente al andén veréis la lista de estaciones con flechas que las unen (la que está en verde es en la que estáis); encima del túnel del metro hay un letrero con la última estación del que está a punto de entrar. Veamos, después de pasados los controles (por lo menos 2) en el andén miráis la estación que está en verde y desde ahí a la que queráis ir y siguiendo la línea la última de vuestra línea, lo cotejáis con el letrero superior del túnel y decidís si os montáis o no. Tranquilos, es complicado sólo las 40 primeras veces. Seguro que la víspera de vuestra vuelta lo hacéis automáticamente. Conviene pasar por la oficina de información turística y pedir una fotocopia del plano. Apostaría a que desde el primer paseo reconocéis sin ninguna dificultad las estaciones del centro y las de los extrarradios.
Marítimo: Todos los días salen sendos ferrys con dirección al Kazhastan y Turkmenistán (al otro lado del Caspio). Salen de Bakú, justo enfrente del palacio de la Gobernación. El viaje dura entre 12 y 16 horas. Alrededor de 50 AZN (45,5 €).
Pocos. Por si alguien no lo sabe, Azerbaiyán es zona petrolera. Por tanto, en los alrededores de Bakú están proliferando hoteles de lujo para hombres de negocios. Calculad entre 120 y 150 €. Dentro de la muralla de Bakú y en algunas ciudades con más turismo están surgiendo los llamdos hoteles con encanto, alrededor de 80 AZN (72 €). También existen las Qonaq Evi (o guest house), entre 50 y 60 AZN (45 / 53 €) y por otro lado hay unos enormes hoteles soviéticos, mejor o peor conservados, entre 20 AZN sin baño y 50 AZN con televisor (17 / 45 €). Hay que tener en cuenta que no en todas las ciudades hay hoteles y fuera de Bakú la oferta es francamente restringida. Nos dijeron que en todas las ciudades los taxistas saben de familias dispuestas a alojar extranjeros, pero ni preguntamos ni nos ofrecieron.
En muchos de los hoteles os cobrarán cada tarde. Podéis pasaros toda la mañana sentados en la recepción que nadie os dirá nada, pero en cuanto que sean las 12 y 1 minuto y os vislumbren en lontananza alguien os pedirá que acudáis a pagar esa noche. Quizá nos resulte un poco desconcertante y, las primeras veces, molesto, pero tiene sus ventajas (si queréis saber porqué seguid leyendo...).
En las zonas menos turísticas el colchón se reduce a una esponja de unos tres centímetros de grosor y el jergón es de madera.
Comida: En los súper se puede conseguir chorizo y jamón (español para más señas) sin ningún problema, pero no suele ofrecerse en los restaurantes. Se come principalmente pollo y cordero guisado con verduras, con garbanzos (el piti es un primo del dizi iraní, un cocido de cordero del que se toma el caldo con “barquitos de pan” por un lado y el “seco” por otro), con patatas; verduras rellenas de arroz y carne; ravioles sin cerrar y una extraña cuajada más sólida que el ayram (que también se toma) y más liquida que nuestra cuajada. Los pirotki son una especie de churros anchos y planos rellenos de patata, verdura o crema. Los dulces son de tipo oriental: hojaldre, frutos secos y miel. Si vais a Sheki es obligado el Seki Helvaçi (un pariente del bakleua y que todas las pastelerías de la ciudad juran hacer el auténtico). Las tartas y los pasteles “a la europea” son vistosas, pero un tanto pesadas.
En Bakú hay tres McDonald's, pero el “fast food” más popular y extendido es el kebab (pronúnciese chebab). Fuera de Bakú muchos restaurantes dejan de recibir clientes hacia las diez de la noche.
Bebida: La bebida nacional es el té rojo. Una tetera (6/7 vasos) cuesta entre 0,40 y 1 AZN (0,35 / 0,89 €) dependiendo de la categoría del local. Hay poco café y es muy caro: unos 3/4 AZN la taza (2,6/3,5 €) y a menudo no es más que café liofilizado disuelto en agua.
No hay problema con el alcohol (recordad que han sido república soviética). Sólo en la ciudad de Barda hemos visto que los bebedores de cerveza suben al segundo piso. Existe el vino azerbaiyano: el blanco es flojito y el tinto, un “sangre de toro”, un tanto rasposo, pero tanto en las tiendas como en los restaurantes podéis conseguir vino de todas partes del mundo (un Marques de Cáceres reserva cuesta 35,6 AZN=31,7€). Lo mismo la cerveza (que es el alcohol que más se bebe, en jarras de medio litro) y los “digestivos”. No sé si es cultural o de moda, pero cuando se nos olvidaba pedir bebida lo que aparecía en la mesa era limonada de pera (se ve que es una bebida apta para señoritas).
