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EGIPTO, SIRIA, PALESTINA, ISRAEL

- Diario de viaje a Oriente Medio

(2007)
Sandro Alarcón y Rosa Moreno
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Viatgeaddictes, 02/05/2012
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Introducción
Nota

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Oriente Medio suele ser un destino turístico pasado por alto por la mayoría de los viajeros. Un destino relacionado con la inseguridad, la inaccesibilidad y el fanatismo terrorista. «Por obra de los medios de comunicación occidentales, se ha operado un cambio en la lengua: se dice islamista, luego fundamentalista islámico y ahora terrorista islámico. Como resultado, la palabra islam deja de funcionar autónomamente, siempre acompañada de un contexto amenaza-dor ...» (Ryszard Kapuscinski). Los grupos terroristas constituyen una fracción insignificante del Islam. Cualquiera que viaje sin miedo al País Vasco, el Ulster o Córcega, puede moverse tranquilo por Oriente Medio.

Ruta
Ruta

Nuestro viaje por Oriente Medio transcurrió por tres países muy distintos entre sí: Siria, Israel y Egipto. Nos permitió disfrutar de la cultura árabe, más cercana y tolerante de lo que nos parece, y de su amabilidad y hospitalidad con el extranjero, así como vivir en primera persona la compleja situación de la ciudad de Jerusalén, la difícil convivencia entre la comunidad árabe y judía, la brutalidad de estos últimos en los territorios palestinos, o las consecuencias terribles que está suponiendo "el muro de seguridad". Y nos permitió disfrutar de las cálidas aguas del Mar Rojo, de la antigua civilización egipcia y padecer, como nunca habíamos hecho antes, temperaturas en el desierto sirio de hasta 50 grados.

A nivel cultural la zona es incomparable: por allí han pasado cananeos, fenicios, arameos, sumerios, asirios, babilonios, hebreos, persas, romanos, bizantinos, otomanos, egipcios, franceses, ingleses... Hay iglesias, mezquitas y sinagogas, testigos del importantísimo papel que en la historia ha tenido Tierra Santa, castillos de templarios y sarracenos, pirámides faraónicas, caravasares de la época de la Ruta de la Seda, ruinas romanas... Sorprendentes son Maalula, el único lugar del mundo donde aún se puede oír hablar arameo (la lengua en la que predicó Jesucristo), o los barrios cristianos del Cairo y de Damasco, en pleno Eje del Mal.

Este viaje por Oriente Medio fue realizado entre el 22 julio y el 17 de agosto de 2007.

En la web Abierto por vacaciones, de los autores de este relato, encontraréis el texto y fotos originales de este y otros viajes.

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 DIARIO DE VIAJE

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EL CAIRO (Egipto)

En nuestro primer día de viaje el avión despega de Barcelona con una hora de retraso.

Al llegar al aeropuerto de El Cairo cogemos un taxi (60 LE) hasta el Hotel Luna (150 LE). Habitación doble amplia y de techos altos, baño completo, cuatro camas, aire acondicionado, desayuno incluido (pan, mantequilla, quesito, mermelada y café o té). Muy céntrico, 5ª planta con ascensor. Internet gratuito. Dejamos las cosas y nos vamos a cenar a un koshari house de la cadena El Tahrir que hay a la vuelta de la esquina.

El Cairo nunca duerme. Caótica, ruidosa y contaminada, las amplias avenidas del centro contrastan con las callejuelas y casas desvencijadas del barrio viejo. Las tradicionales shishas y teterías conviven con cafés estilo europeo, y los hacinados barrios viejos miran con envidia la opulencia del barrio residencial de Zamalek, donde están las embajadas y residen la mayoría de los occidentales. El tráfico está en permanente hora punta, convirtiendo el hecho de cruzar una calle de ocho carriles en una ciudad sin semáforos en una experiencia inolvidable. Es a partir de la media tarde cuando el centro se llena de gente y las tiendas y puesto ambulantes están abiertos hasta media noche. Siempre a la sombra de las pirámides, Cairo es una ciudad con una fuerte personalidad por descubrir.

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23 de julio. Empezamos el recorrido por El Cairo con una visita al Museo Egipcio (50/25 LE adulto/estudiante). La primera vez que lo visité se podían hacer fotos sin flash, la segunda se podían hacer fotos comprando un ticket de cincuenta libras, ahora ya no se pueden hacer fotos de ninguna de las maneras. Todo sea por la ciencia. A pesar de todo sigue siendo un lugar de visita obligada en Cairo. Dicen que si le dedicas un minuto a cada pieza expuesta tardas noventa días en recorrerlo entero. Nosotros la verdad es que solo hemos estado dos horas, pero creo que es suficiente. La visita es un repaso completo a la historia del antiguo Egipto. Hay momias, sarcófagos, pergaminos, utensilios de uso diario, esculturas, tronos, carros, armas... Seguramente la parte más interesante son las salas de joyería y la de Tuthankamon. El acceso a la Sala de las Momias Reales son 100 LE extra.

