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Este viaje surge el día en que resultamos ganadores de un premio proporcionado por los patrocinadores de la 23ª Mostra de Turisme Juvenil consistente en Un Interrail para dos personas por toda Europa. Desde aquí agradecer al CIAJ (Centre d'Informació i Assessorament per a Joves), donde entregamos el boleto ganador en una interesante conferencia sobre China, y a RENFE InterRail que ofrece este servicio tan fantástico, el habernos facilitado tanto este viaje.
InterRail es un billete de tren que permite viajar por 29 países europeos y Marruecos en clase turista. El asiento no está reservado. En caso de querer hacerlo, pues no es obligatorio, cuesta entre 3 y 5 €, y las reservas de literas entre 20 y 35 €. Comprobamos que era aproximadamente una tercera parte o menos del precio normal.

¿Como ver media Europa en tres semanas? El regalo realmente eran kilómetros, así que decidimos hacer tantos como fuera posible. Fuimos en avión hasta Venecia y volvimos en otro desde Ámsterdam. En tren hicimos mas de seis mil kilómetros en tres semanas (del 24 de noviembre al 16 de diciembre de 2006), con dos días en cada ciudad (menos en Berlín que fueron tres), una noche durmiendo en hostels y otra en el tren, y cambio de moneda en seis ocasiones (Europa no está tan unida como parece!!).
A la larga este ritmo frenético acaba castigando. Cada dos días cambia de ciudad, jornada de tren de ocho o diez horas, cena en el tren, desayuno en la cafetería de la estación, reserva billete para el día siguiente, busca hotel, haz turismo a tope antes de que anochezca, al día siguiente más turismo, y a media tarde, habiendo anochecido ya la mayoría de las veces, para la estación otra vez, y vuelta a empezar... Dormir en tren no descansa como en un hostel: hay ruido, traqueteo, las cortinas no cierran bien y dejan entrar la luz, gente entrando y saliendo, cruces de fronteras con policías y revisores que piden documentación y billetes... Y el clima... diciembre es un mes bastante frío en gran parte de Europa y además anochece pronto. Intentamos combatir este frenesí imponiendo un ritmo pausado, y raro fue el día que antes de las 10 de la mañana estábamos en la calle.
Aunque pueda parecer lo contrario, la verdad es que acabamos muy contentos del viaje. InterRail es un sistema fácil y flexible para viajar por Europa. Los trenes suelen ser cómodos y limpios, especialmente los vagones alemanes y las literas checas. Y además es barato, que en un lugar como Europa donde pueden cobrarte hasta 9 € por una porción de pizza en la estación de Estocolmo, es bueno tenerlo en cuenta.
En la web Abierto por vacaciones, de los autores de este relato, encontraréis el texto y fotos originales de este y otros viajes.
Venecia: la ciudad de los canales, góndolas, palacios, iglesias y puentes, la ciudad de Marco Polo y Vivaldi, la ciudad de la marea alta, y de los carnavales. Venecia es un escenario único que no hay que perderse. Hay que recorrerla a pie, perderse entre tanto puente y canal, y entonces buscar algún cartel que nos guíe al punto de interés más cercano. Otra opción son los vaporettos (5 €), o los románticos y caros paseos en góndola (130 € por 45 minutos). Sí, por desgracia, Venecia es tan bonita como cara.
Cogemos un bus en el aeropuerto Marco Polo hasta la Piazzale Roma, cuesta 2,5 € y tarda unos 30 minutos. Son ya las nueve de la noche y vamos directamente a buscar el hotel que teniamos reservado: Hotel Allogi Gerotto Calderan. 55 € habitación doble con baño. Estratégicamente situado a tres minutos de la estación de Sta. Lucia. Internet. Desayuno no incluido. Cambio diario de toallas, pastilla de jabón y champú.
Dejamos las cosas y salimos en busca de una pizza: Pizzería all'Anfora, cerca de la Santa Croce, estupendas pizzas y platos de pasta a buen precio (17 €).