A pesar de ser un país musulmán, el número de mujeres veladas que se ven por la calle no es mayor que en cualquier otra ciudad europea (y barbudos, menos). Las féminas azerbaiyanas, en general e independientemente de su edad y envergadura, van ajustadísimas y escotadas, eso sí conjuntadisimas, desde el lazo de la cabeza al del zapato pasando por el esmalte de uñas. Lo que no dominan demasiado es el minimalismo ornamental. Los varones también van impecables e impolutos, planchadisimos (y siguen así al final del día) con un look más casual.
Ergo podéis llevar la ropa que mejor os parezca. Conviene llevar ropa larga y floja y un pañuelo para visitar las mezquitas. Y unas chanclas, habida cuenta que en muchos hoteles la ducha es cebolleta en la pared y sumidero en el suelo. Ah! Y si lleváis el pelo teñido de colores antinaturales (mismamente azul) sabed que habrá todo tipo de risas, sonrisas, comentarios y miradas de desaprobación a vuestro paso. Los azerbaiyanos son muy amables y serviciales, pero poco discretos.
Continental, con inviernos fríos (en la montaña bajo cero) y veranos calurosos. Lluvias torrenciales en otoño.
Tres horas más que en España (todo el año).
Podéis llamar desde la Poçt, cierran a las 18 las pequeñas y a las 19 las grandes. Cuidado con las simpáticas señoritas encargadas, a veces se despistan y os multiplican la factura por dos. Por las calles de Bakú veréis unas cabinas que ponen Azeurotel: sirven para llamar al extranjero. Funcionan con monedas y 1 minuto cuesta 56 qapik (50 céntimos).
• Georgia, Armenia & Azerbaijan, de Lonely Planet, en inglés, italiano y alemán (se puede comprar en la pagina web de Lonely Planet). Atención: en inglés hay dos guías, una de ellas es de treking por el Cáucaso.
• Azerbaidjan, de Petit Futé, en francés. Es la que llevamos nosotras (podéis comprarla en Amazon), pero no os la aconsejamos. Es muy elemental y muchas veces en los hoteles y museos no trae la dirección, sino el teléfono, y por otra parte no suele transcribir los nombres de los monumentos al azerí, lo que dificulta el preguntar por la calle. Tampoco es muy prolija en mapas y planos.
• El alumbrado público en el país es escaso. Llevad una linterna.
• La segunda lengua mayoritaria es el ruso. Todavía es minoría la gente que sabe inglés.
• No teníamos referencias de Azerbaiyán y nuestro viaje fue de pocos días, por lo que no estamos seguras de si nuestro recorrido es el más interesante que se puede hacer. Es posible que nos hayamos perdido cosas importantes (mismamente Nakhixivan o Ganja).
• Usan el alfabeto latino, sólo que con más letras, pero los topónimos no están siempre transcritos igual (p.e. Shexi/ Sheki/ Shaki).
• En los museos se paga aparte para poder sacar fotos.
• En cementerios, iglesias, trajes de novia, retrovisores de autobús y muñecas de la gente veréis cintas rojas: son símbolo de baraka y longevidad.
• Por todas partes veréis estatuas y fotografías de Heider Aleyev, un antiguo líder de la KGB reconvertido en pater patriae y padre del actual presidente, quien está empeñado en mantener el “culto al héroe”, entre otras cosas porque su único merito para estar en el poder es ser “hijo de …”
Salimos de Donostia a las 9 de la mañana (hora local) y aterrizamos en Estambul a las 21 (hora local). Como tenemos dos billetes no hemos podido embarcar las maletas hasta Bakú, por lo que tenemos que salir de tránsito y recogerlas.
El avión a Bakú sale a las 8:10 del día siguiente y no nos dejan embarcar las maletas hasta las “five o'clock”. Buscamos un par de bancos de los menos incómodos y sin reposabrazos para poder echar una cabezadita. En cuanto podemos embarcamos las maletas y pasamos a tránsito a desayunar.
Pisamos Bakú a las 12:50 hora local. Ya hemos salido del aeropuerto ¿y ahora qué?. Por supuesto nos rodean montones de taxistas, pero nosotras estamos decididas a valernos por nosotras mismas desde el principio. Allá a lo lejos vemos un autobús parado. Está averiado. Se nos acercan dos jóvenes (hindúes o pakistaníes) y dicen las palabras mágicas: City-center-bus?. Que les sigamos. El autobús nos lleva hasta la boca del metro y por metro llegamos al centro. En una esquina nos señalan un edificio: “hotel, 35 dolars”. Y se despiden.