Por la tarde visita al barrio musulmán. Cogemos un taxi (10 LE) hasta Midan Hussein, una preciosa plaza ajardinada llena de palmeras frente a la Mezquita al-Hussein (lugar donde supuestamente se enterró la cabeza del nieto de Mahoma) y junto al famoso mercado de Al-Khalili. Aquí comienza un laberinto de calles semiasfaltadas, talleres artesanos, teterías, mujeres envueltas en velos negros, limpiabotas, vendedores ambulantes, callejones sin salida... Es el Cairo más fascinante, el más árabe, el más auténtico. Subimos por al-Gamaliyya hasta la mezquita fatimí de Al-Hakim, cruzamos la muralla por Bab an-Nasr y entramos de nuevo por Bab al-Futuh, dos puertas construidas en el siglo XI. Regresamos por Sharia al-Muizz li-Din Allah, una animada calle llena de mezquitas, madrazas y caravasares.

De vuelta al hotel decidimos visitar la que dicen es la mejor pastelería de Cairo, El Abd. Está llena de gente, hay al menos una decena de dependientes y en las estanterías abundan los dulces de miel, chocolate, pistacho, avellanas y almendras, además de tartas, churros y deliciosos helados, todo ello delicioso y a precios egipcios. IMPRESCINDIBLE.

Es media noche y descubrimos que nos hemos quedado sin efectivo. No encontramos ninguna casa de cambio abierta, sus horarios son de 8:30 a 23:00. Nos enteramos de que el Hotel Nile Hilton ofrece cambio las 24h del día. Una buena oportunidad para los bolsillos de bajo presupuesto para visitar un lugar con habitaciones limpias.

24 de julio. Hoy visitamos la única maravilla del mundo antiguo que aún se conserva, las Pirámides de Gize (50/25 LE adulto/estudiante). A medida que nos acercamos al destartalado y pobre barrio de Gize empezamos a ver las pirámides escondiéndose tras las casas. El taxi (20 LE) tarda cuarenta minutos en llegar. Por 40 LE más nos esperará tres horas y nos llevará de vuelta a Cairo. También aquí se ven pocos turistas. Empezamos nuestro paseo en la Esfinge, sin duda la escultura más famosa de Egipto. Fue tallada en roca natural y tiene forma de león tumbado con la cabeza del rey Kefren. Su nariz fue destrozada por mamelucos fanáticos en el siglo XIV con disparos de cañón. Poco más arriba se encuentra la Pirámide de Keops. Los números hablan por sí solos: tiene 137 metros de altura, 230 metros en cada lado, está construida con 2.300.000 bloques de piedra que pesan entre 1,5 y 15 toneladas, y según Herodoto trabajaron en ella 100.000 obreros durante 20 años.

Rodeándola nos encontramos al este el Museo de la Barca Solar (50 LE) y al sur tres pequeñas pirámides dedicadas a las reinas, hermanas y mujeres del faraón. En el lado norte la carretera, en la que aguardan camellos y carruajes tirados por caballos a los turistas con pocas ganas de caminar, nos lleva a la Pirámide de Kefren. Es fácil reconocerla porque es la única que conserva una parte del revestimiento en la cúspide. Mide 137 metros de altura y 210 de base. A su alrededor abundan los camellos con los que hacerse una foto de recuerdo. Bordeándola, al este se ve la Pirámide de Micerinos. El hijo de Kefren disfruta de una pirámide bastante más pequeña, 66 metros de alto y 108 metros de base. En su interior se descubrió un sarcófago de granito y numerosos tesoros que yacen en el fondo del mar junto al buque de debía transportarlos a Inglaterra en 1837. Han sido un par de horas a 35º pero con una agradable brisa que lo hace bastante llevadero.

De vuelta a Cairo comemos algo en el restaurante Felfela (ambiente agradable, tranquilo y refinado, para aislarse por un rato del bullicio constante de Cairo. Unos 50 LE por persona), antes de salir hacia el aeropuerto camino de Aleppo. El trayecto son unos cuarenta minutos y no debería costar más de 60 LE, aunque seguro que un local paga una cuarta parte.