Nuestro primer día de visita empieza en la Santa Croce, próxima al hotel, y callejeamos un poco hasta los Mercados de fruta y pescado de Rialto. Cruzamos su famoso puente abarrotado de tiendas hasta llegar a la Plaza de San Marcos, donde se encuentran la Basílica de San Marcos (3 € acceso terraza), la Torre dell'Orologio, que tiene un reloj que indica la hora, la fase lunar y el zodiaco, el Campanile, el Palacio Ducal, y el Puente de los Suspiros, que comunicaba el Palacio con los calabozos. Comida por la zona (21 €) y postres en la Heladería Nico (1,70 € dos bolas). Desde el muelle de Zattere nos acercamos a la Academia y la Peggy Guggenheim Collection. Por la noche tomamos unos vinos en la zona de Cannaregio.
El segundo día comenzamos visitando el barrio judío y probando algunos dulces y pastas (1,5 €) en sus estupendas pastelerías. Volvemos a la zona de Sta. Croce para ver la Iglesia de Sta. Maria de Frari y la Scuola Grande di San Rocco (7 €), donde se pueden ver hasta ocho Tintoretto. Seguimos hacia el canal, pasamos por la Academia (7 €), que alberga la mayor colección de arte veneciano, y cruzamos el canal hasta la Iglesia de la Salutte. Nos vamos a comer a la Tratoria Ai Tre Scaini, en la isla de Giudecca, vaporetto Zitelle, el típico restaurante de barrio, ambiente tranquilo y familiar, comida buena y casera a precios razonables (35 €). Desde allí vamos a la isla de Murano, camino de la cual está la isla de San Michele, el gran cementerio de la ciudad. Algunas compras en el Supermercado Billa (3660 Canarggio), con precios tipo Dia (precios populares en la ciudad de los sablazos.
Recogemos las cosas del hotel y vamos a la estación de Santa Lucia, que es la más próxima al centro histórico de la ciudad, conectada a tierra firme por un largo puente en uno de los extremos del gran Canal, donde cogeremos el tren a Viena.
Existe la Viena imperial y clásica de los Habsburgo, la colorista y surrealista de Hundertwasser, la musical de Strauss, la Ópera y el vals, la que ves navegando desde el Danubio, la de los cafés y sus tartas, la de las salchichas de frankfurt, la de los jardines, o la de sus innumerables museos e iglesias, y a todas ellas se puede llegar fácilmente paseando entre sus cómodos parques y avenidas. Viena es una ciudad que colmara las expectativas de cualquiera.
Tren EN 239 (20:44 Venezia Sta. Lucia - 08:30 Viena Westbanhof. Reserva: 25 € / 35 € compartimento seis/cuatro. El tren tiene apenas diez vagones, los dos últimos son italianos y el resto austriacos, OBBS. Además de los vagones de asientos, están los compartimentos de literas para dos, cuatro y seis personas. Está limpio, pero hay pocos asientos en el pasillo. Desayuno gratuito, café o te con un par de bollos con mermelada y mantequilla.
Nada mas bajar del tren reservamos asiento para el día siguiente por la noche a Budapest. Vamos al hotel y nos damos una buena ducha. El hotel es el Wombats City Hostel (XV, Grangasse, 6) y está a 10 minutos de la estación de Westbahnhof. 21 € persona en habitación doble con baño y ducha. Toalla pequeña y jabón. Limpio y cuidado. Internet, billar, futbolín. Desayuno buffet libre 3,5 €.

Empezamos por el Sigmund Freud Park y la Iglesia Votiva, siguiendo la avenida Ring llegamos al Rathaus, pasamos un rato en los jardines llenos de puestos navideños. Cruzando el parque se llega al Parlamento, y retomando el Ring a Maria Theresen Platz, donde están el Museo de Bellas Artes y el de Historia Natural. Reponemos fuerzas en el restaurante Centimeter, una cadena de cervecerias de comida barata y abundante donde la comida se sirve por centímetros (17 €). Desde allí a Karlsplatz y el edificio de la Secesión, Scharzenberg Platz, la Plaza Beethoven y el Statpark, donde se encuentra la famosa estatua a Johann Strauss. Para finalizar capricho de lujo en el Café Sacher, un típico café de estilo clásico vienés donde se puede degustar la famosa tarta de chocolate que lleva su nombre, la Sacher Torte. Está detrás del edificio de la Ópera (16 €).