El hotel es el Cenub, según nuestra guía “polvoriento aunque limpio hotel stalinista”. Si no es el más céntrico desde luego es el mejor situado: Está en la esquina el metro y del autobús, a dos pasos del paseo marítimo y de la parte vieja. Es un edifico de cuatro pisos, la definición de la guía es bastante exacta. Polvoriento sí es, limpio… bueno, no es exactamente un quirófano, pero es aceptable. En la entrada no hay nada que parezca una recepción. Aparece un señor que nos hace una seña para que le sigamos: escalera francesa de granito, pasillos muy anchos y las mesetas aún más (auténticas salas, la del 4ª piso es el cuarto de la plancha). No hay ni ascensor ni montacargas. Nos lleva a una habitación en el primer piso. Dentro, una señora, tumbada en la cama, ni cambia de postura cuando entramos y una pelirroja “ancien régimen”. Pagamos 40 AZN (36 €) por una habitación con aire acondicionado y televisor. “¿Vais a pagar ahora? ¿no?, pues me quedo con el pasaporte como garantía”. La habitación también es grande, la cama estrecha y dura, desde la ventana se ve el Caspio, el cuarto de baño amplio y nuevo (se lava a manguerazo). Cambian las sabanas todos los días. Techos y paredes desconchados. Las encargadas no os proporcionaran ni jabón, ni toallas, ni papel higiénico, ni os darán conversación.
Salimos a ver la ciudad y a buscar la oficina de turismo. Está dos calles más allá. Las señoritas que lo atienden son jóvenes, pizpiretas y bien dispuestas. Ya que vais, arramplad con todo tipo de planos y mapas. A los azerbaiyanos les encantan los mapas. Si desplegáis uno siempre habrá alguien que os pregunte dónde lo habéis conseguido. Si podéis coged algunos para repartir, quedaréis muy bien.
Bakú es una ciudad de casi dos millones de habitantes, pero la zona en la que se mueve el turista es más o menos entre el palacio de la gobernación y la parte vieja (tres horas andando). Esta zona está siendo comprada y rehabilitada por las grandes firmas (Christian Lacroix, Hermenegildo Zegna, Vittorio y Luchino, …), bonitos edificios decimonónicos, calles anchas y mucha gente paseando. Cuando retiren los andamios les quedará una ciudad preciosa y más si la municipalidad rehabilita las aceras… Tanto en Bakú como en el resto de las ciudades hay montones de edificios oficiales. Todos ellos siguen la lógica renacentista de que los edificios importantes deben destacarse de la altura de la calle y tener una escalera acorde a su categoría. Hay muchos comercios en los sótanos y de todo tipo, desde fontanerías a zapaterías de marca y sobre todo, bares, restaurantes, discotecas y karaokes. Lo único que los unifica es que no tienen salida de emergencia, los hay caros, cutres y sorpresas muy agradables.
En el Passage (entra las calles Ranul Reza y Tartalan Aliyabeyov) es donde se monta el rastro. El paseo marítimo es zona de ambiente popular, todos los días y a todas horas hay gente paseando, en grupos, en parejas, en familias; hay chiringuitos de té, de zumos, palomitas etc. Si os gustan más los ambientes “o ssea, te lo juro por Snoopy” podéis subir a la terraza del Tikaret Merkezi Nergiz (un centro comercial), en la plaza del mismo nombre, frecuentada por los pijos, perdón, hijos de las élites emergentes. Si queréis ser cool no pidáis té.
El día de los autobuses. Desayunamos en una pastelería cercana en la que me prohíben fotografiar las tartas. Según las chicas de información para ir al templo zoroastriano Ateshgah teníamos que coger el autobús 20 en el paseo marítimo y después el minibús 105. El paseo es de dirección única lo que nos ahorra pensar en que acera coger el autobús. Deberiamos bajar en el bazaar Bayel, que no aparece por ningún lado. Preguntamos. Nos hacen montar en otro autobús y atravesamos completamente la ciudad. Nuestras pizpiretas informantes se confundieron: NO debíamos coger el autobús en el paseo sino en la calle paralela. Por fin llegamos al mercado y vemos el autobús 105 que pone… Gobustán. ¡Jopé!. Ayer preguntamos por las dos cosas y hemos confundido (¿ellas o nosotras?) las instrucciones. Son casi las 11 y nos parece tarde para ir al Gobustán.