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ALEPPO (Siria)

Aleppo (Halab para los árabes) es otra de las urbes que reclama el ser la ciudad habitada más antigua del mundo. A una hora de la frontera turca, ofrece multitud de posibilidades: su ciudad antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1986, tiene uno de los zocos más animados de Oriente Medio, la gran mezquita fue construida por el mismo califa que la de Damasco, y la ciudadela es famosa (entre otras cosas) por haber ordeñado Abraham su vaca en el interior, lo que dio origen al nombre de la ciudad, "halib" significa leche en árabe.

24 de julio. En el aeropuerto de Aleppo no les gusta mi pasaporte, el funcionario de aduanas lo mira y lo remira una y otra vez. Se levanta y se lo enseña a alguien en un despacho de atrás. Tras unos minutos de espera nos dejan pasar. Ojeando el pasaporte descubro que el sello de Etiopía tiene una estrella de cinco puntas parecida a la estrella de David. No se puede entrar en Siria con un sello de Israel. Cambiamos 200 € en el propio aeropuerto y cogemos un taxi (500 SL) hasta el Hotel Hanadi (25 $). Habitación doble sin baño, desayuno incluido, ventilador, aire acondicionado controlado desde recepción (hay un solo mando para todo el hotel), y sin internet. La decoración es algo peculiar, las habitaciones están pintadas de rosa, el mobiliario es rosa, incluso las puertas son rosas. Pero está muy bien ubicado cerca del centro histórico, en la primera planta de un edificio de piedra, con un silencioso patio interior donde sirven los desayunos.

Contratamos a través del recepcionista del hotel, una excursión a Mushabbak y St Simeon por 25 €. En los alrededores de la Plaza del Reloj comemos algo y nos conectamos a internet.

25 de julio. Tras tomar nuestro primer desayuno sirio, queso salado, miel, aceitunas, pan de pita y te, nos encontramos a la hora convenida con Abdul, nuestro taxista kurdo. Son las 8:30, tardamos cuarenta minutos en llegar a Mushabbak, una pequeña basílica bizantina del siglo V. Aunque el techo ha caído, tanto el muro exterior como las columnas y soportales en el interior se encuentran en muy buen estado de conservación, y no cuesta mucho hacerse una idea de cómo llego a ser antiguamente.

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A un par de kilómetros se encuentra Daret Azze, un pueblo donde paramos a comprar agua. Quince minutos más tarde llegamos a Qala'at Samaan, la Iglesia de St. Simeon. Fue construida en honor de St Simeon el estilita, que vivió subido a una columna durante 37 años para estar más cerca de Dios. La columna llegó a hacer 18 m. de altura y casi dos de diámetro. Gente de todas partes venían a visitarlo y a oír sus plegarias dos veces al día. Tras su muerte en 459 el número de peregrinos siguió creciendo, llevando a la construcción en 473 de una iglesia que rodeara la columna. Llego a ser la iglesia más grande del mundo en su época. Viendo las ruinas es fácil imaginar la inmensidad del edificio. Tras atravesar la fachada prerrománica que aún permanece en pie, se accede al patio rodeado de cuatro basílicas que forman un crucifijo. Junto a la basílica situada más al este se encuentran la capilla y el monasterio. Las ruinas están en un razonable buen estado, aunque del pilar apenas queda nada. Son las 11:00, el sol ya pega de valiente. En el propio recinto hay un bar donde nos refrescamos antes de volver al taxi que nos espera pacientemente a la sombra.

Pasamos por la estación de autobuses y compramos dos billetes para Hama (65 SL). Comemos en Al Kindi, un elegante local de comida siria en las cercanías del hotel. Kebabs, carnes a la brasa, mezze... No perderse el plato típico de la zona: sopa de lentejas. Todo delicioso. Dos personas 350 SL.

Nos pegamos una buena siesta. Alrededor de las 15:00 cortan la luz, algo que viviremos a diario durante estas horas en todo el país menos en Damasco. Aunque parezca banal, es duro hacer una siesta sin aire acondicionado ni ventiladores cuando la temperatura exterior ronda los 45º.

Por la tarde visitamos la ciudad vieja, antiguamente amurallada y de la que aún se conservan dos puertas. En su interior se encuentra el zoco, el centro comercial de la ciudad, que dicen que con treinta kilómetros es el zoco cubierto más grande de Oriente Medio. Material escolar, reparar zapatos, afilar tijeras, hacerse un vestido, todo tipo de comida, especias, oro y joyas, alfombras o keffiah (los típicos pañuelos blancos y rojos). Aquí puedes encontrar de todo, busca con calma, sin presión para comprar, y una vez lo encuentres, regatea. Entramos por Bab Antkya, desde donde se puede andar bajo la calle principal hasta la ciudadela, a 1,5 km de distancia. Por el camino entre las tiendas hay mezquitas, madrazas y hammanes.