El segundo día directos a ver el Palacio Imperial, donde presenciamos una recepción oficial, banda de música y desfile militar incluido. Camino de la Opera y la Catedral hacemos una paradita técnica en uno de los típicos puestos de salchichas (7 €). Dejamos lo mejor para el final: visitamos dos casas del artista vienés Friedensreich Hundertwasser, Kunsthaus y Hundertwasserhaus, su estilo parece una fusión entre Tim Burton y Ágata Ruiz de la Prada. Nuestra visita a Viena acaba en los jardines Belvedere, donde hay una exposición permanente de Gustav Klim (9 €), aunque desafortunadamente sólo hay diez obras suyas.
No iros de Viena sin probar su famoso apfelstrudel, pastel de hojaldre de manzana, o alguna de sus sabrosas salchichas en los numerosos puestos callejeros por unos 3 €.
Budapest es probablemente la ciudad más interesante de Europa. Dividida por el río Danubio en Buda, la ciudad vieja medieval sobre la colina, y Pest, la moderna metrópoli, tiene una amplia herencia cultural. Por aquí pasaron romanos, tártaros, otomanos, los Habsburgo y el imperio austro-húngaro, soviéticos... Hay sinagogas, mausoleos, pistas de patinaje al aire libre, baños termales y piscinas públicas, enormes parques... Pero lo mejor es que todo está hecho para uso y disfrute de sus ciudadanos, que acuden en masa a estos servicios desplazándose con los ruidosos tranvías o con la línea de metro más antigua del continente.
Tren ER 347 (20:03 Viena - 22:53 Budapest). Reserva: 3,40 €. Compartimento de seis asientos, donde nos toca de compañera de viaje una gallega, un poco pesada la verdad. A las 20:25 la policía austriaca nos pide el pasaporte. A las 20:30 la policía húngara nos pide el pasaporte y a las 20:35 el revisor nos pide los billetes. Pasadas un par de horas, repartidas entre cabezadas y algo de lectura, se oye un enorme estruendo y varios objetos golpean contra la ventana. Vamos en el primer vagón. El tren se detiene de inmediato. Hemos chocado contra algo. El poco pasaje que hay sale al pasillo. La policía húngara acompañada del revisor baja a las vías provista de linternas. Miran bajo el tren y poco a poco se van alejando, buscando hacia atrás el origen del problema. Los minutos pasan. No hay noticias. Todo transcurre en húngaro. La megafonía esta muda. En el compartimento de al lado hay un judío y pruebo suerte: este sí que habla inglés. Me dice que nuestra hora de partida dependerá de que hayamos chocado con algo o con alguien. A los 30-40 minutos, sin mediar palabra, el tren recobra la marcha. Seguramente habíamos chocado con algo.
Con todo el follón llegamos al hotel, que habiamos reservado por internet, casi a la una de la madrugada: Hostal Caterina. 36 € la habitación doble, con baño y ducha compartidos. Muy céntrico, en plena avenida Andrassy. Edificio viejo y decadente, no hay desayuno, ni internet. Seguramente por ese precio pueden conseguirse cosas mejores.

El primer día nos colamos en el metro y nos pillan. Multa al canto, por listos. Perdemos un buen rato en la estación de Keleti Pu reservando litera para Praga. Empezamos la visita por Buda, sobre las colinas, con vistas al Danubio, el Bastión de los Pescadores (mirador construido sobre un mercado medieval de pescado), la Iglesia gótica de San Mateo y el barrio del Castillo, que conserva aún el ambiente de la época de los Habsburgo. Ya en la zona de Pest, habiendo cruzado el Danubio por el Puente de las Cadenas, comemos en el restaurante Gandhi (Vigyázó Ferenc, 4), debajo del restaurante francés Lou Lou. Es un tranquilo y relajante restaurante vegetariano llevado por una comunidad hare-krisna. Puedes confeccionarte tus propias ensaladas, falafels, comida hindú variada o escoger entre sus múltiples zumos (2.240 HUF; 1 € = 252 HUF).