Volvemos otra vez a la ciudad. Cogemos el metro. Salimos en la parada 28 de mayo y cogemos el minibús 333 a Suraxami. “¡Fin de trayecto!” nos dice el conductor. “¿Pero la ateshgah?”. Hemos dado con uno de los pocos azerbaiyanos rezongones. Nos suelta una retahíla que suena algo así como “si no sabéis a donde vais ¿para qué cogéis el autobús?”. Nos hace subir en otro que nos deja en la plaza y cuyo conductor nos encomienda a un pasajero que, se supone, va en la misa dirección. Mal supuesto, una vez que nos embarca en el minibús correspondiente, se da media vuelta y se va a su casa. Con el día que llevamos preguntamos al conductor: “¿Ateshgah?”. Niega con la cabeza. Abajo. Si por lo menos supiéramos en que dirección y a qué distancia podríamos echar a andar. Un señor nos indica que tercera calle a la derecha y cerquita. A los pocos pasos escuchamos una bocina de minibús, es nuestro informador que, total como va de retirada, nos acerca.
El templo de Ateshgah fue construido durante la dominación persa (s. VIII a.C.) y el lugar fue elegido por las floraciones de gas que permitían tener el fuego sagrado encendido constantemente. Fue abandonado tras la conversión al Islam y reconstruido por los parsis de la India en el siglo XIX. Esa también la época en que comienza la explotación del petróleo (enfrente del templo veréis los esqueletos de las torres) y en la que el gas se considera un incordio que hay que vaciar cuanto antes, lo que provocó el enfrentamiento de los señores del petróleo y los sacerdotes parsis que, hartos de la discusión, abandonaron el templo. En la época de la independencia (1918/20) y en plena “búsqueda de las raíces” es renovado y así se mantiene hasta hoy.
Vista la ateshgah son las tres de la tarde ¿y ahora qué hacemos?. Repasamos la guía. Mardakyan está cerca y hay una torre y una mezquita del siglo XIV. El minibús nos deja a las afueras. Es un cruce ¿hacia dónde? Empezamos a andar a ojo. Si desde la torre hay un pasadizo hasta el mar la cuestión de alargar el cuello e intentar divisarlo. Parece que allí al fondo se distinguen dos azules diferentes, está claro: mar y cielo. Es primera hora de la tarde y parece que han dejado abierta la puerta del infierno. Y caminamos, y caminamos y caminamos durante más de una hora y el mar no aparece. Retrocedemos. En el centro vemos el supermarket Deluxe, donde nos metemos a comprar agua fresca y poder reconsultar la guía bajo el aire acondicionado. En el hilo musical escuchamos por primera pero no última vez la canción que represento a España en Eurovisión. Sepa la señorita Soraya que si bien no consiguió muchos puntos en el festival está “que lo peta” en los súper azerbaiyanos. Nos rendimos y cogemos un taxi.
Cuando llegamos a la torre de Mardakyan encontramos a la puerta al guardián y un barbudo pelirrojo. Svetano es un diplomático checo destinado en Tiblisi, licenciado en ciencias islámicas por la universidad de Teherán y que para nuestra suerte además de checo, ruso, inglés, árabe, persa y turco habla español y nos traduce las explicaciones del cuidador. Desde las almenas descubrimos por qué no hemos llegado al mar: ¡está a 10 km!. La mezquita está pegada a la torre. Antes de entrar nos colocamos todos nuestros aditamentos textiles, lo cual nos vale no sólo la aprobación del cuidador “no como las chicas de ahora que entran escotadas y destocadas” sino también una invitación a té. La mezquita por fuera no destaca especialmente y por dentro está revocada con cemento y encalada. No tiene nada que la haga interesante. En el autobús de vuelta Svetano nos cuenta por qué está declarado persona “non grata” en Turkmenistán.
Hoy nos quedamos en Bakú, donde visitamos el palacio del Sha Shirvan, la mezquita de Mohamed (Mehmet Masjid, donde no nos dejan entrar a pesar de todos nuestros velos), la mezquita de los viernes (Juma Masjid) y la Torre de la Doncella.
El Palacio del Sha Shirvan es un recinto con varias edificaciones independientes: en la escalera que baja desde el Harem a la Tumba del Derviche a mano derecha veréis una habitación con ropa folklórica y cojines en el suelo, no es ni la cafetería ni la tienda de recuerdos. Es por si queréis haceros una foto de “antiguos”. En la Torre de la Doncella la sala de fotos está en el cuarto piso. La variedad de trajes es mayor.
A la tarde nos vamos al Museo de Historia. El palacio fue hecho construir por el “barón del petróleo” Zeinalabdin Tagiyev. En la entrada nos obligan a ponernos patucos de plástico encima de los zapatos. El piso bajo está ocupado por la sección arqueológica. Las chicas cuidadoras empiezan a rondarnos impacientes. Se acercan las seis, hora de cerrar.