Una callejuela a mano izquierda nos lleva a la Gran Mezquita, construida por el califa al Walid que había construido diez años antes la de Damasco. El acceso es gratuito aunque la mujeres deben ponerse chilaba para entrar. Atravesando la entrada principal nos recibe un largo patio con arcadas. El suelo de mármol, adornado con formas geométricas en blanco y negro, quema como el demonio. En una esquina hay un minarete de cinco pisos de altura construido en 1090. Hay bastante animación, gente que entra y sale, corros de mujeres charlando, niños jugando como si fuera el patio de un colegio, hombres que vienen a rezar... En la sala de oración los hombres suelen entrar solos, se sientan, meditan o rezan un rato y se van. A las mujeres las vemos entrar en grupo, a menudo con niños se instalan en el ala derecha reservada para ellas. La decoración es escasa, llaman la atención el minbar (púlpito) del siglo XV, y las extraordinarias lámparas que cuelgan del techo. Se respira mucha tranquilidad. Somos el foco de atención. No hay extranjeros aquí. Suelen mirar más a Rosa, algunas mujeres murmuran, un hombre le ha corregido de manera muy educada y amable la forma de colocarse la chilaba. Es un lugar ideal para pasear, relajarse y disfrutar con lo más sagrado.

Al salir nos dirigimos a la Ciudadela, a donde se puede llegar a través del zoco, pero la verdad es que nos hacemos un lío y preferimos salir al exterior. Está situada en lo alto de un cerro, un anillo de murallas con almenas y torres que mira la ciudad. Un foso cruzado por un puente nos lleva a la puerta fortificada, donde descubrimos que hace una hora que han cerrado. A sus pies hay restaurantes donde beber algo o fumar una narguile, pero preferimos pasear un rato por el barrio. Volvemos en taxi al hotel.

No hay transporte público al centro de Aleppo desde el aeropuerto. Un taxi cuesta 500 SL. Los autobuses para Hama salen desde el Garage Hanonu. Un desplazamiento dentro de la ciudad no debería costar más de 15-20 SL.

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HAMA (Siria)

Hama es conocida por sus ruidosas norias de madera a orillas del río, que datan de la época romana. El agua era sacada del río Orontes, subiéndola hasta el acueducto que irrigaba toda la ciudad, desde donde se distribuía en canales menores que regaban los campos cercanos. Se construyeron hasta treinta gigantescas norias, de las que aún quedan diecisiete, que en algunos casos superaban los veinte metros de diámetro. Hama es una ciudad tranquila, la más bonita de Siria probablemente, y un lugar agradable desde donde explorar los múltiples restos arqueológicos del valle Orontes.

26 de julio. Aleppo - Hama, 1h 30min, 55 SL, Compañía Al-Sarraj. Limpio, asientos cómodos y aire acondicionado. Reparten caramelos, toallitas húmedas refrescantes, un vaso de plástico y agua gratis. Salen del Garage Hanonu.

Al llegar a Hama un taxi nos deja en la puerta del Hotel Cairo. 700 SL. hab. doble con baño completo, TV, ventilador y a/a. Habitación espartana y pequeña aunque limpia. Desayuno 100 SL. A pesar de ser una buena opción está muy lejos de ser "posiblemente el mejor alojamiento económico de toda Siria", como dice Lonely Planet. Existe una "rivalidad" con el Hotel Riad, justo al lado, que ofrece similares precios y ofertas. Las excursiones del Riad parecen más completas, su excursión a Krac des Chevaliers incluye dos sitios más a visitar, pero no necesariamente significa que eso sea mejor.

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A dos calles del hotel hay un bonito parque donde vemos y "oímos" nuestras dos primeras norias. Tanto las ruedas como el mecanismo sobre el que están montadas son de madera, y la fricción produce un agónico ruido que puede oírse desde metros de distancia. Tras sacar unas pocas fotos nos vamos dando un paseo de media hora a unos confortables 47º hasta el restaurante Four Norias (410 SL kebab, arroz con cordero y humus) La terraza donde comemos está a menos de veinte metros de las Cuatro Norias de Bechriyyat. Están dispuestas por pares y aún se conservan restos del acueducto. Mientras comemos asistimos atónitos al espectáculo de unos chavales trepando y lanzándose desde lo alto de ellas al río. Al terminar el calor ahora ya es insoportable, volvemos al hotel en taxi y nos damos la segunda siesta del día.