Salimos de comer y ya casi ha anochecido. Un vistazo rápido a la Iglesia de San Esteban, la mas grande de Budapest y a la Ópera. Ya de noche cogemos el metro hasta el Parque Varosliget, donde están los Baños Públicos Szecheny, 13 € por dos horas de vapores, jacuzzis, una docena de piscinas, saunas y baños turcos. Imprescindible. Cenamos en un fast-food hindú (2.840 HUF).
El segundo día dejamos las mochilas en la consigna de Kaleti Pu (900 HUF) y desde allí vamos al Museo Judío y la Sinagoga, la mayor sinagoga activa de Europa y la segunda del mundo. La Iglesia de San Esteban, el Parlamento y después de comer (2.310 HUF) el mercado de Kalvin ter. Ya de noche, la Plaza de los Héroes, al final de la avenida Andrassy, y el Castillo de Vajdahunyad, en Varosliget (el parque municipal), junto al que hay un enorme club de patinaje sobre hielo al aire libre.
Praga tiene fama de tener el centro urbano mas bonito de Europa. Miles de personas la visitan a diario y esto ha contribuido a que sea una ciudad cara para el turista y un lugar donde dar un paso en sus puntos mas emblemáticos se hace casi imposible. A excepción del Castillo a donde es mejor subir en bus o tranvía, Praga es una ciudad pequeña ideal para visitar andando, y para tomar una pilsen (cerveza originaria de Plzen, al norte del país) en alguna de sus cervecerías.
Tren D 733 (19:55 Budapest Keleti - 06:01 Praga). Reserva: 22 €. El primer compartimento para nosotros solos, armarito con espejo y enchufe, mesita rinconera, perchas para las chaquetas y altillo donde dejar las mochilas. A las 22:00 apagamos la luz, pero a las 22:40 nos piden el pasaporte, en la frontera entre Hungría y Eslovaquia. Y a las 00:30 otra vez a mostrar el pasaporte en la frontera entre Eslovaquia y Chequia. No hay quien duerma... El personal de ventanilla en la estación de Praga es bastante borde (como el 90% del personal cara al público son unos amargados, fríos y antipáticos).
Despues de reservar billete para el día siguiente a Varsovia, pasamos un buen rato dando vueltas hasta que localizamos el Hostel Týn. Cuesta 1.100 CZK (1 € = 28 CZK) la habitación doble, con baño y ducha compartidos, moqueta, limpio y silencioso. Céntrico, a un minuto de Staromestske Namesti. Desayuno no incluido. No internet. Se puede aspirar a más.

Empezamos en la plaza de la Ciudad Vieja viendo, apelotonados entre cientos de turistas, como el famoso Reloj Astronómico da las horas. Aquí están también la iglesia gótica de Nuestra Señora de Tyn, la barroca de San Nicolás, y el Monumento a Jan Hus. La calle peatonal Celetna nos lleva a la Torre de la Pólvora, principal entrada a la Ciudad vieja y la Casa Municipal, un buen ejemplo de art nouveau. Comemos en el Havelska Koruna, un local popular y céntrico donde se puede tomar un goulash y una cerveza por apenas 4 €. Las mesas son compartidas y la comida buena y abundante (265 CZK). Un corto paseo nos lleva a Josefov, el antiguo barrio judío, donde destacan la sinagoga Staronova, la más antigua de Europa, y el viejo cementerio. Volvemos al centro, y tomando la calle Karlova llegamos al punto más famoso de la ciudad, el Puente Carlos. Hay más gente que en el metro en hora punta, a mitad del puente un par de bluesman de voz desgarrada amenizan el ambiente. Cuando llegamos a Mala Strana, al otro lado del puente, ya es de noche. Vino caliente (35 CZK) y vuelta al hotel.
Al día siguiente volvemos a cruzar el río Moldava por el puente Carlos, y en Malostranske namesti, centro de Mala Strana, tomamos el tranvía 23 (20 CZK) para subir al Castillo, donde pasamos toda la mañana. Comemos en Novomestsky Pivovar, una antigua cervecería, comida típica checa a todos los precios (536 CZK). Desde allí por Vaclayske namesti, una amplia avenida llena de tiendas de ropa y joyerías, llegamos a la estatua a Wenceslao y la placa homenaje a Jan Palach. Acabamos visitando la Torre Henry y tomando unos tes en la Casa Municipal (100 CZK).
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