A pesar de ello se empeñan en que subamos al segundo piso. Es la zona etnohistórica, lo mismo hay una fotos terribles de la represión del año 20, que un traje de novia monisimo, que unos lindísimos plumieres de escuela, que planos antiguos de Bakú. Hay letreritos es azerí, ruso e inglés. Lo vemos de prisa, sin disfrutarlo. De repente nos hemos quedado solas y no sabemos muy bien por donde cae la salida. Cuando estamos despistadas en una escalera aparece otra señorita que nos indica que nos pongamos unos zuecos de fieltro (encima de los patucos) y entramos en algunas habitaciones de la familia Tagiyev. Si os gustan los palacios eclécticos “nouveau riche” que lo mismo tienen un salón luminoso y alegre imitación mozárabe que un comedor bergmaniano sobrio y oscuro, no os lo podéis perder. Es genial. Lástima que nos llevan a uña de caballo. Todo está cuidadísimo y en todas las habitaciones hay fotografías antiguas que demuestran que todo está tal cual.
Pasamos el resto de la tarde visitando el rastro del Passage, algunas tiendas y tomando un refresco en una terraza mientras hacemos un totalmente acientífico estudio socio-antropológico del personal.
Llueve, detrás de los cristales, llueve y llueve. Y nosotras vamos al Gobustán. La ventaja de la aventura del otro día es que llegamos al bazar Bayel sin ningún contratiempo y en cuanto bajamos del autobús el voceador nos señala un minibús en segunda línea sin preguntarnos nada. El Gobustán es un abrigo rocoso en el que se han descubierto petroglifos de la edad de bronce, entre otros una larga línea curvada cruzada por trece más cortas lo que ha permitido a Tor Hayerdal afirmar que los vikingos eran, en realidad, azerbaiyanos, cosa que tiene encantados a éstos y a algún otro historiador sobre que los azerbaiyanos son los inventores de los barcos.
Cuando hemos salido de Bakú lucía el sol, pero a medio camino ha empezado a llover y nosotras sin impermeable ni ná. Por supuesto el autobús no nos lleva al Gobustan, sino que nos deja en una especie de área de descanso no sabemos ni a cuantos kilómetros ni en que dirección de dicho lugar. Se nos acercan varios taxistas. Nos piden 25 AZN (22,32 €) por llevarnos al Gobustán, a “Roma” y a los volcanes. Dado que todos mueven la cabeza de arriba abajo suponemos que están de acuerdo entre ellos y que, a pesar de mirarlos uno por uno, ninguno hace el mínimo ademán de flaquear, aceptamos.
A la que llegamos a Gobustán ya ha parado de llover y podemos ver los petroglifos con tranquilidad…hasta que empieza a llover otra vez. Después vamos a Roma, que resulta ser una especie de grafiti esculpido de “por aquí paso la legio XII Fulvia”. Por último vamos a los volcanes, que son simplemente pozas de arcillas bituminosas en las que se forman burbujas por efecto del gas. De las 500 que hay en el mundo más de 250 están en Azerbaiyán. Son curiosas las burbujitas de barro. La cara del taxista fluctúa entre el orgullo paternal de “qué bien se lo pasan mis niñas” y el desprecio suficiente “pero que simples que son estos turistas”, pero parece que nos hemos portado bien y como premio nos lleva a una lagunilla que parece hervir en su centro.
Nos vuelve a llevar al centro comercial y nos recomienda el autobús 195 que nos lleva hasta el paseo marítimo de Bakú Pasamos el resto de la tarde en la plaza 20 Yanvar (20 de enero) intentando averiguar donde para el autobús de Sheki. Las pizpiretas chicas de información nos dijeron que aquí paran muchos autobuses y efectivamente paran, pero el que buscamos no aparece por ningún lado. Nos enteramos de que “bus Sheki, autovazgali” y que el autovazgali está yendo primero a la derecha, después cuesta abajo, a la derecha y después a la izquierda, en un edificio muy grande. Caminamos casi media hora, pero dado que no llegamos a ninguna cuesta desistimos y volvemos.
Decidimos pagar esta noche antes de ir a cenar. La pelirroja nos dice que esperemos. Viene un señor al que no habíamos visto hasta ahora y pretende cobrarnos cinco noches, al final tenemos que enseñar los pasaportes con los sellos de entrada; no pudimos dormir en este hotel el 29 ya que entramos en el país el 30. Nadie se disculpa. Nos cobra a 30 AZN (26,7 €) la noche. La pelirroja no dice nada de los 40 AZN y nosotras tampoco.
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