A las 16:00, en una excursión organizada por el hotel (1.000 SL a repartir entre tres) vamos a ver las casas colmena y las ruinas de Qasr Ibn Wardan (75 SL). Es un complejo de palacio, iglesia y barracones (nada queda de ellos hoy) construido en el siglo VI en estilo bizantino por el emperador Justiniano I, con el fin de impresionar y controlar a los beduinos de la zona. Iglesia y palacio mantienen sus fachadas, que alternan franjas de basalto negro y ladrillo amarillo, en buen estado de conservación. En su interior los techos han caído, y el suelo está lleno de piedras con dibujos y símbolos diversos. En el palacio aún se pueden distinguir los establos y unos baños. Subir a los pisos superiores permite disfrutar de unas fantásticas vistas del desierto. Después hemos pasado por un pueblo, seguramente Sarouj, donde las Casas Colmena conviven actualmente con modernas construcciones de cemento. Estas casas son estructuras cónicas de barro encalado, con una solo puerta de acceso y sin ventanas, en cuyo interior hay una sola habitación. Mas propias de África subsahariana que de esta parte del mundo, están estupendamente adaptadas al clima y mantienen una temperatura constante todo el año. Acabamos tomando el té con una de las familias que viven en ellas, 100 SL.

De vuelta a Hama, damos un paseo atravesando la ciudad vieja. A un lado queda la ciudadela y al otro el río, en cuya orilla se ven una mezquita y unos baños. Vemos cuatro norias diferentes todas ellas iluminadas, pero la noria Al-Mohammediyya, la más grande de Hama, permanece a oscuras. Cenamos una pizza en una terraza frente a la Ciudadela.

27 de julio. Hoy segunda excursión contratada con el hotel. Musyaf + Crac de los Caballeros 400 SL. Siete personas en una furgoneta de ocho plazas, cómoda y con un conductor que chapurrea inglés. Salimos de Hama a las 09:10 y a las 10:00 ya estamos en Musyaf (130/75 SL adulto/estudiante), el castillo de los "asesinos" (los ismailies, una secta extremista musulmana). La muralla exterior está muy bien conservada y su aspecto es imponente. El interior está algo deteriorado a pesar de los trabajos de restauración. Media hora para visitarlo y disfrutar de las vistas es suficiente, y será la introducción perfecta al "castillo cruzado mejor conservado del mundo", Crac de los Caballeros.

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Desde aquí subimos a la furgoneta para una hora más tarde aparecer en Krak des Chevaliers (150 SL), "el castillo más hermoso del mundo", según T.E.Lawrence. Fue construido originalmente en 1031 por el emir de Homs, y entre 1150 y 1250 los Caballeros de la Orden de Malta lo ampliaron y lo convirtieron en su sede central, llegando a albergar una guarnición de 2.000 soldados. Aguantó hasta 12 ataques musulmanes, pero finalmente cayó en 1271 a manos del sultán Beybar. El castillo está fuertemente defendido, hay una muralla exterior con trece torres, un foso, y otro muro interior que protege al auténtico castillo. En su interior aun se pueden ver lavabos y saunas, establos (grandes y fresquitos), la cocina, un horno, y una capilla reconvertida a mezquita por Beybar. En su construcción pueden apreciarse estilos gótico, románico, árabe, y bellos dibujos típicamente islámicos. Como mínimo hacen falta un par de horas para recorrerlo y disfrutarlo.

Acabada la visita, la furgoneta vuelve hacia el hotel, y de camino nos deja en la estación de autobús de Homs a las 14:45, donde conseguimos billete para las 15:30 hacia Palmyra. En la propia estación aprovechamos para comer un falafel y un shawharma. El viaje a Palmyra nos lleva unas dos horas, con Qadmus.

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PALMYRA (Siria)

Aunque desde mucho antes había sido parada para las caravanas que hacían la ruta de la seda, Palmyra alcanzó su máximo esplendor alrededor del siglo II cuando se convirtió en la capital del imperio de la reina Zenobia, la Cleopatra siria. Hija de un beduino, se casó con el príncipe de Palmira y a la muerte de este construyó un imperio a la sombra de Persia y Roma. Pero su ambición fue demasiado lejos. Tomó posesión de toda Siria, el Bajo Egipto y envió ejércitos hasta el Bósforo. Los romanos finalmente la derrotaron, Palmira fue saqueada y destruida, y Zenobia exhibida en Roma, como prisionera y atada con cadenas de oro en el desfile triunfal.

27 de julio. Homs - Palmyra, 2h, 70 SL, Compañía Qadmus. Los asientos no son tan cómodos ni anchos, además el aire acondicionado no funciona bien. Reparten vasos de plástico y agua gratis.

Palmira se encuentra en el corazón del desierto, al lado de un frondoso oasis de palmeras. Con calor y arena por doquier, el pueblo discurre alrededor de una calle principal sin asfaltar donde se encuentran la mayoría de hoteles y restaurantes. Nos hospedamos en el Hotel Citadel, 750SL. hab. doble con baño completo, ventilador y a/a. Básico, falta presión de agua y la taza del baño está sucia. La ventaja que nos ofrece es que dentro de una limpieza moderada nos permite quedarnos al día siguiente hasta que vayamos a Damasco.

En el hotel nos proponen un tour por 500 SL que incluye desplazamientos en coche y entradas al castillo y las tumbas, desplazamiento desde ellas al Templo de Bel y luego al hotel. Aceptamos.

Qala'at Ibn Maan (75 SL), el castillo, situado en lo alto de una colina, es sin duda el lugar perfecto para controlar el desierto desde lo alto. Ofrece vistas espectaculares de las ruinas y de la ciudad nueva. En primer plano se ve la pista para carreras de caballos y camellos que se realizan durante el Palmyra Desert Festival, en el mes de mayo, al que se acercan cada año el Rey de Siria y el Emir de Qatar. Un lugar ideal para ver el atardecer si no fuera porque a última hora aparecieron algunas nubes.

De vuelta al pueblo cenamos en el Traditional Palmyra, especializado en comida siria y beduina. Mansaf, un plato a base de cordero, arroz y yogurt seco, decorado con cacahuetes y piñones. De postre sandia, deliciosa y jugosa, pero demasiado caliente. 750 SL.

28 de julio. Nos levantamos a las 4:45, y a las 5:20 ya estamos en la calle. Temperatura 30º y aún es de noche. Vemos amanecer en las ruinas. El sol va subiendo poco a poco por encima del oasis que hay junto al Templo de Bel. También sube la temperatura. Por suerte el fuerte viento evita que se dispare la sensación térmica. Apenas encontramos cuatro o cinco turistas a estas horas.

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Las ruinas son imponentes. Tras pasar bajo el arco monumental se accede a una vía columnada, que era el eje central de la ciudad. Tiene 1.200 m. de longitud y está bordeada por más de 200 columnas, las cuales tienen unas repisas sobre las que se colocaban estatuas de la gente influyente de la ciudad. Durante el camino a sus costados se pueden ver el anfiteatro y los restos del ágora, el senado, varios templos, algunas viviendas con mosaicos y patio central, y el "tetrápilo", erigido en un plaza ovalada y que señala el primer cambio de orientación (10 grados) de la Gran Columnata. La avenida acaba en un templo funerario desde cuya azotea se tiene una visión completa de las ruinas. Paseando con calma pero sin pausa para evitar que nos pillara el sol, hacemos todo el recorrido en un par de horas.

Volvemos al hotel, reposamos diez minutos, desayunamos y a las 8:40 salimos hacia las tumbas. Situada al oeste de las ruinas, la necrópolis es quizás la parte más interesante de todo el complejo. Destacan dos estructuras. La Torre de Elahbel (75 SL), un torreón de cinco plantas con capacidad para 300 personas. Tiene un rica decoración interior y las paredes llenas de nichos donde aún se ven los bustos de los difuntos. Y la tumba subterránea del Hipogeo de los Tres Hermanos (75 SL) que contiene más de 400 nichos, y aún conserva en sus paredes gran cantidad de frescos. Las tumbas tienen unos horarios de apertura "algo singulares", lo hacen por intervalos de media hora a las 8:30, 10:00, 11:30 y 16:30. Si tenéis que ir caminando mejor consultarlo antes.

De allí nos llevan en coche al Templo de Bel (150 SL), dedicado al dios supremo de los habitantes de la ciudad, y una de las principales atracciones del recinto. Con el paso del tiempo fue iglesia bizantina, fortaleza árabe, mezquita mameluca y finalmente destruido y saqueado en el siglo XV. El santuario se conserva en estado óptimo, del resto aún se distingue el inmenso patio lleno de columnas rotas y desgastadas, y el pasillo hasta el altar del sacrificio. A cinco minutos caminando se encuentra el Anfiteatro (75 SL), cuidadosamente restaurado. En la actualidad solo tiene doce filas aunque se cree que antiguamente era más alto y de mayor capacidad.

Esperando al chofer que nos debe llevar al hotel el termómetro marca 41º a la sombra, y aún no son las once. Decidimos sacarlo al sol para ver hasta dónde llega. Cinco minutos más tarde, cuando nos recogen, ya marca 48º. Dormimos hasta las 14:30, y a las tres ya estamos en la estación de autobús, a dos kilómetros de la ciudad, cogiendo dirección Damasco (120 SL).

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DAMASCO (Siria)

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Dicen que Mahoma rehusó entrar en Damasco diciendo "Al paraíso sólo se accede en el momento de morir". A primera vista Damasco es una ciudad ruidosa de grises fachadas donde nada es extraordinario ni legendario, cuya monotonía solo se rompe por el amarillo chillón de los omnipresentes taxis. Pero Damasco es una ciudad para caminar despreocupadamente y sin rumbo fijo, tomando un té o un café negro, fumando una narguile y disfrutando ampliamente de la hospitalidad siria en una ciudad que no ha recibido aún la llegada masiva del turismo.

28 de julio. Palmyra - Damasco, 3h, 150 SL, Compañía Marwa. Cómodo, limpio, aire acondicionado, vasos y agua.

Al llegar a Damasco y viendo el alto precio que piden los taxis por acercarnos al centro, entre 100 y 300 SL, decidimos coger una furgoneta de transporte común por 5 SL cada uno. El problema de este tipo de transporte es que suelen tener una parada por barrio y rara vez el conductor habla inglés, así que hay que encontrar alguien que entienda claramente donde vas para que te diga el sitio exacto donde bajar y no ir a parar a la otra punta de la ciudad.

La primera noche la pasamos en el hotel Al-Diwan, una tomadura de pelo. 40 $ habitación doble con baño completo. Entre la nevera (que cojea), el sofá, una mesa redonda de 80cm y la mesita de noche, no queda casi espacio para moverse. Dudo que cambien las sábanas cada día y la moqueta podía estar más limpia. El baño es tan pequeño que cuando te duchas lo mojas todo, además hay pelos y pasta de dientes incrustada del huésped anterior. En resumidas cuentas no han limpiado el baño. Desayuno típico sirio: queso fresco, quesitos, olivas y mermelada con pan.

29 de julio. Nos cambiamos al Hotel Ghazal, más limpio, más barato, más céntrico y más simpáticos. 24 $ la habitación doble con baño completo, a/a, ventilador y agua caliente. Limpio y tranquilo. Venta de bebidas y refrescos, (25 SL el agua y 20 SL granini). Desayuno típico sirio incluido en el precio, servido en un patio con una bonita y relajante fuente. En el proceso de cambio de hotel encontramos dos que hacían muy buena pinta, pero que estaban completos: Hotel Al-Saada (800 SL) y Hotel Al-Rabie. Ambos limpios y con patio.

A falta de tiempo durante los dos días que estuvimos en Damasco, seguimos el "circuito a pie" que sugiere Lonely Planet, que incluye el zoco, la mezquita, el barrio cristiano y la calle recta.

A diez minutos del hotel, habiendo paseado junto a la muralla y tras pasar una imponente estatua ecuestre de Saladino, llegamos al Zoco al-Hamidiyya, la calle más importante de la ciudad vieja . Este bazar cerrado al tránsito y cubierto por un techo metálico agujereado con impactos de bala causados por la aviación francesa en 1925, tiene un carril central de unos ocho metros de ancho, adoquinado y abarrotado de gente ya a las once de la mañana. Las tiendas a los lados están empotradas en los edificios, mientras que en la segunda planta parece haber viviendas o almacenes. Hay de todo: ropa, pañuelos para la cabeza, heladerías y comestibles menores como agua, refrescos, frutos secos o especias. El zoco acaba en un arco romano parte de un templo dedicado a Júpiter del siglo III, abarrotado de vendedores de libros religiosos, dulces y refrescos. Al fondo ya se ve la mezquita.

La Mezquita Omeya (50 SL), erigida sobre el templo romano de Júpiter, es el tercer lugar más sagrado del Islam. Las mujeres deben ponerse chilaba para entrar. Tras el punto de venta de entradas lo primero que nos encontramos es la tumba de Saladino, la pesadilla de los cruzados, el libertador de Jerusalén.

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Atravesando un pequeño jardín y pasando junto al Museo de Epigrafía Árabe, llegamos a la entrada para turistas. Accedemos al patio de la mezquita, un remanso de tranquilidad y silencio, dominado por el mármol blanco que cubre el suelo. Fuera queda el ruido del mercado. Los tres lados del patio tienen soportales con columnas acabadas en arcos romanos, que en algunas partes están cubiertos con mosaicos. El centro del patio está dominado por la fuente de abluciones, en los extremos están la cúpula del Tesoro y la cúpula de los Relojes. En la parte sur del patio esta el enorme oratorio. Hace 135 metros de largo y 37 de ancho, el suelo está cubierto de una preciosa alfombra de tonos rojizos, limpia y cuidada como no había visto nunca en una mezquita. En su interior se encuentra un sepulcro que dicen contiene la cabeza de San Juan Bautista (el profeta Yahia para los musulmanes) enviada por Herodes a los romanos para dar fe de su ejecución. Pero el oratorio es mucho más que un lugar para rezar, es también un centro de reunión. Sobre la alfombra la gente reza, medita, descansa, habla en corrillos o simplemente pasea, mientras alguien que parece "encargado del mantenimiento del local y de las buenas costumbres", mete bronca a la gente por beber dentro, por estar mal sentado o medio tumbado, o simplemente porque las mujeres no permanecen en el lugar exclusivo para ellas.

Pero lo más impresionante es el Sepulcro de Husain, cuyo martirio es hito fundamental del chiismo, y el lugar centro de peregrinación. Hay decenas de fieles, turistas iraníes suponemos. Mientras un hombre canta rezos y se golpea el pecho entre lágrimas rodeado de familiares y amigos, mujeres vestidas de negro graban con videocámaras tan emotivo momento. Una intensa mezcla de turismo y devoción.

Saliendo de la mezquita comemos algo, nos vamos al hotel y disfrutamos de nuestra primera siesta sin calores. Aquí no hay los apagones a que nos tenía acostumbrados el resto del país y que nos dejaban sin aire acondicionado ni ventiladores, haciendo del sano ejercicio de la siesta una sauna de mal sueño. Al levantarnos vamos a comprar los billetes para Amman. La estación está a unos 20 min. del centro, buscamos furgonetillas que hagan ese recorrido pero no parece haber y el taxi nos cuesta 150 SL.

De vuelta el taxi nos deja en Bab Al-Jabiye a pocos metros de Medhat Passa, conocida como la Calle Recta, un zoco descubierto y bullicioso, de aceras estrechas, por donde circulan los coches en buena parte de él. Hay de todo: ropa, especias, café, frutos secos, dulces, tejidos, joyas, y los antiguos khan, construcciones que solían servir de posada para las caravanas y que ahora albergan tiendas o almacenes. Antes de ir a cenar hacemos tiempo paseando por los callejones del bazar, compramos 100 gramos de pipas de calabaza por 25 SL y las comemos sentados frente a la entrada principal de la mezquita, un lugar privilegiado desde donde ser testigos de la vida damascena.

Cenamos en Umayyad Palace Rest. 350/600 SL, comida/cena, añadir 10% iva y bebidas. Buffet libre con comida correcta y muy variada, sobre todo en los primeros platos y postres. La cena incluye derviches danzantes y músicos. No sirven alcohol, ni aceptan tarjetas de crédito, pero si aceptan euros o dólares.

30 de julio. Debido a unos ligeros problemas estomacales derivados del calor, pasamos toda la mañana en el hotel, y cancelamos nuestra visita a Maalula. A eso de las 14:00 vamos a comer a Al-Masri. Un lugar barato de comida egipcia a pocos metros de la estación de tren de Hejaz. Los camareros van todos uniformados y el servicio es rápido y correcto. Pedimos "ogra with rice" y "kapsa with meat". Deliciosos los dos, no dejamos ni un grano de arroz en el plato. Además ensalada de pepino y rábanos en vinagre, dos naranjadas y dos tés, 420 SL.

El restaurante esta cerca de la Estación de tren de Hejaz. El ferrocarril del Hejaz fue una línea de tren de vía estrecha que unió entre 1908 y 1916 las ciudades de Damasco y Medina, ambas pertenecientes entonces al Imperio Otomano. Actualmente se usa como biblioteca. Por la tarde nos acercamos al barrio cristiano, que alberga tres sitios mencionados en la Biblia relacionados con Saulo de Tarso, quien luego se convirtió en el apóstol San Pablo. Aquí no se ven velos, las calles son más estrechas, las casas tienen bonitos patios interiores y los niños juegan a sus anchas por la calle. Se ven cruces en los portales de las casas, vírgenes iluminadas con velas, y esquelas de difuntos en las paredes como en Ghana. Es una zona tranquila, completamente diferente del resto del barrio antiguo. En una terraza frente a unas ruinas romanas tomando una naranjada y una helado (170 SL) pasamos nuestra última noche en Damasco.

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